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Así se ha vivido la Misa de la Cena del Señor en la Santa Iglesia Catedral

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En la jornada de hoy da comienzo el Triduo Santo con la Misa de la Cena del Señor. Esta celebración que se ha llevado a cabo en la Santa Iglesia Catedral ha estado presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Asimismo tras el Jueves Santo, recordamos que mañana celebraremos la Pasión del Señor a las 13hrs en el primer templo de la Diócesis.

Misa de la Cena del Señor
Reserva de la Eucaristía en la Santa Iglesia Catedral

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El presidente de la Junta de Andalucía ha visitado, este Jueves Santo, la Semana Santa de Baza

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El presidente de la Junta de Andalucía ha visitado, este Jueves Santo, la Semana Santa de Baza

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha visitado, en la mañana del 6 de abril, Jueves Santo, la Semana Santa de Baza. A su llegada, fue recibido por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, el arcipreste de Baza-Jabalcón y el párroco de Santiago, la primera de las iglesias que visitó.

D. Francisco Jesús Orozco ha agradecido al presidente andaluz su visita que, sin duda, supone un apoyo a la España vaciada y a la labor que realiza la Iglesia en esta zona de Andalucía. Además, le ha pedido al presidente de la Junta que no se olvide de apostar por esta zona norte de Granada, que nos ayude enviando empresas que generen trabajo, que facilite que los jóvenes se puedan quedar a vivir en esta tierra y no tengan que emigrar, para que los mayores no se queden solos. “Sin duda -le ha dicho el obispo- merece la pena apostar por esta parte tan bonita de Andalucía, zona norte de Granada”.
Juan Manuel Moreno ha visitado todas las parroquias y cofradías de Baza, acompañado por la consejera de Fomento, el delegado de la Junta en Granada, la delegada de Enseñanza, que es de Baza, y alcaldes de la zona. La visita del presidente supone un respaldo a la Semana Santa de Baza y al esfuerzo que hacen los cofrades para engrandecerla y darle difusión.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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El obispo presidió el paso de las hermandades de Baza en la noche del Miércoles Santo

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El obispo presidió el paso de las hermandades de Baza en la noche del Miércoles Santo

 

Mons. Francisco Jesús Orozco acompañó, en la noche del Miércoles Santo, a las hermandades de la ciudad de Baza. El obispo presidió, en la tribuna oficial, el paso de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia, María Santísima de la Soledad y Cristo Resucitado y dirigió la oración en la estación de penitencia.

Mons. Orozco, además, fue invitado a hacer una “levatá” en cada una de las imágenes. En su visita a Baza, el obispo estuvo acompañado por el arcipreste de Baza-Jabalcón, el consiliario de la Federación de Cofradías de la ciudad. el rector del Seminario y los seminaristas También tuvo oportunidad de saludar al alcalde bastetano y los miembros de la Federación de Hermandades y Cofradías.

  1. Francisco Jesús se hará presente también en la tribuna de la carrera oficial de Guadix y en al de Huéscar a lo largo de estos días de Semana Santa

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Gesto de amor fraterno: el Obispo lava y besa los pies de los internos

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Cita ineludible la de cada Jueves Santo. El Obispo de Jaén ha celebrado la Cena del Señor en la Prisión Provincial. Ha rememorado la institución de la Eucaristía junto a un grupo de presos en la recoleta capilla de cárcel.

Pocos minutos después de las 9:30 horas llegaba Don Sebastián Chico Martínez a la institución penitenciaria. Allí era recibido por el Delegado de Pastoral Penitenciaria, D. José Luis Cejudo; los capellanes de la Prisión, D. José González y Dª Carmen Fernández y una representación de los voluntarios de esta Pastoral de atención y acompañamiento a los privados de libertad.

Tras saludar a los funcionarios, se ha dirigido a la capilla, para allí saludar a los internos congregados antes de revestirse para presidir la Santa Misa.

