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LA CARIDAD TIENE VOZ. Las Semanas Sociales nos mueven

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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«Para los enfermos fue un encuentro entrañable y lleno de esperanza y fortaleza»

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El jueves 25 de noviembre, la parroquia de la Santísima Trinidad, en Málaga, acogió al Sr. Obispo dentro de la Visita Pastoral que viene realizando, desde el 10 de octubre al 12 de diciembre, al arciprestazgo de Los Ángeles.

El párroco, José Ruiz Córdoba, explica que, durante la tarde, el Sr. Obispo visitó «a la comunidad de las Hermanas Clarisas y a varios enfermos de la parroquia, celebró la Eucaristía en la parroquia y se reunión con la asamblea parroquial»; y destaca «la visita a los enfermos y el ver cómo les infundía aliento y esperanza; yo creo que para ellos fue un encuentro entrañable y lleno de esperanza y de fortaleza».

«Le agradezvo a D. Jesús la visita y todos los servicios que presta a nuestra diócesis», cocnluye el párroco. 

Curra, feligresa de la parroquia y miembro de la Hermandad del Rocío de Málaga, valora la visita de Don Jesús con las siguientes palabras: «me he sentido muy bien, reconfortada con su visita, con sus palabras y con su apoyo. Nos ha animado a que seamos más valientes y arrojados y llevemos el nombre de Cristo como bandera con nuestra vida y nuestros hechos, cada uno a su forma dentro de su vida. Eso es lo que más me ha transmitido: valentía para llevar el nombre de Cristo a todos los demás».

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El Papa con los jóvenes en Atenas: «¡Sueñen con la fraternidad!»

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Antes de la ceremonia de despedida y de emprender su regreso a la Ciudad de Vaticano, el papa Francisco se encontró con los jóvenes de la pastoral juvenil y con los estudiantes de la escuela San Dionisio de las Hermanas Ursulinas de Marusi, en Atenas, muchos de ellos procedentes de lugares lejanos

Con un sentido momento de oración, que prepararon los jóvenes de la pastoral juvenil junto a los estudiantes de la escuela San Dionisio de las Hermanas Ursulinas de Marusi, en Atenas, que concluyó con la bendición del papa Francisco, tuvo lugar el último gran encuentro de este viaje apostólico, en que algunos de ellos ofrecieron sus testimonios de vida. El Santo Padre les agradeció su presencia, teniendo en cuenta que muchos de ellos procedían de lugares lejanos. Por esto razón les dijo:

“¡Gracias! Estoy contento de encontrarme con ustedes finalizando mi visita a Grecia, y aprovecho la ocasión para renovar mi gratitud por la acogida y por todo el trabajo que llevaron adelante para organizarla”

Hermosos testimonios

El Pontífice manifestó que le “impresionaron sus hermosos testimonios”, que había leído precedentemente y que durante este encuentro retomó con ellos. Así por ejemplo se refirió al de Katerina, quien habló de sus dudas de fe.

“Quisiera decirte a ti y a todos ustedes, no tengan miedo de las dudas, porque no son faltas de fe. Al contrario, las dudas son ‘vitaminas de la fe’, ayudan a robustecerla, a hacerla más fuerte, es decir, más consciente, más libre y más madura. La hacen más disponible a ponerse en camino, a seguir adelante cada día con humildad. Y la fe es precisamente esto, un camino cotidiano con Jesús que nos lleva de la mano, nos acompaña, nos alienta y, cuando caemos, vuelve a levantarnos”

El Papa comparó las dudas “como una historia de amor, donde siempre se sigue adelante juntos, día tras día”. “Es como en una historia de amor, llegan momentos en los que es necesario interrogarse, hacerse preguntas”, dijo, “y hace bien, hace crecer el nivel de la relación”. Algo que el Santo Padre consideró como “muy importante” para los jóvenes, “porque no pueden ir por el camino de la fe ciegos”.

