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“Pidamos por la santidad del matrimonio y de las familias”

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Homilía del arzobispo D. José María, en la Eucaristía en el VII Domingo del Tiempo Ordinario, celebrada en la catedral el 19 de febrero de 2023.

Queridos hermanos, sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas:

Estamos, como os decía al comienzo, en el VII Domingo del Tiempo Ordinario, en el que Le hemos pedido al Señor que nos dé esa capacidad de ser coherentes y de profundizar en su conocimiento espiritual, el conocimiento de las cosas espirituales. Venimos a escuchar la Palabra de Dios, que es “lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero”. Venimos a alimentarnos con la Palabra del Señor, que robustezca nuestra vida cristiana, nuestra vida espiritual, y pedimos también alimentarnos con el Cuerpo del Señor, Cuerpo Eucarístico donde Cristo está verdaderamente presente. Y venimos, como decía al comienzo, a compartir nuestra celebración con los hermanos que profesan la misma fe que confesaremos dentro de un momento. ¿Y que nos trae la Palabra de Dios?, ¿de qué nos habla hoy la Palabra de Dios?

El Señor nos ha hablado de santidad. Esa santidad exigible a un creyente, en primer lugar, y es lo que hemos escuchado del Libro del Antiguo Testamento, en la primera parte. Se nos invita a vivir una vida moral en coherencia con lo que somos. Y ahí está la cuestión principal y fundamental que después Nuestro Señor Jesucristo, a la hora de hablarnos en el Evangelio, siguiendo el Sermón de la Montaña, que ya habíamos escuchado estos domingos pasados, las Bienaventuranzas, las exigencias del Sermón de la Montaña, que es para los cristianos; que no es una utopía decir que es imposible, es un deseo al que nunca llegaremos, o todo lo más, pues personas escogidas, que son los santos; pero el común de los mortales, el común de los cristianos, parece que vemos eso como un imposible. Pues, no. Y quizás nos pasa eso porque vemos lo accidental y no nos fijamos en la esencia. ¿La esencia cuál es? ¿Cuál es el motivo por el que tenemos que ser santos?, como nos invita en el Antiguo Testamento y nos invita el mismo Jesús: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es Perfecto”. Además, San Pablo, en el himno que comienza la Carta a los Efesios, nos dice que Dios nos eligió en la Persona de Cristo antes de la constitución del mundo, “para que seamos santos e irreprochables por el amor”. Y, ¿cuál es el motivo o la causa? Pues, que somos hijos e hijas de Dios; que somos “templo del Espíritu Santo”, como hemos escuchado en la Segunda Lectura. Que Dios habita en nuestros corazones. Que somos consagrados a Dios por el bautismo. Y aquí está la raíz de la exigencia de la santidad. Dijimos también que la santidad no es hacer cosas raras.

La santidad es el seguimiento de Jesucristo, queridos amigos. Es vivir como Jesús vivió, diría san Ignacio. Es acompañarlo. Es el seguir a Cristo. Es el ser seguidor de Cristo. Es ser, pues, como el Señor, pero anda que eso no es difícil. Pues, sí, pero es lo que Él nos pide y Él se ha encarnado, se ha hecho hombre, se ha hecho imitable. San Pablo nos dice que tengamos “los mismos sentimientos de Cristo”. Pero no sólo nos ha sido un deseo del Señor o un mandato. Es que nos ha preparado y nos ha hecho, nos ha redimido para ello: nos ha consagrado a Dios. Somos algo santo. Somos “templos del Espíritu”. Somos hijos e hijas de Dios. Somos otros cristos cristificados por el bautismo, de tal manera que hemos sido conformados con Cristo, hechos coherederos con Cristo. Sí, esos son los motivos profundos de lo que somos y esa es nuestra dignidad. San Agustín, cuando predicaba, decía: “Yo con vosotros soy cristiano y esta es mi gloria. Este es un título de honor. Esta es mi dignidad. Yo para vosotros soy obispo y esa es mi carga, esa es mi tarea”. Y lo más importante es que somos cristianos; que somos hijos e hijas de Dios. Y ahora, el obrar sigue al ser. Tenemos que obrar según somos y no podemos ser hijos e hijas de Dios, no podemos ser otros cristos cristificados, redimidos por Cristo y luego no vivir. Y ése es el gran pecado nuestro, personal y colectivo, muchas veces: que no somos coherentes con nuestra dignidad de cristiano; que no somos en nuestra vida de cada día coherentes y auténticos con la realidad profunda y maravillosa de nuestro ser cristiano. Por eso, hoy se nos renueva esta llamada a la santidad, que ya ha hecho el Concilio también en nuestro tiempo, en la Lumen Gentium, con todo un capítulo dedicado a la llamada universal a la santidad.

