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Carta de Pascua 2022: «Cristo vive y te quiere vivo»

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Muy queridos fieles diocesanos:

“¿A quién buscáis? ¿A Jesús el nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16,6), dijo el ángel a las santas mujeres. Sí, aquel Jesús que fue escarnecido, golpeado y escupido por todos; aquel hombre que, con una corona de espinas en la cabeza y por cetro una caña, fue presentado por Pilato como rey de burla a la multitud; aquel crucificado que, hasta en la hora de su agonía tuvo que escuchar aquella cruel ironía: “Si eres Hijo de Dios baja de la cruz” (Mt 27,40); aquel nazareno que en la hora de su gran tribulación no hace otra cosa sino callar y perdonar; aquel hombre que tiene el poder, después de muerto, para oscurecer el sol y estremecer las mismas entrañas de la tierra; es el mismo hombre que vence para siempre a la muerte.

He aquí la mejor noticia, la más jubilosa, en el más luminoso amanecer de la historia humana: ¡Cristo vive! Con su pasión y muerte nos libró del pecado, y con su resurrección nos ha conseguido la vida eterna.

Vivamos con gozo la mayor de todas las fiestas que tenemos los cristianos, y en torno a la cual gira el año litúrgico. La Iglesia lleva tan en el alma la resurrección de Cristo que no la celebra solo en este tiempo, sino que la rememora cada ocho días, cuando llama a sus hijos a su altar, para celebrar la Pascua cada domingo.

Pascua, fundamento de nuestra fe

La resurrección de Jesús es el acontecimiento culminante y decisivo en el que se funda la fe cristiana, nuestra fe. Como dice san Pablo, “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe” (1Co 15,17); su resurrección, su triunfo sobre el mal, el pecado y la muerte es principio de vida nueva para la humanidad y fuente de un gozo inmenso.

Si hemos de tener por verdad la palabra y los milagros de Jesús, con lo que se manifiesta que Él era Hijo de Dios, hemos de tener, necesariamente por verdad, su resurrección, sin la cual su palabra no sería Palabra de Dios ni sus milagros realizados con el poder de Dios. Gracias a la resurrección del Señor, podemos decir con esperanza, y a pesar de todos los males que nos afligen, que el Amor existe, que es real y que tiene un nombre y un rostro: Jesús de Nazaret.

En este tiempo alegre de Pascua se afianza la fe del pueblo creyente, donde podemos pasar de la tibieza o la duda a la firmeza de la fe, como le pasó al apóstol Tomás: “si no lo veo no lo creo”. Jesús se deja tocar y le muestra sus llagas, y Tomás confiesa: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). La fe en el resucitado no es una sencilla consecuencia de un razonamiento, sino fruto de un encuentro con Jesús, de donde brota la fe.

Este misterio, que celebramos cada año, quiere introducir en nuestra vida una renovación de la fe y de la esperanza, que desemboca en un amor ardiente capaz de transformarlo todo. “La buena noticia de la resurrección debería transparentarse en nuestro rostro, en nuestro sentimiento y actos, en el modo cómo tratamos a los otros (…) Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los otros: cuando sabemos reír con quien ríe, y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y está a punto de perder la esperanza, cuando contamos nuestra experiencia de fe a quien está en la búsqueda de sentido y de felicidad” (Papa Francisco, Ángelus 6 de abril 2015).

Pascua, alegre anuncio

Cuando alguien tiene una experiencia profunda no la puede callar, por más que sus palabras no lograrán nunca expresar la intensidad, viveza y grandeza de la experiencia. Con nuestra vida hemos de anunciar la resurrección. En nuestras opciones y nuestra conducta, en nuestra forma de ser y actuar, hemos de mostrar que creemos de verdad que Jesús está vivo y que es posible vivir el mensaje de amor que nos dejó. Entonces, nuestra vida contagiará la alegría de la Pascua, el entusiasmo de quien ha descubierto el mensaje más importante de todos los tiempos: que Jesús el Nazareno, el Crucificado, no está en el sepulcro, sino que vive para siempre.

Celebrar la Pascua es confesar que en la historia y en el mundo ha entrado una fuerza que todo lo renueva y lo transforma. Este es el Espíritu del Resucitado, que vence a cualquier tempestad, que sana toda dolencia, que revive lo caduco, que aniquila la violencia con el don de la paz, que nos hace ser hombres nuevos.

