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Jueves Santo en la Cena del Señor

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Con la Misa de la tarde del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Última Cena, «en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen».

El obispo Álvarez preside la Misa en la Cena del Señor a las 17.30 en la Catedral, al finalizar la misma será la procesión del Santísimo hasta el Monumento.

En la celebración se pone el foco en tres acontecimientos que tienen su origen en la Última Cena: linstitución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Por eso la Iglesia celebra el Jueves Santo el día del Amor Fraterno.

También se recuerda el lavatorio de los pies, que manifiesta el servicio y el amor de Cristo, que ha venido “no a ser servido, sino a servir”.

Después de la misa, el Santísimo Sacramento queda reservado, en lo que llamamos Monumentopara su adoración en una capilla que invite a la oración y a la meditación.

La Semana Santa para los cristianos es el paso de la tristeza al gozo. Son días de vivir con sobriedad la pasión y la muerte de Jesús para luego celebrar, rebosantes de alegría, la gloria de la resurrección.

Este camino a la Pascua también se hace visible en las celebraciones de la Iglesia. La sobriedad de los templos durante el Triduo: Jueves, Viernes y Sábado Santo, cuando por la noche se celebrará la Vigilia pascual. Con ella se abandona la oscuridad, para vivir al día siguiente, el Domingo de Resurrección, que Cristo es la luz del mundo.

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Vivir la caridad fraterna empezando por los más cercanos

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Misa vespertina de la Cena del Señor, primer día del Triduo Pascual, el Jueves Santo, celebrado en la Catedral, el 6 de abril de 2023.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos seminaristas;
querido diácono;
queridos hermanos y hermanas, presentes en nuestra Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Granada, y quienes nos seguís a través de la Cadena Cope:

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios en esta primera parte de la celebración eucarística, en este Jueves Santo, con el que iniciamos el Triduo Pascual. Recordamos, ciertamente, “haced esto en memoria mía” nos ha mandando Jesús, de la Eucaristía. Y en este día, (…) las palabras con las que San Juan el Evangelista introduce el relato del lavatorio de los pies, que acabamos de escuchar en la Última Cena: “Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, -hemos escuchado- los amó hasta el extremo”. Habiendo amado a los suyos, que somos cada uno de nosotros. Jesús nos ha dicho: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros somos sus amigos”.

Y desde esa visión, estamos celebrando estos días santos. En el interior de los templos con las celebraciones litúrgicas y, como decía el Papa Benedicto XVI, nos presencializan a Cristo de una manera especial, porque Cristo se nos hace contemporáneo en la celebración litúrgica. No es el recuerdo de un acontecimiento pasado cuando proclamamos la Palabra de Dios, sino que se hace presente en nosotros, para nuestra vida. Y también en nuestras calles, a lo largo de estos días santos, el pueblo de Dios exterioriza su fe, la manifiesta públicamente. En medio de esta sociedad tan secularizada, nos viene bien ese recordatorio a través de nuestras bellas imágenes como auténticos sacramentales de la fe, que nos expresan los Misterios de dolor, la Pasión, muerte y Resurrección del Señor, para que nosotros también aprendamos la lección de amor de quien se ha entregado por nosotros hasta dar su vida.

¿Qué celebramos este Jueves Santo? Primero, la instauración de la Eucaristía. El memorial de la Pasión, muerte y Resurrección del Señor. Diremos después en la aclamación, inmediatamente a continuación de la consagración: “Anunciamos Tu muerte, proclamamos Tu Resurrección, ven Señor Jesús”. El Cuerpo de Cristo es un cuerpo entregado y su Sangre es sangre derramada, la Sangre de la Alianza nueva y eterna. Y nos trae el recuerdo de esa primera Alianza que nos ha relatado el Libro del Éxodo, en la que el pueblo de Israel sale liberado de Egipto y con la Sangre del cordero pascual le sirve de contraseña en las puertas, para que el Ángel exterminador pase de largo. Juan el Bautista se dirigirá a Jesucristo diciendo: “Este es el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Y efectivamente, era derramada Su sangre por nosotros. San Pablo nos dice que hemos sido comprados con el precio de la Sangre de Cristo. “Él es el propiciatorio”, nos dirá San Pablo. “Cristo se ha entregado por nosotros y hemos sido redimidos por Él”. Pero esa Redención en la cruz, de cuyo costado abierto por la lanzada sale sangre y agua de Jesús; se produce y se celebra en cada memorial, en cada celebración eucarística, porque anunciamos la muerte del Señor y proclamamos Su Resurrección, porque es memorial de su entrega.

