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8 de septiembre, día de la Virgen de la Fuensanta, patrona de las Cuatro Villas y reina del Olivar

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Se ha celebrado, con inmensa alegría y devoción, el día de la Santísima Virgen de la Fuensanta. El Santuario se ha llenado de fieles y devotos venidos de nuestros cuatro pueblos para felicitar a la Madre de Dios en el día de su Natividad y compartir una jornada verdaderamente especial de fe, comunión y fraternidad.

La solemne Eucaristía ha sido presidida por el rector del Santuario, D. Juan Carlos Córdoba Ramos, y concelebrada por D. Carlos ChicoDili, vicario parroquial; D. Antonio Garrido, P. Paulino de la Orden Trinitaria; y D. David Martínez, párroco de La Puerta y Puente de Génave.

Han querido acompañar esta celebración los alcaldes de las Cuatro Villas y Corporación Municipal, Policía Local, Guardia civil, el vicepresidente del Consejo General de Procuradores, el Hermano Mayor y la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Santísima Virgen de la Fuensanta, la Unión Local de Cofradías, las Hermanas Religiosas de Cristo Rey y el coro parroquial, que con sus cantos ha embellecido aún más esta celebración.

Una Eucaristía que nos ha recordado que la Fuensanta es, ante todo, fuente de unidad. En su homilía, el párroco ha destacado cómo la Virgen de la Fuensanta convoca a la fe a los cuatro pueblos y nos reúne como una sola familia en torno a nuestra Madre.

La Fuente Santa nos recuerda dónde tenemos que beber: en Cristo, fuente de la Vida, en los sacramentos, en la Palabra y en la oración.

Y María, con sus ojos grandes y su mirada contemplativa, nos enseña también a detenernos, a mirar a Dios y a vivir desde la contemplación, recordando de manera especial el año dedicado a San Juan de la Cruz.

Este 8 de septiembre ha sido también acción de gracias por un año extraordinario para nuestra devoción a la Virgen de la Fuensanta.

Un año en el que hemos vivido momentos que ya forman parte de nuestra historia:

La participación en el Rosario Magno Mariano;

La beatificación de los mártires de las Cuatro Villas, devotos de Nuestra Señora;

La restauración integral de la Sagrada Imagen de la Virgen, después de ochenta años desde su hechura;

Y la Eucaristía de Acción de Gracias presidida por nuestro obispo, D. Sebastián, que nos ayudó a tomar conciencia de que somos Iglesia diocesana que camina unida.

Todo ello ha estado muy presente hoy como motivo de acción de gracias, fortaleciendo nuestra fe y renovando nuestro amor a la Madre de Dios.

La celebración concluyó con el Himno de la Coronación y con las palabras del Hermano Mayor, agradeciendo de corazón tantos donativos, esfuerzos y muestras de cariño y colaboración de todos los fieles y devotos.

Y después… llegó uno de los momentos más esperados: la procesión de la Santísima Virgen de la Fuensanta. Con ilusión y devoción, sus costaleros han llevado a nuestra Madre por los alrededores del Santuario, entre vítores, aplausos, cantos y alabanzas, acompañada por la música y por las voces de algunos cantantes que han puesto su arte al servicio de esta hermosa celebración.

Qué hermoso es volver a encontrarnos con Ella.

Qué hermoso es caminar juntos.

Qué hermoso es sentirnos hijos de una misma Madre. Hoy, 8 de septiembre, la Virgen de la Fuensanta ha vuelto a ser encuentro, alegría, esperanza y unidad para las Cuatro Villas.

Gracias, Madre, por reunirnos junto a Ti.

Gracias por sostener nuestra fe.

Gracias por llevarnos siempre a Cristo.

¡Viva la Virgen de la Fuensanta!

¡Viva nuestra su Santísimo Hijo!

¡Viva la Patrona de las Cuatro Villas y Reina del Olivar!

Cofradía de la Santísima Virgen de la Fuensanta

El testimonio de Alberto de Castro, miembro de Apostolado seglar, en Ecuador

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«En servirte está mi descanso y en adorarte mi premio temporal y eterno1». Estas palabras del Venerable José Gras se hacen mías al resumir mis vacaciones de este 2026. Y es que este verano ha sido poco convencional. Cuando un europeo piensa en vacaciones lo primero que se le viene a la mente es la playa, una tumbona, un chiringuito… Mi descanso estival no ha tenido nada de eso, cada día el despertador sonaba a las 5:30 y la jornada se alargaba hasta casi la media noche.

Soy Alberto de Castro, pertenezco al Movimiento Apostólico Cristo Rey, miembro de la Delegación de Apostolado Seglar de la Diócesis de Jaén, trabajo como docente en educación secundaria y tengo 36 años. He sido uno de los privilegiados en integrar una comunidad mixta en misión en El Carmen, provincia de Manabí, en el occidente ecuatoriano. Once personas hemos formado una familia, religiosas Hijas de Cristo Rey y laicos durante un mes. Nuestro hogar se enriquecía con nuestras cinco nacionalidades diferentes, siendo la comunidad un gran sustento espiritual y emocional; una red de apoyo y acompañamiento. Todo desde una vida fraterna, alegre y sencilla.

