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Vídeo mapping en la fachada de la Catedral, a iniciativa del Ayuntamiento de Huelva

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Vídeo mapping en la fachada de la Catedral, a iniciativa del Ayuntamiento de Huelva

Como novedad este año, dentro de la programación navideña diseñada por el Ayuntamiento de Huelva, se proyectará un vídeo mapping en la fachada de la Catedral que servirá de punto de encuentro en la plaza de La Merced, donde onubenses y visitantes podrán admirar un espectacular juego de proyecciones 3D, música y luces.

La fachada de la Catedral de La Merced hará, de este modo, de privilegiado lienzo sobre el que el show reflejará los símbolos de la Navidad en Huelva, la arquitectura, y el sentimiento de los onubenses en tan entrañables fiestas.

Horarios (del 11 diciembre al 4 de enero 2023)

Pases a las 19.30 y 20.30 horas de domingo a jueves.

Pase extra a las 21.30 horas los viernes, sábados y vísperas de festivos.

Los días 24 y 31 no habrá pases

Fuente: Ayuntamiento de Huelva (Más información)

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La serenata a La Sola y el baile de los Seises marcan la diferencia en la fiesta de la Inmaculada en Guadix

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La serenata a La Sola y el baile de los Seises marcan la diferencia en la fiesta de la Inmaculada en Guadix

Guadix celebró la fiesta de la Inmaculada Concepción con solemnidad, como corresponde a una fiesta tan arraigada en la Iglesia y, de manera particular, en la diócesis de Guadix. Una Misa Pontifical y una procesión con la imagen de la Inmaculada, han sido dos momentos importantes de esta celebración. Pero, sobre todo, el canto de la serenata a La Sola, en la víspera, y el baile de los Seises en la Catedral marcan la singularidad de esta celebración en la ciudad accitana.

Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, presidió las celebraciones en la Catedral. El jueves 8 de diciembre, en una Eucaristía concelebrada por los sacerdotes de la ciudad, el obispo animó a dejarse querer por la Virgen Madre y a confiar plenamente en Dios. “El mal no triunfa, Dios vence siempre y vencerá a pesar de las aparentes victorias del mal… y nos lo recuerda la Virgen Inmaculada”, dijo Mons. Orozco en la homilía, que concluyó afirmando que “María brilla como signo de esperanza segura y de consuelo para el Pueblo de Dios en camino”.
Al término de la Misa Pontifical del 8 de diciembre, como es tradición en Guadix, los Seises bailaron ante el Santísimo y la imagen de la Inmaculada Concepción. Son muy pocas las catedrales que tienen el privilegio de contar con Seises y Guadix es una de ellas. Después, una procesión sacó la imagen de la Inmaculada por el entorno de la Catedral.
Serenata a la Sola
En la víspera, como también es costumbre, se celebró una Vigilia de oración. Fue en la Catedral y contó con dos momentos de celebración: primero una Misa y, después, un tiempo de adoración del Santísimo. El coro de jóvenes de la delegación de Juventud animó la celebración con sus canciones.
Terminó la Vigilia de la Inmaculada con el canto de la serenata a La Sola, que es una imagen de la Inmaculada que se venera en una fachada de la Catedral desde el siglo XVI. Como ya se hizo el año pasado, un camión de bomberos de Guadix permitió al obispo subir hasta la imagen para depositar las flores a sus pies. Los cantos ayudaron a que este fue un momento emotivo, que ya se está convirtiendo en toda una tradición.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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No termines «alobao» este Adviento. Nuevo vídeo de #AdvientoMalaguita

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NoticiaAdviento

Publicado: 09/12/2022: 29

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Vídeos

Última semana de Adviento y un nuevo vídeo de la serie de #AdvientoMalaguita en la que sacerdotes y diáconos nos ilustran el Evangelio con palabras propias del vocabulario malagueño. En este IV Domingo de Adviento, se trata de Miguel Ángel Sánchez Doblas, diácono permanente, y el término «alobao».

Ana María Medina

Periodista de la diócesis de Málaga

_AnaMedina_

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Nueva hermandad del Rocío en el Rincón de la Victoria

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El Sr. Obispo ha firmado el decreto de aprobación de los estatutos de la nueva Hermandad del Rocío de Rincón de la Victoria, convirtiéndose así en la duodécima hermandad que profesa veneración en torno a la Virgen del Rocío de Almonte en la provincia de Málaga.

