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Más de 75.000 euros de ayuda a Ucrania a través de Cáritas Diocesana de Cádiz

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La campaña de donaciones se mantiene abierta en los mismos canales de ayuda establecidos.

Cuando se cumple un año de la invasión rusa a Ucrania, Cáritas Diocesana de Cádiz hace balance de las donaciones realizadas para apoyar a la población afectada por el conflicto bélico que ha alcanzado más de 75.000 euros. Las donaciones comenzaron desde la primera llamada de auxilio a través de Cáritas Española y se han hecho posible gracias a la web de Cáritas www.caritas.es/cadiz, el Bizum 00883 y la cuenta bancaria destinada para estas donaciones ES98 2103 4000 67 3300000639. De este modo, esta cantidad contempla las aportaciones realizadas por donantes particulares, parroquias, hermandades y cofradías, comunidades religiosas y entidades privadas. Un año después desde que empezara el conflicto, la campaña de captación de fondos de Cáritas Española en favor de Ucrania ha conseguido recaudar más de 20 millones de euros en todo el país, de los cuales 8,3 han sido aportados por las Cáritas diocesanas.

Vicente Pablo Ortells Polo, director de Cáritas Diocesana de Cádiz, agradece a todas las personas que han donado para ayudar a Ucrania, su generosidad y su interés por conocer la ayuda que la red Cáritas ha prestado durante este tiempo a la población víctima del conflicto bélico.

Con el objetivo de responder a una de las peores emergencias humanitarias y la mayor crisis actual de desplazados en el mundo, Cáritas Española ha logrado movilizar en los últimos doces meses más de cinco millones de euros. Estos fondos han sido canalizados a través de los mecanismos de solicitud de ayuda de las Cáritas nacionales afectadas por la guerra y coordinados por el comité de emergencia de Caritas Internationalis.

El trabajo en red ha permitido durante este último año atender a las personas tanto en origen, en tránsito como en su destino final. En España, la acción de la Confederación de Cáritas para acoger y acompañar a las personas y familias procedentes de Ucrania también ha sido una parte sustancial de su respuesta a la emergencia. Hasta diciembre del año pasado, la red de Cáritas diocesanas en toda España había atendido a 5.378 personas ucranianas. Otras 10.274 habían recibido ayuda de manera indirecta.

Entre las ayudas que se prestaron, la mayoría estuvo relacionada con alimentación y ropa. En total se realizaron 13.549 acciones para facilitar el acceso a estas necesidades básicas, ya sea a través de entrega directa o de tarjetas monedero. También se realizaron 891 gestiones para facilitar el acceso a un alojamiento a través del pago del alquiler de la vivienda, acogida en una residencia de la parroquia o acceso a casas de acogida. El tercer campo de acción fue el del empleo con 2.824 actuaciones relacionadas con la orientación, formación para el empleo, el diseño de un plan de inserción laboral o talleres de formación prelaboral.

“El sistema de protección internacional ha asumido el grueso de las demandas de las personas y familias procedentes de Ucrania. Su funcionamiento para proporcionar alojamiento ha sido ágil y eficaz. De manera subsidiaria, las Cáritas diocesanas han invertido más de 800.000 euros para llevar a cabo acciones de asistencia y acogida a estas personas y familias”, explica Hilde Daems, coordinadora del equipo de Inclusión Social de Cáritas Española.

“Desde el inicio de la crisis, la sociedad española ha confiado en la red de Cáritas para apoyar a las personas víctimas de la guerra. Agradecemos una vez más la enorme solidaridad de donantes, instituciones y empresas. En toda la Confederación somos muy conscientes de la gran responsabilidad que supone estar a la altura de la confianza que la sociedad deposita en Cáritas”, explica María Ángeles García, coordinadora del equipo de Donantes y Relación con las Empresas de Cáritas Española.

Cáritas Española está presente en Ucrania desde el año 2010 a través de diversos proyectos de acción social. “Cáritas estaba en Ucrania antes, está ahora y seguirá allí cuando se acabe el conflicto y la atención mediática. Los fondos que estamos consiguiendo recaudar se invertirán en esa carrera de fondo que corre Cáritas porque la reconstrucción del país requerirá mucho tiempo y esfuerzo”, explica Gómez de Barreda.

DONACIONES

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Bandera de Andalucía para el Ave María en el centenario de la muerte del padre Manjón

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Bandera de Andalucía para el Ave María en el centenario de la muerte del padre Manjón

La Fundación Patronato Avemariano de Granada recibe este reconocimiento por parte de la Junta de Andalucía por el trabajo realizado en los nueve centros educativos de la institución.

Las Escuelas del Ave María reciben este viernes la Bandera de Andalucía. Un reconocimiento que se encuadra dentro de los actos conmemorativos del 28 de febrero, y en el que la Junta de Andalucía ha querido destacar el papel de la institución a través de los nueve centros que componen el Patronato Avemariano de Granada.

Este reconocimiento llega en un año de especial relevancia para la comunidad educativa avemariana, al celebrarse a lo largo de este 2023 el centenario de la muerte de su fundador, el padre Andrés Manjón.

El presidente de las Escuelas del Ave María, Antonio Almendros, ha señalado que “recibir la Bandera de Andalucía supone poner en valor el trabajo que desde hace más de ciento treinta años llevan haciendo nuestros centros, siempre siguiendo el modelo educativo y la pedagogía de nuestro fundador”.

