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Ha fallecido el sacerdote diocesano Antonio López Belchí

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En este Viernes Santo ha fallecido, a los 79 años, el sacerdote diocesano y párroco de San Vicente Mártir de Molina de Segura, Antonio López Belchí. Sus restos mortales se velan en el tanatorio de la Consolación de Molina de Segura y mañana, Sábado Santo, a las 11:00 horas, será celebrado un responso, presidido por el obispo de Cartagena, en la Parroquia San Vicente Mártir.

 

Antonio López Belchí nació en Azuqueca de Henares (Guadalajara) el 18 de enero de 1943 y fue bautizado en la Parroquia San Miguel, de dicha localidad, el 14 de febrero de 1943. Con 16 años ingresó en el Seminario Menor San José, de la Diócesis de Cartagena, pasando después al Seminario Mayor San Fulgencio, donde realizó los estudios de Filosofía y Teología.

 

Fue ordenado presbítero el 12 de junio de 1969 en la Parroquia San Andrés Apóstol de Murcia, por Mons. Miguel Roca Cabanellas, obispo de Cartagena.

 

A partir de su nombramiento desempeñó los siguientes cargos pastorales:

 

– 1968-1972: Coadjutor de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Santomera.

– 1972-1975: Coadjutor de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Molina de Segura.

– 1975-1981: Cura ecónomo de la Parroquia Santiago Apóstol de Lorquí.

– 1977-1981: Encargado de la Parroquia la Purísima del Llano de Molina.

– 1981-1983: Cura ecónomo de la Parroquia San Pedro Apóstol de Alcantarilla.

– 1983-1992: Cura ecónomo de la Parroquia San Onofre de Alguazas.

– 1992-1994: Asignado de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Molina de Segura.

– 1994-1996: Párroco de Nuestra Señora de Fátima de Molina de Segura.

– 1996 hasta hoy: Párroco de San Vicente Mártir de Molina de Segura.

Descanse en paz.

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LAS LLAGAS DE JESUCRISTO, por Andrés F. Rodríguez Quesada

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Las jóvenes generaciones, desde una cosmovisión global y acomodada de la vida y del mundo, jamás se podían imaginar una situación tan esperpéntica como la que nos ha tocado vivir en la hora presente. Una guerra en el mismo corazón de la Europa de las «5G». Estos días estamos asistiendo al espectáculo de ver cómo millones de personas desplazadas vagan por múltiples países, así como a miles de personas que caen en una tierra que en vez de proveer para su presente y su futuro se convierte en una fosa donde ni siquiera se levantan unas dignas tumbas para cobijen sus restos. Pies cansados y doloridos de huir buscan en vano cireneos que los ayuden a levantar sus cruces. Sus voces resuenan como campanas al viento que nadie escucha.

Estamos en un mundo profundamente llagado y mientras las llagas sigan surcando la bendita tierra que el Creador nos regaló para que la administráramos, ¿quién puede traer un mínimo de esperanza a un mundo desolado y desesperanzado? ¿quién puede susurrarnos, quam suave brisa, que nos esperan días mejores y que lo mejor está por llegar? (cf. Jn 2, 1-12).

La respuesta emerge por sí sola: solo un Cristo llagado que ha pasado por la muerte puede infundirnos esperanza y vida: es el Cristo de la mañana de Pascua que seguimos hiriendo a causa de nuestros egoísmos. Un Cristo que conociendo el dolor extremo del desprecio y del abandono en la cruz es capaz de resucitar glorioso. Son las llagas con las que se presenta ante María Magdalena o ante sus discípulos (cf. Jn 20, 25). Y lo hace, porque son la seña de identidad del Señor Resucitado. En efecto, el cuerpo cubierto de llagas son la muestra del amor que Cristo tiene por cada uno de nosotros porque «nadie tiene amor más grande que aquél que da su vida por aquellos a los que ama» (cf. Jn 15,13). Un amor que Cristo comienza a derramar de forma sobreabundante desde la misma cruz.

