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«Tras las escandalosas cifras del hambre hay rostros de personas que sufren»

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El domingo 13 de febrero es el día central de la campaña de Manos Unidas de este año cuyo lema es “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. La colecta de este fin de semana en las parroquias se destinará a dicha campaña a la que, los grupos e instituciones de la diócesis se unen con creatividad, organizando diversos actos con los que contribuir a los 10 proyectos en Guatemala, Haití, Honduras, India, Mauritania, Mozambique, Perú y Sierra Leona, que se acogen para financiar desde la Delegación de Manos Unidas en Málaga.

«La tarea que nos planteamos para la Campaña de 2022 es evitar que el muro de la indiferencia y la desigualdad condenen al olvido a más de mil millones de personas empobrecidas y hambrientas ante las que nunca debemos volver la espalda», afirma la delegada de Manos Unidas Málaga, Ana Torralba. 

Día del Ayuno Voluntario

El lanzamiento de la campaña anual de Manos Unidas es uno de los eventos más esperados del mes de febrero. Este viernes, 11 de febrero, tiene lugar el tradicional Día del Ayuno Voluntario, acto con el que se inaugura cada año la campaña y con el que se nos invita a «privarnos para sentir un poco de lo que muchos sienten todos los días», afirma la delegada. La Eucaristía, será a las 19.00 horas, en la parroquia de Santiago, en Málaga y, tras la celebración litúrgica, se leerá el manifiesto en el que se denuncia, entre otras cosas, que «el hambre agrede la vida de más de 800 millones de personas en nuestro mundo, donde cada día mueren de desnutrición 18.000 niños de entre uno y cuatro años».

Es por ello que Manos Unidas, después de 63 años, sigue lanzando su campaña anual porque «tras las escandalosas cifras del hambre hay rostros de personas que sufren: pobres del mundo rural; nuevos pobres urbanos, sin empleo o con sueldos de miseria; mujeres esclavizadas o empleadas en sectores marginales; migrantes víctimas de una eterna vulnerabilidad», añade Ana Torralba.

Una vez más, Manos Unidas sigue comprometiéndose, y anima a todo hombre y mujer a «impulsar estilos de vida sostenible, cultivando valores de paz, austeridad, consumo responsable, cuidado de la naturaleza, donación y entrega a los demás», como expresan en el manifiesto. 

Este domingo, 13 de febrero, las parroquias de la diócesis celebrarán la Jornada Nacional de Manos Unidas con una colecta especial, invitando a los asistentes a aportar su colaboración para apoyar el trabajo de la ONG. 

«Son más de 1.800 los socios de Manos Unidas en Málaga y casi un centenar los voluntarios. A todos les estamos muy agradecidos pues son el pilar de esta ONG católica para el desarrollo cuyo único objetivo es erradicar la pobreza en el mundo», afirma Ana Torralba, quien también recuerda que muchas otras instituciones civiles se han unido de diversas formas a la campaña, como por ejemplo, «el equipo de fútbol sala de la Universidad de Málaga, que está en segunda división, lleva nuestro logo en su equipación. Es una forma preciosa de ayudar a sensibilizar desde los valores del deporte y les estamos muy agradecidos».

Nuestro mundo se vio golpeado hace casi dos años por la pandemia de la COVID-19, que lo ha cambiado todo pero, «el coronavirus no sólo ha puesto al mundo en jaque en cuanto a salud se refiere, sino que ha agravado la desigualdad y el número de personas con hambre aguda en el planeta. La actual crisis social y sanitaria empujará a otros 500 millones de personas a la pobreza. Y, si no hacemos algo urgente, el hambre podría alcanzar a más de mil millones de personas en los próximos años», concluye Ana Torralba. 

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Málaga celebra la Asamblea final de la fase diocesana sinodal

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La Asamblea final del Sínodo de los Obispos en Málaga tiene lugar el 19 de febrero a las 11.30 horas en la Catedral. Está previsto que se celebre en un ambiente litúrgico y recoja las conclusiones de la fase diocesana sinodal.

A dicha asamblea está convocado todo el Pueblo de Dios que peregrina en la diócesis; de manera específica, por su carácter representativo, los miembros del Consejo Pastoral Diocesano, los arciprestes y representantes sinodales de los arciprestazgos, así como todos los representantes de las delegaciones y entidades que han deseado participar en la consulta sinodal.

