Hoy Domingo, 20 de febrero de 2022, ha tenido lugar la Celebración de la Eucaristía de la Semana del Matrimonio que en el contexto del Año Familia Amoris Laetitia ha propuesto la Subcomisión Episcopal Española para la Familia y Defensa de la Vida a todas las diócesis de España.
Siendo de gran importancia para la Diócesis de Almería la Familia, se ha llevado a cabo la iniciativa de un gran proyecto de acogida a todas las Familias y especialmente a todos los matrimonios mediante esta Celebración Eucarística en la S.A.I. Catedral de Almería, que ha estado presidida por nuestro Obispo D. Antonio, y en la que el gran número de matrimonios presentes han podido renovar sus compromisos matrimoniales.
Desde la Delegación de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida de la diócesis de Almería queremos agradecer a todos los Matrimonios participantes su asistencia y su testimonio de fe.
El Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, ha querido hacer entrega durante la CXLIX Asamblea Ordinaria de los Obispos del Sur de España de una cruz pectoral con una reliquia “ex ossibus” de San Juan de Ávila al Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico, que se ha incorporado a la Asamblea y para el que los Obispos han tenido palabras de acogida y bienvenida.
El pastor de la Diócesis le ha explicado que se trata de un regalo especial que contiene en el anverso a Cristo crucificado; en el reverso, en la parte superior el sello de san Juan de Ávila, seguido de la inscripción “Sepan todos que nuestro Dios es amor” (frase de san Juan de Ávila); y en el crucero va incrustada una reliquia del esternón del Santo Maestro. Además, más abajo contiene una efigie de San Juan de Ávila con su firma original y la inscripción DOCTOR ECCLESIAE, 7-X-2012, rematando en la parte inferior con el escudo de la Basílica Pontificia de Montilla.
La cruz pectoral fue diseñada por Ana Infante y labrada en oro por los plateros cordobeses Hnos. Soto.
Coincidiendo con la jornada de formación que el diaconado celebra mensualmente, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha querido reunirse este mes de febrero con los diáconos y aspirantes al diaconado, toda vez que ya celebrara una reunión previa con los sacerdotes formadores de este colectivo y estaba especialmente interesado en conocer de primera mano esta realidad eclesial y diocesana.
A lo largo de la mañana hubo tiempo para el diálogo distendido así como para el conocimiento por parte de Don Sebastián de cada una de los circunstancias personales, familiares, pastorales y laborales que acontecen en toda y cada uno de los miembros de este colectivo.
Durante su intervención, nuestro prelado, se dirigió a los presentes haciendo especial hincapié en la importancia que el diaconado permanente tiene para el futuro de la Iglesia, tal y como se lo ha manifestado el Papa Francisco en su reciente visita «ad limina», durante la que le ha insistido en atender de manera especial la vocaciones al diaconado y fomentarlas en todas las parroquias.
El Obispo se mostró ilusionado e ilusionante con la familia diaconal y animó insistentemente a que la figura de Cristo Servidor esté más que nunca ejemplificada entre sus miembros.
La jornada culminó con un intercambio de experiencias e ideas donde pudieron participar diáconos, aspirantes y formadores y de cuyas intervenciones se quedó que en un futuro próximo urge ir atendiendo a lagunas de la conclusiones pastorales allí expresadas.
Mañana Martes, 22 de febrero, a las 20:30 horas en la Iglesia del Espíritu Santo de Almería, concluimos los actos organizados para la semana del matrimonio, celebrando el encuentro multimedia “Un Amor para Siempre”.
Una colaboración entre las Delegaciones de Pastoral Familiar y Pastoral Juvenil de la Diócesis para mostrar el sentido y la belleza del matrimonio cristiano.
Siguen llegando a la comisión diocesana las conclusiones de los distintos grupos sinodales existentes en la diócesis. Desde la parroquia de San Francisco de Asís se han enviado las aportaciones de los jóvenes (13-14 años) a nuestra Iglesia de Almería, según se nos anima en esta segunda sesión. Jóvenes y catequistas han disfrutado de este encuentro que ha facilitado la escucha y el crecimiento personal.