Y eso para nosotros, nos trae el recordatorio del sacrificio por el que hemos sido salvados y que se actualiza en cada celebración eucarística. Por eso, la Eucaristía es el centro, el culmen, de la vida cristiana. Es lo central. Y nosotros, Pueblo de Dios, tenemos que revalorizar la centralidad de la Eucaristía en nuestra vida, la celebración dominical. La Santa Misa tiene que ser para la comunidad cristiana no sólo el cumplimiento de una norma eclesiástica, de un mandamiento de la Iglesia, sino ese encuentro con el Señor que está con Su Cuerpo y con Su Sangre en medio de nosotros; ese encuentro con el Señor que nos muestra y nos hace oír su Palabra de nuevo; ese encuentro con el Señor que se hace sacrificio, se hace entrega por nosotros y se nos pone como más cerca, para que podamos llevarle nuestras peticiones y para que podamos ejercer también la ofrenda de nuestra propia vida. “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro –nos dice el sacerdote- sea agradable a Dios”. Pero, en la Eucaristía, Jesús se nos ha quedado también como alimento. San Juan evangelista nos ha relatado el Lavatorio de los pies en la Última Cena y ha omitido hablar de la Eucaristía, porque ya lo hace en el capitulo 6 de su Evangelio, cuando nos habla del pan de vida: “Jesús es el verdadero pan de vida”. “Mi Padre es quien os da el verdadero Pan del Cielo”, nos dice Jesús. “Mi carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en Mí y Yo en él”. Por tanto, nos dice Jesús en el Evangelio: “Si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis Su Sangre, no tendréis vida en vosotros”.

Queridos hermanos, ¿cómo es nuestra vivencia eucarística? ¿Acudimos a la Eucaristía con verdadera hambre de Cristo? O, por el contrario, nos damos casi de bruces, sin prepararnos, y nos acercamos a comulgar sin una verdadera preparación, que no sólo está, y principalmente, en nuestra alma limpia, y que hemos de acudir con frecuencia al Sacramento de la Penitencia, para purificarnos y acercarnos a recibir el Cuerpo del Señor, sabiendo, como le decimos, “que no somos dignos de que entre en nuestra casa”, con palabras del centurión. La Eucaristía se nos ha quedado también como Presencia de Cristo. Como alimento y como Presencia. Como Presencia de Cristo en nuestros tabernáculos. Y hoy, en todas las iglesias del mundo, adoraremos al Señor, presente en la Eucaristía, con Su Cuerpo y con Su Sangre, con Su Alma y con Su Divinidad. Cristo está en nuestros sagrarios. ¿Le visitamos? ¿Vivimos esa piedad eucarística de tener a Dios con nosotros? O por el contrario, nos puede la superficialidad cuando entramos en un templo, apenas nos percatamos de Su Presencia. Cristo está con nosotros y se acerca a los más enfermos con el víatico, como a tantas personas, queridos hermanos y hermanas que estáis imposibilitados en vuestras casas con los ministros extraordinarios de la Eucaristía, que os llevan a lo largo de la semana la comunión, para uniros al sacrificio de Cristo y recibir el alimento del pan de vida. ¡Benditos seáis!

También celebramos en el Jueves Santo el día del sacerdocio. Ayer, en nuestra Catedral, más de doscientos sacerdotes de nuestra diócesis renovamos nuestras promesas sacerdotales. Hoy es un día para darLe gracias al Señor que, a pesar de los pesares de la debilidad nuestra, tan manifiesta muchas veces, tan sospechosa por desgracia para algunos, pero con tantos ejemplos de entrega y de santidad de sacerdotes en nuestros pueblos, en nuestras aldeas, en nuestras barriadas, a lo largo y ancho de nuestra geografía y de nuestra propia vida, con el ejemplo, incluso martirial, como hemos celebrado en Granada en nuestros mártires del siglo XX, sacerdotes. Tenemos que rezar por ellos. Y tenéis que rezar, queridos hermanos, para que haya jóvenes que se preparen al sacerdocio. Aquí están la mayoría de nuestros seminaristas. Tenemos 14 seminaristas en el Seminario Mayor y 6 seminaristas en el Seminario Redemptoris Mater. Como comprenderéis, con eso es muy difícil la renovación en nuestras parroquias de la presencia del sacerdote. Y hay tantos jóvenes en Granada. Pidámos hoy al Señor, para que les toque el corazón y sean generosos. Y que nosotros, los sacerdotes, sepamos dar ejemplo conforme al corazón de Cristo.