Los dos pilares que han sustentado este tiempo han sido el servicio y la oración. Ambos estrechamente unidos, recíprocamente entrelazados. Nuestra acción carecía de sentido si no iba acompañada de plegaria. El iniciar la mañana alabando al Señor con los laudes comunitarios ya nos predisponía a lo que cada jornada nos deparaba. A lo largo de un día eran varios los momentos en los que, entre tanto trajín, buscábamos fuerza y energía en Él. Lectura y oración personal, formación comunitaria, celebración de los sacramentos de la reconciliación y eucaristía… nos nutríamos de todo para la misión ad gentes. Pero de todos esos espacios reservados para la interioridad era en ese cruce de miradas, cara a cara, que se produce en la adoración eucarística donde encontraba plenitud y sentido a todo. Y es que como decía al inicio «en adorarte está mi premio».

Conforme voy tomando distancia de la experiencia brotan en mí sentimientos encontrados: Por un lado gratitud por todo lo vivido: rostros, lugares y momentos que permanecerán inmarcesibles en mi memoria. Por otro lado, desearía no haber sido testigo de algunas situaciones, formas de vida, realidades que increíblemente son el día a día de algunas personas en este siglo XXI. Pese a todo, hay esperanza. La Iglesia, en general, y las Hijas de Cristo Rey, en particular, son signo visible de que otro mundo es posible.

Antes de la experiencia, mis amigos y familiares me preguntaban «¿qué vas a hacer allí?».Y yo respondía siempre lo mismo: «estar con la gente». Y eso ha sido lo que he hecho. Unirme a la pastoral que el Instituto ya desarrolla allí y compartir con los carmenses como uno más. Ser Iglesia que acoge, acompaña, escucha… Como misioneros, hemos hecho pastoral de todo tipo: social, juvenil, educativa, vocacional, primer anuncio, discapacidad…

Al recapitular el mes, pienso en qué ha cambiado en mí la misión. Podría utilizar estas líneas para hablar de la violencia que se vive en Manabí; podría emplear estas líneas para denunciar la desigualdad social que se vive en Ecuador; Sin embargo, no voy a hacerlo. Prefiero compartir qué exporto desde Ecuador a la vieja Europa, a mi vida personal y a la Iglesia. Principalmente he traído conmigo dos deseos.

1 EB 1872, n. 9.

Mi primer deseo es de carácter social y es el concepto de «minga» una palabra que recoge la Real Academia y que etimológicamente procede del quechua y significa «reunión de amigos y vecinos para hacer algún trabajo gratuito en común». En un país tan polarizado como España deseo traer esa de idea de colectividad generosa y sociedad gratuita a Europa. Ojalá en mi país miremos más a menudo lo que nos une y nos unamos no solamente cuando juega la selección española de fútbol, sino cuando la justicia social y la dignidad humana están en juego.

El segundo deseo es la vivencia profunda de la comunión eclesial. La Iglesia ecuatoriana es poco sinodal y más clericalizada que en España, sin embargo, su vivencia de la comunión guarda un valor profético. Ante una sociedad en Europa cada vez más descreída y religiosamente plural, urge contemplar la frescura de la Iglesia ecuatoriana: un espacio donde la diócesis, la vida consagrada y los laicos caminan juntos, compartiendo mesa y misión sin protagonismos, enriqueciéndose en mutualidad y verdadera fraternidad.

Mención especial merecen los «Proyectos Hacer el Bien» que desde mi infancia han formado parte de mi vida: primero como alumno, después como profesor y siempre como miembro del Movimiento Apostólico Cristo Rey. He crecido aprendiendo que cada pequeño gesto cuenta: palomitadas, rifas, mercadillos navideños, teatros, festivales marianos… Más que actividades, son experiencias que me han enseñado a compartir, a implicarme y a descubrir que, cuando todos hacemos un poco «el Bien se multiplica». A lo largo de mi vida los «Proyectos Hacer el Bien» no solo han recibido mi colaboración, sino que también han dejado una huella profunda en mi forma de entender la solidaridad y el compromiso. Por ello, colaborar sobre el terreno con los «Proyectos Hacer el Bien» en Ecuador ha sido un sueño hecho realidad.

No puedo dejar de agradecer al Instituto Hijas de Cristo Rey su acompañamiento constante antes, durante y después de esta experiencia de fe. He regresado a España con el corazón rebosante, mi propia vida cuestionada y mi vocación reafirmada. Gracias, Señor y Rey, porque al final de estas inusuales vacaciones estivales, he regresado a casa con el corazón lleno de nombres. Solo deseo seguir encontrándote en mi acelerada cotidianidad abrumadora. Cristo reina.

 

Alberto de Castro Barrá

La Virgen de Guadalupe recibe la Medalla de Oro de Úbeda durante la celebración de la Fiesta Votiva

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El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidió ayer en la Basílica Menor de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda la Fiesta Votiva en honor de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de la ciudad.

Numerosos fieles participaron en esta celebración, en la que Úbeda renovó solemnemente su Voto a la Virgen, manteniendo así una tradición de más de seis siglos de historia y devoción.