También continúan los trabajos de los grupos de Acción católica general y Cáritas de la parroquia de San Luis. Bajo el título “recordar, recorrer y compartir nuestra Historia de Salvación”, han reflexionado con las preguntas propuestas por la comisión diocesana.
Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 20 de febrero, a las 09:45 horas.
En este nuevo programa del ìIglesia Noticiaî anunciamos la elecciÛn de una nueva superiora de las Hermanas Hospitalarias en Granada. Se trata de sor Cristina Hern·ndez que en adelante estar· el frente de la FundaciÛn PurÌsima ConcepciÛn desde donde las religiosas viven su carisma de ìhospitalidadî dedic·ndose al cuidado de personas con enfermedades mentales o discapacidad intelectual.
Esta semana fue presentada en Granada la CampaÒa Mundial del Enfermo en una conferencia en el Centro Cultural Nuevo Inicio. Como novedad, la Pastoral de la Salud anunciÛ la prÛxima inauguraciÛn de un Centro de HumanizaciÛn de la Salud y de la Vida, que est· llamado a convertirse en un lugar de acogida y formaciÛn en el acompaÒamiento de enfermos.
Homilía en la Eucaristía del VII Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.I Catedral el 20 de febrero de 2022.
Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo;
queridos sacerdotes concelebrantes, diácono, santo pueblo de Dios;
queridos hermanos y amigos todos:
El Evangelio de hoy casi no necesita comentario, en el sentido de que pocos textos hay en el Evangelio que sean tan directos, tan explícitos, tan concretos.
Después de las bienaventuranzas de la semana pasada -“Dichosos los que lloran. Dichosos los pobres. Dichosos los que trabajan por la paz”- nos habla el Señor de algunas condiciones indispensables para participar en ella, en esa dicha que Jesucristo ha hecho accesible para los hombres. Lo que pasa es que esas condiciones nos parecen tremendas, muy tremendas. A mí me recuerda cuando Jesús le dice a Pedro: “Apártate de mí, Satanás, porque piensas como los hombres y no como Dios”. O cuántas veces les dice a los discípulos, en la barca, cuando la tormenta aquella: “Hombres de poca fe”. Eso me lo digo yo, hoy, a mi mismo: hombre de poca fe. Porque escuchamos esta palabra de Jesús y no nos lo tomamos especialmente en serio. Sin embargo, es clave, es central. Tan central que, en el Evangelio de hoy, está contenida la oración del Padrenuestro. Clave también porque estamos clausurando en esta misa la semana “Amoris Laetitia de la familia”, dedicada al matrimonio y a la familia, y doy la bienvenida a los matrimonios que han estado celebrándola. Me dicen que había alrededor de treinta matrimonios que hicieron la “Ruta romántica”. Una experiencia preciosa de caminar, marido y mujer, de manera que pudieran hablar entre ellos aparte de ver cosas bonitas por el Albaicín.
A mí me parece que el Evangelio de hoy… que sirve; que sirve para todo en la vida… Y no voy a decir que cuando Jesús pide que amemos y que perdonemos a nuestros enemigos, nuestro enemigo sea nuestro marido o nuestra esposa, no, pero sí que la vida matrimonial y especialmente en el mundo en que vivimos, está marcada por el conflicto. Y la necesidad de aplicar, no tanto la letra de este Evangelio, como su espíritu profundo, nos es imprescindible. Imprescindible para vivir, para vivir como cristianos. Para relacionarnos unos con otros, como cristianos, y cuanto más cerca estemos unos de otros, más necesario. Porque más posibilidad hay de roce, de conflicto, de malentendidos, de distanciamiento, sin que nos demos casi cuenta, por lo tanto, de malentendidos de todas clases. Este Evangelio es tan central que su contenido último lo tenemos en la oración del Padrenuestro: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
“Con la medida que midáis, seréis medidos”. Una de mis oraciones más frecuentes al Señor, “no me pidas a mí con la medida que mido yo, porque, entonces, no tengo esperanza”. Mi medida es siempre tan pequeña. El caso es que queremos que sea con la justicia de los hombres, pero es aquí donde la justicia de los hombres es tan radicalmente diminuta, tan pequeña, que no la podemos aplicar. En realidad, la justicia de los hombres es sólo una apariencia de justicia. Porque las diferencias que hay entre nosotros, entre unos y otros, no pasan de ser cien denarios, que era como una pequeña moneda. Cuando queremos que se establezca justicia entre nosotros, cuando queremos tener la razón y que la razón domine en nuestras relaciones sin apelar a la justicia, no nos damos cuenta de que nosotros no podemos aplicar esa misma lógica delante de Dios. No le podemos pedir a Dios que nos trate con justicia. Nadie -y nadie es nadie-, nadie saldríamos bien parados. Como, además, no podemos juzgar porque siempre nos equivocamos en la historia… Es verdad que esas personas podrían haber hecho esto de otra manera, o esta persona podría haber hecho esto de otra manera, pero ¿qué sé yo del camino que está haciendo esa persona? ¿Qué sé yo de la historia de la que viene? ¿Qué sé yo de la experiencia que tiene del perdón y de la misericordia de Dios? Y si no tiene ninguna, ¿Cómo puedo yo pedirle que actúe con justicia?
