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“Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe”

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“Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe”

Evangelio de hoy, lunes 20 de febrero de 2023.

– Eclo 1, 1-10b
– Sal 92
– Mc 9, 14-29

Cuando volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué discutís?». Uno de la gente le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces». El, tomando la palabra, les dice: «¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo». Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?». Contestó él: «Desde pequeño». Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe». Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él». Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie.

Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?». Él les respondió: «Esta especie solo puede salir con oración».

 

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Redescubrir la belleza del Matrimonio: vigilia de oración en Baza

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Redescubrir la belleza del Matrimonio: vigilia de oración en Baza

En la iglesia Mayor de Baza, se celebró el viernes 17 de febrero una vigilia de oración dirigida a matrimonios y a todas aquellas personas que quisieron rezar por el matrimonio Cristiano, en torno al texto del Evangelio según San Juan sobre “las bodas de Caná”. Se trataba de una de las actividades programadas en toda la diócesis para la Semana del Matrimonio, que ha tenido lugar del 13 al 19 de febrero, aunque en la diócesis accitana comenzó realmente el día 11.

En la vigilia de oración, se invitó a reflexionar y a rezar en silencio, entre otras, con meditaciones sobre la necesidad de “llenar las tinajas” redescubriendo la belleza del propio matrimonio o de la propia persona, con la acogida y el aprecio…, con el diálogo y la escucha…, con la oración…, con el perdón…
La delegación de Familia y Vida, organizadora de la Semana del Matrimonio, agradece al párroco, Manuel Millán, y a los miembros del consejo de Familia y Vida del arciprestazgo de Baza su colaboración y el haber hecho posible la celebración de esta actividad en la ciudad bastetana. También agradecen a Alex y Miriam su colaboración con los cantos, que ayudaron a rezar.

Jesús e Inma
Delegados de Familia y Vida

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«Cajiz esperó a su Obispo en la plaza del pueblo y caminó con él hasta el templo»

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A las 4 de la tarde del sábado 18 de febrero, la comunidad parroquial de Cajiz esperaba, en la plaza del pueblo, al Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, que venía en Visita Pastoral. «Ha sido una experiencia que ha marcado a la comunidad», afirma el párroco José Danilo Moreno.

Y desde la plaza caminaron al lado del Obispo de Málaga hasta la iglesia de San José, «una experiencia muy bonita para la gente, una muestra de cercanía y amabilidad entre el pueblo y el prelado», segura el párroco quien añade que está «muy agradecido al Sr. Obispo por esta Visita y por estar tan cercano».

Tras rezar ante el altar, el  Sr. Obispo se dirigió a los feligreses para saludarles y explicarles los actos que iban a realizar durante la jornada, y apra rezar juntos la oración por la Visita Pastoral.

Después impartió el sacramento de la reconciliación a cuantos feligreses se acercaron y celebraron todos juntos a la Eucaristía, concelebrada por el párroco, José Danilo Moreno, y por el arcipreste, Jorge Daniel Ceratto.

Tras la celebración litúrgica, el Sr. Obispo bendijo los niños y niñas presentes y después comenzó la Asamblea Parroquial, en la que incidió en la necesidad «de llevar una vida coherente como cristianos, siendo conscientes de las dificultades que nos encontramos para poder dar testimonio de nuestra fe en el día a día».

Tras un tiempo de fotos para el recuerdo, la Visita Pastoral concluyó con una merienda organizada por el párroco y el Consejo Parroquial. 

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Formación de voluntarios de Pastoral de la Salud

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La Delegación de Pastoral de la Salud sigue apostando por la formación de sus agentes.
El sábado, 19 de febrero, tuvo lugar la segunda jornada formativa del Curso Básico de Pastoral de la Salud en el arciprestazgo de Coín. En esta ocasión se celebró en Alhaurin el Grande.

Como señalan desde la organización, «además de la oración y la visita al enfermo, la formación es un pilar importante para todos los agentes de Pastoral de la Salud que no podemos descuidar». Con este curso, «buscamos acompañar en vuestro servicio de hacer presente el amor de Dios en el mundo de la salud».