El Cristo que hoy necesita el mundo no es el Cristo almibarado y timorato de épocas pretéritas. Un Cristo fracasado que ha vaciado nuestras Iglesias. El Cristo del cual el mundo tiene una imperiosa necesidad es el Resucitado. El único que puede desplegar ante un mundo transido por el pecado la garantía de la victoria en su propio cuerpo. Un cuerpo que se ofrece libremente por la salvación del mundo. Ningún otro dios que no haya experimentado en su propio cuerpo el egoísmo del corazón humano, el sufrimiento, el dolor o el abandono nos podrá aliviar en este momento trágico de nuestra historia.

Jesucristo no fue un profesor de moral ni un personaje modélico al cual admirar, sino nuestro Redentor. Aquel que fue capaz de tomar sobre sí lo peor de un mundo corrompido y convertirlo en ocasión de salvación por el poder de Dios. Cristo es aquél que desarmado puede entablar batalla con las únicas armas de la bondad, el amor y el perdón. Así las cosas, las llagas de Cristo nos enseñan que la vida es un combate y que solo si lo entablamos de su mano y con sus armas correremos su mismo destino. Sus llagas nos enseñan que la cruz de cada día es la llave de la puerta del cielo; que sin Viernes Santo no habrá Domingo de Resurrección. Que sin corona de espinas no habrá aureola de luz y que, si no sufrimos con Él, no reinaremos con Él. Pero, por otro lado, las llagas de Jesús nos recuerdan que ellas mismas son garantía de victoria y de salvación. Jesús dijo «yo he vencido al mundo» y nosotros lo haremos con Él si nos mantenemos a su lado.

Es urgente, pues, que despertemos del letargo del confort en el que nos hemos instalados casi impasibles ante lo que no nos afecte directamente a nosotros o, como mucho, a nuestros más allegados. Es hora de dejarnos fascinar por la figura de Aquel que entrega su vida por nosotros y de darlo a conocer con nuestra vida entera. Es el momento oportuno para dejarnos conmover como Él lo hizo por los hermanos que sufren a nuestro alrededor y entablar su mismo combate contra el mal. Estamos llamados a contemplar las llagas de Cristo en los que sufren y combatir con las mismas armas que nuestro Redentor contra aquellos que las provocan.

Que esta Semana Santa no pase de largo como una más del calendario, sino que nos haga conscientes de la urgencia de volver nuestro rostro a Cristo Redentor y, desde su mirada, entablar un combate decidido contra el mal que enraíza por doquier con nombres y formas muy diversas. Un mal que sigue agrandando las llagas de nuestro Señor, pero que no tiene la última palabra, pues ya fue derrotado el Domingo de Pascua.

Andrés Francisco Rodríguez Quesada

Párroco de El Alquian y Retamar

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JUEVES SANTO: “La autoridad es para servir, el maestro para amar”

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En la tarde del Jueves Santo, a las 17:30h, la Catedral abría sus puertas para la celebración de los oficios de la Cena del señor. Junto a nuestro obispo D. Antonio, concelebraba el obispo emérito del Congo que reside en nuestra diócesis.

Como apóstoles en el lavatorio se sentaban miembros de las tres hermandades que radican en la iglesia catedral. Un templo catedralicio que estaba realmente repleto de gente.

D. Antonio en la homilía hacía una reflexión sobre el día del amor fraterno haciendo un repaso de cómo Cristo reinterpreta aquella Pascua judía dándole una fuerza inusitada que sorprendió a los discípulos. “Precisamente, el amor que Cristo pidió a sus seguidores a sus discípulos no es cualquier amor. Es amor COMO Cristo amó. Un amor tomando la condición de esclavo, pasando por uno de tantos, lavando los pies a los discípulos… porque la autoridad es para servir, el maestro es para amar y nosotros hemos de amar como el ama”.

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Viernes Santo, la celebración de la Pasión del Señor

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El Viernes Santo recordamos la Pasión del Señor y adoramos su Cruz. La celebración en la catedral será a las doce horas.

La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312).

