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San Juan evangelista y apóstol

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San Juan evangelista y apóstolSan Juan Evangelista, a quien se distingue como “el discípulo amado de Jesús” y a quien a menudo le llaman “el divino” (es decir, el “Teólogo”) sobre todo entre los griegos y en Inglaterra, era un judío de Galilea, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, con quien desempeñaba el oficio de pescador.

Junto con su hermano Santiago, se hallaba Juan remendando las redes a la orilla del lago de Galilea, cuando Jesús, que acababa de llamar a su servicio a Pedro y a Andrés, los llamó también a ellos para que fuesen sus Apóstoles. El propio Jesucristo les puso a Juan y a Santiago el sobrenombre de Boanerges, o sea “hijos del trueno” (Lucas 9, 54), aunque no está aclarado si lo hizo como una recomendación o bien a causa de la violencia de su temperamento.

Se dice que San Juan era el más joven de los doce Apóstoles y que sobrevivió a todos los demás. Es el único de los Apóstoles que no murió martirizado.

En el Evangelio que escribió se refiere a sí mismo, como “el discípulo a quien Jesús amaba”, y es evidente que era de los mas íntimos de Jesús. El Señor quiso que estuviese, junto con Pedro y Santiago, en el momento de Su transfiguración, así como durante Su agonía en el Huerto de los Olivos. En muchas otras ocasiones, Jesús demostró a Juan su predilección o su afecto especial. Por consiguiente, nada tiene de extraño desde el punto de vista humano, que la esposa de Zebedeo pidiese al Señor que sus dos hijos llegasen a sentarse junto a Él, uno a la derecha y el otro a la izquierda, en Su Reino.

San Juan Apóstol con JesúsJuan fue el elegido para acompañar a Pedro a la ciudad a fin de preparar la cena de la última Pascua y, en el curso de aquella última cena, Juan reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús y fue a Juan a quien el Maestro indicó, no obstante que Pedro formuló la pregunta, el nombre del discípulo que habría de traicionarle. Es creencia general la de que era Juan aquel “otro discípulo” que entró con Jesús ante el tribunal de Caifás, mientras Pedro se quedaba afuera. Juan fue el único de los Apóstoles que estuvo al pie de la cruz con la Virgen María y las otras piadosas mujeres y fue él quien recibió el sublime encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor. “Mujer, he ahí a tu hijo”, murmuró Jesús a su Madre desde la cruz. “He ahí a tu madre”, le dijo a Juan. Y desde aquel momento, el discípulo la tomó como suya. El Señor nos llamó a todos hermanos y nos encomendó el amoroso cuidado de Su propia Madre, pero entre todos los hijos adoptivos de la Virgen María, San Juan fue el primero. Tan sólo a él le fue dado el privilegio de llevar físicamente a María a su propia casa como una verdadera madre y honrarla, servirla y cuidarla en persona.

Gran testigo de la Gloria del Maestro

Cuando María Magdalena trajo la noticia de que el sepulcro de Cristo se hallaba abierto y vacío, Pedro y Juan acudieron inmediatamente y Juan, que era el más joven y el que corría más de prisa, llegó primero. Sin embargo, esperó a que llegase San Pedro y los dos juntos se acercaron al sepulcro y los dos “vieron y creyeron” que Jesús había resucitado.

A los pocos días, Jesús se les apareció por tercera vez, a orillas del lago de Galilea, y vino a su encuentro caminando por la playa. Fue entonces cuando interrogó a San Pedro sobre la sinceridad de su amor, le puso al frente de Su Iglesia y le vaticinó su martirio. San Pedro, al caer en la cuenta de que San Juan se hallaba detrás de él, preguntó a su Maestro sobre el futuro de su compañero:

«Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21) Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» (Jn 21,22)

Debido a aquella respuesta, no es sorprendente que entre los hermanos corriese el rumor de que Juan no iba a morir, un rumor que el mismo Juan se encargó de desmentir al indicar que el Señor nunca dijo: “No morirá”. (Jn 21,23).

