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Sagrado Corazón de Jesús, parroquia de la Concepción Inmaculada, Sevilla

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Sagrado Corazón de Jesús, parroquia de la Concepción Inmaculada, Sevilla

Celebramos este año el 125 aniversario de la consagración de la Archidiócesis de Sevilla al Sagrado Corazón de Jesús, que tuvo lugar en 1898 por iniciativa del entonces cardenal de Sevilla, el beato Marcelo Spínola. Con motivo de esta efemérides, el próximo 18 de junio se celebrará una Eucaristía en la catedral para la que será trasladada la imagen de la parroquia de la Inmaculada Concepción del barrio de Nervión.

El Corazón de Jesús es un concepto teológico muy hermoso, profundo y devoto que hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, pero que iconográficamente hablando la mayoría de las representaciones de este misterio cristológico han resultado fallidas, mostrando una imagen de Cristo dulcificada, que surge durante la segunda mitad del siglo XVIII en Francia. Precisamente la imagen que hoy presentamos, la que se venera en la parroquia de la Concepción Inmaculada de Sevilla, es uno de los mejores y más logrados iconos del Corazón de Cristo.

Es obra del escultor e imaginero umbreteño Antonio Illanes (1901-1976), cuya firma aparece en la peana, quien, alejándose de las mediocres representaciones del Sagrado Corazón de Jesús, acerca esta iconografía a la rica tradición de la escultura de la escuela sevillana, reconocible sobre todo en la calidad del modelado, de la policromía y del estofado, la unción del rostro y la belleza de todo el conjunto.

Encargado por la hermandad un año antes, la imagen fue bendecida el 4 de junio de 1944 por el arzobispo emérito de Lima, monseñor Emilio Juan Francisco Lissón y Chávez.

Illanes representa al Sagrado Corazón como una imagen de Cristo itinerante, acercándose a los fieles con sus brazos abiertos en actitud de acogida a todo aquel que lo contempla, como diciéndole: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

A la vez esta apertura de los brazos, unida al adelanto de la pierna izquierda con respecto a la derecha, dotan al conjunto de un movimiento contenido y elegante, reforzado por la leve inclinación hacia el lado derecho de su cabeza. Viste una túnica dorada que se abre a la altura del pecho dejando así ver su corazón llameante, que aparece rodeado de la corona de espinas, como describió santa Margarita María de Alacoque, quien a partir de 1673 comienza a tener visiones en las que Jesús le pide que propague la devoción a su Sagrado Corazón, el cual se le muestra “radiante como el sol, con la adorable herida, rodeado de espinas y coronado por una cruz y apoyado sobre un trono de espinas“.

Es en el rostro donde Antonio Illanes consigue la excelencia de esta imagen, consiguiendo superar los esquemas de las imágenes de esta advocación realizadas en serie al mostrar un semblante lleno de unción, que combina fuerza y dulzura.¡

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Consagración al Sagrado Corazón

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Consagración al Sagrado Corazón

Celebramos en nuestra Santa Iglesia Catedral la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús con motivo del 125 aniversario de la consagración de Sevilla al Corazón de Cristo y del 75 aniversario de la edificación y bendición del monumento al Sagrado Corazón de San Juan de Aznalfarache. Fue en el año 1898, cuando el beato Marcelo Spínola consagró la Archidiócesis de Sevilla.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús surge en Francia, en Paray Le Monial, con las apariciones de Nuestro Señor a la religiosa de la Visitación santa Margarita María Alacoque (1647-1690).  Dichas revelaciones pondrán énfasis en el sentido de la reparación, que posteriormente los teólogos desarrollarán y explicarán, y a la vez se multiplicarán las cofradías que ayudarán a muchas personas a vivir esta espiritualidad que subraya el amor de Cristo; en las revelaciones también se le urge para que promueva la institución de una fiesta del Sagrado Corazón.