En un ambiente de profundo recogimiento, los internos han participado en una celebración preciosamente preparada. Las lecturas de la Misa han estado participadas por los internos y el Evangelio, del pasaje evangélico de San Juan relataba el lavatorio de los pies, ha sido proclamado por el sacerdote salesiano y capellán, D. José González.

En su homilía, Don Sebastián ha mostrado su alegría por comenzar el día del Amor Fraterno entre aquellas personas que están privadas de libertad, porque “es aquí donde el amor de Dios se hace palpable de una manera especial”. “Celebrar el Jueves Santo en la cárcel- continuaba el Prelado- es un día donde se reafirma mi sacerdocio, mi ser obispo, en este día tan sacerdotal”.

En este sentido, remontándose al Génesis, ha recordado, “Desde que en el origen, el hombre desobedeció a Dios, el hombre quiso ser como Dios, el Padre trazó un plan de salvación donde se despojó de su rango y se hace uno como nosotros”. Para, continuar recordando el gesto del lavatorio de los pies podemos hacerlo vida cada día, “dejándonos lavar por el Señor nuestra vida, nuestro corazón, y así volver a Dios y volviendo a Él, servirle mejor a Él y a los demás”. Por último, ha resaltado que “dejarnos lavar los pies por Jesús nos capacita para el servicio”.

Al finalizar sus palabras, se ha vivido uno de los momentos más emotivos de esta celebración eucarística. Tras tres largos años sin poderse hacer, por la pandemia, en este 2023 se ha recuperado el gesto del lavatorio de los pies. Un momento que el Obispo ha vivido con mucha emoción, cuando, despojado de su casulla y con una toalla prendida a su cintura, se ha agachado para lavar y besar los pies de algunos internos, rememorando así lo que hizo Jesús con sus discípulos antes de la Última Cena. Uno de los internos, lloraba de emoción ante el gesto de amor del Prelado.

Al concluir la celebración de la Eucaristía, Don Sebastián se ha despedido de los internos, y les ha deseado una feliz Pascua de Resurrección. 

Esta tarde, el Prelado jiennense lavará los pies a 12 personas, entre las que estarán sacerdotes, seminaristas y laicos, a las 19 horas en la Catedral, como inicio del Triduo Pascual, en el que la Iglesia universal rememora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Mañana, Viernes Santo, los oficios que presidirá Don Sebastián tendrán lugar a las 17 horas y concluirán con la tradicional bendición con el Santo Rostro desde los balcones de la Catedral.



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Mons. Zornoza en la celebración de la Misa Crismal: «Hoy es la fiesta del sacerdocio»

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«Gracias queridos sacerdotes, por vuestra entrega constante al pueblo»

El Obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza presidió la Misa Crismal en la mañana del Miércoles Santo en la Catedral gaditana para consagrar el Santo Crisma, y bendecir además los Santos Óleos de los catecúmenos y de los enfermos. Además, el clero de la diócesis renovó sus promesas sacerdotales. 

«El acontecimiento de Cristo, es lo más subversivo que ha sucedido en la historia. Los cristianos tenemos un tesoro en nuestras manos». Decía el prelado en su homilía, dirigiéndose a los presentes en la Seo gaditana. «La Misa Crismal es la celebración por excelencia de la existencia de la gracia, de la comunión en el Señor».

El obispo diocesano agradeció a sus sacerdotes la entrega constante al pueblo. «Recuerdo con gratitud a tantos sacerdotes ejemplares, a los enfermos…y también a los difuntos, en especial a nuestro querido Obispo Antonio Ceballos. Renovar las promesas hechas en la ordenación, es querer unirnos más estrechamente con Dios. Este camino es muy gozoso pero también exigente. Se debe vivir con amor radical, no a medias».

Mons. Zornoza pedía expresamente «vivir siempre fieles, buscando lo más virtuoso en el seguimiento de Cristo».

Tras la homilía, el clero se dispuso a renovar la consagración y dedicación a Cristo y a la Iglesia.