La entrega del reconocimiento tendrá lugar en una ceremonia en el salón de actos del Parque de las Ciencias el próximo viernes, 24 de febrero, a las 11:30 horas.

Fundación Ave María
23 de febrero de 2023

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“Somos verdaderamente relación de amor”

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El Obispo de Barbastro-Monzón ha clausurado el «Mes de la Familia» con una dinámica conferencia en la que se ha preguntado «¿Por qué la familia es hoy un valor seguro?»

 

«¿Por qué la familia es hoy un valor seguro?» con  este título, el Obispo de Barbastro-Monzón, monseñor Ángel Pérez Pueyo, ha compartido con la diócesis de Córdoba su análisis sobre la familia para confirmar la esperanza en la clausura del mes de la familia. Este encuentro ha servido para volver a ponernos en camino con determinación y observar que aunque ni la estadística ni la visibilidad de la familia son  halagüeñas, seguirá siendo en la sociedad actual una invitación a la esperanza porque ver “la foto de una familia es ver la foto de Dios”

-¿Por qué la familia es un valor seguro en el momento social que vivimos?

– Porque es la mejor fotografía con la que se puede visualizar y vislumbrar el amor de Dios. Evidentemente, la segunda parte – “en el momento social que vivimos”- es otro cantar –;  ahí duele. Pero, ¡qué bien nos va cuando nos va tan mal! Me explico. Voy a servirme de una imagen que el cardenal Carlo María Martini utilizaba en un librito muy bonito titulado El sueño de Jacob, que utilicé en la presentación de nuestra diócesis ante el Papa. El cardenal Martini cuenta la historia la historia de Jacob como diciendo, si tú lo miras desde tejas para abajo, es decir, desde las coordenadas visibles, estamos muertos, los datos son calamitosos. Pero Jacob, que salía zumbando porque había sido descubierto el engaño por el que había intentado por seguir la primogenitura, en medio del desierto se encuentra en un sueño, esa escalera entre el cielo y la tierra por la que bajan y suben los ángeles. Allí Jacob descubre que además de las coordenadas visibles, hay otras coordenadas que son invisibles.

Sin duda en el momento social que vivimos, las rupturas totales entre 2017-2020 han sido casi de medio millón: 467.702 parejas se han disuelto, frente a 819.001 matrimonios totales. Es decir, casi la mitad se ha roto. Matrimonios católicos en ese periodo, 163.520, y casi cinco veces más matrimonios civiles 655.481. Y hay que añadir parejas de hecho, del mismo sexo… Quiero decir que las coordenadas visibles, evidentemente, denotan una calamidad absoluta. Y sin embargo, hay esperanza, porque ¡habrá algo más hermoso, más transformador, más humano que ser bálsamo caricia, ternura de Dios en el mundo! Y eso es el amor de las parejas. Si algo somos, somos personas, personas en relación; y en la medida en que nos relacionamos, en esa misma medida, visualizamos más que nunca a Dios mismo. Si alguien verdaderamente quiere conocer la foto de Dios, tiene que ver la foto de una familia, una familia que es amor de comunión, amor de relación, amor fecundo.

-¿Qué claves identifica usted en los últimos años que hayan contribuido a desestabilizar a la familia?

Yo diría que es la antropología que subyace en el corazón del mundo postmoderno, de esa tan cacareada sociedad del bienestar que tanto fascina algunos, que no nos ha hecho ni más libres, ni más fecundos, ni más auténticos, ni más felices, como nos prometieron.

¿Qué nos está pasando? Esta es la pregunta que nos tendríamos que hacer. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué con los ingentes recursos de los que disponemos hay tanta injusticia, tantos empobrecidos y tantas rupturas, con lo que conlleva de desgarro interior? La economía, que debiera ser un mero instrumento al servicio de la persona, se ha convertido en fin en sí mismo. El sistema económico, de producción y de consumo se ha convertido en el sistema social y cultural que ha marcado nuestra manera de ser y de relacionarnos, lo cual genera algunos problemas importantes en el trabajo, en la vida social, en la cultura. Ante eso, ¿cuál es la propuesta que como cristianos, de manera muy humilde, tenemos que hacernos? Pues sencillamente ser testigos de aquello que verdaderamente somos, somos relación de amor.

-En su opinión, ¿necesitamos formación para entender el fin último de la familia en la sociedad y defenderla?

Se trata de interiorizar los valores, y el valor, el único valor del cual se desprenden todos los demás, es el amor. Hoy, como diría el papa Benedicto XVI, los rasgos fundamentales de la cultura que genera este sistema de producción y de consumo están marcados por los ismos: el individualismo, es decir, buscar cada uno su propio interés, el hedonismo o consumismo, es decir, la felicidad consiste en buscar en cada momento lo que a mí me gusta. Lo normal es ser consumidor. La libertad parece consistir en poder elegir, poder desechar, cambiar. Nos venden el relativismo y el subjetivismo, como si no existieran valores universales, en el imperio del propio gusto el interés o la conveniencia. Y, finalmente, el secularismo, como si Dios y los demás no existieran.

Pero los hombres y mujeres que hemos descubierto que somos criaturas, que no somos dioses, criaturas queridas, amadas, llamadas a la eternidad y a la felicidad plena, enfrentamos esa sociedad con la fuerza de comunión, de servicio, de dignidad humana y, sobre todo, de familia. Porque es la familia la que verdaderamente nos congrega y nos convoca en el amor.