Demos testimonio de lo que nuestros ojos han visto y nuestros oídos han escuchado, sin miedo ni vergüenza. Los discípulos con la fuerza del Espíritu, fueron capaces de recorrer todo el orbe anunciando lo que parecía una locura: que un crucificado había vuelto a la vida y que vivía para siempre; que murió por toda la humanidad por redimirla del pecado, venciendo la muerte y adquiriendo para todos la vida eterna; y que este Hombre era Dios, entregándonos su Amor plenamente.

Quizá, nosotros tenemos demasiados miedos. El ambiente que respiramos no favorece el anuncio de nuestra fe; la cultura en la que vivimos se ha cerrado a la trascendencia y dificulta proclamar la Buena Noticia. Pero también nosotros contamos, como aquellos discípulos, con el soplo y la fuerza del Espíritu de Jesús, que nos hace sentir que está vivo y nos quiere vivos.

Vivos, alegres y caminando juntos; en sinodalidad que es el modo propio de ser Iglesia, de vivir la comunión y de llevar a cabo el mandato misionero. Queremos hacer realidad, en nuestra Diócesis, lo que el documento preparatorio califica como la finalidad del sínodo universal: “hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos” (Documento Preparatorio del Sínodo n. 32).

Bajo tu amparo, madre de la Pascua

En este tiempo festivo se nos invita, especialmente, a vivir con María, en las distintas devociones marianas que llenan de flores nuestras ermitas, basílicas y santuarios, a la espera del Espíritu Santo como hicieron los apóstoles: “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,14).

Nosotros no podemos ser cristianos sin ser marianos, porque Cristo ha entrado en nuestra historia por la mediación de María. El Espíritu Santo ha venido sobre la Iglesia y sobre el mundo con la intercesión de María. Y nuestra transformación en Cristo se produce siempre por obra del Espíritu Santo con la ayuda de la Madre. Por tanto, la relación con María no es algo secundario en la vida cristiana, es una necesidad vital. No podemos vivir sin María. Así lo entiende y lo vive el pueblo cristiano, a lo largo de todo el año, y particularmente en este tiempo de alegría pascual.

Son muchas las fiestas y romerías marianas que se celebran en toda nuestra Diócesis, y a las cuales deseo participar en cuanto pueda; pues quiero experimentar la devoción tan grande que esta tierra profesa a la Madre de Dios.

¡La alegría y la paz del Resucitado llenen vuestro corazón! Hago mío el saludo que el Señor daba a sus discípulos: “La Paz esté con vosotros”. Y que esa misma Paz de Dios se extienda a todos los corazones, a todos los hogares y a todas las naciones.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

   + Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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#HazMemoria: Esta semana hablamos de Familia y Vida

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«Una familia que es llamada a compartir el amor»

Todas las instituciones sufren, en este tiempo, los cambios fuertes y las transformaciones profundas y rápidas en la sociedad y en la cultura. La familia los padece de un modo más íntimo pues en muchos casos, esas transformaciones se dirigen a modificar su esencia ampliando su definición: cuando todo es familia, nada es familia. En este contexto, la Iglesia, que se describe a sí misma como familia de familias y que es consciente de que la familia es uno de los bienes más valiosos de la humanidad, reconoce la aportación insustituible de la familia, defiende sus valores y anima y sostiene a quienes han decidido sacar adelante con libertad su propio proyecto familiar.

La familia es la primera institución humana. El amor fecundo entre el hombre y la mujer están en el corazón de la naturaleza humana. La igual dignidad de ambos y su valiosa complementariedad sostienen una relación que permite a los hijos que nacen de ella un entorno seguro en el que poder desarrollar su humanidad protegidos por el amor de sus padres. Además, un ambiente familiar de protección, respeto y libertad que se basa en el amor es el mejor ambiente para el desarrollo de los rasgos personales de los hijos y su maduración.

En la familia se realiza de manera primera y fundamental la vocación genuina del ser humano que es el amor. El amor está en el origen de la existencia y en la vocación final de cada persona: somos creados por amor y somos creados para el amor. Los vínculos que se establecen en la familia entre el varón y la mujer, entre los padres y los hijos, entre los hermanos, son relaciones de amor. Esa relación se entreteje de entrega y sacrificio. Sostiene a sus miembros en los momentos de dificultades y los impulsa hacia delante en los momentos favorables.

De la misma forma que cada persona es imagen de Dios y en ello radica su dignidad infinita, cada familia es imagen del amor de Dios en sus tres personas y está llamada a una comunión entre sus miembros. La Iglesia propone esta mirada a la familia y por eso se ofrece a ella y se entrega para hacerla visible en este tiempo y en esta sociedad concreta.

