Inicio Blog Página 3972

Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio recibieron el Bautismo en la Solemne Vigilia Pascual de la Catedral

0

El Obispo, D. Antonio Gómez Cantero presidió su primera Vigilia Pascual en nuestra diócesis de Almería. Al salir de la Sacristía se encontraba con el templo totalmente a oscuras, iluminado únicamente por el fuego nuevo que iba a bendecir en el Claustro. Posteriormente, tras la incisión de la cruz, del alfa y el omega y de los otros signos en el Cirio, incrustó los cinco granos de incienso, en recuerdo de las llagas del Señor. Para culminar el rito encendiendo el Cirio Pascual con el nuevo fuego, símbolo de la vida y la resurrección. Al finalizar este rito, comenzó la procesión hasta el Presbiterio al que le acompañaron los catecúmenos que iban a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, una comunidad neocatecumenal que, después de muchos años de formación, renovaron solemnemente, sus promesas bautismales y un numeroso grupo de fieles.

En su homilía, D. Antonio se dirigió con afecto a los que iban a recibir el bautismo: “Ahora, en esta Noche Santa, seis adultos han pedido a la Iglesia el Bautismo: Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio.  En el bautismo cada persona es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca, ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que lleva en sí la promesa de eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la que ahora son insertados, les acompañará siempre, incluso en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; les brindará consuelo, fortaleza y luz”.

Después, el pueblo fiel renovó sus promesas bautismales y el Prelado los asperjó con agua bendita, como símbolo del agua que recibieron en su Bautismo.

Antes de finalizar, el Prelado impartió la bendición apostólica con indulgencia plenaria. La celebración eucarística terminaba entonando el Regina Coeli.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Concierto por el aniversario del nacimiento de la Reina Isabel con el Coro Tomás Luis de Victoria en la Capilla Real el 22 de abril

0

Concierto por el aniversario del nacimiento de la Reina Isabel con el Coro Tomás Luis de Victoria en la Capilla Real el 22 de abril

El concierto se celebrará en conmemoración del aniversario del nacimiento de la Reina Isabel La Católica que tuvo lugar el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres. El recital comenzará a las 20 horas.

Dentro del programa de actos del V Centenario del traslado de los restos de los Reyes Católicos desde el Monasterio de San Francisco de la Alhambra hasta la Capilla Real el viernes, 22 de abril, tendrá lugar un concierto con el Coro de Cámara Tomás Luis de Victoria a las 20 horas y la entrada será libre.

Este coro dirigido por Pablo García Miranda interpretara un repertorio musical polifónico típico de la época renacentista en la que vivió la Reina Isabel. Fue fundado en 1997, con la finalidad de recuperar, interpretar y difundir la música del Renacimiento y Barroco con una dedicación preferente a la música española. Sus miembros poseen una amplia experiencia en Música Antigua.

También en el marco de la celebración del nacimiento de la Sierva de Dios Isabel La Católica, el domingo 24 de abril la Misa de las 10 de la mañana en la Capilla Real estará dedicada a la acción de gracias por la figura de la reina y se depositará una ofrenda floral en su memoria.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía del Arzobispo de Sevilla en la celebración de la Cena del Señor

0

Homilía de Jueves Santo (14 de abril de 2022).

Catedral de Sevilla

El día de Jueves Santo es un día señalado en la vida de la comunidad cristiana. Si la celebración eucarística siempre es memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, hoy lo es de manera especial porque recordaremos aquel primer Jueves Santo de la historia en el que Cristo se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua. En esta celebración instituye la nueva Pascua de la Nueva Alianza en la que se ofrece en sacrificio por la salvación de todos. A lo largo de cuarenta días hemos estado preparando el Triduo Pasqual que hoy comienza.

La primera lectura que hemos escuchado transmite el ritual y el significado de la Pascua judía. El pueblo judío en su cena pascual conmemoraba la Historia de la Salvación, las maravillas de Dios para con su pueblo. Esta transmisión se hacía en familia, en el momento de comer el cordero pascual. El más pequeño de la familia preguntaba y el más anciano respondía con un recorrido histórico-salvífico recordando las obras prodigiosas del Señor hacia su pueblo, rememorando especialmente la liberación de la esclavitud de Egipto. Cada familia comía el cordero pascual en esta celebración tan especial. Jesús celebra también la cena pascual con los apóstoles y, dentro de esta celebración pascual judía, instituye la nueva Pascua de la nueva Alianza, en la que Él mismo se ofrece en sacrificio por nuestra salvación. En la Última Cena nos hace el mayor don, un don que humanamente no podríamos ni imaginar: quedarse entre nosotros de un modo misterioso pero real en la Eucaristía.