El anuncio se hizo público el jueves 8 de diciembre en el transcurso de la Misa del mediodía celebrada en la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria, que presidió el párroco, Leandro Carrasco, y coincidiendo con la conmemoración de la festividad de la Inmaculada Concepción de María. El Grupo Parroquial Nuestra Señora del Rocío de Rincón de la Victoria, fue reconocido como tal en el año 2015, siendo en diciembre de ese mismo año cuando estableció su sede canónica en la Parroquia Nuestra Señora de la Victoria, de la mano del entonces párroco, Fidel García.

Mons. Catalá reza ante el simpecado de la hermandad rociera de la parroquia del Rincón de la Victoria
Mons. Catalá reza ante el simpecado de la hermandad rociera de la parroquia del Rincón de la Victoria

El responsable de la, hasta ahora, agrupación Parroquial, Alejandro Benjumea, ha manifiestado su satisfacción «por esta buena nueva que supone además todo un hito para la localidad costasoleña», al tiempo que ha agradecido públicamente «la labor constante y el esfuerzo realizado por todas aquellas personas, devotos, vecinos y entidades que han hecho posible la culminación de esta entrañable misión». Asimismo, destaca «la sensibilidad mostrada por los diferentes responsables parroquiales habidos en estos años y por la propia Diócesis de Málaga, para acoger en el seno de la misma a esta neófita hermandad rociera». 

La Hermandad del Rocío de Rincón de la Victoria, que cuenta en el momento de su nacimiento con más de 200 hermanos, se convierte en la duodécima de la provincia, tras los rocieros de Málaga, Málaga la Caleta, Estepona, Marbella, Arroyo de la Miel, Fuengirola, Ronda, Torremolinos, Torre del Mar, Antequera y Vélez-Málaga. 

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La primera Navidad, contada en vivo en Radio Misioneras

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Los alumnos y alumnas del colegio Misioneras Cruzadas de la Iglesia en Málaga han puesto su voz y entusiasmo a la gran noticia de la Navidad que llegará en próximos días. Basado en los Hilos de twitter del periodista de la Diócesis Antonio Moreno, han dramatizado los sucesos que debieron acontecer en aquel mes de diciembre del año 0.

«La Navidad siempre llega, siempre es noticia y tiene algo nuevo que decirnos hoy, a nosotros y al mundo». Con ese objetivo, los alumnos y alumnas del Colegio de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia en Málaga están elaborando unos programas de radio que pueden escucharse a través de la Radio Misioneras y en este enlace.

Dan voz así a la narración ficcionada de los acontecimientos de la primera Navidad.

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El Obispo preside en la Catedral la Solemne Misa Estacional de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Diócesis de Huelva

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El Obispo preside en la Catedral la Solemne Misa Estacional de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Diócesis de Huelva

En la mañana de hoy, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Patrona de la diócesis onubense, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha presidido en la Catedral la Solemne Misa Estacional, concelebrada por vicarios episcopales, el rector y el formador del Seminario Diocesano -que también celebraba a su titular-, y miembros del Cabildo Catedral y sacerdotes, así como participada también por los seminaristas; una celebración a la que han asistido autoridades, representantes de la Real Sociedad Colombina Onubense y del Colegio de Farmacéuticos, de la curia diocesana, del Consejo de Hermandades de la capital y numerosos fieles.

Mons. Gómez Sierra ha subrayado al inicio de su homilía que “donde hay una comunidad católica, allí se venera hoy a la Virgen con este nombre hermoso: Inmaculada Concepción” y ha recordado que “a lo largo de los siglos la Iglesia ha tomado conciencia de que María, llamada por el ángel Gabriel llena de gracia, había sido redimida por Dios desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX: la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (Bula Ineffabilis Deus: DS 2803)”.

De este modo, Ella, en efecto, como dice san Ireneo: “por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano” (LG 56), ha señalado más adelante el Obispo, quien ha indicado que, así, la Virgen Inmaculada se convierte para nosotros en “ejemplo de fe en la omnipotencia divina”, ya que “la fe en Dios Padre todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento”, de manera que “solo la fe puede adherirse a los misteriosos caminos en los que se manifiesta la omnipotencia de Dios”. De esta fe, “la Virgen María es el modelo supremo: Ella creyó que nada es imposible para Dios (Lc 1,37)”.

