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Carmen Castellano pregona este domingo a la Real Cofradía del Santísimo Cristo de los Méndez

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Carmen Castellano pregona este domingo a la Real Cofradía del Santísimo Cristo de los Méndez

Este domingo 26 de febrero, se proclama en Baza el Pregón del del Santísimo Cristo de los Méndez. Será pregonado por Carmen Castellano, a las 13´00h, en el Cine Ideal, en la que ya es la decimocuarta edición de este pregón. En el acto, además, se presentará el cartel del Jueves Santo de este año y se entregarán las distinciones anuales de la cofradía.

El acto estará acompañado por la banda de tambores y cornetas María Inmaculada, la guitarra de Francisco Clemente y el violín de Eduardo Clemente.
Carmen Castellano es de origen bastetano y abogada de profesión. Cuenta con una larga trayectoria de participación ciudadana en la fundación de asociaciones en la ciudad de Baza. Pertenece a las hermandades de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Piedad, Virgen del Carmen, Silencio y la propia del Cristo de los Méndez. Es una persona de creencias religiosas, que seguramente dejará patente en su texto.
La cofradía sigue trabajando en los estrenos para el próximo Jueves Santo, como es una “bacalá”, que será presentada el próximo 18 de marzo durante la función principal, presidida por el obispo de la diócesis, D. Francisco Jesús Orozco.

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Los catecúmenos concluyen su preparación para la Iniciación Cristiana en Pascua

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El primer domingo de Cuaresma, el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, presidió en la Catedral el rito de elección de los catecúmenos, con el que comienzan la última parte de su preparación para recibir los sacramentos de Iniciación Cristiana en la próxima Vigilia Pascual.

El delegado de Catequesis, Jesús Hurtado, explicó en los micrófonos de COPe Málaga en qué consiste este rito. Aquí pueden escuchar el podcast. 

Entre los catecúmenos había un grupo de adultos de la parroquia de la Encarnación de Marbella.

Rito de elección de catecúmenos en la Catedral de Málaga // B. SáNCHEZ

Rito de elección de catecúmenos en la Catedral de Málaga // B. SÁNCHEZ

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“Encontrarnos con Jesús es encontrarnos con su madre”

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Celebrado el Vía Crucis de las Hermandades junto a la imagen de Jesús del Buen Suceso, cuya hermandad celebra medio siglo de vida

Foto.- Hermandad del Buen Suceso 

A las siete y media de la tarde, la imagen de Jesús del Buen Suceso llegaba a la Santa Iglesia Catedral donde el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, el Deán-Presidente del Cabildo de la Catedral, Joaquín Alberto Nieva y el Canónigo Arcipreste, José Ángel Moraño, recibían el cortejo junto a la Presidenta de la Agrupación de Hermandades, Olga Caballero, y el Consiliario de la hermandad, el sacerdote José Luis Moreno. Comenzaba así el Vía Crucis Penitencial de las Hermandades, pórtico de una cuaresma que conducirá hasta la Semana Santa de esplendor definitivo tras la pandemia.

La venerada imagen de Jesús del Buen Suceso ha recorrido las naves de la Catedral deteniéndose en cada una de las quince estaciones ante representantes de las hermandades de Córdoba. Con la décimo quinta estación, ha llegado Jesús del Buen Suceso a los pies del altar Mayor donde se han congregado numerosos asistentes junto a miembros de las Juntas de Gobierno. El Obispo de Córdoba, se ha dirigido a todos resaltando “este acto piadoso que nos introduce de lleno en la Cuaresma” y agradeciendo la organización que ha sumado solemnidad. A los costaleros les ha preguntado, “¿qué sientes cuándo portas a Jesús?” y ha proseguido asegurando que un acontecimiento como este queda grabado “en vuestra alma, querido jóvenes” y los ha invitado a acercarse al sacramento del perdón durante la Cuaresma para recibir “bien dispuestos” la comunión, que es alimento de vida eterna.

