Organizado por el Movimiento Cultural Cristiano, tuvo lugar el sábado, 18 de abril, en los alrededores de la parroquia de la Consolación
El Movimiento Cultural Cristiano organizó el fin de semana pasado un Vía Lucis contra la esclavitud infantil. El rezo de las 14 estaciones, que celebra la Resurrección de Jesús desde la Pascua hasta Pentecostés, tuvo lugar por los alrededores de la parroquia Ntra. Sra. de la Consolación. Comenzaron en la escultura de Iqbal Masih, ubicada en la Barriada de la Paz, hasta la parroquia Ntra. Sra. de la Consolación, donde se celebró la eucaristía.
Una de las militantes del Movimiento Cultural Cristiano, Consolación, ha reconocido que el Vía Lucis fue “precioso”. En cada estación escucharon el testimonio de distintos niños esclavos en diversos sectores, minería o textil, entre otros. Asimismo, profundizaron en la labor que está llevando a cabo la Iglesia y qué respuestas da ante estas situaciones.
Iqbal Masih fue un niño pakistaní esclavizado en una fábrica de alfombras que murió el 16 de abril de 1995, a los 12 años de edad, por luchar contra la esclavitud infantil.
El Secretariado de Migraciones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta ha puesto en marcha esta semana una serie de sesiones informativas dirigidas a personas extranjeras residentes en España, con el objetivo de orientarles sobre el proceso de regularización extraordinario impulsado por el Gobierno.
Las jornadas, que están registrando una notable participación, buscan resolver dudas y facilitar el acceso a la información sobre este procedimiento, que afecta a numerosos ciudadanos migrantes en el territorio diocesano. Para ello, se cuenta con la intervención de la abogada especializada en extranjería Macarena Fatuarte, integrante de la Red de Atención a Personas Migrantes, encargada de impartir las charlas.
La primera sesión se celebró ayer en la sede de la Asociación Cardijn, seguida de una segunda convocatoria ese mismo día en la Fundación Centro Tierra de Todos. Esta mañana ha tenido lugar la tercera sesión en Algeciras, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen. El ciclo concluirá el próximo viernes 24 de abril, a las 12:00 horas, en el Centro San Antonio de Ceuta.
Durante los encuentros, la letrada está abordando los aspectos clave del proceso y atendiendo de forma individualizada las consultas de los asistentes. El objetivo es acompañar a las personas migrantes en este procedimiento administrativo y facilitar su comprensión.
Desde el Secretariado Diocesano de Migraciones subrayan la importancia de esta medida, que consideran “vital” para que quienes ya residen y trabajan en España puedan salir de la economía sumergida y acceder a un empleo regulado. “Es una petición que las entidades sociales y la Iglesia venían reclamando desde hace tiempo”, destacan.
Asimismo, recuerdan que procesos de regularización anteriores han tenido un impacto positivo, al permitir que estas personas se incorporen plenamente al sistema productivo, contribuyan mediante el pago de impuestos y coticen a la Seguridad Social. “Se trata de una buena noticia para toda la sociedad, ya que favorece la integración a través de un trabajo estable”, añaden.
Requisitos para acceder a la regularización
Para acogerse a este proceso extraordinario, los solicitantes deben cumplir varios requisitos. Entre ellos, acreditar su presencia en España antes del 1 de enero de 2026 y demostrar una permanencia continuada de al menos cinco meses. Además, es imprescindible no contar con antecedentes penales ni en España ni en el país de origen, así como no representar una amenaza para el orden público.
Las sesiones continuarán ofreciendo información práctica en los próximos días, con el fin de que el mayor número posible de personas pueda beneficiarse de esta medida.
Hay fechas que, más allá de su repetición anual, conservan la pujanza de interpelarnos con una fuerza renovada. El 22 de abril, Día Internacional de la Tierra, es una de ellas. No se trata solo de una efeméride más en el calendario de las Naciones Unidas, sino de una invitación a detenernos, a mirar con hondura la realidad que nos rodea y a preguntarnos, con honestidad, qué relación estamos manteniendo con esa casa común que hemos recibido como don y tarea.