También María es “ejemplo de obediencia a la fe”, puesto que “obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, que es la Verdad misma. La Virgen María es la realización más perfecta de esta obediencia. María acogió el anuncio que le traía el ángel Gabriel, dando su consentimiento: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 45)», ha explicado el Obispo.

Además, ha señalado que María es “ejemplo de santidad” y que “el cristiano aprende de María el ejemplo de santidad, Ella limpia de toda mancha de pecado”. De esta manera, “cada bautizado está llamado a realizar su vocación a la santidad en la Iglesia, en comunión con todos los hermanos. De la Iglesia recibimos la Palabra de Dios. De la Iglesia recibimos la gracia de los sacramentos que nos sostienen en el camino de la vida. De la Iglesia aprendemos el ejemplo de la santidad, de manera eminente en la Virgen Inmaculada, y en la larga historia de los santos que nos han precedido”.

Y María es también “ejemplo de esperanza”, porque “Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres”. Así ha expresado que “la figura más pura de esta esperanza es María. A Ella se le anuncia que su hijo: Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Por todo ello, María, la Virgen Madre Inmaculada, “es nuestra Madre en el orden de la gracia, porque colaboró de manera totalmente singular a la obra de nuestro Salvador Jesucristo, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres», ha indicado.

La celebración, que ha sido acompañada al canto por la Coral Polifónica de la Catedral, dirigida por Sergio Lazo, ha concluido con la Bendición Apostólica y el himno a la Inmaculada Concepción que compuso Mons. Pedro Cantero, primer obispo de Huelva, con música de Primitivo Lázaro. Una imagen de la Inmaculada Concepción del Monasterio de las Madres Agustinas de la capital ha presidido este año el altar en la solemnidad de la Patrona de la Diócesis de Huelva.

Durante los días 5, 6 y 7 de diciembre, también en la Santa Iglesia Catedral, se ha celebrado el Triduo predicado por el canónigo Longinos Abengózar.

Ofrenda de flores y oración ante el Monumento de la Inmaculada Concepción de Huelva

Tras la celebración en la Santa Iglesia Catedral, Mons. Santiago Gómez ha presidido el acto de ofrenda floral y oración organizado por la Comisión del Monumento a la Inmaculada Concepción de Huelva.

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La Virgen María hizo la Voluntad de Dios

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Homilía de D. José María, arzobispo coadjutor, en la Eucaristía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebrada el 8 de diciembre de 2022, en la S.I Catedral. En la Eucaristía se celebró el 75 aniversario de la llegada salesiana a Granada.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos tres miembros de la comunidad salesiana de Granada;
queridos hermanos y hermanas en el Señor, especialmente a quienes os hacéis presentes en esta Solemnidad en nuestra Catedral, en el corazón de la Diócesis, para dar gracias a Dios por la presencia salesiana de 75 años ya en nuestra ciudad de Granada:

Con esta devoción a María Auxiliadora, tan querida por Don Bosco, tan llevada en las entrañas del apostolado salesiano por todo el mundo, de tal manera que donde hay una presencia salesiana, hay una presencia de María especial, de sus llamadas, de sus colegios, de sus obras sociales. Y en nosotros, 75 años, desde que en 1946 vinieron los primeros salesianos y vienen en esta vocación de María Auxiliadora, el pueblo cristiano. Cuánto nos debemos a María. Siempre está. Auxilio de los cristianos la llamamos en la letanía del Santo Rosario. Auxilio nuestro. Con esta vocación concluimos en esta celebración, en la Solemnidad de la Inmaculada, estas fiestas. Ellos han hecho un aporte más mariano a lo que es ya de por sí es una impronta de Granada. Su cariño a la Virgen, y especialmente esta ciudad. Esta diócesis es la diócesis de la Inmaculada Concepción. El triunfo expresa ese reconocimiento, pero no como algo pasado, simplemente, sino como un tributo del pueblo cristiano a uno de los privilegios que adornan a Nuestra Señora y que la Iglesia reconoció oficialmente en 1854, cuando el Papa Pío IX proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, por el cual, lo que ya el pueblo cristiano había creído desde sus inicios, y el pueblo de Granada de manera especial, que la Virgen desde el momento de su concepción estaba limpia de todo pecado.

