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Eucaristía con la Pastoral Familiar de Granada, para festejar la Sagrada Familia

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Eucaristía con la Pastoral Familiar de Granada, para festejar la Sagrada Familia

El viernes 30 de diciembre, a las 20 horas, en la iglesia parroquial del Sagrario Catedral.

Con el lema “La familia, cuna de la vocación al amor”, un año más se cierra el año en la Iglesia con la festividad de la Sagrada Familia, que nos recuerda la familia de Nazaret con María, José y el Niño Jesús nacido en la Gruta de Belén. La Jornada de la Sagrada Familia se celebra el 30 de diciembre.

La Archidiócesis de Granada también se suma a esta celebración ese día 30 con la Eucaristía en la iglesia parroquial del Sagrario Catedral a las 20 horas. Junto a los fieles que deseen sumarse, en esta Eucaristía participarán los miembros de la Pastoral Familiar, que hace unos días también conmemoraban los santos inocentes –que recuerda a los recién nacidos asesinados por el rey Herodes- en la vigilia el pasado 27 de diciembre.

Precisamente, con motivo de esta Jornada, los obispos de la Subcomisión de Familia y vida de la Conferencia Episcopal Española han difundido un Mensaje en el que hablan de la familia como lugar privilegiado de acogida y discernimiento de la vocación al amor “en estos momentos en los que atravesamos un invierno vocacional” al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio cristiano.

LEER MENSAJE DE LOS OBISPOS

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

 

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1 de enero de 2023, Jornada Mundial de la Paz

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El papa Francisco ha emitido su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz centrado en dos temas: la pandemia y la guerra en Ucrania

«Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz» es el título del Mensaje del papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de 2023.

La Santa Sede hizo público el viernes, 16 de diciembre, este Mensaje que gira en torno a dos temas: la pandemia de la Covid-19 y la guerra en Ucrania.

«Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz»
(texto íntegro)

«Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche» (Primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses 5,1-2). 

1. Con estas palabras, el apóstol Pablo invitaba a la comunidad de Tesalónica, que esperaba el encuentro con el Señor, a permanecer firme, con los pies y el corazón bien plantados en la tierra, capaz de una mirada atenta a la realidad y a las vicisitudes de la historia. Por eso, aunque los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, guía nuestro camino. Con este ánimo san Pablo exhorta constantemente a la comunidad a estar vigilante, buscando el bien, la justicia y la verdad: «No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios» (5,6). Es una invitación a mantenerse alerta, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras.  

2.  El COVID-19 nos sumió en medio de la noche, desestabilizando nuestra vida ordinaria, trastornando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros.

Empujado dentro de una vorágine de desafíos inesperados y en una situación que no estaba del todo clara ni siquiera desde el punto de vista científico, el mundo sanitario se movilizó para aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio; del mismo modo, las autoridades políticas tuvieron que tomar medidas drásticas en materia de organización y gestión de la emergencia.

Junto con las manifestaciones físicas, el COVID-19 provocó —también con efectos a largo plazo— un malestar generalizado que caló en los corazones de muchas personas y familias, con secuelas a tener en cuenta, alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.

Además, no podemos olvidar cómo la pandemia tocó la fibra sensible del tejido social y económico, sacando a relucir contradicciones y desigualdades. Amenazó la seguridad laboral de muchos y agravó la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, sobre todo la de los más débiles y la de los pobres. Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento.

Rara vez los individuos y la sociedad avanzan en situaciones que generan tal sentimiento de derrota y amargura; pues esto debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo. En este sentido, la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias.

3. Transcurridos tres años, ha llegado el momento de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar —de forma personal y comunitaria—; un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”. Ya he dicho varias veces que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores. Hoy estamos llamados a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido de esta situación pandémica? ¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor?   

Seguramente, después de haber palpado la fragilidad que caracteriza la realidad humana y nuestra existencia personal, podemos decir que la mayor lección que nos deja en herencia el COVID-19 es la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo. Por tanto, es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de esta fraternidad humana. También hemos aprendido que la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz. En nuestro acelerado mundo, muy a menudo los problemas generalizados de desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos, y generan violencia e incluso guerras.