Después de la Ascensión de Jesucristo, volvemos a encontrarnos con Pedro y Juan que subían juntos al templo y, antes de entrar, curaron milagrosamente a un tullido. Los dos fueron hechos prisioneros, pero se les dejó en libertad con la orden de que se abstuviesen de predicar en nombre de Cristo, a lo que Pedro y Juan respondieron: «Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios. No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4:19-20)

Después, los Apóstoles fueron enviados a confirmar a los fieles que el diácono Felipe había convertido en Samaria. Cuando San Pablo fue a Jerusalén tras de su conversión se dirigió a aquellos que “parecían ser los pilares” de la Iglesia, es decir a Santiago, Pedro y Juan, quienes confirmaron su misión entre los gentiles y fue por entonces cuando San Juan asistió al primer Concilio de Apóstoles en Jerusalén. Tal vez concluido éste, San Juan partió de Palestina para viajar al Asia Menor.

Efeso

San Ireneo, Padre de la Iglesia, quien fue discípulo de San Policarpo, quién a su vez fue discípulo de San Juan, es una segura fuente de información sobre el Apóstol. San Ireneo afirma que este se estableció en Efeso después del martirio de San Pedro y San Pablo, pero es imposible determinar la época precisa. De acuerdo con la Tradición, durante el reinado de Domiciano, San Juan fue llevado a Roma, donde quedó milagrosamente frustrado un intento para quitarle la vida. La misma tradición afirma que posteriormente fue desterrado a la isla de Patmos, donde recibió las revelaciones celestiales que escribió en su libro del Apocalipsis.

Maravillosas revelaciones celestiales

Después de la muerte de Domiciano, en el año 96, San Juan pudo regresar a Efeso, y es creencia general que fue entonces cuando escribió su Evangelio. El mismo nos revela el objetivo que tenía presente al escribirlo. “Todas estas cosas las escribo para que podáis creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, al creer, tengáis la vida en Su nombre”. Su Evangelio tiene un carácter enteramente distinto al de los otros tres y es una obra teológica tan sublime que, como dice Teodoreto, “está más allá del entendimiento humano el llegar a profundizarlo y comprenderlo enteramente”. La elevación de su espíritu y de su estilo y lenguaje, está debidamente representada por el águila que es el símbolo de San Juan el Evangelista. También escribió el Apóstol tres epístolas: a la primera se le llama Católica, ya que está dirigida a todos los otros cristianos, particularmente a los que él convirtió, a quienes insta a la pureza y santidad de vida y a la precaución contra las artimañas de los seductores. Las otras dos son breves y están dirigidas a determinadas personas: una probablemente a la Iglesia local, y la otra a un tal Gayo, un comedido instructor de cristianos. A lo largo de todos sus escritos, impera el mismo inimitable espíritu de caridad. No es éste el lugar para hacer referencias a las objeciones que se han hecho a la afirmación de que San Juan sea el autor del cuarto Evangelio.

Predicando la Verdad y el amor

Los más antiguos escritores hablan de la decidida oposición de San Juan a las herejías de los ebionitas y a los seguidores del gnóstico Cerinto. En cierta ocasión, según San Ireneo, cuando Juan iba a los baños públicos, se enteró de que Cerinto estaba en ellos y entonces se devolvió y comentó con algunos amigos que le acompañaban: “¡Vámonos hermanos y a toda prisa, no sea que los baños en donde está Cerinto, el enemigo de la verdad, caigan sobre su cabeza y nos aplasten!”.