Queridos amigos, también hoy Jesús instituyó el mandamiento nuevo del amor, el mandamiento del amor al prójimo: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado. Os doy este mandamiento nuevo y en esto reconocerán que sois mis discípulos”, nos dice Jesús. Dijo en el ámbito de esa cena primera, en aquella cena de aquel primer Jueves Santo con sus discípulos, nos mandó este mandamiento nuevo, el mandamiento de la caridad. Y hoy en el día del Amor Fraterno, con ese gesto de Jesús, de todo un Dios que se echa a los pies de sus discípulos y no lo entiende Pedro, como no lo entendemos muchas veces nosotros; Jesús nos ha enseñado que lo que llena el corazón del hombre, lo que nos hace grande, como dirá San Juan Evangelista, es amar. Dios es Amor. “Y nosotros –dice él- hemos conocido el Amor de Dios y hemos creído en Él”. Y Cristo es el que nos ha mostrado el amor como el Buen samaritano que sale al encuentro de todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Queridos hermanos, vivamos la caridad. Ése es nuestro distintito. Y es lo que va a quedar. Jesús nos ha dicho en el Evangelio que nos va a examinar de amor al final de nuestra vida, como nos recuerda también San Juan de la Cruz, que trae el Carmelo a Granada. Jesús nos dice: “Venid, heredad vosotros, benditos de mi Padre, el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, estuve en la cárcel y me visitasteis”. “¿Cuándo lo hicimos Señor?”. “Cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos”.

Luego, queridos hermanos, ya sabemos cuáles son las preguntas, el temario del final de nuestra vida. Y nuestra vida vale lo que vale el amor que ponemos, ese amor a los demás que está hecho de detalles y que San Pablo nos describe en la Primera Carta a los Corintios, al igual que hoy hemos escuchado cómo nos transmite la institución de la Eucaristía. San Pablo nos habla de que “el amor es comprensivo, el amor es servicial, no tiene envidia, nos lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia”. Y nos dice también que “el amor no pasa”. La fe pasará cuando veamos a Dios; la esperanza, cuando Le poseamos en la vida eterna, ya no tendremos que tener esperanza. Pero el amor es lo que nos identifica con Dios y lo que Dios va a mirar en nuestro corazón.

Que vivamos esa caridad fraterna empezando por los más cercanos, pero pensando también en quienes más lo necesitan, en los pobres, los ancianos, los más pequeños, en quienes se debaten en medio de las dificultades en nuestro mundo, los refugiados, los que viven entre los horrores de la guerra, los que salen buscando unas mejores condiciones de vida. Que pensemos que la caridad es en lo que nos va a distinguir el Señor.

Acudamos a Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Que Ella nos ayude a acoger a Cristo Eucaristía en nuestro corazón, como Ella lo acogió. Que Ella nos enseñe a vivir una caridad fina de ayuda y de entrega a los demás sin llamar la atención. Que María nos ayude a que nuestros sacerdotes sean santos y que nos conceda del Señor vocaciones abundantes.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
6 de abril de 2023

Horarios del Triduo Pascual en als parroquias del arciprestazgo de Baza- Jabalcón

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Horarios del Triduo Pascual en als parroquias del arciprestazgo de Baza- Jabalcón

Las parroquias del arciprestazgo de Baza-Jabalcón han publicado los horarios de las celebraciones durante el Triduo Pascual, en cada una de sus parroquias. Unos horarios que facilitarán la asistencia de los fieles y que se pueden consultar aquí:

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios JUeves Santo

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios Viernes Santo

Arciprestazgo Baza Jabalcón Horarios Domingo Resurrección

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Decreto dispensa cuaresmal en el Viernes Santo

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Decreto dispensa cuaresmal en el Viernes Santo

MONS. FRANCISCO JESÚS OROZCO MENGÍBAR,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

Prot. 2023/O/039

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87, D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incómodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a tres de abril de dos mil veintitrés.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

Ante mí:

Manuel Millán Arjona, Secretario Canciller

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Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, y ahora con dispensa si no se puede observar

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Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, y ahora con dispensa si no se puede observar

El Viernes Santo llama a las puertas, como uno de los días grandes del Triduo Pascual. Tras el Jueves Santo, y en espera de la resurrección del Señor, el Viernes Santo nos habla de entrega, de sacrificio, de salvación. Cristo murió en la cruz por nosotros, para nuestra redención, para salvarnos.

