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Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, y ahora con dispensa si no se puede observar

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Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, y ahora con dispensa si no se puede observar

El Viernes Santo llama a las puertas, como uno de los días grandes del Triduo Pascual. Tras el Jueves Santo, y en espera de la resurrección del Señor, el Viernes Santo nos habla de entrega, de sacrificio, de salvación. Cristo murió en la cruz por nosotros, para nuestra redención, para salvarnos.

Sabemos que es una muerte para resucitar, pero, a pesar de todo, el sufrimiento de Cristo en la cruz la Iglesia lo vive con recogimiento, con mucha fe y un sentimiento de dolor profundo por todas las muertes injustas que ocurren aún en nuestro mundo y por el sufrimiento de tantos inocentes. Por eso, el Viernes Santo viene acompañado por una llamada a vivirlo con ayuno y abstinencia. Son prácticas que la Iglesia ha mantenido durante siglos porque nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y, además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión,

La abstinencia, es decir, no comer carne, es lo que se ha hecho en otros viernes de Cuaresma. El ayuno, – que solo se exige dos veces en el año, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo- , consiste en no tomar alimento en el inicio de día, para acompañar a Cristo en su sufrimiento, para expresar el dolor que siente la Iglesia y toda la humanidad, y para recordar que a Jesús se le sigue si somos capaces de esforzarnos y de ayunar a todo lo que nos pueda alejar de Él y de los hermanos. También nos recuerda que el Viernes Santo es día de penitencia y de oración.

A pesar de todo, no siempre es posible o fácil vivir este ayuno y la abstinencia, en estos días que son de fiesta o de procesiones para muchos. Así, para quienes no puedan cumplir con esta norma, el obispo ha publicado un decreto por el que se “dispensa del ayuno y abstinencia del Viernes Santo a todos los fieles a los que no sea posible observar esta ley sin grave incómodo”.

Sin embargo, se recomienda que, si no pueden guardar el ayuno y abstinencia, sustituyan esta penitencia por otras prácticas, como la “lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales”, recuerda el obispo en el decreto publicado y que se puede consultar aquí:

MONS. FRANCISCO JESÚS OROZCO MENGÍBAR,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87, D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incómodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a tres de abril de dos mil veintitrés.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

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La Federación de Cofradías de Huéscar sacó su Vía Crucis a la calle

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La Federación de Cofradías de Huéscar sacó su Vía Crucis a la calle

El Lunes Santo está marcado en Huéscar por la celebración del Vía Crucis que organiza la Federación de Cofradías,

Catorce son las estaciones que componen el Vía Crucis, señaladas por las calles de Huéscar, desde el año 2011, cuando llegaron la Cruz y el Icono de la JMJ. En las estaciones se puede observar cada uno de los pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Y cada año, el consiliario escribe un Vía Crucis ex profeso para la ocasión.
Las Hermandades de la de Huéscar, las verdaderas protagonistas de este acto, acompañarán al Cristo del Perdón, llevando la cruz el tramo que les toca y encargándose de leer la estación que les corresponda.
La capilla de música «Virgen de la Piedad», de Huéscar, se encargó de poner notas musicales al Vía crucis.

José Antonio Martínez
Párroco de Huéscar

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Alumnos de Religión de toda España participan en un concurso de preguntas online sobre la Pasión de Cristo

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Alumnos de Religión de toda España participan en un concurso de preguntas online sobre la Pasión de Cristo

Han participado un total de 17.353 alumnos, de 87 centros de Primaria y 78 de Secundaria

 

Miles de alumnos matriculados en clase de Religión de toda España han participado en un concurso de preguntas online sobre Semana Santa que ha supuesto un gran estímulo para el alumnado y para el propio profesorado de Primaria y Secundaria. Sin duda, una manera muy divertida e ilusionante de implicar a los propios alumnos en su proceso de aprendizaje en un entorno gamificador mediante la aplicación educativa de kahoot.