Hemos escuchado la Palabra de Dios. Por una parte, esas dos escenas esenciales: la historia de la Salvación. La primera nos muestra con ese lenguaje del Libro del Génesis, tan bello, pero, al mismo tiempo, tan enigmático; tan sencillo, pero, al mismo tiempo, tan sublime, nos muestra el primer pecado de la humanidad, que, en el fondo, es un apartamiento, un querer suplantar a Dios. Cuando se rompe esa prohibición de Dios al hombre creado en ese estado original de felicidad y de amistad con Dios, rompe esa alianza pretendiendo ser como Dios a instigación del demonio. Y, ¿qué hace Dios? Ciertamente, hay un castigo. Ese pecado lo arrastramos todos. Es el pecado original, originante, con el que nacemos los desterrados hijos de Eva. Pero ya desde los inicios, Dios abre la puerta a la esperanza. Nos abre la puerta el Mesías, el enviado por Dios, el Hijo de Dios. Y en este tiempo de Adviento, qué bien lo recordamos animando la esperanza que movió a todo el pueblo de Israel, en esa espera en la historia, esperando al Mesías, al Salvador, Aquél que nos quita el pecado del mundo, el Cordero de Dios, como soñaba Juan el Bautista, el que carga sobre Sí nuestras culpas, siendo Él el inocente, el Hijo de Dios. Pero hay una mujer también protagonista. Los padres de la Iglesia dicen que el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por una mujer, por María, con su obediencia. María es la nueva Eva. Así nos la muestra el evangelista San Juan con palabras del propio Jesús cuando la llama “mujer”, tanto en las bodas de Caná como cuando nos la entrega en la cruz como madre: “Mujer”.

Ella es la mujer nueva, la creyente que acepta la Palabra de Dios, el designio de Dios sobre su vida y sobre la historia. Ella es la que pisa la cabeza del Maligno. Ella es la nueva Eva. Y de ella, también, de su limpieza participamos todos. También porque participamos de la Redención de Cristo, que a nosotros se nos aplica después del Misterio de la Cruz, a través del ministerio de la Iglesia en el Sacramento del Bautismo, incorporándonos a Cristo, haciéndonos también poseedores de esa bendición que relata San Pablo en la Carta a los Efesios, ese himno tan precioso que hemos escuchado en la Segunda Lectura: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en la persona de Cristo nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Nos eligió antes de la constitución del mundo, para que seamos santos e irreprochables ante Él por el amor. Cristo nos ha salvado y María anticipa Su salvación en previsión de los méritos de Cristo, Su Hijo, al que llevó en sus purísimas entrañas. Cuando miramos a María, no sólo hemos de verla como la limpia de todo pecado, sino como la llena de santidad, la llena de Gracia, como la saludó al Ángel, aquélla que hace la Voluntad de Dios. Por eso nosotros, que nos unimos, queridos amigos, a aquella mujer que en el Evangelio le sale al paso Jesús y le dice: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”, Jesús dice: “Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. María es grande porque es la Madre de Dios. Y porque iba a ser la Madre de Dios, fue preservada de todo pecado, es inmaculada. Y porque es la Madre de Dios, es virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Porque es la Madre de Dios. Está asunta a los cielos en cuerpo y alma, y no podía conocer la corrupción del sepulcro, la que lleva, la que llevó en sus purísimas entrañas al autor de la vida. Pero María, sobre todo, es todo eso, porque hizo lo que Dios Le pidió, porque hizo la Voluntad de Dios.

