El Palacio Episcopal acogió el sábado, 12 de noviembre, un nuevo encuentro de Ministros extraordinarios de la Comunión
Los Ministros extraordinarios de la Comunión de la Diócesis fueron convocados el sábado, 12 de noviembre, a un nuevo encuentro con el Obispo que tuvo lugar en el Palacio Episcopal.
El acto comenzó con la exposición del Santísimo, el rezo de la Hora Intermedia y el saludo del Obispo, monseñor Demetrio Fernández, a los asistentes con quien pudo compartir un rato de oración y darles su bendición.
Tras este momento de reflexión, el sacerdote Manuel Hinojosa, delegado diocesano de Liturgia, impartió una charla sobre la Carta Apostólica del Papa Francisco “Desiderio Desideravi” sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios. Precisamente en esta Carta Apostólica, el Santo Padre realiza algunas reflexiones sobre la Liturgia, a la que califica como “dimensión fundamental para la vida de la Iglesia”. Asimismo, a través de una serie de puntos, destaca elementos de reflexión para contemplar la belleza y la verdad de la celebración cristiana y de la Eucaristía.
En la diócesis de Córdoba son alrededor de un centenar las personas encargadas de llevar la Sagrada Comunión al Pueblo de Dios, especialmente a los enfermos e impedidos.
El velatorio tiene lugar en el tanatorio de la residencia Santa Teresa Jornet, de Guadix, y las exequias serán el domingo 13 de noviembre, en la catedral, a las 4´30 de la tarde
El 12 de noviembre, ha fallecido en Guadix el sacerdote D. Leovigildo Gómez Amezcua. D. Leovigildo tenía 90 años de edad y desde 2019 estaba retirado en la residencia Santa Teresa Jornet, de Guadix, en cuyo tanatorio se está velando su cuerpo. Las exequias serán el domingo 13 de noviembre, a las 16´30 horas, en la Catedral de Guadix, y estarán presididas por el obispo accitano y concelebrada por sacerdotes de la diócesis. D. Leovigildo ha sido un sacerdote muy querido en la diócesis de Guadix, donde ha ocupado durante toda su vida cargos de responsabilidad. Comenzó como sacerdote en las parroquias de Baúl y Balcones y ha sido párroco del Sagrario de Guadix, Hernán Valle, Marchal, Albuñán y Cogollos. Después estuvo adscrito a la parroquia de Cortes y Graena y El Marchal. Finalmente, fue párroco de Jesucristo Redentor, de Guadix. Pero la labor de D. Leovigildo no se ha limitado a las parroquias. Durante su ministerio ha sido consiliario de Acción Católica, de Cursillos de Cristiandad y delegado de Pastoral Familiar. También fue rector del Seminario, capellán del Hospital, delegado de Apostolado Seglar, director del Archivo Diocesano, director del secretariado de la Salud y consiliario de Manos Unidas. Pero, donde ha estado más tiempo ocupando responsabilidades ha sido en la Curia diocesana, donde ha sido secretario- canciller y vicario general durante muchos años. En la catedral accitana, también ha sido canónigo, desde 1989. Fue ordenado sacerdote por el obispo D. Rafael Álvarez Lara en 1956, y con él se trasladó a Mallorca, como secretario particular, desde 1965 a 1968. D. Leovigildo ha escrito numerosos artículos en revistas, como el Boletín del Centro de Estudio Pedro Suárez, y varios libros: “Rafael Álvarez Lara”, “Callejero biográfico de Guadix” y “obispos accitanos del siglo XX”. Su cuerpo está siendo velado en el tanatorio de la residencia Santa Teresa Jornet. Las exequias serán en la Catedral, el domingo 13 de noviembre, a las 4´30 de la tarde, justo antes de que salga en procesión la Virgen de las Angustias, a la que tanta devoción tenía. Descanse en paz D. Leovigildo Gómez Amezcua, sacerdote, canónigo y, durante años, vicario general de la diócesis de Guadix.
El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha presidido en la Catedral esta mañana de sábado, 12 de noviembre, la Misa votiva de San Leandro, en la víspera de su fiesta litúrgica. Han concelebrado el Vicario General y Deán, vicarios episcopales, Cabildo Catedral y otros sacerdotes y la celebración ha contado con la asistencia de autoridades y personas provenientes de distintos ámbitos y puntos de la diócesis.