El representante de la fase diocesana en Málaga, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, en una carta enviada a los sacerdotes, agradece sinceramente la respuesta que ha habido a la consulta sinodal. «Somos conscientes de que no se han dado en las mejores condiciones, atravesamos una pandemia y el calendario de la consulta ha sido ajustado. Algo que no exime de que sigamos profundizando en los próximos meses en la preciosa tarea de caminar juntos. La rica respuesta recibida al formulario evidencia el interés y trabajo realizado. Algo que quedará patente en la celebración del próximo sábado 19 de febrero en el primer templo de la Diócesis», afirma.

En dicho mensaje, reitera su felicitación por el trabajo realizado y anima «a seguir trabajando en la vocación sinodal que el Pueblo de Dios ha recibido».

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Este miércoles, círculo de silencio por los migrantes y refugiados

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La Delegación Diocesana de Migraciones y Gitanos convoca a una nueva cita presencial para participar en los círculos de silencio. Es el miércoles 9 de febrero en la plaza de la Constitución de la capital.

En Alhaurín, la convocatoria se ha fijado el 13 de febrero.

Este encuentro persigue hacer visible en la plaza pública la realidad de los migrantes y refugiados desde un silencio contemplativo y reflexivo.

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Pedro Gordillo: «He aprendido a amar a Dios a través de las enseñanzas de Madre Petra»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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“Unidos en torno a la memoria de nuestros orígenes cristianos representados en la figura de San Cecilio”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Voto de la ciudad de Granada al patrón San Cecilio, en la Abadía del Sacromonte.

Aleluya significa “saltad de júbilo, gritad de gozo y cantad a Yahvé”. Cantamos de júbilo y saltamos de gozo por nuestro Dios. Nuestro Dios, que es un Dios vivo y que permanece en medio de nosotros. Y que tiene el poder que Dios tiene, que es simplemente el poder salvador, el poder salvador de Su amor por nosotros.

Tengo la alegría inmensa de poder celebrar con vosotros, y junto a vosotros, un año más, esta festividad de San Cecilio, trasladada al domingo para poder unirnos más en esta Eucaristía y en el día de gozo de la romería de hoy.

Querido y excelentísimo señor alcalde;
excelentísimas autoridades autonómicas, municipales, militares y civiles;
miembros de instituciones venerables como la Maestranza;
queridos hermanos y amigos todos:

Bienvenidos y felicidades por poder celebrar juntos este día de San Cecilio.

Un sacerdote me dijo, el día uno, que había estado dando la comunión fuera de la Iglesia, que había tanta gente fuera como la que había dentro. El murmullo que oímos pone de manifiesto que pasa lo mismo. Yo creo que tenemos que poner unas filas de bancos fuera y un par de pantallas de televisión y ampliar la comunidad, la asamblea del pueblo cristiano, porque como las iglesias de planta barroca como ésta tienen unas columnas tan potentes, aunque estén llenas las naves laterales yo no veo a nadie, ni vosotros a nosotros. Pero estamos juntos. No podemos vernos, pero estamos juntos. Estamos unidos en torno al altar del Señor y estamos unidos en torno a la memoria de nuestros orígenes cristianos representados en la figura de San Cecilio.

Pero, como siempre que nos reunimos los cristianos, no celebramos un acontecimiento del pasado que recordamos con más o menos veneración, o al que le damos más o menos importancia. Esa es una concepción muy pobre del tiempo, tal como como lo vivimos los cristianos. Muchos de vosotros vais a recibir la comunión y cuando recibimos la comunión sucede algo tremendo verdaderamente, porque sucede lo que recordamos y celebramos la noche de Navidad, la noche de Pascua, el Viernes Santo y el día de Pentecostés. Es el don de Cristo en nuestra humanidad. El don de la vida divina que viene hasta nosotros para convencernos, para hacernos hombres y mujeres divinos que participamos de la vida del Hijo de Dios.