La Eucaristía es sacrificio. Es el sacramento del cuerpo inmolado de Cristo y de su sangre derramada por todos nosotros. En la Última Cena esto se anticipa. A lo largo de la historia este sacrificio redentor se irá actualizando en cada celebración eucarística. Es el sacrificio de la Nueva Alianza en la que Cristo es Sacerdote y víctima. La Eucaristía es alimento, es el nuevo alimento que da vida y fuerza al cristiano mientras peregrina hacia el Padre. La Eucaristía es el pan vivo bajado del cielo, el pan de vida eterna. Alimentado, fortalecido por la Eucaristía, el ser humano puede afrontar con garantías la difícil peregrinación de la vida.

 La Eucaristía es presencia de Cristo entre nosotros. Esta presencia implica una actitud de adoración por nuestra parte y una actitud de comunión, de comunicación personal con Él. La presencia eucarística nos garantiza que Él permanece entre nosotros y opera la obra de la salvación. La Eucaristía es misterio de fe. Después de la consagración el celebrante exclama: “Este es el Sacramento de nuestra fe”. Misterio que no podemos comprender, que no podemos abarcar, que sobrepasa absolutamente nuestras capacidades humanas. Misterio que podemos penetrar, que podemos entender progresivamente por gracia de Dios y con una actitud humilde y contemplativa, con una actitud de adoración.

Es el centro y la clave de la vida de la Iglesia. Es la fuente y la raíz de la existencia cristiana. Eucaristía es toda nuestra vida. No es una práctica que nos asegure la salvación y que esté desligada de la vida cotidiana. Es toda la vida que se compromete, que se une a Cristo, que se recapitula en un ofrecimiento a Él. Eucaristía es comunión y es comunidad, comunidad de vida y amor. Así como los granos de trigo triturados forman el pan que se convertirá en el Cuerpo de Cristo, así todos los miembros de la comunidad forman su Cuerpo, su Pueblo, su Familia, que es portadora y constructora de comunión con la humanidad.

 Hoy pedimos al Señor que nos conceda una vida profundamente eucarística, de entrega, de ofrecimiento, de acción de gracias a Dios por su amor; de acción de gracias al Señor Jesucristo porque nos manifiesta su amor salvándonos, dando la vida por nosotros.

En la misma cena, Cristo instituye el sacerdocio ministerial. Mediante este sacerdocio se podrá perpetuar el sacramento de la Eucaristía. El prefacio de la misa crismal nos desvela el sentido: Él elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a los fieles el banquete pascual, preceden a al pueblo santo en el amor, lo alimentan con la palabra y lo fortalecen con los sacramentos; y al entregar su vida por Dios y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de dar testimonio constante de fidelidad y amor.

Y junto al sacramento de la fe y del amor, nos da el mandamiento del amor. “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. Antes se fundamentaba el amor en la recompensa esperada a cambio, o en el cumplimiento de una norma externa e impuesta. Ahora el amor cristiano se fundamenta en Cristo. Él nos ama hasta dar la vida. Ésta debe ser la medida del amor del discípulo. El ser humano no tiene capacidad para poder amar así. No es el fruto de un esfuerzo, sino un don de Dios. Dios es amor y fuente de todo amor. Ésta debe ser la señal, la característica de reconocimiento del discípulo de Jesús, del amigo de Jesús: amar hasta dar la vida. Así lo expresa Él mismo. Éste es el mandamiento que debe vivir el hombre nuevo redimido y renovado por Cristo en la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios. Un amor más fuerte que la muerte. Porque la muerte ha sido vencida por Cristo y por su amor, derramado en nuestros corazones.

Jesús nos da ese mandamiento del amor justamente en la institución de la Eucaristía. No se trata de la última recomendación de un amigo entrañable que marcha lejos, o el consejo del padre o de la madre que ven cercana su muerte. Es algo más profundo. Es la afirmación del dinamismo que Él pone en nosotros. Por el bautismo empezamos una vida nueva que es alimentada por la Eucaristía. El dinamismo de esta vida lleva a amar a los demás y es un dinamismo en crecimiento hasta dar la vida. Es como si Jesús nos dijera que si amamos así, y sólo si amamos así, demostramos que somos cristianos.