Recetas para familias que no se rinden 

“¡Habrá algo más hermoso, más transformador o más humanizador que ser caricia, bálsamo, ternura de Dios para el mundo! Y eso es el amor de las parejas”

“Si queremos recuperar el atractivo que la familia realmente tiene, tendremos que intentar revertir el orden de la creación, es decir, volver a poner a Dios en el centro y a la persona humana como el mejor activo y motor de cambio”

“La explicación más plausible es que la supuesta sociedad del bienestar ha ido arrebatando al ser humano imperceptiblemente su dignidad como persona, como criatura, como hijo de Dios y lo ha convertido en mero instrumento del sistema de producción y consume”

“Los cristianos creemos, sin embargo, que existen otras propuestas de realización personal, otra forma de sentir, de pensar y de actuar que te hacen realmente más libre, más auténtico, más feliz y más fecundo a través de la comunión, el servicio, la  dignidad humana y la libertad y ser una única famlia como hijos y hermanos”

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Las hermandades de la diócesis de Guadix cuentan con un nuevo Directorio para los nuevos tiempos

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Las hermandades de la diócesis de Guadix cuentan con un nuevo Directorio para los nuevos tiempos

 

La diócesis de Guadix cuenta, desde el pasado Miércoles de Ceniza, con un nuevo Directorio Diocesano de Hermandades y Cofradías. Se trata de una actualización que se consideraba necesaria, dado que el anterior era de 2009 y se veían necesarios algunos cambios. El nuevo Directorio ya está en vigor y las hermandades, desde ahora hasta el inicio del curso que viene, deberán adaptar sus estatutos a lo que se dispone en el texto ahora aprobado.

Se trata de un documento muy pensado, que ha llevado meses de trabajo y numerosas revisiones y borradores, en el que han intervenido en su preparación las hermandades, pero no solo ellas. Lo dice el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, en el decreto de publicación del mismo: “han participado activamente en dicho proceso seglares, miembros de distintas hermandades y cofradías, los presidentes de las tres Federaciones de Hermandades y Cofradías de nuestra diócesis, Guadix, Baza y Huéscar y sacerdotes de los cinco arciprestazgos diocesanos”
El texto, además, se ha elaborado, según se indica “en diálogo con lo establecido en las diócesis hermanas de Andalucía, integrando las normas y orientaciones emanadas por la Conferencia Episcopal Española y por la Santa Sede”.
La necesidad del nuevo Directorio también la explica Mons. Orozco en el decreto de publicación: primero, porque ya han pasado 14 años desde el anterior. Pero además, dice, porque en estos años se ha observado “la existencia de algunas lagunas en el mismo y algunas desviaciones en la disciplina eclesiástica, propiciadas por un debilitamiento de la fe y, en cierta medida, por una pérdida del sentido de pertenencia e identidad eclesial, que debe presidir la vida de nuestras asociaciones públicas de fe, a la vez que se han producido grandes cambios y transformaciones en nuestra sociedad, que afectan profundamente a la vida de la Iglesia y de sus instituciones y asociaciones.”
El nuevo Directorio nace para responder a la situación actual y ofrecer un marco de referencia para las hermandades y cofradías de la diócesis accitana. Una realidad, la de las hermandades, muy valorada en la diócesis de Guadix, ya que, como se dice, desde el inicio, en el decreto de publicación, “contribuyen de manera especial al fomento de la vida cristiana entre nosotros y se han constituido en baluarte frente al acelerado secularismo que impregna nuestra sociedad, acogiendo la misión que el Concilio Vaticano II expresaba al definir la naturaleza y la misión de los laicos en la Iglesia”. Y se recuerda cuál es esa misión de los laicos según el Concilio Vaticano II: “están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento” (Const. Dogmática Lumen Gentium,31).
El nuevo Directorio llega justo en el inicio de la Cuaresma. Está en vigor desde el 22 de febrero. Ahora, las hermandades tendrán que acogerlo, estudiarlo y adaptar sus estatutos al nuevo marco común establecido. Una tarea que, se espera, ayude a las hermandades a responder a los retos a los que se enfrentan, en una sociedad que evoluciona tan rápidamente, permitiéndoles mantener siempre su identidad eclesial.

 

El nuevo Directorio Diocesano de Hermandades y Cofradías  se puede consultar y descargar aquí.

 

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Convocados dos concursos vocacionales, uno de pintura y otro de redacción

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Convocados dos concursos vocacionales, uno de pintura y otro de redacción

 

Cuando se acerca el Día del Seminario y la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, la delegación de Pastoral Vocacional de la diócesis de Guadix, ha convocado dos concursos, uno de redacción y otro de dibujo, dirigidos a los más pequeños. El de dibujo está dirigido a los chicos y chicas de 1º a 6º de Primaria, con dos categorías, según el curso: de 1º a 3º de Primera y de 4º a 6º de Primaria. Los mayores, de 1º a 4 de ESO, podrán `participar en el concurso de redacción.