Además, Francisco destacó otro punto importante en la experiencia de Katerina, al considerar que a veces, frente a las incomprensiones o a las dificultades de la vida, en los momentos de soledad o de desilusión, esta duda puede llamar a la puerta de nuestro corazón: “Quizá soy yo que no voy bien, tal vez estoy equivocado, estoy equivocada”. “Amigos – les dijo el Papa – es una tentación que hay que rechazar. El diablo nos mete esta duda en el corazón para arrojarnos en la tristeza. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué hay que hacer cuando una duda de este tipo se vuelve sofocante y no nos deja en paz, cuando se pierde la confianza y no se sabe por dónde comenzar?”.

“Es necesario volver a encontrar el punto de partida. ¿Cuál es? Para comprenderlo, pongámonos a la escucha de su cultura clásica. ¿Saben cuál fue el punto de partida de la filosofía, pero también del arte, de la cultura y de la ciencia? Todo comenzó por una chispa, por un descubrimiento que se expresa con una palabra magnífica: thaumàzein. Es el maravillarse, el asombro”

El asombro como inicio de nuestra fe

“Así comenzó la filosofía, de maravillarse frente a aquello que es, frente a nuestra existencia, a la armonía de la creación y al misterio de la vida”, añadió el Papa, al destacar que “el asombro no es sólo el comienzo de la filosofía, sino también el inicio de nuestra fe”. En efecto el Santo Padre les explicó que “el corazón de la fe no es una idea o una moral, sino una realidad, una realidad bellísima que no depende de nosotros y que nos deja con la boca abierta: ¡somos hijos amados de Dios! Hijos amados, tenemos un Padre que vela por nosotros y que nunca deja de amarnos”.

“Reflexionemos: cualquier cosa que tú pienses o hagas, aunque sea lo peor, Dios sigue amándote, Quisiera que esto lo entiendan bien, Dios no se cansa de amar. Dios ama siempre, no puede dejar de amar”

Les recomendó, además, no centrarse en lo que no gusta al verse al espejo, sino en ponerse “ante Dios”, algo que hace que cambie la perspectiva: “No podemos más que asombrarnos de que somos para Él, a pesar de todas nuestras debilidades y nuestros pecados, hijos amados desde siempre y para siempre”. De ahí su consejo paternal:

“Más que comenzar la jornada frente al espejo, ¿por qué no abres la ventana de tu habitación y te detienes en todo lo hermoso que ves?”

Con lo cual el Pontífice animó a estos queridos jóvenes a que piensen que, “si a nuestros ojos la creación es hermosa, a los ojos de Dios cada uno de ustedes es infinitamente hermoso”. Asimismo, les pidió que se dejen “amar por quien siempre cree” en ellos, por quien los “ama más” de cuanto ellos mismo puedan llegar a amarse.

“Cuando estén decepcionados por algo que han hecho, hay otro asombro que no tienen que dejar escapar: el asombro del perdón”

El Papa repitió algo que ha dicho en diversas ocasiones a lo largo de su pontificado: “Dios perdona siempre, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”. Agregó que: en el perdón se encuentra el rostro del Padre”. De ahí su exhortación a no permitir “que la pereza, el miedo o la vergüenza” les “roben el tesoro del perdón”.

“¡Dejemos que el amor de Dios nos asombre! Nos redescubriremos a nosotros mismos; no lo que dicen de nosotros o lo que las pulsiones del momento suscitan en nosotros, no lo que los eslóganes publicitarios nos echan encima, sino nuestra verdad más profunda, la que ve Dios, aquella en la que Él cree: la belleza irrepetible que somos”

Después de recordar la famosa inscripción en la entrada del templo de Delfos, “conócete a ti mismo”, Francisco les dijo: “Hoy corremos el riesgo de olvidarnos de lo que somos, obsesionados por miles de apariencias, por mensajes machacones que hacen depender la vida de la ropa que usamos, del automóvil que conducimos, del modo en que nos miran los demás. Esa antigua invitación, conócete a ti mismo, vale todavía hoy. Reconoce que vales por lo que eres, no por lo que tienes”.