Por último, en este Jueves Santo hemos de contemplar y meditar el lavatorio de los pies. En una actitud total de siervo, lava los pies de los apóstoles y les recomienda que lo hagan unos a otros. Hay algo más que una lección de humildad en ese gesto del Maestro. Es como una anticipación, como un símbolo de la Pasión, de la humillación total que sufrirá para salvar a todos los hombres. ¡Qué difícil es la humildad! ¡Cuánto cuesta practicarla! Dice Romano Guardini que “la actitud del pequeño que se inclina ante el grande, todavía no es humildad. Es simplemente, verdad. El grande que se humilla ante el pequeño es lo verdaderamente humilde”. Por eso Jesucristo es el auténticamente humilde. Su encarnación y muerte en la cruz son la mayor prueba de humildad. Él es el primer humilde. Ante este Cristo humilde nuestras esquemas se rompen. No entendemos. La lógica humana nos lleva a servir al poderoso, al superior, nunca al inferior. Jesucristo cambia los valores meramente humanos y nos invita a que le sigamos: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”

Continuamos nuestra celebración. Actualizamos la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, contemplamos el gesto del lavatorio de los pies, escuchamos el mandamiento del amor. Repetiremos ahora las palabras y gestos del Señor. Seamos testigos de este amor suyo en medio de la Iglesia y del mundo. Vivamos con intensidad las celebraciones de estos días. Dejémonos llevar de la mano por la Madre, María Santísima, que nos enseña el camino del seguimiento de Jesucristo. Que así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Ver este artículo en la web de la diócesis

Una familia que es llamada a compartir el amor

0

Todas las instituciones sufren, en este tiempo, los cambios fuertes y las transformaciones profundas y rápidas en la sociedad y en la cultura. La familia los padece de un modo más íntimo pues en muchos casos, esas transformaciones se dirigen a modificar su esencia ampliando su definición: cuando todo es familia, nada es familia. En este contexto, la Iglesia, que se describe a sí misma como familia de familias y que es consciente de que la familia es uno de los bienes más valiosos de la humanidad, reconoce la aportación insustituible de la familia, defiende sus valores y anima y sostiene a quienes han decidido sacar adelante con libertad su propio proyecto familiar.

La familia es la primera institución humana. El amor fecundo entre el hombre y la mujer están en el corazón de la naturaleza humana. La igual dignidad de ambos y su valiosa complementariedad sostienen una relación que permite a los hijos que nacen de ella un entorno seguro en el que poder desarrollar su humanidad protegidos por el amor de sus padres. Además, un ambiente familiar de protección, respeto y libertad que se basa en el amor es el mejor ambiente para el desarrollo de los rasgos personales de los hijos y su maduración.

En la familia se realiza de manera primera y fundamental la vocación genuina del ser humano que es el amor. El amor está en el origen de la existencia y en la vocación final de cada persona: somos creados por amor y somos creados para el amor. Los vínculos que se establecen en la familia entre el varón y la mujer, entre los padres y los hijos, entre los hermanos, son relaciones de amor. Esa relación se entreteje de entrega y sacrificio. Sostiene a sus miembros en los momentos de dificultades y los impulsa hacia delante en los momentos favorables.

De la misma forma que cada persona es imagen de Dios y en ello radica su dignidad infinita, cada familia es imagen del amor de Dios en sus tres personas y está llamada a una comunión entre sus miembros. La Iglesia propone esta mirada a la familia y por eso se ofrece a ella y se entrega para hacerla visible en este tiempo y en esta sociedad concreta.

La entrada Una familia que es llamada a compartir el amor se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Mons. Zornoza presidió la solemne Vigilia Pascual en la Catedral

0

La S.A.I. Catedral de Cádiz acogió la noche del Sábado Santo la Vigilia Pascual para celebrar la Resurrección. Durante esta celebración, presidida por el obispo diocesano que comenzó con el lucernario a las 23 horas, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana bautizando en esta ocasión, a cuatro catecúmenos adultos y a un recién nacido.

La bendición del fuego nuevo es un rito que se hace cada noche santa para dar luz a las tinieblas de esa noche. El cirio pascual es encendido con ese fuego y tras el acto, se encienden todas las velas repartidas a los fieles para dar luz al templo y comenzar así el canto del Pregón Pascual.