Si cayéramos en la cuenta, sí que nos haría dar saltos de alegría. Si fuéramos conscientes de que no es un rito, de que no es una ceremonia, sino de que es un Acontecimiento vivo que tiene la capacidad de transformar nuestra vida y de transformar al mundo, no en el sentido de hacernos buenos o de hacernos de una manera que no tengamos ningún defecto, ni ningún límite. No. Somos criaturas. Pero si algo nos enseña la fe cristiana, es que siendo criaturas y criaturas pecadoras, somos amados por Dios. Somos amados por Cristo con un amor infinito que no se echa atrás, que no se acobarda, que no se deja vencer por nuestras mezquindades o por nuestros pecados, que no deja por eso de querernos como el primer día de la Creación y como nos querrá siempre, porque Dios es Amor. Eso es lo que hemos conocido y es en el amor de Dios donde nosotros tenemos puesta nuestra esperanza.

La oración de este domingo, si no estuviéramos celebrando la memoria de San Cecilio, dice: “Señor, vela y cuida de tu familia, porque sólo en Ti tiene puesta su esperanza”. Vivimos tiempos escabrosos, no sencillos, y nosotros sabemos que el ser cristiano no es la pertenencia a una comunidad humana, como una especie de afiliación a un grupo humano. Ser cristianos es justamente recibir esa vida. Recibir mediante el Bautismo, y renovar mediante la penitencia y la Eucaristía, esa vida divina que Dios nos da y que nos hace constructores de unidad en medio de todas las divisiones que los hombres inevitablemente hacemos. Constructores de unidad es constructores de cooperación, de ayuda, una búsqueda de la paz verdadera, y cooperadores unos con otros para todo aquello que sea verdadero, bueno, bello. Constructores de una humanidad y una humanidad de amigos.

El nombre más bello que Jesús usa para sus discípulos es en la Última Cena, cuando les dice “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos”, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, mientras que el amigo sí que conoce lo que hace su amigo. “Todo lo que le he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer”, dice Jesús. Nos ha dado a conocer lo más necesario para nuestra vida, que es el amor infinito, la misericordia infinita de Dios. Y a partir de esa ropa se puede construir un mundo, un mundo más bello.

Los cristianos no somos utópicos. Somos muy conscientes de las heridas que los seres humanos nos hacemos unos a otros a lo largo de la historia. De las heridas que nosotros, como cristianos, alejándonos de nuestra vocación de cristianos y de nuestra vida eclesial, hemos hecho y hemos causado a lo largo de la historia. Y tendríamos, no que pasarnos la vida pidiendo perdón, pero sí orientando nuestra vida de acuerdo con las posibilidades y los recursos que nos da lo que celebramos. Lo que celebramos es que el Señor nos sigue amando a cada uno de nosotros con ese amor infinito. Quiere habitar en nosotros, pero no para estar en una mesa camilla con nosotros y disfrutar nosotros solos de Su Presencia o de Su compañía, o para ayudarnos a sacar un examen para el que no hemos estudiado, o para darnos una salud saltándose las leyes de la naturaleza, porque nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. No es para eso, sino para sembrar en nuestro corazón, un corazón nuevo, un corazón más semejante al del Señor. Un corazón que busca sinceramente, pobremente, honestamente, el bien. El bien de todas las personas. Que desea el bien de todas las personas. Que desearía ser amigo y tener una relación de afecto y de amor con todas las personas. Sólo que los seres humanos somos muy limitados y al final nuestras relaciones son también limitadas en número. Pero creo que la actitud de nuestro corazón sea siempre esa búsqueda de el bien de todos, que es lo que Dios quiere. Si tenemos esa vida divina sembrada en nosotros, comunicada a nosotros una y mil veces a través del Bautismo y de la Eucaristía, nos hace hombres de paz. Y no de la paz cobarde que se echa para atrás y que dice “que no se muevan, porque no vamos a crear conflictos”. A veces los conflictos son indispensables, pero se pueden siempre resolver de una manera humana, más cercana al designio de Dios, es decir, mediante el diálogo, mediante una relación en el que ninguna diferencia ni de raza, ni de religión, ni de lengua, ni de pensamiento acerca de cómo es el mundo impide una relación de hermanos. A eso nos llama San Cecilio. A eso nos llama la fe católica, cuando la miramos en su corazón más profundo, en su núcleo más profundo.

Que el Señor nos haga darnos cuenta de lo que ese don significa y de lo que significa en nuestro mundo y de lo que significa en nuestro contexto, en nuestra vida y en nuestra ciudad.

