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Domingo de Pascua de Resurrección (Liturgia del 9-4-2023)

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Primera lectura

Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos

Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37‑43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan.  Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.  Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero.  Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse,  no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.  Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.  De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Salmo responsorial

Salmo 117, 1‑2. 16ab‑17. 22‑23 (R.: 24)

R. / Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
  • «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa». No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
  • La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

Segunda lectura

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos: Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios;  aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.  Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.  Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,

los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor,

apiádate de la miseria humana

y da a tus fieles parte en tu victoria santa.

Evangelio

Él había de resucitar de entre los muertos

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.  Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».  Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.  Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro;  e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos  y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.  Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.  Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Evangelio según san Juan 20, 1‑9

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Esta es nuestra alegría: ¡Cristo ha resucitado!

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Si hermanos y amigos, con el Salmo 125, podemos decir: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Dios envió su Hijo al mundo, no para condenarnos, sino para que el mundo se salve por él (cf. Jn. 3,17).

En efecto, Cristo Resucitado es fuente de luz, de una luz reconfortante y positiva. La resurrección de Jesús muestra todo el valor de su pasión y muerte; demuestra que ésta no ha sido una derrota, sino una victoria, el triunfo del amor. El Buen Pastor ha dado su vida por las ovejas (cf. Jn. 10,11), y como el mismo dijo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos” (Jn. 15,13).

Todo lo que Jesús hizo en este mundo, los hizo por nosotros y por nuestra salvación. Durante la Semana Santa hemos contemplado, no lo que nosotros hemos hecho, sino lo que Dios ha hecho por nosotros por medio de su Hijo Jesucristo, para liberarnos del pecado y de la muerte. Ciertamente: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Con San Pedro podemos decir: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable y perpetua, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios» (1Pe.1, 3-5). Jesús Resucitado está lleno de poder, no para destruirnos por nuestras maldades, sino para concedernos la remisión de los pecados.

Es un poder de salvación, que no sólo perdona, sino que nos da la posibilidad de andar en una vida nueva (cf. Rom. 6,4). Así, renovados en la mente y en el espíritu, podemos caminar en adelante en justicia y santidad verdaderas (cf. Ef. 4,22-24). Todos estamos llamados a corresponder a esta gracia extraordinaria que hemos recibido. Como San Pablo, podemos decir: “Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo… Todo para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección” (Filp. 3,8.10).

Nos podemos preguntar: ¿Hemos resucitado con Cristo a una vida nueva? ¿Cómo saberlo? El apóstol San Juan nos da la respuesta cuando dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte… En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos(1Jn. 3,14.16).

San Pablo, en la segunda lectura de la misa del Domingo de Resurrección nos dice: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col. 3,1-2). Debamos comprender bien las palabras de Pablo: “lo de allá arriba”, no son imaginaciones o tener la cabeza en las nubes, sino “valores espirituales”.

El apóstol quiere hacernos comprender que, si hemos resucitado con Cristo, si hemos renacido a una vida nueva, no debemos buscar sólo los bienes terrenos (tener pensamientos de codicia y de satisfacciones materiales), sino que debemos ser conscientes que nuestra vida toma todo su valor de la unión con Cristo en el amor.

Buscar “los bienes de allá arriba”, significa vivir en la fe y en unión con Cristo Resucitado. Significa vivir en la caridad, en el amor divino, que nos viene del corazón de Cristo. Las realidades de arriba que debemos buscar son realidades muy concretas. Significa vivir con generosidad, con espíritu de servicio, poniendo una gran atención a las necesidades del prójimo, vivir de una manera verdaderamente digna de Cristo, que dio su vida por nosotros.

Nos decía el papa Francisco, en la Vigilia Pascual del año pasado (2022):

“¡El Señor ha resucitado! ¡No nos detengamos en torno a los sepulcros, sino vayamos a redescubrirlo a Él, el Viviente! Y no tengamos miedo de buscarlo también en el rostro de los hermanos, en la historia del que espera y del que sueña, en el dolor del que llora y sufre: ¡Dios está allí!…

A esto somos llamados, a experimentar el encuentro con el Resucitado y a compartirlo con los demás; a correr la piedra del sepulcro, donde con frecuencia hemos encerrado al Señor, para difundir su alegría en el mundo. Resucitemos a Jesús, el Viviente, de los sepulcros donde lo hemos metido, liberémoslo de las formalidades donde a menudo lo hemos encerrado. Despertémonos del sueño de la vida tranquila en la que a veces lo hemos acomodado, para que no moleste ni incomode más.

