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No podemos acostumbrarnos al sufrimiento: la Iglesia refuerza su compromiso con las personas migrantes en la Ruta Atlántica.

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La visita del Papa León XIV a Canarias pone el foco sobre una de las fronteras más mortíferas del mundo y sobre la labor de acogida, acompañamiento y esperanza que desarrollan numerosas comunidades eclesiales a ambos lados del Atlántico. Todo ello constituye una oportunidad histórica para visibilizar la movilidad humana en la Ruta Atlántica, donde miles de personas han llegado en condiciones extremas o han perdido la vida en el mar.

De esta forma, la Iglesia está presente y actúa cada día a lo largo de toda la ruta migratoria acompañando a las personas en los territorios de origen, tránsito, destino y retorno. Todo ello se concreta a través de parroquias, diócesis, congregaciones y organizaciones que acogen, protegen y acompañan a migrantes, refugiados y víctimas de trata, ofreciendo acogida, escucha, asistencia humanitaria, apoyo a la integración y acompañamiento espiritual, desde la convicción de la dignidad inviolable de toda persona.

La movilidad humana es uno de los grandes desafíos del presente, que requiere procesos de acogida integral, inclusión y convivencia, más allá de la gestión de fronteras. En este contexto se consolida la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica (REHA), que agrupa a más de 30 diócesis y organizaciones comprometidas con la acogida y el acompañamiento a lo largo de la ruta.
Como recuerda Mons. Victor Ndione, obispo de Nouakchott y presidente de la Comisión Episcopal para las Personas en Movilidad de Mauritania, la migración nos interpela a todos como Iglesia y, por ello, promueve una hospitalidad que genera encuentro, vínculos y sociedades más cohesionadas, entendida no solo como respuesta asistencial, sino como reconocimiento de la dignidad de cada persona y transformación mutua entre quienes llegan y quienes acogen.

Con todo ello, la visita del Santo Padre a Canarias se presenta como una ocasión para escuchar el sufrimiento de quienes cruzan la Ruta Atlántica y reconocer el trabajo de las comunidades que evitan que las personas queden reducidas a cifras. La REHA participará en espacios de reflexión vinculados al Simposio Internacional sobre Migraciones en Tenerife y reafirma su compromiso de cooperación entre territorios.

Así se subraya la necesidad de promover vías seguras y legales de movilidad humana, proteger derechos fundamentales, apoyar iniciativas comunitarias de acogida e integración y abordar las causas que obligan a migrar, defendiendo el derecho a no emigrar. Finalmente, la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica reafirma su compromiso de convertir la Ruta Atlántica en un espacio de solidaridad, fraternidad y futuro compartido, promoviendo la hospitalidad como expresión del Evangelio y la construcción de un mundo más humano, justo y esperanzador para todas las personas.

El Obispo de Jaén anima a rezar por la santificación de los sacerdotes en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

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La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes, una cita que tiene lugar cada año en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y que invita a todo el Pueblo de Dios a encomendar a quienes han recibido el ministerio sacerdotal para que vivan con fidelidad y alegría su vocación.

Con motivo de esta jornada, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, que se encuentra en Tenerife acompañando al Papa León XIV en su visita apostólica, ha querido dirigir unas palabras de cercanía y gratitud a los sacerdotes de la Diócesis, agradeciendo su entrega cotidiana al servicio de las comunidades cristianas y animándolos a seguir configurando su vida con el Corazón de Cristo, Buen Pastor.

“La santidad sacerdotal no es un ideal reservado a unos pocos, sino la llamada concreta que cada presbítero recibe para transparentar en su vida el amor de Jesucristo”, recuerda el Obispo, quien pide también a los fieles diocesanos que sostengan con su oración a sus sacerdotes y recen por las vocaciones al ministerio ordenado.

La Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes fue instituida en 1995 por San Juan Pablo II, coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. El Papa polaco hizo suyo el deseo expresado por la entonces Congregación para el Clero de dedicar una jornada especial a pedir por la santidad de los presbíteros, convencido de que la renovación de la Iglesia pasa necesariamente por la santidad de sus pastores.

En la carta dirigida a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo de aquel año, San Juan Pablo II escribía: “Deseo que esta Jornada ayude a los sacerdotes a vivir conformándose cada vez más plenamente con el corazón del Buen Pastor“. Un llamamiento que sigue resonando hoy y que continúa siendo renovado por el Sucesor de Pedro, el Papa León XIV.