Junto al Prelado concelebraron sacerdotes de la ciudad. También, estuvieron presentes la alcaldesa de Úbeda, Antonia Olivares; miembros de la Corporación Municipal; representantes de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe, de la Unión de Cofradías y de las distintas hermandades y cofradías ubetenses.

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la entrega a la Virgen de Guadalupe de la Medalla de Oro de la Ciudad, máxima distinción honorífica concedida por el Ayuntamiento de Úbeda, como reconocimiento al profundo vínculo que une a la Patrona con el pueblo ubetense.

Homilía

Durante su homilía, Don Sebastián destacó el significado de esta distinción y subrayó que la Medalla de Oro habla especialmente de la relación histórica y afectiva entre la Virgen y la ciudad. “En realidad, esta medalla habla más de Úbeda que de María. Habla de un pueblo que reconoce sus raíces. Habla de generaciones que han encontrado ante la Virgen consuelo en la tristeza, fortaleza en las dificultades, esperanza en la incertidumbre y gratitud en los momentos felices. Habla de un vínculo que no comenzó ayer y que no puede explicarse solamente como una costumbre”.

Asimismo, el Obispo señaló que el reconocimiento a la Patrona debe mirar hacia el futuro y convertirse en una responsabilidad para las nuevas generaciones. “Esta Medalla de Oro no puede ser solamente el reconocimiento de una historia pasada; debe convertirse también en compromiso para el futuro. Esta ciudad monumental custodia una rica tradición de fe que no solo pertenece al pasado, sino que sigue viva y fecunda en el presente, y tiene que perpetuar este legado al futuro. Que esta distinción sea el compromiso de seguir cuidando, trasmitiendo y viviendo esta fe arraigada con autenticidad y responsabilidad”.

El Pastor diocesano quiso recordar, también, que la devoción a la Virgen de Guadalupe debe conducir siempre a su hijo, Jesucristo. “El Evangelio de hoy, con esa larga genealogía de Jesús, quiere recordarnos algo importante: Dios entra de verdad en nuestra historia. Una historia hecha de luces y sombras, de fidelidades y pecados, de personas conocidas y desconocidas. Y en esa historia aparece María: «María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo». Todo conduce hasta Él. Por eso nuestra devoción a la Virgen de Guadalupe será verdaderamente cristiana si ella nos lleva a su Hijo, si nos ayuda a conocerlo, amarlo y seguirlo”.

Finalmente, Don Sebastián invitó a los ubetenses a mirar más allá del gesto simbólico de la Medalla de Oro y a colocar a Cristo en el centro de la vida de la ciudad. “Queridos hermanos: hoy Úbeda pone una Medalla de Oro sobre el pecho de su Patrona. Pidámosle nosotros a María algo todavía mayor: que ella coloque a Jesucristo en el corazón de Úbeda. Virgen de Guadalupe, Chiquitilla del Gavellar, Madre y Patrona de Úbeda: recibe hoy el cariño de esta ciudad. Acoge este voto renovado y esta medalla que tus hijos ponen sobre tu pecho. Protege a nuestras familias, acompaña a nuestros mayores, cuida a nuestros niños y jóvenes, consuela a los enfermos y a quienes viven solos, abre caminos de esperanza para quienes atraviesan dificultades. Haz de Úbeda una ciudad unida, fraterna y solidaria. Y, sobre todo, Madre, llévanos siempre hasta tu Hijo Jesucristo, porque Él es nuestra esperanza, Él es nuestra paz y Él es nuestra salvación”.

La celebración contó, además, con la participación de la Unión de Coros para la Virgen de Guadalupe y de la Agrupación Musical Ubetense, que acompañaron musicalmente la Eucaristía.

Esta Fiesta Votiva se celebra, además, en un momento especialmente significativo para la devoción guadalupana, mientras Úbeda continúa avanzando en el camino hacia la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Guadalupe.

Antonio J. Jiménez
Úbeda

Jabalquinto recibe a su nuevo párroco, D. Ángel Sigüenza

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El pasado martes, 8 de septiembre, Natividad de la Virgen María, la parroquia de Nuestra Señor de la Encarnación de Jabalquinto tuvo la inmensa alegría y el honor de asistir a la emotiva toma de posesión de D. Ángel Sigüenza Fuentes como nuevo párroco de la localidad.

La solemne celebración estuvo presidida por el Vicario Episcopal Territorial, D. Manuel Ángel Castillo Quintero, y contó, también, con la presencia de D. Fernando Ruano, sacerdote hijo de Arjonilla y que ejerce su ministerio en Bailén.

Un grupo muy numeroso de fieles se desplazaron desde Arjonilla para acompañar a D. Ángel en este día tan importante para su ministerio. Después de 18 años de entrega incondicional, servicio y cariño en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Encarnación de Arjonilla, ver cómo la comunidad de Jabalquinto lo arropa y le abre las puertas con tanta ilusión nos llena de orgullo y profunda emoción. Sabemos muy bien la gran persona y el extraordinario pastor que reciben.

¡Que el Señor y nuestra Madre bendigan siempre su labor, D. Ángel!

