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XLIII Semana Social de España: sesión inaugural

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XLIII Semana Social de España: sesión inaugural

El Real Alcázar de Sevilla ha acogido esta tarde, pasadas las 19.00 horas, la sesión inaugural de la XLIII Semana Social de España que hasta el sábado, día 27 de noviembre, debatirá sobre el tema, “La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y a la participación”.

Palabras de bienvenida del arzobispo de Sevilla

El primero en tomar la palabra ha sido el arzobispo de Sevilla, Mons. José Ángel Saiz Meneses para ofrecer «mi acogida fraterna» y manifestar «el mejor deseo de un desarrollo feliz de esta Semana Social».

«Estas jornadas -ha puntualizado- llevan a cabo una valiosa aportación al discernimiento del espacio y el tiempo de la Iglesia, de su iluminación del momento presente y de su contribución, desde la reflexión y la práctica, al bien común de la sociedad. Para ello, cuentan con expertos de los ámbitos de la política, así como de la economía y de la solidaridad, que realizan sus aportaciones a la luz del humanismo cristiano».

El prelado, después de realizar un breve apunte sobre la historia de la ciudad de Sevilla, que ya ha sido sede de la Semana Social en 1908, 1965 y 1978, ha terminado sus palabras destacando que, el tema elegido «no puede ser de mayor actualidad y urgencia». Pues como nos recuerda el papa Francisco, «es preciso generar un nuevo humanismo que canalice la irrupción de la fraternidad para terminar con la globalización de la indiferencia y la hiperinflación del individuo (cf. Soñemos juntos, p. 48). No podremos llevar a cabo esa tarea con trucos de maquillaje que tapan la realidad, o aplicando remedios superficiales. Se trata de llegar a la raíz de los problemas y aplicar los remedios pertinentes, para poder regenerar en el individuo y en la comunidad los valores morales y sociales que se consideran perdidos o han quedado disminuidos. Una tarea profunda y compleja que requiere la aportación de todos los agentes e instancias de la sociedad».

Saludo de bienvenida del teniente del alcalde, Juan Carlos Cabrera

Seguidamente ha mandado un saludo de bienvenida, en nombre del alcalde de Sevilla, Juan Espadas Cejas, el teniente de alcalde Juan Carlos Cabrera Valera, quien ha destacado el valor de estas Jornadas para trabajar por el bien común de la sociedad. En su intervención ha trasladado el mensaje de bienvenida y cercanía del alcalde de Sevilla. En su intervención ha remarcado que «Es importante que se celebren estas semanas sociales porque el humanismo cristiano tiene que estar presente no sólo cuando hacemos profesión de fe sino también porque los valores sociales del cristianismo tienen que estar presente en la sociedad”. Además ha pedido al nuncio del Papa que traslade al Santo Padre el cariño de la ciudad de Sevilla, ciudad mariana acogida a la protección de María

Palabras del Nuncio, Mons. Bernardito Auza

Seguidamente tenía lugar la intervención del Nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza, que antes de dar lectura al Mensaje del Santo Padre, ha dirigido unas palabras a los participantes en esta Semana Social y ha mostrado su cercanía con la Iglesia hispalense, «como filipino y católico, siento un lazo umbilical con esta ciudad».

Respecto al tema del encuentro, Mons. Auza ha destacado «que los discípulos de Cristo tienen por vocación la participación activa en la vida pública, porque es parte integrante de su propia fe servir el bien común. La Iglesia católica tiene un rico tesoro en su Doctrinal Social, que nos insta a poner en práctica nuestra fe con gestos concretos en todos los ámbitos de la vida pública. Tanto como individuos y como sociedad, nuestra fe no nos deja indiferentes, puesto que la respuesta a la falta de bien común, y la solución a situaciones de pobreza, de injusticia y de explotación no es sólo la denuncia sino, sobre todo, la promoción activa del bien.

También ha señalado que el papa Francisco no se cansa de recordarnos como el caminar juntos o una Iglesia en salida «son expresiones de nuestra vocación a contribuir incesantemente, enriquecer generosamente, y regenerar constantemente la vida pública a favor del bien común». Y ha recalcado que son principios fundamentales la solidaridad, la participación y la responsabilidad compartida.

«El bien -puntualizaba- no puede ser ni público ni común si no sirve a toda la sociedad, si no sirve a la persona humana, que es la cumbre de la creación y el centro del orden social, económico y político. En efecto, la solidaridad “constituye uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.580)».

El Nuncio apostólico reconoce que “la regeneración de la vida pública” es una tarea difícil, pero necesaria. Una tarea que «la Iglesia nos confía desde siempre, pero en particular en nuestro tiempo, en el cual las incertidumbres y la precariedad marcan la existencia de tantas personas y comunidades, agravadas últimamente por la pandemia, interpelándonos más que nunca».