Siguiendo una antiquísima tradición, no se celebra la Eucaristía. Cristo crucificado es el centro de la liturgia de hoy.

La celebración de la Pasión del Señor se desarrolla con la liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y la sagrada Comunión. Antes de la adoración de la Cruz, la oración universal, que expresa el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo.

Terminada la celebración, se despoja el altar, dejando la cruz con cuatro candelabros y se dispone un lugar adecuado (por ejemplo, la capilla donde se colocó la reserva de la Eucaristía el Jueves Santo), para colocar allí la cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla y permanecer en oración y meditación.

Tampoco se celebra este día ningún otro sacramento, a excepción de la penitencia y de la unción de los enfermos. Las exequias han de celebrarse sin canto, sin órgano y sin tocar las campanas.

El Viernes de la Pasión del Señor es un día de penitencia  para toda la Iglesia por medio de la abstinencia y el ayuno. El artículo completo puedes leerlo en el siguiente enlace.

La celebración del Viernes Santo

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Lo que redime es el amor de Cristo

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La Misa en la Cena del Señor marca el inicio del Triduo Pascual, los días más importantes del Año Cristiano.

Las distintas parroquias de la diócesis preparan con esmero las celebraciones de estos días. En la Catedral, el obispo Álvarez presidía la Solemne Eucaristía en la que recordaba  las actitudes de Jesús, aquellas con las que vivió los días que ahora se conmemoran. «Lo que redime es el Amor con la que Cristo se entregó a su pasión y muerte» -señaló- para invitar a los cristianos a hacer suyas dichas actitudes en la vida y entrega a los demás, para lo cual es preciso alimentarse del Pan Eucarístico.

Además,  subrayó que en la celebración del Jueves Santo se pone el foco en tres acontecimientos que tienen su origen en la Última Cena: la institución de la Eucaristía, del sacerdocio  y el mandamiento del Señor sobre la caridad. Por eso la Iglesia celebra el Jueves Santo el día del Amor Fraterno.

Al finalizar la homilía se realizó lavatorio de los pies, que manifiesta el servicio y el amor de Cristo, que ha venido “no a ser servido, sino a servir”. En esta ocasión, un grupo de mujeres y hombres de la Hermandad del Santísimo de la Catedral fueron los que participaron en este hondo gesto.

Al término de la Misa, se realizó la procesión claustral con el Santísimo Sacramento hasta el Monumento, en la capilla de los Remedios, para su adoración y meditación.

Por otro lado, la tarde del Jueves Santo, numerosas procesiones se realizan en todos los rincones de la diócesis con la participación de hermandades y cofradías.

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«Participar en la Eucaristía exige estar dispuestos a ofrecer la vida»

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En su homilía en la Misa «In Coena Domini», celebrada en la Catedral de Málaga este Jueves Santo, Mons. Catalá ha recordado que «la liturgia de esta tarde no invita a ofrecer al Padre el sacrificio de su Hijo Jesús y a ofrecernos nosotros con Él»

«Participar en la Eucaristía –ha señalado el obispo– exige a los fieles cristianos estar dispuestos a ofrecer también su vida, a ejemplo del Señor, como enseña el Concilio Vaticano II: “Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cima de toda vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a sí mismos juntamente con ella” (Lumen gentium, 11)».

D. Jesus Catalá ha recordado que en esta jornada se celebra también el Día del Amor Fraterno: «La Iglesia, como familia de los hijos de Dios, y cada uno de los fieles cristianos somos discípulos del Señor, que ofreció su vida para servir. Damos gracias a Dios por las innumerables iniciativas solidarias que todas las Diócesis, a través de sus Cáritas desarrollan siempre, para socorrer las necesidades básicas de quienes se encuentran en condiciones de mayor precariedad».

El prelado se ha referido a la situación del pueblo de Ucrania y ha agradecido «todas las muestras de solidaridad y de caridad cristiana con los hermanos más necesitados, exhortando a vivir en fidelidad al Maestro de Nazaret su mandato de servicio a los hermanos».