El prelado se ha detenido en el significado del Buen Suceso que representa el encuentro de la Virgen María con su hijo camino de la cruz, un hecho que permite que Jesús se “encuentre con la mirada, el cariño y la compañía de su madre y su madre encuentre en él la fortaleza y el ánimo ante su entrega a todos los hombres”. El Obispo ha invitado en esta cuaresma “que nos encontremos con Jesús, porque encontrarnos con Jesús es encontrarnos con su madre” y ha pedido a todos los portadores de la sagrada imagen que “encontréis ese consuelo que María encontró en Jesús”.  El acto ha terminado con una oración y la bendición impartida por el Obispo de Córdoba.

Oración y silencio solemne

En este Vía Crucis Penitencial de las Hermandades ha estado presente la oración y el silencio y cada una de las estaciones ha sido encomendada a una hermandad cordobesa, mientras el  Coro y Orquesta Auxilium Christianorum del Santuario de María Auxiliadora ha entonado los cantos, así como el traslado de la sagrada imagen desde la Parroquia de San Andrés hasta el principal templo de la Diócesis. La salida de la Catedral y el su regreso a su sede canónica ha contado con el acompañamiento de la baanda de Nuestra Señora de la Estrella de Córdoba, que ha llenado de sones las calles de la ciudad.

La imagen del Señor del Buen Suceso ha sido trasladada hasta la Mezquita –Catedral de Córdoba  sobre el paso cedido por la hermandad del Cautivo de Espejo, realizado por Antonio Castillo Lastrucci, con unos ángeles obra de  Francisco Buiza.

La hermandad del Buen Suceso cumple medio siglo desde su fundación, por esta razón fue elegida este año por la Agrupación de Cofradías para presidir el vía crucis conjunto de las hermandades de la ciudad.

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“Pido por un mundo más parecido a Tu designio de amor”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo emérito de la Archidiócesis de Granada, en la Eucaristía de acción de gracias a Dios por su pontificado, celebrada en la Catedral el pasado 25 de febrero de 2023.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Nuestro Señor Jesucristo, Pueblo Santo de Dios;
muy querido Sr. Nuncio, representante del Santo Padre en España (gracias por estar aquí y gracias también por servir al Santo Padre con su ministerio entre nosotros. Le suplico, y sabe usted que no es ninguna fórmula hecha, que le dé las gracias al Papa Francisco por su ministerio, por su enseñanza, por su libertad y su fortaleza, por todo el don de su vida -también en unas condiciones de salud limitadas en muchos momentos-, justamente al servicio de la verdad y de la caridad);
muy querido don José María;
queridos arzobispos y obispos, que habéis querido acompañarme esta mañana; miembros de comunidades religiosas, de cofradías, de comunidades y de movimientos, de grupos apostólicos;
muy queridas autoridades civiles y militares, tanto municipales como autonómicas;
queridos hermanos y amigos todos (y uso la palabra amigos como el Señor la usó en la Última Cena):

Le he pedido mucho al Señor que esta homilía fuera, pues como tantas veces hemos compartido en los domingos, algunos pensamientos que me parecen especialmente útiles o que pueden serlo. Le pido al Señor que lo sean, en esta celebración de acción de gracias. Que no os equivoquéis. Tenía razón D. José María: no es una celebración de despedida, porque los cristianos no nos despedimos nunca, ni siquiera en la muerte, por lo tanto, menos aún en esta vida. Por supuesto, que me despido como Arzobispo de Granada, aunque siga viviendo entre vosotros y siga siendo arzobispo hasta el día de mi muerte. Pero no soy vuestro pastor. El Señor, en Su designio, ha dispuesto que D. José María lo sea. Y vais a vivir su pastoreo, con el mismo gozo, con la misma gratitud a los designios de Dios con que habéis vivido muchos de vosotros al menos el mío.

Quiero que mi primera palabra sea acerca de la Virgen y sea una palabra de gratitud a la Virgen. Decía, no es una Eucaristía de acción de gracias. Ciertamente, no a mí. Ciertamente, el único que da gracias a Dios, el único protagonista de cada Eucaristía, tanto ésta como la de El Golco, o Válor, o el pueblecito más perdido de las Alpujarras o del Valle de Lecrín; el protagonista es Jesucristo y lo que acontece hace de ese lugar el centro del mundo. Porque viene Jesucristo a unirse a Su Iglesia, a unirse a nosotros, a unirse a la humanidad herida, dolida, sufriente y aportar, en ese panorama que a veces nos parece tan oscuro, una luz de esperanza y de alegría. Por tanto, nos unimos todos a la acción de gracias de la Iglesia por Jesucristo, con Él y en Él, que es quien da al Padre, el único que le da al Padre honor y gloria adecuados, por los siglos de los siglos.