Un siglo después, en 1765, la Santa Sede autorizó a los obispos polacos y a la archicofradía romana del Sagrado Corazón la celebración de dicha fiesta. Pero no sería hasta el año 1856 cuando el papa Pío IX estableció el culto universal de esta fiesta, extendiéndola a toda la Iglesia Católica e incrementándose de manera notable su arraigo y popularidad. El culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús se convertiría así en la segunda parte del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX en una de los elementos más destacados y fecundos de la piedad de todos los miembros de la Iglesia, pastores y fieles. Si repasamos las biografías de los santos y fundadores de la época citada, así como el arte y la literatura, encontraremos numerosas pruebas.

La devoción al Sagrado Corazón es devoción a la persona de Cristo mismo. El corazón representa el ser humano en su totalidad, es el centro de la persona humana, el que le da unidad. El corazón de Cristo es el símbolo del amor de Dios revelado en Cristo y manifestado sobre todo en su pasión. El símbolo de ese amor es el corazón de Cristo herido por nuestros pecados. En el Antiguo Testamento encontramos ya la revelación del amor de Dios, del corazón de Dios, y el Nuevo Testamento lo manifiesta en plenitud. San Juan afirma: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó por él a su Hijo único” (Jn 3,16). El amor de Cristo por el Padre y por la salvación de los hombres, lo llevará a morir en la cruz. Él mismo declara: ” Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

El sufrimiento y la muerte en cruz de Jesús son una muestra de su inmenso amor por nosotros. San Pablo vivió una experiencia de encuentro con Cristo que le cambió el corazón, la vida entera, y no dejaba de maravillarse pensando en el amor de Cristo: “pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5,8). San Pablo experimentó ese amor en un nivel tan profundo y radical, que llegó a exclamar: “vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).

Hoy es un día de fiesta grande para toda la familia diocesana. Renovamos y actualizamos nuestra consagración al Sagrado Corazón de Jesús grabando en el corazón y en el entendimiento su teología y  espiritualidad, bellamente recogidas en el prefacio de la Misa: “El cual, con amor admirable, se entregó por nosotros y, elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia, para que así, acercándose al Corazón abierto del Salvador, todos puedan beber siempre con gozo de las fuentes de la salvación”. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

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La Guardia de Honor del Sagrado Corazón contempla el corazón de Cristo traspasado por la lanza

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La Guardia de Honor del Sagrado Corazón contempla el corazón de Cristo traspasado por la lanza

La guardia de honor es la reunión de fieles cristianos (laicos, religiosos, sacerdotes) que practican la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, según la espiritualidad de santa Margarita María de Alacoque.

La hora de guardia u hora de presencia, consiste en ofrecer las obras de una hora del día con el deseo de consolar al Sagrado Corazón. Cada miembro o asociado de la Guardia de Honor, elige la hora del día durante la cual ofrecerá sus ocupaciones ordinarias: “Todo por amor, nada por obligación”.  La hora de guardia o de presencia puede hacerse frente al Santísimo. Pero también en cualquier otro lugar, en la casa, en la oficina, en el colegio, haciendo deporte, de paseo.

En la Archidiócesis de Sevilla, concretamente en el monasterio de la Visitación de la Virgen María, son las hermanas salesas las responsables de la Guardia de Honor, a la que se han consagrado más de 500 personas en los últimos años.

“Nosotros nos sentimos comprometidas como miembros de la orden de la Visitación a cumplir este encargo por parte del Sagrado Corazón a santa María Margarita de Alacoque y, uno de los instrumentos eficaces es la Guardia de Honor”.

Son 17 hermanas las responsables de la Guardia de Honor y sirven de custodia de la devoción revelada a santa María Margarita de Alacoque, sobre dar a conocer en el mundo el fervor hacia el Sagrado Corazón de Jesús.

Oración del corazón

El apostolado de la Guardia de Honor es espiritual y se fundamenta en el monte Calvario, “donde contemplamos el corazón de Cristo en la lanzada, conscientes de que se dejó traspasar para redimirnos y merecernos la vida eterna. Por nuestra parte, tratamos de corresponder a su amor con nuestro amor, rindiéndole gloria, amor y reparación”.