Dice San Ireneo que fue informado de este incidente por el propio San Policarpio el discípulo personal de San Juan. Por su parte, Clemente de Alejandría relata que en cierta ciudad cuyo nombre omite, San Juan vio a un apuesto joven en la congregación y, con el íntimo sentimiento de que mucho de bueno podría sacarse de él, lo llevó a presentar al obispo a quien él mismo había consagrado. “En presencia de Cristo y ante esta congregación, recomiendo este joven a tus cuidados”. De acuerdo con las recomendaciones de San Juan, el joven se hospedó en la casa del obispo, quien le dio instrucciones, le mantuvo dentro de la disciplina y a la larga lo bautizó y lo confirmó. Pero desde entonces, las atenciones del obispo se enfriaron, el neófito frecuentó las malas compañías y acabó por convertirse en un asaltante de caminos. Transcurrió algún tiempo, y San Juan volvió a aquella ciudad y pidió al obispo: “Devuélveme ahora el cargo que Jesucristo y yo encomendamos a tus cuidados en presencia de tu iglesia”. El obispo se sorprendió creyendo que se trataba de algún dinero que se le había confiado, pero San Juan explicó que se refería al joven que le había presentado y entonces el obispo exclamó: “¡Pobre joven! Ha muerto”. “¿De qué murió, preguntó San Juan. “Ha muerto para Dios, puesto que es un ladrón” , fue la respuesta. Al oír estas palabras, el anciano Apóstol pidió un caballo y un guía para dirigirse hacia las montañas donde los asaltantes de caminos tenían su guarida. Tan pronto como se adentró por los tortuosos senderos de los montes, los ladrones le rodearon y le apresaron. “¡Para esto he venido!”, gritó San Juan. “¡Llevadme con vosotros!” Al llegar a la guarida, el joven renegado reconoció al prisionero y trató de huir, lleno de vergüenza, pero Juan le gritó para detenerle: “¡Muchacho! ¿Por qué huyes de mí, tu padre, un viejo y sin armas? Siempre hay tiempo para el arrepentimiento. Yo responderé por ti ante mi Señor Jesucristo y estoy dispuesto a dar la vida por tu salvación. Es Cristo quien me envía”. El joven escuchó estas palabras inmóvil en su sitio; luego bajó la cabeza y, de pronto, se echó a llorar y se acercó a San Juan para implorarle, según dice Clemente de Alejandría, una segunda oportunidad. Por su parte, el Apóstol no quiso abandonar la guarida de los ladrones hasta que el pecador quedó reconciliado con la Iglesia.

Aquella caridad que inflamaba su alma, deseaba infundirla en los otros de una manera constante y afectuosa. Dice San Jerónimo en sus escritos que, cuando San Juan era ya muy anciano y estaba tan debilitado que no podía predicar al pueblo, se hacía llevar en una silla a las asambleas de los fieles de Efeso y siempre les decía estas mismas palabras: “Hijitos míos, amaos entre vosotros . . .” Alguna vez le preguntaron por qué repetía siempre la frase, respondió San Juan: “Porque ése es el mandamiento del Señor y si lo cumplís ya habréis hecho bastante”.

San Juan murió pacíficamente en Efeso hacia el tercer año del reinado de Trajano, es decir hacia el año cien de la era cristiana, cuando tenía la edad de noventa y cuatro años, de acuerdo con San Epifanio.

Según los datos que nos proporcionan San Gregorio de Nissa, el Breviarium sirio de principios del siglo quinto y el Calendario de Cartago, la práctica de celebrar la fiesta de San Juan el Evangelista inmediatamente después de la de San Esteban, es antiquísima. En el texto original del Hieronymianum, (alrededor del año 600 P.C.), la conmemoración parece haber sido anotada de esta manera: “La Asunción de San Juan el Evangelista en Efeso y la ordenación al episcopado de Santo Santiago, el hermano de Nuestro Señor y el primer judío que fue ordenado obispo de Jerusalén por los Apóstoles y que obtuvo la corona del martirio en el tiempo de la Pascua”. Era de esperarse que en una nota como la anterior, se mencionaran juntos a Juan y a Santiago, los hijos de Zebedeo; sin embargo, es evidente que el Santiago a quien se hace referencia, es el otro, el hijo de Alfeo.

La frase “Asunción de San Juan”, resulta interesante puesto que se refiere claramente a la última parte de las apócrifas “Actas de San Juan”. La errónea creencia de que San Juan, durante los últimos días de su vida en Éfeso, desapareció sencillamente, como si hubiese ascendido al cielo en cuerpo y alma puesto que nunca se encontró su cadáver, una idea que surgió sin duda de la afirmación de que aquel discípulo de Cristo “no moriría”, tuvo gran difusión aceptación a fines del siglo II. Por otra parte, de acuerdo con los griegos, el lugar de su sepultura en Efeso era bien conocida y aun famosa por los milagro que se obraban allí.

