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Campo-Cámara recibió la visita pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco

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Campo-Cámara recibió la visita pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco

La parroquia de Campo-Cámara recibió la vista pastoral del obispo el martes 27 de diciembre. En principio, iba a durar todo el día, pero tuvo que ser reducida a solo la tarde dado que el obispo tuvo que presidir las exequias del sacerdote Francisco Domingo Lorén. Pero fue una tarde muy intensa y enriquecedora. D. Francisco Jesús Orozco, acompañado del vicario general, llegó a la iglesia sobre a las cuatro menos diez, lo que hizo que no hubiese tanta gente como después, en el cementerio, nos juntamos.

A partir de la oración que se realizó en la iglesia, nos trasladamos al cementerio parroquial, donde se recordó a todos los difuntos, que nos trasmitieron la fe, con un recuerdo especial a Josefa Mari, catequista y animadora de la parroquia durante mucho tiempo y que falleció hace dos años. Como nos dijo el obispo, “ellos cuidan de nosotros”. Bajamos a ver la ermita de San Roque, que se encuentra en un estado de ruina, pero estamos recaudando para que esta primavera comencemos su rehabilitación. Su importancia está en ser el primer templo donde nació Campo-Cámara. La ermita fue construida en torno a los años 1650 a 1700, aunque no hay mucha documentación.
Después, nos trasladamos a visitar la almazara Valles-Opere, una empresa tradicional, donde la calidad de sus aceites ha tenido reconocimientos durante varios años. Su aceite verde y el ecológico son garantía de calidad, como se lo fueron explicando al obispo durante el paseo por la almazara. Desde ahí visitamos a Ramón Salarich, padre e hijo, ya que el padre le ha pasado el relevo a su hijo para que continúe con la tradición artística que el padre inicio hace muchos años. Muchas de sus obran son bien conocidas por toda España. Ramón padre le dijo al obispo cómo fueron sus inicios en el pueblo y cómo el sobreesfuerzo que supone estar en un lugar apartado de la ciudad queda compensado por la calidad de vida que se obtiene.
Conoció a una pareja de enfermos, Antonio y Clemencia, que mantienen viva la llama de su amor y ternura, además de su fe, desde hace mucho tiempo. Son un matrimonio que cada domingo acudían a la celebración de la Eucaristía en la iglesia y que ahora, en su casa, reciben la visita del cura y de las ministras extraordinarias de la comunión.
Degustó la bebida “gloria” que se hace por la zona, en casa de Maruja , que junto a su prima Loli le explicó al obispo las tradiciones y costumbres del pueblo, además de pedirle ayuda para la rehabilitación de la ermita de San Roque. Es un templo muy importante para nuestro pueblo, le dijeron.
Terminamos con la Misa estacional, donde diez personas de la parroquia fueron confirmadas. El obispo les pidió valentía para vivir su compromiso cristiano con el mundo. Les recordó cómo con la oración y la Eucaristía la vida se ve de otra forma, además de animarlos a participar de las jornadas de la juventud de Lisboa. Al final, tres feligresas de la parroquia recibieron el nombramiento de ministras extraordinarias de la comunión, recordando su compromiso con la Eucaristía.
La visita terminó con un agradecimiento mutuo del obispo a Campo-Cámara y de Campo-Cámara a él. Como recuerdo, el obispo recibió un escudo de su episcopado realizado con esmero y experiencia artística por Ramón Salarich hijo, al que no le falta ningún detalle.
La verdad es que ha sido una grata visita pastoral para Campo-Cámara.

Salvador Cifuentes
Párroco de Campo-Cámara

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Mons. Orozco ha asistido a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana

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Mons. Orozco ha asistido a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha asistido, acompañado por el vicario general, a la celebración de las bodas de oro sacerdotales del obispo emérito de Huelva, D. José Vilaplana. La celebración ha tenido lugar el jueves 29 de diciembre, en la Catedral onubense, en la que han concelebrado, además, el obispo de Huelva, Santiago Gómez, y el vicario general de Sevilla, en representación de su arzobispo, así como el clero onubense. Mons. Vilaplana ha estado acompañado por las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad y numerosos fieles.