Si, por un lado, la pandemia sacó a relucir todo esto, por otro, hemos logrado hacer descubrimientos positivos: un beneficioso retorno a la humildad; una reducción de ciertas pretensiones consumistas; un renovado sentido de la solidaridad que nos anima a salir de nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás y a sus necesidades; así como un compromiso, en algunos casos verdaderamente heroico, de tantas personas que no escatimaron esfuerzos para que todos pudieran superar mejor el drama de la emergencia.

De esta experiencia ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la  solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos. De hecho, las respuestas más eficaces a la pandemia han sido aquellas en las que grupos sociales, instituciones públicas y privadas y organizaciones internacionales se unieron para hacer frente al desafío, dejando de lado intereses particulares. Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales.

4. Al mismo tiempo, en el momento en que nos atrevimos a esperar que lo peor de la noche de la pandemia del COVID-19 había pasado, un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad. Fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables. La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada en todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.

Ciertamente, esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos. De hecho, esta guerra, junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas. Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han hallado soluciones eficaces para poner fin a la guerra. En efecto, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado (cf. Evangelio según san Marcos 7,17-23).

5. ¿Qué se nos pide, entonces, que hagamos? En primer lugar, dejarnos cambiar el corazón por la emergencia que hemos vivido, es decir, permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo y de la realidad a través de este momento histórico. Ya no podemos pensar sólo en preservar el espacio de nuestros intereses personales o nacionales, sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario, es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal. No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común.

Para lograr esto y vivir mejor después de la emergencia del COVID-19, no podemos ignorar un hecho fundamental: las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas que padecemos están todas interconectadas, y lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros. Así pues, estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión. Debemos retomar la cuestión de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades. Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.

Al compartir estas reflexiones, espero que en el nuevo año podamos caminar juntos, aprovechando lo que la historia puede enseñarnos. Expreso mis mejores votos a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.  

Vaticano, 8 de diciembre de 2022 

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Don Sebastián finaliza su visita a los conventos y monasterios de clausura

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Desde hace unas semanas el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, ha estado recorriendo los conventos y monasterios de la Diócesis para desearles a las consagradas una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo.

El Prelado jiennense ha terminado visitando los conventos y monasterios de clausura de Baeza, Úbeda, Andújar y Linares. Así, ha visitado a las Agustinas Recoletas, las Clarisas de San Antonio y las Clarisas de Santa Catalina de Baeza; a las Clarisas y las Carmelitas de Úbeda; a las Mínimas y las Trinitarias de Andújar; y a las Hermanas de la Cruz y las Carmelitas de Linares.

En sus visitas Don Sebastián ha podido conocer el día a día de los monasterios, el estado de salud de las consagradas y ha charlado sobre distintos asuntos con ellas. También, en esta época de Navidad ha podido compartir villancicos y degustar los dulces que con tanto esmero preparan algunas de las comunidades, desde la clausura. Del mismo modo, el Prelado jiennense ha podido ver los  hermosos Nacimientos que han montado las propias monjas.  

El Pastor diocesano ha querido recordar a las contemplativas que son un gran tesoro que enriquece nuestra Diócesis. A la vez que ha pedido que sigan rezando por toda la Iglesia del Santo Reino y, especialmente, por las vocaciones.

Galería fotográfica: «Visita por los conventos y monasterios de clausura»

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Seis meses más para cerrar el año

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Seis meses más para cerrar el año

“Iglesia en Córdoba” despide el año con la segunda parte de su anuario en el que recogen los acontecimientos más destacados del mes de julio al mes de diciembre de 2022

La edición digital de la revista “Iglesia en Córdoba” finaliza el año 2022 con la segunda parte de su anuario, los últimos seis meses del año donde se recogen las noticias que han marcado la actualidad diocesana.

Asimismo, hace un recorrido por las noticias de los últimos días.

Adjuntamos la revista íntegra. 

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Tierra de Todos recibe «Las Uvas de Radio Cádiz» por su apoyo continuo a los migrantes y a las personas desfavorecidas

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El obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza, acompañado por el director del Secretariado Diocesano de Migraciones, P. Sante Zanetti, y el agente de la Pastoral de Migraciones y responsable del servicio de acogida, Carlos Carvajal, recogieron este galardón que reconoce a profesionales, colectivos y entidades gaditanas por su contribución, con su trabajo y su vocación, a posicionar a la provincia como referencia en ámbitos como la innovación, el turismo, el deporte, la ciencia, la solidaridad, la gastronomía o el mundo cofrade.