Decía que mi primera palabra quiero que sea para la Virgen, porque Ella ha guiado mi historia. Y no porque yo lo mereciera. Veréis, no puedo presumir de ser una persona especialmente piadosa, en el sentido normal al menos que tiene la palabra piadoso. Pero, desde que con 13 años, en aquella capilla del Seminario Menor de Madrid, donde había una imagen de la Inmaculada y yo le regalé, para el día de la Inmaculada, a la Virgen una orquídea como señal de consagración, Ella nunca me ha dejado solo, nunca ha dejado de guiarme en la historia y tengo…, podría daros miles de ejemplos, pero en los momentos más difíciles, más oscuros, donde uno podría venirse abajo, Ella no lo ha permitido y Ella ha salido al paso por delante de mí. Y luego, he aprendido del pueblo cristiano a quererla más y más, y a quererla de un modo diferente.

Y eso quiero explicároslo. Una vez, una mujer, en el contexto de la Semana Santa, me pedía poder acompañar de cerca el paso de la estación de penitencia de una Virgen a la que había servido como camarera muchos años. Durante todo el tiempo que pasó la Virgen, esta mujer lloraba y yo la oía, la oía sollozar. Cuando se acercó a mí, al final de la estación de penitencia, me quiso dar las gracias. Y yo le pregunté sencillamente: “¿Quieres mucho a la Virgen, verdad?”. Y la respuesta fue: “Muchísimo, D. Javier. Pero lo que usted no puede ni siquiera imaginarse es lo que Ella me quiere a mí”. ¡Qué pena! Cuántas veces hemos despreciado ese cristianismo popular, que no es religiosidad popular (la religiosidad es una cosa muy vaga). Lo que nosotros tenemos en nuestros pueblos es cristianismo popular. Pero un cristianismo que no tiene pueblo es un cristianismo agonizante. Y nuestro cristianismo tiene pueblo en buena medida gracias a la conservación del sentido de pueblo que transmiten las comunidades, muchas comunidades cristianas y, ciertamente, las cofradías. No somos cristianos como individuos.

Uno de los puntos menos tenidos en cuenta y menos subrayados y más importantes del magisterio del Papa Francisco es “el todo viene antes que las partes”. El todo no es la suma de las partes. El todo, la Iglesia no es la suma de los cristianos, la sociedad no es la suma de los individuos, y menos aún de los ciudadanos u otras palabras todavía que se usan en nuestra sociedad para describir a las personas. No. El todo viene antes. Pertenecemos a un pueblo, pertenecemos a una familia. Aunque el neoliberalismo dominante trate de atomizar la sociedad y de dejarnos completamente solos frente a los poderes económicos, militares, políticos del mundo. No. Pertenecemos a un pueblo. Y nosotros sabemos que ese pueblo se llama Iglesia. Y que en nuestra pertenencia a la Iglesia nuestras vidas crecen y florecen, sencillamente se hacen grandes, dan de sí lo mejor de nosotros. Y ese pueblo comienza con una mujer, que es la madre de Jesús, que es la Virgen María. Con una mujer.