Tras las siete lecturas, Mons. Rafael Zornoza en su homilía decía que esta no es una fiesta del pasado «Celebramos algo presente. El misterio de Dios es eterno, siempre vive. Nosotros celebramos alguien que vive y cuya victoria es nuestra victoria. Nosotros podemos resucitar con Él y esa es una gracia actual. Si nuestra existencia esta unida a Él en una muerta como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Por el bautismo quedamos transformados y transfigurados para que con la fe, la esperanza y el amor, la vida sea la de otros Cristos que viven esta vida».

«Bautizados en la muerte y resurrección del señor podemos salir de la desesperanza del mundo y de la muerte -seguía el prelado- Cristo ha bajado al sepulcro, a la muerte, a las tinieblas, para sacarnos del abismo. Demos gracias a Dios Padre que nos ha sacado del dominio de la tinieblas y nos ha trasladado al reino de su hijo querido».

Por último se dirigió a los cuatro catecúmenos y al recién nacido para expresarles que «no hay un honor más grande ni una aristocracia mayor en la historia de los hombres que ser bautizados. Entremos juntos en este cielo nuevo y nosotros renovémoslo renunciando al pecado y confesando de nuevo, para ser ante el mundo viviendo en medio de él, un testimonio del Salvador».

Ver este artículo en la web de la diócesis

De Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, un mensaje de paz y amor

0

Este pasado Domingo de Ramos la Virgen de la Paz, de la Hermandad de la Paz, llevaba en sus cirios dos palabras: paz y vida. El lema de la Hermandad es: El fruto de la Victoria de Cristo es la Paz. La combinación de paz, vida y amor tiene efectos transformadores en cualquier relación a escalas muy distintas, de lo individual a lo local y también a escala global. Hoy se discute a nivel de geoestrategia mundial si vivimos en un mundo unipolar, bipolar o multipolar. No parece que el paisaje que se dibuja ante estas alternativas este presidido por la paz y el amor. Actualmente hay en el mundo numerosos conflictos armados. Según datos de ACNUR, existen en el mundo 70,8 millones de personas que están forzadas a desplazarse de su lugar de origen por conflictos armados, bien originados por guerras civiles o por guerra entre Estados. De acuerdo con Wikipedia hay actualmente 53 guerras activas. La guerra de Ucrania, iniciada por la invasión rusa sobre este país, es muy grave. No parece que inspire un mundo que busca la concordia y la paz, camino para el bien común. Pero hay otros conflictos, este siglo está viviendo situaciones de guerra en Siria, Sudán, República Centroafricana, Nigeria, República Democrática del Congo, Afganistán, franja de Gaza, Pakistán, Irak. Europa se muestra como un espacio deseado para los migrantes que huyen de conflictos, lo vemos en la tragedia de Ucrania, pero también en relación con los migrantes africanos que chocan con concertinas y mueren en el mar Mediterráneo, y los que huían del conflicto en Siria. También hay muchos campos de refugiados como el existente en Tinduf (Argelia) que recoge refugiados saharuis desde hace 45 años. Todos estos ejemplos nos muestran imágenes alejadas del amor y la paz en este tiempo de Semana Santa.

Cada día esta semana vemos pasos con imágenes en los pasos que recorren las calles, que nos muestran el camino seguido por Jesús desde la entrada en Jerusalén hasta su Resurrección. Cada escena que vemos es un mensaje de amor, comprensión, entrega y paz. El tiempo de Semana Santa, como cualquier época del año es tiempo para leer el Evangelio y meditar su contenido. En el libro de Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, en su segunda parte, describe el tiempo de la vida de Jesús que transcurre entre la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Consideramos que es un libro de lectura muy recomendable en este tiempo que vivimos. Son muchos los acontecimientos de este tiempo esencial en nuestra fe, y están explicitados de una manera magnifica en el libro de Benedicto XVI. No es objeto de esta contribución al blog realizar un relato de la inmensa sabiduría interpretativa de los hechos del Señor que relata el libro. Pero escogeremos algunos para invitar a su lectura completa.