De la diócesis de Guadix han participado los institutos de Baza, los colegios de la Presentación de Baza y de Guadix,  el Acci y el Padre Poveda de Guadix, el de Cúllar y los colegios de Fátima y de Castril

La dinámica era sencilla. En cada una de las franjas del horario escolar se realizaban los Kahoots con partidas de hasta 300 alumnos, donde el alumnado debía contestar a una serie de preguntas sobre los textos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Cada colegio e instituto se inscribía en su equipo para representar a sus respectivas localidades procedentes de Canarias, Andalucía, Murcia, Castilla La Mancha, Extremadura, Valencia, Madrid, Castilla y León, Galicia, Asturias, País Vasco y Cataluña.

Sin duda, este tipo de actividades potencian la cooperación entre el alumnado, el uso de herramientas digitales, la capacidad resolutiva y la conciencia de que hay muchos como ellos en clase de Religión. Por otro lado, se presenta la materia de Religión como una asignatura innovadora, que se adapta a las metodologías activas del aprendizaje y a su vez, el profesorado mejora su competencia digital respondiendo a las nuevas exigencias educativas.

La realización de este concurso de preguntas ha sido posible gracias a la implicación de cientos de docentes de toda España, que, coordinados por el profesor Carlos Valle y con la ayuda de José Manuel Rodríguez, han sido capaces de involucrar a toda la comunidad educativa proyectando la clase de Religión a las familias, claustros, redes sociales…

La próxima edición tendía lugar antes de Navidad. Se seguirán organizando Kahoots para que las familias de los alumnos participen desde sus propias casas y, al igual que ocurrió en el mes de febrero, habrá kahoots presenciales en distintos puntos de la geografía española.

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HOMILÍA MISA CRISMAL 2023

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Domingo de Pascua – Ciclo A

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Domingo de Pascua – Ciclo A

¡ALELUYA! ¡EL SEÑOR HA RESUCITADO! Jn 20,1-9

Es domingo de Pascua de Resurrección, Cristo ha resucitado, ¡aleluya, aleluya! Hoy es el día en que todo cobra sentido: ¡Jesús vive!, y el Evangelio nos lo expresa a través de varios elementos. Por un lado, la oscuridad y el sepulcro vacío, el sentimiento de incomprensión y de asombro. Por otro, los lienzos y el sudario que amortajaron el cuerpo del Hijo de Dios. Estas vendas ya no cubren el cuerpo muerto del Señor, sino que ahora hablan de vida, libertad y amor.

Estamos de gozo porque el Señor ha resucitado, ha dado muerte a nuestros pecados, a nuestras miserias. Somos testigos del paso de la oscuridad y del silencio a la vida, a la luz y a la alegría de la Resurrección.

 ¡Jesús ha vencido a la muerte! ¡Ha vencido a nuestra muerte!

En muchas ocasiones, no creemos algo hasta que lo contemplamos con nuestros propios ojos. Cuando hablamos de la resurrección de Cristo, no se trata de eso. Quizás sea mucho más sencillo a como se planteó la situación para María Magdalena en aquel instante. La resurrección es el centro de la fe cristiana y, también, debe ser el centro de nuestra vida personal en la búsqueda de la santidad. 

Descubrir el sepulcro vacío tan solo fue oscuridad durante los instantes que tardaron en comprender que Jesús cumplió su promesa. Creer en la resurrección de Cristo -como lo hicieron María Magdalena y los dos discípulos- debe marcar nuestro día a día, nuestros actos y nuestra manera de ver lo cotidiano. Y es que, reflexionar sobre el sepulcro vacío nos hace recordar que Jesucristo no estaba allí porque está presente en cada momento, con nosotros. ¿Imaginas cómo fue para ellos encontrar el sepulcro sin el cuerpo de Jesús?

Jesús confía en el plan de Dios Padre, se entrega por todos y cada uno de nosotros, sufre en su propio cuerpo el dolor de nuestros pecados, pero vence a todo ello. Tenemos en Él el mejor ejemplo de abandono, de confianza plena en Dios. Por eso, no podemos quedarnos en la tristeza e incomprensión de nuestros sepulcros vacíos, sino en la alegría de sentirnos hijos del Dios de la vida, Dios del amor. 