Os aseguro que Le pido a Dios que no obre conmigo con justicia. “Señor, no, no me midas con la medida con la que yo mido. No me perdones con la medida con la que yo perdono”. Me justifico un poco, tal vez por haber estudiado un poquito de griego y de arameo, y el “perdona nuestras deudas, como también nosotros”, como es una expresión muy vaga en las lenguas semíticas, tan vaga que puede significar “perdónanos nuestras deudas de modo que también nosotros podamos perdonar a los que nos ofenden”. Porque estoy convencido de que sólo la experiencia del perdón, sólo la experiencia de un perdón gratuito, de un perdón para el que no somos dignos, que no tenemos ningún derecho a reclamar… ninguno. Si todo lo que somos es fruto del amor de Dios y lo que hay de bueno en nosotros es fruto del amor de Dios; si sólo son nuestros pecados, ¿con qué cara me presento yo ante Dios a pedirLe que tengan los demás justicia conmigo, que actúen de acuerdo con lo que yo percibo como la razón y la justicia? No me queda más remedio que pedirLe a Dios que obre conmigo de una manera que no sea justa, para poder vivir, para poder seguir viviendo y para poder entrar en comunión con Él. Entrar en la vida de intimidad y de comunión con Él.
Mis queridos hermanos, vamos a recibir el don supremo, la vida del Hijo de Dios que se nos da en cada Eucaristía. ¿Quién podría pensar que tiene derecho a semejante don? Hemos recibido la vida divina en el Bautismo. Muchos de nosotros hemos sido confirmados con el Espíritu de Dios, que está vinculado tan estrechamente al perdón de los pecados: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. Si tantos dones divinos hemos recibido como nuestras vidas se parecen, tan poco al modo de vida de Dios, un modo hecho de amor, de misericordia, de perdón. Pero, además, no quiero apelar sólo a eso. Quiero decir que esa es la única medicina en un mundo como en el que estamos tan llenos de desconfianza, tan lleno de dolor, tan lleno de heridas por todas partes y de todas clases.
No hay otra medicina. No hay otro alivio a nuestra ansiedad, a nuestra tensión, a nuestra angustia incluso a veces, sino el saber que somos objeto de un amor infinito, sin límites, sin condiciones. Infinito en su densidad, en su calidad y en su profundidad, e infinito en su número también, porque tendré, Señor, que seguirTe pidiendo perdón todos los días y tengo conciencia de que siempre Te lo tendré que pedir, y espero en tu perdón. Mi esperanza está en Tu misericordia. No en mis obras. No en que yo voy a ser capaz de ser tan bueno como para vivir como un hijo de Dios. No lo espero de tu Espíritu, del Espíritu de tu Hijo que se entregó por mí, que se ha hecho uno conmigo a pesar de mi pobreza.