La elección de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús para celebrar esta jornada no es casual. El Corazón de Cristo manifiesta el amor infinito de Dios por la humanidad y constituye el modelo al que está llamado todo sacerdote, servidor del Evangelio y signo de la presencia misericordiosa del Señor entre los hombres.

Monseñor Chico Martínez ha recordado, también, a los sacerdotes mayores, enfermos o que viven situaciones de especial dificultad, agradeciendo el testimonio de quienes han entregado su vida al servicio de Dios y de la Iglesia. Asimismo, ha invitado a toda la Diócesis a pedir al Señor el don de nuevas vocaciones sacerdotales “según el Corazón de Cristo”, capaces de anunciar el Evangelio con autenticidad y esperanza en el mundo actual.

En esta jornada de oración, la Iglesia de Jaén eleva una súplica especial por todos sus sacerdotes para que, fortalecidos por la gracia de Dios, sigan siendo testigos fieles de Jesucristo y servidores generosos de sus hermanos.

La Catedral de Jaén acogerá una ordenación sacerdotal el próximo 27 de junio

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El diácono, José Extremera, natural de Martos y perteneciente a la parroquia de Santa Marta de la ciudad de la Peña, recibirá el sacramento del orden sacerdotal el próximo sábado 27 de junio.

La celebración eucarística tendrá lugar en la Catedral de Jaén a las 11 de la mañana y estará presidida por Don Sebastián Chico Martínez.

Desde el Seminario de Jaén dan gracias “al Señor, el dueño de la míes y Buen Pastor, por este acontecimiento tan alegre para toda la Iglesia de Jaén, a la vez que seguimos orando para que haya jóvenes dispuestos a responder con generosidad a la llamada del Señor, rezando especialmente por los jóvenes y las vocaciones al sacerdocio”.

Extremera fue ordenado diácono el pasado mes de octubre y desde entonces desarrolla su ministerio como diácono en la parroquia de Cristo Rey de Jaén, labor que compagina con estudios en la Universidad Pontificia de Salamanca.

La invitación se hace extensiva a todas las comunidades y fieles del Pueblo Santo de Dios que camina en Jaén, invitándoles a participar en tan gran alegría para la Iglesia diocesana del Santo Reino.

Retiro de los miembros de Iglesia por el Trabajo decente

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Inicio de la jornada: fe, trabajo y dignidad humana

Entre cantos, oración, silencio y diálogo fraterno, en un retiro en la Parroquia de San Juan de la Cruz la Iniciativa Diocesana “Iglesia por el Trabajo Decente” vivió una jornada de encuentro y esperanza bajo el lema “El trabajo digno: llamada cristiana al servicio y a la esperanza”. A la luz del Evangelio y de la llamada de Dios en la vida cotidiana, los participantes reflexionaron sobre la dignidad inviolable de toda persona, recordando que su valor no depende del empleo, del salario ni de la productividad, sino de ser hija e hijo de Dios.

Tras mirar la realidad global a la luz de los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia, han reafirmado su compromiso de acompañar situaciones concretas para restaurar la dignidad e imagen de Dios en el mundo del trabajo.

La meditación puso el foco en quienes sufren el desempleo, la precariedad y la vulneración de sus derechos, invitando a mirar a cada persona desde su dignidad y no desde su utilidad. Frente a una visión que reduce el trabajo a mera rentabilidad, se reafirmó su vocación humanizadora: espacio de crecimiento, servicio y participación en la obra creadora de Dios. La jornada dejó una convicción compartida: una sociedad más justa comienza cuando se reconoce y defiende la dignidad de cada trabajador, sembrando esperanza allí donde parece faltar.

Realidades que interpelan al mundo laboral

Las aportaciones compartidas pusieron rostro a las heridas de nuestro tiempo: la incertidumbre de los jóvenes, la precariedad laboral, las dificultades de las personas migrantes, duras jornadas y falta de medios en el sector de la hostelería, la temporalidad crónica de la campaña de la aceituna, la desprotección de las empleadas del hogar, la siniestralidad laboral, el cansancio de tantos trabajadores y la creciente dificultad para acceder a una vivienda digna. Junto a estas preocupaciones, también surgieron testimonios de compromiso y solidaridad en el acompañamiento de personas migrantes, familias amenazadas por desahucios, trabajadores en situación precaria, defensores de los servicios públicos, parados de larga duración, trabajadores autónomos, bomberos que viven la precariedad ante la nueva campaña de incendios este verano, que hacen visible una esperanza que nace cuando las personas caminan juntas.

