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León XIV preside la última Misa de su viaje en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo”

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León XIV preside la última Misa de su viaje en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo”

 

Tenerife, 12 de junio de 2026.- El papa León XIV celebró al mediodía la Santa Misa en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife, último gran acto de su visita a España. La liturgia se desarrolló con el Atlántico como telón de fondo y la ciudad al frente, en un escenario cargado de simbolismo pensado para recordar la belleza del océano y la dureza de la ruta migratoria atlántica.

Durante la homilía, León XIV ha resaltado: “gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas. (…) Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia.”

El Santo Padre llegó a Santa Cruz procedente de Gran Canaria a primera hora de la mañana y, tras visitar el centro de acogida de Las Raíces y participar en un encuentro sobre integración en la Plaza del Cristo de La Laguna, se trasladó al puerto para la celebración.  

Antes de la Misa recorrió en papamóvil parte del recinto portuario y saludó a los miles de fieles congregados. El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la patrona de las Islas Canarias, la Virgen de Candelaria, devociones que rara vez se exhiben juntas. Uno de los elementos más significativos del escenario fueron tres cayucos situados junto al área litúrgica, como recuerdo de las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Su presencia silenciosa acompañó toda la celebración.

Valorar a cada persona

León XIV ha recordado unas palabras de su antecesor el Papa Francisco: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor (…)  Quienes disfrutan más son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, saben gozar con lo más simple»

“Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio”, ha destacado el Papa.

León XIV ha expresado: “frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos”.

La celebración transcurrió en un ambiente de oración, alegría y emoción compartida. Al finalizar la Eucaristía, León XIV impartió la bendición final y saludó por última vez a los asistentes antes de dirigirse al aeropuerto de Tenerife Norte, desde donde emprenderá su regreso a Roma.

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El Papa León XIV se encuentra con migrantes: “El amor de Dios no conoce fronteras”

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El Papa León XIV se encuentra con migrantes: “El amor de Dios no conoce fronteras”

 

TENERIFE, 12 de junio de 2026. El Papa León XIV visitó este viernes el Dispositivo de Acogida Humanitaria de Emergencia ‘Las Raíces’ para encontrarse con las personas migrantes. El Santo Padre ha podido conocer de primera mano la labor que desarrollan quienes trabajan diariamente en su atención. Este centro, de titularidad estatal gestionado por la asociación Accem, ha acogido desde su apertura en 2021 a más de 54.000 personas.

En sus palabras, el Santo Padre se ha dirigido a los presentes en francés, la lengua materna de muchos de los presentes. León XIV ha hecho referencia al Papa Francisco “que tanto anheló estar con ustedes”, a quien le gustaba utilizar la imagen de las raíces para “indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. Porque el que confía en el Señor es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida”.

El acto presentado por Monseñor Eloy Santiago, quien destacó que las islas le reciben “con el corazón abierto y agradecido”, esperando sus “iluminantes y esperanzadoras palabras”. Por su parte, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha resaltado que “todos somos nuevos en algún lugar en un momento de la vida, todos hemos necesitado que alguien nos tendiera la mano” y ha hecho referencia a los “millones de españoles que tuvieron que marcharse fuera de nuestro país”.

Asimismo, intervino el director del centro quien explicó que ‘Las Raíces’ es “un espacio donde confluyen trayectorias vitales complejas y donde ofrecemos, desde lo institucional y lo humano, una primera oportunidad. Su visita hoy supone un reconocimiento a quienes llegan buscando un futuro mejor, al esfuerzo de las instituciones públicas y al compromiso de los profesionales que hacen posible este trabajo”.

El acto contó con la intervención de dos personas migrantes, de África subsahariana. Theodor dio las gracias al Papa por “recordar al mundo que todos somos personas. Hoy queremos decirle, con mucho respeto, que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano”. Bousso, resaltó que los migrantes vienen “de países donde la pobreza, la violencia, la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir. Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia” y agradeció al Santo Padre su visita: “su presencia hoy en Canarias representa una luz para quienes muchas veces no tenemos voz”.