Y nos lo ha recordado el Papa Francisco, en uno de sus últimos grandes escritos “Gaudete et Exultate” (Alegraos y exultad). La invitación a la santidad, porque eso es, en definitiva, lo más importante que podemos hacer en nuestra vida: una santidad canonizable. Y podéis decir, eso es imposible. Pues, no es imposible. Y tenemos ahí a los santos. Y podéis decir, los santos estaban hechos de una materia especial. Pues, no es así. Los santos tenían sus defectos y vemos en los propios apóstoles que tienen sus defectos: se pelean entre sí, les come la ambición, no eran nada sencillos, dejan a Jesús solo, le son infieles, lo venden, son intransigentes. Y el Evangelio no se ha callado sus defectos, para enseñarnos que si hay en ellos fue posible seguir a Jesús, ¿por qué nosotros no? Y lo vemos en la historia de la santidad, de toda condición, de toda clase social, de toda edad, de todas las épocas. Y también en nuestra época están esos santos de la puerta de al lado que llama el Papa Francisco. ¿Y en qué consiste la santidad? Pues, en cumplir los mandamientos que nos pone el Señor. ¿En qué consiste la santidad? En vivir la lógica de Dios. Esa lógica, esa sabiduría que hoy pondera el Apóstol en la Segunda Lectura en la Carta Primera a los Corintios. Esa sabiduría de Dios que es una manera distinta de ver las cosas y de ver nuestra realidad, y ver el mundo y contemplar a Dios a como se hace humanamente. Es ver a Dios como Padre misericordioso. Es ver a los demás como hermanos, con igual dignidad que nosotros. Es vivir esa moral tan exigente, podríamos decir, que nos pone Jesús el Evangelio de perdonar al enemigo, de no rehuir ante quien nos pide algo, de ponernos al servicio de los demás, de que los últimos son los primeros y los primeros, los últimos, ese amor a los enemigos… Todo eso, ¿por qué no empezamos a ponerlo en práctica en nuestra vida de cada día? ¿Por qué no desglosamos? Porque, al fin y al cabo, la santidad es vivir el amor a Dios y el amor al prójimo en que se resume los mandamientos. Bueno, pero, ¿por qué no lo ponemos en práctica? Pero, tenemos que pasar de las grandes ideas, de lo abstracto, no basta con decir “yo quiero ser bueno, yo quiero ser santo”. No. En cosas concretas, examinar nuestra vida. Y qué tengo yo que cambiar y parecerme a Jesús. En qué tengo yo que ir sacando a ver a la claridad la imagen de Cristo que hay en mí. Oye, pues eso es desmenuzar. Y desmenuzar cada uno en sus circunstancias de vida.

Y desmenuzar, queridos matrimonios, en este final de vuestra Semana dedicada al matrimonio, en esta época y en estos momentos en que muy pocos jóvenes se casan. Y no se casan, no sólo por razones económicas, que, ciertamente, hay dificultades económicas para acceder a una vivienda, se lleva la mayor parte y casi toda la vida del trabajo de los esposos; no sólo por cuestiones económicas, es fundamentalmente por miedo al compromiso, porque se tiene miedo a perder la libertad. Y se piensa que la libertad y la entrega son incompatibles. Y prefieren estar con lazos sueltos, con la indeterminación para poder romper fácilmente, para que sea fácil desunirse. Y claro, con una sociedad así, con una falta de fundamentación así en los valores y en los criterios personales y colectivos; cuando el matrimonio ha sido absolutamente molido, se resquebrajan otros elementos de la vida familiar, de la vida social, en consecuencia. Se vive esta penuria de natalidad que vivimos en nuestro país y, al mismo tiempo, se aprueban leyes que atentan contra la vida, aunque sean constitucionales, y se llama con eufemismo “interrupción del embarazo” cuando es aborto, cuando es un asesinato, cuando es un crimen de un ser humano. Y si se es capaz de hacerlo con un ser humano en el vientre de su madre, que es el receptáculo que incluso la naturaleza ha puesto Dios para estar más protegido del ser más indefenso, qué no se hará en la intemperie de la sociedad ante los más desvalidos. Perfecto, que se cuide a los animales, que se exija un curso para tener un perro, que se haga todo esto, perfecto, es una sociedad avanzada, una sociedad culta, que quita el maltrato al animal. Pero, ¿y el ser humano, no necesita una ecología integral? ¿Y el ser humano, no necesita una protección, toda vida humana y la vida de todos, desde la concepción hasta el momento natural final de su vida?

Pero claro, cuando se abren las compuertas, queridos hermanos, ya no se para. Cuando se decide sobre lo bueno y lo malo es una mayoría, previamente con unas tácticas para una rentabilidad o una eficacia, sea electoral, sea de poder, ya no se para. Cuando no se tiene ese fundamento en el Dios que es compasivo y misericordioso, que sostiene y que nos da esa dignidad e igualdad entre todos los seres humanos, porque somos hijos e hijas de Dios, ya no se para. Necesitamos recomponer. Y la gran escuela de socialización, la gran escuela de amor, la gran escuela es el matrimonio. Pero, cuando se quita a Dios del horizonte, cuando se quita lo trascendente y quien realmente compacta y hace sólidos los compromisos humanos para siempre, pues, lógicamente, todo se disuelve.