Mons. Santiago Gómez ha iniciado su homilía recordando la figura de San Leandro: «un obispo santo, que tuvo un papel muy relevante en la consolidación del catolicismo en España a finales del siglo VI. A él se debe la unidad religiosa del antiguo reino visigodo. Antes de San Leandro conocemos la presencia cristiana institucionalizada en nuestra tierra, pues ya en el año 466 se tiene noticia de la existencia de la Diócesis de Elepla, hoy Niebla, que existió hasta la invasión musulmana y que no volvió a ser restaurada tras la Reconquista». De igual manera, el Obispo ha señalado que «la fe en Jesucristo, que se predicó en España desde época apostólica, ha llegado hasta nosotros. De la obra del metropolitano de aquella Iglesia iliplense, San Leandro, somos deudores».
En relación a las lecturas proclamadas, ha subrayado que «el profeta Isaías, nos anticipa la misión de Cristo, proclamando la Paz. La misión del Buen Pastor y la misión de los pastores a los que él llama no puede ser otra». Y ha añadido que «esa fue la misión de San Leandro, que sufrió y trabajó por la paz y la unidad en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo» y «consiguió la unidad y la paz en la Iglesia visigótica, cuando la herejía arriana, que se apartaba de la Verdad de Cristo, estaba a punto de provocar una de las más sangrantes tentaciones eclesiales: la división».
Por todo ello, el Obispo ha afirmado que «vivir intensamente la unidad es tarea de la Iglesia en todas las épocas. También hoy para nosotros». En este sentido, «San Pablo nos presenta a la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Un Cuerpo en el que cada uno de los creyentes no sólo queda íntimamente unido a Cristo, que es la cabeza, sino también al resto de los miembros, formando así una unidad. Las imágenes de la Iglesia como Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo permiten ensamblar los valores de la unidad y la diversidad, la complementariedad y la totalidad, propios de la Iglesia-comunión». Mons. Santiago Gómez ha continuado diciendo que «entendida así la Iglesia, la unidad no es el resultado de una autoridad rigorista, sino fruto espontáneo de la fe» y, en consecuencia, «tenemos el deber de configurar comunidades eclesiales que se miren en las primeras comunidades».
Además, ha expresado que «también la comunión eclesial se convierte en inspiración e impulso para el compromiso que como ciudadanos debemos realizar en la sociedad» y, en esta clave, ha proseguido dirigiéndose a quienes han sido distinguidas la insignia Pro Onubense Ecclesia, «comprendemos, valoramos y agradecemos vuestra labor en la fundación “Nuevos Horizontes” y en las Residencias de los Patronatos diocesanos, queridas Lina y Paula. Signos de amor, comunión y solidaridad con los niños y familias más pobres, y con los ancianos, a menudo también marginados. Con estas obras que habéis puesto en marcha o hecho crecer, suscitando en torno a vosotras equipos de personas que comparten vuestra visión, misión y valores, así habéis sembrado la unidad y la paz en la Iglesia y en la sociedad de Huelva. Gracias, de verdad, en nombre de esta Iglesia diocesana».
En la celebración, al órgano y animando el canto litúrgico, ha estado Sergio Lazo, director del Secretariado Diocesano de Música Sacra.
Acto de imposición de la distinción diocesana Pro Onubense Ecclesia
Tras la Misa, la celebración del patrón de la diócesis ha continuado en el Obispado de Huelva, donde se ha desarrollado el acto de imposición de la distinción diocesana Pro Onubense Ecclesia a las seglares María Catalina Ramírez García y Paula Santiago Domínguez.
Ha presidido el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, y han asistido el vicario general y vicarios episcopales de la diócesis; el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz; el alcalde de Higuera de la Sierra, Enrique Garzón; el capellán de la Guardia Real, Iván Manuel Cote; sacerdotes, familiares de las distinguidas con la insignia Pro Onubense Ecclesia, miembros de los patronatos de las residencias de Calañas, Cumbres Mayores, Escacena del Campo e Higuera de la Sierra, así como de la Asociación Benéfico Social de Formación e Inserción en el Belén de Huelva “Nuevos Horizontes”, otros condecorados con esta insignia, miembros de la Curia Diocesana y otros acompañantes cercanos a las dos seglares que han recibido el reconocimiento.