Que seamos cada uno -según su vocación, según la misión que tiene en el mundo- constructores de amistad, constructores de fraternidad, constructores de una convivencia humana, no distorsionada, y que para eso quite el Señor las zarzas y las espinas que haya en nuestro corazón y Él se haga presente en medio de nosotros.

El relato de la pesca milagrosa, cuando unos pescadores profesionales no fueron capaces de coger nada en una noche, y el Señor les dice “venga, mar adentro, y vamos a pescar”, y le dicen “Señor, que hemos estado pescando toda la noche, no hemos cogido nada”. Ese gesto de confianza en Jesucristo, cuando Jesucristo está con nosotros, cuando tenemos en cuenta a Jesucristo en nuestras vidas, Él hace posible lo que para nosotros no es posible. A mí el texto de la vid y los sarmientos me resulta casi un comentario a esto. También a las bodas de Caná, donde sucede algo parecido: se les acaba el vino, se les acaba la alegría, pero está el Señor y el Señor multiplica el vino y la alegría. Aquí multiplica la pesca. En el pasaje de la vid y los sarmientos dice “recordar que sin Mí no podéis hacer nada”.

Entonces, que busquemos al Señor; que no viene a nosotros para hacernos siervos, sino para ser nuestro amigo, cómplice de nuestro anhelo de felicidad, cómplice de nuestro deseo de una vida buena, y el cómplice más poderoso, el que puede hacer lo que para nosotros no es posible hacer y que puede hacer que la vida sea fecunda cuando a nosotros ya se nos agotan las fuerzas, se nos cansa la paciencia, se nos cansa el corazón y somos ya incapaces de querer. Me refiero a la vida familiar y a la pequeña vida social del barrio, del colegio, de los amigos, de tantas cosas y en unas circunstancias tan especiales como las que estamos viviendo a la salida de una pandemia, como lo deseamos todos.

Donde tantas cosas se han descolocado, se han dislocado, que nosotros como cristianos podamos ser verdaderamente constructores de paz; que podamos contribuir a una convivencia cada día más fraterna, más afectuosa, más buena, sin que eso tenga que impedir ni las diferencias, ni los contrastes, ni la libertad de pensamiento o de juicio, pero no de una forma que facilita el nihilismo de nuestro mundo que es aniquilar a lo diferente. No. Sino construir con lo diferente un mundo más bello. Más bello, porque cuanto más sea más un mundo de amigos, más será un mundo de acuerdo con el designio del Señor.

A mí me sale ahora decir: “Viva San Cecilio”. Porque sí que debemos a San Cecilio esta experiencia de la vida humana que ha permanecido entre nosotros veinte siglos. Que los de generaciones más jóvenes que nos ven puedan sentir el atractivo y decir “yo quiero vivir así, yo quiero vivir de esta experiencia y construir el mundo desde estas categorías, no desde otras”, porque a lo mejor desde otras a lo que contribuimos es al crecimiento de la violencia, de la crispación, de la afirmación de uno mismo contra todos, de la idea falsa de que nos creamos en nosotros mismos y nos hacemos a nosotros mismos. No. Hemos recibido del Señor la vida y la hemos recibido de un Señor que no quiere esclavos; que nos la ha dado para participar de Su vida divina, para ser nuestro padre y nuestro hermano, y para que hagamos un mundo de hermanos.

Que así sea para todos nosotros a la medida de la Gracia del Señor. Así lo pido yo también para mí.

Ya sé que soy largo, perdón, pero ¿sabéis lo que le pasa a nuestra fe? Lo que le pasaba a este retablo. Quienes lo habéis visto en estos últimos años, a lo mejor lo veis igual que siempre. Pues, no. Uno miraba a este retablo y, si somos capaces de recordar lo que era, era un producto dorado, oscuro, grisáceo y prácticamente sin un color de la cera, el polvo, el deterioro de las mismas, de la misma madera, lo había convertido en algo que nos dábamos cuenta de que era bello, pero que no percibíamos sus inmensas posibilidades.

Acaba de ser restaurado y lo que tenéis es una pieza magnífica del barroco, que ha recuperado su color, su vida y que atrae. Lo otro no atraía, uno decía “qué escultura más grande”. Ahora, la curiosidad la tienen hasta las alas de los ángeles, que eran doradas. Y no os digo si vierais algunas de las fotos de cómo estaban las manos o los pies de algunos angelitos de color marrón oscuro, y ahora son de color carne, como deben ser.