Que la verdad de su Resurrección nos motive a vivir como cristianos que contagien una felicidad desbordante, dando testimonio de su entrega. Dejemos que la dicha de ser testigos de la resurrección penetre hasta lo más hondo de nuestro corazón, y que esto nos sirva para encontrar la forma de llenar nuestro sepulcro vacío con su infinito amor. No se tratará de ver para creer, sino de creer en su resurrección para ver la gracia de Dios en nuestro día a día. Por ello, el Señor nos llama a levantarnos, a ponernos en camino y ser testigos de la inmensidad del amor que Dios nos tiene. Así, podremos dar testimonio de su victoria contra el mal, con la confianza de que «Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder» (1 Cor 6,14).

Equipo de Pastoral Juvenil de Huelva.

La entrada Domingo de Pascua – Ciclo A se publicó primero en Diócesis de Huelva.

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Semana Santa, de la Pasión a la Gloria

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Semana Santa, de la Pasión a la Gloria

En el semanario Fiesta digital les ofrecemos el rezo del Santo Vía Crucis en preparación a la Pasión y muerte del Señor, editado por las Ediciones Mater Christi y escrito por D. Emilio Castrillón Hernández, fundador de esta institución de Vida Consagrada.

Junto a las noticias de actualidad de las Iglesias de Granada y de Guadix, en “Mirada” pueden encontrar la información relativa a las celebraciones del Triduo Pascual en la Catedral así como los horarios litúrgicos establecidos en nuestra diócesis de Granada.

Entre otros contenidos en “Textos” les ofrecemos “El descenso del Señor al abismo”, una homilía antigua sobre el gran y santo Sábado. Texto de la Liturgia de las Horas, que será el centro de Oficio de Lectura del Sábado Santo.

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De la cruz surge la vida

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El delegado episcopal de Cáritas nos recuerda, en esta Semana Santa, que seguimos celebrando al Dios crucificado para no olvidar nunca su amor a la humanidad.

Nos toca vivir tiempos duros, de crisis, de cruz, un tiempo crucificante para muchas personas y familias. Por ello, es, también, un tiempo crucial que reclama un nuevo modelo de sociedad. Todos debemos implicarnos, abordando la cuestión con creatividad, esfuerzo y cercanía a las víctimas. No es el tiempo del olvido ni de la indiferencia, sino del compromiso y del cuidado.

Esto es lo que ayuda a descubrir que es un tiempo cruciforme, porque para los cristianos la cruz tiene un valor salvífico. Si bien es cierto que ésta es una realidad de injusticia, violencia, dolor y fragilidad; también es cierto que es reflejo del amor desbordante y gratuito de Dios. Así lo recordaba el papa Benedicto XVI: “no es el poder lo que redime, sino el amor. Este es distintivo de Dios: Él mismo es amor…, aquel que fue víctima, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores”.

En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren y gritando contra todas las injusticias. Nada lo detendrá en su empeño por salvar a sus hijos e hijas.

Amor a la humanidad

Los cristianos seguimos celebrando al Dios crucificado, para no olvidar nunca su amor a la humanidad y para mantener vivo el recuerdo de todos los crucificados de la historia. Sabemos que esto es una locura. Sin embargo, para quienes seguimos a Jesús y creemos en el misterio redentor de su muerte, es la fuerza que sostiene nuestra esperanza y nuestro compromiso por un mundo más humano y justo.

La cruz termina en resurrección

Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sufrientes, al costado de la vida, muchas de ellas cansadas de vivir y de luchar por un futuro mejor. Un día el Reino de Dios y su justicia será realidad. Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por des-vivirnos no se perderán en el vacío, porque creemos que la cruz termina en resurrección y el sufrimiento en dicha. Definitivamente, la vida está en la cruz.

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“Cuando hay santidad, hay celo apostólico, hay pasión evangelizadora”

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Misa Crismal celebrada en la Catedral, el 5 de abril de 2023, concelebrada por el clero diocesano, que renovó sus promesas sacerdotales, y se bendijeron los Santos Óleos y se consagró el Santo Crisma, que después se utilizan para la administración de los Sacramentos.