Queridos hermanos, el matrimonio no es algo pesado, no es algo de chiste. El matrimonio es (…) y es la familia. Es donde un ser humano tiene esa prolongación del cobijo con el que nace a la vida, en su familia y en la sociedad. ¿Quiénes son los grandes protectores ante las desgracias del ser humano en la sociedad? La familia. PidámosLe hoy, en que el Señor nos invita a la santidad, por la santidad del matrimonio, por la santidad de las familias.

Y queridos amigos, que venís de Medina del Campo, que la religiosidad popular sea en las tierras de Castilla, que recuerdo con cariño, con emoción, vivida en vuestra sencillez, en vuestra naturalidad, en esa reciedumbre castellana, vivir ese amor profundo de encarnar el amor y el hacer de Cristo y la esperanza en las costumbres de un pueblo, en sus manifestaciones artísticas.

Que todos logremos que esta sociedad nuestra recupere los valores cristianos, que, en definitiva, ensalzan al hombre, porque el primero que nos ensalza es Dios mismo que se ha hecho uno de nosotros en Su Hijo Jesucristo, vocación suprema del hombre.

Que Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, Madre de la familia, cuide nuestras familias y las proteja, dé fidelidad a los esposos y, como pedimos en la Misa o en la liturgia de la Sagrada Familia, que imitemos las virtudes domésticas de la Sagrada Familia y su unidad en el amor.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

19 de febrero de 2023
Catedral de Granada

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El Obispo propone a las hermandades ser portadores del Primer Anuncio

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El Obispo propone a las hermandades y cofradías de Córdoba observar el Sínodo de los Obispos, iniciado por el Papa Francisco,  para asumir la vía misionera y participar en el Primer Anuncio, como itinerario para la evangelización junto al proceso formativo, el relativo a la presencia en la vida pública y el de acompañamiento, previstos por el proceso

Esta invitación a contemplar el proceso sinodal iniciado por la Iglesia tiene como fin “vivir en modo misionero y es también un medio de comunión”, ha explicado el Obispo, que se ha detenido a considerarlo fundamental  como parte del plan pastoral de este año.

El Obispo ha reconocido la importancia que tienen las Hermandades y Cofradías en este contexto, ya que Primer Anuncio “va más allá de oír hablar de Jesucristo” y supone “que vamos a lo nuclear de la fe cristiana que es que Jesucristo ha  muerto de amor por nosotros, acompañado de su madre Santísima en esa ofrenda, y ha resucitado. Ese es el primer anuncio “. Monseñor Demetrio Fernández ha instado a actualizar esta tarea en el entorno cofrade y ha reconocido la capacidad que para esta tarea tienen  hermandades y cofradía.

“La Iglesia es Sinodal”, ha dicho el Obispo al dirigirse a los hermanos mayores presentes en este encuentro previo al inicio de la Cuaresma, y  ha explicado como este camino es la continuidad del Congreso Nacional de Laicos cuyo trabajo se vio alterado por la pandemia. Así, el pastor de la Diócesis ha abogado en el encuentro con representantes de las hermandades por mantener encuentros generales que supongan la convocatoria de todas las corporaciones con que cuenta la Diócesis en sus vicarías.

El Encuentro anual celebrado en el Obispado de Córdoba ha comenzado con el saludo del Obispo, que ha expuesto las líneas pastorales fundamentales del Curso Pastoral. Después, las  Hermandades y Cofradías han presentado sus distintas realidades a través de los representantes de las distintas Vicarías y ha terminado con un turno de ruegos y preguntas. El delegado  Diocesano de Hermandades y Cofradías de Córdoba, Pedro Soldado, y el ecónomo de la Diócesis, José Luis Vidal Soler, han estado presentes en este encuentro al que que sigue cada año la celebración de la  Santa misa en la Catedral.

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Cuaresma 2023 y solidaridad cofrade para ayudar a Turquía y Siria en Iglesia Noticia

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Cuaresma 2023 y solidaridad cofrade para ayudar a Turquía y Siria en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 19 de febrero, a las 09:45 horas.

En este nuevo programa de “Iglesia Noticia” les hablamos del inicio del tiempo cuaresmal el próximo 22 de febrero con la celebración del Miércoles de Ceniza en la Catedral.

Asimismo les hablamos de la iniciativa solidaria de la Hermandad de La Borriquilla para ayudar a los afectados en el terremoto de Turquía y Siria, así como de la clausura de la Semana del Matrimonio y de la presentación del libro «Ahora más que nunca» en el Centro Cultural Nuevo Inicio.