Al inicio de la celebración, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha dedicado unas palabras a Mons. José Vilaplana, recordando que fue el pasado 25 de mayo cuando se cumplieron los cincuenta años de la ordenación sacerdotal del obispo emérito de Huelva y que la celebración de hoy responde a lo que con ocasión de este aniversario escribió en su carta que, «una vez que volviera de Tierra Santa, tendríamos que celebrarlo juntos en la Santa Iglesia Catedral. Y aquí nos encontramos. No habrá mejor manera de hacerlo que con la celebración eucarística que estamos comenzando», ha afirmado Mons. Gómez Sierra. Y ha añadido que «para nosotros, ya que él pertenece a nuestra Iglesia diocesana, es un momento de gran alegría, porque podemos mostrar nuestra gratitud a Dios con él, por su sacerdocio, que es el de Cristo, y, como decía San Juan Pablo II: “nos damos cuenta de que las palabras humanas no son capaces de abarcar la magnitud del misterio que el sacerdocio tiene en sí mismo” (Don y Misterio, I)».

El obispo de Huelva ha destacado también que «Don José se consagró a esa tarea, a imagen del Buen Pastor. El Señor nos ha regalado la persona de Don José, que ha sido obispo de esta Iglesia de Huelva durante catorce años, en los que la Diócesis ha podido experimentar en su ministerio cómo Don José reflejaba los mismos sentimientos del Corazón de Cristo (cf. Flp 2, 5), en tanto y cuanto estaba configurado con el Sumo Sacerdote, y así lo ha hecho presente anunciando su Palabra, celebrando los santos misterios y reconociéndolo en los pobres: los sencillos, los enfermos, los inmigrantes…».

A la conclusión de su intervención, Mons. Santiago Gómez ha expresado que «para mí, que soy su sucesor en la Sede onubense, y que lo quiero y admiro desde hace tiempo, para todos los miembros de esta Iglesia de Huelva, es un momento de satisfacción poder dar gracias a Dios con él. Y convertir este momento en una plegaria para que el Señor siga enviando operarios a la Viña, que nuestro Seminario siga recibiendo a aquellos que quieren seguir a Jesús en el sacerdocio, como hizo, hace ahora cincuenta años, nuestro querido Don José». Por último, se ha referido a la petición del Papa Francisco a los fieles de una oración especial por el Papa Emérito Benedicto XVI, que «está muy enfermo»: «Pidamos al Señor que lo consuele y sostenga en su testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final». Mons. Santiago Gómez ha recordado que fue Benedicto XVI quien nombró a D. José obispo de Huelva, «por lo hoy lo tenemos especialmente presente en esta Eucaristía».

Por su parte, Mons. José Vilaplana ha comenzado su homilía agradeciendo a Mons. Santiago Gómez sus palabras y ha señalado que «esta celebración es un homenaje a Cristo, el Buen Pastor, es un homenaje al que ha dado la vida por nosotros», a «a Él, nuestro Buen Pastor, que un día se dignó a llamarme a mí, como a vosotros, para que le hiciéramos presente, como humildes transparencias en medio de nuestro mundo».

Además, el obispo emérito ha hecho referencia a varias reflexiones de su tiempo en Tierra Santa, «donde he tenido tiempo de orar por vosotros, por toda la Iglesia». La primera de las ideas que ha desarrollado, en este sentido, la ha basado en una frase de San Agustín: «Señor, que contemple con alegría la obra realizada por ti, a pesar de mí». Así, ha señalado que «la obra es del Señor». Un sacerdote «es llamado, sostenido y ayudado por el Señor» que «se sirve de su humilde persona, por eso hay que contemplar con alegría lo que Él permite ir haciendo en su nombre y porque Él está contigo», ha destacado. Mons. Vilaplana Blasco también ha afirmado que «el ministerio que se nos encomienda es un traje que nos viene siempre grande, pero del que el Señor se sirve para mostrar su rostro de Pastor al Pueblo Santo de Dios; a pesar de nuestras limitaciones, defectos, pecados, errores, fallos… esto es siempre mirado con misericordia y bondad por el Señor».

En segundo lugar, ha respondido a una pregunta que «uno se hace cuando es emérito», como es «¿Y qué ha sido de verdad mi vida?». D. José Vilaplana ha recordado que un día escribió en un cuaderno: «Mi vida ha sido un pobre comentario a las palabras de Jesús Yo soy el Buen Pastor«. Y ha añadido que «es Él el protagonista, Él es el texto principal; lo nuestro es un humilde comentario y del comentario se puede prescindir». En esta línea ha expresado que a través de todas las actividades que desarrolla, «todo en la vida de un sacerdote acaba siendo lo que hace un humilde comentario sobre un texto importante: señalar lo importante, acercarlo».