El acto ha comenzado con la monición introductoria del vicario episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales, Jaime J. Cano, quien ha recordado a los presentes que la insignia Pro Onubense Ecclesia “es la condecoración con que nuestra Iglesia diocesana quiere reconocer la labor eclesial de algunos seglares en bien de la Diócesis, que intenta destacar a aquellos miembros de la Iglesia diocesana que se han distinguido por su comunión con los pastores de nuestra Iglesia local de Huelva”.
María Catalina Ramírez, más conocida como Lina, y Paula Santiago han recibido esta distinción y el diploma acreditativo de manos del Obispo, tras la lectura de los respectivos decretos por parte del canciller de la Diócesis de Huelva, Juan Bautista Quintero.
Ambas han compartido sus experiencias y han agradecido la colaboración durante su trayectoria, tanto de los Pastores diocesanos, como de tantas personas que les han ayudado en su labor y misión.
La intervención de Mons. Santiago Gómez ha sido la última de este acto solemne. Al inicio de su discurso el Obispo ha recordado que “San Leandro, Patrón de nuestra Diócesis de Huelva, fue obispo de Sevilla entre el año 578 y el año 600. El papel que jugó en el afianzamiento del catolicismo en España fue importantísimo: trabajó por la unidad de la Iglesia en torno a la fe católica y realizó un gran esfuerzo por llamar a la comunión de la Iglesia” y ha señalado que así lo expresa en su famoso sermón en el Concilio III de Toledo: “Regocíjate y alégrate, Iglesia de Dios, gózate porque formas un solo cuerpo para Cristo. Ármate de fortaleza y llénate de júbilo. Tu traje de tristeza se cambiará por el de alegría”.
En este sentido, ha destacado que “hoy nuestra Diócesis se regocija y se alegra, porque puede subrayar, con la concesión de la distinción diocesana Pro Onubense Ecclesia a dos de sus hijas, el trabajo y la labor callada y constante que, con espíritu eclesial han llevado a cabo Lina y Paula”.
Se trata de “una labor que yo enmarcaría en el cumplimiento de lo que el Apóstol San Pablo dice con respecto a las virtudes cristianas: la fe, la esperanza y el amor. De ellas, la más grande es el amor, la caridad cristiana. Estas dos hermanas nuestras han concretado entre nosotros y hecho realidad lo que dijo el Apóstol: Caritas Christi urget nos, el amor de Cristo nos urge. A ellas, el Señor, también como expresión de su fe y de su esperanza, les ha concedido ser entre nosotros, instrumentos muy destacados de su pasión por todos y cada uno de nosotros”, ha añadido.
En relación a la labor de Lina Ramírez Mons. Gómez Sierra ha hecho referencia a que en la estela del Siervo de Dios Francisco Girón, y siguiendo el interés pastoral de sus predecesores, D. Ignacio Noguer y D. José Vilaplana, también y sobre todo respondiendo a la vocación que ha recibido del Señor, “ha concretado la caridad de Cristo entre los mayores, a través de la dirección y gestión de las residencias de los patronatos de Santa María de Gracia, de Calañas; Virgen del Amparo, de Cumbres Mayores; Sor Ángela de la Cruz, de Escacena del Campo; y Virgen del Prado, de Higuera de la Sierra”.
Y en relación a Paula Santiago ha afirmado que también como fruto de su vocación y de su relación con las Religiosas del Sagrado Corazón, y con la colaboración de sus predecesores, D. Rafael González, D. Ignacio Noguer y el Obispo emérito, “ha concretado la caridad de Cristo entre los niños, los adolescentes y los jóvenes, y que se ha traducido en la Asociación Benéfico Social de Formación e Inserción en el Belén de Huelva ‘Nuevos Horizontes’, teniendo especialmente su escenario en Huelva, en torno al Colegio Virgen de Belén y el Santuario de la Cinta”.
La Iglesia diocesana, tal y como ha insistido el Obispo, quiere subrayar hoy, de esta manera, con la distinción otorgada, el compromiso de estas mujeres con los pobres: “entre esos pobres, están los mayores, niños y jóvenes que son especialmente débiles. Las obras que habéis promovido o rejuvenecido son expresiones del amor del Señor en la sociedad onubense de hoy”.
El acto, acompañado musicalmente al órgano por el canónigo prefecto de Liturgia, Francisco José Feria, ha terminado con el canto de la Salve y la bendición final.