Queridos hermanos, ahí sí podemos imitar a la Virgen. No en su pureza, no en su limpieza. “Dios libró del lobo a nuestra cordera”, canta la vieja cantiga castellana. ¿En qué podemos imitarla? En hacer lo que Dios nos pide. Y por eso estamos a los pies de María. Y porque hizo lo que Dios Le pedía, aceptó la Encarnación del Verbo en sus purísimas entrañas. Por eso, es la Madre de Dios. Los Padres de la Iglesia dicen que María concibió a Cristo antes por la fe que en sus purísimas entrañas aceptó el designio de Dios. Y Jesús nos dice: “No todo el que dice ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre, ése entrará”. Y Jesús mismo nos ha dicho de Sí mismo que su alimento es hacer la Voluntad del Padre y llevar a cabo Su obra. Y nos ha puesto en el Evangelio, cuando nos enseña el Padrenuestro, esa petición “hágase Tu voluntad en la tierra como en el Cielo”. Luego, queridos hermanos, ahí está el camino de la santidad a la que estamos llamados todos por nuestra condición de bautizados. La santidad no es para unos pocos. El Concilio Vaticano II nos ha recordado que todos estamos llamados a ser santos, a imitar a María, y podemos imitarla en nuestras condiciones de vida ordinaria, en el trabajo, en la vida de familia, en la vocación que cada uno desarrolla en la Iglesia, en nuestras relaciones con los demás. Porque nuestra vida está “cristificada”, ya está bendecida por Dios por la Redención de Cristo. Hemos pasado de la muerte a la vida. Hemos resucitado con Cristo a la vida de la gracia que un día llegaremos a la plenitud a la que ya nos ha precedido Cristo, nuestra Cabeza. Y está María junto a Él, por su Asunción.

Y la Voluntad de Dios, ¿cómo la sabemos? Pues, lo tenemos en sus Mandamientos. Nosotros también somos depositarios de ese mandato del Señor a poner la primacía de Dios por encima de todo nuestra vida. En cambio, cuando dejamos a Dios a un lado, cuando nos dejamos llevar por el secularismo que nos invade, cuando Dios se convierte en un “sin papeles” en nuestra vida, en algo marginal, sólo para casos de emergencia, o cuando van las cosas mal, cuando desacralizamos nuestra existencia de creyentes, de cristianos, de otros cristos, nuestra vida pierde el sentido original, aquel sentido original que encarna María con la Gracia, aquel sentido original que nace de la Redención de Cristo. Estropeamos nuestra vida cristiana. El pecado vuelve a aparecer en nuestra existencia en múltiples formas y en nuestra sociedad como manifestación de la maldad de los seres humanos. En la violencia, en los egoísmos, en la corrupción, en la falta de paz, en los enfrentamientos, en la desunión. Vuelve a aparecer en tantas y tantas lacras que afean nuestro mundo. Ese mundo bueno, querido por Dios desde sus comienzos, como nos relata el propio Libro del Génesis: “Vio Dios que esto era bueno”. María nos recuerda que estamos llamados a la santidad; que estamos llamados a vivir como cristianos de verdad, de cuerpo entero, a dejar a un lado esa modalidad de cristianismo ramplón, esa modalidad de cristianismo de creyente y no practicante, o sólo en caso de emergencia, cuando van las cosas mal y entonces “nos acordamos de santa Bárbara cuando truena”, como dice el dicho popular.

Volvamos a la santidad. Seamos santos. “Sed santos como vuestro Padre celestial es santo”. Los santos, nuestros amigos, nos enseñan que la santidad es la primera. Los profetas, apóstoles en el Evangelio, nos muestran que ellos también estaban cargados de defectos, que no los niega el texto sagrado, y ellos fueron capaces de seguir a Jesús. ¿Por qué nosotros no? Fijémonos en esa santidad de la puerta de al lado que llama el Papa Francisco. Pidamos como Dios nos pide. Pongamos en práctica sus mandamientos y, si queréis, que ese resumen de los mandamientos, que es el amor a Dios y el amor al prójimo, vivamos una vida cristiana, de oración, de frecuencia sacramental, de acercamiento al perdón de Dios para limpiar nuestras manchas. No nos quedemos en un cristianismo externo, en un cristianismo de sólo de procesión. Llevemos la procesión por dentro. Vivamos un cristianismo que se note en la sociedad, cambiándola, haciéndola mejor, no viviendo un cristianismo privado, tan privado que no nos atrevemos a imponernos a nosotros mismo. Seamos respetuosos y exquisitos con las conciencias y las convicciones de los demás, pero sin renunciar a las propias; sin dejarnos llevar de una pasividad o de un cristianismo de cruzamiento de brazos ante el diseño de una sociedad que no tiene nada que ver con el proyecto de Dios y mucho menos con esa plenitud del proyecto de Dios que nos trae Cristo, que le dice al hombre lo que debe ser el hombre, qué es la vocación suprema del hombre. Seamos cristianos de verdad.

