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“Que la intercesión de los mártires nos conceda ese don de un corazón purificado”

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En la Eucaristía de acción de gracias por la beatificación.

Homilía en la Eucaristía de Acción de Gracias, el 27 de febrero de 2022, por la beatificación de 16 mártires granadinos de la persecución religiosa en España en el siglo XX, el 26 de febrero de 2022.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Pueblo Santo de Dios, al que todos pertenecemos (también yo, también los sacerdotes);
queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y amigos todos:

Es bueno darTe gracias, Señor. Lo acabamos de cantar. Y en todas las Eucaristías que se celebran en el mundo repetimos una y otra vez “es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación darTe gracias siempre y en todo lugar, por Jesucristo, nuestro Señor”. Jesucristo, que es el nuevo Adán, del que nace una humanidad nueva, bendecida por Su Presencia, sostenida por Su Gracia, renovada una y otra vez constantemente por el don de Su Espíritu. Por tanto, la meta de nuestra acción de gracias es siempre Nuestro Señor Jesucristo, que es lo que hace que podamos dar gracias por todo lo demás.

Hoy damos gracias por estos 16 nuevos beatos reconocidos por la Iglesia, para que, en Granada y en las parroquias donde han vivido, y en toda nuestra Iglesia, podamos pedir su intercesión, orar por mediación de ellos a Nuestro Señor, dirigirle nuestras súplicas y acogernos a su protección y a su gracia, de modo que podamos participar de esa gracia que son ellos, que es su vida y que es su muerte.

Dos cosas especialmente quisiera yo recordar de manera especial en esa Gracia. Primero, la palabra “martirio” significa “testimonio”. Y el mismo Nuevo Testamento habla del testimonio bueno que Jesús dio ante Poncio Pilato. Nosotros reservamos la palabra “martirio”. La palabra “testimonio” la usamos con mucha facilidad, a veces simplemente para decir “ejemplo”. Y hablamos de testimonio quizá porque desde el Concilio para acá fue una palabra que se puso más de moda, pero luego la hemos rebajado. Hasta “dar testimonio”, equivale muchas veces en nuestro lenguaje a dar buen ejemplo. Yo diría: los mártires nos enseñan que el lenguaje cristiano es el testimonio y que todo lenguaje cristiano o es testimonio o no es nada. Eso nos ayudaría a recuperar el sentido de nuestras catequesis, los modos de nuestra evangelización. La confusión entre testimonio y ejemplo nace que parece que tenemos que dar testimonio de lo buenos que somos nosotros. Dios mío, a medida que nos acercamos a Dios, nos hacemos un poquito más conscientes de lo indignos que somos.

No podría decir si me acerco o no me acerco a Dios, porque eso sólo le corresponde al Señor juzgarlo, pero sí que a medida que pasa mi vida me siento mucho más indigno, mucho más pecador, mucho más miserable. Sin embargo, Le pido al Señor poder dar testimonio de Él; no de mí, de Él, como el regalo más grande en mi vida, como lo más querido en mi vida; como Aquel que llena todo y da sentido a todo. El buen ladrón, Dimas, que dijo además estando en la cruz que el juicio que ellos estaban sufriendo era justo…; pero Dimas no era un ladrón, a la manera que nosotros llamamos ladrón a quien ha robado algo. El nombre de “ladrón”, las antigüedades judías de Josefo lo reservaban para un cierto tipo de terroristas que eran adversarios del Imperio Romano y que luchaban a muerte contra la presencia de los romanos en Judea, en Galilea, en la provincia de Palestina. En la provincia romana de Palestina les llamaban ladrones. Si hubiera sido un ladrón vulgar, nunca los hubieran crucificado, porque el delito del ladrón no tenía ese castigo. El que tenía ese castigo era el delito de secesión, el delito de atentar contra el poder romano en la tierra. Y aquel hombre al que la tradición llama Dimas dijo que la pena que estaba sufriendo era justa. Pero tuvo el valor de reconocer a Cristo y poder decirle a Cristo: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Y el Señor le respondió con la palabra más hermosa, más bella, la que nadie ha recibido jamás, a pesar de que su pena era justa: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Damos gracias al Señor por los por los mártires que dan testimonio de Jesucristo. Cuando uno es mártir, no se examina demasiado si la vida ha sido virtuosa o no. Quien ha dado la vida por Cristo… Hasta los Santos Inocentes que ni siquiera conocían a Cristo; que si sus madres hubieran sabido que la razón por la que se mataba a sus hijos era por aquel otro niño que acababa de nacer a las afueras de Belén, se hubieran vuelto contra la Virgen, seguramente les hubieran apedreado a ella y a José; y sin embargo, la Iglesia los considera santos, por su vínculo objetivo con la Encarnación y con Cristo. Y en ellos a todas las víctimas de esta historia humana que no para de sembrar el mundo de víctimas de un tipo o de otro, de la violencia, de la envidia, del odio, de la guerra… Lo vemos en estos días en la terrible invasión de Ucrania. Que tenemos que pedirle al Señor insistentemente y con confianza.