Termino con unas palabras de un Salmo: “No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados”. Acoge nuestras súplicas. Y esa es la única esperanza de un mundo nuevo, de un mundo humano. Es un mundo sobrehumano, pero es la única posibilidad de un mundo humano, porque, hechos a imagen de Dios, sólo lo sobrehumano es humano; pero no podemos con nuestras fuerzas. Por eso Te necesitamos a Ti. Por eso necesitamos Tu gracia. Por eso necesitamos la experiencia de tu amor que siempre es para con nosotros experiencia de perdón para ser capaces de perdonar a quienes nos ofenden o a quienes no llegan, o a quienes pensamos que no obran bien o que no obran como nosotros desearíamos que obraran con nosotros.
Que el Señor nos dé Su gracia, multiplique Su gracia a todos, para que se multiplique también en nosotros y en nuestros entornos y en el mundo.
Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá en la Misa celebrada en la Catedral de Málaga con motivo de la clausura de las Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad e inauguración de los actos del 75 aniversario de Cáritas Española
JORNADAS NACIONALES DE TEOLOGÍA DE LA CARIDAD
E INAUGURACIÓN 75 ANIVERSARIO DE CÁRITAS ESPAÑOLA
(Catedral-Málaga, 20 febrero 2022)
Lecturas: 1 Sam 26, 2.7-9.12-13.22-23; Sal 102, 1-4.8.10-13; 1 Co 15, 45-49; Lc 6, 27-38. (Domingo Ordinario VII-C)
1.- Clausuramos hoy las XVIII Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad, celebradas este año en Málaga, cuyo lema ha sido: “La Iglesia, una comunidad fraterna y cuidadora”.
Cáritas Nacional lleva varios años organizando encuentros de formación, para promover la dimensión social y animar la vida de la Iglesia en el espíritu caritativo.
Agradecemos a los organizadores su dedicación y su buen hacer, que ha posibilitado una fructuosa celebración. Gracias también a los ponentes por su oportuna reflexión, que ha aportado una profundización y actualización de la tarea propia de Caritas desde distintas perspectivas: teológica, moral, filosófica y también la propia de la doctrina social de la Iglesia; gracias asimismo a los participantes en la mesa redonda, donde se ha reflexionado sobre la sociedad de los cuidados, desde la teología, la sociología, la política y las artes.
Las Jornadas han sido enriquecidas por unos de talleres en los que se concretizaba el cuidado de las personas mayores, de las personas en extrema exclusión, de los voluntarios y del cuidado de la casa común. Los participantes han salido enriquecidos y por ello ahora damos gracias a Dios. Y todos somos también enriquecidos por esta reflexión, porque terminadas las Jornadas podemos empaparnos de la reflexión que allí se ha realizado.
2.- Los objetivos de estas Jornadas se han centrado, en primer lugar, en la invitación que el papa Francisco, en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz del año 2021, nos hacía para ir creando una cultura del cuidado para superar la indiferencia, el rechazo y la confrontación, que suele prevalecer en estos tiempos nuestros (cf. n. 1).
En segundo lugar, en la profundización del papel de la Iglesia y concretamente de Cáritas en la sociedad de los cuidados; y, en tercer lugar, en compartir experiencias en el cuidado de los más vulnerables de la sociedad.
Entre los objetivos de este encuentro ha estado también profundizar en el papel que tiene la Iglesia en general y Cáritas en particular, en lo que hoy se viene a llamar la «sociedad de los cuidados», que consiste en otro modelo de sociedad que ponga en el centro de la vida el cuidado de la persona y la justicia.
3.- Jesús, en el evangelio que se ha proclamado, nos ha apremiado a ser «misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36). Sin juzgar ni condenar; más bien perdonando, para ser perdonados (cf. Lc 6, 37); y dando, para recibir abundantemente (cf. Lc 6, 38).
Dios nos ha amado y nos exhorta a amar; en Él reside nuestra fuerza y la razón de nuestro amor al prójimo. Podemos amar porque Dios nos ha amado primero. La vida del ser humano comienza con experimenta de ser amado; la experiencia de ser amados y de la misericordia de Dios llena de amor nuestro corazón y nos capacita para amar al prójimo, incluso hasta las últimas consecuencias y en los casos más extremos.
En el imaginario humano existe el principio general de hacer al otro lo que uno desearía que le hicieran a él. El mismo Jesús nos lo recuerda: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten» (Lc 6, 31). Este proverbio está presente en todo tipo de civilización y cultura.