Que esta fiesta de la Inmaculada nos espolee y nos lleve a sacudir de nosotros todo lo que nos aparta de Dios y de los demás, y hacer el propósito de vivir como hijos e hijas de Dios. Nosotros, que le rezamos a Santa María, “ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Nosotros, que le pedimos a Ella que nos haga dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. Nosotros que le decimos a Ella, de verdad, “muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre”.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor

8 de diciembre de 2022
S.I Catedral de Granada

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Juan Yersin Méndez, nuevo diácono para la diócesis de Córdoba

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Juan Yersin Méndez, nuevo diácono para la diócesis de Córdoba

Monseñor Demetrio Fernández, preside la ordenación diaconal de este seminarista del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater “San Juan de Ávila” en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

El Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha presidido en la Santa Iglesia Catedral la misa pontifical en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y ha ordenado diácono a Juan Yersin Méndez Ozuna, formado durante nueve años en el Seminario Diocesano Misionero Redepmtoris Mater “San Juan de Ávila”.

En el día de la Inmaculada Concepción de María, el Obispo ha invitado a la alegría al contemplar el rostro de la Virgen, “a la que Dios le ha concedido todas las gracias” y ha explicado que lo que vemos en María es lo que Dios “nos quiere dar a nosotros, pecadores, según la medida de Cristo”. Mirarla es sentirla cerca, porque es madre, ha continuado el Obispo, y esta cercanía “en Ella se convierte en esperanza y promesa para nosotros”. Monseñor Demetrio Fernández ha llamado a la obediencia, al modo de la Virgen María, porque “todos los pecados vienen por desobediencia” y “la redención del mundo se hará por el camino de la de la obediencia, que lleva a la cruz”, ha dicho durante su alocución.

Durante la homilía, el obispo de Córdoba ha felicitado al Seminario Diocesano Misionero “San Juan de Ávila” en el vigésimo quinto aniversario de su creación que ha dado como fruto la ordenación de veintinueve presbíteros, diez de ellos en misión por el mundo. Al nuevo ordenado en el grado diaconal, el Obispo se ha dirigido asegurando que este “sí” al Señor y a la Iglesia implica una “expropiación” y una entrega que “no brota de una decisión personal; brota de un atractivo de Jesucristo, que se presenta en nuestra vida con una fuerza capaz de enamorar”.

Sacerdotes, formadores, familiares, amigos y fieles se han unido a esta celebración para acompañar al joven, natural de Santo Domingo, en el día en que ha recibido el primer grado del orden sacerdotal, un momento para el Camino Neocatecumenal lleno de alegría, por el inicio, también, de la causa de beatificación de Carmen Hernández, su fundadora junto a Kiko Argüello, que, en palabras del Obispo de Córdoba, fue cristiana con “una gran estima por la Escritura, por la centralidad de la eucaristía y con un gran apasionamiento por la misión”

Por su parte, Juan Yersin ha vivido este día como un regalo de Dios, rodeado de su comunidad que lo ha acompañado durante todo este tiempo en el que ha podido “abandonarse a la mano de Dios” y entregar su vida al servicio de Dios y de su Iglesia.
Sus años de formación y, especialmente los que ha vivido en misión, le han permitido salir de una profunda timidez y comprobar que había una persona que lo quería por encima de todas sus debilidades, Dios. Hoy ha dado un paso más en su vocación convirtiéndose en el nuevo diácono de la diócesis de Córdoba. “Es un ministerio que Dios me regala y es un servicio en el que el Señor me invita a entregarme totalmente a Él y a su Iglesia”.

 














































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Mons. Saiz: “Tener por madre a María Inmaculada es un don inmenso”

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Mons. Saiz: “Tener por madre a María Inmaculada es un don inmenso”

La Catedral de Sevilla acogió un año más la celebración de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, “la fiesta de Adviento por excelencia”, expresó monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo hispalense, durante su homilía.

A la ceremonia asistieron sacerdotes, miembros del Cabildo Metropolitano, de la vida consagrada, de la Asociación de la Virgen de los Reyes y San Fernando, hermanos y hermanas del pueblo de Dios.

“Después del pecado original – reflexionó mons. Saiz – Dios se dirige a la serpiente, que representa a Satanás, la maldice y añade una promesa: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia: esta te aplastará la cabeza cuando tu la hieras en el talón”.