El lema de este año, “Nuestro poder, nuestro planeta”, introduce una clave peculiarmente sugerente. Nos recuerda que el destino de la Tierra no es algo completamente ajeno a nuestras decisiones, ni una realidad que dependa exclusivamente de factores lejanos o incontrolables. Hay, en efecto, un margen de acción, de discernimiento compartido, una capacidad —limitada pero real— de orientar el rumbo de nuestra relación con el planeta. No somos omnipotentes, pero tampoco somos irrelevantes. Entre la resignación y la soberbia, se abre el espacio de la responsabilidad.
En este contexto resuenan con especial fuerza las palabras del Papa Francisco en la encíclica Laudato si’: «Todo está conectado» (n. 91). Esta afirmación, aparentemente sencilla, encierra una luminosa verdad antropológica, moral y espiritual. Nos sitúa ante una evidencia que a menudo preferimos ignorar: nuestras decisiones, incluso las más cotidianas, tienen consecuencias que van más allá de nosotros mismos; afectan a otros, a la sociedad en su conjunto y al equilibrio de la creación.
Durante demasiado tiempo hemos pensado y actuado como si la Tierra fuera una realidad inagotable, como si los recursos estuvieran siempre disponibles, como si el impacto de nuestras acciones pudiera diluirse sin dejar huella. Hemos desarrollado una cultura del uso inmediato, del descarte y de la sustitución constante, que ha ido erosionando silenciosamente los fundamentos de la vida. Pero la realidad termina por imponerse. La degradación ambiental, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua y del aire, no son fenómenos abstractos. Tienen rostro, tienen consecuencias concretas, afectan de manera directa a la vida de millones de personas.
La reflexión sobre el cuidado de la Tierra conduce, además, de manera muy directa, al reconocimiento del derecho humano a la alimentación. No se trata solo de producir alimentos en cantidad suficiente, sino de garantizar que toda persona pueda acceder de manera regular, digna y sostenible a una alimentación adecuada, saludable y nutritiva. Cuando la degradación de los suelos, la escasez de agua, la contaminación, los fenómenos climáticos extremos o la pérdida de biodiversidad comprometen la capacidad de producir, de distribuir o de adquirir alimentos, no estamos únicamente ante un problema ambiental o económico: estamos también ante una amenaza concreta a un derecho humano fundamental. Cuidar la casa común es, por eso mismo, proteger una de las condiciones esenciales para que ese derecho pueda hacerse real, preferentemente para los más débiles y menesterosos, que son siempre quienes primero sufren cuando la Tierra deja de ser fecunda o habitable.
Y, como tantas veces ha subrayado el magisterio de la Iglesia, estas consecuencias no se distribuyen de manera equitativa. Son los más pobres quienes soportan con mayor intensidad los efectos de la degradación ambiental. Comunidades enteras ven comprometido su acceso al agua, a los alimentos o a un entorno saludable. Familias que apenas han contribuido al deterioro del planeta cargan con el peso desproporcionado de sus efectos. La cuestión ecológica, en este sentido, es también una cuestión de justicia.
Ya san Juan Pablo II advertía, con notable anticipación, que no se puede separar la ecología ambiental de la ecología humana. Cuando se rompe la armonía con la naturaleza, se resiente también la vida social y moral. Y, en la misma línea, Benedicto XVI recordaba que «el libro de la naturaleza es uno e indivisible» (Caritas in veritate, n. 51), subrayando la unidad profunda entre el respeto debido a la creación y el respeto debido a la persona.
Estas intuiciones, lejos de haber perdido vigencia, se muestran hoy con una claridad aún mayor. Vivimos en un mundo altamente interdependiente, donde lo que ocurre en un lugar repercute, de una forma u otra, en otros muchos. La contaminación no conoce fronteras. Las decisiones económicas tomadas en determinados contextos tienen efectos que se dejan sentir a miles de kilómetros de distancia. En este escenario, la afirmación «todo está conectado» deja de ser una reflexión teórica para convertirse en una constatación cotidiana.