En esta primera edición de Las Uvas de Radio Cádiz, se entregaron doce uvas, más una especial a la trayectoria, con el objetivo de reconocer a gaditanos por su acción, por su labor para hacer mejor la sociedad y llevar la marca y la imagen de Cádiz por el mundo.

Así, la Fundación Centro Tierra de Todos recibió la “Uva Solidaria” por su misión de apoyo continuo a migrantes y personas desfavorecidas de Cádiz y por mantener el legado de Gabriel Delgado.

Mons. Zornoza agradeció a la Cadena Ser este reconocimiento a la labor que realiza la diócesis de Cádiz y Ceuta con la personas migrantes y los más desfavorecidos. Asimismo, agradeció el recuerdo del padre Gabriel Delgado, “un pionero cuando el fenómeno de las migraciones era todavía pequeño y más o menos esporádico”.

En cuanto a la labor de la Iglesia, el obispo diocesano destacó que “Cádiz, por esta obra solidaria y caritativa en la que se ha volcado la Iglesia y toda la sociedad es muy reconocida dentro y fuera de España”.

Por otro lado, entre el resto de galardonados, la “Uva Cofrade” recayó en el Consejo Local de Hermandades y Cofradías por la magnífica organización de la procesión Magna, un evento multitudinario y de enorme trascendencia para la provincia.

Las Uvas 2022 de Radio Cádiz:

Uva del Carnaval a Miguel Ángel Puchi por su dilatada y premiada trayectoria en la historia reciente de la chirigota y por su enorme ejemplo de superación

Uva Cofrade al Consejo Local de Hermandades por la magnífica organización de la procesión Magna, un evento multitudinario y de enorme trascendencia para la provincia.

Uva del Deporte al Cádiz Genuine por su trabajo en defensa de la integración y el compañerismo, acompañado de éxitos deportivos.

Uva de la Cultura (ex-aequo) para el Festival de Música Española de Cádiz y el Festival Cádiz en Danza por dos décadas de esfuerzo incansable por situar a Cádiz como capital cultural.

Uva Artística para María Moreno, por convertirse en un referente del baile flamenco en el mundo y por ser emblema de Cádiz.

Uva Solidaria para Tierra de Todos por su misión de apoyo continuo a migrantes y personas desfavorecidas de Cádiz y por mantener el legado de Gabriel Delgado.

Uva de la Innovación para la Cátedra de Emprendedores de la Universidad de Cádiz por haber cumplido quince años fomentando el emprendimiento y el talento empresarial en Cádiz.

Uva de la Ciencia para Patricia González-Rodríguez por liderar investigaciones para tratar el Párkinson y por su encendida defensa de la ciencia.

Uva Gastronómica a Código de Barra por su apuesta por la gastronomía de calidad en la ciudad de Cádiz y su reconocimiento con la primera estrella Michelín de la capital gaditana.

Uva del Turismo para la Asociación de Empresas Turísticas de Cádiz (AETC) por su decidido afán de aunar voluntades y promocionar la diversidad y calidad del turismo en la provincia de Cádiz.

Uva a la Iniciativa Ciudadana a la plataforma Valcárcel Universitaria por haber promovido la recuperación de un edificio público y fomentado la unión entre las administraciones.

Uva Cádiz por el mundo para Chiqui Esteban, por su excelente progresión profesional que le ha llevado a ser reconocido internacionalmente con más de 150 galardones y estar en la cúspide de la infografía en el mundo.

Uva a la Trayectoria para Pelayo García Borbolla por haber cuidado la tradición del Bar Terraza, abierto por sus padres en 1953, por haber potenciado y mimado un emblema de la hostelería en Cádiz, por su incansable trabajo de cuidado y atención a su clientela.

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Campo-Cámara recibió la visita pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco

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Campo-Cámara recibió la visita pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco

La parroquia de Campo-Cámara recibió la vista pastoral del obispo el martes 27 de diciembre. En principio, iba a durar todo el día, pero tuvo que ser reducida a solo la tarde dado que el obispo tuvo que presidir las exequias del sacerdote Francisco Domingo Lorén. Pero fue una tarde muy intensa y enriquecedora. D. Francisco Jesús Orozco, acompañado del vicario general, llegó a la iglesia sobre a las cuatro menos diez, lo que hizo que no hubiese tanta gente como después, en el cementerio, nos juntamos.