Llevémoslo a la vida cotidiana: con gestos de paz en este tiempo marcado por los horrores de la guerra; con obras de reconciliación en las relaciones rotas y de compasión hacia los necesitados; con acciones de justicia en medio de las desigualdades y de verdad en medio de las mentiras. Y, sobre todo, con obras de amor y de fraternidad”.

Si, hermanos y amigos: Aceptemos que Jesús Resucitado entre en nuestra vida, acojámoslo con toda confianza: ¡Él es la vida! Si queremos, todos podemos ser partícipes del poder de la resurrección de Cristo. Dejemos que el dinamismo de la Pascua actúe en nosotros y seremos renovados y rejuvenecidos espiritual y moralmente. Cristo está vivo y también hoy pasa, transforma y libera. Así, a través de cada uno, podrá renacer un mundo nuevo en el que el amor va venciendo el odio, el perdón va anulando los deseos de venganza y la solidaridad va derribando los muros de la indiferencia ante el prójimo necesitado.

Sí, un mundo de hombres y mujeres nuevos es posible. Un mundo en el que, para bien todos, se va haciendo realidad el Reino de Dios: “El reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia; el reino de la justicia, el amor y la paz”.

¡Que la alegría y paz de Cristo Resucitado reboce en nuestros corazones!

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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“El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco ya no en el paraíso, sino en el trono celestial”

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“El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco ya no en el paraíso, sino en el trono celestial”

Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, ha presidido en la mañana de este sábado 8 de abril, Sábado Santo, el rezo del Oficio de Lecturas y Laudes de la Sepultura del Señor, un momento de especial recogimiento en el que se contempla el Cuerpo muerto de Jesús y su descenso al lugar de los muertos en espera de su resurrección y en el silencio de quienes esperan el triunfo de la vida: Oh dolientes de la tierra, verted aquí vuestras lágrimas; en la gloria de este cuerpo serán bañadas.

Entre los textos litúrgicos leídos en el Oficio de Lectura de esta mañana se encuentra una antigua homilía antigua sobre el grande y santo Sábado de la Sepultura del Señor en el que se describe como Cristo desciende al abismo para buscar a nuestro primer padre, Adán, “como si fuera la oveja perdida” y con el que mantiene un hermoso diálogo: «Despierta, tú que duermes, levántate de
entre los muertos y Cristo será tu luz… Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial.»

Por error ha sido definido como un día alitúrgico, pues en él no está permitida la celebración de la Eucaristía. Si bien es cierto que no se celebra la Eucaristía, no existen los días alitúrgicos, pues la celebración de la Liturgia de las Horas del Sábado Santo es una expresión más de la litúrgica de la Iglesia.

La Iglesia ayuna el Sábado Santo de la Eucaristía siguiendo una antiquísima tradición que llevaba a la Iglesia a un prolongado ayuno durante todo el sábado porque “el Esposo le ha sido arrebatado”. Este ayuno concluye con la celebración de la Vigilia Pascual que, en la Catedral, tendrá lugar esta noche a partir de las 23.00 h.

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Evangelio del Domingo de Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española

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Evangelio del Domingo de Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española

Evangelio del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en Lengua de Signos Española (Juan 20, 1-9).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce: Archidiócesis de Sevilla

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Sábado Santo en espera de la Vigilia Pascual

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En la Vigilia pascual se conmemora la noche santa en la que el Señor resucitó. Durante la misma la Iglesia espera  la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana. Por eso se considera “la madre de todas las santas vigilias”. El Obispo Álvarez la preside a las 22 horas en la Catedral.

Mientras el Sábado Santo es una jornada de esperanza junto a María.  Todas las parroquias de la diócesis, mientras, se preparan para la Gran Noche de la Vigilia Pascual. Desde la puesta del sol, con la llegada de la noche, para la Iglesia ya será el Gran Domingo, el día de la Resurrección del Señor.

¿Cuál es el significado del carácter nocturno de la Vigilia pascual?

La Vigilia pascual nocturna durante la cual los hebreos esperaron el tránsito del Señor, que debía liberarlos de la esclavitud del Faraón, fue desde entonces celebrada cada año por ellos como un “memorial”; esta Vigilia era figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación.

Desde su comienzo, la Iglesia ha celebrado con una solemne Vigilia nocturna la Pascua anual. Precisamente la Resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y por medio del Bautismo y de la Confirmación somos insertados en el misterio pascual de Cristo, morimos con Él, somos sepultados con Él, y resucitamos con Él, para reinar con Él para siempre. Esta Vigilia es también la espera de la segunda venida del Señor.