El “Acta Johannis”, que ha llegado hasta nosotros en forma imperfecta y que ha sido condenada a causa de sus tendencias heréticas, por autoridades en la materia tan antiguas como Eusebio, Epifanio, Agustín y Toribio de Astorga, contribuyó grandemente a crear una leyenda. De estas fuentes o, en todo caso, del pseudo Abdías, procede la historia en base a la cual se representa con frecuencia a San Juan con un cáliz y una víbora. Se cuenta que Aristodemus, el sumo sacerdote de Diana en Efeso, lanzó un reto a San Juan para que bebiese de una copa que contenía un líquido envenenado. El Apóstol tomó el veneno sin sufrir daño alguno y, a raíz de aquel milagro, convirtió a muchos, incluso al sumo sacerdote. En ese incidente se funda también sin duda la costumbre popular que prevalece sobre todo en Alemania, de beber la Johannis-Minne, la copa amable o poculum charitatis, con la que se brinda en honor de San Juan. En la ritualia medieval hay numerosas fórmulas para ese brindis y para que, al beber la Johannis-Minne, se evitaran los peligros, se recuperara la salud y se llegara al cielo.

San Juan es sin duda un hombre de extraordinaria y al mismo tiempo de profundidad mística. Al amarlo tanto, Jesús nos enseña que esta combinación de virtudes debe ser el ideal del hombre, es decir el requisito para un hombre plenamente hombre. Esto choca contra el modelo de hombre machista que es objeto de falsa adulación en la cultura, un hombre preso de sus instintos bajos. Por eso el arte tiende a representar a San Juan como una persona suave, y, a diferencia de los demás Apóstoles, sin barba. Es necesario recuperar a San Juan como modelo: El hombre capaz de recostar su cabeza sobre el corazón de Jesús, y precisamente por eso ser valiente para estar al pie de la cruz como ningún otro. Por algo Jesús le llamaba “hijo del trueno”. Quizás antes para mal, pero una vez transformado en Cristo, para mayor gloria de Dios.

Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. IV.

http://www.santopedia.com/santos/san-juan-evangelista-y-apostol

 

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Ha fallecido, a los 97 años, el padre Fortunato Alonso Gutiérrez (O.M.I.)

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Ha fallecido el Misionero Oblato de Maria Inmaculada P. Fortunato Alonso Gutiérrez, que ha estado cerca de 20 años en nuestra Diócesis sirviendo en la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza y San Eugenio Mazenod.

Nacido en 1925 en la localidad leonesa de La Puerta Raño, fue ordenado el día de la Encarnación del Señor del año 1950, en Madrid.

Su entierro ha renido lugar este martes, día 27 de enero, en la capital de España.

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Encuentro fraterno en Ronda en torno al sacerdote diocesano Antonio Gamboa

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El templo de Santa María la Mayor de Ronda acoge un encuentro fraterno en torno a la figura de D. Antonio Gamboa, sacerdote diocesano que fuera párroco de dicha parroquia, y cuya fama de santidad ha propiciado la aprobación, por parte del Obispo de Málaga, de una oración para pedir de forma privada su intercesión.

En Ronda, en la iglesia de Santa María la Mayor, se recordó el 26 de diciembre la figura de D. Antonio Gamboa. En esta cita, se ha querido recordar la memoria de este sacerdote diocesano conocido por su entrega a la Iglesia y a los más necesitados. En el encuentro estuvieron presentes numerosos fieles y representantes de las cofradías de la ciudad, así como de otros organismos locales. El párroco, Francisco Sánchez Sánchez, realizó un repaso por su biografía a base de retazos de su vida. El sacerdote rondeño Salvador Aguilera se centró en su fama de santidad, dando prueba de su testimonio de fe, esperanza y caridad a lo largo de su vida. En el diálogo posterior, quienes han querido, han podido compartir la experiencia de Dios que tuvieron en torno a su figura, especialmente tan cerca de los más necesitados, muy presente en su apostolado.  El Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, ha aprobado recientemente una oración privada para pedir su intercesión.