A partir de la oración que se realizó en la iglesia, nos trasladamos al cementerio parroquial, donde se recordó a todos los difuntos, que nos trasmitieron la fe, con un recuerdo especial a Josefa Mari, catequista y animadora de la parroquia durante mucho tiempo y que falleció hace dos años. Como nos dijo el obispo, “ellos cuidan de nosotros”. Bajamos a ver la ermita de San Roque, que se encuentra en un estado de ruina, pero estamos recaudando para que esta primavera comencemos su rehabilitación. Su importancia está en ser el primer templo donde nació Campo-Cámara. La ermita fue construida en torno a los años 1650 a 1700, aunque no hay mucha documentación.
Después, nos trasladamos a visitar la almazara Valles-Opere, una empresa tradicional, donde la calidad de sus aceites ha tenido reconocimientos durante varios años. Su aceite verde y el ecológico son garantía de calidad, como se lo fueron explicando al obispo durante el paseo por la almazara. Desde ahí visitamos a Ramón Salarich, padre e hijo, ya que el padre le ha pasado el relevo a su hijo para que continúe con la tradición artística que el padre inicio hace muchos años. Muchas de sus obran son bien conocidas por toda España. Ramón padre le dijo al obispo cómo fueron sus inicios en el pueblo y cómo el sobreesfuerzo que supone estar en un lugar apartado de la ciudad queda compensado por la calidad de vida que se obtiene.
Conoció a una pareja de enfermos, Antonio y Clemencia, que mantienen viva la llama de su amor y ternura, además de su fe, desde hace mucho tiempo. Son un matrimonio que cada domingo acudían a la celebración de la Eucaristía en la iglesia y que ahora, en su casa, reciben la visita del cura y de las ministras extraordinarias de la comunión.
Degustó la bebida “gloria” que se hace por la zona, en casa de Maruja , que junto a su prima Loli le explicó al obispo las tradiciones y costumbres del pueblo, además de pedirle ayuda para la rehabilitación de la ermita de San Roque. Es un templo muy importante para nuestro pueblo, le dijeron.
Terminamos con la Misa estacional, donde diez personas de la parroquia fueron confirmadas. El obispo les pidió valentía para vivir su compromiso cristiano con el mundo. Les recordó cómo con la oración y la Eucaristía la vida se ve de otra forma, además de animarlos a participar de las jornadas de la juventud de Lisboa. Al final, tres feligresas de la parroquia recibieron el nombramiento de ministras extraordinarias de la comunión, recordando su compromiso con la Eucaristía.
La visita terminó con un agradecimiento mutuo del obispo a Campo-Cámara y de Campo-Cámara a él. Como recuerdo, el obispo recibió un escudo de su episcopado realizado con esmero y experiencia artística por Ramón Salarich hijo, al que no le falta ningún detalle.
La verdad es que ha sido una grata visita pastoral para Campo-Cámara.

Salvador Cifuentes
Párroco de Campo-Cámara

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Mons. Orozco ha asistido a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana

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Mons. Orozco ha asistido a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha asistido, acompañado por el vicario general, a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana. La celebración ha tenido lugar el jueves 29 de diciembre, en la Catedral onubense, en la que han concelebrado, además, el obispo de Huelva, Santiago Gómez, y el vicario general de Sevilla, en representación de su arzobispo, así como el clero onubense. Mons. Vilaplana ha estado acompañado por las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad y numerosos fieles.

Al inicio de la celebración, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha dedicado unas palabras a Mons. José Vilaplana, recordando que fue el pasado 25 de mayo cuando se cumplieron los cincuenta años de la ordenación sacerdotal del obispo emérito de Huelva y que la celebración de hoy responde a lo que con ocasión de este aniversario escribió en su carta que, «una vez que volviera de Tierra Santa, tendríamos que celebrarlo juntos en la Santa Iglesia Catedral. Y aquí nos encontramos. No habrá mejor manera de hacerlo que con la celebración eucarística que estamos comenzando», ha afirmado Mons. Gómez Sierra. Y ha añadido que «para nosotros, ya que él pertenece a nuestra Iglesia diocesana, es un momento de gran alegría, porque podemos mostrar nuestra gratitud a Dios con él, por su sacerdocio, que es el de Cristo, y, como decía San Juan Pablo II: “nos damos cuenta de que las palabras humanas no son capaces de abarcar la magnitud del misterio que el sacerdocio tiene en sí mismo” (Don y Misterio, I)».