Sin embargo, reconocer esta interconexión no basta. Es necesario traducirla en criterios de acción, en planteamientos existenciales, en atinadas decisiones personales y colectivas. El lema de esta jornada internacional para el presente año nos alienta precisamente a dar ese paso. Hablar de “nuestro poder” no significa reivindicar el dominio sin fisuras, sino asumir una estrategia concreta en el cuidado del planeta. El poder, entendido desde una óptica cristiana, no es apropiación ni imposición, sino servicio. Es la capacidad de custodiar, de tutelar, de promover condiciones de vida dignas para todos.
En este sentido, cuidar la Tierra no es un cometido secundario ni opcional. Forma parte de nuestra vocación como seres humanos y, de manera particular, de nuestra madurez como creyentes. La tradición bíblica presenta la creación como un don confiado al ser humano, llamado a “labrarla y cuidarla” (cfr. Gen 2,15). No se trata de una licencia para la ávida explotación, sino de una misión de fiel custodia. El ser humano no es dueño absoluto, sino administrador y garante de la obra que salió de las manos de Dios.
Este cambio de mentalidad es primordial. Mientras sigamos mirando la Tierra únicamente como un conjunto de recursos disponibles, será difícil avanzar hacia un modelo verdaderamente sostenible. Es urgente redescubrir el valor intrínseco de la creación, su dignidad propia, su potencia para remitirnos al Creador. Solo desde este horizonte es posible desarrollar con ella una relación más ponderada, más respetuosa, más consciente de los límites.
Pero esta metamorfosis no se produce de manera automática. Requiere un proceso, una toma de conciencia, una verdadera conversión. San Juan Pablo II hablaba ya de la necesidad de una “conversión ecológica”, entendida como un cambio categórico en la forma de pensar, de sentir y de actuar (cfr. Audiencia General, 17 de enero de 2001). No basta con adoptar algunas medidas puntuales o con adherirse a determinadas campañas. Se trata de revisar el conjunto de nuestra relación con el mundo que habitamos.
Esa conversión comienza en lo cotidiano. En la forma en que consumimos, en el uso que hacemos de la energía, en nuestra relación con el agua, con los alimentos, con los bienes que utilizamos a diario. Pero no puede quedarse en el ámbito individual. Necesita proyectarse también en lo social, en lo económico y en lo político. Las estructuras en las que vivimos influyen decisivamente en nuestras posibilidades de actuar. Por eso, el cuidado de la Tierra exige también políticas públicas coherentes, modelos económicos más justos, formas de producción y de consumo más responsables.
En este punto resulta especialmente significativa la insistencia del Papa Francisco en que no existen dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental (cfr. Laudato si’, n. 139). Esta afirmación nos obliga a superar visiones fragmentadas y a adoptar enfoques integrales. No se puede abordar la cuestión ecológica ignorando sus implicaciones sociales, ni se pueden afrontar los problemas sociales sin tener en cuenta su dimensión ambiental.
El Día de la Tierra se convierte así en una oportunidad para ensanchar la mirada, para integrar perspectivas y para reconocer la complejidad de los desafíos que enfrentamos. Pero también y, sobre todo, para renovar la esperanza. Porque, a pesar de la gravedad de la situación, no todo está determinado. Hay un margen real de transformación. Existen experiencias, iniciativas, comunidades que muestran que es posible otro estilo de relacionarse con la Tierra.
