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Los jóvenes de Úbeda continúan en sus encuentros De Misa Joven

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La Iglesia de Santa Teresa acogió en la tarde del pasado viernes, 4 de febrero, la Misa Joven del mes de febrero con casi un centenar de jóvenes.

Tras trasladar la Cruz de los Jóvenes de la Iglesia de San Isidoro a la Iglesia de Santa Teresa, donde permanecerá durante el mes de febrero, a las 19:00 h., se daba comienzo con el testimonio de Miguel Ángel Molina, un joven cofrade que transmitía al resto de asistentes como un joven vivía la fe y encontraba a Dios a través de las Hermandades y Cofradías. Así, el párroco de Santa Teresa, D. Ildefonso Fernández, daba la bienvenida al templo y contaba su testimonio al cumplir cincuenta años en su ministerio sacerdotal.

La celebración de la Eucaristía estuvo presidida por el coordinador de Misa Joven, D. Sebastián Guerrero, y participaron los grupos católicos juveniles de la ciudad junto al coro juvenil del Colegio de la Milagrosa. Tras la comunión, se vivió un momento de recogimiento junto a la adoración del Santísimo.

Al finalizar, los jóvenes pudieron disfrutar de unas bolsas individuales con dulces realizados por las hermanas clarisas de nuestra ciudad.

Gabriel García
Úbeda

Galería fotográfica: «Misa Joven en Úbeda»

 

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Cuarta reunión sinodal en La Asunción de La Guardia

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El pasado día 30 de enero, a las 17 horas, en la Comunidad Parroquial de la Asunción de La Guardia,  se celebró su cuarto encuentro sinodal.

Comenzamos con la oración preparada para este encuentro, en la que se puso de manifiesto la necesidad de estar unidos para llevar a cabo la misión que se nos ha encomendado.

Tras la oración, tuvimos unos minutos de convivencia en torno a un café.

Retomamos este encuentro, marcado por la corresponsabilidad y el diálogo. Los asistentes expusieron sus experiencias de vida con respecto al diálogo y su papel dentro de su comunidad. Se descubrieron a través de la lectura pausada del texto, diversas aptitudes y carismas que poseemos, y que no somos conscientes de ponerlos al servicio de los demás como se debiera.

En relación con la comunicación con otras confesiones cristianas, la experiencia es poca, pero si resaltando el respeto y consideración hacia ellas, como prójimos nuestros, por lo que nos sentimos en la misión de acudir y ayudar en sus necesidades.

Siendo las 20 h., se dio por finalizado este encuentro, quedando emplazados para el próximo.

Comunidad parroquial de La Asunción de La Guardia

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Peñolite celebra su cuarto encuentro en clave de Sínodo

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Este domingo se reunía la comunidad parroquial San Juan Bautista de Peñolite para desarrollar el cuarto encuentro sinodal.
La tarde comenzaba entretejiendo  una red, para sentir que con la fuerza del Espíritu Santo, somos todos uno y no debemos bajarnos del tren. De está manera nos damos cuenta, que se nos necesita a todos, para conseguir que nuestra iglesia sea fuerte.
La reunión ha durado sobre las tres horas y a continuación hemos terminado con el rezo del Santo Rosario.

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Cuarto encuentro sinodal en la parroquia de Santa Teresa de Úbeda

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La parroquia de Santa Teresa de Úbeda celebra su cuarto encuentro sinodal. En  este encuentro  los lazos  invisibles  se  hacen  visibles  y  se  vislumbra  ciertas  conexiones, un  calor  diferente  que  roza  empatía muy  sutilmente  entre  algunos  participantes de la  reunión.  Algunos  y  algunas  reciben  la información  de  la  madeja  como  una  conexión  real,  esto  es el  fin  que  se empieza  a conseguir, pero  todo  proceso  es lento  y  frágil.