Más información: pastoraldelasalud.diocesismalaga.es

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Unai y Fano proponen «El Tesoro de Jesús» para esta Cuaresma

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Unai Quirós lanza su nueva canción para la Cuaresma, inspirada en los materiales elaborados por Pachi Velasco Fano, con los que invitan a pequeños y mayores a buscar «El Tesoro de Jesús».

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Aquí pueden descargar el material propuesto por Pachi Velasco Fano, que ha inspirado la canción compuesta por Unai Quirós y producida por Miguel Ángel Leal.

La dinámica que proponen es sencilla: «cuarenta dias caminando en busca de un tesoro que está marcado por la CRUZ. Al llegar a ella, profundizaremos, iremos a lo hondo para encontrar el misterio de la Resurección un súper TESORO. Cada domingo un lugar: el desiero, el Tabor, Samaría, Jerusalem, Betania… y distintos personajes: el tentador, Elías y Moisés, la samaritana, el ciego, Lázaro… A cada paso el encuentro con distintos símbolos, la palabra que vence las tentaciones y nos grita desde el Tabor que debe ser escuchada, el agua, la luz, la vida… todos los símbolos que encontraremos también en el tesoro de la Vigilia Pascual», explica Fano.

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Mons. Gómez Cantero: “Las fotografías son las impresiones del alma”

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La Escuela de Arte Carlos Pérez Siquier de Almería ha acogido en la mañana del sábado 18 de febrero la presentación del cartel de FOCOAL (Asociación de Fotógrafos Cofrades de Almería). Un cartel que han diseñado con las instantáneas cofrades de 19 de los fotógrafos, con las que se ha realizado un estético ‘collage’, y que ha descubierto el primer teniente de alcalde y concejal de Presidencia, Juan José Alonso.

En el trascurso de este acto, se ha comunicado que la asociación ha nombrado a nuestro obispo D. Antonio, SOCIO DE HONOR DE FOCOAL. El presidente de la asociación ha tenido unas amables palabras hacia el prelado reconociendo “su buen hacer entre nosotros en Almería”.  D. Antonio ha explicado sus vivencias desde la infancia, juventud y familia que están en su recuerdo gracias a la fotografía. «Las fotos son impresiones del alma», reflexiona. El obispo ha confesado su afición por esta disciplina, desde la primera cámara Kodak que compró en Roma, o sus experiencias fotografiando la naturaleza, en especialmente los pequeños detalles. «Me gusta la fotografía. Aquí he descubierto a Pérez Siquier y su magna exposición en el Museo Casa Ibáñez, en Olula del Río, que he visitado varias veces. Disfruto tanto con la fotografía en B/N como con la de color». Además, al igual que el primer teniente de alcalde, ha felicitado a la asociación por el trabajo para promocionar la Semana Santa de Almería. Al finalizar la celebración, ha firmado en el libro de honor de la asociación.

El acto ha concluido con la belleza de otra hermosa disciplina artística, como es el canto vocal, a través del Coro de Cámara Emilio Carrión, y todos los presentes han sido obsequiados con un libreto donde se pueden contemplar, en todo su esplendor las 19 fotografías con las que se ha realizado el cartel. También ha estado en la mesa presidencial el director de la Escuela de Arte, Cristóbal Díaz.

Lea, a continuación las palabras de agradecimiento del obispo

Alocución de nuestro obispo D. Antonio en el nombramiento como socio de honor de FOCOAL

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Alocución de nuestro obispo D. Antonio en el nombramiento como socio de honor de FOCOAL

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En primer lugar, quiero dar las gracias a FOCOAL, por este honor inmerecido que me habéis hecho. Saludo al elenco de autoridades que antes se han mencionado. Gracias a todos los que habéis venido a este acto.

Creo que las fotografías son las impresiones del alma.

Mi primera fotografía (en la que yo salgo, se entiende) es del año 1957, tenía un año. Entonces era rubio, con el pelo rizado, luego castaño y luego… (¡Dios mío, con el tiempo como se estropean los cuerpos!). Sobre la foto, escrito a pluma, con una caligrafía excelente: “Con todo mi cariño a mis tíos María y Mariano, Toñuco”. No puedo olvidar que nací en Cantabria, y mi madre que, como comprenderéis era la que escribía, no yo, se le pegó el acento montañesuco, aunque vivió allí de paso. Así me llamaba la familia de mi padre.