Cualquiera que lea el evangelio e intente vivirlo se sentirá interpelado por los pobres y por la pobreza. Cualquiera que quiera seguir al Señor Jesús se sabrá zarandeado por la opción por los indigentes de quien, «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). Como indica el papa Francisco, la Jornada Mundial de los Pobres –que celebramos el domingo 13 de noviembre– ofrece “una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente”.
En este texto quiero detenerme en un aspecto sugerente y paradójico que destaca el Mensaje del Santo Padre para esta VI Jornada. Allí leemos que hay una pobreza que mata y, a la vez, una pobreza que da vida. Nuestro Señor Jesucristo conoció ambas, denunció la primera y abrazó la segunda. “El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices” (Mensaje, n. 8). Encontramos aquí “la gran paradoja de la vida de fe: la pobreza de Cristo nos hace ricos. […] Si Él se hizo pobre por nosotros, entonces nuestra misma vida se ilumina y se transforma, y adquiere un valor que el mundo no conoce ni puede dar. La riqueza de Jesús es su amor, que no se cierra a nadie y va al encuentro de todos, especialmente de los que son marginados y privados de lo necesario” (Mensaje, n. 9).
La pobreza que mata
“La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta” (Mensaje, n. 9).
Ya en su primer escrito programático, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Santo Padre denunció que, “así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. […] No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad” (EG 53). En la encíclica Laudato Si’, el Sucesor de Pedro se hizo eco del pensamiento de los obispos de Nueva Zelanda, que “se preguntaron qué significa el mandamiento «no matarás» cuando «un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir” (LS 95). Más recientemente, en la encíclica Fratelli Tutti, leemos: “En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre” (FT 22).
El Obispo de Roma se apoyaen afirmaciones semejantes que realizaron sus predecesores, tal como queda recogido, por ejemplo, en el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 449: “La pobreza supone un dramático problema de justicia: la pobreza, en sus diversas formas y consecuencias, se caracteriza por un crecimiento desigual y no reconoce a cada pueblo «igual derecho a sentarse a la mesa del banquete común». Tal pobreza hace imposible la realización del humanismo pleno que la Iglesia auspicia y persigue, a fin de que las personas y los pueblos puedan «ser más» y vivir «en condiciones más humanas». La lucha contra la pobreza se encuentra fuertemente motivada por la opción, o amor preferencial de la Iglesia, por los pobres”.
La pobreza que libera
“La pobreza que libera, en cambio, es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial. De hecho, se puede encontrar fácilmente esa sensación de insatisfacción que muchos experimentan, porque sienten que les falta algo importante y van en su búsqueda como errantes sin una meta. Deseosos de encontrar lo que pueda satisfacerlos, tienen necesidad de orientarse hacia los pequeños, los débiles, los pobres para comprender finalmente aquello de lo que verdaderamente tenían necesidad. El encuentro con los pobres permite poner fin a tantas angustias y miedos inconsistentes, para llegar a lo que realmente importa en la vida y que nadie nos puede robar: el amor verdadero y gratuito. Los pobres, en realidad, antes que ser objeto de nuestra limosna, son sujetos que nos ayudan a liberarnos de las ataduras de la inquietud y la superficialidad” (Mensaje, n. 9).
La cercanía con los menesterosos nos sirve para captar esta dimensión de la pobreza. Nos llama a una austeridad generosa, alegre, libre y solidaria. “La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora. No es menos vida, no es una baja intensidad sino todo lo contrario” (Laudato Si’, n. 223). Esta realidad y esta experiencia nos ayuda a no olvidar una verdad fundamental. No solo a no olvidarla, sino a cultivarla de manera consciente: “Los cristianos no podemos esconder que «si la música del Evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados‒enviados. Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer” (Fratelli Tutti, n. 277). Es preciso que cultivemos esta música del evangelio, que nos pone en contacto con la pobreza que libera.
Manos a la obra
“Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres” (Mensaje, n. 7). Sabemos, al mismo tiempo, que “no se trata de tener un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder; es necesario, en cambio, hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario. No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído” (Mensaje, n. 7). Así podremos seguir el camino de Cristo, “compartiendo la vida por amor, partiendo el pan de la propia existencia con los hermanos y hermanas, empezando por los más pequeños, los que carecen de lo necesario, para que se cree la igualdad, se libere a los pobres de la miseria y a los ricos de la vanidad, ambos sin esperanza” (Mensaje, n. 9). “Que esta VI Jornada Mundial de los Pobres se convierta en una oportunidad de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y preguntarnos si la pobreza de Jesucristo es nuestra fiel compañera de vida” (Mensaje, n. 9).