Desde la Guardia de Honor se proponen dar satisfacción a una queja que expresó el Sagrado Corazón a la santa fundadora: “Busqué quien me consolara y no lo hallé”. Fue esa petición la que movió a la hermana María del Sagrado Corazón a fundar la Guardia de Honor, el 13 de marzo de 1863. Los estatutos de dicha agrupación fueron aprobados por la Iglesia.

Amor sin límite

“Es una práctica piadosa que está abierta a todos: seglares, religiosas, sacerdotes. El Sagrado Corazón nos abraza a todos. Él no tiene límite y a través de esta devoción tratamos de dar a conocer el amor, la misericordia y el perdón de Jesús traspasado”.

Los miembros eligen una hora para ofrecer en esos sesenta minutos, tiempo y compañía al Sagrado Corazón, “a veces, sin necesidad de trasladarse a un templo, si no, desde nuestro día a día y desde nuestra cotidianidad. Lo que estemos haciendo esa hora que elegimos, se lo ofrecemos a Jesús con mucho amor para consolarlo. Nuestro deseo es que Jesús halle en cada guardia, en cada grupo y persona que se consagre eso que no halló cuando lo buscó y que son sus consoladores”.

Cuando llegue la hora de cada guardia de honor, “éste se une espiritualmente al propio sagrario que es el corazón humano, se une, siempre en estado de gracia, a cada eucaristía que se esté celebrando en el mundo entero”.

Apostolado eucarístico

“¿Dónde, sino en la Eucaristía, encontramos hoy el corazón de Jesús, vivo y palpitante? Jesús está vivo en cuerpo, sangre, alma y divinidad en cada hostia consagrada. De allí que tratamos de crear conciencia en todas las personas sobre la adoración eucarística, porque allí está Jesús esperando nuestra presencia, compañía y amor”.

Sobre la espiritualidad de santa Margarita María de Alacoque, las salesas destacan “el celo, interés y empuje con la que ella quiso llevar a cabo y cumplir la misión encomendada por el Señor. Estando en la clausura se dispuso a dar a conocer el amor y devoción hacia el Corazón de Jesús, afrontando dificultades e incomprensiones”.

En España, “Él prometió reinar de una manera muy particular y esa promesa se evidencia en la fidelidad y compromiso de los miembros de la guardia de honor. Tenemos que darle cabida a ese deseo del corazón de Cristo, incluso disponiendo a los más pequeños, a alimentarse desde su corta edad del amor de Dios”.

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Evangelio del XI Domingo de Tiempo Ordinario (ciclo A) en Lengua de Signos Española

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Evangelio del XI Domingo de Tiempo Ordinario (ciclo A) en Lengua de Signos Española

Evangelio del XI Domingo de Tiempo Ordinario en Lengua de Signos Española (Mt , 36—10,8).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

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Sagrado Corazón: signo de misericordia de Dios

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La Iglesia celebra, el viernes después de la Octava del Corpus, la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a Santa Margarita María de Alacoque, a la que el 16 de junio de 1675 se apareció Jesús mostrándole su corazón rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la que brotaba sangre y del interior salía una cruz. El Señor dijo a Santa Margarita “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio, de la mayor parte de los hombres recibo ingratitud, irreverencia y desprecio”. No obstante, la historia de esta devoción se remonta al Antiguo Testamento, donde el profeta Ezequiel 36:26 nos dice “Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos y los pongáis por obra”.

La devoción al Sagrado Corazón se refiere a los sentimientos de Jesús, principalmente a su amor y se remonta a los inicios de la Iglesia. El corazón es el símbolo del amor humano y la certeza de nuestra fe es que Dios nos ama con un corazón transparente que se alegra, sufre y se emociona con cada uno de nosotros. El Papa Francisco pide al Señor “que haga nuestros corazones semejantes al suyo: humildes, misericordiosos y perseverantes en el amor, en la oración y en las buenas obras”. El Santo Padre recuerda que la fidelidad del Señor manifiesta la humildad de su corazón, “Jesús no vino a conquistar a los hombres como los reyes y los poderosos sino que vino a ofrecer amor con mansedumbre”, de ahí que considere que el Sagrado Corazón es “el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios”.

El culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús llegan a España a través de los Jesuitas, que a lo largo de su historia han profundizado y la han dado a conocer. El 30 de mayo de 1919 España se consagró al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de España. El rey Alfonso XIII leyó la consagración ante el altar del monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Veinte años antes, el 25 de mayo de 1899, el Papa León XIII consagró a toda la Iglesia y al mundo entero en su encíclica “Annum Sacrum”.

Córdoba se consagraría al Sagrado Corazón diez años después de la consagración de España, en 1929 se bendecía en la sierra de la ciudad, en Las Ermitas, un monumento al Sagrado Corazón, sin duda el mejor balcón desde el que contemplar Córdoba. Monseñor Demetrio Fernández, durante la celebración del Año Jubilar del Sagrado Corazón de Jesús en 2019, recordaba que estamos ante “un corazón de carne que ama” que atiende cualquiera de las necesidades antiguas y nuevas y para las que “la Iglesia urgida por el amor de Cristo tiene que salir al encuentro”.





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Comienzan las visitas nocturnas a la Torre de la Catedral

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Con los meses de verano, como es habitual, llegan las visitas nocturnas a la Torre de la Catedral de Murcia, ofrecidas por el Museo Catedralicio. Tendrán lugar todos los martes y jueves, del 20 de junio al 28 de septiembre, a las 21:50 horas, con una duración aproximada de 1 hora y 15 minutos.

Estas visitas guiadas darán comienzo en la plaza de la Cruz, con una explicación acerca de la construcción del campanario. En la subida se visitará la Sala de los Secretos, la Capilla de los Conjuros, el balcón y el campanario, desde donde se podrán admirar las vistas a la ciudad.

Las entradas, a precio de 8 euros, son gratuitas para niños menores de 5 años y pueden adquirirse a través de la web de la Catedral de Murcia.

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“Unidos por Cristo en la Misión”

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“Unidos por Cristo en la Misión”

Hinojosa del Duque se prepara para acoger la Misión Diocesana que allí se celebrará del 18 al 24 de septiembre para mostrar la vida cristiana que atesoran movimientos, grupos de oración o comunidades parroquiales. Conoce la misión en «Iglesia en Córdoba»

Comunión, comunicación y participación es la trilogía de acciones de la misión que propone la Diócesis de Córdoba para ser impulso de una Iglesia en salida que busca y llama a cada puerta, y anuncia a Cristo en el entorno cotidiano y concreto de la persona, el espacio donde se concreta el anhelo de Dios.

Ya se preparan parroquias, colegios y domicilios para acoger la Misión Diocesana que tendrá un primer capítulo en cada calle de Hinojosa del Duque, del 18 al 24 de septiembre. Una primera estación para una diócesis en estado de misión que hará aflorar la particularidad de pueblos y ciudades paso a paso, constatando fortalezas y poniéndolas al servicio de todos para robustecer la fe y compromiso misionero.

Así se recoge esta semana en “Iglesia en Córdoba”, donde además se puede consultar toda la actualidad de la Diócesis.

Adjuntamos el nuevo número.

 

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Lecturas del XI Domingo del Tiempo Ordinario (A)

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Lecturas del XI Domingo del Tiempo Ordinario (A)

Lecturas del domingo 18 de junio

Éxodo 19, 2-6a. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.

Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Sal 991b-2. 3. 5

R: Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

  • Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R.
  • Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
  • El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. R.

Romanos 5, 6-11.

Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida!

Hermanos:

Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Mt 9, 36 — 10, 8. Llamó a sus doce discípulos y los envió.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judás Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón 

Las lecturas nos muestran cómo Dios y su hijo Jesús conducen a su pueblo hacia la salvación. Todo comienza con la liberación de Israel como nos recuerda el relato del Éxodo. Dios lo ha sacado de la esclavitud con poder y lo ha protegido con mimo (“sobre alas de águila) hasta el monte Sinaí. Allí establece con Israel una alianza para convertirlo en su propiedad particular (segulah), el pueblo escogido, un reino de sacerdotes y una nación santa en medio de las naciones. Para ello tienen que escuchar la voz de Dios y guardar la ley que les va a entregar. Y así lo harán (Ex 24). El salmo canta esta unión: “nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