“No vales por la marca de la ropa o por el calzado que llevas, sino porque eres único, eres única. Pienso en otra imagen antigua, la de las sirenas. Como Ulises en su itinerario de regreso a casa, también ustedes en la vida, que es un viaje audaz hacia la Casa del Padre, encontrarán, como él, sirenas”

Fuegos artificiales que hipnotizan

Refiriéndose al mito de las sirenas que atraían a los navegantes con su canto para hacerlos estrellar contra los arrecifes, el Papa les dijo que “en la realidad, las sirenas de hoy quieren hipnotizar con mensajes seductores e insistentes, que apuntan a beneficios fáciles, a las falsas necesidades del consumismo, al culto del bienestar físico, a la diversión a toda costa”. Y no dudó en afirmar:

“Son muchos fuegos artificiales, que brillan por un instante, pero sólo dejan humo en el aire. Yo los entiendo, no es fácil resistir”

La alegría del Evangelio

También destacó otro personaje mitológico, Orfeo, que “nos enseña un camino mejor”, puesto que “entonó una melodía más hermosa que la de las sirenas y así las hizo callar. ¡Por eso es importante alimentar el asombro, alimentar la belleza de la fe! No somos cristianos porque debemos, sino porque es hermoso. Y precisamente porque queremos proteger esta belleza decimos no a lo que quiere ensombrecerla”.

«La alegría del Evangelio, el asombro que provoca Jesús hace que las renuncias y las fatigas pasen a un segundo plano. Entonces, ¿estamos de acuerdo? Recuerden bien esto, ser cristianos es, fundamentalmente ‘no hacer cosas’, ‘no es esto’. Es dejar que ‘Dios te ame’».

La alegría de Dios

El Santo Padre manifestó que le gustó lo que dijo Ioanna, quien para hablar de su vida, habló “de los demás”, sobre todo de su mamá y abuela, que le “han enseñado a rezar, a agradecer cada día a Dios”. ¡Qué contento está Dios, dijo el Papa, “cuando nos abrimos a Él! Así se conoce a Dios. Porque para conocerlo no basta tener ideas claras sobre Él: se necesita ir hacia Él con la vida. Tal vez este sea el motivo por el que tantos lo ignoran, porque sólo sienten predicaciones y discursos”.

“Jesús se transmite a través de rostros y de personas concretas. Hagan la prueba de releer los Hechos de los Apóstoles y verán cuántas personas, rostros y encuentros; así conocieron a Jesús nuestros padres en la fe. Dios no nos da un catecismo en la mano, sino que se hace presente por medio de las historias de las personas. Pasa a través de nosotros”

No contentarse con encuentros virtuales

Francisco afirmó que “dedicarse a los demás no es de perdedores”, sino “de vencedores; es el camino para hacer algo realmente nuevo en la historia”. Y refiriéndose al hecho de que en griego “joven” se dice “nuevo” y nuevo significa joven, preguntó: “¿Quieres hacer algo nuevo en la vida? ¿Quieres rejuvenecer? No te contentes con publicar algún post o algún tuit. No te contentes con encuentros virtuales, busca encuentros reales, sobre todo con quien te necesita; no busques la visibilidad, sino a los invisibles. Esto es original, esto es revolucionario”.

“Muchos hoy son ‘de redes sociales’ pero poco ‘sociales’, encerrados en sí mismos, prisioneros del teléfono que tienen entre sus manos. Pero en la pantalla falta el otro, faltan sus ojos, su respiración, hacen falta sus manos. La pantalla se vuelve fácilmente un espejo, donde crees que estás frente al mundo, pero en realidad estás solo, en un mundo virtual lleno de apariencias, de fotos trucadas para parecer siempre hermosos y en forma”

Cultivar la mística del conjunto y el ardor de servir

“¡Qué bonito, en cambio – exclamó Francisco – es estar con los demás, descubrir la novedad del otro, cultivar, cultivar la mística del conjunto, el ardor de servir!”. A este respecto, el Papa recordó que, en el encuentro con los jóvenes en Eslovaquia, del pasado mes de septiembre, algunos de ellos mostraron una pancarta con dos palabras: “Todos hermanos”. Algo que le gustó, porque “decía algo nuevo: que es hermoso sentirse hermanos y hermanas de todos, sentir que los demás forman parte de un nosotros, no gente de la que hay que tomar distancia”.