El obispo de Huelva ha destacado también que «Don José se consagró a esa tarea, a imagen del Buen Pastor. El Señor nos ha regalado la persona de Don José, que ha sido obispo de esta Iglesia de Huelva durante catorce años, en los que la Diócesis ha podido experimentar en su ministerio cómo Don José reflejaba los mismos sentimientos del Corazón de Cristo (cf. Flp 2, 5), en tanto y cuanto estaba configurado con el Sumo Sacerdote, y así lo ha hecho presente anunciando su Palabra, celebrando los santos misterios y reconociéndolo en los pobres: los sencillos, los enfermos, los inmigrantes…».

A la conclusión de su intervención, Mons. Santiago Gómez ha expresado que «para mí, que soy su sucesor en la Sede onubense, y que lo quiero y admiro desde hace tiempo, para todos los miembros de esta Iglesia de Huelva, es un momento de satisfacción poder dar gracias a Dios con él. Y convertir este momento en una plegaria para que el Señor siga enviando operarios a la Viña, que nuestro Seminario siga recibiendo a aquellos que quieren seguir a Jesús en el sacerdocio, como hizo, hace ahora cincuenta años, nuestro querido Don José». Por último, se ha referido a la petición del Papa Francisco a los fieles de una oración especial por el Papa Emérito Benedicto XVI, que «está muy enfermo»: «Pidamos al Señor que lo consuele y sostenga en su testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final». Mons. Santiago Gómez ha recordado que fue Benedicto XVI quien nombró a D. José obispo de Huelva, «por lo hoy lo tenemos especialmente presente en esta Eucaristía».

Por su parte, Mons. José Vilaplana ha comenzado su homilía agradeciendo a Mons. Santiago Gómez sus palabras y ha señalado que «esta celebración es un homenaje a Cristo, el Buen Pastor, es un homenaje al que ha dado la vida por nosotros», a «a Él, nuestro Buen Pastor, que un día se dignó a llamarme a mí, como a vosotros, para que le hiciéramos presente, como humildes transparencias en medio de nuestro mundo».

Además, el obispo emérito ha hecho referencia a varias reflexiones de su tiempo en Tierra Santa, «donde he tenido tiempo de orar por vosotros, por toda la Iglesia». La primera de las ideas que ha desarrollado, en este sentido, la ha basado en una frase de San Agustín: «Señor, que contemple con alegría la obra realizada por ti, a pesar de mí». Así, ha señalado que «la obra es del Señor». Un sacerdote «es llamado, sostenido y ayudado por el Señor» que «se sirve de su humilde persona, por eso hay que contemplar con alegría lo que Él permite ir haciendo en su nombre y porque Él está contigo», ha destacado. Mons. Vilaplana Blasco también ha afirmado que «el ministerio que se nos encomienda es un traje que nos viene siempre grande, pero del que el Señor se sirve para mostrar su rostro de Pastor al Pueblo Santo de Dios; a pesar de nuestras limitaciones, defectos, pecados, errores, fallos… esto es siempre mirado con misericordia y bondad por el Señor».

En segundo lugar, ha respondido a una pregunta que «uno se hace cuando es emérito», como es «¿Y qué ha sido de verdad mi vida?». D. José Vilaplana ha recordado que un día escribió en un cuaderno: «Mi vida ha sido un pobre comentario a las palabras de Jesús Yo soy el Buen Pastor«. Y ha añadido que «es Él el protagonista, Él es el texto principal; lo nuestro es un humilde comentario y del comentario se puede prescindir». En esta línea ha expresado que a través de todas las actividades que desarrolla, «todo en la vida de un sacerdote acaba siendo lo que hace un humilde comentario sobre un texto importante: señalar lo importante, acercarlo».

En tercer lugar, Mons. José Vilaplana ha compartido la reflexión a la pregunta: «¿Y ahora qué?», una cuestión cuya respuesta ha dicho encontrarla en el Cura de Ars, que tiene una carta que expresa que «la tarea del hombre en la Tierra es orar y amar». De esta manera, ha indicado que «unas veces el amor se traduce con una actividad frenética», pero «ahora es el momento de manifestar el amor, que no se tiene que apagar, en una oración perseverante, en una vida más pacífica, en un saber gastar tiempo con quien esté delante de ti; amar de otra manera, pero seguir amando y seguir orando por la Iglesia».