Al terminar, León XIV saludó a muchos de los presentes, recorrió las instalaciones y visitó las carpas que forman parte del dispositivo.

Amor infinito de Dios por cada ser humano

El Papa León XIV ha subrayado que esta visita coincide con la celebración de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es “para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. “En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”.

“Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor”, ha subrayado el Santo Padre.

El Papa ha hecho referencia a dos santos canarios, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta, quienes “motivados por ese amor de Dios, partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad. En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía”.

Todos somos migrantes

“Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos”, ha resaltado León XIV.

El Papa ha recordado: “todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas”.

Por último, se ha despedido, de forma entrañable: “queridos amigos, les llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones. Que Dios les bendiga, que bendiga a sus familias y a todos los que les hacen el bien. Y que la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los migrantes, les acompañe y auxilie siempre con su protección maternal.”

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Fotografía: Bernabé Villalba

 

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Razones para la esperanza

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Anteayer despedíamos al Santo Padre León XIV en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna, después de su visita a España. Ha sido un regalo inmenso de Dios. El Sucesor de Pedro ha venido a confirmarnos en la fe, a ensanchar nuestra mirada y a recordarnos que la Iglesia no vive para sí misma, sino para anunciar a Jesucristo y servir a los hermanos, especialmente a los más pobres y vulnerables. El lema de su viaje, «Alzad la mirada», queda ahora confiado a nuestras comunidades. No puede quedar reducido a un recuerdo hermoso ni a una emoción pasajera. Alzar la mirada significa volver los ojos a Cristo, fundamento de nuestra esperanza; significa mirar la realidad con fe, sin dejarnos dominar por el desaliento; significa descubrir que el Señor sigue llamando, sigue sosteniendo a su Iglesia y sigue enviándonos a evangelizar.

En este horizonte de gracia, nuestra Archidiócesis recibió ayer otro don del Señor: la ordenación de cinco nuevos presbíteros al servicio de la Iglesia diocesana: Pablo Bernal, Cristian Rodríguez, Pablo Noguera, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres. Su ordenación es una razón poderosa para la esperanza. En tiempos en los que no faltan cansancios, incertidumbres y dificultades pastorales, Dios continúa llamando a jóvenes que entregan su vida entera a Cristo, al Evangelio y al Pueblo santo de Dios. El presbítero no se pertenece a sí mismo. Es configurado con Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, y enviado para predicar la Palabra, celebrar los sacramentos y guiar al pueblo cristiano. Como enseña el Concilio Vaticano II, los presbíteros, «consagrados de modo nuevo a Dios por la recepción del orden», son «instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno» (Presbyterorum ordinis, n. 12). Su identidad brota de Cristo y sólo se comprende desde la comunión con Él, con el Santo Padre, con el obispo y con el presbiterio diocesano.

La Exhortación Apostólica Dilexi te del Papa León XIV, sobre el amor hacia los pobres, nos ayuda también a comprender el corazón del ministerio sacerdotal. El Santo Padre recuerda que Cristo dice a cada pobre: «yo te he amado» (n. 3), y afirma con claridad que «no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres» (n. 26). Por eso, un sacerdote no puede vivir encerrado en sí mismo, ni limitado a la administración de lo ya existente. Ha de tener corazón de pastor, mirada de padre, entrañas de misericordia y disponibilidad para salir al encuentro de todos. El ministerio sacerdotal pide hoy celo apostólico y ardor misionero. No basta conservar; hay que evangelizar. No basta esperar a los que vienen; hay que buscar a los alejados, acompañar a los heridos, escuchar a los jóvenes, consolar a los enfermos, sostener a las familias, tender la mano a los pobres y anunciar a todos la alegría del Evangelio. La Iglesia, si quiere ser de Cristo, ha de ser, como dice León XIV, «una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres» (n. 21).