El  párroco, D. Ildefonso Fernández,  pone  la  canción que  de  nuevo  es un  éxito  y  emociona  a los  asistentes. Nada  más  y  nada  menos  que  nos  dice  que  el  amor  es  lo  único  que  vale, que  no  importa  lo  que hagamos  que  sin amor “nanai”. Tan  fácil  y tan extremadamente  difícil. Todos  y  todas  los  asistentes  comprenden  enseguida  el mensaje  único de  Cristo  y  se  reafirman en la creencia   de  un  mundo  nuevo  si  el amor  fuese  moneda  de cambio.

La  reunión  se desarrolla  con  un  especial  ánimo  hasta  que nos tenemos  que  dividir  en grupos, los cuales dialogan  sobre  las  preguntas  elegidas  para este  cuarto  encuentro en  Santa  Teresa  de  Úbeda.

Parroquia de Santa Teresa de Úbeda

 

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Fiesta de la Candelaria en San Pedro Pascual organizada por la Sagrada Lanzada

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El pasado día 2 de febrero, la parroquia de La Inmaculada y San Pedro Pascual y el Grupo Parroquial de la Sagrada Lanzada organizaron, con motivo de la festividad de la Candelaria, un precioso acto litúrgico en la sede parroquial, que comenzó con la procesión de candelas y continuó con la Santa Misa, donde las familias y los niños fueron los protagonistas principales. 

Presidida la Eucaristía por los dos Párrocos, D. Jesús Castro González y D. Raúl Contreras Moreno, en la homilía declamada por Don Jesús Castro, los niños fueron grandes protagonistas de la misma, pues de manera plástica les fue explicado el significado de ser una comunidad de hermanos. 

A la finalización de la Misa, los niños, principalmente los bautizados los dos últimos años, fueron presentados a la Madre de Dios, María Santísima Reina de los Ángeles, entregando el Grupo Parroquial a ellos y sus familias, una preciosa medalla plateada de la Virgen y un diploma conmemorativo.  

Este acto debió haberse celebrado en el año 2021, pero las circunstancias sanitarias lo impidieron. 

En este año, Parroquia y Grupo Parroquial han visto satisfecho su deseo de celebrarlo, constituyendo un entrañable acto de fe familiar. 

Grupo parroquial de la Sagrada Lanzada

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«Tras las escandalosas cifras del hambre hay rostros de personas que sufren»

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El domingo 13 de febrero es el día central de la campaña de Manos Unidas de este año cuyo lema es “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. La colecta de este fin de semana en las parroquias se destinará a dicha campaña a la que, los grupos e instituciones de la diócesis se unen con creatividad, organizando diversos actos con los que contribuir a los 10 proyectos en Guatemala, Haití, Honduras, India, Mauritania, Mozambique, Perú y Sierra Leona, que se acogen para financiar desde la Delegación de Manos Unidas en Málaga.

«La tarea que nos planteamos para la Campaña de 2022 es evitar que el muro de la indiferencia y la desigualdad condenen al olvido a más de mil millones de personas empobrecidas y hambrientas ante las que nunca debemos volver la espalda», afirma la delegada de Manos Unidas Málaga, Ana Torralba. 

Día del Ayuno Voluntario

El lanzamiento de la campaña anual de Manos Unidas es uno de los eventos más esperados del mes de febrero. Este viernes, 11 de febrero, tiene lugar el tradicional Día del Ayuno Voluntario, acto con el que se inaugura cada año la campaña y con el que se nos invita a «privarnos para sentir un poco de lo que muchos sienten todos los días», afirma la delegada. La Eucaristía, será a las 19.00 horas, en la parroquia de Santiago, en Málaga y, tras la celebración litúrgica, se leerá el manifiesto en el que se denuncia, entre otras cosas, que «el hambre agrede la vida de más de 800 millones de personas en nuestro mundo, donde cada día mueren de desnutrición 18.000 niños de entre uno y cuatro años».