La sensibilización juega aquí un papel decisivo. Sensibilizar no es simplemente informar, ni provocar una emoción pasajera. Es ayudar a ver, a comprender y a percibir la realidad con mayor hondura. Es despertar una conciencia que permita reconocer las conexiones, orientar la acción e identificar las metas. Una conciencia sensibilizada ya no puede permanecer indiferente. Y, sin embargo, esta sensibilización necesita ir acompañada de una motivación de mayor calado. La tradición cristiana ofrece en este sentido un fundamento sólido: la creación es don. No es fruto del azar ni simple materia disponible. Es expresión de un amor que precede a nuestra existencia y que nos invita a una respuesta. Cuidar la Tierra es, en última instancia, un modo de agradecer ese don, de reconocer su valor y de asumir la responsabilidad que conlleva.
Desde esta atalaya, el cuidado del planeta adquiere también una dimensión espiritual. No se trata solo de preservar un equilibrio ecológico, sino de vivir de manera coherente con una visión del mundo que reconoce la interdependencia, la gratuidad, la dignidad de toda forma de vida. La relación con la creación se convierte así en un ámbito privilegiado para vivir la fe, para encarnar valores como la humildad, la sobriedad, la clarividencia y la solidaridad.
En un contexto marcado por la rapidez, el consumo y la fragmentación, esta propuesta puede parecer exigente. Y lo es. Pero también es radicalmente liberadora. Porque anima a salir de un dinamismo que, a la postre, genera insatisfacción y deterioro, para abrirse a una lógica vital más austera, más consciente y más plena.
El lema de este año, leído a la luz de estas consideraciones, se revela como una llamada a la cordura. “Nuestro poder, nuestro planeta” no es una consigna vacía, sino un acicate para asumir que nuestras decisiones importan, que nuestras acciones cuentan, que tenemos un compromiso real con el cuidado de la casa común. No se trata de cargar con un peso insoportable, sino de reconocer una capacidad que puede y debe orientarse al bien común.
Tal vez, en el fondo, el Día de la Tierra nos plantea una pregunta sencilla y decisiva: ¿cómo queremos habitar este mundo? La respuesta no se juega solo en grandes declaraciones, sino en la coherencia de la vida ordinaria, en la orientación de nuestras prioridades, en la manera en que entendemos el progreso y el bienestar.
Volver, una vez más, a la afirmación «todo está conectado» puede ayudarnos a situarnos ante esta pregunta con mayor claridad. Si todo está conectado, también lo están nuestras elecciones y sus consecuencias, nuestro estilo de vida y la salud del planeta, nuestra fe y nuestra responsabilidad con la creación.
No tenemos un planeta de repuesto. Pero sí tenemos la posibilidad —todavía abierta— de cuidar este con esmero y sensatez. El Día de la Tierra es una oportunidad para recordarlo, para renovar nuestra conducta y para avanzar, con convicción y diligencia, hacia una relación más justa, inteligente y solícita con la casa común que Dios nos ha confiado.
Mons.Fernando Chica Arellano Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA
El Centro Diocesano de Orientación Familiar del Aljarafe organiza el primer Encuentro de Crecimiento Familiar bajo el título ‘Familias que construyen’, una formación puesta en marcha de la mano de la Asociación para la familia Nova XXI.
La primera cita versará sobre cómo afecta la tecnología a la familia y se desarrollará el próximo martes 28 de abril a las ocho de la tarde en la Parroquia del Espíritu Santo de Mairena de Aljarafe.
Según explican los organizadores este encuentro está dirigido a familias “que deseen crecer, fortalecer sus vínculos y compartir experiencias en un ambiente cercano y enriquecedor”. Para ello, durante el coloquio se tratarán temas prácticos para la vida familiar, ofreciendo herramientas y espacios de diálogo que ayuden a mejorar la comunicación, la convivencia y el acompañamiento mutuo.
Por su parte, el Centro Diocesano de Orientación Familiar San Sebastián ha organizado un Ciclo sobre duelo, bajo el título ‘El duelo duele, porque es humano, pero la herida sana cuando se abraza’.
Este abarcará las distintas formas de dolor, despedida y pérdida, porque según explican los organizadores “no solo es duelo lo que parece; cualquier daño sufrido provoca dolor”. Por ello, este ciclo formativo aborda el duelo en diversas situaciones, analizando sus dimensiones psicológicas y espirituales mediante procesos de acompañamiento prácticos y rigurosos.