En primera persona

Ibeth Salavaldez, peruana, se quedó embarazada con 20 años de un chico que en esos momentos ni siquiera era su novio, aunque en la actualidad es su marido. En sus pensamientos siempre estuvo seguir adelante con el embarazo, aunque todo el mundo le invitaba a no hacerlo. Llamó a unos cuantos centros de los varios folletos que le ofrecieron, pero la voz cálida al otro lado del teléfono de la asociación “El fruto de tu vientre” hizo que se decidiera a acudir a ella. Ahora tiene dos hijos y asegurara que tener ese niño «fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida, porque le dio sentido a todo«.

La Iglesia cuenta con cerca de 250 centros para la familia y defensa de la vida, con casi 84.000 beneficiarios.

”El acompañamiento que ofrecen las asociaciones para la defensa

de la vida es mucho más importante que cualquier ayuda material”

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Cáritas Diocesana y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación firman un acuerdo de colaboración

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Cáritas Diocesana y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación firman un acuerdo de colaboración

A través de este convenio, firmado el pasado 8 de abril con la presencia de Miguel Ángel Castro, rector de la Universidad de Sevilla, y Mariano Pérez de Ayala, director de Cáritas Diocesana de Sevilla, la ETSIE se compromete a ofrecer asesoramiento e información en vivienda a personas en situación de exclusión social.

Entre las acciones que tanto el profesorado como el alumnado llevarán a cabo para concretar este convenio se encuentra el acompañamiento en las gestiones relacionadas con las instalaciones básicas de viviendas (electricidad, agua, gas, etc.) de personas en situación de vulnerabilidad y/o exclusión social. Asimismo, asesorarán sobre accesibilidad en viviendas, especialmente en adaptación de baños y/o rampas a los domicilios.

Por otra parte, se ofrecen a informar sobre las reparaciones, deficiencias o mantenimiento en viviendas, para que cumplan con condiciones de habitabilidad, así como a buscar empresas de construcción, además de profesionales libres, que colaboren en la consecución de los proyectos de reformas de las viviendas de forma desinteresada, con precios simbólicos o económicos, ayudando a financiarlos total o parcialmente.

Finalmente, el convenio incluye que desde la ETSIE se emitirán informes patológicos y de salubridad, levantamientos de planos de viviendas y se impartirá formación sobre eficiencia energética que ayude a ahorrar en los consumos de las instalaciones y prevención de riesgos.

La acción de la Universidad de Sevilla estará gestionada además por el Vicerrectorado de Servicios Sociales, Campus Saludable, Igualdad y Cooperación.

De esta forma, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación pasará a formar parte de las Entidades con Corazón que tiene Cáritas Sevilla, agentes comprometidos por el bien común y la justicia social, priorizando así la promoción y la inserción de las personas en situación de exclusión social.

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Doce semanas para hacer Memoria: #HMFamiliayVida

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La Iglesia da a conocer en este mes de abril su proyecto #HazMemoria. Durante doce semanas se quiere traer a nuestra memoria lo que es la vida de la Iglesia en los más variados ámbitos de su trabajo diario: desde el anuncio del Evangelio a la actividad socio sanitaria, desde la acogida a los enfermos a la catequesis de niños y jóvenes, desde la celebración de la eucaristía a la compañía a presos o mujeres abandonadas.

Cada semana recordamos lo que la Iglesia hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Ofrecemos tres testimonios de quienes llevan a cabo ese trabajo y quienes se benefician de él.

Acceder a #HazMemoria

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#CampañaXtantos: «La Iglesia curó las heridas de mi infancia. Ahora ayudo a curar las de otros»

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Con seis años, Álvaro Sicán se vio metido en el mundo de las pandillas de su país, Guatemala. El padre Álvaro, hoy capellán de prisiones en España, ha visto morir compañeros “por sobredosis y balas”. Asegura que si no es por la Iglesia, él probablemente sería uno de esos presos a los que hoy ayuda como sacerdote.

Pensó que era un disfraz lo que vestía aquel hombre menudo que se le acercó con confianza, cuando la mayoría de la gente lo que hacía era alejarse de un drogadicto como él. En realidad, era el hábito franciscano de un fraile que propició –ahora lo reconoce, en aquel tiempo no– su encuentro trascendental con la Iglesia. A pesar de que sus padres eran muy religiosos, Álvaro Sicán había permanecido siempre ajeno a una institución a la que, con el tiempo, dedicaría toda su vida. Su historia tuvo, aquel día, un antes y un después.