Pero vuelvo a mi pensamiento. El lenguaje cristiano es el lenguaje del testimonio. Y decía la Primera Lectura de hoy que al hombre se le conoce por el lenguaje. Se nos conoce más por el lenguaje que usamos cuando tenemos tiempo libre. Si estamos en Misa, usamos un determinado lenguaje. Si estamos en un contexto religioso o serio o con autoridades del mundo, usamos un determinado lenguaje. Si estamos en una clase, usamos un determinado lenguaje. Sabemos el que hay que usar y, por lo tanto, ese lenguaje no dice demasiado de nosotros mismos. Es el lenguaje que usamos cuando somos plenamente libres; es el lenguaje que usamos en nuestro tiempo libre; son las bromas que gastamos en ese tiempo libre las que dicen dónde está nuestro corazón. Y es ahí donde tenemos que pedirLe al Señor que también nuestro lenguaje sea testimonio de Cristo. Repito, no de nuestras virtudes, no de nuestras cualidades, sino de Cristo como el Salvador de esos pecadores que somos, pero que hemos tenido la gran suerte, como el buen ladrón, de conocer a Jesucristo.

El segundo pensamiento es que todos sabéis que los mártires no son víctimas de la Guerra Civil; son víctimas de la persecución religiosa. La mayor parte de ellos murieron antes del comienzo de las hostilidades de la guerra. Son víctimas de un odio religioso que se incrementó, y se fomentó y se alentó en aquellos tiempos que precedieron a la Guerra Civil, también durante la propia guerra. Algunos sí que murieron durante la guerra. Pero murieron no por la por la batalla ideológica que daba lugar a la guerra, sino por odio a Jesucristo. Y lo que se hace en los procesos de martirio, especialmente en esas circunstancias, es justamente poder verificar que fue por odio a Cristo, que fue por odio a la fe, por lo que ellos han sido muertos. Que ellos no forman parte de la lucha ideológica es claro por el hecho de que la inmensa mayoría de ellos murieron pidiendo perdón para sus asesinos. Solicitando a sus familias, y a sus parientes, y a sus seres queridos que no se vengaran, que perdonasen. Entre los nuestros, está el testimonio precioso de ese joven de Alhama cuya madre después daba de comer a una mujer que había participado en el asesinato de su hijo y que le llevaba a la cárcel comida todos los días. Eso es dar testimonio de Jesucristo. Eso es el corazón cristiano. Eso es un alma cristiana. Y algo de ese espíritu de los mártires tenemos que pedirlo para nosotros.

Es muy frecuente oír hoy el quejarse de que después de que en la Transición se había “pasado la página” del odio que había dado lugar a la guerra, pues ahora mismo ese odio se alimenta de nuevo y se atiza de nuevo. Y en un mundo tan crispado y tan violento como el que vivimos, no tiene nada de particular. En la Transición, se oía muchas veces lo de “pasar página”. Antes, se había tratado de pasar página -también lo he oído cientos de veces- a base de no hablar de ello. De no hablar de lo que había sucedido en la guerra, antes de la guerra e inmediatamente después de la guerra. Dejadme que os diga: eso no es pasar página. Eso no cura las heridas. Eso no cura las divisiones. Olvidar no es pasar página. Recordar de nuevo dando lugar al odio no es pasar página.

Los mártires nos enseñan sencillamente que es bueno recuperar la memoria. Es bueno tener memoria de lo que ha sucedido, es bueno tener una memoria que no sea auto justificativa. Los mártires no son una excusa para justificar posiciones ideológicas. Los mártires nos recuerdan que hay que guardar una memoria. Los cristianos guardamos una memoria, pero tiene que ser una memoria purificada por Cristo y eso significa una memoria purificada por el perdón, purificada por la penitencia que tenemos que hacer los cristianos y que seguramente nunca hemos hecho. Pasamos página, pero nunca hemos hecho penitencia por los crímenes a los que dio lugar también la Guerra Civil.