Es por ello que Manos Unidas, después de 63 años, sigue lanzando su campaña anual porque «tras las escandalosas cifras del hambre hay rostros de personas que sufren: pobres del mundo rural; nuevos pobres urbanos, sin empleo o con sueldos de miseria; mujeres esclavizadas o empleadas en sectores marginales; migrantes víctimas de una eterna vulnerabilidad», añade Ana Torralba.

Una vez más, Manos Unidas sigue comprometiéndose, y anima a todo hombre y mujer a «impulsar estilos de vida sostenible, cultivando valores de paz, austeridad, consumo responsable, cuidado de la naturaleza, donación y entrega a los demás», como expresan en el manifiesto. 

Este domingo, 13 de febrero, las parroquias de la diócesis celebrarán la Jornada Nacional de Manos Unidas con una colecta especial, invitando a los asistentes a aportar su colaboración para apoyar el trabajo de la ONG. 

«Son más de 1.800 los socios de Manos Unidas en Málaga y casi un centenar los voluntarios. A todos les estamos muy agradecidos pues son el pilar de esta ONG católica para el desarrollo cuyo único objetivo es erradicar la pobreza en el mundo», afirma Ana Torralba, quien también recuerda que muchas otras instituciones civiles se han unido de diversas formas a la campaña, como por ejemplo, «el equipo de fútbol sala de la Universidad de Málaga, que está en segunda división, lleva nuestro logo en su equipación. Es una forma preciosa de ayudar a sensibilizar desde los valores del deporte y les estamos muy agradecidos».

Nuestro mundo se vio golpeado hace casi dos años por la pandemia de la COVID-19, que lo ha cambiado todo pero, «el coronavirus no sólo ha puesto al mundo en jaque en cuanto a salud se refiere, sino que ha agravado la desigualdad y el número de personas con hambre aguda en el planeta. La actual crisis social y sanitaria empujará a otros 500 millones de personas a la pobreza. Y, si no hacemos algo urgente, el hambre podría alcanzar a más de mil millones de personas en los próximos años», concluye Ana Torralba. 

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Málaga celebra la Asamblea final de la fase diocesana sinodal

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La Asamblea final del Sínodo de los Obispos en Málaga tiene lugar el 19 de febrero a las 11.30 horas en la Catedral. Está previsto que se celebre en un ambiente litúrgico y recoja las conclusiones de la fase diocesana sinodal.

A dicha asamblea está convocado todo el Pueblo de Dios que peregrina en la diócesis; de manera específica, por su carácter representativo, los miembros del Consejo Pastoral Diocesano, los arciprestes y representantes sinodales de los arciprestazgos, así como todos los representantes de las delegaciones y entidades que han deseado participar en la consulta sinodal.

El representante de la fase diocesana en Málaga, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, en una carta enviada a los sacerdotes, agradece sinceramente la respuesta que ha habido a la consulta sinodal. «Somos conscientes de que no se han dado en las mejores condiciones, atravesamos una pandemia y el calendario de la consulta ha sido ajustado. Algo que no exime de que sigamos profundizando en los próximos meses en la preciosa tarea de caminar juntos. La rica respuesta recibida al formulario evidencia el interés y trabajo realizado. Algo que quedará patente en la celebración del próximo sábado 19 de febrero en el primer templo de la Diócesis», afirma.

En dicho mensaje, reitera su felicitación por el trabajo realizado y anima «a seguir trabajando en la vocación sinodal que el Pueblo de Dios ha recibido».

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Este miércoles, círculo de silencio por los migrantes y refugiados

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La Delegación Diocesana de Migraciones y Gitanos convoca a una nueva cita presencial para participar en los círculos de silencio. Es el miércoles 9 de febrero en la plaza de la Constitución de la capital.

En Alhaurín, la convocatoria se ha fijado el 13 de febrero.

Este encuentro persigue hacer visible en la plaza pública la realidad de los migrantes y refugiados desde un silencio contemplativo y reflexivo.