Es la noche de la verdadera liberación, en la cual “rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo”.

La Vigilia pascual se desarrolla en cuatro partes: el lucernario y el pregón pascual forman la primera parte de la Vigilia. En la segunda parte la santa Iglesia contempla a través de la liturgia de la Palabra, las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo desde los comienzos. En la tercera parte, tiene lugar la liturgia bautismal o, si no hay bautizos, la renovación de las promesas del bautismo. Finalmente, la comunidad es invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo, memorial de su Muerte y Resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte).

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La Cruz del Señor, centro de las miradas de los jiennenses en este Viernes Santo

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El Viernes Santo ha comenzado, en la Catedral, con el rezo solemne de Laudes. Ya por la tarde, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de los Santos Oficios de este Viernes Santo, en la Catedral de Jaén. Una ceremonia solemne, pero con el templo en penumbra, y marcada por la sobriedad en la ornamentación del presbiterio y la mesa de altar desnuda ante la muerte del Crucificado.

Don Sebastián ha estado acompañado por miembros del Cabildo catedralicio y por los seminaristas. Al llegar al presbiterio, el  Prelado y dos canónigos se han postrado ante el altar. Los demás concelebrantes, seminaristas y pueblo fiel se han arrodillado.

Las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista José Extremera.

Después, el relato de la pasión y muerte de Cristo ha sido cantado por el canónigo D. Emilio Samaniego y los seminaristas Jesús Alonso y Daniel Cano.

Homilía
El Obispo ha realizado su predicación sentado y sin mitra. Ha comenzado recordando que «el cristianismo no nace ni se apoya en una idea o en un mensaje, sino en un acontecimiento: en lo que le sucedió a Jesús, y muy especialmente en su muerte y resurrección».

Asimismo, Don Sebastián ha subrayado que nosotros «miramos la Cruz desde la alegría de la resurrección, comprendiéndolo ya todo y sabiendo que aquel había sido el camino querido por Dios para su siervo Jesús». Para añadir: «Hoy no es un día de muchas palabras. Hemos escuchado sobrecogidos el relato de la pasión y muerte del Señor. Estamos conmovidos, asombrados de este misterio de inmenso amor que es el misterio de Dios».  

Del mismo modo ha recordado que «Jesús levantado en la Cruz es la gran manifestación del amor y del perdón de Dios, es nuestra victoria sobre el poder del mal y la seducción de todos los pecados, es la esperanza de la salvación y de la paz para todos los que lo invocan con fe y con amor». En este sentido ha insistido en que «este día está centrado en la Cruz del Señor. Es el centro de nuestras miradas. Y en cierto modo, de la humanidad entera, porque allí murió por la salvación de todos y asumió en sí mismo todo el dolor de la humanidad a lo largo de los siglos. La Cruz se ha convertido en fuerza de Dios, sabiduría de Dios, victoria de Dios».

El Prelado jiennense, además, ha apelado a la adoración y gratitud de los cristianos, de manera particular, en este Viernes Santo: «Que nuestra actitud, la actitud de todo nuestro ser, especialmente en este día, sea la de “adoración” y la de una enorme “gratitud”, pues es muy grande el precio que Él ha pagado”».

Adoración de la Cruz
Uno de los momentos de más recogimiento ha sido la adoración a la Cruz. Desde el coro, el Rector del Seminario y Canónigo, D. Juan Francisco Ortiz, junto a dos seminaristas han llevado hasta el presbiterio la Cruz para ser venerada. Se trata del Cristo de la Misericordia, una talla de Gutierre Gierero del siglo XVI.

Mientras se acercaban al presbiterio, han pronunciado tres veces, “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado la salvación del mundo”. Posteriormente, el Obispo se ha descalzado y se ha postrado ante la Cruz para adorarla. Más tarde presbíteros, seminaristas y pueblo fiel han pasado delante de la cruz para venerarla o bien tocándola y santiguándose a continuación; con una genuflexión; o con una inclinación profunda. Después se ha dado la Comunión de la reserva de ayer.

Bendición secular
Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones de la Catedral para bendecir a los jiennenses y los campos con el Santo Rostro, desde los cuatro puntos cardinales.

Mañana la Catedral acogerá la Solmene Vigilia Pascual a las 22.30 horas, presidida también, por Monseñor Chico Martínez.