Por eso, se ha congratulado de que la Conferencia Episcopal Española marqué entre sus prioridades pastorales «impulsar la difusión y formación de la Doctrina Social de la Iglesia para concienciar en la dimensión social de la fe y la caridad política” y ha agradecido, en nombre del Santo Padre, «haber escogido este tema como eje central de vuestras reflexiones».

Mensaje del Papa a los participantes en la Semana Social

Seguidamente, el Nuncio apostólico ha leído el mensaje que, en nombre del Santo Padre, ha dirigido el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al obispo consiliario de Semanas Sociales, Mons. Abilio Martínez Varea.

Un mensaje en el que el papa Francisco «anima a reflexionar sobre procesos sociales que generen fraternidad y justicia para todos» para avanzar «hacia un orden social y político cuya alma sea la búsqueda del bien común».

«Es ésta -resume el cardenal Parolin- la auténtica regeneración de la política y la vida pública, responder a su más alta vocación, la de ser una de las formas más preciosas de la caridad«.

Palabras de Jesús Avezuela, presidente de Semanas Sociales

El acto inaugural se ha cerrado con las palabras del presidente de Semanas Sociales, Jesús Avezuela, para agradecer, en primer lugar, al alcalde y al arzobispo de Sevilla, la cesión de «este privilegiado espacio del Real Alcázar de Sevilla en el que podemos celebrar este solemne acto».

Jesús Avezuela ha vuelto brevemente a los inicios de las Semanas Sociales que, desde Francia, llegaron a España en 1906, «en un momento en el que se vivía un especial desencanto y decepción», que guarda cierto paralelismo con el momento actual «con una absoluta transformación social y del trabajo derivada de los procesos de tecnologización y donde, además, se pueden percibir sentimientos de desencanto o desconfianza social hacia lo político o, incluso, institucional».

En este contexto, Semanas Sociales de nuevo se ofrece a ser ese espacio de encuentro «para diagnosticar y tratar algunos de los problemas de nuestra sociedad, con el fin de seguir progresando y construyendo para las generaciones venideras«. Y «un lugar privilegiado donde poder reflexionar acerca del papel de los católicos y de lo que podemos aportar -como individuos y como Iglesia- a la vida pública, entendida en un sentido amplio«.

El presidente Semanas Sociales ha valorado la riqueza del trabajo previo que desde el mes de septiembre se ha desarrollado en varias diócesis españolas y que ha permitido que se generen «debates con una especial altura de miras y con una visión global de muchos aspectos». La situación actual, marcada por el impacto de la pandemia, es el momento oportuno para «renovar estas iniciativas de encuentro y diálogo social y cultural, poniendo en común los distintos enfoques y aportaciones de los foros de deliberación elaboradas por los grupos de trabajo integrados por expertos en temas políticos, económicos y socioculturales de las diócesis que, de manera común, han subrayado la necesidad de mirar sin distracciones al bien común».

En definitiva, ha concluido, «la regeneración de la vida pública requiere una especial orientación al bien común. Y en este punto, es importante la implicación de los católicos, desde la pluralidad y diversidad, en la esfera pública desde el diálogo y no, simplemente, ocupando espacios de poder e influencia, así como de repensar el papel de las religiones, en especial de la Iglesia católica».

Ponencia inaugural del secretario general, Mons. Luis Argüello

Seguidamente el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello, ha pronunciado la ponencia inaugural. En su intervención señala cómo la caridad política vertebra el eje de la relación entre el cristiano y la sociedad en la que vive. Por eso, la respuesta a la pregunta sobre cómo regenerar la vida pública.

El momento histórico que hay que iluminar la caridad política y por tanto» la acción personal y comunitaria en ambientes e instituciones, para vivir el coloquio entre razón y fe, Iglesia y sociedad, historia y reino de Dios». Estamos en un verdadero cambio de época. Ese cambio de época se hace visible en la significación de la vida humana en este momento. «Hay un planteamiento hoy de lo humano que está en cuestión». Animó en su palabras a «se trata de hacer presente el amor de Dios en el mundo a través de su cuerpo de bautizados», «una acción que remueve personas, ambientes e instituciones».

Avance del programa del viernes y sábado

En el acto han estado presentes miembros de la Junta Nacional de Semanas Sociales, como el obispo consiliario, Mons. Abilio Martínez Varea; y el secretario, Fernando Fuentes Alcántara, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana, de la que forman parte las Semanas Sociales. También han asistido 150 invitados que llenaban el aforo del lugar.

La Facultad de Teología San Isidoro será la sede de los trabajos de mañana, viernes 26 de noviembre, reservados a los portavoces de los grupos de trabajos diocesanos. Les dará la bienvenida el decano de esta Facultad, Manuel Palma Ramírez.