En tercer lugar, Mons. José Vilaplana ha compartido la reflexión a la pregunta: «¿Y ahora qué?», una cuestión cuya respuesta ha dicho encontrarla en el Cura de Ars, que tiene una carta que expresa que «la tarea del hombre en la Tierra es orar y amar». De esta manera, ha indicado que «unas veces el amor se traduce con una actividad frenética», pero «ahora es el momento de manifestar el amor, que no se tiene que apagar, en una oración perseverante, en una vida más pacífica, en un saber gastar tiempo con quien esté delante de ti; amar de otra manera, pero seguir amando y seguir orando por la Iglesia».

La celebración ha sido acompañada en música y canto por la Coral Polifónica de la Santa Iglesia Catedral, dirigida por Sergio Lazo.

Tomado de www.dicoesdehuelva.es

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Fiesta de San Manuel González

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Fiesta de San Manuel González

El 4 de enero, fiesta de San Manuel González, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebrarán la memoria de su fundador en la Parroquia Ntra. Sra. de las Flores y San Eugenio, de Sevilla, con una Eucaristía, a las cinco de la tarde, seguida de adoración al Santísimo.

A continuación, merienda solidaria a beneficio del Fondo Solidario San Manuel González. El donativo es de diez euros.

Biografía de un santo

Nació en Sevilla, cuarto de cinco hermanos, el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa, Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente y con ilusiones, que no siempre pudo ver realizadas. Sin embargo, hubo una que sí alcanzó, y que dejaría huella en su corazón: formar parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del «Corpus Christi» y de la Inmaculada. Ya entonces su amor a la Eucaristía y a María santísima se consolidaron (Leer más)

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Santa Judit

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Santa JuditEsta es una heroína famosa que expuso valientemente su vida con tal de obtener la libertad para su patria, Israel, y la libertad para su santa religión.

Uno de los libros más emocionantes de la S. Biblia es el de Judit. Allí se narra lo siguiente.

El general Holofernes, enviado por el rey Nabucodonosor rodeó la ciudad israelita de Betulia con un ejército de 120,000 hombres. Toda la gente de Israel se dedicó a orar a Dios con gran fervor. Los sacerdotes ofrecían sacrificios en el templo de Jerusalén. El pueblo sabía muy bien que sólo un favor especial de Dios podía librarlos de aquel gran peligro.

Holofernes preguntó a sus consejeros qué debía hacer para poder apoderarse de la nación de Israel. Y Ajior, jefe de los amonitas le dijo: “Este pueblo de Israel es muy favorecido por Dios. Cuando se dedican a comportarse mal los abandona y los deja en poder del enemigo; pero cuando cumplen bien sus santos mandamientos, Dios hace prodigios para defenderlos. Así que yo aconsejo: averigüese bien, pues si se están portando mal o han olvidado a Dios, los podemos atacar y los derrotaremos. Pero si están observando buena conducta y obedecen a Dios, no los ataquemos, porque Dios luchará por ellos y nos derrotará a nosotros”. A Holofernes y a sus seguidores no les agradó nada esto que dijo Ajior y lo desterraron de allí.

Holofernes se propuso sitiar a Betulia y vencer a sus gentes por hambre y sed. Tapo todos los caminos y cortó las fuentes de agua que la abastecían. Después de 33 días de asedio en Betulia se acabó totalmente el agua, y las gentes caían desmayadas de hambre y de sed. El pueblo se reunió junto a su sacerdote y a sus jefes y les pidieron que se rindieran ante los ejércitos de Holofernes para no perecer de hambre y de sed. El sacerdote Ozías les dijo: “Esperen cinco días y en ese plazo decidiremos qué debemos hacer”.

Entonces se presentó ante Ozías y los jefes una mujer llamada Judit. Se había quedado viuda hacía tres años y medio y estaba dedicada a orar, y a ayudar a los necesitados y hacía muchos sacrificios. Era muy hermosa y simpática y nadie podía criticar nada contra ella, porque su vida era la de una persona que tiene mucho temor de ofender a Dios.