Nos refiere a Marcos (11, 17) donde se manifiesta la purificación del templo frente a los que lo convierten en cueva de ladrones, una clara manifestación contra los abusos. El mundo es un templo de oración global y la geopolítica actual, impregnada de tecnocapitalismo lo ha convertido en cueva de ladrones. El Evangelio en su conjunto nos da mucho material para la interpretación y análisis del mundo actual. La Semana Santa, observando las procesiones y visitando los templos nos genera un campo apropiado para la meditación. La Oración del Señor en el Huerto de los Olivos, de acuerdo con el libro citado, nos hace un llamamiento a la vigilancia ya que la somnolencia, mostrada a través de los discípulos esa noche, es una ocasión favorable para la manifestación del poder del mal a través del embotamiento del alma que conduce a que no nos inquiete la injusticia y el sufrimiento que devastan la Tierra, de acuerdo con Benedicto XVI. Nos remite el texto a Juan (18, 36) cuando Jesús dice “Mi reino no es de este mundo. Mi reino no es de aquí”. De acuerdo con el Papa Emérito, con estas palabras Jesús crea Jesús un nuevo concepto de reino y de realeza, en definitiva de poder, que nos debe hacer meditar. Jesús en la cruz constituye un pasaje esencial de la Semana Santa, con una importante imaginería que lo muestra. La primera palabra de Jesús en la cruz es, siguiendo el relato del libro: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas, 23,34). Las mujeres junto a la cruz tienen su lugar en el libro y todos los evangelistas recogen el hecho. Y al tercer día resucitó. De acuerdo con Benedicto XVI, el tercer día no es una fecha teológica sino el día de un acontecimiento que para los discípulos ha supuesto un cambio decisivo tras la catástrofe de la cruz. Al tercer día se descubre el sepulcro vacio y ocurre el encuentro con el Resucitado. De acuerdo con el Papa Emérito, Jesús viene del mundo de la pura vida, viene realmente de Dios. Salgamos a la calle, con todas las precauciones posibles dentro de la realidad que vivimos, a vivir la realidad del recorrido de las Hermandades y Cofradías. Pero miremos en el corazón cada uno lo que representa la Semana Santa.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Una sesentena de fieles reciben el sacramento de la Confirmación en Campotéjar

0

Una sesentena de fieles reciben el sacramento de la Confirmación en Campotéjar

El pasado 8 de abril la comunidad parroquial de Campotéjar celebró el sacramento de la Confirmación de un grupo de sesenta personas. Jóvenes y adultos recibieron el último de estos sacramentos de la iniciación cristiana en la iglesia del Señor de la Expiración.

Un gran grupo de 60 confirmandos celebraron con alegría la recepción de este sacramento de manos del arzobispo, D. Javier Martínez. Una veintena de jóvenes y unos cuarenta adultos llenaron este templo de la localidad de Campotéjar ya solo con la presencia de sus padrinos y familiares.

El grupo de jóvenes llevaba años recibiendo catequesis y esperaban recibir el sacramento hace un par de años, pero la pandemia obligó a aplazar la celebración. Llegado el día, los chicos lo recibieron con mucha alegría y en un clima muy familiar. “Yo he estado en muchas confirmaciones y esta fue muy bonita, muy acogedora”, asegura Aida, su catequista desde que recibieron la Primera Comunión. “Lo vivimos como si nos conociésemos de toda la vida, con mucha confianza”.

«ES JESUCRISTO QUIEN CONFIRMA»

Concelebrando junto al sacerdote Klemens Proszowski, que también ha participado de la preparación catequética del grupo de adultos, Mons. Martínez recordó a los jóvenes que este sacramento es una confirmación de que Dios responde a ese estar “hechos para un amor sin límites” de cada uno de ellos, que estaban presentes allí demostrando que lo conocen en Jesucristo.

“Es Jesucristo quien confirma. Él nos amó a todos en la cruz. En el tormento de la cruz, que es uno de los instrumentos de tortura más terribles que han existido, pide perdón para los que le estaban crucificando, para que no haya ningún hombre o ninguna mujer que pueda decir: ‘Es que Dios no comprende lo que estoy sufriendo’”, dijo el arzobispo. “Dios no puede entender lo que estoy pasando”.

A los chicos se les recordó la importancia de un gesto tan pequeño como el de la imposición de las manos, que concentra el signo sacramental. “La imposición de las manos significa una especie de abrazo de Dios. Era un gesto por el que los hijos de Abraham, señalaban la parte que les tocaba del rebaño en la distribución de la herencia”, explicó D. Javier. “Vosotros sois la herencia del Señor. ¡Sois el lote preferido del Señor! Es como un abrazo a Jesucristo que no retirará nunca, pase lo que pase en la vida”.