Que el Señor nos bendiga a todos y nos ayude a seguir trabajando juntos para que lo que ha sucedido, el retablo, suceda en otras dimensiones de nuestra vida y que todos podamos dar gracias por ello.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
6 de febrero de 2022

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25 años cumple Juan Ortega como Delegado Diocesano de Enseñanza

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Hoy, 6 de febrero de 2022, se cumplen 25 años desde que recibí de Don Rafael Bellido el nombramiento como Delegado Diocesano de Enseñanza. Tras él, Don Juan del Río, Don José Mazuelos y, en la actualidad, Don José Rico han confiado en mí para desarrollar esta tarea eclesial. A todos gracias por esta confianza.

Recibí, de manos de Don Joaquín Galvez, una Delegación viva y así he intentado mantenerla durante estos años. Gracias a Joaquín por su ayuda que aún sigo recibiendo.Gracias también a los Delegados Diocesanos de Enseñanza de Andalucía que tanto me han enseñado a lo largo de estos años.

Pero la Delegación no es cosa de una sola persona sino de un equipo que trabaja por el bien de la Iglesia y de las cuestiones a que atiende la Delegación. Gracias a todos los que han colaborado directamente conmigo, especialmente a los coordinadores arciprestales, algunos de los cuales están en este equipo desde el comienzo. Espero poder seguir contando con vosotros.

Y por supuesto gracias a todos los profesores de religión, sin los cuales esta Delegación estaría vacía. Sois los verdaderos destinatarios de nuestro trabajo, siempre mirando a los alumnos que eligen la enseñanza religiosa y agradeciendo el esfuerzo que muchos hacéis para que cada vez sean más alumnos los que reciban esta enseñanza. A vosotros dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, especialmente a la formación, apoyo y acompañamiento. Solo con unos buenos profesores de religión tendremos una buena clase de religión. Gracias a todos los que en estos años habéis participado con constancia en todo lo que ha organizado la Delegación. Os puedo asegurar que lo hacemos de muy buen grado y que con la ayuda de Dios lo seguiremos haciendo mientras tengamos encomendada esta misión en la Iglesia Diocesana.

Pero, además de las gracias, quiero pedir perdón a todos aquellos que se hayan visto perjudicados por alguna de mis actuaciones; nunca ha estado en mi ánimo ese perjuicio y por supuesto nunca he querido fastidiar ni molestar a nadie. Todo lo he hecho siempre “a mayor gloria de Dios”.

No han sido estos 25 años fáciles para la educación en España y menos para la enseñanza religiosa. Empezamos nuestro trabajo en tiempos de la LOGSE (1990), para continuar con la LOCE (2002) que hizo a la asignatura de religión computable, la LOE (2006), la LOMCE (2013) que dio un impulso renovado a la asignatura de Religiónhaciéndola de nuevo computable y con una asignatura espejo, y actualmente la LOMLOE (2020) que elimina la computabilidad de la clase de religión y la asignatura espejo a la misma.

En el ámbito del profesorado de religión, tras el convenio del año 1999, se aprueba el Real Decreto 696/2007, de 1 de junio, por el que se regula la relación laboral de los profesores de religión y que continúa vigente. 

Todo este cambio normativo ha ido marcando la marcha de la Delegación pues hemos tenido que ir adaptándonos a los cambios y ofertar una amplia formación al profesorado de religión. 

Muchas son las actividades y recursos que hemos ofrecido con un objetivo claro y fundamental como es la formación espiritual (retiros en Adviento y Cuaresma, encuentros, peregrinaciones, etc.) y la formación académica del profesorado (jornadas, cursos, congresos, grupos de trabajo,…), pues sólo un profesorado bien formado es capaz de ofrecer una enseñanza religiosa de calidad.

Esta formación incluye más de 115 cursos de formación, 20 encuentros anuales y la colaboración y participación en 24 Semanas Diocesanas de Teología. Sin olvidar a los destinatarios de la asignatura, los alumnos, para los que se han desarrollado algunas actividades entre las que podemos destacar la Gymka-reli.