De manera especial, la reflexión se detuvo en los “cansados y agobiados” del Evangelio. En medio de estas realidades, se recordó que Cristo a través de nuestro compromiso sigue acompañando a cada persona, ofreciendo consuelo, fortaleza y esperanza para seguir adelante.

Propuestas de acción y compromiso social. Llamada cristiana al servicio y a la esperanza en la diócesis.

Lejos de quedarse en abstracciones teóricas, el encuentro concluyó con una firme hoja de ruta para que las parroquias y movimientos actúen como espacios estables de acogida, escucha y asesoramiento, nombrando responsables en cada comunidad para acompañar legalmente a los migrantes así como potenciar decididamente la Pastoral del Trabajo, sensibilizando sobre la realidad laboral y los derechos de los trabajadores Para impulsar la participación activa en esos espacios de acogida, acompañamiento, diálogo y transformación social, con el deseo de convertir la reflexión en acciones que generen cambios reales en las comunidades, los participantes han subrayado la necesidad de fortalecer la colaboración entre parroquias, sindicatos y entidades eclesiales y sociales. Los testimonios compartidos pusieron en valor la solidaridad que abre caminos de esperanza

Diálogo con el mundo sindical y defensa de la paz

La jornada reafirmó la importancia del diálogo entre la Iglesia, el mundo sindical y los agentes sociales como herramienta para defender la dignidad de los trabajadores. Asimismo, se destacó el compromiso con la paz “desarmante y desarmada” y la justicia social, que defiende el Papa León XIV, planteándose una futura reflexión sobre las implicaciones e interrogantes éticos y sociales, así como el modelo de desarrollo local que se quiere promover en relación con el Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación CETEDEX, previsto en la ciudad, cuya actividad está vinculada al ámbito militar.

Clausura y envío a la misión

El retiro concluyó con una oración compartida en la que se pidió a Dios la gracia de seguir construyendo una sociedad más justa y fraterna. Los participantes expresaron su deseo de continuar llevando la luz del Evangelio al mundo del trabajo, convencidos de que detrás de cada empleo, de cada jornada y de cada esfuerzo cotidiano hay una persona, una familia y una historia que merecen respeto, reconocimiento y esperanza. Como síntesis de la jornada, quedó una llamada firme a no permanecer indiferentes y a seguir trabajando por una cultura que ponga siempre a la persona en el centro.

Con el canto final “Id y enseñad”, recibieron el envío a ser semilla, levadura y testigo en medio del mundo, llevando allí donde haya cansancio, precariedad o desesperanza el anuncio de un Reino de amor, justicia y paz. Lxs asistentes regresaron a sus comunidades con renovada ilusión y con la certeza de que cada gesto de servicio, cada defensa de la dignidad humana y cada compromiso por la justicia son una poderosa señal de esperanza para nuestro tiempo.

María de la Cabeza peregrina a Santa Bárbara, San Agustín y San Juan de Ávila de Linares

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Del 1 al 3 de junio la imagen peregrina de la santísima virgen de la Cabeza peregrina ha hecho parada en las tres comunidades linarenses en su recorrido por la ciudad minera.

La imagen fue trasladada desde Beas de Segura donde fue recibida calurosamente por la comunidad de Santa Bárbara donde la Real hermandad de la Virgen de la Cabeza fue la encargada de preparar durante el primer día las catequesis de niños y pequeños junto con la Eucaristía y despedida hasta la parroquia de san Agustín donde fue llevada por sus hijos.

En la parroquia del santo obispo de Hipona, recibió la visita del colegio de salesianos y fieles que después de la celebración eucarística fue trasladada hasta el barrio de la Zarzuela donde fieles del humilde barrio de San Juan de Ávila la recibieron entre vivas y aplausos.