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Este domingo, muchas parroquias recogerán aún los donativos para Manos Unidas

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Este domingo, muchas parroquias recogerán aún los donativos para Manos Unidas

Manos Unidas celebró su jornada el pasado fin de semana. En todas las parroquias se habló de la labor que realiza Manos Unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y se nos pidió nuestra generosidad. Este año, desde la diócesis de Guadix, se van a financiar tres proyectos de desarrollo que van a beneficiar a varios miles de personas, en India, en Mozambique y en Brasil. Aunque todo esto fue la semana pasada, aún durante las colectas de este fin de semana, en muchas parroquias, se recogerán los donativos para Manos Unidas.

Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, escribió una carta con motivo de esta jornada, en la que invitaba a ser solidarios: “el lema de esta campaña, “Frenar la desigualdad está en tus manos”, se acompaña con una imagen: unas manos que transmiten compromiso y ternura con los hermanos más vulnerables y descartados. Son tus manos y son nuestras manos: todas las manos suman, todas cuentan y todas son necesarias. El futuro para erradicar estas desigualdades no es cosa de otros, depende de nosotros, está en nuestras manos. Os invito a vivir con intensidad esta campaña de Manos Unidas, a creer en el poder de Jesucristo, de la oración, de los sacrificios y de la limosna que nos hacen equilibrar las injusticias”

Tres proyectos que hay que conseguir

Manos Unidas funciona financiando proyectos de desarrollo donde más se necesita. A veces, se crean colegios, o se levantan centros de salud, o se ayuda a cultivar mejor la tierra. Y otras veces, se crean oportunidades de formación para ayudar a salir de la pobreza. Porque la educación, sin duda, es la mejor herramienta para combatir el hambre y sacar de la postración a las personas necesitadas.

Los tres proyectos que la diócesis de Guadix va a financiar son de formación, sobre todo dirigidos a jóvenes y mujeres, que alcanzarán a varios miles de personas, en Brasil, Mozambique e India. También se ayudará a financiar la construcción de ochenta sistemas de tratamiento de aguas grises y la construcción de ochenta fosas ecológicas, en una zona desfavorecida.

Estos son los proyectos que Manos Unidas en la diócesis de Guadix va a financiar, con un importe total de 49.560€, que saldrán de las colectas de este fin de semana, de las actividades que se hagan a lo largo del año y de los donativos que se reciban:

Agricultura familiar y empoderamiento femenino juvenil en el nordeste de Minas Gerais, en Brasil. Con un importe total de 31.746 euros y una aportación de Manos Unidas de Guadix de 12.968,24 euros, el proyecto contempla la realización de cuatro cursos de recursos hídricos, la construcción de ochenta sistemas de tratamiento de aguas grises y la construcción de ochenta fosas ecológicas, que tendrán 690 personas de beneficiarios directos y 2700 indirectos.

Junto a la diócesis de Gurue en Mozambique colaborarán en la realización de cursos de capacitación de jóvenes, prevención de drogas, alcoholismo y matrimonios prematuros, con el objetivo de empoderar a las familias más vulnerables de la diócesis para poder afrontar el futuro con dignidad. El importe total del proyecto es de 6.291 euros del cual Manos Unidas de Guadix aportará el 80%.

Promoción de la formación y empleabilidad de jóvenes en el ámbito rural de West Bengal, en el distrito nordeste de la India. Manos Unidas impartirá cuatro cursos de tres meses de duración para 61 alumnos en cada curso en diez aldeas en el distrito de Nadia. El importe del proyecto será de 11.523 euros del cual el 78% lo aportará Manos Unidas de Guadix.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Domingo VII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 19-2-2023

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Domingo VII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 19-2-2023

 

Aunque Dios en el Antiguo Testamento tiene palabras en las que invita al amor fraterno por encima del odio y de la venganza, ciertas normas humanas se habían ido imponiendo como la ley del Talión: “ojo por ojo y diente por diente”.

Jesús desmonta costumbres y actitudes que atentan y destruyen a la persona al mostrarnos una nueva manera de actuar con aquellos que se convierten en nuestros enemigos y dejan de ser nuestros amigos.
La ley del amor está por encima de todo acto violento con el que podamos hacer justicia, pues el perdón nos ha de mover a ser respetuosos y acogedores incluso con el que no se lo merece.
El amor cristiano escandaliza y descoloca, pero se aprende contemplando el corazón de un Dios que es Padre y que ama a todos sus hijos, pues Él no hace distinciones cuando de amar se trata.

