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12 y 13 de noviembre: Encuentro diocesano de familias

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El próximo fin de semana del 12 y 13 de noviembre, tendremos un Encuentro diocesano de familias muy especial: Vamos a tener ratos de formación, convivencia, juegos, oración y diversión con las familias de la diócesis participantes, con actividades para todas las edades… ¡ Y algunas sorpresas!

Todo bajo el manto de nuestra Patrona, la Virgen de la Cabeza, ya que nos hospedaremos muy cerquita de Ella, en la Casa Cofradía Matriz de Andújar.

Y, además, perseguimos un triple objetivo: compartir vidas con otras familias de la Diócesis, notar como algo nuevo sigue brotando, y poner en el centro de las familias la alegría de la juventud. Esos tres regalos nos los llevaremos cada familia a nuestras parroquias y movimientos de referencia, donde podremos transmitir la alegría de la familia y la vida en comunidad.

Os esperamos a las 10:30 horas del sábado y estaremos juntos hasta el domingo después de la comida. Para los pequeños habrá servicio de guardería.

¡Anímate!

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Delegación de Familia y Vida

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Santos y difuntos, el más allá

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“Dichoso mes que empieza por todos los Santos y termina con san Andrés”, dice un refrán popular. Es el mes de los Santos, es el mes de los difuntos, es el mes para pensar y relacionarnos con el más allá

Vivimos enfrascados en las tareas cotidianas, con el horizonte recortado de la actividad, o peor aún, del activismo que nos arrastra. Necesitamos de vez en cuando levantar el vuelo, levantar la mirada y otear el horizonte más amplio que da sentido al vivir de cada día.

Los Santos nos hablan de otra vida mejor, de otra vida que continúa más allá del tiempo, de una vida junto a Dios, en su presencia, saciados de su semblante y abrazados por su amor eternamente. Esa es nuestra vocación, ese es nuestro destino: vivir con Dios para siempre y prepararnos durante esta etapa terrestre para esa comunión plena con él. “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, nos recuerda san Agustín.

El cielo no es algo que puede esperar, porque el cielo es la unión con Dios Padre en su Hijo Jesucristo, hombre como nosotros, ungidos e impulsados por el Espíritu Santo. Ese trato y esa comunión con las tres Personas divinas ya ha comenzado desde el bautismo en cada uno de nosotros, esa es la dirección de todo nuestro caminar en la tierra. Se trata de alimentar esa comunión, esa relación personal con los Tres, y que vayan empapando cada instante de nuestro caminar.

Cuando prescindimos de ese horizonte, nos estrechamos, nos angustiamos, y nuestra existencia se extorsiona. Cuando contamos con esta perspectiva, la que da el tratar con las Personas divinas, nuestro corazón se ensancha, se dilata, se llena de plenitud. Los Santos nos recuerdan esta manera de caminar por la vida. Ellos van delante, ellos han vivido sensatamente la vida, ellos gozan de Dios a plena luz e interceden por nosotros. Son nuestros hermanos mayores, que nos ayudan en el camino de la vida.

Y entre los que ya han partido de este mundo, se encuentran aquellos que todavía están purificándose antes de disfrutar de Dios en plenitud. El Purgatorio no es un invento de los teólogos. El Purgatorio es la expresión última de la misericordia de Dios con nosotros, que nos hace evidente y palpable su amor y genera en nosotros por contraste el dolor precioso de la contrición. El bien que hagas y el mal que sufras te sirva para reparar tus pecados, nos dice el confesor antes de la absolución. Es decir, nuestro pecado es perdonado instantáneamente por Dios en el sacramento, pero el pecado ha dejado secuelas y cicatrices que solo serán sanadas por el crisol del amor. El Purgatorio es una respuesta de amor sin recortes, donde nuestra alma queda limpia y pura para acceder a la presencia de Dios.

La oración de la Iglesia por sus hijos difuntos, que todavía están en el Purgatorio, es constante. Son sus hijos preferidos, porque son los que más sufren en esa llama de amor por parte de Dios y del corazón humano en su presencia. Es un sufrimiento lleno de esperanza, porque goza ya de la salvación. Pero es un sufrimiento que reclama nuestra colaboración y la de todos los Santos en su favor. Cuando rezamos por un difunto, cuando ofrecemos la Santa Misa por él, estamos haciendo no sólo un acto piadoso, sino un acto de comunión y solidaridad con los que necesitan nuestra ayuda y coparticipación.