Judit les dijo: -“Dios nos está probando pero no nos ha abandonado. Yo voy a hacer en estos días algo cuyo recuerdo se prolongará por muchos siglos. Esta noche saldré de la ciudad y luego Dios hará por mi mano algo que ahora no les puedo contar”. Luego se postró ante Dios y le rogó que bendijera su plan y la ayudara. El sacerdote y los demás jefes le dijeron: “Vete en paz y que el Señor te proteja y te guíe”.

Judit se adornó con sus mejores joyas y se puso sus más hermosos vestidos y acompañada de su criada salió de Betulia y se dirigió hacia el campo de los enemigos. Estaba hermosísima.

Un grupo de centinelas la vio y le preguntó a dónde iba. Ella les dijo que estaba huyendo de Betulia y quería entrevistarse con el general Holofernes. Ellos la llevaron hacia el cuartel del jefe. Cuando Holofernes y sus generales la vieron se quedaron admirados de su gran hermosura.

Judit le pidió a Holofernes que le permitiera quedarse unos días allí en el campamento y que diera órdenes a sus guardias para que la dejaran salir cada madrugada a un campo vecino a orar a Dios. El general aceptó su petición y ordenó que le ofrecieran los mejores alimentos, pero ella dijo que su criada había llevado provisiones para varios días y que esto les bastaba. Le fue señalada una habitación.

Holofernes se enamoró de la belleza extraordinaria de Judit y organizó un gran banquete en su honor; e invitó a sus mejores generales. Judit llegó al banquete adornada con sus mejores joyas y supremamente hermosa. El general encantado ante su presencia bebió esa noche más que nunca, y cuando los generales lo vieron totalmente borracho lo dejaron allí solo, frente a Judit que estaba a la mesa cenando también.

Cuando Judit vio que todos se habían ido y que ella había quedado completamente sola frente a Holofernes que estaba totalmente borracho y dormido a causa de su borrachera, pidió fortaleza a Dios y tomando la espada del general le cortó la cabeza y la echó entre un costal, y la pasó a su criada. Y como los guardias tenían orden de dejarla salir al campo durante la noche a rezar, la dejaron pasar sin decirle nada. Nadie sospechaba lo que había sucedido. Ella había preferido entre dos males el menor. Un mal era que moriría todo el pueblo de Israel a manos de los soldados de Holofernes, el otro era que muriera Holofernes, pero que el pueblo se salvara. Y Judit escogió este segundo medio.

Judit llegó a Betulia y anunció a Ozías y a los demás jefes lo que había hecho y los mostró la cabeza de Holofernes. La gente se llenó de entusiasmo y empezó a gritar de alegría.

Al amanecer los ayudantes de Holofernes fueron a su habitación y lo encontraron muerto. Y esta noticia causó una alarma tan espantosa que sus soldados se lanzaron a la dispersión, huyendo cada uno por su lado y dejaron libre la ciudad de Betulia y no la destruyeron, y en cambio le dejaron en sus alrededores grandes riquezas que no tuvieron tiempo de llevarse al salir huyendo.

El Sumo Sacerdote de Jerusalén y el senado de la nación fueron hacia Betulia a felicitar a Judit y le dijeron: “Tú eres la gloria de Jerusalén, el orgullo de Israel. Bendita seas por el Señor Omnipotente por todos los siglos”. Y el pueblo respondió: “Amén”.

Y Judit entonó un canto de acción de gracias a Dios diciendo: “Alabad a mi Dios con instrumentos musicales. Elevad al Señor cantos de acción de gracias. Porque el Señor es el único que es capaz de evitar las guerras. Bendito sea por siempre. Amén”.

Judit vivió en Betulia hasta la edad de cien años. Nunca quiso volverse a casar, y era estimadísima por toda la población. Las riquezas que su marido le había dejado las repartió entre los que lo necesitaban, y después de haber libertado tan valientemente a su pueblo, adquirió un nombre famoso para siempre aquí en la tierra y un puesto en el cielo por sus buenas obras y su gran virtud.

Fuente: ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/santa-judit

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Semblanza del P. Fortunato Alonso, OMI

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El P. Alberto Ruiz, vicario provincial de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada ha dedicado esta semblanza a la figura del P. Fortunato Alonso, fallecido a los 97 años tras más de 20 de servicio en nuestra diócesis. El próximo lunes, 9 de enero, se celebrará en la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza y San Eugenio Mazenod una Eucaristía por su eterno descanso.