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Pedro Gordillo: «He aprendido a amar a Dios a través de las enseñanzas de Madre Petra»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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“Unidos en torno a la memoria de nuestros orígenes cristianos representados en la figura de San Cecilio”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Voto de la ciudad de Granada al patrón San Cecilio, en la Abadía del Sacromonte.

Aleluya significa “saltad de júbilo, gritad de gozo y cantad a Yahvé”. Cantamos de júbilo y saltamos de gozo por nuestro Dios. Nuestro Dios, que es un Dios vivo y que permanece en medio de nosotros. Y que tiene el poder que Dios tiene, que es simplemente el poder salvador, el poder salvador de Su amor por nosotros.

Tengo la alegría inmensa de poder celebrar con vosotros, y junto a vosotros, un año más, esta festividad de San Cecilio, trasladada al domingo para poder unirnos más en esta Eucaristía y en el día de gozo de la romería de hoy.

Querido y excelentísimo señor alcalde;
excelentísimas autoridades autonómicas, municipales, militares y civiles;
miembros de instituciones venerables como la Maestranza;
queridos hermanos y amigos todos:

Bienvenidos y felicidades por poder celebrar juntos este día de San Cecilio.

Un sacerdote me dijo, el día uno, que había estado dando la comunión fuera de la Iglesia, que había tanta gente fuera como la que había dentro. El murmullo que oímos pone de manifiesto que pasa lo mismo. Yo creo que tenemos que poner unas filas de bancos fuera y un par de pantallas de televisión y ampliar la comunidad, la asamblea del pueblo cristiano, porque como las iglesias de planta barroca como ésta tienen unas columnas tan potentes, aunque estén llenas las naves laterales yo no veo a nadie, ni vosotros a nosotros. Pero estamos juntos. No podemos vernos, pero estamos juntos. Estamos unidos en torno al altar del Señor y estamos unidos en torno a la memoria de nuestros orígenes cristianos representados en la figura de San Cecilio.

Pero, como siempre que nos reunimos los cristianos, no celebramos un acontecimiento del pasado que recordamos con más o menos veneración, o al que le damos más o menos importancia. Esa es una concepción muy pobre del tiempo, tal como como lo vivimos los cristianos. Muchos de vosotros vais a recibir la comunión y cuando recibimos la comunión sucede algo tremendo verdaderamente, porque sucede lo que recordamos y celebramos la noche de Navidad, la noche de Pascua, el Viernes Santo y el día de Pentecostés. Es el don de Cristo en nuestra humanidad. El don de la vida divina que viene hasta nosotros para convencernos, para hacernos hombres y mujeres divinos que participamos de la vida del Hijo de Dios.

Si cayéramos en la cuenta, sí que nos haría dar saltos de alegría. Si fuéramos conscientes de que no es un rito, de que no es una ceremonia, sino de que es un Acontecimiento vivo que tiene la capacidad de transformar nuestra vida y de transformar al mundo, no en el sentido de hacernos buenos o de hacernos de una manera que no tengamos ningún defecto, ni ningún límite. No. Somos criaturas. Pero si algo nos enseña la fe cristiana, es que siendo criaturas y criaturas pecadoras, somos amados por Dios. Somos amados por Cristo con un amor infinito que no se echa atrás, que no se acobarda, que no se deja vencer por nuestras mezquindades o por nuestros pecados, que no deja por eso de querernos como el primer día de la Creación y como nos querrá siempre, porque Dios es Amor. Eso es lo que hemos conocido y es en el amor de Dios donde nosotros tenemos puesta nuestra esperanza.

La oración de este domingo, si no estuviéramos celebrando la memoria de San Cecilio, dice: “Señor, vela y cuida de tu familia, porque sólo en Ti tiene puesta su esperanza”. Vivimos tiempos escabrosos, no sencillos, y nosotros sabemos que el ser cristiano no es la pertenencia a una comunidad humana, como una especie de afiliación a un grupo humano. Ser cristianos es justamente recibir esa vida. Recibir mediante el Bautismo, y renovar mediante la penitencia y la Eucaristía, esa vida divina que Dios nos da y que nos hace constructores de unidad en medio de todas las divisiones que los hombres inevitablemente hacemos. Constructores de unidad es constructores de cooperación, de ayuda, una búsqueda de la paz verdadera, y cooperadores unos con otros para todo aquello que sea verdadero, bueno, bello. Constructores de una humanidad y una humanidad de amigos.