Mes de noviembre, mes de Santos y de difuntos. Mes para plantearnos de manera más explícita cuál es el sentido de nuestro caminar por esta vida. Esta peregrinación tiene su término, su final, su desembocadura en Dios. Pero esta peregrinación conlleva sus lágrimas, sus sufrimientos y dolores, porque apartados de Dios nos hemos acarreado la ruina. El amor de Dios irá calando en nuestro corazón abierto a ese amor para que sepamos reparar nuestros desvaríos y podamos retomar el camino del cielo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

Hoy viernes se abre el año jubilar en la Hermandad de Santa Marta

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Hoy viernes se abre el año jubilar en la Hermandad de Santa Marta

Hoy viernes, a las ocho de la tarde, tendrá lugar la apertura del Año Santo que ha concedido el papa Francisco, a través de la Penitenciaría Apostólica, a la Hermandad de Santa Marta, por su LXXV aniversario fundacional, y a la Parroquia de San Andrés. El jubileo se extenderá hasta el 14 de octubre de 2023.

La celebración arrancará con la Eucaristía presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, quien además será el encargado de abrir la puerta santa en la Parroquia de San Andrés tras una procesión desde la casa de hermandad hasta el templo parroquial.

Misas jubilares y peregrinaciones

A partir de hoy, todas las Misas ordinarias celebradas en la Parroquia de San Andrés tendrán consideración de jubilares. Por tanto, los peregrinos pueden unirse de forma individual o en pequeños grupos a dichas celebraciones. Además, la Hermandad de Santa Marta ha previsto una programación específica para aquellas hermandades y colectivos que quieran peregrinar en fechas concretas.

Por otra parte, aquellas personas que deseen ganar la indulgencia de forma individual –para sí mismas o para un difunto- podrán hacerlo asistiendo a cualquier Misa jubilar y cumpliendo con los preceptos eclesiales establecidos para ello: confesar, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

Formación durante el Año Jubilar

El programa formativo de la corporación del Lunes Santo estará durante este curso impregnado del jubileo. Por esta razón, la Diputación de Formación ha organizado una serie de conferencias y ponencias mensuales alrededor de la figura de santa Marta, gracias a las cuales la hermandad espera que “sean abundantes los frutos de este curso tan especial”.

Más información en el correo electrónico jubileo@hermandaddesantamarta.org.

 

 

 

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El Cabildo Catedral dedicará la misa del día de los Fieles Difuntos a Mons. Antonio Ceballos

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El próximo miércoles, 2 de noviembre, día de los Fieles Difuntos, el Cabildo Catedral de Cádiz celebrará la tradicional misa de difuntos, que cada año dedica a los obispos, canónigos y bienhechores de la Catedral de Cádiz.

Así, en esta edición, la misa con laudes se celebrará a las 9.30 horas, en el coro de la seo gaditana, presidida por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza. Tras la eucaristía, los canónigos bajarán a la cripta para rezar un responso por todos los difuntos que allí descansan, y este año, en especial, por el obispo emérito, Mons. Antonio Ceballos, fallecido el pasado 21 de septiembre.

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El Departamento de Administración del Obispado participa en la III Convención de UMAS celebrada en Alicante

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En representación del Departamento de Administración del Obispado de Huelva, María Jesús Escamilla, responsable de Tesorería y Contabilidad, y Carmen Murillo, responsable de Gestión Patrimonial, se han desplazado esta semana a Alicante, donde se ha celebrado, entre los días 26 y 28 de octubre, la III Convención de UMAS, mutua aseguradora de entidades religiosas y de ámbito solidario, que se constituyó en 1981, como Mutua de Seguros Generales, por iniciativa de la Conferencia Episcopal Española, con el propósito de dar cobertura a las necesidades en materia de seguros que se le planteaban a la Iglesia Diocesana.