Afortunada consecuencia de haberte conocido

El pasado 26 de diciembre nos dejaba nuestro decano, el P. Fortunato Alonso Gutiérrez quien, a sus 97 años, entregaba su vida al Señor en la comunidad de Diego de León. Si algo podía definir a nuestro hermano, era el apelativo que él otorgaba a las personas a las que admiraba, como por ejemplo el P. Emilio Trottemenu, compañero de fatigas en Argentina y de quien siempre decía: ¡era un hombre consecuente!

Entierro del P. Fortunato Alonso

Entierro del P. Fortunato Alonso

Así era Fortunato -Fortu, como le conocían los jóvenes malagueños- un hombre consecuente con su vocación de misionero oblato, que vivió agradecido hasta el final. Mucho le gustaba compararse con Amós, cultivador de higos a quien Dios llamó de pastorcillo a pastor de un pueblo. Y es como él se sentía, llamado por gracia a guiar a la Iglesia a la que amaba profundamente.

Tanto en este amor -conocía el nombre de todos los obispos de España-, como en la firmeza de carácter, se parecía Fortunato a nuestro querido Fundador, san Eugenio de Mazenod. E, igualmente, se pareció a él en dejarse moldear por el Espíritu, hasta adquirir una tierna afabilidad en la vejez, como en servir a los pobres hasta el final. Pues, al igual que cuentan del obispo de Marsella que iba a las casas más humildes de sus feligreses para administrarles los sacramentos, así subía Fortunato las cuestas de Mangas Verdes (Málaga) para pasar tiempo con sus amados enfermos.

P. Fortunato Alonso en una celebración parroquial

P. Fortunato Alonso en una celebración parroquial

No fue fácil la vida de nuestro hermano. Desde una niñez vivida en tiempo de guerra, a un seminario donde padecieron el hambre y la escasez; desde unos tiempos convulsos en la argentina de los años 60, hasta unos tiempos difíciles en el posconcilo español; desde sus deseos de ser misionero en tierras lejanas, a tener que ejercer la autoridad como Provincial en el territorio patrio.

Pero él lo vivió todo desde la fe, que le hacía comprender la vida según el conocido Evangelio: «a vino nuevo, odres nuevos». Él mismo reconocía, en este aspecto, el bien que le hizo estar en casas de formación durante muchos años de su vida, lo que sirvió para no quedarse anquilosado en viejas costumbres y adaptarse a una época tan novedosa para todos los que la vivieron.

La división entre los oblatos de España hizo que el Superior general le trajera de vuelta de su añorada Argentina en los años setenta. A pesar del sufrimiento interior que le causó, el hombre consecuente y obediente regresó para intentar apaciguar unos ánimos caldeados política y religiosamente hablando. Con un espíritu de comunidad y de acogida mantenido hasta el final, los que estuvimos cerca de él pudimos comprobar como nunca habló mal de nadie de aquel momento. Es más, a sus labios asomaba la pregunta: ¿podría haber hecho más para que muchos de los que se secularizaron hubieran permanecido en la Congregación?

P. Fortunato Alonso junto a otros miembros de su comunidad

P. Fortunato Alonso junto a otros miembros de su comunidad

Fortunato, lector infatigable, afición que cultivó hasta el último día -se quejaba de que no veía y no podía leer días antes de fallecer-. Su terraza malagueña, donde también expresaba su devoción mariana mediante el rezo del rosario, fue testigo de su insaciable curiosidad teológica y su deseo de formarse para servir mejor a la gente sencilla.

Esa gente que tuvo la ocasión de conocerle y, por eso mismo, de quererle. Desde Málaga a Oviedo, pasando por Jaén, Madrid y Valladolid, laicos de todas las edades pudieron apreciar la entrega y cercanía un oblato que amaba a los pobres y sentía predilección por los más abandonados. Habían quedado atrás sus años a caballo por la estepa Argentina predicando misiones populares, pero su corazón le seguía impulsando, en sus largos paseos, a encontrarse con las personas de los barrios donde vivía.

