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¿Sabías que en un momento del Credo todos debemos inclinarnos?

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Cada vez que recitamos el Credo, todos nos inclinamos al pronunciar unas determinadas palabras. Así nos lo recuerda el Misal en su número 137: “El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo, estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó…, etc., o que fue concebido…, etc., todos se inclinan profundamente”.

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Cada vez que recitamos el Credo, todos nos inclinamos al pronunciar unas determinadas palabras. Así nos lo recuerda el Misal en su número 137: “El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo, estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó…, etc., o que fue concebido…, etc., todos se inclinan profundamente”.

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Las Madres de Desamparados del Valle de Abdalajís ofrecen una tanda de ejercicios espirituales

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La Casa de Espiritualidad Madre Petra del Valle de Abdalajís ofrece una tanda de ejercicios espirituales, para religiosos, religiosas y seglares en el mes de julio.

Estarán dirigidos por el P. José Antonio Segovia, dominico, y tendrá lugar del 15 al 23 de julio.

Las Madres de Desamparados y San José de la Montaña, que son quienes dirigen esta casa, afiman que «el verano es una época propicia para los ejercicios espirituales, pues estos nos ayudan a profundizar nuestra relación con Dios y a conocernos a nosotros mismos. Abrir nuestro corazón al Señor nos ayudará a profundizar en nuestras vidas buscando hacer la voluntad de Dio».

Para más información e inscripciones en dichos ejercicios, pueden ponerse en contacto con Madre Dolores llamando al teléfono 619 83 50 19. 

Madre Petra 

La beata Petra de San José nació el 6 de diciembre de 1845, en el Valle de Abdalajís (Málaga). En el bautismo recibió el nombre de Ana Josefa. Fue la más pequeña de cinco hermanos. Sus padres, José Pérez Reina y María Florido González, la educaron en un ambiente familiar verdaderamente cristiano. 

A través de sus escritos, de los testimonios de quienes la conocieron y de la obra que nos dejó, se llega a la conclusión de que poseía una fuerte y magnética personalidad: inteligente, de agudo ingenio, segura de sí, tenaz, afectiva y emotiva, pero equilibrada, muy sensible al dolor ajeno, alegre, sencilla, de simpatía arrolladora, con un claro y coherente proyecto de vida… Cualidades que, luego, se verían dinamizadas y transformadas por el Espíritu de Dios, al que siempre se mantuvo abierta.

Al llegar a la adolescencia, como cualquier joven de su edad, Ana Josefa se enamoró de un apuesto joven del pueblo, José  Mir, al que amó mucho y con el que rompió, cuando Cristo, de manera muy singular, se cruzó en su vida. A partir de entonces no tuvo otro deseo que consagrarse totalmente a Él. 

Con la firmeza y tenacidad que siempre la caracterizaron, al ver que el camino hacia la Vida Religiosa le estaba vedado, de momento, por la oposición de su padre, decidió vivir su entrega al Señor en su mismo pueblo, dedicándose a la oración y al cuidado de los más necesitados, especialmente de los ancianos abandonados. Su entrega al Señor y su espíritu de servicio los compartió, primeramente, con una joven muy piadosa y caritativa, Josefita Muñoz Castillo, y, más tarde, con Frasquita e Isabel Bravo Muñoz y con Rafaela Conejo Muñoz. Con ellas extendió su acción caritativa hasta el vecino pueblo de Álora.

Una vez muerto su padre, en 1877, la senda hacia la Vida Religiosa queda despejada. Una frase suya, de esta época, condensa muy bien lo que fue, para siempre, la consigna de su vida: Señor, Vos sobre todas las cosas . Por consejo de su confesor, ingresa en la naciente Congregación de las Mercedarias de la Caridad , en 1878. Unos meses más tarde, convencida de que el Señor no la quiere allí, sale de las Mercedarias. Guiada por su confianza en el Señor y por su profundo sentido de fidelidad a la Iglesia , presenta su situación al Obispo de Málaga, D. Manuel Gómez Salazar, que, con palabra profética, pone fin a su incertidumbre y le señala un camino que ella, en su humildad y sencillez, jamás se había planteado: Fundadora de una nueva Familia Religiosa en la Iglesia , las Madres de Desamparados. 