La celebración ha sido acompañada en música y canto por la Coral Polifónica de la Santa Iglesia Catedral, dirigida por Sergio Lazo.

Tomado de www.dicoesdehuelva.es

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Fiesta de San Manuel González

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Fiesta de San Manuel González

El 4 de enero, fiesta de San Manuel González, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebrarán la memoria de su fundador en la Parroquia Ntra. Sra. de las Flores y San Eugenio, de Sevilla, con una Eucaristía, a las cinco de la tarde, seguida de adoración al Santísimo.

A continuación, merienda solidaria a beneficio del Fondo Solidario San Manuel González. El donativo es de diez euros.

Biografía de un santo

Nació en Sevilla, cuarto de cinco hermanos, el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa, Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente y con ilusiones, que no siempre pudo ver realizadas. Sin embargo, hubo una que sí alcanzó, y que dejaría huella en su corazón: formar parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del «Corpus Christi» y de la Inmaculada. Ya entonces su amor a la Eucaristía y a María santísima se consolidaron (Leer más)

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Santa Judit

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Santa JuditEsta es una heroína famosa que expuso valientemente su vida con tal de obtener la libertad para su patria, Israel, y la libertad para su santa religión.

Uno de los libros más emocionantes de la S. Biblia es el de Judit. Allí se narra lo siguiente.

El general Holofernes, enviado por el rey Nabucodonosor rodeó la ciudad israelita de Betulia con un ejército de 120,000 hombres. Toda la gente de Israel se dedicó a orar a Dios con gran fervor. Los sacerdotes ofrecían sacrificios en el templo de Jerusalén. El pueblo sabía muy bien que sólo un favor especial de Dios podía librarlos de aquel gran peligro.

Holofernes preguntó a sus consejeros qué debía hacer para poder apoderarse de la nación de Israel. Y Ajior, jefe de los amonitas le dijo: “Este pueblo de Israel es muy favorecido por Dios. Cuando se dedican a comportarse mal los abandona y los deja en poder del enemigo; pero cuando cumplen bien sus santos mandamientos, Dios hace prodigios para defenderlos. Así que yo aconsejo: averigüese bien, pues si se están portando mal o han olvidado a Dios, los podemos atacar y los derrotaremos. Pero si están observando buena conducta y obedecen a Dios, no los ataquemos, porque Dios luchará por ellos y nos derrotará a nosotros”. A Holofernes y a sus seguidores no les agradó nada esto que dijo Ajior y lo desterraron de allí.

Holofernes se propuso sitiar a Betulia y vencer a sus gentes por hambre y sed. Tapo todos los caminos y cortó las fuentes de agua que la abastecían. Después de 33 días de asedio en Betulia se acabó totalmente el agua, y las gentes caían desmayadas de hambre y de sed. El pueblo se reunió junto a su sacerdote y a sus jefes y les pidieron que se rindieran ante los ejércitos de Holofernes para no perecer de hambre y de sed. El sacerdote Ozías les dijo: “Esperen cinco días y en ese plazo decidiremos qué debemos hacer”.

Entonces se presentó ante Ozías y los jefes una mujer llamada Judit. Se había quedado viuda hacía tres años y medio y estaba dedicada a orar, y a ayudar a los necesitados y hacía muchos sacrificios. Era muy hermosa y simpática y nadie podía criticar nada contra ella, porque su vida era la de una persona que tiene mucho temor de ofender a Dios.

Judit les dijo: -“Dios nos está probando pero no nos ha abandonado. Yo voy a hacer en estos días algo cuyo recuerdo se prolongará por muchos siglos. Esta noche saldré de la ciudad y luego Dios hará por mi mano algo que ahora no les puedo contar”. Luego se postró ante Dios y le rogó que bendijera su plan y la ayudara. El sacerdote y los demás jefes le dijeron: “Vete en paz y que el Señor te proteja y te guíe”.

Judit se adornó con sus mejores joyas y se puso sus más hermosos vestidos y acompañada de su criada salió de Betulia y se dirigió hacia el campo de los enemigos. Estaba hermosísima.

Un grupo de centinelas la vio y le preguntó a dónde iba. Ella les dijo que estaba huyendo de Betulia y quería entrevistarse con el general Holofernes. Ellos la llevaron hacia el cuartel del jefe. Cuando Holofernes y sus generales la vieron se quedaron admirados de su gran hermosura.