Fernando Chica Arellano Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA
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Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga con motivo del 25 aniversario de la comunidad de Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote en la Diócesis de Málaga.
25 ANIVERSARIO DE LA COMUNIDAD DE AUXILIARES PARROQUIALES DE CRISTO SACERDOTE
EN LA DIÓCESIS DE MÁLAGA.
(Málaga, 12 noviembre 2022)
Lecturas: Ml 3, 19-20a; Sal 97, 5-9; 2 Ts 3, 7-12; Lc 21, 5-19.
(Domingo Ordinario XXXIII-C)
1.- Acción de gracias por el aniversario de las Auxiliares Parroquiales en Málaga
Celebramos esta acción de gracias a Dios con motivo del 25 Aniversario de la presencia de la comunidad de Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote en la Diócesis de Málaga al servicio de la Catedral.
Veinticinco años que con ilusión su congregación ha respondido a la solicitud del Cabildo Catedralicio, que pedía la colaboración de una comunidad para atender la Santa Iglesia Catedral, de acuerdo con los fines propios del carisma de las religiosas.
Promovida por el entonces deán, D. Francisco García Mota, quien hoy concelebra con nosotros, el 20 de noviembre de 1997 Mons. Antonio Dorado hizo la erección de la Casa Religiosa.
Agradecemos la presencia de la Madre general de la congregación, acompañada de otra hermana, y de dos hermanas que iniciaron la comunidad en Málaga; las otras dos las llamó ya el Señor a la eternidad.
Entre las tareas de las Religiosas se encuentran el cuidado del culto litúrgico, los enseres y ornamentos, la animación del canto; la vida de oración, combinando contemplación y acción; la catequesis; la atención a los pobres con la escucha y la ayuda. En otros lugares realizan otras actividades educativas, administrativas, sanitarias, despachos parroquiales y talleres litúrgicos.
2.- Su Fundador
Su fundador, P. José-Pío Gurruchaga Castuariense, nació en Tolosa (Guipúzcoa) en 1881. Ordenado sacerdote en Vitoria en 1905, realizó un trabajo pastoral con grandes frutos y en variados campos: catequesis, asociaciones eucarísticas; Acción Católica; fundación de varios sindicatos católicos en defensa de los obreros y de una caja de ayuda para los parados.
Implantó en España de la Obra Pontificia de San Pedro Claver, de la que fue su primer director nacional (1922). Y fue el primer deán de la catedral de la diócesis de Bilbao, recién creada.
El P. Gurruchaga fue pionero de la reforma litúrgica, manteniendo contacto con las Abadías de San Pedro de Solesmes (Francia) y San Andrés (Bélgica), focos de la renovación litúrgica.
Murió en Bilbao en 1967 y el proceso diocesano de beatificación concluyó en 1993, cuya causa sigue en Roma.
3.- La Congregación de Auxiliares Parroquiales
En 1927 se inauguró el primer oratorio en Irún con el nombre de Pía Unión de Hijas de la Unión Apostólica, cuya espiritualidad era “mirar siempre a Cristo como Sacerdote” colaborando en las actividades parroquiales.
En 1978 se les reconoció como congregación religiosa de derecho pontificio con el nombre de Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote. La actividad de la congregación está extendida por España, México, Argentina e Italia.
Las Auxiliares parroquiales bebieron en las fuentes de la espiritualidad de su Fundador, que se expresaba en ayudar a los sacerdotes en el ministerio de la parroquia, en la catequesis, visita a enfermos y en obras sociales.
Hoy, queridos fieles, damos gracias a Dios por su carisma fundacional y por la presencia de las Religiosas en nuestra Diócesis. Agradecemos a todas las hermanas que han pasado por nuestra Catedral ofreciendo los frutos de su carisma, de su trabajo y de su entrega.
4.- Actitud ante los signos apocalípticos
El evangelio, que hemos escuchado, presenta a Jesús respondiendo a la pregunta sobre el fin del mundo: «Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida» (Lc 21, 9).