Para el sábado se han programado dos mesas redondas: «Una mirada desde la política» y «Una mirada desde la empresa y el sector social»; además de la presentación de las conclusiones y el acto de clausura, que dará comienzo a las 13.00 horas.

25/11/2021

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«Educar a los niños: una llamada, un reto, una alegría». Octavo vídeo y subsidio para el Año Amoris Laetitia

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«La familia tiene una vocación natural de educar a los niños. ¡No renuncien a tener hijos por miedo a no poder educarlos y prepararlos para afrontar los retos y responsabilidades de la vida! La crianza de los hijos requiere amor y el deseo de sacar al otro lo mejor de sí mismo». Son palabras del Papa Francisco en esta octava entrega de esta serie de vídeos que, con motivo del año Familia Amoris Laetitia publica el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en colaboración con el Dicasterio para la Comunicación.

Entre los testimonios, Patrizia, madre de una familia misionera itinerante, actualmente en Maastricht Holanda, explica: «Intentamos hacerlo con nuestra debilidad, llevándolos con nosotros a la Eucaristía desde la infancia, rezando con ellos por la mañana y por la noche, antes de las comidas haciendo una oración, y especialmente los domingos haciendo una celebración en casa muy festiva, en la que el padre de familia pregunta a cada uno de ellos: “¿Cómo ilumina tu vida la Palabra de Dios?». A través de este diálogo, los hijos se acostumbran a crecer sabiendo que Dios está presente en su historia y que actúa en ella».

El Santo Padre presenta los capítulos de esta exhortación, junto con familias que dan testimonio de algunos aspectos de su vida cotidiana. Así, cada mes, durante 10 meses, se viene publicando un nuevo vídeo con las reflexiones del Papa y los testimonios de familias de todo el mundo, en diálogo.

Cada video va acompañado de un subsidio pastoral, que puede ser utilizado de manera flexible tanto por las familias como por las distintas realidades eclesiales (diócesis, parroquias, comunidades). Cada subsidio, además, está subdividido en 4 partes, cada una de las cuales puede ser utilizada para profundizar en la familia o la comunidad, incluso en momentos diferentes.

Esta herramienta pretende ser una ayuda para la pastoral familiar, con propuestas y sugerencias que pueden adaptarse al contexto local. El objetivo es alimentar la reflexión, el diálogo y la práctica pastoral y, al mismo tiempo, dar valor, estímulo y ayuda a las familias en su vida espiritual y concreta de cada día.

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Fallece el canónigo ecónomo de la Catedral de Cádiz, Balbino Reguera Díaz

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En la tarde de hoy, jueves 25 de noviembre, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento del sacerdote diocesano, Rvdo. P. Balbino Reguera Díaz, a la edad de 76 años. Ordenado en 1970, actualmente ocupaba el cargo de ecónomo del Cabildo Catedral de Cádiz y adscrito a la parroquia Nuestra Señora de La Merced (Cádiz).

Precisamente, la parroquia de Nuestra Señora de la Merced acogerá esta noche la capilla ardiente. Los fieles que quieran orar para dar gracias por su servicio sacerdotal y rogar por su eterno descanso pueden hacerlo desde esta noche, a las 21.30 horas, y hasta las 08.00 de mañana viernes 26 de noviembre. Posteriormente, será trasladado a San José del Valle, donde se celebrará la misa exequial en la Iglesia de San José, donde también tendrá lugar el funeral, a las 17.30 horas.

Desde el Cabildo Catedral han mostrado su pesar por el fallecimiento del Padre Balbino y agradecen el esfuerzo y la entrega durante todos estos años como canónigo y administrador del primer templo de la diócesis. Además, piden a los fieles que recen por su alma y su eterno descanso.

Un sacerdote de una notable paciencia humana y de una impaciencia evangélica.

Por: José Antonio Hernández Guerrero

Este sacerdote bueno, que durante cincuenta años ha desarrollado en la Diócesis sus tareas pastorales como coadjutor, párroco, arcipreste, canónigo y delegado episcopal del clero, ha sido, sobre todo, un hombre sencillo, detallista, responsable y eficaz, que ha empleado su tiempo -todo su tiempo- en servir a los fieles y en acompañar a sus hermanos, los sacerdotes. La corpulencia física de este vallense nos ha revelado las amplias dimensiones de su espíritu noble, y su fortaleza corporal ha sido la expresión transparente de la consistencia de su confianza en las palabras de Jesús de Nazaret. Realista, reflexivo y coherente, el padre Balbino estaba dotado de una inteligencia práctica y de unos sentimientos nobles que le han dictado el rumbo de su andadura personal y de su trayectoria pastoral: su entrega generosa a la Iglesia y su amor sin fingimientos a los feligreses.