La infancia de este guatemalteco de 39 años estuvo marcada por experiencias muy negativas que forjaron en él una personalidad rebelde. Recuerda sus primeros años de vida bajo la atmósfera de la inestabilidad política y la guerra civil en su país. Ciertas amistades y su espíritu independiente le llevaron a dejar de lado los estudios y su sueño de ser deportista de élite para entrar a formar parte de una pandilla y abusar de los estupefacientes.

“Las pandillas de entonces no eran como las de hoy –remarca–. Tenían un sentido de hermandad, de compartir, de juego… Ciertamente había mucha droga, pero no había tanta violencia como ahora se ve”. Aquellos años complejos, no obstante, le ayudaron a forjar la persona que es hoy: “Gracias a aquello, puedo ver la vida de otra manera. De no haber sido por aquellas experiencias fuertes que viví, ahora no podría hacer lo que hago”.

“Aquí veo la labor grande de la Iglesia: ese trabajo de acompañar a gente a la que todo el mundo da la espalda”

Y es que, pasados los años, el hoy padre Álvaro se ocupa de sanar las heridas de tantos jóvenes perdidos como él en aquel entonces, que pagan sus errores con una pena de privación de libertad. Es fraile mercedario y trabaja como capellán de la prisión de Zuera, el principal centro penitenciario de Aragón.

En la Orden de la Merced a la que pertenece, ha encontrado sin duda su vocación. Y es que los miembros de esta orden se comprometen con un cuarto voto a dar su vida si es necesario por rescatar a quienes se encuentren en peligro, algo que él tenía claro desde su más tierna infancia.

Con solo cinco o seis años, una experiencia traumática marcó su vida. Volviendo del colegio, se encontró el revuelo alrededor de una casa en llamas en cuyo interior se encontraba atrapado uno de sus amigos. “Me escapé de los bomberos y estuve a riesgo de morir en el incendio por salvar a mi amiguito”, recuerda. La muerte de aquel niño fue quizá la chispa que prendió en él el incendio de la evasión que consumiría gran parte de su juventud, hasta que aquella conversación con el franciscano le llevó a querer salir de la espiral de sinsentido en la que había caído y conocer a los padres mercedarios.

“Yo no tuve experiencia de cárcel –señala–, pero sí que vi cómo muchos compañeros acabaron en ella. Muchos se suicidaban, otros murieron de sobredosis o con un tiro en el cuerpo sin poder llamar a un médico que los socorriese, y a otros no podíamos ir a visitarlos, porque ya te relacionaban y podían detenerte también. Teníamos una promesa de que si alguno se salvaba tenía que ir a salvar al resto y, en cierta medida, creo que es lo que me ha llevado a meterme en este mundo. Nunca me planteé ser sacerdote, pero me dijeron: ‘¿Quieres?’. Y aquí estoy».

El padre Álvaro trabaja en el ámbito de la prisión en tres aspectos fundamentalmente: en la prevención, evitando que los jóvenes caigan en el pozo de la cárcel; en el acompañamiento a los que ya han caído, apoyándolos material y espiritualmente, haciendo de puente entre ellos y sus familias o siendo la familia de los que están solos; y en la reinserción de los que ya han salido, ofreciéndoles herramientas que eviten que vuelvan a delinquir como pisos de acogida, asesoramiento legal, formación o ayuda en la búsqueda de empleo.

“Dios me ha guiado para ver las dos caras de la misma moneda. Sin esas experiencias fuertes que he vivido, hoy no sería el que soy ni haría lo que hago”

“Trabajamos antes, durante y después de la cárcel –afirma con voz pausada pero firme, propia de quien no se asusta de nada porque ha visto de todo–. Es un trabajo integral. En el plano de la fe, somos conscientes de que no somos nosotros los que vamos a llevarles a Dios, porque Dios ya está allí. Les ayudamos a hacer el proceso de descubrir a Dios en medio de esa realidad”.

En ese proceso de reconstrucción de la persona, Álvaro trabaja por restañar las llagas en el plano humano, psicológico y espiritual: “Tratamos de ir curando las heridas tanto externas como internas a través del perdón. Es importante reconciliarnos primeramente para después poder salir al encuentro del otro”.

Una Iglesia en salida que acude en socorro de quien quizá solo necesita una sonrisa sin reproches, un oído atento, una mano tendida como la que recibió aquel día el padre Álvaro de parte de aquel misterioso hombre disfrazado.