Nadie debe asombrarse ni tener pánico ante la noticia de guerras, revoluciones, terremotos, hambres, pestes, fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo (cf. Lc 21, 11). Muchos de esos fenómenos son fruto de la maldad del ser humano y han estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad.
En este penúltimo domingo del año litúrgico la Iglesia escoge textos que nos revelan el sentido de la vida y de la historia. Los cristianos son perseguidos a causa de su fe y lo serán siempre, teniendo ocasión de dar testimonio (cf. Lc 21, 12-13). No nos faltarán pruebas por el nombre de Cristo, pero Él ha prometido guardar y defender a los que confían en Él.
El Señor promete el cuidado paternal y la providencia de Dios: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá» (Lc 21, 18); más aún, nos anima a perseverar: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (Lc 21, 19). Él ha prometido que dará «palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro» (Lc 21, 15). ¡Confiemos, pues, en el Señor y pongamos nuestra vida en sus manos! Son manos y corazón de Padre, que nos ama con ternura y nos ha redimido mediante su Hijo.
5.- Jornada Mundial de los Pobres
La Iglesia celebra hoy la VI Jornada Mundial de los Pobres bajo el lema: “Jesucristo se hizo pobre por ustedes”. El Señor vino a evangelizar a los pobres; Él mismo se hizo pobre y nosotros no podemos mirar para otro lado. Jesús, como dice san Pablo, «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8, 9).
El papa Francisco en su mensaje para esta Jornada nos recuerda: “La solidaridad, en efecto, es precisamente esto: compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra. Como miembros de la sociedad civil mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar” (N. 5).
6.- Jornada de Formación para el voluntariado de acción caritativa
Hoy se ha celebrado en nuestra Diócesis la Jornada de Formación de la Vicaría para la Acción caritativa y social y todo el voluntariado que trabaja en este campo; y se nos invitaba a “Soñar con una fraternidad abierta y universal”. Estamos llamados a anunciar con palabras y obras la Buena Nueva de salvación para todos los hombres, porque todos somos hermanos e hijos del mismo Padre-Dios, cuyo Hijo Jesus nos enseñó a rezar el “Padre nuestro”, que tendríamos que rezar y profundizar todos los días.
Queridos fieles, todos podemos ser testigos del amor de Dios, sobre todo hacia los más necesitados, marginados, despreciados, faltos de lo necesario, migrantes, desplazados que buscan una vida digna o que huyen de la guerra y de otras formas de violencia.
Pedimos al Señor que nos ilumine y abra nuestros ojos para ver las necesidades de nuestros hermanos. Y agradecemos a quienes consagran su tiempo y su vida al servicio de los hermanos más necesitados, dando amor y esperanza.
¡Que Santa María de la Victoria siga acompañándonos en nuestro camino y cuidándonos con su protección maternal! Amén.
El arquitecto técnico de la Diócesis de Málaga, Pablo Pastor, recogió el viernes 11 de noviembre de manos del Rey Felipe VI uno de los premios Macael que concede la Asociación de Empresarios del Mármol de Andalucía (AEMA). El galardón se ha concedido por la restauración de la parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula en la categoría de Blanco Macael. A la ceremonia de entrega acudió también el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno.
El responsable de la rehabiitación de la céntrica parroquia malagueña estuvo acompañado en la gala de entrega de los premios por el ecónomo diocesano, Rafael Carmona, y el alcalde de la capital, Francisco de la Torre, entre otros representantes de la ciudad.
La organización empresarial justificó el premio destacando que, «entre los diversos elementos que se han integrado para la mejora del templo, se encuentra la instalación de una nueva solería en mármol Blanco Macael con encintado perimetral en mármol Rojo España y Negro Marquina, a modo de alfombra central, que respeta la disposición del suelo del Presbiterio y de las distintas capillas. Se ha realizado, además, un zócalo de mármol en el perímetro de los muros interiores; una pieza que conecta con una cámara ventilada bajo el suelo con rejillas al exterior, cuyo fin ha sido permitir la circulación de aire de forma natural para terminar con las humedades del suelo y las paredes».
Los Premios Macael se crearon en el año 1985 con el objetivo de reconocer a profesionales que han destacado de forma especial en los ámbitos de la arquitectura, artesanía y diseño a nivel nacional e internacional, y a personas, instituciones y medios de comunicación que han realizado actuaciones singulares en beneficio del sector y de la comarca.