El día 3 de junio se acercaron a lo largo del día fieles y curiosos en esta histórica visita. Al finalizar la visita, fue trasladada a la parroquia de san José por costaleros del grupo parroquial que en la calurosa tarde llevaron a la Santísima Virgen con fe y devoción. Damos gracias a Dios que a través de la santísima virgen nos bendice con su presencia e intercesión y que Ella nos ayude a preparar el corazón ante el gran jubileo del 800 aniversario de la aparición de la Virgen de la Cabeza.

¡Viva la virgen de la Cabeza!

¡Viva su cofradía de Linares!

¡Viva Linares!

Comunidades parroquiales de Linares

El Obispo de Jaén continúa participando del Viaje Apostólico de Su Santidad

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El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, se trasladó el pasado martes a Barcelona junto al episcopado español, para acompañar al Papa León XIV en su viaje apostólico a España.

Monseñor Chico Martínez participó, junto a otros prelados, en la vigilia de oración celebrada en el Estadio Olímpico Lluís Companys de la ciudad condal. El hilo conductor de la tarde fue la figura evangélica de Nicodemo: como él, todos somos, dijo el Papa, «peregrinos en la noche», buscadores de verdad en medio de la oscuridad de la propia vida.

Durante este encuentro, tres jóvenes compartieron experiencias marcadas por el sufrimiento: el vacío de una sociedad que lo reduce todo al éxito y a la imagen, la depresión y el intento de suicidio, la violencia familiar vivida en la infancia y el camino del perdón. León XIV respondió a cada uno con cercanía y hondura; recordó la necesidad de cultivar una sana inquietud que impulse a buscar lo esencial, una luz capaz de iluminar el camino y responder al profundo deseo de verdad y felicidad que habita en el corazón humano.

“Jesús recoge nuestras lágrimas y el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan”. “Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar”. “No estamos llamados a juzgar las noches, sino a ponernos en camino”, afirmó el Santo Padre.

La jornada del miércoles continuó con la participación de Don Sebastián en el rezo del Santo Rosario presidido por el Papa en la Abadía de Montserrat. Durante esta oración mariana, el Sucesor de Pedro exhortó a renunciar a las palabras hirientes, al juicio precipitado, a la murmuración y a la calumnia, para abrir paso a la esperanza y a la paz. Asimismo, destacó el profundo significado de la imagen de la Virgen de Montserrat, señalando que sostiene en su mano derecha la esfera del mundo como signo de su solicitud materna por toda la humanidad. “Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división”, expresó.

Por la tarde, el Obispo de Jaén participó en la celebración de la Eucaristía presidida por León XIV en la Basílica de la Sagrada Familia. En el marco del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el Papa recordó la figura del genial arquitecto y subrayó que este templo constituye un auténtico “signo de unidad y de concordia”. “La Sagrada Familia es mucho más que un monumento: es un signo de unidad y concordia que invita a toda Cataluña a alzar la mirada hacia Dios”, afirmó León XIV.

En su homilía, el Santo Padre recordó además que la Iglesia se edifica constantemente sobre Cristo, fundamento y meta de la vida cristiana: “Todos somos piedras vivas de una obra que sigue construyéndose, con Cristo como fundamento y meta de nuestro camino”.

Al término de la celebración tuvo lugar uno de los momentos más significativos de la jornada: la bendición de la torre de Jesucristo. Con la culminación de esta torre, que alcanza los 172 metros de altura, la Basílica de la Sagrada Familia se convierte en la iglesia más alta del mundo.

La presencia del Obispo del Santo Reino en estos actos ha sido una nueva ocasión para expresar la comunión de la Iglesia de Jaén con el Sucesor de Pedro. Las palabras del Papa, centradas en la esperanza, la fraternidad, la búsqueda sincera de la verdad y la llamada a alzar la mirada hacia Dios, constituyen una invitación para todos los fieles a vivir su fe con renovado entusiasmo y a ser testigos del Evangelio en medio de la sociedad actual.

Francisco Javier Cova
Secretario particular del Obispo de Jaén

La Virgen de la Capilla volvió a congregar a los Cabildos en su día grande

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Un año más, Jaén ha renovado su fidelidad a la Virgen de la Capilla, rememorando el descenso glorioso de la Madre de Dios a la ciudad en la noche del 10 al 11 de junio de 1430. La Basílica Santuario de San Ildefonso acogió la tradicional Misa Votiva de Cabildos, el catedral y el municipal, en el día grande de Jaén.