Son muchas las funciones encomendadas a la Delegación de Enseñanza, e intento que todas se lleven adelante, pero la que me parece esencial y a la que dedico más tiempo es a la clase de religión y su profesorado, sobre todo al que desempeña su tarea en la escuela pública, ya que las actuales circunstancias de secularización y sobre todo de un laicismo beligerante hace muy difícil poder desarrollar esta labor en un clima de verdadera tolerancia y respeto.Tengo limitaciones que van desde el carácter voluntario del trabajo que realizo hasta el tiempo de que dispongo.

Por eso no quiero terminar sin agradecer la comprensión, ayuda y apoyo de mi familia, que siempre ha comprendido este servicio que presto a la Iglesia. Un servicio que comencé con ilusión y cuya ilusión aún mantengo expresando mi disponibilidad a la Iglesia y a nuestro actual Obispo.

Doy gracias a Dios porque Él ha guiado y guía mi camino en el que me siento siempre acompañado de su Madre y le pido que no me deje sólo en esta tarea tan apasionante como es la evangelización en la escuela y la atención al profesorado.

Juan Ortega Álvaro

Delegado Diocesano de Enseñanza

Obispado de Asidonia-Jerez

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San Cecilio y el Economato Solidario de Motril, en “Iglesia Noticia”

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San Cecilio y el Economato Solidario de Motril, en “Iglesia Noticia”

Programa emitido el domingo 6 de febrero de 2022, a las 09:45 horas, en COPE Granada y COPE Motril.

Iniciamos el mes de febrero con el día de San Cecilio. La Abadía del Sacromonte alberga las celebraciones conmemorativas del primer obispo y patrón de Granada, recordando también la Misa del Voto de la ciudad de Granada del domingo 6 de enero.

Motril ahora cuenta con un nuevo Economato Solidario. En el programa hablamos con el gerente, Francisco Pérez, que nos cuenta los detalles de la nueva sede, que se encuentra en un local ubicado en la calle Ancha 49 de la localidad.

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«En Málaga comenzamos la Semana del Matrimonio con una impresionante ruta romántica»

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NoticiaFamilia

Ramón Acosta y Rosa Bejarano durante el programa EL ESPEJO, con Encarni Llamas // A. MORENO

Publicado: 06/02/2022: 112

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Del 14 al 20 de febrero se celebra la Semana del Matrimonio en todas las Diócesis de España. En Málaga, concretamente, comenzará el sábado 12, con una ruta romántica. De todos los actos organizados en esta semana y del objetivo que tiene esta gran fiesta hablaron los delegados de Pastoral Familiar, Ramón Acosta y Rosa Bejarano, en el programa EL ESPEJO, en COPE Málaga.

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Sufragio de Sra. María-Luisa Yuste (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la misa en sufragio de la organista colaboradora de la Catedral de Málaga, Sra. María-Luisa Yuste

SUFRAGIO DE SRA. MARÍA-LUISA YUSTE

ORGANISTA COLABORADORA DE LA CATEDRAL

(Catedral, 5 febrero 2022)

Lecturas: Is 6, 1-8; Sal 137, 1-8; 1 Co 15, 1-11; Lc 5, 1-11.

1.- La liturgia de este domingo ofrece tres experiencias vocacionales. La primera es la del profeta Isaías, quien anuncia el mensaje divino tras haber sido purificado. Otra es la de Pablo, que proclama a Cristo-Jesús resucitado después del encuentro con Él en el camino de Damasco. Y, finalmente, la vocación de Pedro apóstol, nombrado por Jesús “pescador de hombres”.

El encuentro con Cristo resucitado y la experiencia vocacional de Saulo de Tarso le cambió completamente su vida. Pablo se reconoce como «el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15,9). Pero es consciente de que su vida y su vocación son obra del Señor; por eso confiesa: «Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no se ha frustrado en mí» (1 Co 15,10). Por eso no importa su pasado; solo cuenta la experiencia del encuentro con el Señor resucitado, que lo transforma porque lo ama.

A partir de su conversión Pablo dedica su vida al anuncio kerigmático a los gentiles, que concentra el mensaje de la verdad revelada en el núcleo de la muerte y de la resurrección de Cristo.

2.- El contexto de la carta de san Pablo recoge las dificultades que los corintios tenían al armonizar las creencias de sus conciudadanos y la predicación de Cristo resucitado.