Para participar en los concursos solo hay que hacer un dibujo o una redacción con temas relacionados con la vocación, tanto sacerdotal como religiosa. Los trabajos deberán ser enviados antes del 7 de abril, al Seminario Mayor San Torcuato, Avda. Buenos Aires, 137, 18500 Guadix.
La delegación diocesana de Pastoral Vocacional anima a los párrocos, catequistas y profesores de Religión a que los jóvenes que hay en las parroquias o colegios participen. Los premios son importantes, desde tarjetas regalo de 100€ hasta un maletín de pintura, pasando por otros premios de menor cuantía.
Pero lo más importante será, como siempre participar, pensar sobre la vocación y plasmar lo que se piensa sobre el papel, ya sea con pinceles o con bolígrafo.
Las bases de los concursos se pueden ver aquí.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

 

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Primera edición de Cuaresma de “Iglesia en Córdoba”

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Primera edición de Cuaresma de “Iglesia en Córdoba”

La edición semanal de la revista diocesana cuenta con una entrevista al Delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado, y un amplio reportaje sobre el I Encuentro de Artistas celebrado en Córdoba

“Iglesia en Córdoba” vuelve con la actualidad de la diócesis de Córdoba marcada esta semana por el inicio de la Cuaresma y el I Encuentro de Artistas celebrado en la diócesis de Córdoba.

Las Jornadas diocesanas de Pastoral Obrera, el vídeo viral del obispo de Córdoba, la última Formación Permanente para sacerdotes o la apertura de dos jubileos en la Diócesis, son algunas de las noticias recogidas en las páginas de la publicación semanal.

Adjuntamos la revista íntegra.  

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«El ayuno cuaresmal»

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Por su interés, reproducimos este artículo escrito en 2018 por nuestro arzobispo D. José María Gil Tamayo, sobre el tiempo cuaresmal y el ayuno.

«El tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia».

Tal es, según el Concilio Vaticano II, la doble finalidad de este tiempo sagrado que los católicos iniciamos el próximo miércoles, llamado «de ceniza», por exteriorizarse en él la condición frágil y pecadora del hombre mediante el sencillo y elocuente signo de la imposición de la ceniza en la cabeza de los fieles.

Pero hay otras prácticas religiosas como son las del ayuno y la abstinencia que están unidas a este tiempo litúrgico y que, a la vez que han sido consideradas expresión de penitencia y conversión, han calado profundamente no sólo en manifestaciones de religiosidad popular, sino también en la cultura y hasta en la gastronomía de nuestros pueblos y naciones cristianas.

La Cuaresma no surgió desde el principio tal y como la conocemos hoy, sino que ha tenido una gestación de siglos y siempre referida a la celebración pascual. Esta última se fijó a mediados del siglo II y se la relacionó con la Pascua judía fijándola, tras una dura controversia, el domingo siguiente a ésta por decisión del Papa Víctor (189-198). Establecida la fecha pascual, empiezan a surgir en las Iglesias de Oriente y Occidente la realización de un «gran ayuno» para poder prepararla de manera adecuada.

PREPARAR LA PASCUA

El ayuno siempre ha tenido en la historia de las religiones un profundo sentido ascético, y así lo tenía también en el judaísmo y en la Iglesia primitiva, dimensiones mucho más profundas y complejas de las que hoy pudieran verse en esta práctica. El ayuno comportaba algo más que la mera privación de alimentos ya que siempre estaba relacionado con la oración y la limosna, lo que preservaban su rectitud de cara a Dios y al prójimo, y se evitaba así que se convirtiera en un puro formalismo externo, como el que tanto fustigaba Jesús en los fariseos de su tiempo. Normalmente las principales celebraciones litúrgicas iban acompañadas de un ayuno comunitario que disponía el espíritu y el cuerpo para tales acontecimientos. De hecho la Cuaresma comenzó con un ayuno comunitario de dos días: el Viernes y el Sábado Santo que, con el domingo de resurrección, formaron el Triduo Pascual. Este ayuno tenía un sentido eminentemente pascual pues pretendía expresar la participación en la muerte y resurrección de Cristo, a la vez que, como señala el propio Jesús en el Evangelio, esperar la vuelta del Esposo arrebatado momentáneamente por la muerte.

En el siglo III la práctica del ayuno previo a la Pascua se prolonga a las tres semanas anteriores, coincidiendo con el tiempo de preparación de los catecúmenos para el bautismo de la noche pascual.

En el siglo siguiente este ayuno se prolonga aún más, tomando para ello como modelo el de Jesucristo en el desierto donde ayunó cuarenta días y cuarenta noches (cfr. Mt 4,1-2). El número de cuarenta días de ayuno, de donde provienen el nombre de Cuaresma (del latín &laqno; quadragesima»), ya lo había consagrado Moisés, quien «subiendo al monte (Sinaí) se quedó allí cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber» (Ex 24,18); posteriormente otro de los personajes emblemáticos del judaísmo, el profeta Elías, sigue el ejemplo de Moisés, pues con la fuerza del alimento de una sola comida «anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios» (1Re 19,8).

Una vez establecidos los cuarentas días de duración de la Cuaresma, las discrepancias vinieron a la hora de contar los días ya que si bien ordenados desde el jueves anterior al Tríduo pascual (el Jueves Santo) el tiempo cuaresmal debería empezar el actual primer domingo de Cuaresma, pero surgió una dificultad: los domingos al recordar la Resurrección son días de alegría, y no podían ser considerados en consecuencia días de ayuno. Para salvar este obstáculo y mantener los cuarenta días exactos de ayuno, se recurrió a comenzar la Cuaresma el miércoles anterior al primer domingo, el que se llamaría «miércoles de ceniza» o «principio de ayuno». Posteriormente, al excluir como días de ayuno también los sábados, se fueron ampliando las semanas penitenciales y aparecieron las llamadas en la liturgia romana «quincuagésima», «sexagésima» y «septuagésima». Todas estas adiciones quedaron suprimidas con la reforma litúrgica del Vaticano II.