También los fieles laicos tienen aquí una responsabilidad grande. Las vocaciones sacerdotales nacen ordinariamente en familias cristianas, parroquias vivas, comunidades orantes, colegios católicos, movimientos y hermandades donde se habla de Dios con naturalidad y se vive la fe con coherencia. Pidamos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Recemos por nuestros sacerdotes, acompañémoslos con afecto, ayudémosles con lealtad y no dejemos de proponer a los jóvenes la belleza de una vida entregada al Señor. Queridos nuevos presbíteros: mantened clara vuestra identidad. Vivid inmersos en el misterio de Cristo. Sed hombres de comunión, de oración y de servicio. Celebrad la Eucaristía con reverencia y amor, porque en ella se encuentra la fuente de vuestra caridad pastoral. Anunciad la Palabra con fidelidad. Acercaos a los pobres, a los enfermos, a los que están solos, a los que buscan y no encuentran. Recordad siempre que el pueblo de Dios no necesita funcionarios, sino pastores según el Corazón de Cristo.

Que la visita del Santo Padre y la ordenación de estos cinco presbíteros sean para todos nosotros una llamada a renovar la esperanza. El Señor no abandona a su Iglesia. Sigue caminando con nosotros. Sigue llamando. Sigue enviando. Que María Santísima, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, cuide a nuestros nuevos presbíteros y sostenga a toda la Archidiócesis de Sevilla en la fidelidad, la comunión y la misión.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Presentación del libro de ‘Libro I de Bautismos de Santa Brígida’

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El martes 16 de junio tendrá lugar en la Iglesia de Santa Brígida la presentación de un nuevo trabajo de investigación histórica centrado en el municipio de Tejeda, basado en los registros bautismales de La Vega y con un enfoque que permite reconstruir parte de su realidad demográfica en el siglo XVI.

El autor del estudio, fray Néstor Valerón Ramírez, presentará este trabajo que aporta una mirada al pasado a través de fuentes parroquiales, ofreciendo una aproximación al censo más antiguo conocido de la zona. El estudio contribuye a profundizar en el conocimiento de la historia social y religiosa del territorio, poniendo en valor la riqueza documental conservada en los archivos eclesiásticos.

El acto contará con la presencia de la autora y se celebrará en la parroquia de Santa Brígida, a la que está abierta la invitación a todas las personas interesadas en la historia local y el patrimonio documental de Canarias.

Desde la organización se hace extensiva la invitación a los medios de comunicación de la diócesis de Canarias, así como a familiares, conocidos y público en general, con el deseo de dar a conocer y compartir este trabajo de investigación.

León XIV se reúne con la comunidad diocesana

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El papa León XIV ha mantenido en la Catedral de Santa Ana un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias, tras recibir la llave de oro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, de manos de la alcaldesa Carolina Darias.

Las Palmas de Gran Canaria, 11 de junio de 2026. El papa León XIV ha visitado este jueves la Catedral de Santa Ana, donde ha compartido un encuentro con la comunidad diocesana de Canarias tras recibir previamente la llave de oro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de manos de la alcaldesa, Carolina Darias, en el barrio de Triana-Vegueta, en el marco de la primera visita de un Pontífice al archipiélago canario. El acto tuvo lugar en un año especialmente significativo para la ciudad, que celebra el 548 aniversario de su fundación.

Posteriormente, el Santo Padre se trasladó a la Catedral de Santa Ana, donde mantuvo un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias.

El obispo José Mazuelos abrió el acto destacando el carácter del archipiélago como “encrucijada en medio del Atlántico entre África y América”, lo que ha configurado una sociedad “acogedora y acostumbrada a recibir”. Señaló también los desafíos de una creciente secularización que afecta a la transmisión de la fe y subrayó que la presencia del Papa “fortalece nuestra fe y nuestro afán evangelizador en una sociedad plural y cambiante”. Añadió que las parroquias están llamadas a ser espacios donde se pueda “descubrir la belleza de una fe viva, celebrada y compartida con alegría”.

A continuación, el sacerdote y religioso claretiano Santiago Cerrato, en representación de la vida consagrada, destacó la riqueza de carismas presentes en la diócesis y su labor en ámbitos sociales y misioneros, especialmente en “las obras sociales, el trabajo en las fronteras y la presencia en los márgenes y zonas de pobreza”. Reclamó al Santo Padre un impulso renovado para “revivir el ímpetu misionero” y afrontar nuevas tareas evangelizadoras inspiradas en el Espíritu Santo.