Querido Fortunato: estamos seguros de que en ti se cumplen hoy las palabras de Jesús: «siervo bueno cumplidor, como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de su Señor». Muchos de nosotros estamos seguros de haber vivido con un santo de la puerta de al lado, por lo que agradecemos a nuestro Dios, parafraseando tu nombre, la afortunada consecuencia de haberte conocido. Porque tu consecuencia nos ha ayudado a crecer en el amor y en la amistad con Cristo. Él ha querido llevarte durante la octava de su nacimiento. Nosotros te despedimos agradecidos.

P. Fortunato Alonso

P. Fortunato Alonso

Aun en un día triste como éste, tu sonrisa pícara nos recuerda que no tenemos vocación de tristes. Que las dificultades no han de apagar nuestra esperanza. Que las contrariedades no han de ser excusa para no amar y perdonar. En palabras de Luis García Montero: «son las cosas que pasan, las inevitables esquinas del mundo, ayer, hoy, mañana, esas sombras que esperan muchos días a que las preguntas caigan en su tierra. En buena tierra. Porque tienen intención de germinar. Porque nunca han dejado de ser». ¡Gracias, Fortunato, por animarnos a ser buena tierra donde fructifique la Palabra hecha carne!
 

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«Bailamos y damos gracias a Dios por la vida»

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NoticiaPodcasts diocesanos

Publicado: 30/12/2022: 27

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Podcast diocesano

Los niños del Colegio Cervantes, en Málaga, visitaron el estudio de la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga donde compartieron cómo celebran la Navidad y felicitaron a todos los oyentes con sus cantes más espontáneos. Aquí pueden escuchar el podcast.

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El obispo de Guadix pide a los sacerdotes, consagrados y a todo el pueblo cristiano que recen por el papa emérito

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El obispo de Guadix pide a los sacerdotes, consagrados y a todo el pueblo cristiano que recen por el papa emérito

El obispo de Guadix ha pedido a los sacerdotes, consagrados y a todo el pueblo cristiano que se unan a la petición hecha por el papa Francisco de rezar por el papa emérito Benedicto XVI, que pasa por un momento delicado de salud. Y a los sacerdotes les pide que “en cada Eucaristía se eleve una petición por esta intención “. Estas son las palabras con las que Mons. Francisco Jesús Orozco pide las oraciones por el papa emérito:

“como sabéis, el papa Francisco ha pedido a toda la Iglesia, en la audiencia general del pasado miércoles, oraciones para acompañar en estos momentos la frágil salud del papa emérito Benedicto XVI:

«Me gustaría pediros a todos una oración especial por el papa emérito Benedicto XVI que en el silencio está sosteniendo la Iglesia. Recordémoslo, está muy mal. Pidámosle al Señor que lo consuele y le sostenga en este testimonio de amor filial a la Iglesia hasta el final».

Agradecidos por el don que su ministerio petrino ha sido para la Iglesia y confiados en la oración de intercesión, pido a todos los sacerdotes que en cada Eucaristía se eleve una petición por esta intención. Asimismo, pido a todos los consagrados y fieles laicos que ofrezcan sacrificios y oraciones para acompañar este deseo del papa Francisco.

Con mi afecto y bendición

+ Francisco Jesús Orozco

Obispo de Guadix”

Benedicto XVI renunció al pontificado en febrero de 2013, por motivos de salud. Una salud que ahora, con 95 años, se resiente, aunque las oraciones por él se multiplican por todo el mundo, también en la diócesis de Guadix, como pide el obispo accitano.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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La diócesis acompaña al Obispo Emérito de Huelva en la celebración de sus bodas de oro sacerdotales

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La diócesis acompaña al Obispo Emérito de Huelva en la celebración de sus bodas de oro sacerdotales

La seo onubense ha sido el lugar que acogido en la mañana de este jueves, 29 de diciembre, la celebración de los 50 años de la ordenación sacerdotal del obispo emérito de Huelva, Mons. José Vilaplana, quien ha sido acompañado por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez; el obispo de Guadix, Francisco Jesús Orozco; el vicario general y deán de Huelva, P. Emilio Rodríguez; el vicario general de Sevilla, Teodoro León, en representación del arzobispo hispalense; el vicario general de Guadix, José Francisco Serrano; vicarios episcopales, miembros del Cabildo Catedral y del clero diocesano; miembros de la Vida Consagrada y seminaristas; autoridades civiles -encabezadas por el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz- militares y académicas; Rafael Vilaplana, hermano del Obispo Emérito; así como numerosos fieles de la diócesis.