¡Sueñen con la fraternidad!

Ante la invitación de soñar con la fraternidad, el Obispo de Roma destacó que, “ciertamente, cuesta salir de las propias zonas de confort”, porque “es más fácil estar sentados en el sofá frente a la televisión”, algo que “no es de jóvenes”. Puesto que “de jóvenes es reaccionar, abrirse cuando uno se siente solo, buscar a los demás cuando viene la tentación de cerrarse, entrenarse en esta ‘gimnasia del alma’. Aquí nacieron los eventos deportivos más grandes, las Olimpíadas, el maratón”.

“Más allá del espíritu de lucha que hace bien al cuerpo, está aquello que hace bien al alma: entrenarse para la apertura, para recorrer largas distancias desde uno mismo para acortarlas con los demás, lanzar el corazón atravesando los obstáculos, cargar unos los pesos de los otros. Entrenarse en esto los hará felices, los mantendrá jóvenes y les hará sentir la aventura de vivir”

A propósito de aventura, se refirió también al testimonio de Aboud, quien relató su huida, junto con los suyos, “de la amada y martirizada Siria”. Y dijo que le vino en mente que, “en la Odisea de Homero, el primer héroe que aparece no es Ulises, sino un joven, Telémaco, su hijo, que vivió una gran aventura”.

La salvación está en mar abierto

“El sentido de la vida no es quedarse en la playa esperando que el viento traiga novedades. La salvación está en mar abierto, está en el impulso, en seguir los sueños, los sueños verdaderos, los que se sueñan con los ojos abiertos, que comportan esfuerzo, lucha, vientos contrarios, borrascas repentinas. Pero no hay que dejarse paralizar por el miedo, ¡sueñen en grande! ¡Y sueñen juntos!”

El Papa Francisco recordó que “elegir es un desafío, es afrontar el miedo a lo desconocido, es salir del pantano de la aprobación, es decidirse a tomar la propia vida entre las manos”. Y añadió que, para tomar decisiones adecuadas, pueden recordar que “las buenas decisiones incluyen siempre a los demás”. “Esas son las decisiones por las que vale la pena arriesgarse, los sueños que hay que realizar; aquellos que requieren valentía y que implican a los demás”. Y se despidió recordándoles, una vez más, que “Dios los ama”, y que “tengan la valentía de ir adelante. ¡Adelante, todos juntos!”.

(Vaticannew.va)

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¡Detengamos este naufragio de civilización!

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Gracias por sus palabras. Le agradezco, señora Presidenta, por su presencia y sus palabras. Hermanas, hermanos, estoy nuevamente aquí para encontrarme con ustedes; estoy aquí para decirles que estoy cerca de ustedes de corazón; estoy aquí para ver sus rostros, para mirarlos a los ojos: ojos cargados de miedo y de esperanza, ojos que han visto la violencia y la pobreza, ojos surcados por demasiadas lágrimas. Hace cinco años, el Patriarca Ecuménico y querido hermano Bartolomé dijo en esta isla algo que me impactó: «El que les tiene miedo no los ha mirado a los ojos. El que les tiene miedo no ha visto sus rostros. El que les tiene miedo no ve a sus hijos. Olvida que la dignidad y la libertad trascienden el miedo y la división. Olvida que la migración no es un problema del Oriente Medio y del África septentrional, de Europa y de Grecia. Es un problema del mundo» (Discurso, 16 abril 2016).