Otro de los testimonios fue el de Enélida Hernández Monzón, Secretaria General de Pastoral y Vicecanciller de la diócesis, quien calificó la visita del Santo Padre como un signo de esperanza para las comunidades cristianas del archipiélago. Asimismo, destacó el aliento del que ofrece este encuentro para seguir construyendo una Iglesia más cercana, misionera y abierta a la acción del Espíritu Santo, en un contexto marcado por la secularización y el descenso de las vocaciones.

Durante su intervención, subrayó la necesidad de avanzar desde una pastoral de mantenimiento hacia una pastoral decididamente misionera, capaz de responder a los desafíos actuales de la evangelización. En este sentido, defendió una Iglesia “en salida”, que vaya al encuentro de quienes están alejados, heridos o desorientados, transformando las parroquias en auténticas comunidades evangelizadoras inspiradas en el estilo acogedor y cercano de Jesús.

El papa León XIV invita a cultivar una profunda espiritualidad eucarística y la solidaridad cristiana.

En el encuentro de la catedral el papa León XIV ha animado a los fieles a fortalecer su vida espiritual poniendo a Cristo en el centro de su camino de fe, durante un mensaje en el que destacó el valor de la espiritualidad eucarística y la comunión cristiana.

El Pontífice recordó que la meta del peregrinar de los creyentes es el encuentro con Cristo, centro de la fe y de la existencia cristiana, ante quien los fieles se postran en adoración y en torno a quien se congregan formando un solo cuerpo.

Asimismo, León XIV alentó a la comunidad a vivir una auténtica espiritualidad de comunión, que se expresa de manera concreta en la solidaridad cristiana. Citando la encíclica Deus Caritas Est, recordó que la unión con Cristo implica también la unión con todos aquellos a quienes Él se entrega.

Por ello, el Papa exhortó a los fieles a continuar ofreciendo el amor recibido del Señor a través de la acogida, la escucha, la cercanía y el cuidado de las personas más vulnerables. Destacó que este amor se convierte en alimento espiritual y en testimonio vivo del Evangelio en medio de la sociedad.

Finalmente, el Santo Padre animó a la comunidad a mantenerse firmemente arraigada en Cristo para afrontar con esperanza los desafíos del presente. “Los animo a seguir adelante, fuertemente arraigados en Él, para continuar navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia”, concluyó.

León XIV reclama no normalizar las muertes migratorias

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El papa León XIV ha protagonizado este jueves uno de los momentos más significativos de su visita a Canarias con su encuentro en el puerto de Arguineguín, donde ha lanzado un firme llamamiento a favor de la dignidad de las personas migrantes y de una mayor conciencia ante el drama humanitario que se vive en la ruta atlántica.

Durante su intervención, el Santo Padre afirmó que «no podemos acostumbrarnos a contar muertos» y recordó que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera». Dirigiéndose especialmente a los migrantes presentes, subrayó que no son cifras ni expedientes, sino personas con una historia, una familia y sueños que merecen ser respetados.

León XIV pidió que el mar deje de convertirse en un «cementerio sin lápidas» y reclamó un compromiso real para promover vías seguras de migración, reforzar las labores de rescate, ofrecer una acogida digna y combatir las redes que se aprovechan del sufrimiento humano.

El acto incluyó también los testimonios de personas vinculadas a la acogida y atención de migrantes, poniendo rostro a una realidad que el Pontífice quiso situar en el centro de la conciencia de Europa y de toda la comunidad internacional.

Eloy Santiago: «León XIV ya es canario»

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El obispo de la diócesis nivariense, agradece la primera visita de un Papa a las islas y asegura que su paso quedará grabado en el corazón del pueblo

La primera visita apostólica del Papa León XIV a España ha concluido con una Santa Misa en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife. En este marco, el obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, Eloy Santiago, ha dirigido unas palabras de profundo agradecimiento al Pontífice, destacando la importancia histórica del evento para el archipiélago.

