
+ José Rico Pavés
Obispo de Asidonia-Jerez
Esta semana la Iglesia Católica se viste de fiesta para celebrar una efeméride histórica: el centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, popularmente conocida como el Domund. Cien años después de su nacimiento, la llama de la solidaridad misionera se mantiene viva en nuestra Diócesis, a través de las parroquias, colegios y grupos eclesiales.
Los orígenes: ensanchar la esperanza en un mundo convulso
Para entender cómo nació esta iniciativa hay que remontarse a 1926, un periodo de entreguerras marcados por la incertidumbre geopolítica, las tensiones sociales y la reconstrucción tras la Gran Guerra. En aquel contexto de división, la Iglesia buscó abrir puentes universales. Fue el papa Pío XI —conocido desde entonces como el «Papa de las Misiones»— quien instituyó oficialmente la Jornada Mundial de la Propagación de la Fe, recogiendo el impulso solidario de la beata seglar francesa Pauline Jaricot (+1862), quien décadas antes había comenzado a tejer una red de oración y colectas sencillas entre las obreras de Lyon, fundando la Sociedad de la Propagación de la Fe y la Asociación del Rosario Viviente.
El Domund nació como una llamada a levantar la vista del propio entorno y recordar que la fe es, por definición, misionera.En un mundo golpeado por los enfrentamientos fratricidas, la Iglesia propuso un gesto de catolicidad: apoyar espiritual y materialmente a quienes dejaban su tierra para llevar el Evangelio al mundo entero.
De la «hucha del Domund» a la era digital: un siglo de evolución
A lo largo de estas diez décadas, las campañas del Domund han ido transformándose al ritmo que marcaba la historia y la sociedad. Los que ya llevamos muchos años siendo jóvenes, recordamos aún con emoción las huchas con figuras de niños de distintos continentes —la «hucha del Domund»— con las que los pequeños y jóvenes recorríamos las calles de nuestras ciudades pidiendo un donativo para las misiones. Esas campañas nos ayudaban a mirar más lejos, nos mostraban cercanos a los que vivían lejos y nos enseñaban que las buenas obras grandes empiezan siempre por gestos pequeños de generosidad.
Con el paso del tiempo, el lenguaje visual y las dinámicas cambiaron. Llegaron los carteles con fotografías impactantes de misioneros en primera línea de acción, los programas de radio, los testimonios directos y en tiempo real de los misioneros, las pegatinas en los colegios y, en los últimos años, las campañas digitales, las carreras solidarias y las donaciones por Bizum. Sin embargo, detrás del cambio de formato, la esencia permanece intacta: concienciar de que la misión no es cosa de unos pocos héroes, sino un compromiso compartido por todos los que tenemos la dicha inmensa de ser hijos de la Iglesia Católica.
2026: uno en Cristo, unidos en la misión
Para este año 2026, el lema elegido para el centenario nos invita a volver al origen donde todo comienza para sabernos corresponsables en la evangelización: uno en Cristo, unidos en la misión. Recuperando el lema agustiniano del Papa León XIV (in illo uno unum: “en el único Cristo somos uno”), somos llamados a estrechar los vínculos de comunión con Cristo para impulsar unidos la misión evangelizadora. La capacidad para afrontar en nuestra Diócesis los retos locales de la evangelización se mide por su apertura a las necesidades de la Iglesia en tierras de misión. En la medida que seamos generosos hacia fuera estaremos capacitados para sembrar el Evangelio hacia dentro. Así es la lógica evangélica: solo el que da recibe, solo quien se da es capaz para la misión. Por eso, la generosidad en las campañas del Domund no solo muestra nuestra apertura a las necesidades de quienes están territorialmente alejados de nosotros, sino que ponen en evidencia nuestra capacidad real de cuidar la misión evangelizadora con los de cerca.
En este año tan especial del centenario, la Delegación Diocesana de Misiones nos invita a colaborar de tres formas muy concretas: con la oración,sosteniendo espiritualmente la labor diaria de los misioneros; con el tiempo, colaborando en las actividades parroquiales y en los grupos eclesiales difundiendo y haciendo vida el lema de este año; con la aportación económica, sintiendo como propias las necesidades de quienes se encuentran en la primera línea de la acción evangelizadora.Cada donativo, por modesto que sea, permite mantener iglesias, comedores, centros de salud, orfanatos y proyectos de desarrollo en los lugares más desfavorecidos.
Cien años, en la historia bimilenaria de la Iglesia Católica, es solo el principio de un compromiso que debe seguir creciendo.Vivamos este Domund 2026 como una oportunidad preciosa para reavivar la solidaridad misionera en nuestra diócesis, impulsar la conversión misionera y demostrar que la esperanza en Cristo, cuando se comparte en unidad, se multiplica y alcanza a todos. ¡Colabora con el Domund!
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