Desde la Catedral partían en cortejo los canónigos, con el obispo emérito, Don Ramón y el Deán de las Catedrales, D. Francisco Juan Martínez Rojas, acompañados del acalde de Jaén, D. Julio Millán y otros miembros de la Corporación Municipal, en dirección a la Basílica de San Ildefonso, donde según cuenta la tradición, detuvo sus pasos la Madre de Dios en la bendita noche de El Descenso.

La Eucaristía estuvo presidida por el Obispo emérito de Jaén, Monseñor Don Ramón del Hoyo López, quien volvió presidir esta celebración once años después de haberlo hecho por última vez como Obispo diocesano, en 2015. El motivo, la ausencia del Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, que estos días acompaña a Su Santidad el Papa en su viaje apostólico por España.

Junto al Obispo emérito concelebraron numerosos sacerdotes diocesanos y miembros del Cabildo Catedral. Asistieron también representantes de la Corporación Municipal, así como otras autoridades civiles y militares de la provincia.

El Orfeón Santo Reino acompañó con sus voces la celebración eucarística

Como es tradición, antes del inicio de la celebración fue leído el relato del Descenso de la Virgen, recogido por el entonces vicario general y provisor del Obispado, D. Juan Rodríguez de Villalpando, documento que conserva el testimonio de aquellos vecinos que afirmaron haber contemplado el cortejo celestial que acompañaba a una mujer resplandeciente con un niño en brazos por las calles del arrabal de San Ildefonso.

Las lecturas estuvieron participadas por miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla, mientras que el Evangelio fue proclamado por el diácono permanente, D. Manuel Rico.

Una ciudad bajo el amparo de su patrona

Al inicio de su homilía, Don Ramón del Hoyo agradeció al Obispo diocesano la confianza depositada en él para presidir esta celebración tan querida para los jiennenses. Transmitió, asimismo, el saludo y la cercanía espiritual de Don Sebastián Chico Martínez desde su viaje junto al Santo Padre.

El Obispo emérito evocó con emoción los años compartidos junto al pueblo de Jaén y subrayó el significado especial de esta jornada, en la que la ciudad vuelve su mirada a la Virgen de la Capilla para encomendarle sus necesidades y proyectos de futuro. «Pedimos la intercesión de su Patrona Mayor por todos sus habitantes, comenzando por quienes dirigen actualmente sus destinos, nuestras autoridades, y por todos los vecinos de esta querida ciudad», afirmó.

Mons. Del Hoyo López destacó, también, la importancia de las creencias religiosas y de las tradiciones cristianas en la construcción de la sociedad. Recordó que la fe sigue siendo para muchas personas fuente de esperanza, fortaleza y sentido de vida, capaz de impulsar el servicio a los demás y el compromiso con el bien común.

Durante su predicación, el Obispo emérito invitó a los fieles a contemplar la figura de María como Madre de Dios, una de las verdades centrales de la fe cristiana. La presentó como la mujer humilde que respondió con generosidad al plan de Dios y que hoy, glorificada junto a su Hijo, continúa intercediendo por todos sus hijos.

Recordando las palabras del Magníficat y los textos proclamados durante la celebración, destacó la estrecha unión entre Jesucristo y su Madre, fundamento de la devoción que el pueblo cristiano le profesa a lo largo de los siglos.

Asimismo, evocó la imagen bíblica de la mujer vestida de sol descrita en el libro del Apocalipsis, figura que la tradición cristiana ha identificado con María, exaltada por Dios por su fidelidad y obediencia.

En la parte final de la homilía, Mons. Del Hoyo dirigió una oración confiada a la Virgen de la Capilla, poniendo bajo su amparo a los pobres, los ancianos que viven en soledad, los enfermos, quienes sufren cualquier tipo de exclusión y todos aquellos que atraviesan momentos de dificultad.

Tomando unas palabras de la reciente encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas, animó a los fieles a convertirse en «tejedores de esperanza» en medio de la sociedad, compartiendo lo que son y lo que tienen para hacer presente el Reino de Dios.