A mí me llamaba la atención, sobre todo, su habilidad para huir, tanto de la blandura condescendiente como de la intolerante rigidez. Por eso, quizás, no sucumbió a la obsesión de estar a la última moda ni de dejarse impresionar excesivamente por los alardes de una modernidad efectista en la que viven algunos de sus compañeros.

Dotado de una notable paciencia humana y de una impaciencia evangélica, con sus actitudes, más que con sus discursos, nos explicaba que su tarea sacerdotal consistía en acompañar a sus conciudadanos por los caminos convergentes que conducen hacia la madurez humana y hacia la búsqueda de los valores trascendentes. Las fidelidades de este hombre franco, claro y directo, enemigo de las ambigüedades y de los circunloquios, nos han estimulado para que, unidos y reunidos, construyéramos la ciudad terrena implantando la libertad, el amor y la comunión fraterna. Amante de la vida buena y de la buena vida, nos contaba los ecos entrañables que, en el fondo de su espíritu, despertaban los mensajes de Jesús de Nazaret. Balbino servía al Evangelio con una fidelidad original, en comunión afectiva y efectiva con los sacerdotes que integran el presbiterio diocesano.

Sin petulancia y sin teatralidad -aunque, a veces se le escapaba cierto desdén por los teóricos errantes que se dejan llevar por la publicidad y por frívolos incapaces de reprimir el apetito desordenado de ser otros- nos proporcionaba argumentos que evidenciaban una insobornable personalidad humana y una conciencia ética y evangélica que le impedían hacer trampas, vulnerar los principios y transgredir las normas.

Balbino contemplaba el mundo que le rodeaba -cada uno de los elementos de la naturaleza y cada uno de los miembros de la sociedad- con la limpia ingenuidad y con la candorosa lucidez del niño que descubre los misterios de las cosas elementales. Con sus ojos abiertos y con sus oídos atentos, penetraba en la vida práctica, atendía los asuntos sin turbarse y entendía a sus convecinos a los que trataba siempre situándose en su mismo terreno y participando de sus mismas preocupaciones. Con su familia, somos muchos los amigos que le deseamos que descanse en paz.

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Cuidar y animar las vocaciones al sacerdocio, una responsabilidad de todos

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La Delegación Diocesana para la Pastoral Vocacional organiza una convivencia para jóvenes mayores de 13 años que de algún modo se sientan llamados a seguir al Señor como pastores. Este encuentro tendrá lugar este domino, 28 de noviembre, en el Seminario Diocesano. Con ocasión de esta convivencia vocacional hemos hablado con su delegado, el sacerdote José Antonio Calvo Millán, formador del Seminario.

El pasado 12 de abril, el Obispo de Huelva nombraba como Formador del Seminario; y Delegado Diocesano para la Pastoral Vocacional al sacerdote José Antonio Calvo Millán, de 44 años de edad y natural de La Palma del Condado y que hasta el 28 de junio de este año, desarrollaba su labor pastoral como Vicario Parroquia de la Asunción y del Santuario de Ntra. Sra. del Rocío en Almonte y la Aldea de El Rocío respectivamente, durante los seis primeros años de su ministerio sacerdotal.

José Antonio Calvo, formador del Seminario Diocesano y delegado diocesano de Pastoral Vocacional

Calvo ha acogido este encargo con disponibilidad, confianza y agradecimiento. “Disponibilidad porque no se trata sólo de una cuestión de obediencia a Dios y a la Iglesia porque sí, sino, más bien, supone asumir y hacer vida la obediencia que los sacerdotes prometemos al obispo diocesano y a sus sucesores el día de nuestra ordenación, y cuya entrega, como servicio en fidelidad a la Esposa, hace del corazón del sacerdote un corazón continuamente disponible y que responde siempre sí a las necesidades de la Iglesia. Es lo que intento vivir, como dice san Agustín: “amoris offcium”, es el oficio del buen pastor, que da su vida por la ovejas (cf. Jn 10, 14-15). Confianza, porque soy consciente de que la tarea no es fácil, pero también sé que todo lo que constituye nuestro ministerio no es producto de nuestra capacidad personal (Cfr. Jn 15, 1-8). Realmente es Jesucristo quien ha querido contar conmigo sin mérito alguno por mi parte. Si Él está siempre en el centro, como el origen y meta de mis acciones ministeriales, ¿qué puedo temer? No hay más que lugar para la esperanza. Y también con mucho agradecimiento: en primer lugar a Dios, que se sirve de mediaciones humanas que, sin lugar a dudas, me ayudan a mí también a renovar mi vocación sacerdotal y a regustar el amor primero. También al Sr. Obispo que ha puesto su confianza en mí para la tarea de la Pastoral Vocacional. Es algo muy importante para la Iglesia y de manera especial para nuestra Iglesia particular. También tengo que dar las gracias a todos aquellos hermanos sacerdotes que me han precedido en esta labor y que me consta que han puesto todo su esfuerzo, ilusión, cariño y amor por la Iglesia en la animación de la Pastoral Vocacional”.