No hace muchos años y leyendo algunas cosas de los Padres de la Iglesia, he caído yo en la cuenta de un límite que tenía mi relación con la Virgen o mi comprensión de la relación que Ella tiene con nosotros. Madre del pueblo cristiano, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos… Hemos acudido a Ella así tantas veces y seguiremos acudiendo. Pero hay un aspecto que yo quisiera subrayar, que no lo olvidéis: la Virgen es el comienzo de la Iglesia y la realización plena de la Iglesia. La Virgen es el espejo de la Iglesia. No simplemente la Madre de Jesús a la que acudimos para que nos ayude, sino también la criatura supremamente bella, supremamente que realiza la vocación humana en toda su plenitud y, por lo tanto, a la que seguimos nosotros pobremente, desde nuestra historia, desde nuestra pobreza, la de cada uno, pero como una referencia permanente. Y eso ha cambiado mi modo y he ayudado -he podido ayudar o me ha permitido Ella ayudar- a algunas personas a que cambie el modo de rezar la primera parte del Avemaría, que yo, en mi torpeza, siempre había pensado que era una serie de piropos que el Ángel le decía a la Virgen y que estaba yo muy contento de repetírselos, pero no le daba más trascendencia, no le daba más significado. No. Las palabras que el Ángel le dice a la Virgen nos las dice a cada uno de nosotros. Por supuesto, nosotros no somos de la misma manera, pero participamos del destino de la Virgen y Su destino ilumina el nuestro. Y todas las palabras de la primera parte del Avemaría se pueden aplicar a cada uno de nosotros. Repito, con sus diferencias. Nosotros no estamos llenos de gracia. A veces, estamos llenos de pecados y anhelamos esa gracia. Pero a nosotros nos dice el Ángel “no llena eres de gracia”, pero sí nos dice lo que le decía San Pablo “Te basta mi gracia”. Probad. Probad alguna vez a meteros en el Avemaría de esa manera, a abrir en vuestro corazón una nueva mirada sobre la Virgen, que no es alguien a quien acudimos en los momentos de dolor o de dificultad solamente, sino la Belleza Suma que también anhelamos en nuestro corazón: la belleza de unas relaciones humanas, la belleza de un pueblo, la belleza de una iglesia. Ella es la primera Iglesia y en ella se cumple en plenitud lo que nosotros anhelamos para nosotros, para las personas a las que amamos, idealmente, para el mundo entero.

Segundo pensamiento. Tiene que ver con el Evangelio de hoy, que es el que corresponde y no he querido yo cambiarlo. No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Dios mío, no sé si tenemos conciencia suficiente -cada vez la tenemos más, yo creo- de que nuestro mundo está enfermo, muy enfermo. A veces, porque miramos las cosas con otra perspectiva pensamos que nuestro mundo es muy malo o que está regido por personas muy malas, o que a veces nos equivocamos. En mi historia de sacerdote, casi siempre que me he encontrado con alguien, incluso obrando de maneras que uno puede decir “esta manera de obrar, es espantosa”, siempre me he encontrado con que había una herida detrás, heridas de muchas clases. Nuestro mundo está herido. El cambio de época del que habla el Papa Francisco tiene en gran medida ese significado. Es un mundo herido. Es un mundo enfermo. Y no me refiero yo ahora –diríamos- a nuestro pequeño mundo de las noticias de nuestro ámbito nacional o español. Es un mundo muy enfermo, todo él. Y me dejáis decirlo, ocultaría algo de lo más profundo de mi experiencia humana si no lo dijera: es un mundo enfermo de falta de Jesucristo. Porque Jesucristo, los que hemos crecido en ambientes católicos hemos tendido a pensar que era una especie de adorno en nuestras vidas, una cosa que nos ayuda a ser mejores o más buenos, o que nos sostiene también en nuestros momentos de dificultad, o así. No. Jesucristo revela el hombre al hombre mismo, nos descubre la sublimidad de nuestra vocación. Jesucristo no ha venido para sostener encapsuladas una serie de prácticas del siglo XVIII, o así. No. Jesucristo ha venido para dar a los hombres, a todos los hombres el horizonte de una esperanza, porque hay un médico. Cuando nosotros decimos que el mundo está enfermo, no nos quedamos en la queja. Demasiadas veces en nuestros ambientes cristianos hay un lenguaje de queja, de lamento, que sirve al final para justificar nuestra inactividad o para justificar nuestra pereza o para justificarnos a nosotros mismos.