D. ANTONIO GAMBOA

Antonio Gamboa López nació el 10 de abril de 1912 en Coín (Málaga). Gran admirador del obispo san Manuel González, entra en el Seminario diocesano y es ordenado presbítero el 3 de julio de 1949. Tras unos meses de ministerio en Ubrique (Cádiz), tiene como destino Ronda, donde va como coadjutor de la parroquia de santa Cecilia y donde, en 1952, es nombrado párroco de santa María la Mayor hasta 1989. En 1955 es nombrado «hijo adoptivo» de Ronda. Su celo apostólico le llevó a entregar su vida por la Iglesia, su tarea y, especialmente, el cuidado de las personas que no tenían lo necesario para vivir. Su ardor evangelizador fue reflejado en obras como «Olimpiada del espíritu para jóvenes inquietos» (1986) y «A propósito de las obras de misericordia» (2001).

Fundó, en favor de la juventud, el «Centro Obrero Católico» y ejerció como capellán en la Residencia de las Madres de los Desamparados y san José de la Montaña de Arriate, donde vivió con gran austeridad, dedicando su tiempo a la oración y a la contemplación. Falleció el 21 de octubre de 2004.

Se puede ver el encuentro íntegro en torno a su figura en este vídeo:

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Jóvenes de Antequera y su comarca celebran juntos la Navidad

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Los jóvenes de Antequera y su comarca se reúnen en Navidad en la parroquia de Santiago Apóstol para vivir la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios. Celebran la Eucaristía juntos en torno a la Luz de la Paz de Belén.

El pasado 23 de diciembre, los jóvenes de Antequera y comarca se reunieron en la parroquia de Santiago Apóstol de la ciudad para preparar el Nacimiento de Jesús. Celebraron la Eucaristía, presidida por el párroco de Bobadilla, Bobadilla-Estación y Cartaojal, Carlos Julián Román, en la que se ofreció a cada uno la Luz de la Paz de Belén para llevar a sus hogares en estos días tan significativos. La celebración estuvo acompañada por las voces del Coro de la Hermandad del Rocío de la ciudad.
Para terminar la velada, disfrutaron de un compartir fraterno. Como explica el sacerdote, «fue una velada sencilla, pero llena de significado, a la vez que entrañable, en la que los jóvenes, además de compartir la fe en familia, pudieron tener un rato de expansión y convivencia».

La Luz de la Paz de Belén 

El proyecto de reparto de la Luz de la Paz de Belén por el mundo es una iniciativa de Scouts y Guías de Austria que, con la colaboración de Scouts de diferentes países de Europa y otros continentes, reparten la Luz de la Paz encendida cada año por un niño o niña austriaco en la cueva del Nacimiento de Jesús en Belén.

La distribución de la Luz de la Paz a todos los países participantes se realiza desde Viena. Allí, unas semanas antes de Navidad, se reparte la Luz a todas las delegaciones asistentes para que la hagan llegar a sus respectivos países con un mensaje de Paz, Amor y Esperanza.

Posteriormente, los Scouts y las Guías la distribuyen por parroquias, hogares particulares, hospitales, residencias de ancianos, prisiones y otras asociaciones de sus respectivos pueblos y ciudades.

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Salvador Aguilera acerca la figura del apóstol y evangelista san Juan

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El sacerdote rondeño Salvador Aguilera, oficial de la Santa Sede, ha dado una charla formativa en el Convento de Santo Domingo organizada por la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Ronda sobre san Juan, el discípulo amado

«San Juan, el discípulo amado. Perspectivas litúrgicas e iconográficas del santo apóstol y evangelista» es el nombre de la conferencia impartida por el sacerdote Salvador Aguilera, quien trabaja en el Dicasterio para el Culto Divino de la Santa Sede y es licenciado en Teología Litúrgica y Liturgias Orientales. 

La charla tuvo lugar el 27 de diciembre a las 20.30 horas y contó con una numerosa afluencia de público. 

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Andalucía celebra la Navidad con una sola voz

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Esta semana el Espejo Andalucía amplió su horario para celebrar la Navidad juntas las 10 diócesis que forman parte de la Comunidad Autónoma.