Las compañeras del Valle que la habían seguido al entrar en la Congregación de las Mercedarias —Frasquita, Isabel y Rafaela— la siguen, igualmente ahora, al salir de la misma; ya que comprenden, lo mismo que ella, que el Señor no las llama por ese camino. Las tres, como Madre Petra, serán Madres de Desamparados, formarán parte de la primitiva Comunidad Fundacional y llevarán, respectivamente, los nombres de Madre Magdalena de San José, Madre Natividad de San José y Madre Trinidad de San José.

Madre Petra comienza su itinerario de Madre de Desamparados con la emisión de sus Votos temporales, en la Iglesia de San Juan Bautista de Vélez-Málaga, el 2 de febrero de 1881. Su consagración definitiva al Señor tuvo lugar en la Casa de Ronda (Málaga), en el marco incomparable de su bella Iglesia, el 15 de octubre de 1892. Una oración-ofrenda, compuesta por ella misma, en este día, pone de manifiesto la verdad y radicalidad de su entrega: Señor, disponed de mí, a toda vuestra voluntad, a toda vuestra libertad…y como dueño absoluto y legítimo de todo mi ser. Haced que todo lo que haga sea acepto a vuestros purísimos ojos; de otro modo no quiero vivir. 

La andadura vocacional de Madre Petra no fue, precisamente, un camino de rosas. Quiso seguir a Cristo con la máxima fidelidad, por lo que la cruz del Señor se le hizo presente de muchos modos. Asusta contemplar las muchas dificultades, persecuciones, calumnias, soledad y, finalmente, enfermedad, que marcaron su vida, ya desde los comienzos. También asombra el comprobar su actitud de confianza ilimitada en el Señor, en medio de las adversidades, así como la exquisita caridad y elegancia de espíritu con que respondió siempre a los que la calumniaron y la hicieron sufrir.

La vida de Madre Petra se caracteriza también por constituir un prodigioso equilibrio entre la contemplación y la acción apostólica. Su amor apasionado a Cristo la lleva a buscarlo, tanto en la soledad y el silencio como en el rostro de los ancianos y niños desamparados.

Agotada por su entrega sin límites, por las persecuciones sufridas y por una grave enfermedad, murió a los 60 años, cuando aún se podría haber esperado mucho de ella. Ocurrió en Barcelona, el 16 de agosto de 1906.

La fama de santidad de Madre Petra y los muchos favores atribuidos a su intercesión, dan lugar a que se abra en Barcelona, en 1932, el Proceso Diocesano de Beatificación y Canonización. El 14 de junio de 1971 el Papa Pablo VI aprueba sus virtudes heroicas y la declara Venerable. Y, en fecha reciente, el 16 de octubre de 1994, fue beatificada en Roma por Su Santidad Juan Pablo II.

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Emilio López: «Estamos llamados a ser custodias en las que el Señor pueda caminar»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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“El Corpus nos pone delante de los ojos la grandeza de este sacramento”

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Monseñor Demetrio Fernández ha celebrado la misa de la solemnidad del Corpus Christi en la Santa Iglesia Catedral

La solemnidad del Corpus Christi se ha celebrado en Córdoba con una eucaristía en la Santa Iglesia Catedral, presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, y la procesión del Santísimo por las calles del casco histórico de la ciudad. La Custodia de Arfe ha salido al Patio de los Naranjos, pero finalmente no ha podido procesionar portando al Santísimo porque “ha sufrido una avería mecánica relacionada con las baterías que lo impulsan, quedando bloqueado en el interior del Patio de los Naranjos. No ha sido posible subsanar el fallo y ha tenido que continuar la procesión con el Santísimo portado por el obispo de la Diócesis, monseñor Demetrio Fernández”, informa el Cabildo Catedral.

El Obispo comenzó la celebración recordando que la fiesta del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre del Señor, se celebra en cada eucaristía pero que una vez al año, como prolongación de Jueves Santo, la celebramos solemnemente llevando a Jesús por las calles bendiciendo a toda nuestra ciudad.