No. Hay que poder juzgar a este mundo, pero lo puede uno juzgar desde el amor infinito con el que Dios ama a este mundo de pecado, por el que Cristo se hizo Él mismo carne de pecado, para poder -como un médico limpio, decía un Padre de la Iglesia- acercarse a nuestras llagas y librarnos de ellas. O como dice la Carta a los Hebreos, para arrancar del poder de aquél que por temor a la muerte nos tiene toda la vida sometidos a esclavitud, para arrancarnos de esa esclavitud y hacernos libres, hijos libres de Dios. El problema no es exclusivamente que en el mundo actual crezcan las dictaduras -que crecen, claro que crecen y seguirán creciendo si falta Jesucristo. El problema es que los pueblos que hemos sido cristianos hemos perdido el amor a la libertad y nos quejamos, pero no somos capaces de testimoniar que otro mundo es posible, que otra vida es posible, que otras relaciones humanas son posibles, que son posibles unas relaciones humanas bellas, verdaderas, buenas, donde todos crecemos.

Por supuesto, eso supone comprender el corazón de la fe cristiana: que Cristo es el centro del cosmos y de la historia; que Cristo es el Señor. Lo decimos mil veces. Pero, si nos preguntamos a nosotros mismos o preguntamos a otro “¿tú crees que Jesucristo es lo más importante en tu vida?, ¿Jesucristo es lo más importante en tus relaciones, en tus preocupaciones?”. Y no para que hagamos un esfuerzo y nos parezcamos a Jesucristo. Dios mío, ¡qué estupidez! No. Sino para acoger la verdad de que somos inmensamente amados. El pecado no ha echó atrás al Señor en la Encarnación. No le echó atrás en Su Pasión, no le echa atrás en la situación, en las condiciones actuales del mundo. Pero el mundo necesita ver un pueblo -un pueblo, no una serie de personas buenas, un pueblo de personas transformadas por la Presencia de Cristo.

Yo doy gracias. El mayor motivo de gratitud que tengo en mi historia y en mi vida son todas las personas que, también desde mi infancia, me han hecho presente el Misterio de Cristo. Desde el Seminario de Madrid, desde algunos formadores y profesores, ya todos ellos en el Cielo, espero por la Misericordia de Dios; desde mi encuentro con D. Luigi Giussani, el fundador de Comunión y Liberación, y los hijos y las hijas que han nacido de la relación con él y de su paternidad, y que han sido una compañía permanente que me han ayudado a ser mejor cristiano, a aceptar con más sencillez mis limitaciones y las de otros, y a amar la vida y a desear que la Gracia del Señor cumpla en la historia Su designio, Su designio de salvación, Su designio de amor. El deseo que Dios tiene de nosotros y de que nosotros vivamos una vida plena, buena; que tenga atractivo para el mundo. Si comprendiéramos un poquito mejor lo que es el cristianismo, la gente correría para vivir como nosotros vivimos. En los primeros siglos de la Iglesia, no había misioneros -entendedme la palabra “profesionales”, es decir, personas, congregaciones dedicadas a la misión. Los cristianos vivían y se encontraban con que la iglesia crecía. ¿Por qué? Pues, porque llamaba la atención lo preciosa que era su manera de vivir: su reacción ante una peste, una pandemia, su reacción ante una enfermedad, su reacción ante el hecho de que somos mortales y que nos acercamos a la muerte, pero que la muerte no tiene, en absoluto, la última palabra sobre nosotros. Esa era la misión. Un pueblo que vive así tiene tal belleza que es irresistible, porque en el corazón del hombre, hasta del más pobre, hasta del más miserable, hasta del más herido, hay un deseo de verdad, de bien, de amor, que sólo Cristo es capaz de cumplir. Y esa sería la palabra más grande que yo quisiera deciros hoy. Buscad a Cristo, mirad a Cristo, abrirle vuestro corazón. No temáis. Y que no sea un obstáculo la conciencia de que somos unos miserables, de que somos unos pobres, de que somos unos pobres desgraciados. Al Señor no le ha asustado nunca nuestra miseria, sólo nuestro orgullo, nuestra hipocresía, eso le frena. Pero no nuestros pecados.