María, nueva Eva

En esta línea, “tener por madre a María Inmaculada es un don inmenso, que Jesús nos hace desde la cruz, una inmensa alegría.  Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y la sugestión del mal, podemos dirigirnos a ella, y nuestro corazón recibe luz y consuelo”.  Incluso, añadió “en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos sus hijos y que las raíces de nuestra existencia se hunden en la gracia infinita de Dios”.

Don José Ángel ha referido que “María es la nueva Eva, la verdadera madre de todos los vivientes, de quienes por la fe en Cristo reciben la vida eterna”.

Por tanto, “también a nosotros se nos ha otorgado la «plenitud de la gracia» que debe resplandecer en nuestra vida, porque el Padre de nuestro Señor Jesucristo nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, nos eligió para que fuésemos santos e intachables, y nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos”.

De esta manera, “esta filiación la recibimos por medio de la Iglesia, en el día del Bautismo. Al contemplarla, reconocemos la altura y la belleza del proyecto de Dios para todo hombre: ser santos e irreprochables en el amor, a imagen de Dios”.

Finalmente, el arzobispo de Sevilla exhortó a dar gracias a Dios por este signo maravilloso de su bondad, “encomendemos a la Virgen Inmaculada a cada uno de nosotros, a nuestras familias y comunidades, a toda la Iglesia y al mundo entero”.

 

 

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses. Solemnidad de la Inmaculada Concepción (8-12-2022)

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El 8 de diciembre celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Es la fiesta de Adviento por excelencia. Los textos bíblicos de la liturgia de hoy nos presentan tres momentos de la historia de la Salvación: el pecado original, en el libro del Génesis; el relato de la Anunciación del Evangelio de san Lucas; y la llamada a la santidad, en la carta de san pablo a los Efesios.

Después del pecado original, Dios se dirige a la serpiente, que representa a Satanás, la maldice y añade una promesa: “Pongo hostilidad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia: esta te aplastará la cabeza cuando ti la hieras en el talón”. Es el anuncio de un resarcimiento: En los primeros momentos de la creación parece que prevalece Satanás, pero vendrá un hijo de mujer que le aplastará la cabeza. Así, mediante el linaje de la mujer, Dios mismo vencerá, el bien vencerá. Esa mujer es la Virgen María, de la que nació Jesucristo que, con su sacrificio, derrotó de una vez para siempre al antiguo tentador. Por esto, en numerosas pinturas o estatuas de la Inmaculada, se la representa aplastando a una serpiente con el pie.

El evangelista san Lucas, por su parte, nos muestra a la Virgen María recibiendo el anuncio del mensajero celestial. Aparece como la humilde y auténtica hija de Israel, en la que Dios quiere poner su morada, de la que debe nacer el Mesías. Dios quiere hacer renacer a su pueblo, como un nuevo árbol que extenderá sus ramas por el mundo entero, ofreciendo a todos los hombres frutos buenos de salvación. A diferencia de Adán y Eva, María obedece a la voluntad del Señor, con todo su ser pronuncia un “sí” generoso, que compromete toda su vida, se pone plenamente a disposición del designio divino. Ella es la nueva Eva, la verdadera “madre de todos los vivientes”, de quienes por la fe en Cristo reciben la vida eterna.

También a nosotros se nos ha otorgado la «plenitud de la gracia» que debe resplandecer en nuestra vida, porque el Padre de nuestro Señor Jesucristo nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, nos eligió para que fuésemos santos e intachables, y nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos (cf. Ef 1, 3-5). Esta filiación la recibimos por medio de la Iglesia, en el día del Bautismo. Al contemplarla, reconocemos la altura y la belleza del proyecto de Dios para todo hombre: ser santos e irreprochables en el amor, a imagen de Dios.

Queridos hermanos: tener por madre a María Inmaculada es un don inmenso, que Jesús nos hace desde la cruz, una inmensa alegría. Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y la sugestión del mal, podemos dirigirnos a ella, y nuestro corazón recibe luz y consuelo. Incluso en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos sus hijos y que las raíces de nuestra existencia se hunden en la gracia infinita de Dios. La Iglesia misma, aunque está expuesta a las influencias negativas del mundo, encuentra siempre en ella la estrella para orientarse y seguir la ruta que le ha indicado Cristo.

Demos gracias a Dios por este signo maravilloso de su bondad, encomendemos a la Virgen Inmaculada a cada uno de nosotros, a nuestras familias y comunidades, a toda la Iglesia y al mundo entero.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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