Durante estos días se han abordado temas como los avances tecnológicos en la gestión de pólizas, la nueva oferta aseguradora de salud, la red comercial de UMAS, siniestros y nuevos servicios, así como buenas prácticas en la gerencia de riesgos, entre otros.

Fotografía, de izquierda a derecha: Elisa García, representante de la delegación de Sevilla; María Jesús Escamilla; Juan Antonio Vega, director territorial sur; Carmen Murillo; Ignacio Arenas, delegado UMAS Salud; y Eduardo Basagoiti, director general de UMAS.

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La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

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El día uno de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos y al día siguiente, dos de noviembre, la conmemoración de los Fieles Difuntos. Son dos celebraciones que tienen un punto de unión, la fe en la vida venidera. Pero no debemos confundir ambas celebraciones. La tradicional y loable costumbre de visitar los cementerios el día primero de noviembre puede vestir de luto y sobriedad la solemnidad de Todos los Santos, que en realidad es un día de gran alegría para la Iglesia.

El día de Todos los Santos pone ante nuestra mirada creyente a todos aquellos que han alcanzado la plenitud de su vocación cristiana, esto es, la unión con Dios. Nos hace recordar que todos estamos llamados a gozar un día y en plenitud del cielo, formando parte de esa muchedumbre inmensa que nadie puede contar, de todas la naciones, razas, pueblos y lenguas (Cfr. Ap 7, 2-4, 9-14). Hacía esa patria celestial nos encaminamos alegres. Para nosotros contemplar con mirada de fe a tantos cristianos anónimos que ya están en el cielo, se convierte en un estímulo.

El día de la conmemoración de los Fieles Difuntos nos lleva a recordar a aquellos que ya han dejado este mundo, a los que nos han precedido con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y a todos los difuntos desde el origen del mundo y cuya fe solo Dios conoce. Frente a la certeza de la presencia en el cielo de los Santos, de los fieles difuntos no podemos afirmar lo mismo, solo nos cabe ofrecer sufragios y oraciones apelando a la misericordia de Dios en su favor para que una vez expiadas sus culpas pasen a la morada celestial.

Se trata de dos días importantes dentro del calendario litúrgico que han de ser contemplados por los fieles en todo su significado. Nos llenan de esperanza en la vida perdurable. La Iglesia que aún camina en la tierra «prolonga su vida» en sus santos y también en todos aquellos que por medio del servicio a la verdad y el amor se están preparando a esta vida de gozo pleno.

En resumen, el día uno de noviembre festejamos jubilosos la presencia en el Cielo de tantos hermanos nuestros que nos han precedido aquí en la tierra. Son aquellos que ya están con Cristo en la Gloria. La Iglesia peregrina en la tierra los contempla como modelos y los invoca como intercesores. Ellos mantienen nuestra esperanza de llegar a esa meta que ya ellos disfrutan. El día dos de noviembre recordamos a aquellos que ya han fallecido y de los que no podemos afirmar su presencia en el Cielo. La Iglesia intercede ante el Señor por cada uno de ellos, para que, purificados de todo pecado, puedan gozar de la patria celeste.

Recordatorio de la Indulgencia: A los fieles que visiten devotamente el cementerio u oren solo mentalmente por los difuntos se les concede la indulgencia plenaria (aplicable solamente a las almas del purgatorio) en cada uno de los días del 1 al 8 de noviembre, e indulgencia parcial en los demás días del año. En el día de la conmemoración de los fieles difuntos en todas las iglesias y oratorios se puede lucrar de indulgencia plenaria.

Francisco José Feria Reviriego,
Delegado Diocesano para la Liturgia

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La Soledad clausura el septenario dedicado a su titular en preparación al Reconocimiento Pontificio de su Coronación

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La Soledad clausura el septenario dedicado a su titular en preparación al Reconocimiento Pontificio de su Coronación

La Misa de clausura del Septenario celebrado en el Monasterio de San Jerónimo en honor a Nuestra Señora de la Soledad tuvo lugar en la jornada de ayer, 27 de octubre, con la presencia de nuestro Arzobispo coadjutor, D. José María Gil Tamayo.