Y una última palabra. Luego, buscar los carismas más importantes. Nos dice San Pablo a los de Corintio que eran muy dados a pelearse entre sí y a señalar “éste es tal, yo soy cual. Este es mejor, yo soy mejor que tú”. Y estaban siempre así. Y estuvieron así, no sólo durante la época de San Pablo, sino después, porque la Carta que les escribió uno de los primeros papas, san Clemente, les vuelve a tratar de lo mismo: buscar los carismas más importantes. ¿Sabéis cuáles son los carismas más importantes? Las características de la novedad que Cristo ha traído, que ha sembrado en nuestra humanidad, sembrándose a Sí mismo en esa humanidad nuestra, como el grano de trigo hasta la muerte por amor, la fe, la esperanza y la caridad. Yo sé que habitualmente estamos educados a pensar que la fe y la esperanza son sólo para este mundo; que en el Cielo no va a haber fe y esperanza. Mentira.

La fe tiene un aspecto que implica que ahora vemos como en un espejo, que ahora vemos pobremente, que conocemos pobremente, pero la fe tiene otro aspecto, que es el conocimiento de Dios, la luz que ilumina quién es Dios para nosotros; que ilumina, por lo tanto, quiénes somos nosotros para Dios y quiénes somos en absoluto. Eso no desaparece con el Cielo. Al contrario, se afianzará. Nuestro conocimiento, la luz de la fe crecerá. Nuestro conocimiento de Dios y de la verdad profunda de nuestros hermanos, a quienes hemos juzgado mil veces y siempre de manera equivocada. Yo creo que no hay consejo mejor en el Evangelio que el de “no juzguéis, para no ser juzgados”. Bueno, pues, la fe permanece en el Cielo y la esperanza también. Pero dices: “cómo si ya hemos llegado al Cielo”. La gente luego piensa que como ya se tiene al Señor se tiene todo. Y entonces, la conclusión que uno saca por dentro, aunque no nos la digáis a los sacerdotes, es decir “el Cielo tiene que ser aburrido, porque ya lo tienes todo, ya no necesitas nada más, pues es toda una eternidad, eso no va a haber quien lo resista”. Mentira. No. Hay toda una tradición teológica que pone de manifiesto que la esperanza también permanece en el Cielo, hasta que el último enemigo de todo sea derrotado -la muerte- y Dios sea todo en todas las cosas. Y esa tradición está representada, entre otros muchos autores, por san Juan de la Cruz, que dijo: “Es que hay dos maneras de esperar. Una, lo que uno espera para uno mismo. Y otra, lo que uno espera para los demás”. Y Jesucristo en el Cielo espera qué: nos espera a nosotros. Mientras haya humanidad, mientras haya guerras, mientras haya divisiones, mientras haya humillaciones y malos tratos, y soberbia, y divisiones entre los hombres, la obra de Dios no está cumplida. Y Cristo espera. Cuando en la Eucaristía intercedemos junto a Cristo, por el mundo, por nuestros hermanos difuntos, estamos uniéndonos a la intercesión y a la esperanza de Cristo.

Por lo tanto, en el Cielo habrá esperanza. Esperaremos a nuestros seres queridos. Esperaremos a los más canallas de entre nuestros seres queridos, porque el Señor, el amor, el poder del amor del Señor es infinito. No somos ni siquiera capaces de imaginarnos. Como me decía a mí aquella mujer: “No puede usted imaginarse siquiera cuánto me quiere a mí la Virgen”. Y yo decía, pero a ti, a mí y a cada uno, Dios mío. Cuánto nos quiere Dios. Cuánto nos quiere Dios. Y por supuesto, en la traducción que hemos leído, da la impresión que “quedan estas tres”, como si quedaran ahora, en fin, porque son los carismas más grandes. No, una traducción más cuidadosa podría ser: “Ahora bien, estas tres permanecen: la fe, la esperanza y la caridad. Y la mayor de todas es la caridad”.