Texto y fotos: Juan Carlos Montilla Casado (Arjonilla)

Jornada de convivencia de las familias del diaconado permanente para comenzar el curso

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El pasado sábado 5 de septiembre, los diáconos permanentes y los aspirantes al diaconado junto con sus esposas e hijos acompañados por el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez y los sacerdotes encargados de la dirección y formación del proceso diaconal así como por algunos de sus párrocos, disfrutaron de una jornada de convivencia en la Casa de la Iglesia de Jaén donde pudieron compartir las experiencias del periodo estival y poner en común cuantas sugerencias y proyectos se consideraran oportunos para el próximo curso 2026 -27.

El encuentro comenzó en la Capilla mayor con una oración presidida por nuestro responsable de formación D. José Antonio Maroto y dirigida por coordinador de los diáconos permanentes de la Diócesis D. Francisco José Cano de Haro.

Sobre el mediodía comenzó la segunda parte del encuentro dando la bienvenida especialmente a los siete candidatos aspirantes al diaconado (*) que se incorporan este curso al proceso de formación y discernimiento, a sus esposas e hijos asistentes.

A continuación, tras las presentaciones oportunas, realizó su intervención la ponente invitada este año, Dña. Mercedes Rivera Cuello, pediatra en el Hospital Materno Infantil de Málaga y esposa del diácono permanente de esa Diócesis, D. Pedro Javier Marín Galiano, que hizo una exposición profundamente existencial sobre el itinerario personal, espiritual, familiar y eclesial, que sucede en la esposa de un diácono durante el acompañamiento del proceso vocacional de su esposo, basada en su propia experiencia como esposa de un diácono permanente, madre de tres hijos y laica comprometida en la Iglesia con distintas misiones evangelizadoras. Su disertación hizo reflexionar y recapacitar sobre las sensaciones y sentimientos encontrados que ocurrieron en su vida cuando de forma sobrevenida entró el diaconado en su casa. Sobre las responsabilidades que había de asumir al aceptar dicho acompañamiento y cual debía ser el lugar, la función y la labor de la esposa del diácono en el mundo y la Iglesia actuales.

El testimonio de fe de “Merce”, fue tan elocuente para los asistentes, que consiguió poner en el centro la voluntad de Dios para salvar todas las dudas y objeciones. “Yo fui para acompañarlo a él… y descubrí un lugar que también me estaba esperando a mí”, ese lugar no es el de una esposa colaborando en la tarea del marido diácono, sino el de dos esposos que descubren que su propia experiencia matrimonial puede ponerse al servicio de los demás como signo de comunión familiar donde el diaconado ha venido para hacer crecer la vocación compartida en el matrimonio por la acción del Espíritu Santo.

Tras un espacio para la reflexión celebramos la eucaristía en familia presidida por nuestro Obispo, Don. Sebastián Chico Martínez. Tras el Evangelio proclamado por el diácono permanente D. Pedro Javier Marín, esposo de la ponente, nuestro prelado hizo especial hincapié en su homilía en la importancia de saber atender a la vocación a la que hemos sido llamados, y cómo el diaconado ha llegado y crecido dentro de una familia, donde el matrimonio ya estaba con anterioridad, y debe servir para el fortalecimiento de la vida familiar. Se trata de dos vocaciones, una dentro de otra que se ayudan y retroalimentan en el amor para servir mejor al Evangelio.

La jornada acabó con la comida en el comedor de la Casa de la Iglesia en un entorno de convivencia y conversación distendida. Dando gracias a Dios por tan grata oportunidad concedida por su amorosa providencia quedamos emplazados para la siguiente sesión de formación.

(*) Aspirantes al diaconado permanente que se incorporan al “propedéutico” el presente curso 2026-27

CANDIDATO ESPOSA PROCEDENCIA

José Antonio Muñoz Lara Mélani Lourdes Carmona García Pozo Alcón

Evaristo Antonio Ballesteros Tribaldo Victoria de la Peña Rojas Linares

José Ramón Lerma Moreno Irene María Ortega Molina Villargordo

Nicolás Jaime López Medina Ana Belén Rus Blázquez Úbeda

Antonio Castilla Cárdenas Lidia Rull Martos Linares

Fernando Sanz del Pozo María Teresa Carrascosa López Jaén

Miguel Ángel Jiménez Villar Inmaculada Hervás Cobo Martos

Diaconado permanente Diócesis de Jaén

Fervor mariano el ocho de septiembre en Jaén

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En la Puerta de Andalucía el otoño anticipa sus primeros pasos cubriendo de luz los oteros y los campos. Septiembre despierta con un tañido de campanas sonoras, porque el ocho de ese mes no nace un día cualquiera: despunta la mañana del mundo, la aurora de la salvación que es María en su Natividad. Un eco de siglos y una misma fe inquebrantable unen en esta jornada a numerosos jiennenses que saben cantar a su Reina con la lírica honda de la tierra. Esa fecha bendita no es en las tierras del Santo Reino una simple cifra del calendario; es un festejar a la que es Causa de nuestra Alegría viniendo a nuestro entorno en pulcra candidez.

Serena contemplar las cosas en su sazón, en ese punto exacto donde la criatura rinde su alabanza al Creador a través de la armónica sencillez de las horas. Así, al clarear el alba de la Natividad de Nuestra Señora, la diócesis de san Eufrasio entera se torna una súplica callada, unánime, hilvanada por el andar pausado de los labriegos, el rumor del agua cristalina y el crujir del desvaretado. Jaén celebra en ese día con gozo inusitado el Nacimiento de María, la Virgen, sabiendo que de Ella salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Señor.