Sí, es un problema del mundo, una crisis humanitaria que concierne a todos. La pandemia nos ha afectado globalmente, nos ha hecho sentir a todos en la misma barca, nos ha hecho experimentar lo que significa tener los mismos miedos. Hemos comprendido que las grandes cuestiones se afrontan juntos, porque en el mundo de hoy las soluciones fragmentadas son inadecuadas. Pero mientras se llevan adelante las vacunaciones a nivel planetario y —aun en medio de muchos retrasos e incertezas— algo parece que se está moviendo en la lucha contra el cambio climático, todo parece terriblemente opaco en lo que se refiere a las migraciones. Y, sin embargo, están en juego personas, vidas humanas. Está en juego el futuro de todos, que sólo será sereno si está integrado. El futuro sólo será próspero si se reconcilia con los más débiles. Porque cuando se rechaza a los pobres, se rechaza la paz. Cierres y nacionalismos —nos enseña la historia— llevan a consecuencias desastrosas. En efecto, como ha recordado el Concilio Vaticano II, «es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz» (Const. past. Gaudium et spes, 78). Es una ilusión pensar que basta con salvaguardarnos a nosotros mismos, defendiéndonos de los más débiles que llaman a la puerta. El futuro nos pondrá cada vez más en contacto unos con otros; para orientarlo hacia el bien no sirven acciones unilaterales, sino políticas más amplias. La historia, repito, nos enseña, pero todavía no hemos aprendido. Que no se vuelvan las espaldas a la realidad, que termine el continuo rebote de responsabilidades, que no se delegue siempre a los otros la cuestión migratoria, como si a ninguno le importara y fuese sólo una carga inútil que alguno se ve obligado a soportar.

Hermanas, hermanos, sus rostros, sus ojos nos piden que no miremos a otra parte, que no reneguemos de la humanidad que nos une, que hagamos nuestras sus historias y no olvidemos sus dramas. Elie Wiesel, testigo de la tragedia más grande del siglo pasado, escribió: «Me acerco a los hombres, mis hermanos, porque recuerdo nuestro origen común, porque me niego a olvidar que su futuro es tan importante como el mío» (From the Kingdom of Memory, Reminiscenses, Nueva York, 1990, 10). En este domingo, ruego a Dios que nos despierte del olvido de quien sufre, que nos sacuda del individualismo que excluye, que despierte los corazones sordos a las necesidades del prójimo. Y ruego también al hombre, a cada hombre: superemos la parálisis del miedo, la indiferencia que mata, el cínico desinterés que con guantes de seda condena a muerte a quienes están en los márgenes. Afrontemos desde su raíz al pensamiento dominante, que gira en torno al propio yo, a los propios egoísmos personales y nacionales, que se convierten en medida y criterio de todo.

Han pasado cinco años desde la visita que realicé con los queridos hermanos Bartolomé y Ieronymos. Después de todo este tiempo constatamos que poco ha cambiado sobre la cuestión migratoria. Ciertamente, muchos se han comprometido en la acogida y en la integración, y quisiera agradecer a los numerosos voluntarios y a cuantos, a todo nivel —institucional, social, caritativo, político—, han asumido grandes esfuerzos, haciéndose cargo de las personas y de la cuestión migratoria. Reconozco el compromiso en la financiación y construcción de dignas estructuras de acogida y agradezco de corazón a la población local por todo el bien que ha hecho y los numerosos sacrificios que han aceptado. Asimismo, quisiera agradecer a las autoridades locales, que reciben, custodian y ayudan a salir adelante a esta gente que viene a nosotros. Gracias por lo que hacen. Pero debemos admitir amargamente que este país, como otros, está atravesando actualmente una situación difícil y que en Europa sigue habiendo personas que persisten en tratar el problema como un asunto que no les incumbe. Esto es trágico. Recuerdo sus últimas palabras [dirigiéndose a la Presidenta]: “Que Europa haga lo mismo”. Y, ¡cuántas condiciones indignas del hombre! ¡Cuántos puntos críticos donde los migrantes y refugiados viven en situaciones límite, sin vislumbrar soluciones en el horizonte! Y, sin embargo, el respeto a las personas y a los derechos humanos —especialmente en el continente que no cesa de promoverlos en el mundo— debería ser salvaguardado siempre, y la dignidad de cada uno debería ser antepuesta a todo. Es triste escuchar que el uso de fondos comunes se propone como solución para construir muros, para construir alambres de púas. Estamos en la época de los muros y de los alambres de púas. Ciertamente, los temores y las inseguridades, las dificultades y los peligros son comprensibles. El cansancio y la frustración, agudizados por la crisis económica y pandémica, se perciben, pero no es levantando barreras como se resuelven los problemas y se mejora la convivencia, sino uniendo fuerzas para hacerse cargo de los demás según las posibilidades reales de cada uno y en el respeto de la legalidad, poniendo siempre en primer lugar el valor irrenunciable de la vida de todo hombre, de toda mujer, de toda persona. Cito una vez más a Elie Wiesel: «Cuando las vidas humanas están en peligro, cuando la dignidad humana está en peligro, los límites nacionales se vuelven irrelevantes» (Discurso de aceptación del Premio Nobel de la paz, 10 diciembre 1986).