Las sesiones comenzarán el miércoles 29 de abril a modo de presentación, en la que el orientador y psicólogo Manuel García explicará qué es el duelo. La segunda cita consistirá en una mesa redonda moderará por el psiquiatra experto en adicciones Damián Martín y en el que participarán Ignacio Guajardo-Gajardo, Jaime Boceta y Erika Rodríguez. Durante la misma, prevista para el 6 de mayo, se profundizará en cómo acompañar el duelo. El ciclo llegará a su fin el día 20 del próximo mes con una ponencia sobre ‘El duelo según la fe’ a cargo del religioso camilo experto internacional en Pastoral de la Salud Arnaldo Pangrazzi.
Todas las sesiones se celebrarán en el Salón San Pablo de la Parroquia de San Sebastián a las nueve menos veinte de la noche.
Este ciclo, que cuenta con la colaboración de la Hermandad de la Paz de Sevilla, pretende poner sobre la mesa que “el dolor es inseparable a la condición humana, no un error que corregir”. Por eso, con estas charlas se propone “aceptar que el duelo duele, dejar de pelear contra nuestra historia y entender que ese vacío es el mapa de lo que amamos”. El duelo -insisten sus organizadores- forma parte también de la Historia de la Salvación: “La Biblia muestra el desconsuelo de Jacob, el llanto de Jesús ante la muerte de Lázaro y la esperanza de Job al aceptar la voluntad del Señor”.
Familia y Vida viajará a Madrid y llevará a cabo iniciativas de oración y formación previas al encuentro con el Santo Padre
La diócesis de Córdoba ya se encuentra inmersa en los preparativos para la próxima visita del Papa León XIV, una cita que ha despertado gran expectación entre las familias. La Subcomisión de Familia y Vida, en colaboración con las Delegaciones Diocesanas, ha diseñado un programa que combina actividades logísticas y propuestas de preparación espiritual.
Entre las iniciativas previstas destaca la organización de un viaje a Madrid el domingo 7 de junio. El desplazamiento, en autobús de ida y vuelta, permitirá a los participantes asistir a la Eucaristía que se celebrará en la capital, una convocatoria ya anunciada el pasado 31 de marzo, por la Delegación diocesana de Familia y Vida.
Preparación espiritual
Además del viaje, se ha puesto en marcha un amplio programa de actividades centradas en la preparación espiritual ante la visita papal. La Comisión de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, en coordinación con las diócesis anfitrionas, ha estructurado esta preparación en cuatro bloques temáticos: la Cruz, la Eucaristía como vínculo de unidad y paz, y la acogida a los migrantes.
Uno de los ejes principales será una cadena de oración por los frutos de la visita. Cada diócesis tendrá asignado un día específico para rezar. El de Córdoba será el próximo 3 de mayo, jornada que compartirá con Barbastro-Monzón. Como símbolo de esta iniciativa, la web oficial “Con el Papa” mostrará un mapa de España que se irá iluminando progresivamente con velas conforme las diócesis participen en la oración.
Asimismo, se promoverá la oración en familia mediante la difusión de materiales específicos, junto con la celebración de eucaristías y vigilias tanto en la Catedral como en parroquias y grupos. Estas iniciativas buscan fomentar la participación conjunta y el sentido de comunión entre los fieles.
Propuestas formativas y lúdicas
El programa incluye también propuestas de carácter formativo y lúdico, como la elaboración de cuestionarios interactivos tipo Kahoot basados en los temas preparatorios, que podrán realizarse tanto en familia como en comunidades parroquiales. A ello se suman emisiones en directo a través de YouTube durante los fines de semana previos a la visita, centradas en los distintos bloques temáticos.
Por otro lado, se invita a las familias a participar activamente mediante el envío de vídeos en los que niños, jóvenes, matrimonios y mayores respondan a cuestiones relacionadas con los contenidos propuestos. El objetivo es dar voz a todos los grupos y reforzar la implicación comunitaria en este acontecimiento.