Queridos hermanos sacerdotes;
queridos diáconos;
queridos seminaristas;
queridos miembros de la vida consagrada;
queridos hermanos y hermanas en el Señor, que os dais cita en nuestra Iglesia Catedral, símbolo de nuestra Iglesia particular de Granada:

“El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ungió”. Hemos escuchado estas palabras en el Evangelio de San Lucas, pero también en el Libro de Isaías. Proferidas por el evangelista aparecen varias veces en la liturgia crismal de hoy. En cierta medida, queridos hermanos, constituyen su hilo conductor. Aluden a un gesto ritual que, en la Antigua Alianza, tiene una larga Tradición, porque en la historia del pueblo elegido se repite durante la consagración de sacerdotes, profetas y reyes. Cristo es el ungido. Es el “kyrios”. Y nosotros lo somos también en Él. Ya que por el bautismo hemos sido revestidos de Cristo, injertados en Él, hemos sido hechos partícipes de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Así nos dijo el sacerdote en el momento de nuestro bautismo al ungirnos con el Crisma.

Este año es mi primer año entre vosotros en la Misa Crismal, pero, precisamente, apoyándome en la significación de la Unción, en la significación de la consagración quiero hablaros de la santidad, y hablarme a mi mismo de la santidad. El Papa Francisco lo ha hecho de una manera actualizada, poniéndonos y refrescándonos la Doctrina del Concilio Vaticano II sobre la llamada universal a la santidad tan presente en la constitución sobre la Iglesia. Todo el Pueblo de Dios está llamado a la santidad, a la perfección de la caridad. Pero, también nosotros, queridos hermanos sacerdotes, de manera especial. ¿Y por qué traigo esto, precisamente? No sólo por las referencias bíblicas que el Señor, en la sinagoga de Nazaret, toma este pasaje de Isaías y, precisamente, se lo aplica. El Ungido, pero, al mismo tiempo, el Ungido pro existente, en favor de los pobres, en favor de los que sufren, en favor de quienes están encarcelados, de quien viene a anunciarnos el año de gracia del Señor. La libertad de los hijos e hijas de Dios. Estamos a unas escasas semanas de una beatificación, precisamente, en nuestra misma Catedral; la de Conchita Barrecheguren. Habéis tenido no hace mucho la beatificación de la Madre Emilia Riquelme, antes la de Fray Leopoldo, la de nuestros mártires del siglo XX. Y cómo no recordarlo, lo hacemos siempre cuando invocamos a nuestros santos: Cecilio, Gregorio de Granada, san Juan de Dios, san Juan de la Cruz, san Juan de Ávila, mas todos esos santos que el Papa llama de la puerta de al lado.

La santidad, queridos hermanos, tiene que formar parte de nuestra vida, porque somos consagrados, bautismal y sacerdotalmente. Nos dice san Juan Pablo II, en “Pastoris dabo vobis”, que “el Espíritu del Señor está sobre mí”, nos recuerda. “El Espíritu no está simplemente sobre el Mesías, sino que lo llena, lo penetra, lo invade en su ser y en su obra”. En efecto, el Espíritu es el principio de la consagración y de la misión del Mesías. “Porque me ha ungido, para anunciar a los pobres la Buena Nueva”.

Somos, queridos sacerdotes, llamados con una vocación que en este día, en el que renovamos nuestras promesas, hemos de recordar especialmente con agradecimiento, con nombres concretos de nuestros padres, de sacerdotes, de las personas que en la comunidad cristiana puso como mediación para llamarnos en un momento y en una hora a su viña. Hemos sido consagrados y hoy cobran protagonismo también especial el día de nuestro Ordenación Sacerdotal, cuando, con toda la ilusión del mundo y, al mismo tiempo, con el temor de quien quiere ser fiel pero sabe y es conocedor ya de sus debilidades, se entregó al Señor y se dejó ungir por el Crisma. Y recibió en sus manos el pan y el vino, el cáliz y la patena, para presentar la ofrenda santa del Pueblo de Dios, para imitar lo que conmemora, para conformar su vida con el Misterio de la cruz del Señor.