Ese es el testimonio de los mártires. Ese tiene que ser el testimonio de la Iglesia. No el olvido. El olvido hace que se repitan los mismos errores. Sino no una memoria purificada por Cristo. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Se lo dijo a los judíos. Nos lo dice a nosotros. Todos decimos antes de comulgar: “No soy digno de que entres en mi casa”. Claro que no soy digno. Desde luego, yo no lo soy. Sin embargo, el Señor viene a mí, me perdona y me ama; y puedo testimoniar y puedo afirmar que me perdona y me ama.

Que el Señor nos dé un corazón así. Sólo un corazón así puede cambiar el mundo. Sólo un corazón así puede purificar nuestra vida, nuestras mentes, e iniciar una historia distinta, como el de los mártires, como Cristo. Tenemos que pedirlo, tenemos que desearlo. Si no, repetiremos los mismos errores que se cometieron entonces y después; que a veces seguimos cometiendo.

Que el Señor nos conceda ese don. Que la intercesión de los mártires nos conceda ese don de un corazón purificado, renovado por el Espíritu de Cristo, por el Espíritu de Dios que hace llover sobre justos y pecadores; que hace salir el sol sobre justos e injustos; que ama a todos los hombres, porque ninguno merece la gracia del Cielo. Sin embargo, todos estamos llamados a dar gracias, porque todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios. Que así sea para todos.

Que la intercesión de la Santísima Virgen nos ayude también en esa súplica, junto con los mártires, a representar en este mundo, también violento, también lleno de odios y de deseos de destruir a quien no piensa como nosotros; también lleno de esos gusanos del odio, y de la mentira y de las pasiones humanas, que nos haga hacer resplandecer el corazón nuevo nacido del Espíritu de Dios, el corazón de un cristiano, el corazón de alguien que, desde el Bautismo, puede ser testigo de Cristo, mártir de Cristo, testigo del amor con el que el Señor nos ama.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

27 de febrero de 2022
S.I Catedral de Granada

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Presentado el cartel de la Semana Santa de San Cristóbal de La Laguna 2022

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Este Miércoles de Ceniza, como es tradición, se presentó el cartel de la Semana Santa de San Cristóbal de La Laguna. En esta ocasión, el autor de dicha obra es Miguel Arocha Isidro, pintor autodidacta, con más de 40 años de experiencia docente e investigadora en la facultad de Bellas Artes.

Arocha ha querido plasmar en su cuadro la idea de la Semana Santa como regalo. De esta forma, la torre de la iglesia de La Concepción se observa al fondo, envuelta en un papel de regalo rasgado, con un cordón en forma de cruz y una vela. Asimismo, el papel roto recuerda la forma de un capuchino. Arocha indicó que, en cualquier caso, las explicaciones del cuadro no son tan necesarias. “Una obra se siente. Lo más importante es que les transmita algo. Con eso es suficiente”.

El secretario de la Junta de Hermandades y Cofradías, Antonio Francisco Regalado fue el encargado de poner de relieve la figura de Miguel Arocha. Este polifacético pintor, señaló, ha sido el artífice de múltiples trabajos como, por ejemplo, el cartel del carnaval de Santa Cruz de Tenerife en 1998. Su estilo se característica por la búsqueda de la belleza, la armonía, el equilibrio y la perfección.

Por su parte, el presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías, Juan Antonio Pérez, indicó que son conscientes de que atravesamos tiempos muy difíciles. “Llevamos dos años de pandemia y no podemos dejar de tener un emocionado recuerdo por los fallecidos y por los enfermos de la Covid-19. También queremos mostrar la solidaridad con las personas afectadas por la erupción del volcán de La Palma. En este sentido, tendremos un concierto benéfico el 1 de abril. Por último, queremos pedir por la paz en Ucrania, como no puede ser de otra forma”.

Por otro lado, el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, quiso felicitar al autor del cartel por su trabajo y por el mensaje que ha querido trasladar. “A mí me ha llamado poderosamente la atención esa luz que parece querer iluminarnos en un momento en el que nuestro mundo vive una situación tan convulsa. Un año más, en esta Semana Santa, estaremos condicionados por la realidad sanitaria que estamos viviendo, pero estoy convencido que ya estamos viendo esa luz al final del túnel”. En este sentido, Gutiérrez quiso enviar un mensaje de responsabilidad. “No podemos bajar la guardia. Debemos seguir extremando todos los protocolos de seguridad”.