“Es muy necesario que  estemos convencidos de verdad de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir a ninguno, tenemos la responsabilidad de cuidar y animar las vocaciones, de un modo especial las sacerdotales”

La Pastoral Vocacional se plantea, principalmente, despertar y provocar el interés por la vocación al sacerdocio diocesano secular en nuestra Iglesia particular de modo que las acciones que llevemos a cabo descubran la importancia del sacerdocio, pero también que sea un cauce para que los jóvenes puedan descubrir esta particular llamada. En palabras del delegado, “es muy necesario que estemos convencidos de verdad de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir a ninguno, tenemos la responsabilidad de cuidar y animar las vocaciones, especialmente las sacerdotales. Las familias, los catequistas, los profesores, los educadores, los animadores de la pastoral juvenil, cada uno con los medios de que disponen, tienen un papel fundamental en la pastoral de las vocaciones sacerdotales. Dar a conocer con verdad la figura del sacerdote hará posible que se valore el carácter insustituible de la vocación y la misión sacerdotal”.

“Los numerosos grupos y movimientos que existen en nuestra Diócesis” –insiste– “tienen que resultar un campo propicio para suscitar la pregunta: “¿qué quiere Dios de mí?, y para que puedan cultivares nuevas vocaciones, en particular a la vida sacerdotal. No son pocos los jóvenes que en ese ambiente han encontrado la llama a la vida consagrada o al sacerdocio”.

Junto a esto, uno de los objetivos que se plantea desde el Seminario y esta delegación es el acompañamiento de esos jóvenes que descubren esa inquietud, ayudándolos a responder “desde un discernimiento cuidado y serio para que el joven pueda responder conscientemente y en libertad a la llamada de Dios”.

De este modo, la Pastoral Vocacional lleva adelante numerosas iniciativas a fin de cumplir estos objetivos, tal es el caso de esta primera convivencia vocacional del curso que han preparado con mucho cariño y esmero. De este modo, adolescentes y jóvenes mayores de 13 años que sientan una cierta inquietud vocacional al sacerdocio ministerial puedan participar de esta convivencia que acoge el Seminario Diocesano este finde semana bajo el lema“Subió al monte y llamó a los que Él quiso…” (Mc 3, 13).

La jornada comenzará con una catequesis relacionada con el discernimiento y la llamada de Dios a la vocación sacerdotal, tras la cual se compartirá algunas oraciones y un rato de reflexión. Pero también habrá tiempo para la convivencia y el ocio compartido con los seminaristas, espacio al que se dedicará la tarde, un modo de estrechar relaciones en un ambiente distendido.

Junto a esta actividad, también se han retomado los encuentros de monaguillos, una iniciativa que a causa de la pandemia no había podido realizarse últimamente y que tendrá lugar el 4 de diciembre (a partir de las 10.30 h.) en el Seminario Diocesano.
Además, explica José Antonio Calvo, «estamos visitando distintas parroquias de la Diócesis en los diversos arciprestazgos. Ya hemos estado en las parroquias de la Asunción de Almonte, Santa María Madre de la Iglesia, La Sagrada Familia, Beata Eusebia Palomino, Santa Teresa de Jesús, Virgen de Belén de la capital, junto al monasterio de Santa María de Gracia de las Agustinas, y Ntra. Sra. de las Angustias de Ayamonte, San Pedro de Cartaya, o las parroquias de Villalba del Alcor y Manzanilla”. Con esta propuesta la Pastoral vocacional pretende acercar el Seminario a todos los rincones de la diócesis e invitar a los más jóvenes a conocer cómo viven los seminaristas y a plantearse su vocación.

En nuestra conversación, el delegado diocesano para la Pastoral Vocacional no quiso terminar sin volver a insistir en “la necesidad de que en las comunidades parroquiales se ore por el aumento de vocaciones al sacerdocio en nuestra diócesis y por el Seminario Diocesano, y os invitamos a promover o retomar la adoración eucarística de los primeros jueves de mes pidiendo al Dueño de la mies que envíe operarios a su mies (cf. Lc 10, 2)”.

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ANCLADOS EN EL RESENTIMIENTO

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En mi libreta de ideas para estos artículos apunto algunas imágenes o ideas que no puedo “dejar pasar”, que se me quedan grabadas en la retina de mi alma. La primera anotación se titula “el abrazo de María”. Seguro que recordáis el triste episodio del atropello en un colegio de Madrid. Una vez certificada la muerte de su hija, María la madre de la niña atropellada, abrazó a la mujer que confundió las marchas de su Volvo.