Una visita para la historia
En nombre de los fieles de La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, Eloy Santiago ha expresado su gratitud por la que ha sido la primera visita de un Pontífice a la diócesis bicentenaria. Ha sido «un momento de gracia» que, según el obispo, «quedará grabada en el corazón de cada uno de nosotros, de este pueblo fiel».

El obispo ha recordado la figura de San Pedro de San José de Betancur, el primer santo canario, como inspiración para ser «la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres».

En su discurso, Santiago ha evocado las palabras de los Padres del Concilio de Calcedonia para describir el sentir de los fieles al escuchar al Papa: «¡Pedro ha hablado por boca de León!». Con esta afirmación, ha subrayado cómo el Sucesor de Pedro les ha confirmado en la fe y en la comunión de la Iglesia.

Compromiso renovado
El obispo ha asegurado al Papa el compromiso de la diócesis para ser «fermento para un mundo reconciliado». Este compromiso incluye la custodia de la humanidad, el respeto de la dignidad humana, la tutela de los derechos humanos y la promoción del desarrollo humano integral para fomentar la fraternidad.

Asimismo, ha reafirmado la voluntad de la Iglesia local de avanzar en la evangelización, manifestar la fe a través de obras de amor hacia los más pobres, con especial atención a los migrantes, y contribuir a una sociedad más justa y fraterna y al cuidado de la casa común.

Finalmente, Eloy Santiago ha transmitido el cariño del «noble pueblo gomero, herreño, palmero y tinerfeño» al Santo Padre. «El Papa es uno de los nuestros, así lo sentimos y lo recordaremos», ha afirmado el obispo, concluyendo con una frase que sella la profunda conexión creada: «El Papa León XIV es también canario y en estas islas tendrá siempre su casa».

El Papa León XIV preside la última Misa de su viaje en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo”

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La Eucaristía de despedida reunió a miles de fieles y estuvo marcada por la cercanía al mar, los símbolos migratorios y la patrona de Canarias.

Peregrinos de La Palma, La Gomera, El Hierro y Tenerife arroparon al Papa en su llegada, algunos ataviados con la ropa tradicional de sus islas.

“Frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, ha subrayado el Papa.

Tenerife, 12 de junio de 2026.- El papa León XIV celebró al mediodía la Santa Misa en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife, último gran acto de su visita a España. La liturgia se desarrolló con el Atlántico como telón de fondo y la ciudad al frente, en un escenario cargado de simbolismo pensado para recordar la belleza del océano y la dureza de la ruta migratoria atlántica.

Durante la homilía, León XIV ha resaltado: “gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas. (…) Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia.”

El Santo Padre llegó a Santa Cruz procedente de Gran Canaria a primera hora de la mañana y, tras visitar el centro de acogida de Las Raíces y participar en un encuentro sobre integración en la Plaza del Cristo de La Laguna, se trasladó al puerto para la celebración.

Antes de la Misa recorrió en papamóvil parte del recinto portuario y saludó a los miles de fieles congregados. El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la patrona de las Islas Canarias, la Virgen de Candelaria, devociones que rara vez se exhiben juntas. Uno de los elementos más significativos del escenario fueron tres cayucos situados junto al área litúrgica, como recuerdo de las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Su presencia silenciosa acompañó toda la celebración.

Valorar a cada persona

León XIV ha recordado unas palabras de su antecesor el Papa Francisco: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor (…)  Quienes disfrutan más son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, saben gozar con lo más simple»

“Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio”, ha destacado el Papa.

León XIV ha expresado: “frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos”.

La celebración transcurrió en un ambiente de oración, alegría y emoción compartida. Al finalizar la Eucaristía, León XIV impartió la bendición final. La eucaristía finalizó con el canto del Himno a la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias, que se encontraba en el altar junto al Cristo de La Laguna.  León XIV saludó por última vez a los asistentes antes de dirigirse al aeropuerto de Tenerife Norte, desde donde emprenderá su regreso a Roma.