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JUEVES SANTO: “Dios es amor y nosotros somos testigos y testimonio de ese amor”, por María Carmen Torres

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Hoy, Jueves Santo es día de celebración para nosotros los cristianos: celebramos la Eucaristía al recordar la Última Cena del Señor, celebramos la institución del sacerdocio cuando Jesús le encarga a sus discípulos continuar con su misión, y celebramos el día del amor fraterno, ejemplificado en el lavatorio de los pies.

El evangelio de Juan nos muestra cómo Jesús en la Última Cena se levanta de la mesa, se quita el manto y se ciñe una toalla, para seguidamente lavar y secar los pies a los discípulos. Él, siendo llamado “el Maestro” y “el Señor”, se puso a servir dando ejemplo de humildad e invitándoles a lavárselos unos a otros.

Muchas veces pensamos en la Navidad como la época en la que surgen los buenos sentimientos, la entrega a los demás, y el encuentro con la familia, y sin duda lo es; pero no es menos cierto que el Jueves Santo es el día para celebrar el amor fraterno, el amor sin medida, el amor hacia nuestros hermanos y hermanas desde la humildad y el servicio, desde la acogida y cercanía de ser parte de una comunidad.

Este sentimiento de amor fraterno nos invita a ver el rostro del prójimo en todas las personas que sufren, que necesitan ser escuchadas, que piden ser acompañadas, que interpelan ayuda, que demandan consuelo.

En base a ese amor fraterno que celebramos cada Jueves Santo, los voluntarios y las voluntarias de Cáritas, así como trabajadores y trabajadoras de nuestra entidad, realizamos un servicio asistencial de acogida y atención a las personas en situación de pobreza, llevando a cabo, además, proyectos y actuaciones que mejoran su formación, orientándolos profesionalmente, y promocionando el acceso a una vivienda y empleo dignos; en definitiva, a mejorar las condiciones sociales y laborales de personas en situación de vulnerabilidad.

Este Jueves Santo intentemos mirar a las personas que lo necesitan con una mirada fraterna. Os invito a que realicemos un gesto solidario y de amor a las muchas personas que se encuentran en situación de pobreza y exclusión social, que nos esforcemos por trabajar derribando fronteras geográficas, culturales y sociales, y que acojamos “al otro”, independientemente de dónde venga, que rostro tenga, o que lengua hable.

Salgamos al encuentro del necesitado, caminemos apoyando al que necesita amparo y dispongámonos a cuidar a los más débiles con ternura, realizando como dice el Papa Francisco “una caridad efectiva y eficaz”.

Cuando esta Semana Santa estemos en nuestras calles viendo las bellas procesiones que las recorren, sintamos en nuestro corazón el impulso y la alegría de querer formar parte de una misión a la que Jesús nos invitó, la de ser humildes y servidores, teniendo presente que los pobres y excluidos son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Trabajemos por la dignidad y los derechos de todos.

Es Jueves Santo. Es tiempo de encuentro con el hermano y hermana que sufre, es tiempo de servicio al necesitado. Es tiempo de amor.

María Carmen Torres

Directora de Cáritas diocesana

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Jueves Santo en la Cena del Señor

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Con la Misa de la tarde del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Última Cena, «en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen».

El obispo Álvarez preside la Misa en la Cena del Señor a las 17.30 en la Catedral, al finalizar la misma será la procesión del Santísimo hasta el Monumento.

En la celebración se pone el foco en tres acontecimientos que tienen su origen en la Última Cena: linstitución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Por eso la Iglesia celebra el Jueves Santo el día del Amor Fraterno.

También se recuerda el lavatorio de los pies, que manifiesta el servicio y el amor de Cristo, que ha venido “no a ser servido, sino a servir”.

Después de la misa, el Santísimo Sacramento queda reservado, en lo que llamamos Monumentopara su adoración en una capilla que invite a la oración y a la meditación.

La Semana Santa para los cristianos es el paso de la tristeza al gozo. Son días de vivir con sobriedad la pasión y la muerte de Jesús para luego celebrar, rebosantes de alegría, la gloria de la resurrección.