 

Nuevamente Mateo nos coloca en este relato varias reflexiones y enseñanzas de Jesús que recogen situaciones cotidianas que suceden en la convivencia entre cristianos y en las relaciones familiares, amistosas, etc. Se trata de frases que siempre tienen un frescor novedoso, al mismo tiempo que también resultan incómodas y desconcertantes.
Jesús con esta nueva forma de comportamiento ante los conflictos y enfrentamientos de los unos con los otros, rompe los esquemas humanos y cambia nuestra manera de responder impulsivamente ante aquellos que nos ofenden, nos hacen daño o son una amenaza.
Ante los antiguos preceptos del “ojo por ojo y diente por diente”, “amarás a tu prójimo… y odiarás a tu enemigo”, el Señor impone la ley del amor y del perdón en su línea de siempre de que seamos buenos como lo es nuestro Padre del cielo.
Vivimos en una sociedad competitiva, individualista y desigual, lo que provoca una constante tensión y agresividad, en la que cuesta entender la mansedumbre y el pacifismo, el amor al enemigo y el poner la otra mejilla. Pero de esta manera nos encontramos con el núcleo del Evangelio de Jesús: el amor sin medida. El amor de Dios rompe todas las leyes vengativas porque él nos ama incluso sin merecerlo nosotros. El amor cristiano no puede quedar reservado para nuestro círculo más cercano, los que nos caen bien o los que nos corresponden. Esta nueva forma de amar que nos pide Jesús rompe límites y barreras, abarca incluso a aquellos que no se lo merecen porque son dañinos y ofensivos. Así es como ama Dios, como su Hijo también nos lo mostrará, especialmente en la cruz, y como ha de hacerlo todo el que quiera ser discípulo suyo.
El amor al enemigo no implica introducirlo en la lista de las personas de nuestra confianza, pero sí el respetarlo y acogerlo como persona, como hermano. No desearle ningún mal ni buscar su destrucción. No se trata tampoco de aprobar los comportamientos injustos e inmorales, pero hay que procurar siempre salvar a la persona, ya que el amor cristiano nace de lo profundo del corazón de Dios, que ama a todos, a buenos y malos, a justos e injustos, porque para Él todos somos sus hijos.

Emilio José Fernández, sacerdote

 

http://elpozodedios.blogspot.com/

 

 

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“El cristianismo es seguir a Jesucristo”

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Homilía en la Eucaristía con motivo del XV aniversario de la Librería Paulinas en Granada, el 18 de febrero de 2023.

Queridos D. José Gabriel y D. Manuel;
querida familia Paulina y amigos;
queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios de la liturgia de este VII Domingo del Tiempo Ordinario. En esta mesa de la Palabra, que es esta primera parte de la Eucaristía, la liturgia de la Palabra, ¿qué menú nos trae hoy el Señor para nuestro provecho?

“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”. “¿A quién vamos a ir, Señor, Tú tienes palabras de vida eterna?”. Esa Palabra de Dios que nos dice el Concilio Vaticano II que, cuando es proclamada en la liturgia, es Dios mismo quien nos está hablando en este momento. Hemos escuchado, por una parte, un texto del Libro del Levítico, en la que el Señor habló a Moisés y le dijo “di a la comunidad de los hijos de Israel, ‘sed santos, porque Yo, el Señor vuestro Dios, soy Santo”.

Hemos visto también cómo, precisamente, estas palabras son las que Jesús nos dice y que toma San Mateo del Discurso de la montaña. Por tanto, “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Nos está invitando el Señor nuestro Dios -que es nuestro Padre, que es la gran revelación de Jesucristo- a la santidad. La santidad es a la que estamos llamados y es la que el Concilio Vaticano II nos propone en la “Lumen Gentium”: “Todos estamos llamados a ser santos”. La santidad no es exclusiva de los sacerdotes, de las religiosas, de los religiosos, de los consagrados, sino que todos, por nuestra condición bautismal, nos lo recuerda también el Papa en su encíclica “Gaudete et Exultate”. La santidad en la vida ordinaria. Si no somos santos, hemos fracasado como cristianos. Los primeros cristianos se llamaban santos entre sí. San Pablo, cuando encabeza sus cartas o se despide en ellas, dice “saludad a los santos”. Los santos no son sólo los que están canonizados o beatificados, y la Iglesia ha reconocido de manera solemne su vida heroica en virtudes o en el martirio. La santidad es vivir como hijos e hijas de Dios. Y la santidad arranca de nuestra condición de bautizados. “Hemos sido injertados en Cristo”, dice San Pablo. “Hemos sido revestidos de Cristo”. Hemos sido salvados, en definitiva. Como nos dice San Pablo en la capítulo 6 de la Carta a los Romanos, “los que por el bautismo, nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte, para que, así como Cristo
-dice San Pablo- fue despertado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así nosotros andemos también una vida nueva”. Y él dice que nuestra vieja condición ha sido abolida. Somos hijos e hijas de Dios.