La otra opción podía haber sido el resentimiento o la venganza, la demanda judicial o incluso la violencia. La fe de María y su altura personal le hizo empatizar con aquella torpe mujer que atropelló sin querer a su querida hija. Me pregunto qué habríamos hecho cada uno de nosotros y qué estamos haciendo con las personas que nos “atropellaron” en nuestra vida.

Y es que, a veces, podemos vivir anclados en el resentimiento y encadenados a la ofensa que se nos infringió, dándole vueltas a aquello que nos dolió, trayendo a la mente constantemente a aquel que nos ofendió. Sin saberlo, estamos malgastando la vida porque el resentimiento requiere una cantidad ingente de energías y necesita que le echemos permanentemente de comer.

Jesús nos llama desde la cruz a descubrir la otra lógica. No la del rencor y la venganza. No la del agravio sin salida. No la del reproche definitivo, sino la disposición para ayudar a sanar. La del mantener los puentes tendidos. Y es que, si alguien que podría cerrarte la puerta, la mantiene abierta. Si quien conoce tu fragilidad y tu barro, sigue mirándote con aprecio. Si quien podría juzgarte con dureza, te mira con misericordia, entonces entenderás un poco más a Dios… y su evangelio.

Querido enemigo: te suelto, quedas libre. No lo hago por ti (que no me caes muy bien) sino por mí. Porque ya has estado mucho tiempo en mi mazmorra, porque al final quien sufro soy yo, porque lo que intento creer y a quien procuro seguir supo perdonar en la cruz a sus asesinos. Porque todos merecemos otra oportunidad, y se me acabaron las fuerzas para seguir odiándote. Vuela, que yo también tengo ganas de cielo.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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¡Viene el Señor, alegraos!

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Comenzamos este domingo un nuevo Año litúrgico, comenzamos con el domingo primero de adviento. El cristiano vive lanzado al futuro, pero no lanzado al vacío de un futuro desconocido, sino en la espera gozosa de la venida del Señor. El futuro para el cristiano es una Persona, que ha anunciado su venida y no fallará en su promesa: “Vengo pronto. Maranatha (ven, Señor) !” (Ap 22,20).

El primer sentido del adviento es prepararnos para esa venida última y definitiva del Señor. Vendrá glorioso para llevarnos consigo y hacernos partícipes de su gloria para siempre. Él vendrá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Pero en el caso de cada uno, él viene a por nosotros cuando acaba nuestra etapa en la tierra, cuando nos llega la muerte. El tiempo de adviento nos prepara para ese encuentro personal con Cristo, de cada uno, cuando él nos lleve consigo y glorifique nuestras almas, hasta la venida final en que esa gloria sea comunicada también a nuestros cuerpos, que resucitarán en el último día.

La comunidad cristiana, desde el comienzo hace dos mil años hasta el final de la historia, ha vivido, vive y vivirá en esa continua invocación: Ven, Señor Jesús (Marantha), porque vive volcada hacia la unión plena con su Esposo y Señor Jesucristo. El tiempo de adviento aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene. Y deseamos salir a su encuentro, acompañados por las buenas obras. Se trata de un encuentro esponsal, alimentado a lo largo de la vida personal de cada uno en la comunidad eclesial, y que en la Eucaristía tiene su anticipo, su alimento y su estímulo. Deseamos encontrarnos con Jesucristo cara a cara, sentir su abrazo eterno que nos llenará de gozo y nos purificará definitivamente de nuestras impurezas, y pasar de la esperanza a la plena posesión. Este es el primer sentido del adviento.

Y además, el adviento nos prepara de manera inmediata a las fiestas de Navidad, en las que celebramos año tras año el nacimiento en la carne del Hijo de Dios hecho hombre de las entrañas virginales de María, madre y virgen. El adviento es un tiempo de alegría y de gozo, que estimula la espera y el ansia del encuentro. La Navidad es la llegada de ese Hijo esperado, que por los sacramentos viene hasta nosotros realmente.

Las calles están inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la gloria del Padre, es la lámpara que ilumina la ciudad santa. Con él ya no habrá más noche, todo será más resplandeciente que la luz del mediodía. Los villancicos son expresión popular de esa alegría contagiosa, que brota del misterio de la Navidad, del Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan, de los Magos que llegan trayendo regalos.

Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior. En una sociedad de consumo como la nuestra, mucho de todo eso es agitado para estimular el gasto, incluso el derroche. Hemos de aplicar nuestro sano juicio para mantener la templanza, puesto que sólo en el silencio interior podremos captar y saborear los misterios que celebramos. Sólo en el desprendimiento podremos salir al encuentro de todos los que sufren por cualquier motivo, y para los cuales también es Navidad. Más aún, el Hijo de Dios en su primera venida ha venido en pobreza y desnudez, en humildad y desprecio. No podremos conectar con él si nos instalamos en la extroversión, en el consumo y en el bullicio. No podremos sentir las necesidades de nuestros hermanos más necesitados, si sólo buscamos satisfacer nuestros sentidos.