León XIV visibiliza la realidad migratoria en la clausura de su viaje apostólico a España: “Necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía”

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El Papa, además, ha denunciado a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.

El Santo Padre ha presidido en la Plaza del Cristo de La Laguna un encuentro con grupos eclesiales y entidades comprometidas con la acogida y la integración de personas migrantes en el archipiélago canario.

Asimismo, ha alertado contra el peligro del migrante “de quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.”

Tenerife, 12 de junio de 2026. León XIV ha presidido este viernes en la Plaza del Cristo de La Laguna un encuentro con grupos eclesiales y entidades vinculadas a la acogida de personas migrantes, en uno de los actos centrales de la jornada de clausura de su viaje apostólico a España. La convocatoria ha permitido acercar al Santo Padre la realidad migratoria que vive el archipiélago a través de testimonios de personas procedentes del continente africano y de América Latina, así como de quienes desarrollan su labor pastoral y social en este ámbito.

“Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta”, ha resaltado León XIV. “Quizá este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, ha subrayado el Pontífice

El encuentro comenzó con unas palabras de bienvenida del obispo de Tenerife, monseñor Eloy Santiago, quien ha compartido que “la integración, tanto en la sociedad como en la Iglesia, sigue siendo un reto, Santo Padre. Estamos convencidos de que sus palabras en este acto nos animarán a seguir por esa vía de la superación de miedos y prejuicios para abrirnos a la promoción e integración de las personas migrantes en nuestra casa común.

A lo largo del acto han compartido su testimonio Darwin Rivas, sacerdote venezolano destinado en El Hierro quien le ha confiado al Papa que hubo “momentos muy complicados por la cantidad de migrantes que llegaban a una isla pequeña. Hubo días y noches en que quise quedarme en la comodidad, pero pensaba: ¿Qué haría nuestro Señor? Y renovaba el servicio”.

También ha hablado Mbacke, de Senegal, en nombre de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, en Tenerife, donde encontró “respeto, paciencia y gente que me dijo: tú vales, tú puedes”, quien recitó al Papa una poesía sobre la historia de los migrantes. Y Khalid Allad de Marruecos que contó su travesía en patera para alcanzar la costa y la ayuda que recibió de la Fundación Don Bosco. Por último, Thalia de Colombia, quien pidió al Papa que “bendiga a todas las personas que tienen la necesidad de migrar, de alejarse de su tierra, de su familia para que siempre encuentren el apoyo”.

Una denuncia de las mafias
En sus palabras, el Papa León XIV ha condenado firmemente a quienes se aprovechan de los migrantes: “desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.

“El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro. Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina. Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido”, ha expresado el Pontífice.

En contraposición, el Papa ha expresado un sincero agradecimiento a “Cáritas diocesana, a la Delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración. Gracias por hacer posible que quien un día fue acompañado pueda convertirse en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida”.

La integración reconstruye el futuro
“La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro. (…) Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”, ha expresado el Papa.

León XIV ha recordado: “cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.

“Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado. Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”, ha recalcado León XIV.

Finalizado el encuentro, León XIV recorrió las calles, saludando a personas vulnerables acogidas en distintos centros de la Iglesia en la ciudad, entre ellas personas mayores, personas en situación de pobreza y personas con diversidad funcional. El próximo hito de esta etapa canaria es la Eucaristía en la Explanada Portuaria de Los Llanos, en Santa Cruz de Tenerife, momento de despedida y acción de gracias por el viaje apostólico.

«Todos somos migrantes, peregrinos hacia la patria celestial»: León XIV se hace prójimo en Las Raíces

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León XIV ha querido empezar el día en Tenerife junto a los más invisibles. En el centro de acogida Las Raíces, a las afueras de La Laguna, el Papa se ha encontrado cara a cara con migrantes que cruzaron el Atlántico, en un entorno complicado como es el centro de acogida de Las Raíces. Fue un encuentro íntimo, sin grandes escenarios, donde personas de credos distintos se reconocían hermanadas por una misma travesía. Hablándoles en francés, la lengua de la mayoría, el Papa les dejó una certeza: «Todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial».