Marcando la ‘X’ de la Iglesia en tu declaración de la renta ayudas a más de 4 millones de personas. X Álvaro, X ti, X tantos

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El Obispo en la Misa de la Hermandad del Silencio: «Anunciad la humildad de Cristo y la maternidad de María»

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En la tarde del Martes Santo, a las dieciocho horas, Don Sebastián Chico Martínez, Obispo de la Diócesis, presidió la celebración eucarística que la Hermandad del Silencio realiza previamente a su salida procesional.

Fue recibido por D. Juan Ignacio Damas, párroco de Cristo Rey, y por el Hermano Mayor de la Hermandad D. Raúl Sigler. Con un templo abarrotado, se dirigió en primer lugar a los pasos procesionales interesándose por algunos aspectos de los mismos. En el paso del Stmo. Cristo le llamó la atención la antigüedad de la talla, datos que fueron facilitados por el Hermano Mayor, y del paso de la Madre de Dios, paso que reconoció como el que había visto en el Museo provincial, por el gloria del techo de palio, sobre el que se le informó que estaba inspirado en una tabla que se ubica en la Santa Capilla de Andrés, institución que es una de las madrinas de la Madre de Dios. También se fijó en el azahar que había esparcido por la mesa del paso de palio, diciendo tras acercarse a olerlo, “huele como huele mi tierra”.

Saludando y departiendo con muchos de los hermanos que se encontraban en el templo, se dirigió al presbiterio donde se arrodilló unos instantes para orar antes de ir a la sacristía a prepararse para la celebración.

Ya durante la misma, después de afirmar lo contento que estaba por haber sido acogido por la parroquia, y por la Hermandad, instó a los hermanos a que ante la disyuntiva que nos proponía la lectura evangélica del día, ser como Judas (del que se preguntó que corazón endurecido tendría cuando Jesús le lavase los pies) o como Pedro (que negó a Jesús y después se arrepintió), fueran como Pedro, pero siempre con la humildad de pedir perdón, pues muchos son los que dicen: “Te seguiré Señor donde quieras que vayas” pero llegado el momento, se acobardan ya que son frágiles.

Animó a los Hermanos del Silencio a que en esa manifestación hermosa que iban a realizar saliendo a la calle, anunciasen la humildad de Cristo y la maternidad de María, y que con humildad fueran verdaderos Hijos de Dios y verdaderos hijos de nuestra Madre. Finalizó sus palabras diciendo que ante la disyuntiva de ser como Judas o como Pedro, tal vez fuera mejor ser como Juan, que estuvo firme a los pies de la cruz, cerca de Cristo y de María.

Después de dedicarle unas palabras a la Hermandad en su libro de cultos, se despidió de todos los presentes con palabras de ánimo ante la duda e incertidumbre que en esos momentos inundaba a todos los allí presentes.

Hermandad del Silencio de Jaén

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Rejano, una Semana Santa para el reencuentro

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Rejano, una Semana Santa para el reencuentro

Tras dos años de pandemia, los habitantes de Rejano, una pedanía de Caniles, volvieron a reunirse para celebrar su Semana Santa.

La mayoría de estos feligreses viven fuera del pueblo, pero este año pudieron volver a reunirse para celebrar con gran devoción estas fiestas de Semana Santa, sobre todo la tradicional Vigilia Pascual. La noche del Sábado Santo, al finalizar la Vigilia, los escopeteros destruyeron y quemaron un muñeco que simbolizaba a Judas , quien entregó a Jesús. Mientras, la Hermandad de San Antonio convidaba a los asistentes a una copa de una bebida casera llamada “cuerva” y a unos dulces llamados rejanitos. Una tradición que, tras la pandemia se vuelve a retomar, tan viva como siempre.

Rafael Tenorio

Párroco de Rejano

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La Pastoral de la Ecología lanza un vídeo con motivo de la Romería de la Virgen de la Cabeza

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Con motivo de la Romería de la Virgen de la Cabeza, fiesta de la patrona de la Diócesis de Jaén. Desde la pastoral de la Ecología, lazamos un vídeo «promocional», para intentar concienciar a todos los asistentes a la Romería, la importancia de cuidar el entorno del Parque Natural de la Sierra de Andújar .

Este Parque Natural, es una muestra del paisaje alomado típico de Sierra Morena. Refugio para un gran número de especies emblemáticas amenazadas.