Al unísono, los carillones de Torredonjimeno despiertan la campiña evocando a la Virgen de Consolación. El amor a la que es Refugio de los pecadores es allí bálsamo para los rigores del azadón, recordatorio perenne de que la fe se nutre del abandono absoluto a la Providencia divina, de una confianza total en la Palabra del Redentor.

Cruzando los olivares que son el oro vivo de la provincia, Jimena rompe a cantar bajo el amparo de Sierra Mágina. Allí, donde la roca se hace gigante y los hilos de agua del paraje de Cánava arrullan el silencio con frescura de manantial, la piedad popular deviene misterio y huerta. La Virgen de los Remedios, admirada en su gloriosa Natividad, congrega a sus hijos en un fervor que huele a albahaca y a promesa cumplida. El crepitar áspero de la sierra se apacigua cuando Ella pasa, reflejada en el alma limpia de sus devotos, recordándoles que la santidad es siempre un nuevo amanecer.

La Yedra vibra con la Virgen del Rosel nimbada de una majestad que es, a la vez, pura docilidad evangélica. El olivarero entiende que en esos ojos hermosos de la Madre se refleja el amor entrañable a Jesucristo. Imitar a María en esa pedanía baezana es revestirse de una finura de espíritu que no pasa de largo ante el dolor ajeno, es traducir la plegaria en platos de comida para el hambriento y en hombros dispuestos a cargar con la pena del vecino.

Luego se divisa Úbeda, la urbe monumental que ensalza a la Virgen de Guadalupe en la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. La Chiquitilla del Gavellar recorre la ciudad vistiendo un traje de níveo candor. Ante su planta, las almas renuevan su compromiso. Es allí, en el secreto de la oración vespertina, donde se fragua la verdadera imitación de Nuestra Señora: un entusiasmo que no merma ante las tempestades del mundo y un amor apasionado al Hijo que nos urge a ser antorchas de servicio fraterno.

Bajo el azul nítido de Torreperogil, la Virgen de la Misericordia no es una imagen: es un jardín cerrado donde germina el amor divino y toda virtud tiene su flor. De mañana, la Parroquia de Santa María la Mayor rebosa en un silencio que ora, en un asombro desbordante. La procesión de la que es Reina de la familia en la tarde es una danza sagrada de lo invisible hecho carne. Al asomar la Señora por el dintel, el pueblo entero suspira con un lirismo acendrado que hiere el aire. En el Paseo del Prado, los vítores no son ruido, sino saetas de júbilo inacabable. En ese enclave de La Loma se sabe que creer es ver en lo oscuro; por eso, su fiesta patronal es la victoria de la verdad divina sobre la sombra del olvido.

Vilches se cobija en el regazo amoroso de Nuestra Señora del Castillo. En esa localidad la religiosidad mariana se empina buscando el cielo. El caserío blanco parece trepar ansioso por el cerro, bastión que se ensancha en un horizonte de mansedumbre inmarcesible. Desde su santuario la mirada de la Rosa mística se posa sobre el pueblo como una fragancia que embelesa. Subir a su encuentro es ascender por la escala de la contemplación, sintiendo que en cada vilcheño palpita un cariño agradecido que aclama a la Flor de las flores en su dichoso nacimiento.

Navas de San Juan resplandece con la llegada de la Virgen de la Estrella a su ermita de los Llanos. El honrado labriego Juan, que la vio aparecer en los siglos medievales, sigue estando vivo en cada agricultor que hoy aúpa sus ojos escudriñando una guía en las noches de incertidumbre. Nuestra Señora acrecienta la confianza que no defrauda cuando las cosechas menguan o el granizo destroza el duro trabajo de meses. Ella anima a no desfallecer, a mantener la lámpara encendida de una fe operativa que se traduce en obras de misericordia.

A pocos kilómetros, Castellar reza a la Virgen de Consolación. El canto resuena entre los muros del templo con una fuerza vigorosa. Del Magnificat aprende que Dios no olvida a los pobres, que derriba a los potentes y soberbios y exalta a los débiles. Los fieles, al vislumbrar a su patrona, se comprometen a ser como María manos para socorrer al desamparado, corazón generoso que late junto al enfermo y el anciano.

Cerca de allí, Chiclana de Segura eleva su silueta rocosa hacia el cielo como un altar de piedra viva. Desde el paseo del Trascastillo, los labios de esa noble villa honran a la Virgen de Nazaret. En su rostro asoma la esperanza de los indigentes, la certeza de que Dios se complace en la pequeñez de los humildes y en la fidelidad de los sencillos.

En Villanueva del Arzobispo, la Reina de las Cuatro Villas, Nuestra Señora de la Fuensanta, regala caudales de clemencia. El fiel devoto, de hinojos sobre las piedras de su santuario, contempla ese hontanar de gracia que nunca cesa y cuyo caudal invita al incremento de una caridad evangélica que debe inundar plazas y casas, aliviando fatigas y preocupaciones. En esa comarca no se advierte una piedad de relumbrón ni de adorno. Como el labrador no ignora que la tierra sin humedad se agosta, los que veneran a la que es Casa de oro son conscientes de que quien no auxilia al hermano desvalido se vuelve un páramo estéril.