Todas estas actividades serán difundidas a través de los canales oficiales de la Delegación de Familia y Vida, así como en redes sociales y medios diocesanos.
Desde la organización se anima a las familias a vivir este acontecimiento como una oportunidad de renovación espiritual y comunitaria ante la visita del Santo Padre.
Las personas que deseen más información, pueden acceder al siguiente QR:
El próximo domingo, 26 de abril, la Iglesia conmemora la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, una cita que coincide con el IV domingo de Pascua, conocido como el “domingo del Buen Pastor”. Ambas jornadas, aunque comparten fecha y un enfoque común en la vocación y la oración, mantienen objetivos específicos dentro de la pastoral vocacional.
El lema de este año, “Oramos todos por todos”, continúa la línea marcada por el Congreso de Vocaciones celebrado en España en febrero de 2025, que reunió a más de tres mil participantes de diversas realidades eclesiales —diócesis, congregaciones religiosas, movimientos apostólicos y asociaciones laicales— bajo el lema “una asamblea de llamados para la misión”.
Durante 2026, considerado el año de la etapa posterior a dicho congreso, el Servicio de Pastoral de la Vocación de la Conferencia Episcopal Española ha intensificado su labor para fomentar una cultura vocacional. El objetivo es promover la comprensión de la vida como vocación, impulsar todas las formas de llamada dentro de la Iglesia e invitar a la comunidad cristiana a acompañar y sostener, especialmente mediante la oración, las vocaciones que demanda el mundo actual.
En este contexto, el mensaje del Papa León XIV para la 63ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones lleva por título “El descubrimiento interior del don de Dios”. El Pontífice subraya la importancia de la contemplación y la interioridad como vías para escuchar la llamada vocacional en la vida cotidiana. Según explica, este proceso implica un camino de conocimiento mutuo con Dios, basado en la confianza y orientado hacia una respuesta madura y plena.
Asimismo, el Papa destaca que esta jornada constituye “un momento de gracia” para reflexionar sobre la dimensión interior de la vocación, en un contexto en el que también prepara su próximo viaje apostólico a España, previsto para el mes de junio.
En nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta se han organizado diversas actividades con motivo de estas jornadas. El Secretariado de Misiones y el Seminario Conciliar San Bartolomé celebrarán un Rosario de Antorchas el viernes 24 de abril a las 20:45 horas, así como la Oración de Natanael el domingo 26 a las 20:00 horas. Ambos actos tendrán lugar en la Iglesia de Santiago (Cádiz).
Con estas iniciativas, la Iglesia invita a los fieles a renovar su compromiso con la oración y a reflexionar sobre la vocación como una llamada universal al servicio y a la misión.
La Santa Iglesia Catedral de Asidonia-Jerez ha acogido en la jornada del pasado sábado 18 de abril la celebración de la Eucaristía que ha puesto el broche final a la XI edición de la Copa ACI, reuniendo a todos los participantes de este encuentro educativo y deportivo promovido por los colegios de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.
Este momento, vivido en el primer templo de la Diócesis, ha sido el centro de toda la experiencia, en el que alumnado y profesorado han podido dar gracias a Dios por los días compartidos, poniendo ante el Señor todo lo vivido en esta convivencia marcada por el deporte, la fraternidad y los valores cristianos.
Tras varias jornadas celebradas en Cádiz y El Puerto de Santa María, donde se desarrollaron las actividades de acogida y las competiciones deportivas, los participantes se trasladaron a Jerez para vivir este momento culminante. La celebración eucarística ha permitido así cerrar el encuentro desde la fe, recordando que es Cristo quien da pleno sentido a todas las dimensiones de la vida, también al ámbito educativo y deportivo.
La imagen conjunta de todos los participantes en la Catedral refleja la unidad de esta gran familia educativa, así como el espíritu que impulsa esta iniciativa, en la que el deporte se convierte en un medio para educar en el compañerismo, el respeto y la entrega.