Tras el mensaje de Navidad de D. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix y responsable de Comunicación de las Diócesis del Sur, cada diócesis ofreció una crónica de algunos de los proyectos sociales que están al lado de los más necesitados en su Iglesia local. La Casa del Sagrado Corazón, Cottolengo de Málaga, y Colichet, la casa de acoida a personas con sida, que acaba de cumoplir 30 años protagonizaron la crónica de la Diócesis de Málaga. Aquí pueden escuchar el podcast completo. 

Las delegaciones de Medios de Comunicación de las diócesis andaluzas emiten cada semana un espacio regional en la cadena COPE: El Espejo Andalucía. Desde el viernes 28 de febrero de 2020, Día de Andalucía, el programa El Espejo que se emite los viernes en la Cadena COPE a las 13.33 horas, comienza con una sección regional protagonizada por las 10 diócesis de la Comunidad Autónoma: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Guadix, Huelva, Jaen, Jerez, Málaga y Sevilla.

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Adiós querido “Chache”, en la muerte de D. Francisco Domingo Lorén

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Adiós querido “Chache”, en la muerte de D. Francisco Domingo Lorén

Don Francisco Domingo Lorén ha pasado a la casa del Padre eterno el día del mártir san Esteban. Desde Roma me acabo de enterar y tengo un gran dolor.

Don Juan García-Santacruz, que fue obispo de Guadix, me decía que si había visitado a “mi chache”, así es como él entendía la relación mía con Don Francisco. Hermanos en el presbiterio y en la fe, pero como familia en la vida de cada día. Y es que, como se sabe, “chache” se utiliza para referirse a alguien con el que existe una relación de afecto. Normalmente se utiliza en el ámbito familiar o de amistad y además la palabra tiene un trasfondo cariñoso.

Don Francisco provocó mi vocación que otros supieron descubrir. Siempre había querido parecerme un poco a él, aunque hemos sido muy distintos en todo, pero muy unidos en el sacerdocio y en la vida.

Don Francisco fue el sacerdote de mi infancia, cuando inicié mi camino como monaguillo. Siempre ha estado presente en la vida de toda mi familia y en la vida del pueblo de Cúllar (Baza) en todos los años que estuvo allí. Un sacerdote pastor con un gran sentido del humor que te hacía sentirte bien en su compañía. Amaba a los sacerdotes y a la diócesis. Al final de su ministerio sacerdotal en la diócesis de Guadix compartimos pastoral en el Arciprestazgo del Marquesado y después fui su sustituto en los pueblos que él pastoreo, donde sé de buena fe, que ha dejado una gran huella como sacerdote donde ha podido escuchar y ayudar a bastante gente.

Cuando la enfermedad lo apartó de la pastoral, todas las semanas lo encontraba para conversar y compartir con él y su familia la vida y la pastoral. Asistíamos juntos a los acontecimientos de la diócesis. Lo llevo en mi corazón y desde Roma seguíamos manteniendo bastante comunicación hasta hace dos o tres días que estuvimos hablando por teléfono.

Estoy seguro que estará gozando el reino de Dios en el que tanto ha creído y tanto ha predicado. El amor de Dios ha sido uno de sus temas favoritos y también ha intentado ponerlo en práctica con limitaciones, naturalmente, pero con gran responsabilidad.

Me faltan tantas palabras para expresar lo que siento, pero sé que mucha gente podrá completarlas porque en muchos ha dejado una gran huella y testimonio del Dios Padre que tanto nos ama.

 

José Mª Tortosa Alarcón
Párroco de Santa María del Soccorso en Roma

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Monseñor José Rico Pavés en la celebración de la Natividad de Nuestros Señor Jesucristo : “Ser verdaderos adoradores es inclinarnos ante el Señor reconociendo en Él al verbo que se ha hecho carne”

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La Santa Iglesia Catedral acogió en la jornada del 25 de diciembre la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

Eucaristía Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

El primer templo de la Diócesis acogió en la jornada del 25 de diciembre la celebración de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras la tradicional Misa del Gallo del 24 de diciembre, presidida también por el prelado, vivíamos la fiesta del nacimiento del Salvador que ha nacido en el mundo para entregarse por amor por todos nosotros.