Sabemos que es una muerte para resucitar, pero, a pesar de todo, el sufrimiento de Cristo en la cruz la Iglesia lo vive con recogimiento, con mucha fe y un sentimiento de dolor profundo por todas las muertes injustas que ocurren aún en nuestro mundo y por el sufrimiento de tantos inocentes. Por eso, el Viernes Santo viene acompañado por una llamada a vivirlo con ayuno y abstinencia. Son prácticas que la Iglesia ha mantenido durante siglos porque nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y, además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión,

La abstinencia, es decir, no comer carne, es lo que se ha hecho en otros viernes de Cuaresma. El ayuno, – que solo se exige dos veces en el año, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo- , consiste en no tomar alimento en el inicio de día, para acompañar a Cristo en su sufrimiento, para expresar el dolor que siente la Iglesia y toda la humanidad, y para recordar que a Jesús se le sigue si somos capaces de esforzarnos y de ayunar a todo lo que nos pueda alejar de Él y de los hermanos. También nos recuerda que el Viernes Santo es día de penitencia y de oración.

A pesar de todo, no siempre es posible o fácil vivir este ayuno y la abstinencia, en estos días que son de fiesta o de procesiones para muchos. Así, para quienes no puedan cumplir con esta norma, el obispo ha publicado un decreto por el que se “dispensa del ayuno y abstinencia del Viernes Santo a todos los fieles a los que no sea posible observar esta ley sin grave incómodo”.

Sin embargo, se recomienda que, si no pueden guardar el ayuno y abstinencia, sustituyan esta penitencia por otras prácticas, como la “lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales”, recuerda el obispo en el decreto publicado y que se puede consultar aquí:

MONS. FRANCISCO JESÚS OROZCO MENGÍBAR,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87, D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incómodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a tres de abril de dos mil veintitrés.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

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La Federación de Cofradías de Huéscar sacó su Vía Crucis a la calle

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La Federación de Cofradías de Huéscar sacó su Vía Crucis a la calle

El Lunes Santo está marcado en Huéscar por la celebración del Vía Crucis que organiza la Federación de Cofradías,

Catorce son las estaciones que componen el Vía Crucis, señaladas por las calles de Huéscar, desde el año 2011, cuando llegaron la Cruz y el Icono de la JMJ. En las estaciones se puede observar cada uno de los pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Y cada año, el consiliario escribe un Vía Crucis ex profeso para la ocasión.
Las Hermandades de la de Huéscar, las verdaderas protagonistas de este acto, acompañarán al Cristo del Perdón, llevando la cruz el tramo que les toca y encargándose de leer la estación que les corresponda.
La capilla de música «Virgen de la Piedad», de Huéscar, se encargó de poner notas musicales al Vía crucis.

José Antonio Martínez
Párroco de Huéscar

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Alumnos de Religión de toda España participan en un concurso de preguntas online sobre la Pasión de Cristo

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Alumnos de Religión de toda España participan en un concurso de preguntas online sobre la Pasión de Cristo

Han participado un total de 17.353 alumnos, de 87 centros de Primaria y 78 de Secundaria

 

Miles de alumnos matriculados en clase de Religión de toda España han participado en un concurso de preguntas online sobre Semana Santa que ha supuesto un gran estímulo para el alumnado y para el propio profesorado de Primaria y Secundaria. Sin duda, una manera muy divertida e ilusionante de implicar a los propios alumnos en su proceso de aprendizaje en un entorno gamificador mediante la aplicación educativa de kahoot.

De la diócesis de Guadix han participado los institutos de Baza, los colegios de la Presentación de Baza y de Guadix,  el Acci y el Padre Poveda de Guadix, el de Cúllar y los colegios de Fátima y de Castril

La dinámica era sencilla. En cada una de las franjas del horario escolar se realizaban los Kahoots con partidas de hasta 300 alumnos, donde el alumnado debía contestar a una serie de preguntas sobre los textos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Cada colegio e instituto se inscribía en su equipo para representar a sus respectivas localidades procedentes de Canarias, Andalucía, Murcia, Castilla La Mancha, Extremadura, Valencia, Madrid, Castilla y León, Galicia, Asturias, País Vasco y Cataluña.

Sin duda, este tipo de actividades potencian la cooperación entre el alumnado, el uso de herramientas digitales, la capacidad resolutiva y la conciencia de que hay muchos como ellos en clase de Religión. Por otro lado, se presenta la materia de Religión como una asignatura innovadora, que se adapta a las metodologías activas del aprendizaje y a su vez, el profesorado mejora su competencia digital respondiendo a las nuevas exigencias educativas.