Y la foto de la escuela pública, con un grato recuerdo de mi maestra Doña Amalia. Allá en el año 1962, mirando al frente, haciendo que escribía, la bola del mundo a un lado, y creo que un crucifijo al otro. Tras de mí un mapa político de España. Era una foto de las coloreadas… aún no habíamos descubierto las fotos en color.

El 1964 la foto de la primera comunión, en mi pequeña ciudad de Carrión de los Condes, había solo un fotógrafo, oficio que se pasaron de padres a hijos. Eduardo Grande, que más tarde sus hijos firmaban, aquellos buenos retratos como “Grand”, eludiendo la última “e” y aparentando más moderno y francés. No es casual que por la puerta de su estudio pase el Camino de Santiago francés. Esa familia tiene los daguerrotipos de toda la historia del siglo XX de Carrión: bodas, comuniones, fiestas familiares, ordenaciones sacerdotales, fiestas patronales, procesiones, crecidas del rio, los carnavales, incendios en los campos de trigo, los primeros accidentes en automóviles y acontecimientos de cualquier tipo. Guardo una foto del año 1959, de los carnavales. Un tío mío y sus amigos disfrazados de chachas con sus novios, y a mí, me llevaban en un cochecito de niños, disfrazado, a mis tres años de Francisco Franco. Nos corrió la guardia civil por todo el pueblo. Cada vez que veo la foto me cuentan la hazaña, pues estaban prohibidos los carnavales.

Luego las fotos del colegio. Justamente hace tres días, un amigo, más joven que yo, Juanjo, me envió una foto, que han colgado en internet, de cuando hice primero de bachiller, por libre, en el colegio de los hermanos maristas, era el año 1965. Colocados en cuatro filas, poníamos dos bancos detrás y el hermano Julio a nuestro lado. Cuántas historias se reflejaban en cada rostro. Cuánta vida por vivir. Me niego a ver las fotos aquellas, también las del seminario menor, como las presenta la película del Club de los Poetas Muertos. No son solo el pasado, ni la flor marchita que no volverá… son impresiones del alma.

Cuando con 18 años llegué al Seminario Mayor. En septiembre del 74 éramos 64 seminaristas. Entre todos nos repartíamos los oficios. Yo, con algún compañero mayor comencé a frecuentar el laboratorio de fotografía. Y aprendí a revelar los carretes. Al principio quemaba la imagen, porque me pasaba de ácido o de tiempo. Lo peor es cuando se te olvidaba cerrar la puerta con tranco y alguien entraba a buscarme. Todo a la papelera.

Mi primera máquina de fotos la compré en Roma en el año 1974, en una excursión de fin de curso del Seminario. Era una Kodak. Tenía un carrete muy especial de 12 y 24 fotografías a color. Cuando los revelaban las fotos eran cuadradas y al lado te impresionaban la misma foto cuatro veces en pequeño.

Siempre me ha gustado fotografiar la naturaleza y la pequeñez, descubrir las cosas desapercibidas. Una margarita saliendo de una grieta en el asfalto, dos chimeneas, una tela de araña, el chorro de una fuente, un nido de avispas colgado como un capullo de barro de un haya, pequeñas flores aumentadas, dos cantos rodados en el agua, la mirada de los animales, unas motos contra una pared con un crucifijo en Roma, fotógrafos como cazadores cazados… todo son fogonazos de la memoria. Y la luz y las sombras son el alma de la imagen.

Me gusta la fotografía. Aquí he descubierto a Pérez Siquier y su magna exposición en el Museo Casa Ibáñez, en Olula del Río, que he visitado varias veces. Disfruto tanto con la fotografía en B/N como con la de color. Aunque con los móviles hoy se pueden hacer maravillas, a alguna la reconvierto en B/N. Me fija más la mirada.