En su petición final, se ha dirigido a Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, implorando «su protección maternal para las personas más golpeadas por la tragedia de la guerra y el hambre».

Lee la homilía íntegra en este enlace.

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La institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies marcan los oficios del Jueves Santo

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Con la celebración de la Cena del Señor daba comienzo, esta tarde en la Catedral, el Triduo Pascual. Tres días solemnes, en los que los cristianos rememoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, se dirigía, poco antes de las 7 de la tarde, al primer Templo de Jaén. Allí, se congregaban numerosos fieles que quería participar en la celebración Eucarística en el día del amor fraterno, una celebración, que, a pesar del uso obligatorio de la mascarilla, recupera el esplendor y la normalidad anterior a 2020.

En la Puerta del Perdón, los seminaristas, que han acolitado la celebración, daban a besar el Lignum Crucis al Prelado jiennense, para el que es su primera Semana Santa como Obispo del Santo Reino.

La celebración ha estado concelebrada por el Obispo emérito, Don Amadeo Rodríguez Magro y una amplia representación del Cabildo Catedral.

Las lecturas han estado participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por uno de los seminaristas. El Evangelio fue proclamado por el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz.

El acompañamiento musical corrió a cargo del canónigo emérito D. Alfonso Medina, al órgano, y las voces las han puesto el canónigo D. Emilio Samaniego y los seminaristas.

En la homilía
El Prelado jiennense ha comenzado su predicación explicando las lecturas proclamadas. En este sentido ha abundado en la idea de que “El Antiguo Testamento nos introduce en el marco de aquella cena de despedida, con las prescripciones de la cena pascual judía, pero será Pablo quien nos recuerda el contenido central de nuestra celebración. El texto de Juan, en cambio, nos descubre los sentimientos de piedad, de servicio, de obediencia y de amor con los que Cristo se acercó al momento culminante de su muerte y vivió aquella vigilia memorable de su Pasión, en la que nos anticipaba el misterio de su entrega en la Cruz”.

Del mismo modo, ha querido profundizar en el significado de este día del amor fraterno, el que llevó a Cristo a entregar la vida por sus amigos: “Desde aquel primer Jueves Santo este amor de Cristo entregado a la muerte por nosotros es el cimiento del mundo, la fuerza invisible que ilumina las mentes de los hombres y purifica nuestros corazones del pecado y de la corrupción, es el gran amor que nos abre el camino hasta Dios y nos hace capaces de amar sinceramente a los demás, amigos y enemigos, como verdaderos hermanos”. Don Sebastián ha querido significar la importancia de la labor de Cáritas, en este Jueves Santo: “En el día del amor fraterno se nos llama a que seamos generosos con Cáritas, para que, a través de esta realidad eclesial, podamos atender en nombre de todos nosotros, en nombre de la Iglesia, las necesidades de nuestros hermanos necesitados: los pobres, transeúntes, inmigrantes, los refugiados, los que no tienen un hogar”.

 Para finalizar su homilía y antes del lavatorio de los pies, el Obispo de Jaén ha manifestado, “Este es el mundo nuevo que ahora quiere que nazca de su muerte vivida como entrega y sacrificio. Un mundo en el que los hombres reconozcan la soberanía de Dios y aprendan de Él a vivir como hermanos en la verdad, el amor y la generosidad. Jesús nos dio la lección suprema sobre la naturaleza del verdadero amor”.

 Lavatorio de los pies
Humildad y servicio son dos de los signos que encierran este gesto que cada Jueves Santo se repite y que rememora el lavatorio de Jesús a sus discípulos antes de la institución de la Eucaristía. Después de dos años suspendido a causa de la pandemia, el Obispo se ha despojado de su casulla, se ha ceñido una toalla y ha ido lavando los pies a doce fieles que situados en el presbiterio han hecho las veces de apóstoles.