La realización de este concurso de preguntas ha sido posible gracias a la implicación de cientos de docentes de toda España, que, coordinados por el profesor Carlos Valle y con la ayuda de José Manuel Rodríguez, han sido capaces de involucrar a toda la comunidad educativa proyectando la clase de Religión a las familias, claustros, redes sociales…

La próxima edición tendía lugar antes de Navidad. Se seguirán organizando Kahoots para que las familias de los alumnos participen desde sus propias casas y, al igual que ocurrió en el mes de febrero, habrá kahoots presenciales en distintos puntos de la geografía española.

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HOMILÍA MISA CRISMAL 2023

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Domingo de Pascua – Ciclo A

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Domingo de Pascua – Ciclo A

¡ALELUYA! ¡EL SEÑOR HA RESUCITADO! Jn 20,1-9

Es domingo de Pascua de Resurrección, Cristo ha resucitado, ¡aleluya, aleluya! Hoy es el día en que todo cobra sentido: ¡Jesús vive!, y el Evangelio nos lo expresa a través de varios elementos. Por un lado, la oscuridad y el sepulcro vacío, el sentimiento de incomprensión y de asombro. Por otro, los lienzos y el sudario que amortajaron el cuerpo del Hijo de Dios. Estas vendas ya no cubren el cuerpo muerto del Señor, sino que ahora hablan de vida, libertad y amor.

Estamos de gozo porque el Señor ha resucitado, ha dado muerte a nuestros pecados, a nuestras miserias. Somos testigos del paso de la oscuridad y del silencio a la vida, a la luz y a la alegría de la Resurrección.

 ¡Jesús ha vencido a la muerte! ¡Ha vencido a nuestra muerte!

En muchas ocasiones, no creemos algo hasta que lo contemplamos con nuestros propios ojos. Cuando hablamos de la resurrección de Cristo, no se trata de eso. Quizás sea mucho más sencillo a como se planteó la situación para María Magdalena en aquel instante. La resurrección es el centro de la fe cristiana y, también, debe ser el centro de nuestra vida personal en la búsqueda de la santidad. 

Descubrir el sepulcro vacío tan solo fue oscuridad durante los instantes que tardaron en comprender que Jesús cumplió su promesa. Creer en la resurrección de Cristo -como lo hicieron María Magdalena y los dos discípulos- debe marcar nuestro día a día, nuestros actos y nuestra manera de ver lo cotidiano. Y es que, reflexionar sobre el sepulcro vacío nos hace recordar que Jesucristo no estaba allí porque está presente en cada momento, con nosotros. ¿Imaginas cómo fue para ellos encontrar el sepulcro sin el cuerpo de Jesús?

Jesús confía en el plan de Dios Padre, se entrega por todos y cada uno de nosotros, sufre en su propio cuerpo el dolor de nuestros pecados, pero vence a todo ello. Tenemos en Él el mejor ejemplo de abandono, de confianza plena en Dios. Por eso, no podemos quedarnos en la tristeza e incomprensión de nuestros sepulcros vacíos, sino en la alegría de sentirnos hijos del Dios de la vida, Dios del amor. 

Que la verdad de su Resurrección nos motive a vivir como cristianos que contagien una felicidad desbordante, dando testimonio de su entrega. Dejemos que la dicha de ser testigos de la resurrección penetre hasta lo más hondo de nuestro corazón, y que esto nos sirva para encontrar la forma de llenar nuestro sepulcro vacío con su infinito amor. No se tratará de ver para creer, sino de creer en su resurrección para ver la gracia de Dios en nuestro día a día. Por ello, el Señor nos llama a levantarnos, a ponernos en camino y ser testigos de la inmensidad del amor que Dios nos tiene. Así, podremos dar testimonio de su victoria contra el mal, con la confianza de que «Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder» (1 Cor 6,14).

Equipo de Pastoral Juvenil de Huelva.

La entrada Domingo de Pascua – Ciclo A se publicó primero en Diócesis de Huelva.

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Semana Santa, de la Pasión a la Gloria

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Semana Santa, de la Pasión a la Gloria

En el semanario Fiesta digital les ofrecemos el rezo del Santo Vía Crucis en preparación a la Pasión y muerte del Señor, editado por las Ediciones Mater Christi y escrito por D. Emilio Castrillón Hernández, fundador de esta institución de Vida Consagrada.

Junto a las noticias de actualidad de las Iglesias de Granada y de Guadix, en “Mirada” pueden encontrar la información relativa a las celebraciones del Triduo Pascual en la Catedral así como los horarios litúrgicos establecidos en nuestra diócesis de Granada.

Entre otros contenidos en “Textos” les ofrecemos “El descenso del Señor al abismo”, una homilía antigua sobre el gran y santo Sábado. Texto de la Liturgia de las Horas, que será el centro de Oficio de Lectura del Sábado Santo.

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