Galería fotográfica: «Viernes Santo»

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El Obispo de Huelva asegura que «la libertad de expresión no puede ofender la fe de los católicos que expresan en su amor y devoción a la Santísima Virgen del Rocío»

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El Obispo de Huelva asegura que «la libertad de expresión no puede ofender la fe de los católicos que expresan en su amor y devoción a la Santísima Virgen del Rocío»

El pasado martes 4 de abril, Martes Santo, en el programa ‘Està passant’ de TV3 apareció una actriz ataviada como la Virgen del Rocío con un muñeco de bebé en brazos simulando al niño Jesús.

El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, asegura al respecto que la libertad de expresión “no puede ofender las creencias religiosas, tampoco de los católicos rocieros. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, no puede implicar el derecho de ofender el sentimiento religioso de los creyentes. Principio que vale obviamente para cualquier religión.”

“La convivencia humana -continúa exponiendo- exige un clima de mutuo respeto para favorecer la paz entre nosotros. La crítica y la burla de los católicos demuestran una falta de sensibilidad humana y puede dar lugar a provocaciones indeseables.”

Por último, el obispo de la diócesis onubense sentencia asegurando que “no es ese el camino para trabajar por curar las heridas que puedan existir en nuestra convivencia.

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“Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo”

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“Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo”

“Esta expresión que encontramos en el relato de la pasión según san Juan, la volvemos a descubrir en el último libro del N.T. Apocalipsis: “Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron” (Ap 1,7ª). Es la invitación a contemplar al que murió en la cruz, que es el mismo que vendrá como juez del mundo al final de la historia.”

De esta manera comenzaba Mons. Santiago Gómez la homilía de la Misa de celebración de la Pasión y muerte del Señor en la Santa Iglesia Catedral. El obispo de Huelva continuaba asegurando que la litúrgica de este Viernes Santo “nos invita a mirar al Crucificado. La Cruz velada se va a descubrir a los ojos de la asamblea de los fieles, con esta llamada: Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo.”

“Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua”

“El Evangelio -ha continuado explicando- subraya la solemnidad de este hecho y el testimonio del que lo cuenta, haciendo como un juramento. ¿Cómo entender el significado de este hecho? Los Padres de la Iglesia lo han relacionado con el relato de la creación de Eva a partir de la costilla de Adán: “Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla … Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Adán dijo: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! (Gén 2,21-23). La relación entre el varón y la mujer por la cual son uno del otro y uno para el otro, este modo del hombre y de la mujer se recrea en el Calvario.”

El Crucificado con el costado abierto nos revela la humanidad auténtica

Resaltaba Mons. Santiago Gómez Sierra que “Cristo muerto, abierto su costado por la lanza, nos revela la verdadera forma de ser hombre, saliendo de sí hacia el Padre y hacia los hombres. No ha querido vivir solamente para sí mismo, no ha puesto la conservación de su vida por encima de todo lo demás; sino que su vida ha sido hacer la voluntad del Padre: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34); y darnos a nosotros vida en abundancia: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10ª).”

“Jesús es el hombre verdadero, el que nos muestra la verdadera humanidad, aquel hacia el cual tiene que encaminarse la condición humana de todos nosotros a fin de llegar a su propia autenticidad. Llegar a ser cristiano es llegar a ser hombre. El costado abierto del Crucificado es el punto de partida de la verdadera condición humana: mirarán a al que traspasaron”, ha subrayado.

Miremos la Cruz y seamos testigos de Cristo Crucificado

Finalmente, D. Santiago ha invitado a orar ante la Cruz de Jesús. “Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo.

“Seamos testigos de esta forma de vivir, y así mostremos su rostro a un mundo que evita la mirada de Dios, que ve la Cruz como un signo inútil y, a veces, la elimina de los espacios públicos. Este es nuestro servicio para con todas las personas, porque todos nos encaminamos al juicio del Crucificado, hacia la hora en que nadie podrá sustraerse a su mirada”, finalizó.

Concluida la homilía, se ha llevado a cabo la oración universal que en el día de hoy ha tenido un formato muy solemne y en la que se ha pedido por la Iglesia y la unidad de sus miembros, por la conversión y evangelización de los no cristianos, los gobernantes de las naciones y los atribulados, subrayando de esta manera que el fruto del sacrificio del Señor es universal. 