Concluyó encomendando a toda la ciudad de Jaén a la protección de su Patrona Mayor y pidiendo que la Virgen acompañe los pasos de sus hijos para que puedan ser testigos «de la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

El rector de la Basílica y párroco de San Ildefonso, D. Carmelo Zamora, en el acción de gracias posterior a la comunión, tomó la palabra para leer un texto remitido por el Prelado del Santo Reino desde Canarias, en el que se unía espiritualmente con los jiennenses en este día grande. “No puedo estar físicamente con vosotros porque me encuentro acompañando al Papa León XIV en su visita a España, hoy ya en su última etapa en Canarias, como obispo jienense y representando a nuestra querida Diócesis del Santo Reino. Está siendo una experiencia intensa de fe, de comunión eclesial, junto a Pedro, y de llamada al testimonio del amor de Cristo. Desde aquí llevo muy presente a Jaén, a nuestra diócesis y, de un modo especial en este día, a la Virgen de la Capilla y a todos sus hijos”, expresó Don Sebastián por boca de D. Carmelo Zamora.

Y añadió, “La Virgen de la Capilla, cuya fiesta celebramos hoy, está unida de manera muy profunda al alma creyente de Jaén. La tradición del descenso de la Virgen en la noche del 10 al 11 de junio de 1430, su patronazgo sobre la ciudad y la celebración votiva de los Cabildos expresan una historia de fe que no es solo recuerdo del pasado, sino compromiso vivo para el presente, enriquecido de manera especial en estos días por la visita, el testimonio y las palabras que nos está regalando el Santo Padre a todos los españoles”.

Para finalizar, evocó, “Que María Santísima de la Capilla nos ayude a vivir con fidelidad nuestra vocación cristiana; que cuide a nuestra ciudad, a sus familias, a sus mayores, a sus jóvenes, a los enfermos y a quienes más sufren; y que nos enseñe a ser una Iglesia que mira a Cristo, permanece unida y sale al encuentro de todos con esperanza”.

La celebración concluyó en un clima de profunda devoción mariana, renovando un año más el vínculo secular entre Jaén y la Virgen de la Capilla, Patrona y Alcaldesa Mayor de la ciudad.

 

Los sacerdotes jóvenes participan en la visita del Papa a Tenerife

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Un grupo de sacerdotes con menos de 10 años de ministerio (Decenio) ha participado, junto al obispo Mons. Satué, en los actos celebrados en las Islas Canarias con motivo de la visita del papa León XIV.

Ha sido un momento de acercamiento, de la mano del Papa y del Obispo, D. José Antonio Satué, «a la realidad migratoria que vivimos tan de primera mano en nuestra diócesis de Málaga y Melilla. Se trata de un acercamiento con el que expresamos nuestra comunión afectiva y efectiva con el papa León, quien ha querido recoger el testigo del papa Francisco viniendo a Canarias y Tenerife para expresar su gran preocupación por la situación de dolor que se vive en el sur de Europa», explica el sacerdote Salvador Gil, responsable del Decenio.

Estos 17 sacerdotes han vivido unos días de convivencia en los que compartir las inquietudes y los retos de su tarea, además de participar en los actos organizados con motivo de la visita del Papa, a los que también se unió el obispo de Málaga, Mons. Satué.

Juan Baena, vicerrector del Seminario, explicaba emocionado al concluir la Eucaristía que «ha sido un regalo de experiencia. Un momento muy bonito el ver cómo el pueblo de la isla se ha alegrado tanto al recibir al Papa. Un momento muy bonito también escuchar cómo el Papa ha agradecido y felicitado por la acogida a las personas inmigrantes que llegan a la isla. A todos nos ha invitado a hacer realidad ese sueño de fraternidad universal que tiene Dios para nosotros. Estoy muy agradecido por haber podido vivir esta experiencia al lado de mis hermanos sacerdotes de la diócesis de Málaga y volvemos a casa con el corazón lleno».

Con estos días de convivencia del Decenio culmina la formación permanente que ha venido trabajando durante todo el curso. En varios momentos, han profundizado en temas de interés y han compartido tiempo de diálogo y puesta en común sobre las inquietudes y dificultades en su caminar en los primeros años como sacerdotes.

El Papa, a quienes trafican y explotan a personas migrantes: «¡Deténganse! ¡Conviértanse!»

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Palabras de León XIV en el Encuentro con las iniciativas de integración de los migrantes en la «Plaza del Cristo de La Laguna»

Queridos hermanos y hermanas:

Es un gusto para mí compartir este momento con ustedes aquí, en San Cristóbal de La Laguna, sede de esta diócesis. Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta.

Quizás este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras.