También me gusta la fotografía que clama justicia por cualquier causa. Las guerras y los desastres, lamentablemente tan de moda ahora, en una imagen nos movilizan más el corazón que mil discursos de los entendidos. Hay fotos verdaderamente mágicas.

Esta Semana Santa pasada no pude hacer más que una foto: los pies descalzos y los faroles de la Hermandad del Perdón, en una perspectiva caballera, buscando el punto de fuga. La imagen está llena de unción, de pasión y se siente el silencio. Pienso que los pequeños detalles son la fuerza de la mirada.

Cuando leo en la Biblia, en la Carta de los Hebreos 1,3, que “Jesucristo es el reflejo de la gloria de Dios y la impronta de su ser”, perdonadme la herejía, pero no puedo dejar de pensar en una fotografía.

Muchas gracias.

+ Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería

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“Pidamos por la santidad del matrimonio y de las familias”

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Homilía del arzobispo D. José María, en la Eucaristía en el VII Domingo del Tiempo Ordinario, celebrada en la catedral el 19 de febrero de 2023.

Queridos hermanos, sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas:

Estamos, como os decía al comienzo, en el VII Domingo del Tiempo Ordinario, en el que Le hemos pedido al Señor que nos dé esa capacidad de ser coherentes y de profundizar en su conocimiento espiritual, el conocimiento de las cosas espirituales. Venimos a escuchar la Palabra de Dios, que es “lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero”. Venimos a alimentarnos con la Palabra del Señor, que robustezca nuestra vida cristiana, nuestra vida espiritual, y pedimos también alimentarnos con el Cuerpo del Señor, Cuerpo Eucarístico donde Cristo está verdaderamente presente. Y venimos, como decía al comienzo, a compartir nuestra celebración con los hermanos que profesan la misma fe que confesaremos dentro de un momento. ¿Y que nos trae la Palabra de Dios?, ¿de qué nos habla hoy la Palabra de Dios?

El Señor nos ha hablado de santidad. Esa santidad exigible a un creyente, en primer lugar, y es lo que hemos escuchado del Libro del Antiguo Testamento, en la primera parte. Se nos invita a vivir una vida moral en coherencia con lo que somos. Y ahí está la cuestión principal y fundamental que después Nuestro Señor Jesucristo, a la hora de hablarnos en el Evangelio, siguiendo el Sermón de la Montaña, que ya habíamos escuchado estos domingos pasados, las Bienaventuranzas, las exigencias del Sermón de la Montaña, que es para los cristianos; que no es una utopía decir que es imposible, es un deseo al que nunca llegaremos, o todo lo más, pues personas escogidas, que son los santos; pero el común de los mortales, el común de los cristianos, parece que vemos eso como un imposible. Pues, no. Y quizás nos pasa eso porque vemos lo accidental y no nos fijamos en la esencia. ¿La esencia cuál es? ¿Cuál es el motivo por el que tenemos que ser santos?, como nos invita en el Antiguo Testamento y nos invita el mismo Jesús: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es Perfecto”. Además, San Pablo, en el himno que comienza la Carta a los Efesios, nos dice que Dios nos eligió en la Persona de Cristo antes de la constitución del mundo, “para que seamos santos e irreprochables por el amor”. Y, ¿cuál es el motivo o la causa? Pues, que somos hijos e hijas de Dios; que somos “templo del Espíritu Santo”, como hemos escuchado en la Segunda Lectura. Que Dios habita en nuestros corazones. Que somos consagrados a Dios por el bautismo. Y aquí está la raíz de la exigencia de la santidad. Dijimos también que la santidad no es hacer cosas raras.