Este camino a la Pascua también se hace visible en las celebraciones de la Iglesia. La sobriedad de los templos durante el Triduo: Jueves, Viernes y Sábado Santo, cuando por la noche se celebrará la Vigilia pascual. Con ella se abandona la oscuridad, para vivir al día siguiente, el Domingo de Resurrección, que Cristo es la luz del mundo.

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Vivir la caridad fraterna empezando por los más cercanos

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Misa vespertina de la Cena del Señor, primer día del Triduo Pascual, el Jueves Santo, celebrado en la Catedral, el 6 de abril de 2023.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos seminaristas;
querido diácono;
queridos hermanos y hermanas, presentes en nuestra Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Granada, y quienes nos seguís a través de la Cadena Cope:

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios en esta primera parte de la celebración eucarística, en este Jueves Santo, con el que iniciamos el Triduo Pascual. Recordamos, ciertamente, “haced esto en memoria mía” nos ha mandando Jesús, de la Eucaristía. Y en este día, (…) las palabras con las que San Juan el Evangelista introduce el relato del lavatorio de los pies, que acabamos de escuchar en la Última Cena: “Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, -hemos escuchado- los amó hasta el extremo”. Habiendo amado a los suyos, que somos cada uno de nosotros. Jesús nos ha dicho: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros somos sus amigos”.

Y desde esa visión, estamos celebrando estos días santos. En el interior de los templos con las celebraciones litúrgicas y, como decía el Papa Benedicto XVI, nos presencializan a Cristo de una manera especial, porque Cristo se nos hace contemporáneo en la celebración litúrgica. No es el recuerdo de un acontecimiento pasado cuando proclamamos la Palabra de Dios, sino que se hace presente en nosotros, para nuestra vida. Y también en nuestras calles, a lo largo de estos días santos, el pueblo de Dios exterioriza su fe, la manifiesta públicamente. En medio de esta sociedad tan secularizada, nos viene bien ese recordatorio a través de nuestras bellas imágenes como auténticos sacramentales de la fe, que nos expresan los Misterios de dolor, la Pasión, muerte y Resurrección del Señor, para que nosotros también aprendamos la lección de amor de quien se ha entregado por nosotros hasta dar su vida.

¿Qué celebramos este Jueves Santo? Primero, la instauración de la Eucaristía. El memorial de la Pasión, muerte y Resurrección del Señor. Diremos después en la aclamación, inmediatamente a continuación de la consagración: “Anunciamos Tu muerte, proclamamos Tu Resurrección, ven Señor Jesús”. El Cuerpo de Cristo es un cuerpo entregado y su Sangre es sangre derramada, la Sangre de la Alianza nueva y eterna. Y nos trae el recuerdo de esa primera Alianza que nos ha relatado el Libro del Éxodo, en la que el pueblo de Israel sale liberado de Egipto y con la Sangre del cordero pascual le sirve de contraseña en las puertas, para que el Ángel exterminador pase de largo. Juan el Bautista se dirigirá a Jesucristo diciendo: “Este es el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Y efectivamente, era derramada Su sangre por nosotros. San Pablo nos dice que hemos sido comprados con el precio de la Sangre de Cristo. “Él es el propiciatorio”, nos dirá San Pablo. “Cristo se ha entregado por nosotros y hemos sido redimidos por Él”. Pero esa Redención en la cruz, de cuyo costado abierto por la lanzada sale sangre y agua de Jesús; se produce y se celebra en cada memorial, en cada celebración eucarística, porque anunciamos la muerte del Señor y proclamamos Su Resurrección, porque es memorial de su entrega.