Remontando los senderos roturados, donde los pinos escoltan los olivares, Génave y Torres de Albanchez se hermanan bajo el patronazgo de la Virgen del Campo. Qué nombre tan atrayente, qué título tan pegado al surco y a la besana. Los labradores de la Sierra de Segura le cantan a la que es Torre de marfil con una voz que tiene el temblor del viento en las ramas. Le piden el sustento de cada día, pero, por encima de los bienes del troje, le imploran la renovación de una vida cristiana que a veces se adormece con la rutina de las estaciones. En estas alturas la devoción mariana se hace paisaje; mirar en aquellos lares a la Inmaculada es aprender de Ella a servir al necesitado que no tiene qué llevar a su mesa, es activar esa ayuda desinteresada que convierte cada hogar en un hospital de amor.

El ocho de septiembre en Jaén es, en fin, una inmensa liturgia de perfumado incienso. Sus buenas gentes, de semblantes tranquilos, corean a María no para pedir milagros pasajeros, sino la dádiva de una vida nueva. Que esta festividad mariana no pase en balde por los campos jiennenses; que el abanico de las advocaciones de la Madre de Dios en su Natividad inflame en cada pecho el fuego de una compasión evangélica que no conoce fronteras. Que la fe de Jaén sea, como la de la Virgen, un sí perenne al Dios que salva a los hombres desde la simplicidad de un pesebre y la entrega absoluta de la cruz.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

 

La Virgen de la Cabeza Peregrina visita la provincia de Málaga

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La Imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza ha visitado la provincia de Málaga. Antequera fue la primera parada de la Misión Mariana que recorrió distintos lugares de la provincia con motivo de la celebración del VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza, una iniciativa promovida por la Hermandad de la Virgen de la Cabeza de Málaga, bajo la dirección de los Padres Trinitarios.

El sentido de esta Misión ha sido acercar la Virgen a sus devotos, especialmente a quienes por la distancia, por las circunstancias personales o por el paso de los años no pueden acudir con la frecuencia que quisieran hasta su Santuario. Por eso, durante estos días, la Imagen Peregrina hizo el camino contrario: fue Ella quien salió de Sierra Morena para encontrarse con quienes mantienen viva su devoción en la provincia de Málaga.

Y la respuesta encontrada en Antequera ha sido significativa.

La mañana del domingo 16 de agosto comenzó con la llegada de la Imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza a la Parroquia de la Santísima Trinidad. La acogida reunió a numerosos fieles y a representantes de las hermandades y cofradías antequeranas.

El templo se fue llenando hasta quedar prácticamente completo para la celebración de la Eucaristía oficiada por el Rvdo. Padre Vicente Elipe. Junto a los fieles de Antequera participaron también devotos llegados desde otros puntos de la provincia, entre ellos Teba y Archidona, así como de Benamejí (Córdoba), que quisieron acompañar a la Imagen Peregrina en esta primera jornada de la Misión.

La celebración contó con la participación de las distintas hermandades y representaciones cofrades de la ciudad y con la presencia de autoridades municipales, entre ellas el alcalde de Antequera, D. Manuel Barón, y la concejala Dña. Elena Melero.

La Eucaristía estuvo acompañada musicalmente por la Banda Zamarrilla Romera, mientras que el Coro Virgen de la Cabeza de la Parroquia de la Santísima Trinidad puso su voz a la celebración.

Entre quienes llenaron la Trinidad había muchas historias diferentes. Devotos que conocen la Virgen desde siempre, personas que han acudido durante años a Andújar, vecinos que conservan la devoción transmitida por sus mayores y también quienes, por nacimiento, por familia o simplemente por haber encontrado en la Virgen un motivo de fe, mantenían una relación estrecha con Ella.

Algunos tenían sus raíces en la provincia de Jaén y otros guardaban el recuerdo de padres, madres o abuelos que les enseñaron a querer a la Virgen de la Cabeza. Para otros, la devoción se había ido construyendo con sus propias experiencias.

En todos ellos había un denominador común: la Virgen formaba parte de sus vidas aunque no siempre resultara posible ir hasta Ella.

Por eso la Misión Mariana tuvo aquí todo su sentido.

Tras la Eucaristía, la programación llevó a los participantes hasta el Museo de la Ciudad de Antequera. Allí pudieron conocer el antiguo estandarte de la Virgen de la Cabeza, fechado en 1591, uno de los testimonios que permitían situar la presencia de esta devoción en Antequera desde hacía más de cuatro siglos.

La pieza, de carácter renacentista, conservaba la representación de la Virgen y elementos vinculados a la propia ciudad. Su contemplación permitió recordar que la relación de Antequera con la Virgen de la Cabeza no comenzaba con la llegada de la Imagen Peregrina en nuestros días. Existía una historia anterior, documentada ya en el siglo XVI.

La visita cultural sirvió así para acercarse durante unos minutos a aquella antigua hermandad antequerana que dejó en este estandarte uno de los testimonios más valiosos de su existencia.