Monumento
Al concluir la Eucaristía, se realizó la reserva del Santísimo. Los seminaristas abrían la procesión con la cruz y los ciriales. A continuación, los concelebrantes, con velas que abrían paso al Cordero Eucarístico. El Obispo, con Copón que contenía la reserva eucarística, bajo palio cerraba el cortejo. Desde el Altar Mayor del templo Catedral, se dirigieron, acompañados por un numeroso grupo de fieles, hasta la Cripta del Sagrario, allí estaba instalado el Monumento. Tras proceder a la reserva del Santísimo, el Obispo se arrodilló ante Él, y se hicieron unos minutos de silencio y adoración, que concluyeron con el cántico Tantum Ergo.

Galería fotográfica: «Jueves Santo 2022»

 

De nuevo, en procesión, el Pastor del Santo Reino, junto con el resto de los canónigos, seminaristas y concelebrantes regresaron a la Catedral, concluyendo así la Cena del Señor del Jueves Santo.

 

La Cripta permanecerá abierta durante toda la noche y miembros de la Adoración Nocturna celebraron una vigilia de oración y adoración.

La celebración de mañana, Viernes Santo, dará comienzo a las cinco de la tarde. Al concluir, el oficio de la Pasión del Señor, siguiendo la secular costumbre, el Obispo impartirá la bendición con el Santo Rostro desde los balcones de la Catedral.

 

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Los internos de Botafuegos celebran la Semana Santa

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Los internos del Centro Penitenciario de Botafuegos están viviendo la Semana Santa con múltiples actos organizados por la Pastoral Penitenciaria. A finales de febrero se fueron eliminando las limitaciones de la pandemia. Cada semana tienen la Eucaristía, la catequesis en módulos, el taller de apoyo a estudiantes o el taller de Sacramentos de iniciación; para Cuaresma y Semana Santa se han organizado los siguientes actos extraordinarios:

El 26 de marzo tuvieron un concierto de Semana Santa “Arte y Pasión” con el coro “Sal y Arena” de Algeciras, en el que a través de narraciones, cantos populares, flamenco… les transportó a las escenas de la pasión y a la vivencia popular de la Semana Santa.

El miércoles, 30 de marzo, se realizó una oración-adoración de Cuaresma, guiada por el P. Juan Galvín y la consagrada Verónica Ruiz. El silencio y cantos, tuvieron un efecto sanador que se manifestó en los testimonios espontáneos de los internos.

El 2 de abril se realizó el III Pregón Cofrade Penitenciario, en colaboración con la Hermandad Trinitaria del Cristo de las Tres Caídas, Virgen de la Trinidad y San Juan de Mata a cargo de Sonia López Cano. Ante la imagen de Jesús Rescatado, Jesús preso revivieron los sentimientos cofrades.

El 6 de abril celebramos el Acto Penitencial de Cuaresma para los internos. El P. Antonio Garrido, junto a los sacerdotes trinitarios realizaron la confesiones individuales. Este Sacramento, en la prisión, tiene una gran profundidad y significado.

El Domingo, 9 de abril, la Hermandad Trinitaria del Tres Caídas nombró hermanos honoríficos a Instituciones Penitenciarias del Centro Penitenciario de Algeciras, por la colaboración en la misión de reinserción social de los privados de libertad. Esta colaboración se realiza a través de la Pastoral Penitenciaria y en la Fundación Prolibertas con varios programas acompañando desde la prisión, ofreciendo acogida a los internos que verdaderamente quieren cambiar y no tienen apoyo social y participando en el programa de empleo para una reinserción socio laboral.

Junto con toda la Iglesia también en el Centro Penitenciario celebraron el Domingo de Ramos y en estos días el Triduo Pascual. Los acompaña el seminarista Carlos Reguero. Agradecen a todos los voluntarios que hacen posible esta pastoral y hacen un llamamiento porque necesitan más, que sigan cumpliendo lo que Jesús nos pide “estuve en la cárcel y viniste a verme” (Mt 25,36)

Os pedimos una oración por los privados de libertad, en su sufrimiento está presente la pasión de Jesús y os pedimos para que todos muramos al mal, para resucitar a la vida con Cristo.

Sergio García, Trinitario.