En varias sociedades los conceptos de seguridad y solidaridad, local y universal, tradición y apertura se están oponiendo de modo ideológico. Más que sostener unas ideas, puede ayudar partir de la realidad, detenerse, ampliar la mirada, sumergirse en los problemas de la mayoría de la humanidad, de tantas poblaciones víctimas de emergencias humanitarias que no han provocado sino sólo padecido, a menudo después de largas historias de explotación todavía en curso. Es fácil arrastrar a la opinión pública, fomentando el miedo al otro; ¿por qué, en cambio, con el mismo tono, no se habla de la explotación de los pobres, o de las guerras olvidadas y a menudo generosamente financiadas, o de los acuerdos económicos que se hacen a costa de la gente, o de las maniobras ocultas para traficar armas y hacer que prolifere su comercio? ¿Por qué no se habla de esto? Hay que enfrentar las causas remotas, no a las pobres personas que pagan las consecuencias de ello, siendo además usadas como propaganda política. Para remover las causas profundas no se puede sólo resolver las emergencias. Se necesitan acciones concertadas. Es necesario acercarse a los cambios históricos con amplitud de miras. Porque no hay respuestas fáciles para problemas complejos; existe más bien la necesidad de acompañar los procesos desde dentro, para superar los guetos y favorecer una lenta e indispensable integración, para acoger las culturas y las tradiciones de los otros de una manera fraterna y responsable.

Sobre todo, si queremos recomenzar, miremos el rostro de los niños. Hallemos la valentía de avergonzarnos ante ellos, que son inocentes y son el futuro. Interpelan nuestras conciencias y nos preguntan: “¿Qué mundo nos quieren dar?”. No escapemos rápidamente de las crudas imágenes de sus pequeños cuerpos sin vida en las playas. El Mediterráneo, que durante milenios ha unido pueblos diversos y tierras distantes, se está convirtiendo en un frío cementerio sin lápidas. Esta gran cuenca de agua, cuna de tantas civilizaciones, ahora parece un espejo de muerte. ¡No dejemos que el mare nostrum se convierta en un desolador mare mortuum, ni que este lugar de encuentro se vuelva un escenario de conflictos! No permitamos que este “mar de los recuerdos” se transforme en el “mar del olvido”. Hermanos y hermanas, les suplico: ¡detengamos este naufragio de civilización!