Texto: Bernabé Villalba Silva

 

La Laguna amaneció como amanece casi siempre: nublada, húmeda, con ese fresco que se cuela hasta en los huesos. Pero bajo el cielo gris, en Las Raíces, había una alegría peculiar. Un joven gambiano lo resumía con una sonrisa: es musulmán, contaba, pero ve en León XIV «un papa de paz, un papa de humanidad», y solo con pensar en verle se le iluminaba la cara. No era una excepción. Allí esperaban hombres y mujeres, madres con sus hijos, familias enteras, todos apuntados en unas listas para poder estar; todos con el mismo deseo sencillo de ver y conocer al Papa.

Entre quienes aguardaban había al menos cuarenta católicos que habían cruzado el mar en busca de una vida mejor. Pero lo que de verdad unía a aquella asamblea era algo profundo: la experiencia de haberse jugado la vida en el agua, el dolor de ver morir a amigos y familiares en la travesía, y el desconcierto de tocar tierra para encontrarse después sin poder trabajar, esperando en un campamento. En Las Raíces, el protagonismo no era de las instituciones, sino de ellos y de quienes les devuelven, día a día, la dignidad que el camino pudiera parecer que les arrebató.

Las voces de los que cruzaron
Dos testimonios pusieron voz a esa realidad. Habló primero un joven migrante con algo de timidez. Dio las gracias por ser escuchado y confesó que muchas veces el camino es difícil, lleno de miedo, de tristeza y de soledad. No pedía grandes cosas: «trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad». Y agradeció al Papa, sencillamente, «su corazón cercano».

Después tomó la palabra una madre, y su voz sonó potente, y no solo por el altavoz: hablaba con una fuerza de quien ha vuelto a vivir. Recordó que nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz, y describió el Atlántico como lo que es para tantos: hambre, frío, desesperación y, muchas veces, muerte. De esa boca salió la petición más nítida de la mañana: «No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad», suplicando que las fronteras no se conviertan «en muros de indiferencia».

Antes de que llegara el Papa, esa misma mujer había compartido entre algunos una historia que no estaba en el guión. Era musulmana, y llegó a Cristo en mitad del sufrimiento: cuando la enfermedad de su hija la empujó a entrar en una iglesia a rezar, se sintió acogida, sostenida, y allí se convirtió al catolicismo. Su testimonio, el de alguien que cruzó dos veces —el mar y la fe—, sonaba verdaderamente potente.

«El amor de Dios no conoce fronteras»
Cuando llegó su turno, León XIV pronunció su discurso en francés, para que la mayoría —senegaleses, en su mayor parte— pudiera entenderle, y saludó también en inglés. Su mensaje fue como una caricia: «El amor de Dios no conoce fronteras ni hace distinciones, se da a todos».

Confesó que, escuchando los testimonios, pensaba en sus corazones, heridos por tantas dificultades, «pero ayudados por otros corazones abiertos y generosos». Quiso desmontar la mirada que reduce al migrante a un problema, recordando que las migraciones «tienen una palabra importante que decir», pues pueden ser ocasión de encuentro y de enriquecimiento mutuo entre los pueblos. Y reunió a todos bajo una misma condición compartida: la de peregrinos. «Todos, de algún modo, somos migrantes», repitió, antes de pedir un compromiso a la altura de lo escuchado: «Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos».

Cuando el Papa se despidió, La Laguna ya no estaba nublada, es algo que suele pasar cuando sale el sol, también en el campamento había salido algún rallo de luz. El centro no podría llamarse de otro modo: allí aguardaban personas arrancadas de su tierra que, lejos de casa, intentan echar raíces nuevas en un suelo que no eligieron. León XIV se marchaba dejándoles claro que en esa travesía nadie camina solo, porque todos peregrinan hacia la misma patria. Y que ninguna frontera, ni la del mar ni la de los papeles, está por encima de la dignidad de una persona.

 

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