Por lo tanto, ésta es nuestra condición. Somos consagrados. Y San Pablo hoy, en este texto que acabamos de escuchar, en que San Pablo se dirige a los Corintos, en su Primera Carta, les dice que “somos templos del Espíritu Santo”. Luego, somos algo santo y, por eso, estamos llamados a que nuestra identidad, lo que somos, cristianos, otros cristos, templos del Espíritu Santo, injertados en Cristo, revestidos de Cristo, lo llevemos en nuestra existencia. El obrar sigue al ser, dicen los filósofos. Hemos de vivir de acuerdo con lo que somos. Y muchas veces, por desgracia, lo que ocurre es que nuestra vida va por otros derroteros que no son precisamente los de la coherencia cristiana, o todo lo más nos hemos sacado de la manga aquello de que “somos creyentes, pero no practicante”. Como si esto de ser cristiano fuese una cuestión de ideologías o un pensamiento que tenemos, o una cultura simplemente que hemos heredado y en la que estamos inmersos. El cristianismo exige el despliegue existencial y eso es la moral cristiana, que el Catecismo la titula “la vida en Cristo”. Y eso es la santidad. La santidad, si queréis, incluso, se puede definir aún más y reducir, al mismo tiempo, manteniendo toda su plenitud, a vivir la caridad; la caridad perfecta, que es el amor a Dios y es el amor al prójimo, que san Agustín resume todavía más y nos dice que “ama y haz lo que quieras”.

Hoy, precisamente, tanto el texto del Libro del Levítico como el Evangelio de San Mateo, que nos trae estos pasajes como el domingo pasado del Sermón de la Montaña, es que Jesús va desmenuzando qué es la santidad cristiana. O si queréis, con otras palabras también, lo que los clásicos llamaban “La Sécula Christi”, el seguimiento de Cristo. Eso que nos dice Jesús: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”. Y esto es a lo que somos llamados. El cristianismo no es un conjunto de devociones. El cristianismo no es estar apuntado a cinco asociaciones, cofradías o hermandades, o fundaciones o patronatos, y esperar estar apuntado al 6º, al 7º. El cristianismo es seguir a Jesucristo. Eso es lo profundo, luego viene lo otro, en una manera de encarnar o de vivir, o de expresar nuestra pertenencia a Cristo. Pero lo radical, lo importante, incluso por encima de ser obispo o ser fiel laico, o ser religioso o religiosa, es vivir como Cristo nos pide. Por eso, san Agustín, cuando se dirige a los fieles, dice: “Yo con vosotros, soy cristiano, y este es mi título de gloria, esta es mi dignidad”. Yo, para vosotros, soy obispo y esta es mi carga, esta es mi tarea, en la Iglesia.

Queridos hermanos, en este domingo la Palabra de Dios nos invita precisamente a eso: a ser coherentes con lo que somos, a ser cristianos que es ser otros cristos, a tomarnos en serio la santidad; y la santidad en esa vivencia de la vida cristiana o en ese desmenuzarse en el perdón, en ese desmenuzarse de la generosidad con los demás. En ese desmenuzarse, en definitiva, de amarnos unos a otros, pero no con un amor de ONG, muy legítimo, sino con el amor de Cristo. No basta con eso que ya nos pedía el Antiguo Testamento: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Decía: “Y amar a los demás como a uno mismo”. Fijaros si nos queremos a nosotros mismos, nos queremos cantidad, nos conocemos de toda la vida y siempre estamos pendientes. Pues todavía el cristianismo nos pide más. Jesús nos pide que nos neguemos a nosotros mismos. “Pero eso que usted me está diciendo es hacer el tonto”. “Sí, el tonto en Cristo”. Es adquirir una lógica nueva. Es esa lógica nueva en que los últimos son los primeros. Esa lógica nueva de poner la otra mejilla. Esa lógica nueva de perdonar y rezar por los enemigos. Esa lógica nueva de la que nos habla Jesús en el Sermón de la Montaña y que no es una utopía. Cuando decimos utopía, poco nos sacudimos de encima como si no fuera con nosotros o sólo con unos seres privilegiados…

Pues no, queridos hermanos. Los santos -cada uno con sus defectos, como los nuestros, mejor dicho, los nuestros como los suyos, empezando por los apóstoles, de los cuales el Evangelio no silencia sus defectos- han seguido a Jesús y han adquirido esta lógica de Cristo, este pensamiento, de manera de pensar de Jesús, que es lo que tenemos que pedir: “Señor, dame tu lógica”. Tu lógica de los últimos. Tu lógica de preferencia por los sencillos. Tu lógica de las Bienaventuranzas, en definitiva, como nos pedía el domingo pasado. Y cuando adquiramos esta lógica, estaremos en disposición de poner en práctica el Mandamiento de Jesús, que es el Mandamiento renovado, perfeccionado, porque Jesús nos manda a que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado; no ya como uno mismo, que fijaros si es importante, porque ya nos negamos, y si adquirimos su lógica, nos negaremos a nosotros mismos. En último lugar nos pondremos. Primero, Dios, después los demás, y en último lugar nosotros. Y entonces, viviremos esa santidad. Pero esa santidad que no es nada llamativa; que no es que vayamos haciendo milagros o haciendo cosas extraordinarias. Esa santidad que está en los días iguales, en el trabajo, en la vida de familia. Esa santidad de la que habla el Papa Francisco llamando “el santo de la puerta de al lado”.