Al inicio de la celebración, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha dedicado unas palabras a Mons. José Vilaplana, recordando que fue el pasado 25 de mayo cuando se cumplieron los cincuenta años de la ordenación sacerdotal del Obispo Emérito de Huelva y que la celebración de hoy responde a lo que con ocasión de este aniversario escribió en su carta que, «una vez que volviera de Tierra Santa, tendríamos que celebrarlo juntos en la Santa Iglesia Catedral. Y aquí nos encontramos. No habrá mejor manera de hacerlo que con la celebración eucarística que estamos comenzando», ha afirmado Mons. Gómez Sierra. Y ha añadido que «para nosotros, ya que él pertenece a nuestra Iglesia diocesana, es un momento de gran alegría, porque podemos mostrar nuestra gratitud a Dios con él, por su sacerdocio, que es el de Cristo, y, como decía San Juan Pablo II: “nos damos cuenta de que las palabras humanas no son capaces de abarcar la magnitud del misterio que el sacerdocio tiene en sí mismo” (Don y Misterio, I)».

El Obispo de Huelva ha destacado también que «Don José se consagró a esa tarea, a imagen del Buen Pastor. El Señor nos ha regalado la persona de Don José, que ha sido obispo de esta Iglesia de Huelva durante catorce años, en los que la Diócesis ha podido experimentar en su ministerio cómo Don José reflejaba los mismos sentimientos del Corazón de Cristo (cf. Flp 2, 5), en tanto y cuanto estaba configurado con el Sumo Sacerdote, y así lo ha hecho presente anunciando su Palabra, celebrando los santos misterios y reconociéndolo en los pobres: los sencillos, los enfermos, los inmigrantes…».

A la conclusión de su intervención, Mons. Santiago Gómez ha expresado que «para mí, que soy su sucesor en la Sede onubense, y que lo quiero y admiro desde hace tiempo, para todos los miembros de esta Iglesia de Huelva, es un momento de satisfacción poder dar gracias a Dios con él. Y convertir este momento en una plegaria para que el Señor siga enviando operarios a la Viña, que nuestro Seminario siga recibiendo a aquellos que quieren seguir a Jesús en el sacerdocio, como hizo, hace ahora cincuenta años, nuestro querido Don José». Por último, se ha referido a la petición del Papa Francisco a los fieles de una oración especial por el Papa Emérito Benedicto XVI, que «está muy enfermo»: «Pidamos al Señor que lo consuele y sostenga en su testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final». Mons. Santiago Gómez ha recordado que fue Benedicto XVI quien nombró a D. José Obispo de Huelva, «por lo hoy lo tenemos especialmente presente en esta Eucaristía».

Por su parte, Mons. José Vilaplana ha comenzado su homilía agradeciendo a Mons. Santiago Gómez sus palabras y ha señalado que «esta celebración es un homenaje a Cristo, el Buen Pastor, es un homenaje al que ha dado la vida por nosotros», a «a Él, nuestro Buen Pastor, que un día se dignó a llamarme a mí, como a vosotros, para que le hiciéramos presente, como humildes transparencias en medio de nuestro mundo».

Además el Obispo Emérito ha hecho referencia a varias reflexiones de su tiempo en Tierra Santa, «donde he tenido tiempo de orar por vosotros, por toda la Iglesia». La primera de las ideas que ha desarrollado, en este sentido, la ha basado en una frase de San Agustín: «Señor, que contemple con alegría la obra realizada por ti, a pesar de mí». Así, ha señalado que «la obra es del Señor». Un sacerdote «es llamado, sostenido y ayudado por el Señor» que «se sirve de su humilde persona, por eso hay que contemplar con alegría lo que Él permite ir haciendo en su nombre y porque Él está contigo», ha destacado. Mons. Vilaplana Blasco también ha afirmado que «el ministerio que se nos encomienda es un traje que nos viene siempre grande, pero del que el Señor se sirve para mostrar su rostro de Pastor al Pueblo Santo de Dios; a pesar de nuestras limitaciones, defectos, pecados, errores, fallos… esto es siempre mirado con misericordia y bondad por el Señor».