Invitados así a vivir esta alegría “pura y verdadera”, los sesenta confirmandos de Campotéjar recibieron este sacramento que culmina el don recibido por cada uno durante el Bautismo.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

Ver este artículo en la web de la diócesis

Cristo vive y te quiere vivo

0

CARTA PASTORAL DE PASCUA 2022.

CRISTO VIVE Y TE QUIERE VIVO

Muy queridos fieles diocesanos:

“¿A quién buscáis? ¿A Jesús el nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16,6), dijo el ángel a las santas mujeres. Sí, aquel Jesús que fue escarnecido, golpeado y escupido por todos; aquel hombre que, con una corona de espinas en la cabeza y por cetro una caña, fue presentado por Pilato como rey de burla a la multitud; aquel crucificado que, hasta en la hora de su agonía tuvo que escuchar aquella cruel ironía: “Si eres Hijo de Dios baja de la cruz” (Mt 27,40); aquel nazareno que en la hora de su gran tribulación no hace otra cosa sino callar y perdonar; aquel hombre que tiene el poder, después de muerto, para oscurecer el sol y estremecer las mismas entrañas de la tierra; es el mismo hombre que vence para siempre a la muerte.

He aquí la mejor noticia, la más jubilosa, en el más luminoso amanecer de la historia humana: ¡Cristo vive! Con su pasión y muerte nos libró del pecado, y con su resurrección nos ha conseguido la vida eterna.

Vivamos con gozo la mayor de todas las fiestas que tenemos los cristianos, y en torno a la cual gira el año litúrgico. La Iglesia lleva tan en el alma la resurrección de Cristo que no la celebra solo en este tiempo, sino que la rememora cada ocho días, cuando llama a sus hijos a su altar, para celebrar la Pascua cada domingo.

Pascua, fundamento de nuestra fe
La resurrección de Jesús es el acontecimiento culminante y decisivo en el que se funda la fe cristiana, nuestra fe. Como dice san Pablo, “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe” (1Co 15,17); su resurrección, su triunfo sobre el mal, el pecado y la muerte es principio de vida nueva para la humanidad y fuente de un gozo inmenso.

Si hemos de tener por verdad la palabra y los milagros de Jesús, con lo que se manifiesta que Él era Hijo de Dios, hemos de tener, necesariamente por verdad, su resurrección, sin la cual su palabra no sería Palabra de Dios ni sus milagros realizados con el poder de Dios. Gracias a la resurrección del Señor, podemos decir con esperanza, y a pesar de todos los males que nos afligen, que el Amor existe, que es real y que tiene un nombre y un rostro: Jesús de Nazaret.

En este tiempo alegre de Pascua se afianza la fe del pueblo creyente, donde podemos pasar de la tibieza o la duda a la firmeza de la fe, como le pasó al apóstol Tomás: “si no lo veo no lo creo”. Jesús se deja tocar y le muestra sus llagas, y Tomás confiesa: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). La fe en el resucitado no es una sencilla consecuencia de un razonamiento, sino fruto de un encuentro con Jesús, de donde brota la fe.

Este misterio, que celebramos cada año, quiere introducir en nuestra vida una renovación de la fe y de la esperanza, que desemboca en un amor ardiente capaz de transformarlo todo. “La buena noticia de la resurrección debería transparentarse en nuestro rostro, en nuestro sentimiento y actos, en el modo cómo tratamos a los otros (…) Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los otros: cuando sabemos reír con quien ríe, y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y está a punto de perder la esperanza, cuando contamos nuestra experiencia de fe a quien está en la búsqueda de sentido y de felicidad” (Papa Francisco, Ángelus 6 de abril 2015).

Pascua, alegre anuncio
Cuando alguien tiene una experiencia profunda no la puede callar, por más que sus palabras no lograrán nunca expresar la intensidad, viveza y grandeza de la experiencia. Con nuestra vida hemos de anunciar la resurrección. En nuestras opciones y nuestra conducta, en nuestra forma de ser y actuar, hemos de mostrar que creemos de verdad que Jesús está vivo y que es posible vivir el mensaje de amor que nos dejó. Entonces, nuestra vida contagiará la alegría de la Pascua, el entusiasmo de quien ha descubierto el mensaje más importante de todos los tiempos: que Jesús el Nazareno, el Crucificado, no está en el sepulcro, sino que vive para siempre.