Por último, el delegado episcopal para la Junta de Hermandades y Cofradías, Norberto Carlos Hernández, agradeció el empeño de todas las personas que, desde su ámbito, trabajan durante meses para poder celebrar esta Semana Santa e invitó a todos los diocesanos a vivir estos días “desde la cruz, hasta la luz”. “Siempre estamos llamados a la esperanza y a la vida. Toda esta situación que estamos viviendo no tiene la última palabra, así que vivamos estos días grandes con alma, vida y corazón”.

 Cabe señalar que la presentación del programa de actos será el viernes 11 de marzo, a las 11:00 horas, en la Casa Mesa.

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La comunidad ucraniana en Sevilla agradece la ayuda de las familias sevillanas

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La comunidad ucraniana en Sevilla agradece la ayuda de las familias sevillanas

La invasión rusa de Ucrania está generando una corriente de solidaridad entre los sevillanos que se concreta en varias iniciativas con el objetivo de hacer llegar medicinas, alimentos y demás bienes de primera necesidad a diversos puntos fronterizos entre Polonia y el citado país.

ViyaliY Khrabatyn, sacerdote de rito bizantino ucraniano que acompaña en la fe a la comunidad ucraniana en Sevilla, ha destacado la ayuda que están recibiendo desde que comenzara la invasión rusa: “Las familias donde los ucranianos están trabajando desde hace dos o tres años les llaman por teléfono para ayudar”. Ha afirmado que hasta la frontera polaca están llegando “lo que llega desde Sevilla y otras ciudades”. En declaraciones a los medios de comunicación diocesanos, el padre Khrabatyn ha señalado que la capilla de las Reparadoras, en el número catorce de la calle Santa Clara, es el punto de recogida de los víveres que los propios ucranianos están trasladando a los lugares de destino de los cientos de miles de refugiados que huyen del país conforme avanza la ofensiva rusa.

En esta capilla se celebra diariamente la Sagrada Liturgia y se atiende la catequesis en la que participan las familias de ucranianos residentes en la capital andaluza. Unas doscientas personas se congregan allí los domingos para seguir las ceremonias de la Iglesia Greco Católica Ucraniana.

“No esperábamos una invasión tan pérfida”

La preocupación de esta comunidad ante las noticias que llegan de su país es creciente. “La distancia hace 1que esta preocupación aumente, y los últimos acontecimientos han sido inesperados, por más que desde hace ocho años se esté hablando de esta posibilidad. No esperábamos una invasión tan pérfida, y creíamos que el conflicto se centraría en las dos regiones en litigio”, añade el padre Khrabatyn. Igualmente, reconoce su sorpresa por la colaboración de Bielorrusia en el avance de las tropas rusas: “Esperábamos que fueran neutrales”, afirma.

El padre Khrabatyn se ha convertido en una transmisor de las noticias que le llegan desde Kiev, y destaca la implicación de la Iglesia ucraniana en este momento tan crítico: “los templos allí están abiertos, no sólo para la oración. Los sótanos de estas iglesias se han convertido también en refugios improvisados para una población que huye de los bombardeos”. “De alguna forma -apunta- la Iglesia sigue la recomendación del papa Francisco de convertirse en hospitales de campaña allá donde hace falta”, subraya.

Campaña de Cáritas

Por su parte, Cáritas Ucrania ha abierto un canal de ayuda ante la grave crisis humanitaria que se está viviendo en Ucrania. Según se destaca en la web de esta institución de la Iglesia Católica, las 36 oficinas alrededor de Ucrania y la Cáritas nacional en Kiev y Lviv trabajan online. Todos los programas están en fase de reformulación y dependiendo de la situación concreta de cada región, también se está evacuando al personal de algunas oficinas (sobre todo en el Este y Kiev). Las oficinas de Cáritas que no están siendo atacadas se están preparando para atender a los desplazados internos.