Dios se hizo hombre en las orillas de este mar. Su Palabra ha resonado llevando consigo el anuncio de Dios, que es «Padre y guía de los hombres» (S. Gregorio Nacianceno, Sermón 7, en honor de su hermano Cesario, 24). Él nos ama como hijos y quiere que seamos hermanos. Y, en cambio, ofendemos a Dios, despreciando al hombre creado a su imagen, dejándolo a merced de las olas, en la marea de la indiferencia, a veces justificada incluso en nombre de presuntos valores cristianos. La fe nos pide compasión y misericordia —no nos olvidemos que este es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura—. La fe exhorta a la hospitalidad, a aquella filoxenia que impregnó la cultura clásica, encontrando luego en Jesús su propia manifestación definitiva, especialmente en la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,29-37) y en las palabras del capítulo 25 del Evangelio de Mateo (cf. vv. 31-46). No es ideología religiosa, son raíces cristianas concretas. Jesús afirma solemnemente que está allí, en el forastero, en el refugiado, en el que está desnudo y hambriento; y el programa cristiano es estar donde está Jesús. Sí, porque el programa cristiano, escribió el Papa Benedicto, «es un corazón que ve» (Carta enc. Deus caritas est, 31).

Y no quisiera terminar este mensaje sin agradecer al pueblo griego por el recibimiento, pues tantas veces la acogida se convierte en un problema porque no encuentra camino de salida para la gente, para desplazarse a otro lado. Gracias, hermanos y hermanas griegos, gracias por esta generosidad. Y ahora pidamos a la Virgen María que nos abra los ojos ante los sufrimientos de los hermanos. Ella se puso en camino rápidamente al encuentro de su prima Isabel, que estaba encinta. ¡Cuántas madres embarazadas encontraron la muerte rápidamente, estando de viaje, mientras llevaban la vida en su vientre! Que la Madre de Dios nos ayude a tener una mirada materna, que ve en los hombres hijos de Dios, hermanas y hermanos que acoger, proteger, promover e integrar; y a amar con ternura. Que María Santísima nos enseñe a anteponer la realidad del hombre a las ideas e ideologías, y a dar pasos ágiles al encuentro del que sufre.

Ahora recemos a la Virgen todos juntos.

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Soy una madre normal

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Irene Alonso comparte una charla entre amigas sobre el día a día de una madre

Compartir es lo nuestro, lo de las madres normales. Nos encanta compartir historias, trucos y anécdotas sobre nuestro día a día, nuestra familia, nuestra vida. Este libro no pretende ser más que eso, una charla entre amigas, en la que su autora, Irene Alonso, cuenta todo aquello que llena sui día a día. “Mi matrimonio, mis hijos, mi trabajo, mi fe, mis valores… Desde las rutinas diarias de estudio o sueño, pasando por la alimentación a cómo afrontamos las vacaciones de verano o cómo celebramos la Navidad. Cada día hablo con muchas de vosotras sobre todas estas cosas, y no me puede hacer más ilusión convertir esas pequeñas conversaciones de la bandeja de «mensajes privados», en una charla abierta en la que todas tenemos algo que aportar. Mi ánimo al escribir este libro está lejos de querer enseñar, adoctrinar, ni imponer de ningún modo nuestra manera de vivir y relacionarnos. Solo contaros lo que hago y me funciona; y también lo que sigo sin conseguir que funcione después de casi dos décadas. La vida de las madres normales, con sus luces y sus sombras. Con que a una sola de vosotras le ayude en la más mínima cosa, habrá merecido la pena el esfuerzo”, afirma en la presentación del libre Alonso.

La entrada Soy una madre normal apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Primera misa en la Catedral presidida por D. Antonio como obispo diocesano

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 El pasado domingo II de Adviento tenía lugar en la Catedral de la Encarnación la primera misa presidida por D. Antonio Gómez Cantero como obispo diocesano.

Fue una celebración sencilla en la que participó un buen número de feligreses que quisieron acompañarlo en estos primeros pasos de su episcopado. Miembros de hermandades y cofradías, acción católica, y un grupo de jóvenes se sumaron a la celebración eucarística que concluyó con la bendición del Belén situado en el trascoro del templo catedralicio.