Judit le pidió a Holofernes que le permitiera quedarse unos días allí en el campamento y que diera órdenes a sus guardias para que la dejaran salir cada madrugada a un campo vecino a orar a Dios. El general aceptó su petición y ordenó que le ofrecieran los mejores alimentos, pero ella dijo que su criada había llevado provisiones para varios días y que esto les bastaba. Le fue señalada una habitación.

Holofernes se enamoró de la belleza extraordinaria de Judit y organizó un gran banquete en su honor; e invitó a sus mejores generales. Judit llegó al banquete adornada con sus mejores joyas y supremamente hermosa. El general encantado ante su presencia bebió esa noche más que nunca, y cuando los generales lo vieron totalmente borracho lo dejaron allí solo, frente a Judit que estaba a la mesa cenando también.

Cuando Judit vio que todos se habían ido y que ella había quedado completamente sola frente a Holofernes que estaba totalmente borracho y dormido a causa de su borrachera, pidió fortaleza a Dios y tomando la espada del general le cortó la cabeza y la echó entre un costal, y la pasó a su criada. Y como los guardias tenían orden de dejarla salir al campo durante la noche a rezar, la dejaron pasar sin decirle nada. Nadie sospechaba lo que había sucedido. Ella había preferido entre dos males el menor. Un mal era que moriría todo el pueblo de Israel a manos de los soldados de Holofernes, el otro era que muriera Holofernes, pero que el pueblo se salvara. Y Judit escogió este segundo medio.

Judit llegó a Betulia y anunció a Ozías y a los demás jefes lo que había hecho y los mostró la cabeza de Holofernes. La gente se llenó de entusiasmo y empezó a gritar de alegría.

Al amanecer los ayudantes de Holofernes fueron a su habitación y lo encontraron muerto. Y esta noticia causó una alarma tan espantosa que sus soldados se lanzaron a la dispersión, huyendo cada uno por su lado y dejaron libre la ciudad de Betulia y no la destruyeron, y en cambio le dejaron en sus alrededores grandes riquezas que no tuvieron tiempo de llevarse al salir huyendo.

El Sumo Sacerdote de Jerusalén y el senado de la nación fueron hacia Betulia a felicitar a Judit y le dijeron: “Tú eres la gloria de Jerusalén, el orgullo de Israel. Bendita seas por el Señor Omnipotente por todos los siglos”. Y el pueblo respondió: “Amén”.

Y Judit entonó un canto de acción de gracias a Dios diciendo: “Alabad a mi Dios con instrumentos musicales. Elevad al Señor cantos de acción de gracias. Porque el Señor es el único que es capaz de evitar las guerras. Bendito sea por siempre. Amén”.

Judit vivió en Betulia hasta la edad de cien años. Nunca quiso volverse a casar, y era estimadísima por toda la población. Las riquezas que su marido le había dejado las repartió entre los que lo necesitaban, y después de haber libertado tan valientemente a su pueblo, adquirió un nombre famoso para siempre aquí en la tierra y un puesto en el cielo por sus buenas obras y su gran virtud.

Fuente: ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/santa-judit

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Semblanza del P. Fortunato Alonso, OMI

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El P. Alberto Ruiz, vicario provincial de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada ha dedicado esta semblanza a la figura del P. Fortunato Alonso, fallecido a los 97 años tras más de 20 de servicio en nuestra diócesis. El próximo lunes, 9 de enero, se celebrará en la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza y San Eugenio Mazenod una Eucaristía por su eterno descanso.

Afortunada consecuencia de haberte conocido

El pasado 26 de diciembre nos dejaba nuestro decano, el P. Fortunato Alonso Gutiérrez quien, a sus 97 años, entregaba su vida al Señor en la comunidad de Diego de León. Si algo podía definir a nuestro hermano, era el apelativo que él otorgaba a las personas a las que admiraba, como por ejemplo el P. Emilio Trottemenu, compañero de fatigas en Argentina y de quien siempre decía: ¡era un hombre consecuente!

Entierro del P. Fortunato Alonso

Entierro del P. Fortunato Alonso

Así era Fortunato -Fortu, como le conocían los jóvenes malagueños- un hombre consecuente con su vocación de misionero oblato, que vivió agradecido hasta el final. Mucho le gustaba compararse con Amós, cultivador de higos a quien Dios llamó de pastorcillo a pastor de un pueblo. Y es como él se sentía, llamado por gracia a guiar a la Iglesia a la que amaba profundamente.