Todos también recibimos el Santo Evangelio. Y fuimos enviados a la misión de anunciarlo como representación de Cristo. Este mismo Espíritu es el Espíritu del Señor, que está sobre todo el Pueblo de Dios constituido como pueblo consagrado a Él y enviado por Él para anunciar el Evangelio que salva. Pero también nosotros, de una manera especial, estamos llamados, los sacerdotes por nuestra consagración, a esa configuración con Cristo que le hemos pedido hoy en la oración colecta para anunciar la Redención al mundo. Los sacerdotes estamos llamados a esa identificación existencial con quien ya lo estamos como cabeza y pastor del Pueblo de Dios por la recepción del Sacramento del Orden. En el número 20 de la “Presbiterum Ordinis” viene muy claro todo esto. Los que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del Orden –se nos dice-, “se convierten en instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote Eterno, para proseguir en el tiempo la obra admirable del que con celeste eficacia reintegró a todo el género humano. Por tanto, puesto que todo sacerdote personifica de modo específico al mismo Cristo -recuerda Juan Pablo II-, es también enriquecido por la gracia particular, para que pueda alcanzar mejor, por el servicio de los fieles que se le han confiado y de todo el Pueblo de Dios, la perfección de Aquél a quien representa, y cure la flaqueza humana y cómo la percibimos, queridos hermanos. De la carne, la santidad de Aquél que fue hecho por nosotros Pontífice, Santo, Inocente, Inmaculado, apartado de los pecadores. El Primogénito de toda la creación, el Príncipe de todos los Reyes, como hemos escuchado en el Libro del Apocalipsis. La sacramentalidad. Y este día es un día especialmente sacramental.

La sacramentalidad, queridos hermanos, emerge así como el elemento fundamental de la identidad del sacerdote, y como el factor que explica el ministerio presbiteral en su raíz. Desde la sacramentalidad, se entiende la compresión del sacerdote en su sentido más profundo y real. Somos otros cristos, a pesar de los pesares, de nuestra debilidad, de nuestra historia personal llena de flaqueza. Pero Cristo, como a los primeros, también a nosotros nos ha elegido por pura gracia para representarLe, para hacerLe presente. Y todo esto no puede llevarnos a un clericalismo de casta, a una superioridad de poder, sino, al contrario, “el que de entre vosotros quiera ser el primero que sea el último de todo y el servidor de todos”. Igual que “el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”. Todos sabemos que este planteamiento quedó reforzado, precisamente, con la enseñanza de san Juan Pablo II. Somos como transparencia de Cristo, en medio del rebaño que nos ha sido confiado, decía él. Los presbíteros son de la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y pastor.

Esto, queridos hermanos, es necesario recordarlo en un mundo secularizado como el nuestro, que borra todo rastro de lo sacro. Que incluso molesta. Somos agraciados y más en esta Semana Santa, que nuestros pasos –nuestros bellos pasos, nuestras imágenes-, donde todo se vuelve sacral en nuestras calles, incluso en nuestras comidas. Necesitamos en este mundo nuestro no quedarnos sólo con lo externo, porque puede ser como una capa que oculte un secularismo esencial en muchas personas y en muchos ambientes. Necesitamos manifestar, no nuestro clericalismo, sino nuestra sacralidad. Pero, la de todo bautizado, que es hijo e hija de Dios con una dignidad inigualable. Pero, al mismo tiempo, a nosotros, porque Dios lo ha querido, nos ha hecho partícipes, nos ha escogido, como dirá el Prefacio de la misa de hoy, “hombres de ese pueblo”, a nosotros.

¿Y qué incidencia tiene la consagración sacramental recibida el día de nuestra Ordenación en nuestra vida de sacerdotes? Y más recordando estos santos que van a ser beatificados, que han sido beatificados, que formamos parte de una Iglesia particular con ejemplos gloriosos de santidad, no podemos bajar el listón. No basta, queridos hermanos, con la concepción funcional del ministerio. No basta con ejercitar con fidelidad nuestro oficio, sin más. No es un puro mantenimiento. No basta con esto, como si sólo el cumplimiento nos santificara y nos eximiera de la radicalidad exigida por la vida en Cristo, del Evangelio, en definitiva, en quien en Él hemos sido bautizados en Cristo e identificados hasta representarlo. “In personando”, por nuestra participación sacramental, en la capitalidad de Cristo pastor ante su Pueblo. Es necesario la respuesta con la vivencia de las virtudes cristianas sustanciadas en la caridad pastoral, en una doble relación, a Cristo, Único y Sumo y Eterno Sacerdote, y en Él, por el Espíritu Santo, al Padre de las misericordias. Tenemos que ser hombres de Dios profundamente. Y también, la relación con el Pueblo de Dios que exige una ejemplaridad en nuestra vida. No podemos ser del montón, queridos hermanos sacerdotes. Y todo ello está sintetizado en las cercanías de las que habla el Papa Francisco. Con Dios, con el obispo, con los otros sacerdotes, con el Pueblo de Dios.