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Termina este lunes el Cursillo de Cristiandad nº 158 con una clausura a la que están invitados todos los cursillistas de la diócesis

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Termina este lunes el Cursillo de Cristiandad nº 158 con una clausura a la que están invitados todos los cursillistas de la diócesis

El acto de clausura será a las 7 de la tarde, en el Centro Diocesano de Espiritualidad

Este lunes 5 de diciembre termina el Cursillo de Cristiandad nº 158 en Guadix. Y terminará, como es habitual en los cursillos, con un acto de clausura al que están invitados todos los cursillistas de la diócesis, aunque hayan hecho los cursillos años atrás, quizá muchos años atrás. Será a las 7 de la tarde, en el Centro Diocesano de Espiritualidad y no hace falta invitación expresa.

Con ese acto de clausura se termina un Cursillo de Cristiandad que ha superado todas las expectativas, ya que se rebasó el número inicial de plazas ofertadas y se ha llegado al número de 35 cursillistas, muchos de ellos jóvenes. Para su realización, se ha contado con la ayuda del equipo cursillos de la diócesis de Córdoba.

Se trata de un cursillo que quiere marcar una nueva etapa, tras la renovación el equipo directivo de los Cursillos de Cristiandad en la diócesis de Guadix: un equipo joven que, a buen seguro, animará a otros jóvenes a hacer los cursillos, como ya ha ocurrido en este cursillo que termina hoy y como ocurre en otras diócesis españolas.

Ya se prepara un nuevo Cursillo de Cristiandad para la primavera de 2022. Habrá que ir animándose.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Terminó la Visita Pastoral del obispo a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda

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Terminó la Visita Pastoral del obispo a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda

En Huélago ha terminado la Visita Pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco a las parroquias de Darro, Huélago y Belerda, que ha durado del jueves 2 al sábado 4 de diciembre: tras jornadas intensas que han servido para que el obispo conozca estas parroquias y sus feligreses le conozcan a él de cerca.
Terminó la Visita Pastoral a estos pueblos con la Misa Estacional en Huélago, el sábado por la tarde. Una Misa en la que se cantaron las canciones propias de las Misas de Aguinaldos, que se cantan antes de Navidad en la parroquia. También hubo confirmaciones y la institución de una ministra extraordinaria de la comunión

Antes, el obispo visitó la parroquia de Belerda, ese mismo sábado por la tarde. Comenzó su visita en el cementerio, donde rezó por todos los difuntos y visitó el lugar, muy característico pues muchas de las tumbas se encuentran en cuevas horadadas en la ladera. Después, en la iglesia parroquial, Mons. Orozco dialogó con los feligreses de Belerda, que le hablaron, sobre todo, de cómo, en 2009, tuvieron que reconstruir su iglesia, después de que una parte del cerro se viniese sobre ella. Finalizó su visita a Belerda con la Misa Estacional, como es habitual en todas las parroquias y que supone uno de los momentos más importantes, sino el que más, en la Vista Pastoral de un obispo.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Círculo del silencio centrado en el Día internacional de la abolición de la esclavitud

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El pasado 1 de diciembre, la plaza de Juan Casinello de la capital acogía un mes más la iniciativa “Círculo del Silencio”, un tiempo de encuentro, denuncia e interpelación a la sociedad ante diferentes injusticias sociales.

Organizado en esta ocasión por la Acción católica General un buen grupo de activistas sociales pertenecientes a los distintos colectivos que agrupa “Almería unida contra la pobreza” pudieron reflexionar sobre las nuevas esclavitudes existentes hoy en nuestra sociedad, leyendo una serie de textos alusivos a ellos de la Encíclica Fratelli Tutti:

“Reconozcamos igualmente que, «a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. […] Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite que pueda ser tratada como un objeto”…

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Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

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Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

Solemnidad de la Inmaculada y Virgen de Guadalupe, en el programa “Iglesia Noticia”.

Emitido el domingo 5 de noviembre de 2021, a las 09:45 horas.

Granada se viste de fiesta en el día de la Inmaculada. En el programa Iglesia Noticia de primeros de diciembre hablamos sobre esta solemnidad, de larga tradición devocional en la diócesis.

Otra fiesta mariana por venir será la de la Virgen de Guadalupe, como Emperatriz de las Américas, que también celebra la archidiócesis como un momento de encuentro entre todos los pueblos hispanoamericanos.

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