El nombre más bello que Jesús usa para sus discípulos es en la Última Cena, cuando les dice “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos”, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, mientras que el amigo sí que conoce lo que hace su amigo. “Todo lo que le he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer”, dice Jesús. Nos ha dado a conocer lo más necesario para nuestra vida, que es el amor infinito, la misericordia infinita de Dios. Y a partir de esa ropa se puede construir un mundo, un mundo más bello.

Los cristianos no somos utópicos. Somos muy conscientes de las heridas que los seres humanos nos hacemos unos a otros a lo largo de la historia. De las heridas que nosotros, como cristianos, alejándonos de nuestra vocación de cristianos y de nuestra vida eclesial, hemos hecho y hemos causado a lo largo de la historia. Y tendríamos, no que pasarnos la vida pidiendo perdón, pero sí orientando nuestra vida de acuerdo con las posibilidades y los recursos que nos da lo que celebramos. Lo que celebramos es que el Señor nos sigue amando a cada uno de nosotros con ese amor infinito. Quiere habitar en nosotros, pero no para estar en una mesa camilla con nosotros y disfrutar nosotros solos de Su Presencia o de Su compañía, o para ayudarnos a sacar un examen para el que no hemos estudiado, o para darnos una salud saltándose las leyes de la naturaleza, porque nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. No es para eso, sino para sembrar en nuestro corazón, un corazón nuevo, un corazón más semejante al del Señor. Un corazón que busca sinceramente, pobremente, honestamente, el bien. El bien de todas las personas. Que desea el bien de todas las personas. Que desearía ser amigo y tener una relación de afecto y de amor con todas las personas. Sólo que los seres humanos somos muy limitados y al final nuestras relaciones son también limitadas en número. Pero creo que la actitud de nuestro corazón sea siempre esa búsqueda de el bien de todos, que es lo que Dios quiere. Si tenemos esa vida divina sembrada en nosotros, comunicada a nosotros una y mil veces a través del Bautismo y de la Eucaristía, nos hace hombres de paz. Y no de la paz cobarde que se echa para atrás y que dice “que no se muevan, porque no vamos a crear conflictos”. A veces los conflictos son indispensables, pero se pueden siempre resolver de una manera humana, más cercana al designio de Dios, es decir, mediante el diálogo, mediante una relación en el que ninguna diferencia ni de raza, ni de religión, ni de lengua, ni de pensamiento acerca de cómo es el mundo impide una relación de hermanos. A eso nos llama San Cecilio. A eso nos llama la fe católica, cuando la miramos en su corazón más profundo, en su núcleo más profundo.

Que el Señor nos haga darnos cuenta de lo que ese don significa y de lo que significa en nuestro mundo y de lo que significa en nuestro contexto, en nuestra vida y en nuestra ciudad.

Que seamos cada uno -según su vocación, según la misión que tiene en el mundo- constructores de amistad, constructores de fraternidad, constructores de una convivencia humana, no distorsionada, y que para eso quite el Señor las zarzas y las espinas que haya en nuestro corazón y Él se haga presente en medio de nosotros.

El relato de la pesca milagrosa, cuando unos pescadores profesionales no fueron capaces de coger nada en una noche, y el Señor les dice “venga, mar adentro, y vamos a pescar”, y le dicen “Señor, que hemos estado pescando toda la noche, no hemos cogido nada”. Ese gesto de confianza en Jesucristo, cuando Jesucristo está con nosotros, cuando tenemos en cuenta a Jesucristo en nuestras vidas, Él hace posible lo que para nosotros no es posible. A mí el texto de la vid y los sarmientos me resulta casi un comentario a esto. También a las bodas de Caná, donde sucede algo parecido: se les acaba el vino, se les acaba la alegría, pero está el Señor y el Señor multiplica el vino y la alegría. Aquí multiplica la pesca. En el pasaje de la vid y los sarmientos dice “recordar que sin Mí no podéis hacer nada”.