Tanto en este amor -conocía el nombre de todos los obispos de España-, como en la firmeza de carácter, se parecía Fortunato a nuestro querido Fundador, san Eugenio de Mazenod. E, igualmente, se pareció a él en dejarse moldear por el Espíritu, hasta adquirir una tierna afabilidad en la vejez, como en servir a los pobres hasta el final. Pues, al igual que cuentan del obispo de Marsella que iba a las casas más humildes de sus feligreses para administrarles los sacramentos, así subía Fortunato las cuestas de Mangas Verdes (Málaga) para pasar tiempo con sus amados enfermos.

P. Fortunato Alonso en una celebración parroquial

P. Fortunato Alonso en una celebración parroquial

No fue fácil la vida de nuestro hermano. Desde una niñez vivida en tiempo de guerra, a un seminario donde padecieron el hambre y la escasez; desde unos tiempos convulsos en la argentina de los años 60, hasta unos tiempos difíciles en el posconcilo español; desde sus deseos de ser misionero en tierras lejanas, a tener que ejercer la autoridad como Provincial en el territorio patrio.

Pero él lo vivió todo desde la fe, que le hacía comprender la vida según el conocido Evangelio: «a vino nuevo, odres nuevos». Él mismo reconocía, en este aspecto, el bien que le hizo estar en casas de formación durante muchos años de su vida, lo que sirvió para no quedarse anquilosado en viejas costumbres y adaptarse a una época tan novedosa para todos los que la vivieron.

La división entre los oblatos de España hizo que el Superior general le trajera de vuelta de su añorada Argentina en los años setenta. A pesar del sufrimiento interior que le causó, el hombre consecuente y obediente regresó para intentar apaciguar unos ánimos caldeados política y religiosamente hablando. Con un espíritu de comunidad y de acogida mantenido hasta el final, los que estuvimos cerca de él pudimos comprobar como nunca habló mal de nadie de aquel momento. Es más, a sus labios asomaba la pregunta: ¿podría haber hecho más para que muchos de los que se secularizaron hubieran permanecido en la Congregación?

P. Fortunato Alonso junto a otros miembros de su comunidad

P. Fortunato Alonso junto a otros miembros de su comunidad

Fortunato, lector infatigable, afición que cultivó hasta el último día -se quejaba de que no veía y no podía leer días antes de fallecer-. Su terraza malagueña, donde también expresaba su devoción mariana mediante el rezo del rosario, fue testigo de su insaciable curiosidad teológica y su deseo de formarse para servir mejor a la gente sencilla.

Esa gente que tuvo la ocasión de conocerle y, por eso mismo, de quererle. Desde Málaga a Oviedo, pasando por Jaén, Madrid y Valladolid, laicos de todas las edades pudieron apreciar la entrega y cercanía un oblato que amaba a los pobres y sentía predilección por los más abandonados. Habían quedado atrás sus años a caballo por la estepa Argentina predicando misiones populares, pero su corazón le seguía impulsando, en sus largos paseos, a encontrarse con las personas de los barrios donde vivía.

Querido Fortunato: estamos seguros de que en ti se cumplen hoy las palabras de Jesús: «siervo bueno cumplidor, como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de su Señor». Muchos de nosotros estamos seguros de haber vivido con un santo de la puerta de al lado, por lo que agradecemos a nuestro Dios, parafraseando tu nombre, la afortunada consecuencia de haberte conocido. Porque tu consecuencia nos ha ayudado a crecer en el amor y en la amistad con Cristo. Él ha querido llevarte durante la octava de su nacimiento. Nosotros te despedimos agradecidos.

P. Fortunato Alonso

P. Fortunato Alonso

Aun en un día triste como éste, tu sonrisa pícara nos recuerda que no tenemos vocación de tristes. Que las dificultades no han de apagar nuestra esperanza. Que las contrariedades no han de ser excusa para no amar y perdonar. En palabras de Luis García Montero: «son las cosas que pasan, las inevitables esquinas del mundo, ayer, hoy, mañana, esas sombras que esperan muchos días a que las preguntas caigan en su tierra. En buena tierra. Porque tienen intención de germinar. Porque nunca han dejado de ser». ¡Gracias, Fortunato, por animarnos a ser buena tierra donde fructifique la Palabra hecha carne!
 

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