El recorrido continuó hasta la iglesia de San Juan Bautista, donde los participantes en la Misión Mariana pudieron conocer la antigua imagen de la Virgen de la Cabeza vinculada a la primitiva hermandad de Antequera y procedente de la antigua ermita de La Rábida.

San Juan era, además, un lugar especialmente importante para la ciudad. En este templo recibía culto el Santísimo Señor de la Salud y de las Aguas, Patrón de Antequera.

Y allí tuvo lugar uno de los gestos más emotivos de la jornada. La Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas entregó a la Imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza su Medalla de Honor, que la Virgen llevaría durante el resto de la Misión Mariana.

Una medalla que, más allá de su valor material, representaba el vínculo creado entre la Hermandad del Patrón de Antequera y la Virgen de la Cabeza durante esta visita.

La programación continuó con los actos de convivencia y con un Almuerzo fraterno, y posteriormente, con la visita a la Virgen de los Remedios, Patrona de Antequera, hasta su camarín.

De regreso en la Parroquia de la Santísima Trinidad, la Imagen Peregrina permaneció durante la tarde para la veneración de los fieles.

Numerosas personas fueron acercándose a lo largo de las horas para estar junto a Ella, rezar y venerarla. La tarde permitió vivir la visita de una manera más íntima, con el continuo ir y venir de devotos que encontraban unos minutos para detenerse ante la Virgen.

La mañana del lunes 17 de agosto sirvió para poner el punto final a la estancia de la Imagen Peregrina en Antequera.

Desde primera hora, la Parroquia de la Santísima Trinidad volvió a recibir a los devotos que quisieron acercarse para despedir a la Virgen. Durante la mañana se celebró un tiempo de veneración, acompañado por el rezo del Ángelus y del Santo Rosario.

Finalmente, tuvo lugar la oración de despedida y acción de gracias por la visita de la Imagen Peregrina a nuestra ciudad, poniendo fin a estos dos días en los que Antequera volvió a encontrarse con una advocación profundamente arraigada en la memoria de la ciudad.

La despedida puso fin a la primera etapa de esta Misión Mariana, pero no al sentido de la iniciativa. La Imagen Peregrina de la Virgen de la Cabeza continuó recorriendo la provincia de Málaga, acercándose a otros lugares y a otros devotos con el mismo propósito con el que llegó a Antequera: hacer posible que la Virgen saliera al encuentro de quienes la llevaban en el corazón.

La Misión Mariana continuó por distintos puntos de la provincia y concluyó el 23 de agosto en Málaga capital, donde tuvo lugar la jornada de clausura y el encuentro con Santa María de la Victoria, Patrona de Málaga y su Diócesis.

Para el Grupo de Fieles Virgen de la Cabeza de la Parroquia de la Santísima Trinidad de Antequera, la visita tiene además un significado especial. La llegada de la Peregrina supone un importante respaldo al trabajo que vienen desarrollando y un estímulo para continuar trabajando en nombre de la Virgen y seguir dando a conocer esta devoción en Antequera.

La primera parada de la Misión Mariana ya forma parte de la historia de este recorrido. Y quizá lo más significativo sea que, durante unas horas, muchos devotos no tuvieron que buscar el camino hacia la Virgen.

Fue la Virgen de la Cabeza quien hizo el camino hasta ellos.

La respuesta de los fieles, con el templo lleno durante la celebración y la continua presencia de personas ante la imagen a lo largo de la jornada, supuso para ellos un estímulo para seguir adelante.

Ángel Pérez Reina
Grupo de fieles Virgen de la Cabeza
Parroquia de la Stma. Trinidad de Antequera

La Pastoral Penitenciaria de Málaga prepara las celebraciones de la Virgen de la Merced

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La Pastoral Penitenciaria de Málaga prepara las celebraciones de la Virgen de la Merced

La Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Málaga se prepara para celebrar, el próximo 24 de septiembre, la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona y protectora de las personas privadas de libertad y del mundo penitenciario. El delegado diocesano de Pastoral Penitenciaria, el trinitario Pedro Fernández Alejo, destaca el significado de esta celebración como una oportunidad para vivir la fe y la esperanza dentro de las cárceles.

La Pastoral Penitenciaria de Málaga prepara las celebraciones de la Virgen de la Merced
Celebración de la Eucaristía en la cárcel de Alhaurín con motivo del día de la Merced

«Ya metidos en el mes de septiembre la Pastoral Penitenciaria, a nivel nacional, se embarca en la maravillosa aventura de proponer, como guía y modelo de fe y esperanza, a los presos y presas, a la Santísima Virgen de la Merced», explica el también capellán del Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre Pedro Fernández Alejo.

Además de la cárcel de la Ciudad Autónoma de Melilla, la diócesis de Málaga cuenta con tres centros penitenciarios: Málaga I, en Alhaurín de la Torre; Málaga II, en Archidona; y el Centro de Inserción Social “Evaristo Martín Nieto”, destinado a personas en tercer grado penitenciario. Según el delegado diocesano, la población penitenciaria de estos centros «ronda en torno a las 1.800 personas». Hay que añadir, asimismo, el centro penitenciario de la Ciudad Autónoma de Melilla.