Si a lo largo de los siglos ha sido variable el cómputo de los días cuaresmales, no menos han sido diversas también las formas de practicar ayuno cuaresmal. Con más o menos severidad siempre ha consistido en comer una sola vez al día; en los primeros siglos se solía hacer esta comida por la tarde, posteriormente, a partir de la Edad Media, se hacía a mediodía. Al principio el ayuno cuaresmal llevaba consigo también la abstinencia de ciertos alimentos, sobre todo de la carne y de lo que proviniera del mundo animal, de los huevos y productos lácteos; e incluso el vino era considerado materia de abstinencia. La no referencia al pescado en la práctica primitiva hizo pensar que no entraba entre los alimentos prohibidos durante la Cuaresma, costumbre que hoy pervive.

El ayuno era sólo uno de los elementos de vivencia religiosa en que se apoyaba el tiempo cuaresmal, también estaban como ya se ha apuntado antes los otros dos fundamentales: la oración y el ejercicio de obras de caridad, sobre todo la limosna.

En la práctica del ayuno cuaresmal se tenía en cuenta la edad, la salud de las personas, y era más intenso y severo para los catecúmenos que se preparaban para el bautismo y para los penitentes públicos.

Con el correr de los siglos, las Iglesias de Oriente han conservado mejor el sentido del ayuno cuaresmal primitivo, en cambio, en Occidente, con el paso del tiempo se ha ido perdiendo de vista su profundo sentido original: se han ido sucediendo privilegios, dispensas, mitigaciones y distinciones entre el ayuno y la abstinencia.

RECOBRAR EL PRIMITIVO SENTIDO

El Vaticano II ha pretendido hacer volver estas prácticas a su primitivo sentido pascual, señalando que » la penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social» y que se haga «de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles».

Siguiendo estas indicaciones conciliares, en 1966 el Papa Pablo VI estableció en la Constitución «Penitemini» la practica actual del ayuno y la abstinencia cuaresmal que después quedaría plasmada en el vigente Código de Derecho Canónico, donde se señala que «todos lo fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (c.1249). Los días y tiempos penitenciales señalados son «todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma».

Aparte, de la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma, con respecto a la práctica del ayuno y la abstinencia en un mismo día se especifica en el Código que ambos «se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» .A la hora de señalar la obligatoriedad de estas prácticas se dice en el mencionado Código que «la ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad (18 años), hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (c.1252).

Por último, la Iglesia deja en manos de las Conferencias Episcopales el que éstas determinen «con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad» (c.1253). En definitiva, una práctica antigua, esta del ayuno cuaresmal, para ser vivida hoy con el sentido de los orígenes, o sea: «en espíritu y en verdad».

José María Gil Tamayo
Publicado en Ecclesia COPE (15 de febrero de 2018)

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Cuaresma hacia la Vida: «Misericordia, Señor, hemos pecado».

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El salmo cincuenta, conocido como el miserere, da tono penitencial a la cuaresma cristiana, ayudándonos a celebrar el ¡Aleluya! que la Iglesia entonará cincuenta días, desde la noche santa de la resurrección hasta la solemnidad de Pentecostés. El miércoles de ceniza hemos comenzado la Cuaresma, camino interior y espiritual para vivir la muerte y la resurrección del Señor. La ceniza nos hace reconocer nuestra propia fragilidad y nos trae el recuerdo cierto de nuestra mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. El signo externo nos lleva hasta la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a vivir en el itinerario cuaresmal, como nos dice el profeta Joel: «Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos» (Jl 2,12-18).

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Los cuarenta días de Jesús en el desierto o los cuarenta años de desierto del pueblo elegido para llegar a la tierra prometida, nos dibujan el camino que la Iglesia y cada cristiano viven en este tiempo para, superando las tentaciones y las esclavitudes de nuestras pasiones y las ofertas ilusorias de nuestro mundo, caminar desde la noche oscura de la esclavitud y de las cárceles de nuestros pecados, a la libertad de la Vida resucitada y plena que nos ofrece el resucitado.

¡Qué necesaria es la Cuaresma! Viviendo los coletazos y las consecuencias de la pandemia mundial de la COVID 19 en todo el planeta y en los graneros de las seguridades del hombre, nuestro mundo sigue inmerso en graves tragedias: guerras, muerte, hambruna, catástrofes naturales, persecuciones, vulneración de derechos fundamentales, legislaciones contra la vida desde el inicio de su concepción hasta su ocaso natural, amparadas en mayorías decisorias que se arrogan el poder de ser como dioses, incluso decidiendo contra la naturaleza humana, la dignidad del ser humano y los derechos de los padres; dictaduras, falta de libertad religiosa, aparente victoria de las ideologías y de sus extremas e irrespetuosas imposiciones bajo el amparo de una falsa libertad, etc. Necesitamos la Cuaresma en un mundo decadente que pide a gritos la presencia de Dios en el corazón del hombre. Somos conscientes que nuestra Cuaresma no es una Cuaresma más, sino una oportunidad preciosa en el hoy de nuestra historia, para entrar en lo profundo de lo que somos, para discernir a la luz de la LUZ, para reconocer nuestra condición de hijos pródigos olvidados del amor paterno y sobre todo – porque el protagonista de la Cuaresma no es el pecado sino el Amor- para experimentar que, en el camino de vuelta a casa, nos sostiene la misericordia y la ternura de nuestro Dios, que es un Dios de vivos y no de muertos. Dios viene a salvar y «no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva» (Ez 18,21-28).