En la homilía, Monseñor José Rico Pavés, ha recordado que se nos invita en estas fechas a acercarnos a Jesús recién nacido para reconocer en Él al hijo de Dios hecho hombre y así postrarnos ante Él y adorarlo. Asimismo, teniendo en cuenta la lecturas que la liturgia nos trae, ha mencionado que para adorarlo debemos buscar a Dios en la belleza de este mundo y así custodiarla para ser con nuestros contemporáneos testigos de esta.

Por otro lado, el prelado, ha destacado que adorar es valorar lo que realmente merece la pena y reconocer que nuestro corazón esta hecho para la vida eterna. Es decir, ante la situación dramática del nacimiento del Salvador debemos ser consciente que Él ha venido a cambiarlo todo y llenar nuestro corazón de su amor y así poder transmitirlo a los demás.

En otro orden de ideas, ha subrayado que adorar significa el prestar oído a lo que el Señor nos comunica, apartando de nosotros el ruido externo que quiere que nos escuchemos lo que el Salvador quiere para nosotros.

Por último, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, al finalizar la Eucaristía ha cogido la imagen del niño Jesús para así todos los presentes puedan adorarlo y postrarse ante Él.

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Ha fallecido el sacerdote y canónigo Francisco Domingo Lorén, a los 88 años de edad

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Ha fallecido el sacerdote y canónigo Francisco Domingo Lorén, a los 88 años de edad

 

El entierro será el martes 27 de diciembre, a las 11 de la mañana , en la Catedral de Guadix

 

En la mañana del lunes 26 de diciembre ha fallecido el sacerdote Francisco Domingo Lorén. Natural de Guadix, tenía 88 años y, en la actualidad, se encontraba ya retirado, por edad. El entierro será el martes 27 de diciembre, a las 11 de la mañana, en la Catedral de Guadix y su cuerpo está siendo velado en el Tanatorio de Santa Teresa Jornet.
D. Francisco Domingo ha estado ejerciendo su ministerio pastoral hasta los 81 años. Una enfermedad hizo que en 2015 tuviese que retirarse de su servicio en las parroquias. Hasta esa fecha, ha sido párroco de Cuevas del Campo, Hernán Valle, la Estación de Guadix, Orce, Cúllar y sus anejos, Huéscar, Cogollos y Albuñán.
En su larga trayectoria sacerdotal, además, ha sido arcipreste en varias ocasiones, miembro del Colegio de Consultores y delegado para el Clero. Además, desde 1997 era canónigo de la Catedral de Guadix, donde se celebrarán las exequias.
En todas las parroquias por donde ha pasado, D, Francisco Domingo ha dejado un buen sabor y mucho Evangelio. Hombre cercano, afable, bromista y muy entregado, los feligreses de las parroquias donde ha estado lo recuerdan con cariño.
Las exequias serán en la catedral accitana, a las 11 de la mañana, y estarán presididas por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, y concelebradas pro sacerdotes de la diócesis.
Descanse en paz, el sacerdote D. Francisco Domingo Lorén, fallecido el 26 de diciembre a los 88 años de edad.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

 

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Representación iconográfica de la Virgen con el Niño en los Archivos Catedral y Arzobispal de Sevilla

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El próximo 1 de enero comenzamos el año celebrando la Solemnidad de María Madre de Dios, una de las fiestas marianas más antiguas de la Iglesia. Los Archivos Arzobispal y Catedral de Sevilla conservan en sus fondos interesantes representaciones -grabados y dibujos- que reflejan la devoción a la Virgen, protectora e intercesora, representada en su acogimiento maternal.