De este modo, la XI Copa ACI concluye dejando una huella significativa en todos los participantes, consolidándose como una propuesta educativa que integra formación, convivencia y vida cristiana desde el carisma de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.
El pasado viernes, 17 de abril, promovido por la vocalía de formación y caridad de la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor y María Auxiliadora en su Desconsuelo y Misericordia, en los salones parroquiales de San Juan de Dios de Martos, tuvo lugar un encuentro en el que se dio a conocer la labor de Proyecto Raquel Jaén.
Su tarea es acompañar y ayudar a sanar a las personas arrepentidas y rotas por un aborto procurado, facilitando que puedan acercarse a Quien es la fuente de toda Misericordia y Perdón. Buscando no sólo la reconciliación sino también la sanación de dichas heridas.
Está vez la presentación ha sido totalmente nueva e impactante: una hermana que vivió el horror del aborto ha dado testimonio público de lo vivido y sufrido desde el mismo momento que lo decidió y como el Señor Jesús salió a su encuentro a través de Proyecto Raquel para recuperar su vida destrozada.
Un auditorio sobrecogido ante un testimonio tremendo de dolor y angustia que ahora puede vivir y proclamar que ¡Dios es Amor!, y que obra en las vidas rotas, desorientadas y complicadas y la transfigura en un camino de sanación, encuentro y vida nueva.
Desde Proyecto Raquel agradecer tanto a la cofradía como a la parroquia su calurosa acogida.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) al menos un 40% de los conflictos internos en el mundodurante los últimos 60 años han estado vinculados con la explotación de recursos naturales.
Con motivo del Día de la Tierra, Manos Unidas recuerda que “el medio ambiente sigue siendo “la víctima olvidada” de las guerras y que defender y cuidar la tierra también es construir la paz”.
La Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas reconoce el derecho humano a un medio ambiente sano.
Madrid, (14/04/2026) – Ante la alerta de Naciones Unidas que sostiene que cuatro de cada diez guerras en seis décadas nacen por el control de recursos naturales, en el Día de la Tierra, Manos Unidas, recuerda que la paz también se construye defendiendo la casa común.
Desde disputas por los recursos que ofrece la Amazonía hasta talas ilegales en Camboya, la lucha por la tierra, el agua y los bosques alimentan algunos de los conflictos más intensos del planeta.
En 2024, el Informe “Global Resources Outlook” realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió de que la extracción mundial de recursos naturales (minerales, combustibles fósiles, biomasa y materiales de construcción) crecerá un 60% para 2060 (respecto a 2020), agotando ecosistemas y disparando guerras por tierra fértil, agua y minerales.
“Estas tensiones territoriales no solo destruyen vidas a través de las guerras y la violencia, sino que devastan ecosistemas y dejan a las comunidades sin recursos, sin esperanza o sin la capacidad de enfrentarse a emergencias climáticas”, afirma Marco Gordillo, coordinador del departamento de Alianzas e Incidencia de Manos Unidas.
La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la posibilidad de vivir en tierras seguras, sanas y habitables, algo que la Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas reconoce como el derecho humano a un medio ambiente sano.
MANOS UNIDAS EN EL DÍA DE LA TIERRA
Manos Unidas subraya que el Día de la Tierra es una oportunidad para recordar que la crisis climática, la desigualdad y los conflictos por los recursos no son realidades separadas, sino parte de un mismo problema global que exige respuestas centradas en las personas y en los territorios. “El medio ambiente sigue siendo “la víctima olvidada” de las guerras. Defender la tierra, los bosques y los medios de vida es también una forma de construir la paz”.