Entonces, que busquemos al Señor; que no viene a nosotros para hacernos siervos, sino para ser nuestro amigo, cómplice de nuestro anhelo de felicidad, cómplice de nuestro deseo de una vida buena, y el cómplice más poderoso, el que puede hacer lo que para nosotros no es posible hacer y que puede hacer que la vida sea fecunda cuando a nosotros ya se nos agotan las fuerzas, se nos cansa la paciencia, se nos cansa el corazón y somos ya incapaces de querer. Me refiero a la vida familiar y a la pequeña vida social del barrio, del colegio, de los amigos, de tantas cosas y en unas circunstancias tan especiales como las que estamos viviendo a la salida de una pandemia, como lo deseamos todos.

Donde tantas cosas se han descolocado, se han dislocado, que nosotros como cristianos podamos ser verdaderamente constructores de paz; que podamos contribuir a una convivencia cada día más fraterna, más afectuosa, más buena, sin que eso tenga que impedir ni las diferencias, ni los contrastes, ni la libertad de pensamiento o de juicio, pero no de una forma que facilita el nihilismo de nuestro mundo que es aniquilar a lo diferente. No. Sino construir con lo diferente un mundo más bello. Más bello, porque cuanto más sea más un mundo de amigos, más será un mundo de acuerdo con el designio del Señor.

A mí me sale ahora decir: “Viva San Cecilio”. Porque sí que debemos a San Cecilio esta experiencia de la vida humana que ha permanecido entre nosotros veinte siglos. Que los de generaciones más jóvenes que nos ven puedan sentir el atractivo y decir “yo quiero vivir así, yo quiero vivir de esta experiencia y construir el mundo desde estas categorías, no desde otras”, porque a lo mejor desde otras a lo que contribuimos es al crecimiento de la violencia, de la crispación, de la afirmación de uno mismo contra todos, de la idea falsa de que nos creamos en nosotros mismos y nos hacemos a nosotros mismos. No. Hemos recibido del Señor la vida y la hemos recibido de un Señor que no quiere esclavos; que nos la ha dado para participar de Su vida divina, para ser nuestro padre y nuestro hermano, y para que hagamos un mundo de hermanos.

Que así sea para todos nosotros a la medida de la Gracia del Señor. Así lo pido yo también para mí.

Ya sé que soy largo, perdón, pero ¿sabéis lo que le pasa a nuestra fe? Lo que le pasaba a este retablo. Quienes lo habéis visto en estos últimos años, a lo mejor lo veis igual que siempre. Pues, no. Uno miraba a este retablo y, si somos capaces de recordar lo que era, era un producto dorado, oscuro, grisáceo y prácticamente sin un color de la cera, el polvo, el deterioro de las mismas, de la misma madera, lo había convertido en algo que nos dábamos cuenta de que era bello, pero que no percibíamos sus inmensas posibilidades.

Acaba de ser restaurado y lo que tenéis es una pieza magnífica del barroco, que ha recuperado su color, su vida y que atrae. Lo otro no atraía, uno decía “qué escultura más grande”. Ahora, la curiosidad la tienen hasta las alas de los ángeles, que eran doradas. Y no os digo si vierais algunas de las fotos de cómo estaban las manos o los pies de algunos angelitos de color marrón oscuro, y ahora son de color carne, como deben ser.

Que el Señor nos bendiga a todos y nos ayude a seguir trabajando juntos para que lo que ha sucedido, el retablo, suceda en otras dimensiones de nuestra vida y que todos podamos dar gracias por ello.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
6 de febrero de 2022

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