Y esa santidad, la vive mucha gente. Mucha gente que, de manera callada y silenciosa, está haciendo presente el Evangelio en su vida, por las opciones que toma, por su comportamiento, por su perdón, por su oración, por su vida interior, por su sencillez, por su alegría. Es esa santidad a la que el Señor nos invita y que se resume en ese amor a Dios y en ese amor al prójimo. En ese olvido de uno mismo. En ese poner a Dios en el centro de la vida. Esa santidad que, en definitiva, es vivir de manera heroica las virtudes cristianas, empezando por la fe, y viendo y haciendo una lectura del mundo con la mirada de Dios. La fe no nos lleva a tener los ojos vendados, como a veces se representa. El Papa Juan Pablo I decía que eso no es verdad. Decía que “la fe nos ilumina la vida”, porque es la mirada de Dios, es la luz de Dios, y es ver la existencia nuestra, la de los demás, la del mundo en que vivimos y, sobre todo, la mirada para ver a Dios detrás de cada acontecimiento. La vivencia de la esperanza, que nos hace superar las dificultades, sabiendo que no podemos apoyarnos en nuestras fuerzas o en nuestros medios, sino que oramos confiadamente y esperamos en el Señor que no nos va a dejar nunca.

La esperanza nos hace superar las dificultades más grandes, sabiendo que Dios está a nuestro lado y que es verdad eso de que el Señor está con nosotros. La caridad, que es lo que se resume -nos dice San Pablo también en la Primera Carta a los Corintios- que la fe y la esperanza pasarán. La fe cuando veamos a Dios, ya no necesitaremos la fe, porque estaremos en la visión de Dios. La esperanza no, cuando hemos llegado ya a la posesión del bien por el que anhelamos y el Bien supremo que anhelamos a Dios mismo. En cambio, la caridad, que es Dios mismo, que es Amor, es lo que permanece para siempre, lo que da sentido a nuestra vida. Luego, la santidad es vivir en el amor. Por eso, la santidad es alegre, porque es la plena realización de la persona, esa persona que es imagen y semejanza de Dios, que es templo del Espíritu Santo. Y por eso, el cristianismo ensalza al ser humano. Porque no es un número, no es una cosa, es alguien, a imagen y semejanza de Dios. Por eso, el hombre es el camino de la Iglesia, como decía san Juan Pablo II.

Queridos hermanos y hermanas, estamos llamados a ser santos. Santos de altar. No a la mediocridad. No a un cristianismo de ir tirando. No, “creyente, pero no practicante”. No, sólo santo cuando necesito a Dios, y después… Tomémonos en serio a Cristo. Démonos cuenta que somos templos del Espíritu Santo; que Dios habita en nuestros corazones; que Dios está presente en los demás. Pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, Cristo, y tratemos de imitar, como nos dice San Pablo de sí mismo: “Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo”. Y nos ha dicho hoy todavía más. Nos ha dicho: “Todo es vuestro. Vosotros de Cristo y Cristo de Dios”. Pues, eso es ser cristiano, otro cristo, el mismo Cristo. Vivamos en consecuencia según lo que somos. Pero podéis decir “eso, qué difícil es”. Pero Dios nos da su ayuda en los Sacramentos. Cuando comulgamos, ¿qué hacemos?, sino que vamos conformándonos con Cristo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día”. “El que come, mi Sangre habita en Mí y yo en Él. Lo mismo que el Padre vive y yo vivo por el Padre”, nos dice Jesús en el capítulo 6 del Evangelio de San Juan: “El que come mi carne vivirá por Mí”. Luego, queridos hermanos, ésta es la lógica de Dios. Y cuando adquirimos esa lógica, pensaremos con el pensamiento del Evangelio.

Vamos a pedirLe ayuda a la Virgen, Reina de todos los Santos. Que ella también nos ayude a parecernos a Jesús. Y nos dice también a nosotros, como a los esposos y a los criados en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”.

Así sea.

Y no me he olvidado de las Paulinas. Sino que vamos a pedir por esta comunidad y por su presencia, que yo agradezco a Granada, especialmente. Porque lo que hay que comunicar es esta lógica de Jesús. Y si no comunicamos esta lógica de Jesús, queridos hermanos y hermanas, no estamos sirviendo. Estamos para evangelizar y vuestra obra fue para evangelizar; para llevar el Evangelio con los instrumentos que la Iglesia y que la tecnología humana pone en nuestras manos. No tenéis una librería para vender. Para eso, no merece la pena una consagración a Dios. La tenéis para anunciar a Jesucristo, a través de la comunicación social con el lenguaje de los hombres y mujeres de hoy, para llegar a los hombres y mujeres de hoy.