En el Monasterio de San Jerónimo se congregaron en la tarde de ayer, día 27, decenas de cofrades miembros de la Hermandad de la Soledad y representantes de la Real Federación, así como de otras cofradías de la Semana Santa granadina, para participar en la Misa de clausura del Septenario que se ha venido celebrando en la sede jerónima de la Hermandad de la Soledad en honor a su titular y en preparación al Reconocimiento Pontificio de su Coronación Canónica que se celebrará el próximo 1 de noviembre.

La Eucaristía estuvo presidida por nuestro Arzobispo coadjutor, D. José María Gil Tamayo, que estuvo acompañado por D. Francisco Tejerizo, Vicario Territorial de la Zona I, junto a otros sacerdotes concelebrantes y contó con los cantos del coro de monjas jerónimas. Entre los presentes se encontraban D. José Cecilio Cabello, Comisario para el Reconocimiento Pontificio y D. Enrique Crespo, Hermano Mayor de la Hermandad de la Soledad y el Descendimiento.

PONER A LA VIRGEN EN EL CORAZÓN

Durante su homilía Mons. Gil Tamayo destacó estar impresionado por el Monasterio Jerónimo y que su recorrido devocional es el del pueblo de Granada, en esta ocasión, a través de Nuestra Señora Soledad que se ve acompañada por el cariño de sus hijos”.

Asimismo, el Arzobispo coadjutor reflexionó sobre las virtudes a imitar de la Virgen: “Nosotros no podemos imitar a la Virgen en su pureza, en su fe, en tantas cosas. Y por supuesto, nosotros nacemos con la transferencia de nuestros primeros padres. Y María no fue tocada por el pecado. Nosotros no podemos, pero sí podemos imitarla a la Virgen en el cumplimiento de la voluntad de Dios”.

“Que este reconocimiento de la Coronación sea también no sólo a la imagen, sino una coronación de poner a María en nuestro corazón, para que, siguiendo el ejemplo de San Pablo II, nosotros seamos como fue María”, culminó.

Una vez clausurado el septenario al término de la celebración, la Hermandad de la Soledad a través del Hermano Mayor y del Comisario del Reconocimiento Pontificio hicieron entrega a nuestro Arzobispo coadjutor de la medalla de la hermandad y de un libro conmemorativo sobre la historia centenaria de la corporación.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Creo en la comunión de los santos | Carta Pastoral del Arzobispo de Sevilla (30-10-2022)

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El mes de noviembre comienza con dos fiestas de mucho arraigo en el pueblo cristiano. El día 1 celebramos la solemnidad de Todos los Santos y el día 2 la conmemoración de los Fieles Difuntos. La de Todos los Santos es una fiesta singular en la que la liturgia nos propone la contemplación de todos aquellos que han alcanzado la bienaventuranza y la Iglesia los propone como modelos de vida cristiana. En esta celebración también recordamos a muchos santos cuyas vidas no son conocidas, hombres y mujeres que han pasado desapercibidos, pero que vivieron las virtudes en grado heroico. Estoy seguro de que la mayoría de nosotros recordamos algún familiar, amigo o conocido que nos causó una impresión particular, la sensación de estar ante un verdadero santo. Esta celebración nos anima también a responder con decisión a la llamada a la santidad que hemos recibido en el Bautismo.

La Iglesia nos invita a participar de esta celebración para que pongamos nuestros ojos en ellos, en su fe, su esperanza y su amor a Dios y al prójimo, y también a encomendarnos a su intercesión. Una confianza que nace de la creencia en el dogma de la Comunión de los Santos, que profesamos en el Credo junto al de la unidad de la santa Iglesia. Porque la Iglesia es una, todos formamos parte de esta gran realidad entrando en una íntima comunión, de modo que los miembros de la Iglesia triunfante, los santos, pueden interceder en favor de los que pertenecemos a la Iglesia militante.