La Navidad es una fuerte llamada a la solidaridad, porque el Hijo de Dios por su encarnación se ha unido solidariamente con cada hombre, cargando con sus penalidades y dándoles su salvación. Qué admirable intercambio.

El tiempo de adviento nos abre un panorama esperanzador. Entremos en este tiempo santo con deseo y esperanza de recibir abundantemente para repartir a raudales. Viene el Señor y trae para todos la gracia generosa de su salvación.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

 

La Iglesia española aborda “el dolor y la esperanza” en el mundo del trabajo

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Representantes de Pastoral del Trabajo de la diócesis de Córdoba asistieron a las XXVII Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo

Cerca de un centenar de responsables de las Delegaciones y Secretariados diocesanos de la Pastoral del Trabajo, integrantes de equipos de parroquia y representantes de movimientos apostólicos en el mundo del trabajo, se reunieron en Ávila los días 20 y 21 de noviembre para abordar el tema del trabajo desde la perspectiva del magisterio social del papa Francisco; y conocer iniciativas vinculadas al cuidado de la casa común.

La realidad del trabajo y los retos que plantea a la Iglesia española —el dolor de hoy y la esperanza de mañana–, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia recogida en las dos encíclicas sociales del Papa Francisco, Laudato si’ y Fratelli tutti, fueron el tema central de la Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo. Un encuentro convocado por la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana, a través del departamento responsable de esta pastoral de la Conferencia Episcopal Española.

En las jornadas, en las que participó una delegación del Secretariado Diocesano de Pastoral del Trabajo de Córdoba, en concreto, Juan Francisco Garrido, director del mismo, Virginia Ruiz, militante de la JOC y Toni Alias, miembro del Equipo Parroquial de Pastoral Obrera de Ntra. Sra. de Linares, intervino el obispo de Osma-Soria y responsable de la Pastoral del Trabajo en la CEE, Abilio Martínez, expuso la perspectiva de alimentar “la esperanza del mañana aliviando el dolor de hoy“, como expresó el Papa durante su homilía en la Jornada Mundial de los Pobres.

 

 

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Presentada la propuesta pastoral «Reiniciar» en las parroquias de La Gomera y en la de El Pilar, en Santa Cruz de Tenerife

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“Reiniciar. El sueño de Dios sobre la parroquia”, es la propuesta pastoral que se ha venido desarrollando estas semanas en la parroquia de El Pilar, en Santa Cruz de Tenerife y en las diferentes parroquias de La Gomera.

Un equipo de misioneros claretianos se ha encargado de ofrecer esta iniciativa encaminada a fortalecer en la fe a las comunidades parroquiales. Se trata de empezar de nuevo, de actualizar el planteamiento pastoral y de vida cristiana.

Según Pedro Cabrera, misionero claretiano, una de las cosas que le ha sorprendido al equipo que ha desarrollado esta propuesta, ha sido “el deseo de búsqueda de nuevos caminos en esta situación en la que nos encontramos. Un deseo de búsqueda que hemos visto en los vicarios, en los arciprestes,  en los sacerdotes y en los laicos con los que hemos compartido la experiencia de reiniciar”.

Cabrera también añadió que ha sido una magnífica experiencia el poder ver como las personas que se congregaban, venían deseosas de encontrarse con el Señor, de escuchar su Palabra, y de compartir preocupaciones e ilusiones. “Ha sido precioso constatar que el descubrimiento de todo aquello que nos da vida, nuestras fortalezas, las semillas de vida que el Señor siembra en nuestros corazones, tienen una fuerza de transformación impresionante y nos ayudan a salir de nuestros pesimismos, de nuestros juicios negativos y de nuestra incapacidad para ver un horizonte nuevo”.

Por último, Cabrera valoró de forma positiva el hecho de que los participantes hayan redescubierto que lo que nos hace continuar y ponernos de nuevo en marcha, es la profunda experiencia de Dios. “Esa experiencia la encontramos compartiendo la Palabra, orando, viviendo en su presencia y adorando al Señor, que siempre tiene algo nuevo que revelarnos y algo nuevo que ofrecemos”.

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Esta tarde comienzan las Semanas Sociales en el Alcázar con la ponencia del portavoz de la CEE

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Esta tarde comienzan las Semanas Sociales en el Alcázar con la ponencia del portavoz de la CEE

Monseñor Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE) será el encargado de dictar la ponencia inaugural de las XLIII Semanas Sociales de España, unas jornadas organizadas por la CEE bajo el lema genérico ´La regeneración de la vida pública. Una llamada al bien común y a la participación’, que se van a desarrollar hasta el próximo sábado en los Reales Alcázares y la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla.