Celebrar la Pascua es confesar que en la historia y en el mundo ha entrado una fuerza que todo lo renueva y lo transforma. Este es el Espíritu del Resucitado, que vence a cualquier tempestad, que sana toda dolencia, que revive lo caduco, que aniquila la violencia con el don de la paz, que nos hace ser hombres nuevos.

Demos testimonio de lo que nuestros ojos han visto y nuestros oídos han escuchado, sin miedo ni vergüenza. Los discípulos con la fuerza del Espíritu, fueron capaces de recorrer todo el orbe anunciando lo que parecía una locura: que un crucificado había vuelto a la vida y que vivía para siempre; que murió por toda la humanidad por redimirla del pecado, venciendo la muerte y adquiriendo para todos la vida eterna; y que este Hombre era Dios, entregándonos su Amor plenamente.

Quizá, nosotros tenemos demasiados miedos. El ambiente que respiramos no favorece el anuncio de nuestra fe; la cultura en la que vivimos se ha cerrado a la trascendencia y dificulta proclamar la Buena Noticia. Pero también nosotros contamos, como aquellos discípulos, con el soplo y la fuerza del Espíritu de Jesús, que nos hace sentir que está vivo y nos quiere vivos.

Vivos, alegres y caminando juntos; en sinodalidad que es el modo propio de ser Iglesia, de vivir la comunión y de llevar a cabo el mandato misionero. Queremos hacer realidad, en nuestra Diócesis, lo que el documento preparatorio califica como la finalidad del sínodo universal: “hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos” (Documento Preparatorio del Sínodo n. 32).

Bajo tu amparo, madre de la Pascua
En este tiempo festivo se nos invita, especialmente, a vivir con María, en las distintas devociones marianas que llenan de flores nuestras ermitas, basílicas y santuarios, a la espera del Espíritu Santo como hicieron los apóstoles: “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,14).

Nosotros no podemos ser cristianos sin ser marianos, porque Cristo ha entrado en nuestra historia por la mediación de María. El Espíritu Santo ha venido sobre la Iglesia y sobre el mundo con la intercesión de María. Y nuestra transformación en Cristo se produce siempre por obra del Espíritu Santo con la ayuda de la Madre. Por tanto, la relación con María no es algo secundario en la vida cristiana, es una necesidad vital. No podemos vivir sin María. Así lo entiende y lo vive el pueblo cristiano, a lo largo de todo el año, y particularmente en este tiempo de alegría pascual.

Son muchas las fiestas y romerías marianas que se celebran en toda nuestra Diócesis, y a las cuales deseo participar en cuanto pueda; pues quiero experimentar la devoción tan grande que esta tierra profesa a la Madre de Dios.

¡La alegría y la paz del Resucitado llenen vuestro corazón! Hago mío el saludo que el Señor daba a sus discípulos: “La Paz esté con vosotros”. Y que esa misma Paz de Dios se extienda a todos los corazones, a todos los hogares y a todas las naciones.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Monseñor Saiz exhorta a los sevillanos a ser “testigos de Cristo resucitado en el siglo XXI”

0

Monseñor Saiz exhorta a los sevillanos a ser “testigos de Cristo resucitado en el siglo XXI”

El Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, presidió ayer la Misa por la Resurrección del Señor en la Catedral de Sevilla, a la que acudieron centenares de personas para celebrar juntos el culmen del misterio pascual.

Durante su homilía, monseñor Saiz recordó que a partir de ahora “tenemos 50 días para ir saboreando, degustando, nutriéndonos y también entendiendo un poco más de este misterio pascual de nuestra salvación”.

Continuó subrayando que en la Pascua debe destacar una actitud de “alegría porque Cristo ha resucitado, ha vencido a la muerte y al pecado”. Asimismo, insistió en que con la liturgia “actualizamos el misterio de Cristo que transforma nuestra vida, que nos convierte y nos hace crecer en nuestra realidad de Hijos de Dios, de miembros de Cristo y templos del Espíritu”.

Por otra parte, refiriéndose a las palabras del apóstol San Pablo en una de sus cartas, declaró que si Cristo no hubiera resucitado “los cristianos seríamos los más ingenuos, los más perdidos y los más engañados entre los hombres”, pese a que el mensaje del Evangelio “sea el más sublime que se haya escrito”. Sin embargo, “la Resurrección es señal de que Él es el Hijo eterno de Dios que ha venido para salvarnos. Cristo ha resucitado y eso tiene que marcar profundamente nuestra vida personal como incide en la Historia”.