Los jóvenes egabrenses ya tienen a su disposición este lugar con el que cumplen un gran deseo de hace tiempo
El pasado sábado, 29 de octubre, los jóvenes de Cabra vivieron uno de los días más emocionantes desde que naciera el Grupo de Jóvenes «San Juan Pablo II» en el año 2018. Y es que el esfuerzo de este grupo de jóvenes egabrenses ha hecho que se cumpla uno de sus más anhelados sueños: la Casa de Jóvenes «San Juan Pablo II» de Cabra.
Una inauguración que partía con la celebración de la Eucaristía en el Convento Palacio de las Hermanas Franciscanas de Cabra, presidida por el consiliario del Grupo Joven y párroco de la Asunción y Ángeles, Emiliano Nguema Nguema Mbugu y concelebrada por los hermanos sacerdotes de Cabra, Mario González González y Francisco Delgado Alonso. Asimismo, los jóvenes contaron con la presencia en el Sagrado Banquete del sacerdote José Antonio Jiménez Cabello, quien impulsara en el año 2018 a estos jóvenes dotándoles de herramientas y oportunidades y dándoles plena confianza desde su fundación.
En el acto estuvo presente la Escuela Diocesana de Ocio y Tiempo Libre Gaudium como partícipe e impulsor en el nacimiento de este grupo de jóvenes a través de los Campamentos de Verano que cada año viven miles de jóvenes cordobeses.
Los jóvenes han trabajado durante estos meses en la antigua casa parroquial que ha tomado un aspecto renovado y juvenil al haber realizado una remodelación integral de todas las dependencias de la casa hasta completar un complejo con tres salas de formación, capilla, despacho, cocina y baño que será referencia para el encuentro de los jóvenes de Cabra.
Una remodelación sufragada íntegramente por el Grupo Joven gracias a la colaboración del pueblo egabrense en todas las actividades que estos jóvenes han ido desarrollando a lo largo de su breve pero intensa historia, tales como la pulsera de los jóvenes, convivencias, camisetas, sudaderas, etc. Y es que, tal y como recuerdan de las palabras de sus sacerdotes, «la juventud debe ser la esperanza y el futuro de la iglesia, pero no una juventud en soledad, sino en conjunto, unida y que camine en la misma dirección”.
Celebramos la Jornada Mundial de los Pobres que nos recuerda que el trato con estos forma parte de la misteriosa riqueza de la Iglesia. Los más pobres son, en palabras Francisco, “una ayuda a liberarnos de las ataduras de la inquietud y de la superficialidad”.
Este año el lema de la jornada nos recuerda que Jesucristo se hizo pobre por vosotros, y por tanto los pobres son quienes mejor representan al Señor sobre la tierra. Aquellos que claman porque pasan hambre, sed, desnudez y todo tipo de situaciones que llaman a nuestras obras de misericordia.
Encontrarán en Textos algunos principios de la Doctrina Social de la Iglesia en relación a la pobreza y en Cultura la última obra traducida al español de Schumacher, uno de los economistas más importanes del s. XX.
En la mañana de hoy, 11 de noviembre de 2022, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento del Rvdo. P. Agustín Borrell García, a los 61 años.
Ordenado sacerdote en 1986, el padre Agustín Borrell comenzó su ministerio en la Parroquia de San Bernardo Abad, de La Línea de la Concepción. De ahí fue destinado a Tarifa, donde ejerció también como Delegado Episcopal de Pastoral Sanitaria, Delegado Episcopal del Año Santo Compostelano 2004 y Delegado de la Peregrinación a Roma. Su siguiente destino fue Guadiaro, y de ahí, ya en los últimos años, en Vejer de la Frontera. Además, en la actualidad era Director del Secretariado Diocesano para los Santuarios y la Piedad Popular. Todos esos ministerios los compaginó generosamente con su servicio al Seminario Diocesano «San Bartolomé» y a la Diócesis.
Su cuerpo será velado, a partir de las 20:00 h., en su Parroquia del Divino Salvador, de Vejer.
La Misa córpore insepulto tendrá lugar mañana sábado, 12 de noviembre, a las 12:00 h. en la misma Parroquia del Divino Salvador, presidida por el Obispo de la Diócesis, Mons. Rafael Zornoza Boy.