La santidad es el seguimiento de Jesucristo, queridos amigos. Es vivir como Jesús vivió, diría san Ignacio. Es acompañarlo. Es el seguir a Cristo. Es el ser seguidor de Cristo. Es ser, pues, como el Señor, pero anda que eso no es difícil. Pues, sí, pero es lo que Él nos pide y Él se ha encarnado, se ha hecho hombre, se ha hecho imitable. San Pablo nos dice que tengamos “los mismos sentimientos de Cristo”. Pero no sólo nos ha sido un deseo del Señor o un mandato. Es que nos ha preparado y nos ha hecho, nos ha redimido para ello: nos ha consagrado a Dios. Somos algo santo. Somos “templos del Espíritu”. Somos hijos e hijas de Dios. Somos otros cristos cristificados por el bautismo, de tal manera que hemos sido conformados con Cristo, hechos coherederos con Cristo. Sí, esos son los motivos profundos de lo que somos y esa es nuestra dignidad. San Agustín, cuando predicaba, decía: “Yo con vosotros soy cristiano y esta es mi gloria. Este es un título de honor. Esta es mi dignidad. Yo para vosotros soy obispo y esa es mi carga, esa es mi tarea”. Y lo más importante es que somos cristianos; que somos hijos e hijas de Dios. Y ahora, el obrar sigue al ser. Tenemos que obrar según somos y no podemos ser hijos e hijas de Dios, no podemos ser otros cristos cristificados, redimidos por Cristo y luego no vivir. Y ése es el gran pecado nuestro, personal y colectivo, muchas veces: que no somos coherentes con nuestra dignidad de cristiano; que no somos en nuestra vida de cada día coherentes y auténticos con la realidad profunda y maravillosa de nuestro ser cristiano. Por eso, hoy se nos renueva esta llamada a la santidad, que ya ha hecho el Concilio también en nuestro tiempo, en la Lumen Gentium, con todo un capítulo dedicado a la llamada universal a la santidad.

Y nos lo ha recordado el Papa Francisco, en uno de sus últimos grandes escritos “Gaudete et Exultate” (Alegraos y exultad). La invitación a la santidad, porque eso es, en definitiva, lo más importante que podemos hacer en nuestra vida: una santidad canonizable. Y podéis decir, eso es imposible. Pues, no es imposible. Y tenemos ahí a los santos. Y podéis decir, los santos estaban hechos de una materia especial. Pues, no es así. Los santos tenían sus defectos y vemos en los propios apóstoles que tienen sus defectos: se pelean entre sí, les come la ambición, no eran nada sencillos, dejan a Jesús solo, le son infieles, lo venden, son intransigentes. Y el Evangelio no se ha callado sus defectos, para enseñarnos que si hay en ellos fue posible seguir a Jesús, ¿por qué nosotros no? Y lo vemos en la historia de la santidad, de toda condición, de toda clase social, de toda edad, de todas las épocas. Y también en nuestra época están esos santos de la puerta de al lado que llama el Papa Francisco. ¿Y en qué consiste la santidad? Pues, en cumplir los mandamientos que nos pone el Señor. ¿En qué consiste la santidad? En vivir la lógica de Dios. Esa lógica, esa sabiduría que hoy pondera el Apóstol en la Segunda Lectura en la Carta Primera a los Corintios. Esa sabiduría de Dios que es una manera distinta de ver las cosas y de ver nuestra realidad, y ver el mundo y contemplar a Dios a como se hace humanamente. Es ver a Dios como Padre misericordioso. Es ver a los demás como hermanos, con igual dignidad que nosotros. Es vivir esa moral tan exigente, podríamos decir, que nos pone Jesús el Evangelio de perdonar al enemigo, de no rehuir ante quien nos pide algo, de ponernos al servicio de los demás, de que los últimos son los primeros y los primeros, los últimos, ese amor a los enemigos… Todo eso, ¿por qué no empezamos a ponerlo en práctica en nuestra vida de cada día? ¿Por qué no desglosamos? Porque, al fin y al cabo, la santidad es vivir el amor a Dios y el amor al prójimo en que se resume los mandamientos. Bueno, pero, ¿por qué no lo ponemos en práctica? Pero, tenemos que pasar de las grandes ideas, de lo abstracto, no basta con decir “yo quiero ser bueno, yo quiero ser santo”. No. En cosas concretas, examinar nuestra vida. Y qué tengo yo que cambiar y parecerme a Jesús. En qué tengo yo que ir sacando a ver a la claridad la imagen de Cristo que hay en mí. Oye, pues eso es desmenuzar. Y desmenuzar cada uno en sus circunstancias de vida.