Necesitamos intensificar nuestra vida de oración. Necesitamos recuperar ese capítulo de “Evangelii Gaudium”, donde se habla de evangelizadores con espíritu, porque, sino, no hay vigor apostólico. Y si no hay vigor apostólico, se cae en el funcionalismo, en el mantenimiento, en el cumplir, en el rellenar, en el mantener. Incluso en ser administradores de decadencia.

Queridos hermanos, necesitamos de nuevo un Pentecostés. Necesitamos de nuevo la radicalidad de tomarnos en serio nuestra vida espiritual con los instrumentos, con los medios que ha puesto la Iglesia de siempre y que, releyendo el documento “Presbiterium Ordinis” del Concilio Vaticano II, tenemos que poner en nuestra vida la oración, la Lectio Divina, la confesión frecuente, la vivencia eucarística como centro de nuestra vida, la fraternidad, la caridad. En definitiva, la pasión por Cristo y por el Pueblo de Dios, por los pobres, por los más necesitados, por evangelizar, por llegar a quienes están lejos y traerlos. Por ser, en definitiva, con sencillez, testigos de Jesús.

Queridos hermanos, éste es un proceso, como dice el Papa. No se trata de ocupar espacios a ver quién manda más, a ver quién tiene más poder. No se trata de repartirnos lo sagrado, sino de ser testigos convincentes de Cristo, cabeza y pastor de Su pueblo. Es muy difícil. Es una tarea que nosotros, como los apóstoles, tendríamos que decirLe a Jesús “esto es imposible”. Pero Jesús nos dirá, “para Dios todo es posible”. Él puede hacer de la pequeñez de cada uno de nosotros un instrumento, como ya hemos experimentado tantas veces.

Queridos hermanos, seamos santos. Es la manera más eficaz de la acción pastoral, porque, cuando hay santidad, hay celo apostólico, hay pasión evangelizadora, hay caridad, hay compromiso social, hay desvivirse por los otros. Cuando se ama a Cristo con pasión, se le ve en esos que representan la carne de Cristo en el mundo de hoy; cuando hay santidad, hay olvido de nosotros mismos.

Queridos hermanos, permitidme también como vuestro obispo que os haga esta llamada para que este tiempo sea un tiempo de Gracia, un tiempo de renovación sacerdotal y porque lo es, de renovación pastoral, de afrontar esta nueva etapa con un verdadero vigor apostólico. No simplemente, por la novedad de un obispo que llega o a ver qué nos trae. Dejemos a un lado los recelos. Cerremos las heridas. Busquemos con esperanza una primavera del Pueblo de Dios. Y para ello, queridos hermanos sacerdotes, es necesario que asumamos un compromiso vocacional. Necesitamos sacerdotes. Necesitamos tener una cultura vocacional más a flor de piel. No simplemente se cae, no simplemente… las vocaciones son un don de Dios y no ha disminuido la mano del Señor, pero sí, quizás, nosotros, nuestra pasividad, nuestro relegarnos a lo de siempre, al mantenimiento, nuestra tristeza ministerial muchas veces ha provocado, quizás, que baje ese afán de llevar a otros y de testimoniarlo, no con proselitismo, pero sí con la elocuencia de la propia vida como lo recibimos nosotros de aquellos sacerdotes que el Señor puso en nuestro camino.

Querido Pueblo de Dios, queridos hermanas de la vida consagrada, rezad por nosotros. La tarea es mucha, pero estamos para serviros, “a Dios y a usted”, como decíamos antes.

Vamos a pedirLe a la Virgen Santísima, a Nuestra Señora, a la Madre de los sacerdotes, que Ella como en las Bodas de Canaá pueda cambiar también en nosotros el agua incolora, inodora, insípida muchas veces de nuestra vida, en el vino oloroso de virtudes. En definitiva, que Le hagamos caso en el consejo de hacer lo que Jesús nos dice.