Delegado de Pastoral Penitenciaria y Capellán de Botafuegos.

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El Obispo preside en la Santa Iglesia Catedral la Misa Vespertina del Jueves Santo 

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El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha presidido esta tarde en la Santa Iglesia Catedral la Misa Vespertina del Jueves Santo, con la que se inicia el Triduo Sacro.

En su homilía, ha recordado que «Jesús, fiel a la tradición, se reúne con sus discípulos». Sin embargo, aquello era sólo la sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas (Heb 10, 1). «La nueva Pascua es el sacrificio que ahora se instituye, la Eucaristía. Mediante la sangre de Cristo, celebramos la salida de la esclavitud hacia la filiación divina, de la muerte a la vida».

El obispo ha continuado hablando de la «nueva Pascua fundada en el amor divino. Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Jn 13, 1)».Y «Amar hasta el extremo significa hasta la muerte» y también «significa para Cristo Amar hasta los extremos de la Eucaristía, más allá de la muerte». En este sentido, ha subrayado que «la Eucaristía es fruto de esta muerte, la recuerda y la renueva, pero la proclama como principio de la resurrección, hasta que Él vuelva, hasta el final de los tiempos y de nuestra historia».

Además, Mons. Santiago Gómez, ha señalado que «Jesús ha amado hasta el extremo, incluyéndonos a nosotros». Ha amado a los «suyos» —a los que entonces estaban con Él— «y a todos los que debían heredar de ellos el sacramento».

El Pastor de la diócesis ha indicado también que «el amor hasta el extremo se hace servicio», de modo que «dándose a Sí mismo en la comunión eucarística ya se pone a nuestro servicio: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa”. Además, ha señalado, «Jesús se arrodilló delante de los Apóstoles para lavar sus pies»: «Os he dado el ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Jn 13, 15).

En el día de la institución del sacerdocio, el Pastor de la diócesis ha expresado que «tenemos que ser conscientes de que no podemos ser sacerdotes, ministros de la Eucaristía, sino sirviendo». Y se ha dirigido a todos para recordar que «no podemos recibir a Cristo, sino dejándonos servir por Él y sirviendo». Como Jesús nos dice: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 5, 12).

La celebración ha terminado con el traslado en procesión solemne del Santísimo Sacramento al lugar preparado para la reserva.

La Delegación Diocesana para la Liturgia recuerda que el Jueves Santo conmemora un triple misterio: la institución de la Sagrada Eucaristía, la institución del sacerdocio y el amor fraterno. La Eucaristía es el centro y raíz de los otros misterios, puesto que los origina y los exige. Este triple misterio queda plasmado con la Misa, la adoración del Santísimo en el monumento y el lavatorio de los pies.

La Misa de la Cena del Señor es el centro de la liturgia del Jueves Santo. La Sagrada Eucaristía nos muestra el Sacrificio de la Alianza definitiva que Dios realiza, en Cristo, con los hombres.

Las lecturas de la Misa inciden en estas ideas: la Eucaristía es la verdadera pascua (primera lectura y Evangelio) y la continuación de la Ultima Cena de Cristo en la celebración de la Iglesia a lo largo de los siglos (segunda lectura).

El Lavatorio de los pies es una catequesis sobre la Eucaristía y una parábola en acción sobre el mandamiento nuevo: la Caridad. Cristo ha venido no para ser servido, sino para servir (Mt 20, 28).

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Conocemos testimonios de la labor de las Hermandades y Cofradías

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Carmen María Flores Vázquez, cofrade de la Hermandad de las Tres Caídas de Jerez de la Frontera, nos cuenta su testimonio de la labor caritativa que se realiza en esta realidad eclesial.

Carmen María Flores Vázquez, es la persona encargada en la junta de gobierno de la Hermandad de las Tres Caídas de Jerez de Frontera de la labor caritativa. En este vídeo nos cuenta su testimonio de lo que supone ayudar a los demás desde su Hermandad, pero también desde Cáritas Parroquial del templo diocesano de los Cuatro Evangelistas.

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