Cáritas Ucrania ha preparado un proyecto de emergencia para satisfacer las necesidades básicas de las personas vulnerables en su desplazamiento. Se pide ayuda para equipar 11 centros de atención (Kramatorsk, Rubizhne, Zaporizhya, Volnovakha, Mariupol, Kharkiv, Dnipro, Kyiv, Zhytomyr, Odesa, Ivano-Frankivk). Ante la situación y en base a la experiencia de 2014, los equipos humanos ya están formados en ayuda de emergencia.

Pero esta acción no es la única que está desplegando Cáritas en la zona. Las Cáritas de Rumanía, Polonia, Moldavia y Bulgaria se están preparando para acometer la demanda de ayuda que se prevé estos días. Y en esta línea, Cáritas Diocesana de Sevilla se ha sumado a la campaña ‘Cáritas con Ucrania‘, habilitando dos canales que faciliten la colaboración ciudadana: a través del sistema visible en la web caritas-sevilla.org o mediante transferencia bancaria a la cuenta del Banco Santander ES81 0049 6175 94 2916169917.

 

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Ponencia en el marco del 75 aniversario de la Parroquia de Regiones

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El próximo 5 de marzo, a las 19:30h, el director del secretariado de liturgia de la Conferencia Episcopal Española impartirá una ponencia con el título “La parroquia: comunidad en camino que profesa, celebra y vive la fe.”

D.Ramon Navarro es el director de dicho secretariado desde el año 2020. Natural de Moratalla (Murcia) está incardinado en la diócesis de Cartagena, donde ejerce su ministerio sacerdotal como delegado episcopal de liturgia y canónigo de la Santa Iglesia Catedral. Así mismo desempeña su labor docente en el centro de estudios teológico-pastorales San Fulgencio y en la universidad católica San Antonio de Murcia.

Desde el consejo pastoral de la parroquia de San Isidro Labrador se invita a participar a todas las personas que puedan estar interesadas. La entrada será libre y hasta completar el aforo del templo parroquial.

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Comunicado de la Vicaría General para canalizar la ayuda al pueblo de Ucrania

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Con motivo de la situación que está viviendo el pueblo de Ucrania, y para canalizar con transparencia todas las ayudas que se hagan desde la Diócesis de Huelva, Cáritas Diocesana de Huelva, ha habilitado un único número de cuenta, que es el siguiente:

ES69 2100 8475 9322 0026 3766

BIZUM: 00566

El concepto que debe ser indicado en el ingreso es:
Cáritas Diocesana de Huelva – Ayuda Ucrania

 

Os animo a su difusión para que todos los donativos realizados a la Iglesia diocesana para esta causa se deriven a este número de cuenta.

P. Emilio Rodríguez Claudio,
Vicario General de la Diócesis de Huelva

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Cáritas con Ucrania

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Cáritas con Ucrania

Emergencia en Ucrania.

El 24 de febrero de 2022 Rusia ha atacado varios puntos del Este de Ucrania con bombardeos de artillería, equipo pesado y armas pequeñas. El Ministerio del Interior ucraniano ha informado de que tropas rusas han cruzado la frontera por varios puntos del país, avanzando el frente norte hacia la capital, la cual está sufriendo diferentes bombardeos. A este respecto, gran parte de la población se está viendo obligada a huir hacia otras partes del país o a protegerse en los refugios antiaéreos habilitados, así como en la red de transporte suburbano.

Dada esta situación, Cáritas Ucrania está impulsando la movilización del voluntariado local en el acondicionamiento de centros de acogida para la atención de las personas desplazadas que han huido de las zonas en conflicto. En general, necesitan: apoyo para tiendas o alquiler de espacios, generadores, fuel para calentar, sillas y mesas, kits de higiene, mantas y esterillas, kits de deporte y juegos para niños. Actualmente las 36 Cáritas locales, las oficinas en Kiev y Liev, y todos los proyectos y programas están reformulando sus actividades para atender las necesidades de los ucranianos afectados por la invasión, en una situación extremadamente difícil.

RESPUESTA DE CÁRITAS ESPAÑOLA

Cáritas Española ha movilizado una partida inicial de 25.000 euros para apoyar este plan de respuesta de emergencia de Cáritas Ucrania y ha lanzado la Campaña de emergencia “Cáritas con Ucrania” para canalizar la solidaridad de los donantes españoles en favor de las personas que están siendo víctimas de esta nueva guerra en el este de Europa.