Pero esto no es suficiente según la enseñanza de Jesús: «Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman» (Lc 6, 32).
4.- Jesús nos exige más: «En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Lc 6, 27); «bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian» (Lc 6, 28). No es fácil comportarse así; para ello necesitamos la gracia del Señor; porque no somos capaces con nuestras propias fuerzas de amar a quien nos odia o a quien nos hace el mal.
Habiendo sido amados por Dios y con la fuerza de su amor podemos corresponder al amor de Dios y cumplir lo que Jesús nos pide: poner la otra mejilla ante quien nos pega en la mejilla; no negar la túnica a quien te quita el manto (cf. Lc 6, 29); dar a todo aquel que te pida y no reclamar a quien tome lo tuyo (cf. Lc 6, 30); prestar sin esperar recibir nada (cf. Lc 6, 34).
Jesús, el Maestro, enseña a sus discípulos y a la gente el camino para ser dichosos. Las bienaventuranzas, que es el camino de la felicidad, van unidas a las exigencias del mandamiento del amor: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo» (Lc 6, 35). He aquí la razón fundamental: ser hijos de Dios. El Hijo de Dios nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1) y nos enseñó a amar (cf. Jn 15, 12); y los hijos adoptivos de Dios somos capaces de amar en Cristo y ser felices amando.
5.- Con esta Eucaristía, queridos hermanos, clausuramos las Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad, pidiendo a Señor que nos conceda ser cada día más una “comunidad fraterna y cuidadora”.
Queremos ofrecer a nuestros hermanos más vulnerables de la sociedad los cuidados necesarios, para que tengan calidad de vida humana, se sientan miembros de la gran familia de la Iglesia y gocen, como hijos de Dios, del calor y del afecto de la fraternidad.
En esta misma celebración concurren otras dos efemérides. Una es la apertura o inicio de la celebración de los 75 años de Cáritas Española.
Pedimos en esta eucaristía por todos los que han dedicado su vida, su tiempo y su esfuerzo en Caritas Española durante estos largos años y han hecho posible tantos proyectos de promoción humana, de ayuda humanitaria y de verdadera fraternidad y caridad. Ahora le pedimos al Señor que bendiga el camino, que queda por recorrer. Mis mejores deseos para esta nueva etapa.
“Caritas”, como institución eclesial, nació hace 75 años. Pero no nos cansaremos de decir que “Caritas” es la Iglesia; y, por tanto, “Caritas” existe desde que existe la Iglesia. La “caritas” institucional, organizada, ha sido creada en el tiempo y deseamos que continúe; pero todos debemos participar en el amor al prójimo como fruto del amor de Dios y del amor a Dios. Pedimos al Señor que bendiga esta tarea eclesial de amor y cuidado a los hermanos y que promueva entre todos los fieles la actividad caritativa y social. Hagamos con el Señor Jesús, quien pasó haciendo el bien (cf. Hch 10, 38).
La segunda efeméride concurrente en el día de hoy es el Día Mundial de la Justicia Social, que ayuda a sensibilizar en la promoción de la justicia, de la igualdad y de los derechos fundamentales del ser humano.
Ponemos en las manos de Señor estas tres intenciones: la clausura de las Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad, los 75 años de Cáritas Española y el Día Mundial de la Justicia Social. Todo va en la misma línea del gran mandamiento que Cristo nos dejó: amor a Dios y al prójimo.
Unimos en nuestra plegaria todas estas intenciones, que presentamos a Dios por mediación de Jesucristo, el Señor, y por intercesión de la Santísima Virgen, nuestra Madre y Madre de la Iglesia. Amén.
Mons. Jesús Catalá presidió el domingo 20 de febrero la Misa de clausura de las XVIII Jornadas Nacionales de Teología de la Caridad que se han venido celebrando en Málaga, y en la que se inauguraban, asimismo, los actos con motivo del 75 aniversario de Cáritas Española.
