La Iglesia renueva su compromiso con quienes viven tras los muros

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Durante tres jornadas, Madrid fue punto de encuentro de quienes dedican su vida a acompañar a las personas privadas de libertad. Del 13 al 15 de octubre de 2026, se celebraron las XXXVII Jornadas Nacionales de Capellanes y Delegados Diocesanos de Pastoral Penitenciaria, organizadas por el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. Bajo el lema «Alzad la mirada», más de un centenar de representantes de diócesis de toda España se reunieron para afrontar los retos actuales de las prisiones, renovar fuerzas y reafirmar su vocación de servicio.

Una acogida en clave de oración
El martes 13, tras la llegada de participantes desde todos los rincones del país, el encuentro se abrió con una acogida fraterna y un momento de oración comunitaria. Desde el primer instante se puso en el centro lo esencial de esta misión: la dignidad inalienable de cada persona privada de libertad.

En el acto de apertura intervino monseñor Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y Tudela y obispo responsable de la Pastoral Penitenciaria en la CEE. Explicó que alzar la mirada supone superar el desánimo, trascender los muros físicos y sociales de las prisiones y mirar a los ojos de los internos «con la certeza de que Dios habita en cada uno de ellos».

También participó D. Ángel Luis Ortiz, secretario general de Instituciones Penitenciarias, que subrayó la colaboración imprescindible entre la administración pública y las entidades eclesiales para humanizar la vida en los centros y ofrecer alternativas reales de futuro. La tarde dejó patente el espíritu de corresponsabilidad que une a capellanes y delegados en un mismo objetivo.

Reflexión y trabajo compartido
El miércoles 14, celebramos en la Eucaristía que presidio Monseñor Florencio, y después de desayunar, fue el núcleo formativo de las jornadas. Ponencias, paneles de experiencias y comisiones de trabajo buscaron traducir el lema en propuestas concretas para el día a día. Tres ejes vertebraron la reflexión.

Superar el estigma y promover una cultura de la misericordia. Se insistió en la necesidad de sensibilizar a las comunidades parroquiales y a la sociedad entera. La pena no puede ser un castigo definitivo que borre la identidad de la persona: la Iglesia está llamada a ofrecer un horizonte de esperanza, perdón y reconciliación.

Acompañar tras la salida de prisión y apoyar a las familias. Uno de los temas más debatidos fue cómo dar continuidad al trabajo iniciado dentro. Se presentaron experiencias de pisos de acogida, itinerarios de inserción sociolaboral y proyectos de apoyo psicológico y espiritual a las familias de los reclusos.

Cuidar a quienes acompañan. Se analizó el perfil de los agentes de pastoral y la importancia de una formación continua que garantice un servicio cualificado, cercano y adaptado a la compleja realidad carcelaria actual.

Por la tarde, las mesas de trabajo propiciaron un diálogo abierto en el que las diócesis compartieron buenas prácticas, dificultades y soluciones ante situaciones críticas, como la atención a personas con enfermedad mental o la soledad de los reclusos extranjeros.

Conclusiones y envío
El jueves 15, de nuevo el sacramento de la Unidad, y después toda la mañana se dedicó a la síntesis. Las comisiones presentaron sus conclusiones, que marcan las líneas de acción prioritarias para el próximo curso pastoral:

Rediseñar la pastoral de acogida, reforzando las redes diocesanas para evitar el desamparo de quienes salen en libertad o disfrutan de permisos penitenciarios.
Dar visibilidad social a la realidad de las prisiones mediante una comunicación eclesial sin prejuicios y con empatía.
Impulsar una formación integral y permanente para capellanes y voluntarios, que atienda tanto la dimensión espiritual como la legal y social.
Finalizadas las jornadas de Capellanes y delegados regresaron a sus diócesis con un compromiso firme: hacer de «ALZAD LA MIRADA» gestos concretos de escucha, cercanía y esperanza en cada centro penitenciario del país.

Pastoral Penitenciaria

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