Desde Cáritas diocesana de Granada expresamos nuestra solidaridad y cercanía con Cáritas Ucrania sumándonos a esta campaña de emergencia y canalizando el apoyo de la ciudadanía granadina. Poniendo a disposición todos los canales administrativos para la captación de fondos:

INGRESO EN LA SEDE de Cáritas Diocesana de Granada.
INGRESO EN CUENTA BANCARIA o TRANSFERENCIA. Listado de cuentas bancarias disponibles en ¡DONA! Cada gesto cuenta.
BIZUM, con el código de envío de Cáritas Diocesana de Granada 02255.
DONATIVO ONLINE a través de la página web.
Al realizar el donativo es importante incluir en el CONCEPTO la campaña “Cáritas Ucrania”.

Las personas que colaboren por vez primera y deseen desgravar su donativo, deben remitir un correo con sus datos personales (nombre, NIF y dirección) y la información relativa a la donación a donativos@caritasgranada.org.

DONA

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Una conferencia sobre la piedad popular pone el punto y final a la formación para cofrades de Algeciras

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El pasado viernes 25 de febrero, tuvo lugar, en la iglesia de la Palma de Algeciras, una conferencia titulada La Piedad Popular, impartida por Emilio Bienvenido, secretario del Secretariado de Hermandades y Cofradías del Obispado de Cádiz y Hermano Mayor de la Hermandad de la Vera Cruz de Cádiz.

Un evento organizado por el padre Rubén Vargas, director espiritual del Consejo local de Hermandades y Cofradías de Algeciras, presidido por Manuel Delgado Cerro. Una iniciativa apoyada desde el principio por el presidente del Consejo y por la Junta permanente de dicho consejo.

Con esta ponencia acaba el ciclo de conferencias que forman parte de la escuela de teología cofrade creada en Algeciras y que a partir de ahora en el mes de febrero se realizarán todos los años. Las clases de teología se reanudan con la asignatura de Teología Moral fundamental.

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Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez se suma a la campaña de emergencia nacional para prestar ayuda humanitaria a Ucrania

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Ante la difícil situación que se vive en Ucrania, Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez se suma a la campaña de solidaridad de la Red de Cáritas para apoyar a la población víctima de los ataques y la emergencia humanitaria.

La Confederación Cáritas lanza un llamamiento de emergencia para apoyar el trabajo de Cáritas Ucrania y coordinar una respuesta humanitaria a la grave situación que se vive en el país tras el ataque de las fuerzas rusas. 

Actualmente Cáritas Ucrania está centrada en apoyar a las personas afectadas por el conflicto con alimentos, agua potable, alojamiento seguro y kits de higiene, así como garantizar un transporte seguro para que las personas vulnerables puedan reunirse con sus seres queridos y acceder a zonas seguras.

Ya desde finales del verano de 2021, particularmente en el este de Ucrania, Cáritas anticipó una respuesta humanitaria ante la posible escalada del conflicto. Capacitó al personal y los voluntarios para aumentar su capacidad de satisfacer las necesidades de las comunidades locales y fortalecer su red. También se pusieron a punto centros temporales para acoger y garantizar la asistencia a los desplazados internos, cuyo número muy probablemente aumentará considerablemente con el inicio de esta reciente intervención militar.

Cáritas Española ha expresado su solidaridad y cercanía con Cáritas Ucrania y ha movilizado una partida inicial de 25.000 euros para apoyar el plan de emergencia. Asimismo, con objeto de canalizar la respuesta solidaria de los donantes de nuestro país hacia las víctimas de este conflicto, desde Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez hemos habilitado un número de cuenta Cajasur ES11 0237 0210 3091 6715 9240. Las donaciones también pueden realizarse a través de nuestra web en el enlace www.caritas.es/jerez

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Mensaje de Cuaresma del Papa Francisco

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Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: «No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).

1. Siembra y cosecha

En este pasaje el Apóstol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jesús tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kairós, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. ¿Qué es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir.

El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente «sigue derramando en la humanidad semillas de bien» (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra «viva y eficaz» (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegría, aún más grande es la llamada a ser «colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar también nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda.

¿Y la cosecha? ¿Acaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que sí. El vínculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: «A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa» (2 Co 9,6). Pero, ¿de qué cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad. En Dios no se pierde ningún acto de amor, por más pequeño que sea, no se pierde ningún «cansancio generoso» (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el árbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos (cf. Rm 6,22).