Pablo les ha anunciado la resurrección de Jesús como el acontecimiento central de la fe cristiana y prenda segura de una vida feliz después de la muerte: «Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Co 15, 3-4).

Pero a los griegos les costaba aceptar la resurrección de los muertos. También muchos conciudadanos nuestros rechazan la resurrección y no les agrada escuchar esta buena noticia, porque tienen puesto todo su interés en las cosas de la tierra; también nos puede suceder a nosotros que estemos demasiado ocupados en las cosas de acá abajo.

Al igual que Pablo era incansable pregonero de la verdad central de la fe, el Señor nos llama a predicar y anunciar la gran verdad central del cristianismo, es decir, la resurrección de Jesucristo y la del cristiano, que queda injertado en su muerte y resurrección en el bautismo. Los cristianos hemos sido injertados en la “vid verdadera”, que es Cristo, y estamos llamados a la resurrección.

3.- Los corintios, a quienes dirige Pablo su carta, se encuentran en una situación dramática; porque algunos de sus miembros han sido tocados por la duda sobre la resurrección de los muertos y corren el peligro de que se derrumbe su fe cristiana. Por ello se hace necesario volver otra vez a proclamar el acontecimiento central de Cristo Jesús.

Hoy atenaza también al hombre el enigma indescifrable de la muerte, como dice el Concilio Vaticano II: “El máximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero su máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua (Gaudium et spes, 18).

4.- Los esfuerzos de la ciencia y de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar el anhelo de eternidad que el hombre lleva en su corazón, ni pueden satisfacer su deseo del más allá después de la muerte temporal.

Por eso es necesario también hoy seguir proclamando la oferta definitiva de Dios y su voluntad de salvación universal y eterna. La semilla de eternidad que recibimos en el bautismo se levanta contra la limitación de la muerte. Porque la meta de la humanidad no es la muerte, sino la vida gloriosa y sin fin; ese es nuestro destino.

El anuncio central de la fe cristiana, que llamamos “kerigma” ofrece al hombre la respuesta que más anhela: vivir, ser feliz y vivir para siempre; ese es el deseo de todo ser humano. Y en Cristo resucitado encontramos la respuesta a ese anhelo.

Queridos fieles, sed testigos valientes de esta verdad revelada por Cristo, el Señor resucitado, y anunciadla a todo el mundo.

5.- También el apóstol Pedro fue llamado por el Señor para anunciar la Buena Nueva de la resurrección y enviado a ser «pescador de hombres» (Lc 5, 10).

Las lecturas de hoy nos enseñan que cada vocación tiene su historia y su proceso personal, según los planes de Dios. Y hoy como ayer Dios sigue llamando. Todos los creyentes debemos sentirnos llamados a realizar una misión en medio del mundo, como testigos del Dios santo, que quiere llevar adelante su proyecto de salvación a favor de los hombres.

Los relatos vocacionales, que hemos escuchado, siguen inspirando múltiples formas de vocación. Dios llama a toda clase de personas, en cualquier situación social, personal, cultural y humana. Y su llamada es un don gratuito, que precisa una acogida responsable y coherente por parte del hombre.

6.- Las experiencias personales e intransferibles de Isaías, el profeta; de Pablo, el apóstol de los gentiles; y de Pedro, el pescador, les hacen ser “hombres de Dios”. Lo más importante de su vocación no es lo que dejaron, sino el encuentro que tuvieron con el Señor resucitado, que les llevó a entregar su vida.

A eso mismo estamos llamados cada uno de nosotros. Recordemos nuestra experiencia de encuentro con Jesucristo, que nos ayude a renovar el “sí” y a ser verdaderos discípulos suyos.

Hoy damos gracias a Dios por la persona de María-Luisa Yuste, que fue esposa y madre; y, sobre todo, por su vocación y dedicación a la música, sirviendo a la Iglesia y solemnizando las celebraciones litúrgicas, tanto en esta Catedral como en otras iglesias y monasterios. Le pedimos al Señor que la acoja, resucitada en Cristo, para que goce de la eterna compañía d Dios y que escuche las melodías celestiales, que aquí en la tierra ya comenzó a gozar y a cantar las alabanzas al Señor.

Pedimos a la Santísima Virgen María su protección maternal y su intercesión para que sepamos responder diligentemente cada uno de nosotros a la llamada del Señor. Amén.

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