Para vivir este itinerario a la Pascua, la Cuaresma nos invita a abrir bien los oídos del corazón, para andar el sendero de nuestra conversión, como escuchamos en la imposición de la ceniza «Conviértete y cree en el Evangelio», recordando nuestro bautismo y viviendo nuestra reconciliación con Dios y con los hermanos, por medio de las armas de la «penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (Cf. Mt 6,1-6.16-18). Oración que nos abre a la escucha de la voluntad de Dios; ayuno que nos hace libres para romper los hilos de lo que nos convierte en marionetas, devolviendo la pureza transcendente de nuestra libertad; limosna que nos descentra del egoísmo soberbio y de la idolatría del propio yo.

Y junto a los oídos del corazón, la Cuaresma es un aldabonazo que nos grita la dignidad de criaturas y de hijos que fueron creados para oír a un Padre y su deseo de salvar. La Palabra de Dios es rica en este tiempo fuerte de lenguaje de Dios: la narración de las tentaciones de Jesús, la transfiguración del Señor, el evangelio de la samaritana, del ciego del nacimiento y de la resurrección de Lázaro, nos irán educando, durante los domingos de Cuaresma, en este itinerario de curación en la misericordia del Señor y en la mirada al horizonte de lo trascendente. La vivencia cotidiana de la Eucaristía, una buena confesión, la lectura diaria del evangelio, unos ejercicios espirituales, la lectura espiritual y conocer la vida de los santos, celebrar con devoción el santo Triduo pascual, nos ayudarán en este camino a que Cristo tome posesión del corazón humano.

El Papa Francisco en el mensaje que nos regala para esta Cuaresma, «Ascesis cuaresmal, un camino sinodal», nos recuerda que la Cuaresma «nos invita a subir a un monte elevado junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis», «animados siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz»; «dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades». Como Pedro, Santiago y Juan, también nosotros, elegidos por el Señor, somos invitados al Tabor para ser «testigos de un acontecimiento único», «caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje».

Vivir el camino penitencial de la Cuaresma es sólo poner a disposición del Señor lo poco que somos, nuestros cinco panes y dos peces, el vino agotado de nuestras heridas para poder vivir la autoridad del Amor y la Misericordia de Dios en nuestra existencia. Como nos dice el Papa, la transfiguración que el Señor nos quiere hacer vivir, «la belleza divina de esta visión es incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo» que nosotros, sus «discípulos, podamos hacer para subir al Tabor». «Lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino». El protagonista de nuestra Cuaresma no es nuestro esfuerzo ni nuestro pecado, sino el Amor inconmensurable del Señor por nosotros, que, como nos dice el Papa, «tiene como meta una transfiguración personal y eclesial».

El Papa nos ofrece dos «caminos» para que la transfiguración de la Cuaresma sea posible en nosotros:

+ Escuchar a Jesús en la Palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece. «Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día». Y escuchemos también a nuestros hermanos, «en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda».

+ «No refugiarnos en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias subjetivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones», «vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección».

Este es el camino que todos los bautizados vamos a vivir en esta Cuaresma. Es tiempo, especialmente intenso para nuestras Hermandades y Cofradías que se afanan en sus cultos cuaresmales y en la preparación de las bellísimas estaciones de penitencia. Estos retablos andantes son una preciosa catequesis visual para vivir la muerte y la resurrección del Señor y calcar los sentimientos de su Madre bendita en este camino de la pasión para la Vida resucitada.

Como decía el Papa a todos los cofrades, el pasado dieciséis de enero de este año en un encuentro con la confederación de las cofradías de las Diócesis de Italia, «vuestro fermento, vuestra levadura está bien presente en el tejido eclesial y debe ser mantenido vivo, para que pueda hacer fermentar toda la masa». El miércoles de ceniza he decretado la aprobación de unos nuevos Estatutos marco para las Hermandades y Cofradías para ayudarnos, como decía San Juan Pablo II, en «la urgencia de la evangelización que exige que también las Cofradías participen más intensa y directamente en la obra que la Iglesia realiza para llevar la luz, la redención, la gracia de Cristo a los hombres de nuestro tiempo» (Jubileo de las Cofradías, 1984). El Papa Francisco lo repite constantemente al afirmar que «la piedad popular constituye de hecho una poderosa fuerza de anuncio, que tiene mucho que ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo» (cfr. Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 126). En el encuentro del Papa con los Cofrades, animaba a cultivar la centralidad de Cristo, a vivir y caminar juntos, haciendo experiencia secular de sinodalidad y a caminar anunciando y siendo testigos del evangelio, cuidando especialmente a quienes sufren las nuevas pobrezas de nuestro tiempo. «Evangelicidad, eclesialidad y misión», es decir, la centralidad de Cristo, el amor a la Iglesia y el compromiso de ser misioneros, son tres acentos que nunca deberían faltar de la vida de nuestras Hermandades y Cofradías.