En realidad, sólo vemos una pequeña parte del fruto de lo que sembramos, ya que según el proverbio evangélico «uno siembra y otro cosecha» (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los demás participamos en la magnanimidad de Dios: «Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra» (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios.

La Palabra de Dios ensancha y eleva aún más nuestra mirada, nos anuncia que la siega más verdadera es la escatológica, la del último día, el día sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el «fruto para la vida eterna» (Jn 4,36), que será nuestro «tesoro en el cielo» (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jesús usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrección (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrección de nuestro cuerpo: «Se siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo débil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual» (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: «Si lo que esperamos de Cristo se reduce sólo a esta vida, somos los más desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron» (1 Co 15,19-20), para que aquellos que están íntimamente unidos a Él en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos también unidos a su resurrección para la vida eterna (cf. Jn 5,29). «Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Mt 13,43).

2. «No nos cansemos de hacer el bien»

La resurrección de Cristo anima las esperanzas terrenas con la «gran esperanza» de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvación (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusión por tantos sueños rotos, frente a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios, tenemos la tentación de encerrarnos en el propio egoísmo individualista y refugiarnos en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Efectivamente, incluso los mejores recursos son limitados, «los jóvenes se cansan y se fatigan, los muchachos tropiezan y caen» (Is 40,30). Sin embargo, Dios «da fuerzas a quien está cansado, acrecienta el vigor del que está exhausto. […] Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, vuelan como las águilas; corren y no se fatigan, caminan y no se cansan» (Is 40,29.31). La Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9).

No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es necesario «orar siempre sin desanimarse» ( Lc 18,1). Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Con la pandemia hemos palpado nuestra fragilidad personal y social. Que la Cuaresma nos permita ahora experimentar el consuelo de la fe en Dios, sin el cual no podemos tener estabilidad (cf. Is 7,9). Nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia [2]; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. La fe no nos exime de las tribulaciones de la vida, pero nos permite atravesarlas unidos a Dios en Cristo, con la gran esperanza que no defrauda y cuya prenda es el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (cf. Rm 5,1-5).

No nos cansemos de extirpar el mal de nuestra vida. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar [3].  No nos cansemos de luchar contra la concupiscencia, esa fragilidad que nos impulsa hacia el egoísmo y a toda clase de mal, y que a lo largo de los siglos ha encontrado modos distintos para hundir al hombre en el pecado (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 166). Uno de estos modos es el riesgo de dependencia de los medios de comunicación digitales, que empobrece las relaciones humanas. La Cuaresma es un tiempo propicio para contrarrestar estas insidias y cultivar, en cambio, una comunicación humana más integral (cf. ibíd., 43) hecha de «encuentros reales» ( ibíd., 50), cara a cara.

No nos cansemos de hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo. Durante esta Cuaresma practiquemos la limosna, dando con alegría (cf. 2 Co 9,7). Dios, «quien provee semilla al sembrador y pan para comer» (2 Co 9,10), nos proporciona a cada uno no sólo lo que necesitamos para subsistir, sino también para que podamos ser generosos en el hacer el bien a los demás. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc 10,25-37). La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar —y no evitar— a quien está necesitado; para llamar —y no ignorar— a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar —y no abandonar— a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 193).

3. «Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos»

La Cuaresma nos recuerda cada año que «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día» (ibíd., 11). Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor (cf. St 5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en volver a Él, que «es rico en perdón» (Is 55,7). En este tiempo de conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda. Tenemos la certeza en la fe de que «si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos» y de que, con el don de la perseverancia, alcanzaremos los bienes prometidos (cf. Hb 10,36) para nuestra salvación y la de los demás (cf. 1 Tm 4,16). Practicando el amor fraterno con todos nos unimos a Cristo, que dio su vida por nosotros (cf. 2 Co 5,14-15), y empezamos a saborear la alegría del Reino de los cielos, cuando Dios será «todo en todos» (1 Co 15,28).

Que la Virgen María, en cuyo seno brotó el Salvador y que «conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19) nos obtenga el don de la paciencia y permanezca a nuestro lado con su presencia maternal, para que este tiempo de conversión dé frutos de salvación eterna.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2021, Memoria de san Martín de Tours, obispo.

FRANCISCO


[1] Cf. S. Agustín, Sermo, 243, 9,8; 270, 3; Enarrationes in Psalmos, 110, 1.

[2] Cf. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia (27 de marzo de 2020).

[3] Cf. Ángelus del 17 de marzo de 2013.

24/02/2022

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