En su homilía el prelado ha resaltado que la fiesta del Corpus nos pone “delante de los ojos la grandeza de este sacramento, en que Cristo es nuestra comida”. La eucaristía ha suscitado “las mejores expresiones de fe, de caridad, literarias, de devoción popular” ha añadido. Ha continuado monseñor Demetrio Fernández incidiendo que “somos herederos de una historia larga en torno a este sacramento y que es una fiesta grande en honor de Jesucristo Sacramentado”.

Hoy celebramos el día de Cáritas, el día de la caridad fraterna, ha recordado el Obispo. Participar en la eucaristía “nos lleva al amor de unos y otros, nos envía a buscar a los pobres y necesitados en todas sus expresiones porque Dios tiene especial predilección por ellos”. El amor fraterno de unos y otros es el que nos lleva a “despojarnos de lo nuestro y ponerlo a los pies de los Apóstoles para que se reparta entre los más necesitados de la comunidad” ha apuntado. Una comunidad en la que no circule la caridad no sería una comunidad cristiana, no sería la comunidad que Jesucristo ha instituido. La caridad es esencial dentro de la vida cristiana en torno a la eucaristía, ha destacado el Pastor de la Diócesis.

Monseñor Demetrio Fernández ha terminado su alocución alentando de que la eucaristía “nos invita a la caridad de la convivencia que debe llevar a los cristianos a transformar el mundo”. La comunidad cristiana diocesana, alentada por Cáritas o por otras instituciones eclesiales, “sale continuamente al paso de las necesidades de los pobres, basta con escuchar a los que acuden a Cáritas para ver la labor de la entidad, y hace presente el amor cristiano con las personas necesitadas”.

La caridad cristiana tiene que circular entre nosotros si no la eucaristía que celebramos “es estéril y este día del Corpus Christi debemos tomar conciencia de lo que es participar en la eucaristía para llevar el amor a los más pobres de nuestra sociedad” ha concluido.

Al regreso del cortejo procesional a la Santa Iglesia Catedral, que ha estado compuesto por representantes de Hermandades de Gloria, Penitencia y Sacramentales de la ciudad, órdenes religiosas, sacerdotes, seminaristas, niños de primera comunión y un gran número de cordobeses, monseñor Demetrio Fernández ha impartido la bendición a los fieles y ha concluido una celebración única y especial del Corpus Christi. El Obispo ha resaltado que “las circunstancias técnicas que han impedido que la Custodia de Arfe pueda servir de trono para el Rey del Universo, se han suplido centrándonos en lo fundamental, Jesucristo no nos ha faltado, hemos ido acompañándole y nos ha ido bendiciendo”.




























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Corpus Christi

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Solemnidad del Corpus Christi. C. 2022

La solemnidad del Corpus Christi es una fiesta muy especial para todos los cristianos, porque es la exaltación del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que desde tiempo inmemorial celebra la Iglesia Católica. Los cristianos atestiguamos nuestra gratitud y adoración a tan inefable regalo de la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía y por los méritos de la muerte, pasión y resurrección de Nuestro Señor. En ese día se echan las campanas al vuelo, porque es Jesucristo Sacramentado quien pasea por nuestras calles y barrios, quien se acerca a nuestros hogares, se acerca a nuestras inquietudes, esperanzas y sufrimientos, porque son muchos cristianos los que en la procesión del Corpus elevarán oraciones por todas las necesidades. Nuestras ciudades y pueblos de la Diócesis dan testimonio de esta solemne tradición.

 

¡Es a Dios mismo, al Señor del cielo y de la tierra, al que ven nuestros ojos, bajo las sagradas especies del pan y el vino! Si sabes que Dios te quiere y te ofrece tantas oportunidades para la santidad y la salvación, sabrás también que se lo ofrece al hermano, al prójimo, y ello te lleva a ser respetuoso con el otro. Dios nos ha concedido esta capacidad de reconocer, promover y ayudar a los hermanos, esto está grabado en la naturaleza misma del ser humano, ¡qué bien nos ha hecho el Señor! ¡Cuánto hemos de trabajar para no romper el proyecto divino! Es más, lo que identifica y causa la admiración de todos, no es otra cosa, que el amor. En los Hechos de los Apóstoles se nos describe la vida de las primeras comunidades y expresamente se dice que todo lo tenían en común (Hch 2,41-47), que vendían sus posesiones y el producto de la venta lo ponían a los pies de los Apóstoles, que los destinaban a socorrer las necesidades de los débiles. En estos momentos de la Iglesia naciente, la gente se sorprendía del clima fraterno en el que vivían los hermanos en la fe: «Con un solo corazón y una sola alma».