La conferencia comenzará a las siete y media de la tarde y podrá seguirse online a través del canal de la Conferencia en youtube. Previamente,  a las siete, comenzará el acto oficial de inauguración, con las intervenciones del alcalde de Sevilla, Juan Espadas; el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz; el presidente de Semanas Sociales de España, Jesús Avezuela; y el nuncio apostólico en España, monseñor Bernardito Auza. Este último dará lectura a la carta de la Secretaria de Estado de la Santa Sede.

Más información en este enlace.

 

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Clausurado el Seminario “San Juan de Ávila y Montilla” en la Universidad

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El director espiritual del Seminario Mayor San Pelagio, Carlos Gallardo,  abordó la espiritualidad del Maestro de Santos

 

El director espiritual del Seminario Mayor San Pelagio de la Diócesis de Córdoba, Carlos Jesús  Gallardo, ha clausurado  el seminario «San Juan de Ávila y Montilla», organizado por el Aula de Religión y Humanismo de la Universidad en colaboración con el Obispado de Córdoba.

El director del centro del Centro Diocesano de San Juan de Ávila ofreció una conferencia con el título «La espiritualidad de San Juan de Ávila» en la que concentró en cinco puntos “neurálgicos” la enseñanza espiritual del Patrón del Clero español. En torno al primero de  estos puntos, «Dios Uno y Trino», Carlos Gallardo aseguró que “toda la doctrina avilista está orientada hacia Dios, hacia un Dios que es amor” y abundó en la idea de que ante esta certeza, “San Juan de Ávila fundamenta la confianza en Él”.

La relación de San Juan de Ávila con la Santísima Virgen configuró otro importante apartado de la charla celebrada en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras. Así, el sacerdote y director director diocesano del Apostolado de la Oración, expuso como toda la devoción a María del Doctor de la Iglesia Universal “se centra precisamente en la imitación de sus virtudes” y este rasgo fundamenta su espiritualidad. Por otra parte, el conferenciante explicó que el «Misterio de Cristo» es para San Juan de Ávila clave en la espiritualidad y vida del Santo Doctor ya que para el Apóstol de Andalucía “en Cristo hay un amor que sobrepasa todo entendimiento humano. Es un amor que no se puede llegar a entender con la sola razón humana”. En la Espiritualidad de San Juan de Ávila, la Iglesia “es considerada una prolongación de la humanidad de Cristo que hace presente el amor de Dios en el mundo”, afirmó Carlos Gallardo, que presentó al Santo Maestro como “un auténtico promotor de la reforma de la Iglesia”.

Como quinto punto neurálgico de la espiritualidad de San Juan de Ávila, el sacerdote, que fue presentado por el Canónigo Arcediano de la Catedral de Córdoba, Fernando Cruz-Conde, abordó el lugar que ocupan los pobres en la enseñanza avilista. Para el Santo Maestro, “el amor de San Juan de Ávila por los pobres era fiel reflejo del amor mismo de Cristo Buen Pastor por ellos”, explicó Carlos Gallardo, que subrayó como una de sus grandes preocupaciones eran los necesitados, a lo que “dedicó mucho tiempo de su vida a socorrer a quien sufría la marginación, la pobreza o analfabetismo”.

En el acto de clausura, la coordinadora del Aula de Religión y Humanismo, María Dolores Muñoz Dueñas, destacó el origen en 2019 de este seminario sobre San Juan de Ávila y Montilla y resaltó el valor europeísta y universal de este doctor de la Iglesia Universal. Por su parte, la vicedecana de Calidad y Comunicación de la Facultad de Filosofía y Letras, María Martínez-Atienza, celebró el regreso de la actividad del Aula de Religión y Humanismo. También acudieron al acto de clausura la directora del Museo y Biblioteca Diocesana, María José Muñoz y el catedrático jubilado de Ingeniería Gráfica y Geomática, Francisco Montes Tubío.

Origen del Seminario San Juan de Ávila y Montilla

El seminario tiene su origen en 2019, cuando el Obispado de Córdoba y las autoridades locales proyectaron conjuntamente un programa denominado ‘Vitis Dei’ para conmemorar el 450 aniversario del fallecimiento de San Juan de Ávila, proclamado como Año Jubilar en Montilla. Debido a la pandemia, se aparcó el proyecto, retomado como iniciativa de Francisco Montes Tubío y María José Muñoz.

Para el Aula de Religión y Humanismo, el seminario prosigue en su línea de colaboración institucional en la promoción del patrimonio religioso, espiritual y humanista de interés cultural a escala del mundo, de Europa y de Córdoba.

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