La atención pastoral se desarrolla con la participación de tres capellanes trinitarios y treinta voluntarios, que acuden semanalmente a los centros de Alhaurín de la Torre y Archidona. En este último centro, además, existe un equipo integrado por el capellán y cinco voluntarios procedentes de Antequera, junto con otros cuatro voluntarios que participan desde Málaga.

Fernández Alejo explica que la labor de la Pastoral Penitenciaria se fundamenta especialmente en el encuentro personal con los internos: «La misión evangelizadora se realiza desde el encuentro personalizado con cada interno que lo desee en cada módulo; el diálogo, la escucha, la acogida, realizada desde un talante evangélico, genera un clima de confianza y un despertar a los sentimientos humanos y religiosos más profundos».

Esta labor tiene también una dimensión celebrativa y formativa. «Esta misión humanizadora y evangelizadora se celebra también en las eucaristías semanales, en la apertura al perdón y la reconciliación, por medio de la oración, la lectio divina, la formación en valores humanos y cristianos», señala el delegado.

Celebraciones en Archidona y Alhaurín de la Torre

Con motivo de la festividad de la Merced, la Pastoral Penitenciaria de Málaga ha organizado dos celebraciones en los centros penitenciarios. La primera tendrá lugar el sábado 19 de septiembre en la cárcel de Archidona, con la presencia del obispo de Málaga, José Antonio Satué. El sábado 26 de septiembre se celebrará la Eucaristía en el centro penitenciario de Alhaurín de la Torre.

Una semana para sensibilizar sobre la realidad penitenciaria

Junto a las celebraciones de la Merced, la Pastoral Penitenciaria mantiene también su tradicional Semana de Pastoral Penitenciaria, una iniciativa de ámbito nacional destinada a promover la sensibilización de las comunidades cristianas hacia las personas privadas de libertad.

El objetivo, según explica el delegado, es «sensibilizar y motivar a los cristianos desde las parroquias y la diócesis, para vivir el compromiso evangélico de sentir a los presos como algo propio de la comunidad cristiana, reconociendo a Cristo en cada uno de ellos».

La iniciativa parte de las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio: “estuve preso y vinisteis a verme”. El lema elegido para esta Semana de reflexión, oración y sensibilización será: “Cristo sacramento del encuentro con los presos. Alzad la mirada, se acerca vuestra liberación”.

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Las Hermanas Pobres ofrecerán arroz y refrescos en la romería de la Fuensanta

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Las Hermanas Pobres ofrecerán arroz y refrescos en la romería de la Fuensanta

El próximo martes, 15 de septiembre, durante la romería de la Virgen de la Fuensanta, las Hermanas Pobres de Algezares ofrecerán a los romeros refrescos, empanadillas y arroz para conseguir así donativos para la puesta en marcha de la casa de espiritualidad que gestionarán junto al santuario de la Morenica. «Montaremos lo que a nosotras nos gusta llamar la barraca de la Morenica, una parada obligatoria para todos los que participen el martes en la romería», explica la abadesa de las Hermanas Pobres, sor Leonor Sánchez.

Está previsto que las obras para acondicionar el antiguo monasterio de las Benedictinas (junto al santuario de la patrona de Murcia) comiencen a final de este mes. «Queremos que este sea un lugar en el que todas las personas se sientan acogidas, al amparo de la Madre. Esa es nuestra misión: acoger y escuchar a quien lo necesite. Una casa para descansar el corazón», destaca la abadesa.

Para recoger donativos que ayuden a este proyecto, las Hermanas Pobres han habilitado un espacio en su página web.

Por decisión del obispo de Cartagena y del Cabildo de la Catedral, desde enero de 2025, las Hermanas Pobres están al cuidado del santuario de la Virgen de la Fuensanta, sustituyendo a las Benedictinas que cerraron su comunidad en Algezares ese mismo mes por falta de vocaciones.

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Mons. Ramón Valdivia presidirá la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz

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Mons. Ramón Valdivia presidirá la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz

El próximo lunes, 14 de septiembre, la Iglesia celebra la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, Titular de la Catedral de Cádiz. Con tal motivo, a las 09.30 horas el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, presidirá la ceremonia, concelebrada junto a miembros del Cabildo Catedral, en el Coro de la seo gaditana.

Durante todo el día estarán encendidas 12 velas que indican las 12 cruces donde fue ungida por el Santo Crisma la Catedral de Cádiz, en 1838 por el obispo Fray Domingo de Silos Moreno.

Esta fiesta, de gran tradición litúrgica, ya se celebraba en Jerusalén en el siglo V.  Según las crónicas , la Santa Cruz fue hallada por Santa Helena el 14 de septiembre del año 320, y en la misma fecha, del año 335, fue bendecida y dedicada a la basílica de la Santa Resurrección, también conocida como el Santo Sepulcro, en Jerusalén. Más tarde en 1262, el día 14 de septiembre, Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla y León, entró en Cádiz devolviéndola a la cristiandad. Como recuerdo de este hecho, mandó a construir una iglesia en honor de la Santa Cruz, que el Papa Urbano IV elevó a Catedral cuando trasladó la sede episcopal de Medina Sidonia a Cádiz.

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