Queridos cofrades, agradecidos por vuestro servicio en la Iglesia, ayudadnos a todos a fortalecer la fe en estos días santos de Cuaresma, siendo testigos fehacientes de una fe que se celebra, se conoce por medio de una formación recia en los pilares de la Escritura, de la Tradición y del Magisterio eclesial; y es caridad cercana con los que más sufren.

La Virgen María es la mejor Cuaresma que hemos de aprender en nuestra vida cristiana. Ella y su ternura de Madre son el mejor antídoto para combatir la decadencia de un mundo que espera más de la soberbia humana que de la humildad del corazón. Cuaresma es reconocer que sólo Dios tiene palabras de Vida Eterna.

¡A todos, feliz, profunda y cristiana Cuaresma!

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

Cuaresma, “un tiempo profundamente bautismal”

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Homilía en la Eucaristía del miércoles de ceniza, con el que e inicia la Cuaresma, celebrada en la Catedral el 22 de febrero de 2023.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
querido presidente y miembros de la Federación de Hermandades y Cofradías de Granada;
queridos hermanos y hermanas:

Estamos con esta liturgia, con esta celebración eucarística, comenzando este tiempo santo de la Cuaresma. Este tiempo de preparación para la Pascua. Este tiempo profundamente arraigado en la piedad popular de nuestras gentes, que influye en tantas cosas. También, hasta en lo culinario. Este tiempo que nos hace ponernos a punto cristianamente. Y para eso está. Esos 40 días que recuerda de Jesús en el desierto, esos 40 años del pueblo de Israel, también a través del desierto hacia la patria prometida. Pero, sobre todo, nosotros recordamos nuestro itinerario bautismal.

Es un tiempo profundamente bautismal el tiempo de la Cuaresma. Es el tiempo en que los catecúmenos que se preparan para el Bautismo, ya de adultos jalonadamente a lo largo de los domingos del tiempo de Cuaresma, van asumiendo de manera próxima los compromisos cristianos, manifiestan su confesión de fe, hacen su renuncia a todo lo que suponga la vida anterior, la vida de pecado para vivir la vida en Cristo que reciben en las aguas saludables del Bautismo. Entonces, se le aplican los méritos de la pasión, muerte y resurrección del Señor y somos salvados. Eso que ya se ha producido en nosotros, queridos hermanos, en el momento de nuestro bautismo; que somos cristianos ya con muchos años a las espaldas de vivencia cristiana y que, a lo largo del año, vamos viviendo el Misterio de Cristo a través de la liturgia, y vamos intentando identificarnos con Él y tratar de traducir sus exigencias a nuestra vida concreta.

Empezamos una nueva Cuaresma. Y nosotros tenemos que recordar y actualizar los compromisos bautismales. En definitiva, se nos invita a la conversión, para prepararnos a la Pascua, para que nosotros también experimentemos en las celebraciones pascuales, en la celebración de la Pasión, muerte y Resurrección del Señor, una verdadera vivencia religiosa que nos haga actualizar el Misterio Redentor de Cristo por el que hemos sido salvados y hechos cristianos. Eso no se improvisa, queridos hermanos. Eso no se llega sin más como uno llega a una fiesta, sino que, para los primeros cristianos y también para nosotros, es tan importante la celebración de la Pascua que nos tenemos que preparar y tenemos que preparar quitando de nosotros todo lo que nos aparta de Dios y de los demás. Y necesitamos sacudirnos el polvo del camino o quitar de nosotros todas esas adherencias que el pecado, que el ambiente, que este mundo nuestro de secularismo, muchas veces de superficialidad, ha ido como trayendo sobre nosotros. No vivimos en un mundo aparte. Somos caminantes. Y como dice el Papa, nos contaminamos y necesitamos este tiempo. Pero, para eso, queridos hermanos, necesitamos la conversión; la conversión que es la vuelta a Dios; que es dejar lo que no va conforme a su enseñanza, lo que no va conforme al Evangelio.

Hoy escucharemos al recibir la ceniza, una de las fórmulas es: “Conviértete, cree en el Evangelio”. Es decir, tómate en serio tu vida cristiana. Y para eso tenemos este tiempo, para ponernos a punto, para afinar y enderezar lo que no va bien, para potenciar lo que en nosotros hay de virtud. Pero también necesitamos sacudirnos el pecado de nosotros. Por eso, es un tiempo de conversión. Es un tiempo de conversión para con Dios; para volver y darnos cuenta de que nuestra vida no puede ir por un lado nuestras palabras, nuestras buenas intenciones, y por otra, nuestras obras, nuestra asistencia.

Hoy la Palabra de Dios, en la Primera Lectura, el profeta Joel nos invita a la coherencia de vida, a que el verdadero ayuno está en vivir como Dios nos pide, viviendo y cumpliendo sus mandamientos. Nos invita a una autenticidad que vaya más allá de los signos, que vaya más allá –digamos- del cumplimiento religioso de unas costumbres. Nos invita a una rectitud de vida. Y como el Señor sabe de qué barro estamos hechos, nos invita a la conversión. Y la conversión pasa, en este tiempo de Cuaresma, con una vuelta al Sacramento del Perdón y de la Penitencia, al sacramento de la alegría, donde Dios nos abraza por el ministerio de la Iglesia, donde Jesucristo nos sale al encuentro y nos perdona a través del sacerdote. Necesitamos acudir porque somos pecadores, porque somos necesitados del perdón de Dios. Y mientras no tomemos conciencia de esto, no hay conversión. Seguiremos con una costumbre, un año más, cíclica, y vuelta a empezar el año que viene. Pero el Señor pide de nosotros que esta Cuaresma haya un cambio; que yo sea mejor que hace unos meses; que yo quite lo que tengo que quitar que me impide ser mejor, ser más santo.