Y eso para nosotros, nos trae el recordatorio del sacrificio por el que hemos sido salvados y que se actualiza en cada celebración eucarística. Por eso, la Eucaristía es el centro, el culmen, de la vida cristiana. Es lo central. Y nosotros, Pueblo de Dios, tenemos que revalorizar la centralidad de la Eucaristía en nuestra vida, la celebración dominical. La Santa Misa tiene que ser para la comunidad cristiana no sólo el cumplimiento de una norma eclesiástica, de un mandamiento de la Iglesia, sino ese encuentro con el Señor que está con Su Cuerpo y con Su Sangre en medio de nosotros; ese encuentro con el Señor que nos muestra y nos hace oír su Palabra de nuevo; ese encuentro con el Señor que se hace sacrificio, se hace entrega por nosotros y se nos pone como más cerca, para que podamos llevarle nuestras peticiones y para que podamos ejercer también la ofrenda de nuestra propia vida. “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro –nos dice el sacerdote- sea agradable a Dios”. Pero, en la Eucaristía, Jesús se nos ha quedado también como alimento. San Juan evangelista nos ha relatado el Lavatorio de los pies en la Última Cena y ha omitido hablar de la Eucaristía, porque ya lo hace en el capitulo 6 de su Evangelio, cuando nos habla del pan de vida: “Jesús es el verdadero pan de vida”. “Mi Padre es quien os da el verdadero Pan del Cielo”, nos dice Jesús. “Mi carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en Mí y Yo en él”. Por tanto, nos dice Jesús en el Evangelio: “Si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis Su Sangre, no tendréis vida en vosotros”.

Queridos hermanos, ¿cómo es nuestra vivencia eucarística? ¿Acudimos a la Eucaristía con verdadera hambre de Cristo? O, por el contrario, nos damos casi de bruces, sin prepararnos, y nos acercamos a comulgar sin una verdadera preparación, que no sólo está, y principalmente, en nuestra alma limpia, y que hemos de acudir con frecuencia al Sacramento de la Penitencia, para purificarnos y acercarnos a recibir el Cuerpo del Señor, sabiendo, como le decimos, “que no somos dignos de que entre en nuestra casa”, con palabras del centurión. La Eucaristía se nos ha quedado también como Presencia de Cristo. Como alimento y como Presencia. Como Presencia de Cristo en nuestros tabernáculos. Y hoy, en todas las iglesias del mundo, adoraremos al Señor, presente en la Eucaristía, con Su Cuerpo y con Su Sangre, con Su Alma y con Su Divinidad. Cristo está en nuestros sagrarios. ¿Le visitamos? ¿Vivimos esa piedad eucarística de tener a Dios con nosotros? O por el contrario, nos puede la superficialidad cuando entramos en un templo, apenas nos percatamos de Su Presencia. Cristo está con nosotros y se acerca a los más enfermos con el víatico, como a tantas personas, queridos hermanos y hermanas que estáis imposibilitados en vuestras casas con los ministros extraordinarios de la Eucaristía, que os llevan a lo largo de la semana la comunión, para uniros al sacrificio de Cristo y recibir el alimento del pan de vida. ¡Benditos seáis!

También celebramos en el Jueves Santo el día del sacerdocio. Ayer, en nuestra Catedral, más de doscientos sacerdotes de nuestra diócesis renovamos nuestras promesas sacerdotales. Hoy es un día para darLe gracias al Señor que, a pesar de los pesares de la debilidad nuestra, tan manifiesta muchas veces, tan sospechosa por desgracia para algunos, pero con tantos ejemplos de entrega y de santidad de sacerdotes en nuestros pueblos, en nuestras aldeas, en nuestras barriadas, a lo largo y ancho de nuestra geografía y de nuestra propia vida, con el ejemplo, incluso martirial, como hemos celebrado en Granada en nuestros mártires del siglo XX, sacerdotes. Tenemos que rezar por ellos. Y tenéis que rezar, queridos hermanos, para que haya jóvenes que se preparen al sacerdocio. Aquí están la mayoría de nuestros seminaristas. Tenemos 14 seminaristas en el Seminario Mayor y 6 seminaristas en el Seminario Redemptoris Mater. Como comprenderéis, con eso es muy difícil la renovación en nuestras parroquias de la presencia del sacerdote. Y hay tantos jóvenes en Granada. Pidámos hoy al Señor, para que les toque el corazón y sean generosos. Y que nosotros, los sacerdotes, sepamos dar ejemplo conforme al corazón de Cristo.