Ante este hecho, pidió a los sevillanos ser “testigos de Cristo resucitado en el siglo XXI, en el tercer milenio, porque también nosotros hemos recibido y acogido esa salvación que el Señor nos ofrece, esa vida nueva, esa vida de unión con Él”.

En esta línea, dio gracias a Dios porque en Sevilla “la transmisión de la fe que es tan importante en la vida de la Iglesia todavía se realiza con normalidad en las familias, en las parroquias, en las escuelas, en las hermandades, en los movimientos…Seguramente tenemos muchos aspectos que mejorar, pero todavía el proceso de secularización que afecta a Europa occidental aquí no tiene tanta fuerza, y de nosotros depende que no solo no gane fuerza, sino que retroceda a través de una vida auténtica y coherente como discípulos del Señor”. Al respecto, señaló que los cristianos no deben ocultar su fe: “No nos vamos a avergonzar del Señor que ha dado su vida en la cruz por nosotros. Bien lo hemos contemplado y meditado estos días. No vamos a tener miedo de nada ni de nadie”. Al contrario, explicaba, “lo propio de la vida pascual es buscar lo bienes de arriba, porque no podemos peregrinar con una doble vida, a ratos soy muy creyente y muy devoto y rezo mucho y cumplo mis prácticas religiosas, pero después vivo como el mundo, con los criterios de esta sociedad nuestra materialista y consumista. Si habéis resucitado con Cristo –recalcó- buscad los bienes de arriba”.

Esta experiencia se plasma, según el Arzobispo hispalense, en vivir con coherencia y autenticidad. Un camino –reconoció- muchas veces difíciles, por este motivo, invitó a ir de la mano de María la Virgen, para que “nos guíe y acompañe”.

Finalmente, instó a contemplar durante esta Pascua el encuentro de María con Jesús resucitado, “una escena que no está narrada en los evangelios pero que existió sin duda” y concluyó su homilía exhortando a todos los sevillanos a ser “testigos de Cristo en medio del mundo”.

Fotografías de Miguel Ángel Osuna

Ver este artículo en la web de la diócesis

#HazMemoria| Una familia que es llamada a compartir el amor

0

#HazMemoria| Una familia que es llamada a compartir el amor

Todas las instituciones sufren, en este tiempo, los cambios fuertes y las transformaciones profundas y rápidas en la sociedad y en la cultura. La familia los padece de un modo más íntimo pues en muchos casos, esas transformaciones se dirigen a modificar su esencia ampliando su definición: cuando todo es familia, nada es familia. En este contexto, la Iglesia, que se describe a sí misma como familia de familias y que es consciente de que la familia es uno de los bienes más valiosos de la humanidad, reconoce la aportación insustituible de la familia, defiende sus valores y anima y sostiene a quienes han decidido sacar adelante con libertad su propio proyecto familiar.

La familia es la primera institución humana. El amor fecundo entre el hombre y la mujer están en el corazón de la naturaleza humana. La igual dignidad de ambos y su valiosa complementariedad sostienen una relación que permite a los hijos que nacen de ella un entorno seguro en el que poder desarrollar su humanidad protegidos por el amor de sus padres. Además, un ambiente familiar de protección, respeto y libertad que se basa en el amor es el mejor ambiente para el desarrollo de los rasgos personales de los hijos y su maduración.

En la familia se realiza de manera primera y fundamental la vocación genuina del ser humano que es el amor. El amor está en el origen de la existencia y en la vocación final de cada persona: somos creados por amor y somos creados para el amor. Los vínculos que se establecen en la familia entre el varón y la mujer, entre los padres y los hijos, entre los hermanos, son relaciones de amor. Esa relación se entreteje de entrega y sacrificio. Sostiene a sus miembros en los momentos de dificultades y los impulsa hacia delante en los momentos favorables.

De la misma forma que cada persona es imagen de Dios y en ello radica su dignidad infinita, cada familia es imagen del amor de Dios en sus tres personas y está llamada a una comunión entre sus miembros. La Iglesia propone esta mirada a la familia y por eso se ofrece a ella y se entrega para hacerla visible en este tiempo y en esta sociedad concreta.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.