Los santos son aquellos que fueron consolados en su tribulación, saciados de la justicia que esperaban, los que alcanzaron misericordia, los que, en definitiva, heredaron la tierra y el Reino de los Cielos y fueron dignos de ser llamados hijos de Dios (Cf. Mt 5, 3-12). Para ser santos, contrariamente a lo que en muchas ocasiones podamos pensar, no es preciso realizar grandes proezas, ni sufrir grandes tormentos. La santidad consiste en reproducir la vida de Cristo en nuestra propia existencia, en buscar el Reino de Dios en todas las cosas. Santa es la persona que, habiendo encontrado una perla preciosa, empeña todo lo que tiene para ir en busca del verdadero tesoro (Cf. Mt 13, 45-46).

Tras la solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia conmemora a todos nuestros hermanos que han partido ya de este mundo. El día 2 de noviembre recordamos a los fieles difuntos. Una celebración en la que imploramos a Dios que estos hermanos nuestros alcancen la bienaventuranza eterna. La conmemoración de los Fieles Difuntos, con la piadosa visita a los cementerios y el ofrecimiento de la Santa Misa en sufragio de las almas de nuestros hermanos es, junto a la aplicación de la Eucaristía y la oración a lo largo de todo el año, el mejor servicio que podemos prestar a cuántos amamos en esta vida.

Estas celebraciones nos recuerdan la contingencia del ser humano, su fragilidad y pequeñez, y a la vez han de ser ocasión de reavivar nuestra esperanza. Son días para reflexionar una vez más sobre los grandes interrogantes de la existencia: ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Cómo afrontar la realidad del mal, del sufrimiento, de la muerte? ¿Qué hay más allá de la muerte? El ser humano necesita razones para la esperanza, ya que como nos recordó el papa Benedicto XVI, la cuestión de la esperanza está en el centro de nuestra vida. Todos necesitamos esperanza, una esperanza firme y creíble; todos buscamos la luz de la esperanza de una forma más o menos consciente. Y en ese camino de búsqueda Cristo nos sale al encuentro y nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre» (Jn 11, 25-26).

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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PALABRA DE VIDA. Monseñor Rico Pavés : “La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver”

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En la conversión de Zaqueo se desvela el misterio del comienzo de la fe: a creer se llega por la escucha de la Palabra de Dios, pero antes de que ésta llegue al oído, hay una mirada que la prepara. Al recibir la palabra del Maestro, Zaqueo se descubre mirado por Él y entonces comienza su camino hacia la fe. Sabiéndose mirado por Jesús, llegará a mirar como Jesús mira. El evangelio de este Domingo nos permite reconocer cómo Jesús nos mira y cómo podemos llegar a ver con la mirada de Jesús. “La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver”.

Zaqueo es jefe de publicanos, muy rico y, a los ojos de los fariseos, un gran pecador. Sin embargo, Jesús lo ve con otros ojos. Jesús mira a Zaqueo con amor. El amor no ignora el pecado, pero no lleva cuenta del mal; todo lo perdona, porque todo lo puede. Cuando Jesús mira regala esperanza. Jesús invita a ser invitado. La puerta de la conversión no es el reproche inmisericorde sino la invitación a que Jesús entre en la propia casa.

Tras el encuentro con Jesús la mirada de Zaqueo ha cambiado. Quien se descubrió mirado con amor, recibió en su casa al Autor del amor más grande y así empezó a creer, es decir, comenzó a mirar con los ojos de Jesús. En la conversión de Zaqueo se nos desvela la mirada de la fe.

Esa mirada resplandece de manera singular en María Santísima. Nuestra Diócesis se alegra este fin de semana al acoger dos encuentros marianos: por un lado, la federación lasaliana andaluza (Felan), que engloba a la familia grande de La Salle, realiza su peregrinación número 50, para promover la devoción a la Virgen María y presentarle la ofrenda de alimentos recogidos para las familias que atiende Caritas; por otro, Jerez acoge el IX Congreso Nacional de Cofradías de las Angustias. En el abrazo materno que recibe el cuerpo sin vida de Jesús muerto al pie de la cruz, los hijos de la Iglesia reciben impresa la certeza de la resurrección. Si en la conversión de Zaqueo se nos desvela la mirada de la fe, en la mirada de María se nos regala al que inicia y completa nuestra fe, Jesucristo Nuestro Señor.

+ José Rico Pavés
Obispo de Asidonia-Jerez

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