A continuación, se ha adorado la Cruz como signo del triunfo de la donación y del amor supremo de Jesús. Para ello, un grupo de hermanos de la conocida como Hermandad de los Judíos, cuya sede canónica es la parroquia de Ntra. Sra. de La Merced, han portado en hombros la sagrada imagen del Cristo de Jerusalén y Buen Viaje al canto del diánoco: “Mirad el Árbol de la Cruz donde estuvo clavado la Salvación del mundo, ¡venid a adorarlo!”.

Puesto a los pies del presbiterio, los fieles se han ido acercando con un gesto de adoración y depositando su donativo en la bandeja a sus pies cuya colecta va dirigida, en esta tarde de Viernes Santo, para la Custodia de los Santos Lugares.

El altar, totalmente desnudo en este Viernes Santo, se ha vestido sencillamente con el mantel blanco para la comunión, trasladado el Santísimo desde el majestuoso monumento en el que se había hecho la reserva a la conclusión del santo oficio del Jueves Santo.

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Así se ha vivido la Celebración de la Pasión del Señor

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Tras el comienzo del Triduo Pascual con la Misa de la Cena del Señor, la Santa Iglesia Catedral ha acogido hoy Viernes Santo a las 13hrs la Celebración de la Pasión del Señor, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras esta celebración, mañana Sábado Santo culminaremos el Triduo Santo con la celebración de la Vigilia Pascual a las 23hrs.

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Viernes Santo, en la Muerte del Señor. Ciclo A. 7 de abril de 2023

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Viernes Santo, en la Muerte del Señor. Ciclo A. 7 de abril de 2023

La muerte de Jesús está llena de contradicciones y nadie esperaba tiempo atrás un final así. Su forma de vida y su mensaje cada vez fue menos entendido y más provocador para unos poderes que se unen en su contra.

Los evangelios relatan un suceso que se fue contando con matices diferentes para las distintas comunidades cristianas primitivas, pero que tiene una base común y anterior que es fruto del testimonio de quienes lo vivieron de manera presencial.
Jesús termina su vida de la peor de las maneras y de la menos sospechada para alguien en quien el pueblo confiaba y consideraba el Mesías esperado.
Su rostro es el de un Dios que por amor a la humanidad lo ha dado todo y cuyo Hijo se ha convertido en el Siervo anunciado por los profetas.

DESARROLLO
Desde que nacemos, los humanos estamos predestinados a morir. La forma de morir es lo que será diferente. Solo Dios es considerado inmortal para todos los creyentes de las principales religiones. Por consiguiente, que un hombre muera, aunque sea en plena juventud y de manera injusta, es aceptable. Pero un hombre que se ha podido considerar el Mesías, y más aún, el Hijo de Dios, si muere, y encima lo hace en una cruz, con todo el mensaje de derrota y fracaso que transmite un final así, es un fraude. Por eso la muerte de Jesús no se entendió, y tanto él como su mensaje y sus promesas se quedaron a la altura de una gran mentira.
No cabe duda que Jesús termina siendo un personaje controvertido e incomprendido y que todo ello le hace quedarse solo, abandonado de todos y con muchos frentes de enemistad abiertos, los cuales, al unirse, lo derrotan para silenciarlo de manera definitiva.
Los evangelios aseguran su arresto y ejecución, y, aunque cada uno de ellos lo expresa con detalles e informaciones que los hace diferenciarse entre ellos, hay evidencias de una base o información más primitiva y común aportada por quienes fueron testigos visuales de lo acaecido.
Esta muerte histórica se nos cuenta después del desenlace de la resurrección y con una reflexión teológica que posteriormente hace la Iglesia naciente, dándole un sentido nuevo y desde la fe a aquél que murió sacrificado por el perdón de los pecados y por la salvación de la humanidad, y que el Padre lo ha devuelto a la vida, y una vida nueva.
En su momento nadie esperaba un final así. El nazareno ha sufrido lo insoportable. Ha sentido el dolor físico de un cuerpo que se ha ido rompiendo poco a poco y tortura tras tortura. Ha sentido la traición, el abandono, el desprecio y la soledad existencial que tanto duele y que nos deja tan vulnerables. Y hasta ha experimentado el silencio de un Dios que no lo ha defendido ni lo ha salvado de las garras del odio, la persecución y la muerte.
Aún así, esta estampa del crucificado, ha enamorado y llevado a la fe a quien todo lo sucedido se lo ha explicado desde el amor de alguien que, por amor inefable y hecho obediencia, ha sido fiel hasta las últimas y peores consecuencias: perdiéndolo todo y dándolo todo.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/ 

 

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