 

El amor y la caridad que debemos vivir tiene un estilo samaritano, es la respuesta más lógica de un corazón que conoce a Dios. El amor verdadero a Dios nos exige atender a los menesterosos que nos vamos encontrando por la vida. La caridad pide respuestas prácticas en el momento y a la hora que se exigen, como nos dice el Papa Francisco. Esto mismo hacen todos los voluntarios de Cáritas, de Jesús Abandonado… ¡Cuántas gracias doy al Señor por tantos voluntarios que entregan su tiempo! Y los tenemos cerca, no son superhéroes de cine, sino que son tus compañeros de trabajo, tus vecinos, las amas de casa…, que tienen un gran corazón y una sensibilidad especial para salir al encuentro del otro. El santo Cura de Ars, en un sermón sobre la limosna, decía: «La caridad no se practica solo con el dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio, arreglarle la cama, prepararle los remedios, consolarle en sus penas, leerle algún libro apropiado…». La caridad es el fundamento de todas las virtudes.

 

Responded a la llamada de la caridad siempre, que el que comienza a compadecerse de la miseria del otro, empieza a abandonar el pecado. Os ruego que consideréis cómo podéis colaborar con la obra que lleva adelante Cáritas para ayudar a los más desfavorecidos.

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

La Gran Teofanía

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Se aproxima la gran fiesta del Corpus Christi, y ya nuestras ciudades y pueblos preparan la procesión que atravesará las calles para manifestar que Cristo ha resucitado, que camina en medio de nosotros y nos guía hacia el Reino de los Cielos. Aquello que Jesús nos ha regalado en la intimidad del Cenáculo, lo sacamos a la calle, abiertamente. Porque el amor de Cristo no queda reservado en un sitio para unos pocos. Está destinado a todos. Por eso, nuestros gestos de amor y de devoción son también un potente testimonio.

En un tiempo en que Dios es olvidado, queremos, como Pueblo suyo, custodiar su presencia, guardar sus palabras en la custodia de nuestro corazón, como hizo María, la Virgen. Eso nos convierte a nosotros, también en custodias, en manifestadores de su presencia.

La procesión que celebraremos es una auténtica teofanía, es una manifestación de Dios al mundo; y Dios, cuando se manifiesta, no deja las cosas igual. ¿Qué transformación puede obrarse en nosotros este fin de semana, recibiendo a Cristo Eucaristía? Que nos hagamos uno con Él, y así, que seamos uno entre nosotros, pues el corazón de Cristo clama por la unidad, y el Espíritu Santo realiza la comunión. Sólo en esta comunión de amor la Iglesia es un testimonio creíble en medio de la sociedad (Cf. Jn 17, 21).

De hecho, es un fruto del sacramento eucarístico, tanto que cuando lo recibimos, decimos «recibir la comunión»: comunión con Cristo, y en Cristo con el otro. Es un gran regalo de Dios, la comunión, en este tiempo tan convulso en el que vivimos; y lo desea nuestro corazón: la comunión en la Iglesia, en el mundo, en la familia, en los matrimonios… Y lo desea ardientemente el mundo.

Dejémonos transformar por el Amor de los Amores; que su presencia nos lleve a la reconciliación, la paz, la unidad, el servicio al que lo necesita. Os invito a participar de la Solemnidad del Corpus Chirsti, que ya preparamos a través de diversas actividades, destinadas a generar en nosotros una disposición. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, ¡sea por siempre bendito y alabado!

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cinco nuevos presbíteros

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Es una gracia inmensa para la diócesis, para la Iglesia, para estas familias, para el Seminario. El día de Sagradas Órdenes es un día especial en el calendario del Seminario y de la diócesis. En los más de doce años que sirvo a la diócesis de Córdoba, el Señor ha estado muy grande con nosotros, y por eso estamos muy alegres.