Señor, haznos crecer en esa caridad ahora y hasta la vida eterna. Y en ese camino no se pierde nada. No se pierde nada, nada de lo que el Señor ha hecho por nosotros. Ningún encuentro, por muy fugaz que sea, si tiene como contenido al Señor; si uno desea que ese encuentro sea el propio de un miembro del Cuerpo de Cristo, con un ser humano (pagano, pecador, alejado, por un aspecto que todavía da la impresión de que esta persona está a años luz de la vida de la Iglesia); si en ese encuentro uno hace presente, por la Gracia de Dios, el amor de Jesucristo, ese encuentro es para la vida eterna. Ha sido una parte muy importante de mi misión pastoral por la calle. Granada es una ciudad llena de extranjeros, de visitantes, de turistas y a mí me daba ilusión, cuando me daba cuenta y me acordaba, que era muchas veces, ir por la calle y poder decirle a cualquiera “buenos días”. Y si veía que la persona venía con una cara muy amargada y que no le apetecía para nada que le dieras los buenos días, tú o quien fuera, pues se lo decía yo con más cariño. Y le decía yo al Señor por dentro: “Señor, cuélate; cuélate en el corazón de esta persona”. Y el Señor se cuela y el Señor lo hace. Pero, hasta los encuentros más fugaces, con la persona que atiende la caja del supermercado, con el que está conduciendo el metro, con el taxista que te coge, con cualquier persona con la que te cruzas en la calle; a veces, a los extranjeros era sólo sonreírles y decías “bueno, por esta sonrisa, Señor, pasas Tú”.

Y sí. Y esta sonrisa puede de este modo contribuir a que el mundo sea más humano, es decir, más parecido a Tu designio de amor. Yo eso es lo que pido. Lo pido para mí en los años que el Señor me dé vida. Lo pido para cada uno de vosotros. Lo pido para nuestra querida Iglesia de Granada. Lo pido para la Iglesia universal. Que pueda ser signo de nuestra vocación a la íntima unión con Dios y a la unidad de todo el género humano en el amor.

Que así sea, mis queridos hermanos.

+ Javier Martínez
Arzobispo emérito de Granada

25 de febrero de 2023
S.I Catedral de Granada

Escuchar homilía

En el Espejo de COPE nos vamos a la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD de Lisboa

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San Cesáreo, un terremoto en Turquía removió su fe

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Que la vida de los santos siempre tiene un mensaje de actualidad nos lo demuestra el testimonio de san Cesáreo, afectado por un terremoto en Nicea (actual Turquía), precisamente en la misma zona que acaba de ser devastada por otro seísmo.

El testigo de la fe que celebramos el 25 de febrero nació en el siglo IV en el seno de una familia de santos. Hijo del obispo de Nacianzo, san Gregorio el viejo y de su esposa santa Nona, es hermano de san Gregorio Nacianceno, doctor de la Iglesia, y de santa Gorgonia, madre de familia.

Cesáreo estudió medicina y se convirtió en un reconocido médico  hasta el punto  de ser llamado a palacio. Pero lo que realmente marcó su vida fue el terremoto del 11 de octubre del año 368 en el que estuvo a punto de perder la vida. Removido por este acontecimiento se decidió a seguir los consejos de su hermano y de san Basilio y abandonar la vida del mundo. Recibió el bautismo y, al poco, falleció no sin antes asegurarse de que se repartieran todos sus bienes entre los pobres.

¿Logrará el terremoto de Turquía y Siria convencernos de la precariedad de este mundo? ¿Podremos volvernos de cara a Dios y acudir en auxilio de los más necesitados? Cáritas Málaga nos echa una mano para canalizar nuestra ayuda en la campaña que publicita en caritasmalaga.es.

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I Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

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Primera Lectura

Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

Creación y pecado de los primeros padres

El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”». La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal». Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Salmo

Sal 50

Misericordia, Señor, hemos pecado.

  • Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
  • Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. R.
  • Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.
  • Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Segunda Lectura

Romanos 5, 12-19

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron… Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos. Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno: pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados acabó en justicia. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánto más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo. En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos. Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Evangelio

Evangelio según San Mateo 4, 1-11

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he ahí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Gn 2,7-9; 3,1-7; Sal 50; Rm 5,12-19; Mc 4,1-11

Las lecturas de este primer domingo de Cuaresma nos ponen delante de la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano. Así lo escuchamos en el relato del libro del Génesis, que muestra el drama de la caída de Adán y Eva. El ser humano es una criatura de barro, limitado, que ha recibido de Dios el aliento vital y los medios para vivir. Pero, seducido por el tentador, no acepta su condición de creatura ligada a Dios y se aparta de su voz. Así, con su desobediencia, se oculta de Dios y termina descubriendo su indigencia y des-gracia (desnudez).