Nuestra Patrona quiere vernos disfrutar en el cerro, quiere que la acompañemos en su fiesta, quiere que la visitemos en el  templo…

Pero para nada quiere que ensucies su casa, que maltratéis ni a los animales,  ni a las plantas, que viven con Ella el resto del año y, desde luego, no quiere la basuraleza en su jardín.

Recordad, con un solo vidrio roto en el campo, lo podemos perder todo.

Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades. Laudato Si´14

Cuidemos entre todos la «Casa Común». Feliz Romería de la Virgen de la Cabeza.

 

Pastoral de la ecología

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«Con la resurrección de Cristo la fe no es algo irracional, sino muy lógico y humano»

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«A veces se ataca a los cristianos de tener una fe ilógica e irracional; sin embargo, la resurrección de Cristo da racionalidad y humanidad a la fe; creer es razonable y propio del ser humano». Son palabras del Obispo de Málaga, Jesús Catalá en la homilía pronunciada en la Catedral durante la Misa del Domingo de Pascua.

Y es que, señala Mons. Catalá, «la verdad de la resurrección de Cristo no depende de nuestra comprensión, ni de nuestra emotividad, ni de nuestros sentimientos, ni siquiera de nuestra fe en ella. Se trata de un acontecimiento histórico, objetivo, que ocurrió: Cristo ha resucitado por amor de su Padre-Dios».

Como explicó el prelado, «gracias a la resurrección de Jesucristo la noche se convierte en día y la oscuridad en luz; la muerte pierde su aguijón y se convierte en vida; la relación del hombre con Dios, rota por el pecado, queda restaurada; el vacío y el sinsentido del ser humano queda lleno e iluminado; la tristeza se torna en gozo; el pecado es borrado por la gracia; la enemistad se supera con el perdón; y las heridas provocadas por el pecado quedan cicatrizadas».

Asimismo, D. Jesús ha ahondado en la verdad de la resurrección y la vida nueva en Cristo, que no es un hecho figurado sino que «acontece a través de la vida y del testimonio de la Iglesia, porque ella misma es la primicia de esa transformación, obra de Dios.

Lee la homilía íntegra en este enlace.

Todas las homilías del Sr. Obispo durante la Semana Santa están disponibles en este otro enlace.

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PALABRA DE VIDA. Monseñor Rico Pavés : “Bendita mañana de Pascua que, con el anuncio de Cristo resucitado, nos trae la imagen bella de la Iglesia portadora de esperanza”

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La semana estrena inicio. El amanecer de su primer día ha disipado para siempre la oscuridad de la noche. El alba trae la noticia que todo lo cambia: Jesucristo resucitado; Satanás derrotado; el pecado redimido; la muerte muerta; el llanto, por fin y para siempre, consolado. La liturgia vespertina recoge los primeros rayos de luz que quiebran las tinieblas, invitándonos a participar en la Santa Vigilia Pascual. Durante esta noche, la Iglesia celebra el triunfo de Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte, proclama el triunfo de su resurrección e invita a toda la humanidad a pasar con Cristo de las tinieblas a la luz, del error a la verdad, de la muerte a la vida, del pecado a la santidad. Para rescatar al siervo, envió el Padre a su Hijo amado. El pecado y la muerte, definitivamente derrotados. Cristo vive para siempre. La cincuentena pascual será marco privilegiado para el encuentro renovado con el Resucitado.

La noticia de la resurrección del Señor es primero constatación de un hecho que acontece en la historia y supera los límites del espacio y del tiempo. Una aparición extraordinaria pone nombre a lo sucedido: no se debe buscar entre los muertos al que vive para siempre. Para comprender lo acontecido es necesario recordar la promesa del Maestro: al tercer día -había dicho- resucitará el Hijo del hombre. En la mañana de Pascua las mujeres reciben una misión superior a la de los apóstoles. Serán ellas las que lleven a éstos el anuncio de la resurrección. Las que madrugaron para ofrecer los últimos auxilios al cuerpo sin vida de su Señor, se encontraron llevando las primicias de la esperanza para toda la humanidad. El corazón madrugador de aquellas mujeres despertó del sueño de la desesperanza a los que debían ser los cimientos de la Iglesia. Bendita mañana de Pascua que, con el anuncio de Cristo resucitado, nos trae la imagen bella de la Iglesia portadora de esperanza. Una pregunta, que no envejece, propone cada año la Iglesia durante el Tiempo santo de Pascua a María Magdalena: “¿Qué has visto de camino, María en la mañana?” y una respuesta, siempre nueva, la Iglesia recibe de sus labios con inmensa alegría: “Resucitó de veras, mi amor y mi esperanza”. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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