En segundo lugar, ha respondido a una pregunta que «uno se hace cuando es emérito», como es «¿Y qué ha sido de verdad mi vida?». D. José Vilaplana ha recordado que un día escribió en un cuaderno: «Mi vida ha sido un pobre comentario a las palabras de Jesús Yo soy el Buen Pastor«. Y ha añadido que «Es Él el protagonista, Él es el texto principal; lo nuestro es un humilde comentario y del comentario se puede prescindir». En esta línea ha expresado que a través de todas las actividades que desarrolla, «todo en la vida de un sacerdote acaba siendo lo que hace un humilde comentario sobre un texto importante: señalar lo importante, acercarlo».

En tercer lugar, Mons. José Vilaplana ha compartido la reflexión a la pregunta: «¿Y ahora qué?», una cuestión cuya respuesta ha dicho encontrarla en el Cura de Ars, que tiene una carta que expresa que «la tarea del hombre en la Tierra es orar y amar». De esta manera, ha indicado que «unas veces el amor se traduce con una actividad frenética», pero «ahora es el momento de manifestar el amor, que no se tiene que apagar, en una oración perseverante, en una vida más pacífica, en un saber gastar tiempo con quien esté delante de ti; amar de otra manera, pero seguir amando y seguir orando por la Iglesia».

La celebración ha sido acompañada en música y canto por la Coral Polifónica de la Santa Iglesia Catedral, dirigida por Sergio Lazo.

Más información

El Obispo Emérito de Huelva recibe el Premio Iberoamericano a la Solidaridad

La Casa de Iberoamérica de Huelva ha reconocido en la VI edición de sus premios al obispo emérito de Huelva, Mons. José Vilaplana, el Premio Iberoamericano de Huelva a la Solidaridad «por su gran labor» relacionada con la inmigración y por su integración social en Huelva durante su episcopado.

La entrega se realizó el pasado martes, 27 de diciembre, en el Salón de Plenos de la Diputación de Huelva. El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, así como algunos miembros del Consejo Episcopal, acompañaron a Mons. José Vilaplana en este acto.

Posteriormente, Mons. José Vilaplana y Mons. Santiago Gómez acudieron al Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Cinta para orar ante la Patrona de Huelva.

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Hogar de Nazaret recuerda a su fundadora en el V aniversario de su fallecimiento

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El 23 de diciembre, monseñor Demetrio Fernández presidió la Misa por Mª del Prado Almagro

La parroquia de San Miguel de Córdoba acogió el pasado día 23 de diciembre, una misa en recuerdo a la fundadora de Hogar de Nazaret, María del Prado Almagro, en el V aniversario de su fallecimiento, a la que asistieron numerosos fieles, acompañados por sacerdotes de la diócesis cercanos al Hogar de Nazaret. También acudieron los Hogares de Sevilla, Madrid y Toledo, encabezados por la su Directora General, la Hna. Consuelo Csanady, y la Superiora de la Rama Femenina, la Hna. Marielo Llamas.

La eucaristía fue presidida por el obispo de Córdoba, quien resaltó algunas de las virtudes de la fundadora como son el amor a la Iglesia, el servicio a los demás y su vida de oración. Además, desarrolló el itinerario de la fundadora de Hogar de Nazaret, recordando que desde su infancia ya estuvo al servicio de la Iglesia, en particular en los niños y jóvenes. En este itinerario, también recordó a D. Gaspar Bustos, que no pudo asistir a la celebración por su delicada situación de salud. D. Gaspar fue el que, como dijo monseñor Demetrio Fernández, captó el espíritu de Mª del Prado y le ayudó a encauzarlo y darle forma.

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Los niños de Puerta Verde disfrutan de la Navidad

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Los pequeños han visitado las instalaciones de “Chiquilandia” junto al párroco para compartir un día de convivencia

El campamento de la parroquia de Santa Luisa de Marillac “Puerta Verde” se encuentra a pleno rendimiento estos días de Navidad atendiendo a los niños del barrio del Sector Sur de Córdoba. Monitores y el párroco, Miguel David Pozo, han diseñado un programa de actividades para disfrutar de estos días junto a los pequeños, a quienes esta semana han llevado a las instalaciones de “Chiquilandia” para que pudieran compartir una jornada de diversión y convivencia en las atracciones infantiles.












La entrada Los niños de Puerta Verde disfrutan de la Navidad apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

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