En su alocución en el primer templo malagueño, el prelado reflexionó sobre el evangelio dominica: «Dios nos ha amado y nos exhorta a amar; en Él reside nuestra fuerza y la razón de nuestro amor al prójimo. Podemos amar porque Dios nos ha amado primero. La vida del ser humano comienza con experimenta de ser amado; la experiencia de ser amados y de la misericordia de Dios llena de amor nuestro corazón y nos capacita para amar al prójimo, incluso hasta las últimas consecuencias y en los casos más extremos».
Vídeo promocional del 75 aniversario de Cáritas Española:
[embedded content]
D. Jesús Catalá señaló asimismo: «Queremos ofrecer a nuestros hermanos más vulnerables de la sociedad los cuidados necesarios, para que tengan calidad de vida humana, se sientan miembros de la gran familia de la Iglesia y gocen, como hijos de Dios, del calor y del afecto de la fraternidad. En esta misma celebración concurren otras dos efemérides. Una es la apertura o inicio de la celebración de los 75 años de Cáritas Española. Pedimos en esta eucaristía por todos los que han dedicado su vida, su tiempo y su esfuerzo en Caritas Española durante estos largos años y han hecho posible tantos proyectos de promoción humana, de ayuda humanitaria y de verdadera fraternidad y caridad. Ahora le pedimos al Señor que bendiga el camino, que queda por recorrer. Mis mejores deseos para esta nueva etapa».
El Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha presidido hoy la Eucaristía de clausura de la Semana del Matrimonio. Ésta se ha hecho coincidir con la celebración de las bodas de oro y plata matrimoniales que cada año organiza la Pastoral Familiar junto a la Asociación Ntra. Sra. de los Reyes y San Fernando. Como el año pasado no se pudo realizar a causa de la pandemia, este año se convoca a todos los matrimonios sevillanos que en los años 2021 y 2022 celebrasen ese aniversario.
En esta ceremonia han participado alrededor de 80 matrimonios, que han recibido de manos del propio Arzobispo un recuerdo de este día. Entre ellos, destacan María Dolores Sánchez-Campa y Manuel Granado, delegados diocesanos de la Pastoral Familiar, que cumplían cincuenta años de casados.
Por su parte, monseñor Saiz ha comenzado su homilía hablando de “la revolución del amor que propone el Evangelio”. No en vano, nos anima a “amar hasta los enemigos”, una cuestión “sublime” –ha destacado-, pero “humanamente imposible”. “Solo podremos lograrlo si le pedimos la gracia a Dios”, ha dicho, porque “este amor misericordioso que abraza al enemigo hace creíble el Evangelio”.
Además, el prelado hispalense ha aprovechado para felicitar a los matrimonios que celebraban hoy sus bodas de plata y oro: “El amor matrimonial es vivir el amor de Dios de forma compartida”, ha asegurado. Por eso, “vuestro testimonio da ejemplo de un amor vivido, mantenido y fiel a lo largo del tiempo. Esto es lo que necesita la sociedad”. Al respecto, ha apuntado que el amor “no es algo estático” y ha invitado a los esposos a vivirlo con dinamismo y creatividad.
Finalmente, ha insistido en que “la Iglesia necesita de vuestro testimonio de amor, necesita que seáis sal y fermento que renueva el mundo y la vida”, por este motivo, “os pido que cada día renovéis y estrenéis vuestro amor conyugal y familiar”.
Durante la ceremonia los esposos presenten han podido renovar sus promesas matrimoniales y recibir la bendición de monseñor José Ángel Saiz.
Semana del Matrimonio
La Archidiócesis de Sevilla ha celebrado desde el 14 la Semana del Matrimonio, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española enmarcada en el Año de la Familia ‘Amor Laetitia’, que comenzó el pasado 19 de marzo, como hito en el quinto aniversario de la firma de esta Exhortación Apostólica Postsinodal.
Con esta Semana del Matrimonio, la Iglesia diocesana pretende “mostrar a nuestra sociedad la belleza del matrimonio fundado en Cristo”, explican los delegados diocesanos de Familia y Vida, María Dolores Sánchez-Campa y Juan Manuel Granado. Para ello, desde la Pastoral Familiar se ha organizado una serie de actividades que están han recorrido toda la Archidiócesis hispalense.