“En América Latina y el Caribe la minería tiene un rostro oscuro y prácticas devastadoras. Las extracciones se han realizado sin escuchar a las comunidades locales, sin respetar los derechos de los pueblos indígenas, para los que la tierra lo es todo, y sin considerar los límites de los ecosistemas. Sin respeto”, afirma Yolanda Flores, lideresa aymara y miembro de DHUMA-Puno Derechos Humanos y Medio Ambiente, organización que pertenece a la red Muqui, plataforma peruana que defiende los derechos de comunidades y el desarrollo sostenible frente a la actividad minera, a nivel local e internacional.
Actualmente están en proceso legislativo dos proyectos de ley que ponen en riesgo a los pueblos indígenas y a las comunidades campesinas (el primero abriría todas las Áreas Protegidas de Perú a la minería y a la extracción de gas y petróleo, y el segundo que abriría a proyectos de extracción de gas una enorme zona de la Amazonía peruana, hogar de un gran número de pueblos indígenas), el trabajo de Manos Unidas refuerza, a través de la Red Muqui, la capacidad organizativa y la incidencia de las comunidades que permitan crear un entorno en el que las propias poblaciones afectadas puedan liderar la defensa de sus derechos humanos y ambientales de manera autónoma.
En Sierra Leona, país que ocupa el puesto 185 de 193 en el último Índice de Desarrollo Humano, se estima que 8 de cada 10 habitantes de las comunidades mineras de Kono viven en la más absoluta pobreza.
Allí, Manos Unidas junto con el Centro Chesterton, apoya la rehabilitación de tierras improductivas debido a las actividades mineras artesanales indiscriminadas para convertirlas en espacios de cultivo y producción; impulsa cooperativas y promueve su restauración ambiental y medios de vida alternativos, más inclusivos y sostenibles, que permitan a las comunidades reducir su dependencia del sector minero.
“Ahora somos conscientes de que la minería ha sido perjudicial para nuestras comunidades y hoy en día es la principal razón de nuestra pobreza y falta de alimentos”, afirma Konningbeya, presidente de la cooperativa de Bandafaye.
Mientras, en Camboya aproximadamente el 75% de la población vive en zonas rurales y depende en gran parte de los bosques para su subsistencia. Sin embargo, muchos de estos bosques sufren talas ilegales constantes, expolios por parte de furtivos y de industrias, quemas… en un contexto agravado por la sequía y la crisis climática.
Ante esta realidad, Manos Unidas trabaja junto la Misión Jesuita en Camboya en comunidades forestales y escuelas rurales para proteger estos bosques. El proyecto combina patrullaje comunitario, reforestación y educación ecológica práctica para niños y jóvenes (huertos, viveros, plantación de árboles…), con el objetivo de fortalecer la conciencia ambiental y la participación activa en la defensa del entorno como parte de su vida cotidiana. “El foco más importante está en los estudiantes, porque son las generaciones que llevarán a cabo los cambios en sus familias y en la vida de sus comunidades”, sostiene Ramón Álvarez, coordinador del departamento de Asia de Manos Unidas.
En 2025, Manos Unidas destinó más de un millón de euros a proyectos en Asia, América y África en los que promueve la sostenibilidad ambiental y la lucha ante la crisis climática junto a sus socios locales.
SOBRE MANOS UNIDAS
Nacida en 1959, Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países del Sur global. Es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.
«Oramos todos por todos» es el lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y de la Jornada de Vocaciones Nativas, que se celebra este año el 26 de abril, domingo del Buen Pastor y cuarto de Pascua.
Con este motivo, desde la Delegación para la Pastoral Vocacional, en comunión con la pastoral juvenil y la pastoral universitaria de nuestra Diócesis, así como con distintos movimientos, se ha organizado una vigilia vocacional en nuestra S.A.I. Catedral, el próximo viernes, 24 de abril, a las 21:00 horas.
Será una oportunidad para orar juntos por las vocaciones, escuchar el testimonio de quienes han respondido a la llamada del Señor y abrir el corazón a la voluntad de Dios en nuestras vidas. Un tiempo de encuentro, silencio y adoración, en el que se nos invita a todos —especialmente a los jóvenes— a preguntarnos qué quiere Dios de cada uno de nosotros.