Queridos amigos, también hoy Jesús instituyó el mandamiento nuevo del amor, el mandamiento del amor al prójimo: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado. Os doy este mandamiento nuevo y en esto reconocerán que sois mis discípulos”, nos dice Jesús. Dijo en el ámbito de esa cena primera, en aquella cena de aquel primer Jueves Santo con sus discípulos, nos mandó este mandamiento nuevo, el mandamiento de la caridad. Y hoy en el día del Amor Fraterno, con ese gesto de Jesús, de todo un Dios que se echa a los pies de sus discípulos y no lo entiende Pedro, como no lo entendemos muchas veces nosotros; Jesús nos ha enseñado que lo que llena el corazón del hombre, lo que nos hace grande, como dirá San Juan Evangelista, es amar. Dios es Amor. “Y nosotros –dice él- hemos conocido el Amor de Dios y hemos creído en Él”. Y Cristo es el que nos ha mostrado el amor como el Buen samaritano que sale al encuentro de todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Queridos hermanos, vivamos la caridad. Ése es nuestro distintito. Y es lo que va a quedar. Jesús nos ha dicho en el Evangelio que nos va a examinar de amor al final de nuestra vida, como nos recuerda también San Juan de la Cruz, que trae el Carmelo a Granada. Jesús nos dice: “Venid, heredad vosotros, benditos de mi Padre, el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, estuve en la cárcel y me visitasteis”. “¿Cuándo lo hicimos Señor?”. “Cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos”.

Luego, queridos hermanos, ya sabemos cuáles son las preguntas, el temario del final de nuestra vida. Y nuestra vida vale lo que vale el amor que ponemos, ese amor a los demás que está hecho de detalles y que San Pablo nos describe en la Primera Carta a los Corintios, al igual que hoy hemos escuchado cómo nos transmite la institución de la Eucaristía. San Pablo nos habla de que “el amor es comprensivo, el amor es servicial, no tiene envidia, nos lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia”. Y nos dice también que “el amor no pasa”. La fe pasará cuando veamos a Dios; la esperanza, cuando Le poseamos en la vida eterna, ya no tendremos que tener esperanza. Pero el amor es lo que nos identifica con Dios y lo que Dios va a mirar en nuestro corazón.

Que vivamos esa caridad fraterna empezando por los más cercanos, pero pensando también en quienes más lo necesitan, en los pobres, los ancianos, los más pequeños, en quienes se debaten en medio de las dificultades en nuestro mundo, los refugiados, los que viven entre los horrores de la guerra, los que salen buscando unas mejores condiciones de vida. Que pensemos que la caridad es en lo que nos va a distinguir el Señor.

Acudamos a Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Que Ella nos ayude a acoger a Cristo Eucaristía en nuestro corazón, como Ella lo acogió. Que Ella nos enseñe a vivir una caridad fina de ayuda y de entrega a los demás sin llamar la atención. Que María nos ayude a que nuestros sacerdotes sean santos y que nos conceda del Señor vocaciones abundantes.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
6 de abril de 2023

Horarios del Triduo Pascual en als parroquias del arciprestazgo de Baza- Jabalcón

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Horarios del Triduo Pascual en als parroquias del arciprestazgo de Baza- Jabalcón

Las parroquias del arciprestazgo de Baza-Jabalcón han publicado los horarios de las celebraciones durante el Triduo Pascual, en cada una de sus parroquias. Unos horarios que facilitarán la asistencia de los fieles y que se pueden consultar aquí:

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios JUeves Santo

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios Viernes Santo

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios Domingo Resurrección

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Decreto dispensa cuaresmal en el Viernes Santo

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Decreto dispensa cuaresmal en el Viernes Santo

MONS. FRANCISCO JESÚS OROZCO MENGÍBAR,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

Prot. 2023/O/039

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87, D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incómodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a tres de abril de dos mil veintitrés.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

Ante mí:

Manuel Millán Arjona, Secretario Canciller

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