 

Este sábado 18 de junio, cinco jóvenes que han seguido los cursos de formación propios del Seminario, reciben el sacramento del Orden en el grado de presbíteros: Manuel, Abrahám, Pedro, Pablo para la diócesis, y Jesús del Hogar de Nazaret. Fueron ordenados diáconos en la fiesta de la Inmaculada del año pasado. Y han ejercido su ministerio diaconal de múltiples maneras en distintas parroquias de la diócesis. Ahora llega el día soñado, en que se hace realidad aquella intuición de hace años, por la que se sintieron llamados por Dios.

 

El camino no es fácil, como no lo es ningún otro camino en el que uno quiere hacer lo que Dios quiere. Ha habido momentos de lucidez, momento de turbulencias, momentos de paz y certeza absoluta, momentos de duda y perplejidad. En la serenidad de la oración, con el consejo de los formadores y con la ayuda de los hermanos seminaristas, el horizonte va aclarándose hasta llegar a la certeza moral: Dios me llama para ser su sacerdote, Jesucristo me llama para que sea suyo totalmente, la gente necesita del sacerdote para acercarse a Dios. Aquí estoy, envíame, como dijo el profeta.

 

Por eso, el día de Sagradas Órdenes es día de júbilo para todos. No sólo para los que son ordenados, sino para toda la Iglesia diocesana. Las familias viven un momento de plenitud al ver que Dios se ha fijado en uno de sus hijos, de sus nietos, de sus hermanos para un ministerio tan grande. Cada una de estas familias se siente bendecida especialmente por Dios. Las parroquias han visto crecer en la fe a cada uno de estos jóvenes, han apoyado su maduración en la vocación, y hoy sienten un gozo grande, al ver que Dios sigue enviando sacerdotes a su Iglesia. Los compañeros seminaristas no acaban de creérselo, se trata de un compañero, de un amigo con el que han compartido momentos de todo tipo, y les emociona profundamente que se acerquen al altar y reciban por la imposición de manos el don del Espíritu Santo que los configura con Cristo Cabeza y Esposo de su Iglesia. Un día de Órdenes es un día de gran estímulo para los que se sienten llamados a la misma vocación.

 

Hemos de seguir pidiendo continuamente al Dueño de la mies que mande trabajadores a su mies, porque la mies es abundante y los obreros son pocos. No hay mayor tristeza para una diócesis que no tener seminaristas, aspirantes al sacerdocio, y por tanto no conocer días como éste. Y no hay mayor alegría para una diócesis que tener seminaristas, que van ordenándose sacerdotes para el servicio del Pueblo santo de Dios.

 

La Iglesia no puede vivir ni sobrevivir sin sacerdotes. Se trata de una necesidad vital. Porque no puede vivir sin la presencia de Cristo que la vivifica continuamente por los sacramentos, y especialmente por la Eucaristía. Sin sacerdotes no hay Eucaristía ni perdón sacramental de los pecados, ni acompañamiento a tantas personas que buscan esa presencia de Cristo a su lado. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, nos promete Jesús. Y lo cumple con creces.

 

Jóvenes, si el Señor te llama por este camino, no tengas miedo. De tu misma pasta son estos jóvenes que hoy son ordenados. Y si tienes alguna inquietud en esta dirección, ponte en manos de algún sacerdote que te ayude a discernir. Te aseguro que si das este paso, serás feliz, porque no hay mayor felicidad que la de entregar la vida para el Señor y hacer felices a los demás, dándoles al Señor.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

D. Antonio visita los altares del Corpus Christi

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Como ya tuvo lugar el año pasado, nuestro obispo ha visitado los altares que las hermandades han colocado para adornar el recorrido de la procesión del Corpus Christi. D. Antonio ha tenido la ocasión de charlar con los cofrades interesándose por esta tradición y por los motivos de cada altar.

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D. Antonio ejerce su derecho al voto: “Votar con la razón y el corazón pensando en el bien de la sociedad, especialmente de los más vulnerables”

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Mons. Gómez Cantero ha ejercido hoy su derecho al voto en el Archivo provincial de la capital almeriense. «Participar en las elecciones es un derecho y un deber. Votar con la razón y el corazón pensando en el bien de nuestra sociedad, especialmente de los más vulnerables”, ha declarado a la salida del colegio electoral

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