Por eso, queridos hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre y, antes, confesemos nuestra fe.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

18 de febrero de 2023
Granada

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El obispo ordena a dos nuevos diáconos al servicio de la Diócesis

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El obispo ordena a dos nuevos diáconos al servicio de la Diócesis

El obispo de Huelva, Santiago Gómez, ha ordenado en la mañana de este sábado a dos nuevos diáconos para la Diócesis de Huelva en la Santa Iglesia Catedral de La Merced. Se trata de Francisco Javier Jiménez y Pedro García, procedentes de las parroquias de Nuestra Señora de los Remedios de Aljaraque y Nuestra Señora del Carmen de Punta Umbría, respectivamente.

Monseñor Santiago Gómez les ha dirigido estas palabras en su homilía: “Estamos realizando esta ordenación en la Santa Iglesia Catedral, no en sus parroquias de origen, ni tampoco donde han realizado el servicio pastoral que les ha preparado para el diaconado. La estamos celebrando aquí porque tiene un significado especial y es que está iglesia es la madre de todas las iglesias y aquí estamos porque el servicio que van a asumir como diáconos es un servicio a la iglesia es diocesana, no a una parroquia concreta.»

«Sois un don de Dios para la Iglesia de Huelva. Sois un don de Dios porque estamos realizando una ordenación que significa reconocer que a algunos de vosotros, más concretamente a vosotros, Francisco Javier y Pedro, Dios os ha llamado en la iglesia y por mediación de la Iglesia a un servicio especial de la comunidad cristiana.»

«No cabe duda que seguir a Cristo es difícil pero el camino y el seguimiento Él nos lo ha dejado claro. Solo quien pierde la vida por causa suya del Evangelio, la salvará, dando pleno sentido a su propia existencia. No existe otro camino para ser discípulos del Señor, en ninguna vocación, tampoco en ninguno de los grados del ministerio ordinal. […] Vais a proclamar el Evangelio y tenéis también el encargo de enseñar la doctrina a los fieles, a todos, a los que ocasionalmente vienen a la Iglesia o a los también a los alejados.»

Francisco Javier Jiménez, de 49 años, perteneciente a la parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios de Aljaraque explica que “el Señor se sirvió de una canción, así de sencillo, para decirle que sí de manera incondicional”.

Por su parte, Pedro García, de 53 años, y perteneciente a la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de Punta Umbría, expresa que esperaba este momento “con mucha alegría” a la par que expresa, con cariño, las palabras que su mujer María Dolores le ha dedicado en alguna ocasión asegurando que es “zoquete como como San Pedro, pero que le recuerdo a San Pablo al admirar mi conversión”, subraya.

Desde hace siglos, en la Iglesia, el diaconado era el paso obligado y transitorio para acceder al sacerdocio. Sin embargo, en los comienzos de la Iglesia no fue así pues el diaconado existía como estado permanente. San Esteban, San Vicente Mártir o San Francisco de Asís entre otros santos relevantes de la historia fueron y murieron como diáconos.

La Diócesis de Huelva cuenta en la actualidad con dieciséis diáconos permanentes, a los que se suman estos dos.

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Hoy, ruta romántica para matrimonios, en Guadix, y mañana clausura de la Semana del matrimonio, en la Catedral, a las 12

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Hoy, ruta romántica para matrimonios, en Guadix, y mañana clausura de la Semana del matrimonio, en la Catedral, a las 12

Se está celebrando, desde el pasado 11 de febrero, la Semana del matrimonio en la diócesis de Guadix. Una Semana que recuerda, como dice el eslogan, que el amor “para siempre sabe mejor”.

Para este sábado 18 de febrero, en Guadix, hay programada una Ruta Romántica que invitará a conocer la ciudad con otra mirada. Comenzará a las 5 de la tarde y contará con 3 referencias: Virgen de las Angustias, Santa Ana y San Francisco.

Terminará la Semana del Matrimonio el domingo 19 de febrero con la Misa de clausura en la Catedral, presidida por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, a la que están invitados los matrimonios, las parejas de novios y los que confían encontrar pronto su media naranja.

Esta Semana del Matrimonio está organizada por la delegación de Familia y Vida de la diócesis de Guadix. Desde que se inició, ya ha habido una cata de vinos para matrimonios, bendición de parejas de novios, una charla para matrimonios y dos oraciones multimedia. También hay mucho material y la posibilidad de realizar un retiro espiritual desde el mismo hogar a través de la App MatrimONio, o de la web www.matrimonioesmas.org .Se trata de una iniciativa que, con sus diferencias, se organiza en la mayor parte de las diócesis de España, en torno a esta fecha tan simbólica del 14 de febrero, día de San Valentín.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Ruta Romántica Guadix 800

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