Queridos sacerdotes, permitidme también renovar mi agradecimiento, el del Pueblo de Dios a vuestra entrega en los servicios en los que estáis. En los servicios de nuestra Diócesis, en el servicio carismático de nuestra vida consagrada.

Queridos hermanos, sacerdotes, religiosos, que todos seamos santos con la santidad de quien se considera débil y sabe que el único Santo es Jesucristo nuestro Señor, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Dios que se ha hecho hombre, el Ungido, el Cristo.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

5 abril de 2023
Catedral de Granada

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Consagración de los Santos Óleos y el Santo Crisma y renovación de las promesas sacerdotales del clero diocesano en la Catedral

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Consagración de los Santos Óleos y el Santo Crisma y renovación de las promesas sacerdotales del clero diocesano en la Catedral

La Misa Crismal ha tenido lugar esta mañana en la Catedral presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Gil Tamayo, que ha consagrado y bendecido los Santos Óleos y el Santo Crisma que se utilizarán para la administración de los sacramentos. También durante la celebración, el clero diocesano ha renovado sus promesas sacerdotales y su fidelidad a la “unción” y al “compromiso” de servir al pueblo de Dios.

Esta mañana la Catedral de Granada acogía la celebración de la Misa Crismal, que este año ha tenido lugar el Miércoles Santo, y en la que se han consagrado y bendecido los Santos Óleos y el Santo Crisma, que se utilizarán para la administración del Bautismo, Confirmación, Unción de enfermos y Orden Sacerdotal a lo largo del año.

La Eucaristía ha estado presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Gil Tamayo, y concelebrada por el clero diocesana que ha estado acompañados también por el pueblo laico de Dios que ha sido testigo de la renovación de las promesas sacerdotales de los presbíteros.

Al inicio de la Misa Crismal nuestro Arzobispo destacó que la bendición de los Óleos y la consagración del Crisma son “símbolos de que el Espíritu Santo está entre nosotros”.

Durante su homilía, Mons. Gil Tamayo dirigió al clero unas palabras sobre la santidad a la que el sacerdote está llamando no solo por la vida bautismal sino también presbiterial.

“Hoy es un momento para agradecer a las personas que la comunidad cristiana puso en nuestra vida como mediación para llamarnos a la viña del Señor. Somos otros Cristos a pesar de nuestras debilidades. Dios nos ha elegido por pura gracia para representarle, para hacerlo presente”, señaló.

Sobre la caridad pastoral también destacó que el sacerdote debe ser un hombre profundamente de Dios y que la relación con el pueblo exige ejemplaridad.

“No podemos caer en un mero mantenimiento de actividades. Debemos ser evangelizadores apostólicos, necesitamos un nuevo Pentecostés, necesitamos la radicalidad”, destacó nuestro Arzobispo.

RENOVACIÓN PASTORAL Y CULTURA VOCACIONAL

Finalizando las palabras dirigidas a los sacerdotes en la Misa Crismal, nuestro Arzobispo señaló que nuestra diócesis vive “un tiempo de gracia, de renovación pastoral” y que para ello es necesario asumir un compromiso vocacional: “Necesitamos sacerdotes, una cultura vocacional a flor de piel. Las vocaciones son un don de Dios y no ha disminuido la mano de Dios, quizás sí nuestras pasividad”.

Por último, Mons. Gil Tamayo hizo un llamamiento al pueblo de Dios como intercesor del clero para que este pueda llevar a cabo su misión de servicio. “Pidámosle a la Virgen que como en las Bodas de Caná pueda cambiar nuestra agua inodora e insípida para hacer lo que Jesús nos dice”.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Restauración de la techumbre del presbiterio de la iglesia de San Andrés Apóstol en La Palma

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Tras concluir los trabajos de restauración, llevados a cabo por la empresa In Situ, Conservación y Restauración, S.L, recientemente se ha presentado la obra de la techumbre del presbiterio de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, en San Andrés y Sauces (La Palma).

Se trata de una techumbre mudéjar a cuatro aguas, realizada en madera tallada durante la segunda mitad del siglo XVII y policromada en 1904 por el artista Luis Paz Pérez. El presupuesto ha sido financiado íntegramente por el Gobierno de Canarias cuyo coste total asciende a 106.428,00 €.

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