Este grabado de la Virgen de la Hiniesta con el Niño, conservada en el Fondo Arzobispal, encabeza un impreso de 1756 para consagración de festivos en la parroquia de San Julián de Sevilla. Se trata de una advocación que durante siglos fue, junto al Cristo de San Agustín, la gran devoción de la ciudad. Presente en Sevilla desde finales del siglo XIV, ha participado desde antiguo en numerosas procesiones y rogativas por el pueblo ante pestes y calamidades. Su especial relación con Sevilla explica su nombramiento como patrona y alcaldesa del ayuntamiento desde 1649, motivo por el que la imagen aparece portando el bastón de mando de la ciudad. La iconografía muestra a ambas figuras coronadas y con el escudo de los Tous de Monsalve en el centro de la media luna a los pies de la Virgen, pues cuenta la tradición que en el s. XIV Mosén Per de Tous encontró la imagen y la trajo de vuelta a la ciudad desde Cataluña, donde había sido escondida para salvarla de la invasión musulmana entre unas retamas en el bosque, de las que tomó su título.

El dibujo de Virgen con niño que aparece en el libro de reglas de la Hermandad del Socorro de la parroquia de San Roque de Sevilla muestra a su titular vistiendo traje de reina con el niño en su regazo, ambos coronados, en una composición redondeada en su base, siguiendo el estilo de pintura barroca sevillana del XVIII, al que pertenecen las reglas.

El libro de asiento de hermanos de la Congregación del Rosario del Sagrario de la Catedral, perteneciente al Fondo Capitular y datado en 1686, conserva un interesante grabado superpuesto y coloreado de su titular con el niño coronados y sujetando el rosario como proclamación de los beneficios espirituales que ello comporta. Ambos aparecen rodeados de ángeles niños y extensa leyenda de alabanza. Se trata de una hermandad surgida en torno a la devoción a la Virgen del Rosario con sede en el Sagrario de la Catedral siendo éste su primer libro de actas y de asiento de hermanos conocido.

La devoción a la Virgen de la Cinta en España se remonta al s. XI -cruzándola de norte a sur desde Tortosa a Huelva-, siendo de ésta última su patrona. Este grabado la representa con sus atributos habituales: una granada en su mano derecha como simbolización de sus virtudes y el Niño en su brazo izquierdo, ambos coronados y con delicada expresión. La túnica de María se ciñe con la correa o cinta que le da nombre. El grabado está firmado por Roncales, calcógrafo sevillano de temática religiosa de fines del s. XVIII.

El grabado calcográfico de la Virgen de la Antigua conservado en el Fondo Capitular reproduce la imagen pictórica original del s. XV de la Catedral de Sevilla. La Virgen aparece con su Hijo cubierta por velo y ostentando en su mano derecha una rosa. El Niño sostiene un pájaro en su mano izquierda. A los pies y a escala muy reducida, aparece la figura arrodillada de una donante, identificada como Dª Leonor de Alburquerque, consorte de don Fernando de Antequera, rey de Aragón entre 1410 y 1416. Sobre la cabeza de la Virgen, dos ángeles sostienen una corona y por encima de ésta, cenefa, anagrama, corona y cartela con inscripciones latinas de alabanza. Su iconografía se expandió ampliamente por América tras la llegada de los conquistadores.

Pero si alguna devoción destaca y se celebra de forma especial en Sevilla es la dedicada a la patrona de la archidiócesis, la Virgen de los Reyes. Esta portada perteneciente al libro de las Fundaciones de La Capilla Real del siglo XVIII de Rodríguez de Quesada, responde a la ensoñación que se dice tuvo San Fernando antes de la toma de la ciudad. Representa a la Virgen sobre una nube con ángeles, con su Hijo en brazos y San Fernando a sus pies, desde una visión historicista y fabulada, en torno a agosto de 1247 cuando puso cerco y asedio a la ciudad de Sevilla desde el campo de Tablada, donde estableció su campamento. Al fondo se ve la ciudad amurallada, destacando la Giralda y el Giraldillo sobre el cuerpo de campanas. La intervención divina de la Virgen en la reconquista de la ciudad es representada en primer plano, con escudo y lema. Pronto la ciudad acabaría bajo la Corona de Castilla.

Todos estos grabados e ilustraciones de los siglos XVII y XVIII tenían un fuerte carácter didáctico y devocional, con la intención última de difundir, catequizar y agradecer favores recibidos a modo de ofrenda a las imágenes que representan.

 

Nuria Mª Prados Torres

Técnico Archivos Catedral y Arzobispal de Sevilla.

Institución Colombina

 

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