En el evangelio es Jesús quien ve a las gentes como ovejas sin pastor, extenuadas y abandonadas. Y compadecido se hace cargo de ellas. Pero necesita colaboradores y así lo indica a sus discípulos: “rogad al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies”. Jesús hace una llamada especial a sus discípulos a quienes envía para anunciar su reino, dándoles autoridad para arrancar todo mal del corazón de los hombres. La tarea se fundamenta en la gratuidad y ha de comenzar por Israel, pues, como nos señala el relato del éxodo, Dios lo había escogido de una manera singular y ahora se encuentran como ovejas descarriadas. Más adelante el resucitado enviará a sus discípulos a todos los pueblos sin distinción (Mt 28,18-20).

En efecto, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús tienen una dimensión universal, como señala Pablo al exaltar el inmenso amor de Dios que salva a la humanidad, exhausta por el pecado, y la reconcilia por medio de la sangre de Jesucristo. El apóstol evidencia, así, la plenitud de la alianza sellada por Dios mediante la entrega de su Hijo en la cruz.

¿Te ha liberado Dios de alguna esclavitud? ¿Necesitas que te libere?

¿Te interpela la petición de Jesús para trabajar en la mies? ¿Qué le respondes?

¿Qué estás haciendo tú por las ovejas descarriadas? ¿A quienes te envía el Señor?

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DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO, por Ramón Carlos Rodríguez García

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Lecturas: Ex 19, 2-6a. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Sal 99. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Rom 5, 6-11. Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida! Mt 9, 36 -10, 8. Llamó a sus doce discípulos y los envió.

Acabamos de concluir las solemnidades que tras el Tiempo de Pascua han inundado nuestras asambleas. Aún resuenan los latidos del pasado viernes con la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. Retomamos así el tiempo ordinario como una provocadora oportunidad para descubrir la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana. La Liturgia nos invita a celebrar que en lo ordinario se haya lo extraordinario. La Palabra nos ofrece un hilo conductor para mostrar su fuerza y actualidad. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento Moisés fue elegido por Dios para inaugurar una nueva etapa de la Historia de la Salvación, el evangelista nos muestra que es Jesús, el Hijo de Dios quien elige a doce para generar un nuevo pueblo. Dios no elige personas capacitadas, Él capacita a los elegidos. Lo sigue haciendo en cada miembro de nuestras comunidades, con quienes quiere seguir contando, por pura misericordia, en la obra salvadora de Dios. Nuestra respuesta tiene que ser un eco agradecido y amplificado de la alegría que emana del salmo.

Este domingo escuchemos junto a los Apóstoles cómo nos sigue llamando. Dios sabe pronunciar nuestro nombre para recrearnos como discípulos. No muestra indiferencia ante nuestras carencias y sufrimientos, al contrario, nos hace partícipes y sembradores de generosas esperanzas, ante un mundo famélico y extenuado que pretende caminar sin el Pastor. Transforma nuestra mirada para descubrir en cada rostro el corazón de un hermano.

Al abandonar el templo, acepta el reto de sentirte enviado…misionero…mensajero de su Reino. Portamos algo que no es nuestro y que delicadamente ha sido depositado en nuestro itinerario. Para ello es preciso vivir en la conversión constante, solicitar la locura evangelizadora, huérfana de miedos y represores complejos, ante un mundo escéptico e ingenuamente autosuficiente. Pero sobre todo emociónate al saber que Dios confía en ti y que te llama a proclamar la Buena Noticia. Aprendamos a mirar el mundo como el Pastor que ofrece la ternura donde el sufrimiento se desboca.  Gracias Jesús por ser el Pastor que nos cuida y que nos enseña a cuidar a los demás.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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En la solemnidad del Sagrado Corazón, rezamos por la santidad de nuestros sacerdotes

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Cada año, la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Esta especial jornada de oración es convocada por el Santo Padre a través del Dicasterio para el Clero.

“Pidamos también sacerdotes santos, formados ‘según el Sagrado Corazón de Cristo’”, decía San Juan Pablo II, quien estableció que esta jornada de oración se realice en el día del Sagrado Corazón de Jesús.

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