Y desmenuzar, queridos matrimonios, en este final de vuestra Semana dedicada al matrimonio, en esta época y en estos momentos en que muy pocos jóvenes se casan. Y no se casan, no sólo por razones económicas, que, ciertamente, hay dificultades económicas para acceder a una vivienda, se lleva la mayor parte y casi toda la vida del trabajo de los esposos; no sólo por cuestiones económicas, es fundamentalmente por miedo al compromiso, porque se tiene miedo a perder la libertad. Y se piensa que la libertad y la entrega son incompatibles. Y prefieren estar con lazos sueltos, con la indeterminación para poder romper fácilmente, para que sea fácil desunirse. Y claro, con una sociedad así, con una falta de fundamentación así en los valores y en los criterios personales y colectivos; cuando el matrimonio ha sido absolutamente molido, se resquebrajan otros elementos de la vida familiar, de la vida social, en consecuencia. Se vive esta penuria de natalidad que vivimos en nuestro país y, al mismo tiempo, se aprueban leyes que atentan contra la vida, aunque sean constitucionales, y se llama con eufemismo “interrupción del embarazo” cuando es aborto, cuando es un asesinato, cuando es un crimen de un ser humano. Y si se es capaz de hacerlo con un ser humano en el vientre de su madre, que es el receptáculo que incluso la naturaleza ha puesto Dios para estar más protegido del ser más indefenso, qué no se hará en la intemperie de la sociedad ante los más desvalidos. Perfecto, que se cuide a los animales, que se exija un curso para tener un perro, que se haga todo esto, perfecto, es una sociedad avanzada, una sociedad culta, que quita el maltrato al animal. Pero, ¿y el ser humano, no necesita una ecología integral? ¿Y el ser humano, no necesita una protección, toda vida humana y la vida de todos, desde la concepción hasta el momento natural final de su vida?

Pero claro, cuando se abren las compuertas, queridos hermanos, ya no se para. Cuando se decide sobre lo bueno y lo malo es una mayoría, previamente con unas tácticas para una rentabilidad o una eficacia, sea electoral, sea de poder, ya no se para. Cuando no se tiene ese fundamento en el Dios que es compasivo y misericordioso, que sostiene y que nos da esa dignidad e igualdad entre todos los seres humanos, porque somos hijos e hijas de Dios, ya no se para. Necesitamos recomponer. Y la gran escuela de socialización, la gran escuela de amor, la gran escuela es el matrimonio. Pero, cuando se quita a Dios del horizonte, cuando se quita lo trascendente y quien realmente compacta y hace sólidos los compromisos humanos para siempre, pues, lógicamente, todo se disuelve.

Queridos hermanos, el matrimonio no es algo pesado, no es algo de chiste. El matrimonio es (…) y es la familia. Es donde un ser humano tiene esa prolongación del cobijo con el que nace a la vida, en su familia y en la sociedad. ¿Quiénes son los grandes protectores ante las desgracias del ser humano en la sociedad? La familia. PidámosLe hoy, en que el Señor nos invita a la santidad, por la santidad del matrimonio, por la santidad de las familias.

Y queridos amigos, que venís de Medina del Campo, que la religiosidad popular sea en las tierras de Castilla, que recuerdo con cariño, con emoción, vivida en vuestra sencillez, en vuestra naturalidad, en esa reciedumbre castellana, vivir ese amor profundo de encarnar el amor y el hacer de Cristo y la esperanza en las costumbres de un pueblo, en sus manifestaciones artísticas.

Que todos logremos que esta sociedad nuestra recupere los valores cristianos, que, en definitiva, ensalzan al hombre, porque el primero que nos ensalza es Dios mismo que se ha hecho uno de nosotros en Su Hijo Jesucristo, vocación suprema del hombre.

Que Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, Madre de la familia, cuide nuestras familias y las proteja, dé fidelidad a los esposos y, como pedimos en la Misa o en la liturgia de la Sagrada Familia, que imitemos las virtudes domésticas de la Sagrada Familia y su unidad en el amor.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

19 de febrero de 2023
Catedral de Granada

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