Esta astucia del tentador para engañar al ser humano y separarlo de Dios, es la que se muestra también en el Evangelio, pero esta vez sin éxito. Después de su bautismo, el Espíritu conduce a Jesús al desierto. Allí es puesto a prueba por Satanás, como preludio de la lucha que sostendrá con el mal durante su vida. El tentador querrá que Jesús muestre su condición de Hijo de Dios a través del poder y la gloria mundana, renunciando a su condición humana y a la entrega sufriente para salvar a la humanidad. Jesús, sin embargo, no cede al tentador que quiere someterlo bajo su poder y por tres veces consigue apartar sus insidias con la palabra de Dios y la fuerza del Espíritu. Jesús se mantiene fiel a la voluntad del Padre y recibe el auxilio divino de sus ángeles.

El apóstol Pablo reflexiona sobre esta salvación que nos ha llegado por la obediencia de Jesús (nuevo Adán) que rescata al ser humano (Adán) de la situación de perdición y muerte a la que le lleva su desobediencia. Dios ha derramado efusivamente su gracia en su hijo Jesús para salvar a los hijos de Adán. Al iniciar la Cuaresma somos invitados con el salmista a reconocer nuestros pecados y a pedir a Dios que recree nuestra vida con su santo Espíritu.

Apuntes para orar con la Palabra 

  1. ¿Qué te hace esconderte de Dios y alejarte de su presencia? Ponle nombre.
  2. ¿Invocas al Espíritu Santo para resistir al tentador? ¿Qué te ayuda a mantenerte fiel a Dios?
  3. ¿Reconoces la gracia desbordante que Dios te ha entregado en su hijo Jesús? ¿Cómo repercute en tu vida de fe?

 

 

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«Cómo acercarnos a la Biblia», nueva sesión del Aula Virtual de formación

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«Cómo acercarnos a la Biblia», nueva sesión del Aula Virtual de formación

Este jueves 23 de febrero tuvo lugar, por parte del Prof. Dr. Isaac Moreno Sanz, una nueva sesión del Aula Virtual de la Delegación para los Laicos en la que el tema central fue «Cómo acercarnos a la Biblia» que se puede previsualizar a continuación.

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Cuaresma, tiempo de conversión

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Cuaresma, tiempo de conversión

En el semanario Fiesta digital les hablamos del tiempo litúrgico de la Cuaresma como una camino de conversión y penitencia en la vivencia profunda de la oración, el ayuno y la limosna.

Junto a las noticias de actualidad de las Iglesias de Granada y de Guadix, les ofrecemos los mensajes de Cuaresma del Santo Padre y de Mons. Orozco, Obispo de Guadix, así como la homilía en la celebración del Miércoles de Ceniza en la Catedral de Granada de Mons. Gil Tamayo.

Asimismo en “Testimonio” pueden conocer la vida del beato Stanley Francis Rother y en “Cultura” les presentamos el libro que recoge los escritos de Benedicto XVI posteriores a su renuncia al pontificado con el título “Qué es el cristianismo”.

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Próxima peregrinación de familias a Madrid

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Las familias que lo deseen podrán ganar el Jubileo del Año Santo de San Isidro los días 15 y 16 de abril

Con motivo del cuatrocientos aniversario de su canonización, se ha declarado el “Año Santo de San Isidro” desde el 12 de marzo de 2022 hasta el 15 de mayo de 2023.

“San Isidro Labrador, junto a su esposa Santa María de la Cabeza, son uno de los matrimonios santos que la Iglesia nos pone como ejemplo para los que hemos sido llamados a la vocación matrimonial”, explican los delegados de Familia y Vida, Darío Reina y Pilar Gálvez. Es por ello que desde la Delegación de Familia y Vida, se ha puesto en marcha una Peregrinación de Familias a Madrid para ganar el jubileo de este Año Santo.

La peregrinación está prevista para el fin de semana del 15 y 16 de abril y en el programa incluyen una visita al Parque Warner para los niños, una visita guiada en Madrid a los lugares emblemáticos relacionados con San Isidro para ganar el jubileo y la celebración de la Santa Misa.

Las plazas son limitadas, por lo que aquellos interesados en inscribirse deberán rellenar el siguiente formulario: bit.ly/sanisidrofyv.

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