El braille y demás formas de escritura táctil nos recuerdan que la palabra puede abrirse camino también por medio del contacto. Del mismo modo, la integración exige aprender a leer de otra manera. Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia. De ahí que el Evangelio nos eduque en una lectura más honda de la realidad: la que nace de la cercanía, de la paciencia y de unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos.

En las obras de integración de estos hermanos nuestros —como en toda obra de caridad— la Iglesia aprende a leer en la vida concreta de quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu un signo vivo que remite a los santos Evangelios y que se vuelve legible a través del tacto y de la cercanía, cuando palpamos las heridas de los demás. Como Tomás ante el cuerpo glorioso del Resucitado, también la Iglesia aprende que las heridas, miradas desde la fe, pueden convertirse en lugar de reconocimiento: allí donde el dolor humano es tocado con amor, Cristo nos confirma que está presente en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso y en el forastero (cf. Mt 25,35-40). De esa fe que reconoce a Cristo vivo nace también el servicio del Padre Darwin y de tantas personas. La caridad cristiana brota del amor de Dios derramado en el corazón del creyente; por eso, ante el necesitado, la fe se hace concreta y el amor a Cristo se transforma en gestos.

Desde esta convicción, nuestra presencia quiere testimoniar que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y supera toda concesión secundaria o simple obra de filantropía. Está llamada a comprometerse y a tomar forma de proceso. La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro.

Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro. A ustedes, queridos hermanos migrantes, les corresponde una parte noble y necesaria de este camino: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones.

Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás. Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia.

Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar. Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos —como en el caso de Khalid—, buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado —como nos expresaba Mbacke—. Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas.

En este sentido, deseo agradecer las palabras de Mons. Santiago y, con ellas, el testimonio de una Iglesia que, aun con medios pobres, quiere “caminar con los que caminan”. Gracias a Cáritas diocesana, a la Delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración. Gracias por hacer posible que quien un día fue acompañado pueda convertirse —como nos recordaba Thalia— en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar a tantos migrantes que, provenientes de Latinoamérica, de Filipinas y de otras latitudes, forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla. Déjense también evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a través de quienes se integran. Ellos recuerdan que integrar es abrir espacio para que una persona pueda sentirse corresponsable. Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy.

A los católicos quiero pedirles algo más: que la integración no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona. Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres.

Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.

Y desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse (cf. Mc 1,15). Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él (cf. Gn 4,10; Ex 3,7-9). El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro (cf. Jr 22,13; St 5,1-6).

Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina (cf. 2 Co 5,10). Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (cf. Is 58,6). Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión (cf. Ez 33,11).

Hermanas y hermanos, la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana. La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia Él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos.

La Sagrada Familia de Nazaret, que tuvo que migrar a Egipto para proteger la vida del Niño Jesús (cf. Mt 2,13-15), sigue siendo para todos los tiempos modelo y amparo de toda familia refugiada, de todo migrante y de toda persona que se ve forzada a dejar su tierra por miedo, persecución o necesidad (cf. Pío XII, Const. ap. Exsul Familia). Que ella sostenga el servicio que ustedes ofrecen y haga de esta tierra un lugar donde todos se reconozcan y se traten como hermanos. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.

León XIV

En Tenerife: «las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos»

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Palabras del Papa en el Encuentro con los migrantes del Centro «Las Raíces»

Queridos hermanos y hermanas: ¡Buenos días!

Agradezco las sentidas palabras que me ha dirigido la Sra. Ministra, así como el Director de este Centro.

Hoy en la Iglesia celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad.

Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor.

Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado (cf. Lc 10,25-37). Motivados por ese amor de Dios, que nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad.

En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía. Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque «pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos» (Magnifica humanitas, 81).

Queridos hermanos y hermanas, todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas.

Me ha llamado la atención el nombre de este Centro de acogida, que se denomina “Las Raíces”. A mi Predecesor, el querido Papa Francisco, que tanto anheló poder estar con ustedes, le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. «Porque el que confía en el Señor “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará frondoso” (Jr 17,8)» (Christus vivit, 133). Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor (cf. Col 2,7), para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida.

Queridos amigos, les llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones. Que Dios les bendiga, que bendiga a sus familias y a todos los que les hacen el bien. Y que la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los migrantes, les acompañe y auxilie siempre con su protección maternal.

Muchas gracias.

León XIV

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