En definitiva, este tiempo es un tiempo para volver a la santidad, para tomarnos la santidad en serio. Cada uno mire su vida. Y al mismo tiempo, sabemos que está ofrecida la reconciliación de Dios y que nosotros tenemos que ser para los demás también, pues agentes de reconciliación en este mundo tan dividido, en este mundo tan crispado, tan polarizado unos contra otros. Necesitamos con ese perdón y esa gracia de Dios, nosotros también ofrecer serenidad y paz a nuestra sociedad, empezando por nuestra ciudad, empezando por nuestras familias, porque hemos empezado por nuestra conciencia. Cuando uno tiene esa paz, que nace de vivir como Dios nos pide, esa paz se irradia. Se irradia a la familia, se irradia a los hijos, se irradia entre los esposos, se irradia a los amigos, se irradia en el trabajo, se irradia en la sociedad, en nuestra ciudad. Y cuán necesitados estamos de esta paz y serenidad en nuestro país, en nuestro mundo. Cuando las noticias nos preocupan, cuando se vuelve a hacer planteamientos de guerra y de enfrentamiento, cuando Dios se ha dejado que esté ausente, cuando Él está a nuestro lado permanentemente. Necesitamos volver a Él. Y se nos ofrece la oportunidad en este volver a Dios y vivir una vida cristiana más plena, y se nos pone como un trípode de lo que debemos vivir en la Cuaresma, especialmente.

Más oración. Tenemos que rezar. Quien cree en Dios le reza, quien espera en Dios le reza, quien ama a Dios le trata y le reza. Santa Teresa de Jesús decía que la oración –y mirad que sabía mucho de esto- es tratar muchas veces de amistad con quien sabemos nos ama. Pues, eso es la oración. Y hace tiempo que no lo hacemos. Si a lo mejor vamos todo el día atropellados de un lado a otro y acabamos rendidos, que encontremos un espacio y un tiempo para Dios; que nos sirvamos de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios, que no esté en la estantería, que no nos conformemos con la lectura del domingo en la misa, que ha llegado el martes y ya no nos acordamos, sino que la Biblia, el Evangelio, cada día, podamos leer un rato. Y así, conoceremos más a Jesucristo para tratarlo más y para darlo a conocer mejor.

La oración, el ayuno. El ayuno no sólo es material de los alimentos. El ayuno también de tantas cosas que nos estorban, o en las que hemos puesto el corazón, o estamos todo el día en los móviles, o estamos que no atendemos a las personas. Cada uno sabe de qué tiene que privarse, que le cueste. Y ese ayuno ofrecido al Señor nos llevará a ser generosos también con los hermanos, porque la religión pura tiene presente a Dios, pero tiene presente al hermano. Cómo nos dice la Sagrada Escritura, quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso; cómo va a amar a Dios a quien no ve si no ama a su hermano a quien ve. Luego el cristianismo nos lleva necesariamente…, aquí nuestro distintivo, el del amor fraterno, nos dé esa autenticidad; y en la oración, el ayuno, la limosna, la caridad. En definitiva, vivamos ese tiempo así, con la escucha de su Palabra, con esa oración compartida, también en comunidad, y con esa caridad que se manifiesta en gestos, empezando por la familia, echando una mano, saliendo al paso, teniendo más tiempo para escuchar, siendo generoso, la limosna, con quien lo necesita, dando nuestro tiempo a quien están deseando que nos paremos un poco, que no vayamos con la bandera de taxi bajada en nuestro corazón y nadie pueda… nada más que vivimos para nosotros mismos. Que vivamos este tiempo así y veréis cómo la Cuaresma irá impregnando.

Tenemos un signo sencillo de la ceniza. También se nos dice: “Acuérdate que eres bueno y al polvo volverás”. Esta experiencia de la ceniza que vemos y se derrama sobre nuestras cabezas el miércoles es señal de penitencia. De una penitencia que tiene que ser después de vida, pero, al mismo tiempo, es señal de nuestra fragilidad. Cuando uno contempla en un envase embellecido la ceniza de un ser querido, uno se da cuenta de que es poca cosa. Uno se da cuenta de que tiene que poner el corazón en cosas que merezcan la pena, de ponerlo en Dios y en los demás y no sólo en lo material. Como dice el Papa, no nos llevamos nada. Nunca he visto detrás de un coche fúnebre, un camión de la mudanza. Necesitamos darnos cuenta de nuestra pequeñez. Y vaya si nos ha servido el covid para darnos cuenta de que somos necesitados de Dios y de los demás.

Queridos amigos, queridos hermanos, vivamos esta Cuaresma porque dará la medida de nuestra vivencia, de nuestra gran Semana Santa de Granada. Preparemos nuestro corazón y veréis cómo es la mejor manera de embellecer la presencia de Cristo y de Santa María entre nosotros.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

22 de febrero de 2023
S.I Catedral de Granada

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Viernes, 24 de febrero

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

20230224 Dossier de prensa

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