Razones para la esperanza

Anteayer despedíamos al Santo Padre León XIV en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna, después de su visita a España. Ha sido un regalo inmenso de Dios. El Sucesor de Pedro ha venido a confirmarnos en la fe, a ensanchar nuestra mirada y a recordarnos que la Iglesia no vive para sí misma, sino para anunciar a Jesucristo y servir a los hermanos, especialmente a los más pobres y vulnerables. El lema de su viaje, «Alzad la mirada», queda ahora confiado a nuestras comunidades. No puede quedar reducido a un recuerdo hermoso ni a una emoción pasajera. Alzar la mirada significa volver los ojos a Cristo, fundamento de nuestra esperanza; significa mirar la realidad con fe, sin dejarnos dominar por el desaliento; significa descubrir que el Señor sigue llamando, sigue sosteniendo a su Iglesia y sigue enviándonos a evangelizar.

En este horizonte de gracia, nuestra Archidiócesis recibió ayer otro don del Señor: la ordenación de cinco nuevos presbíteros al servicio de la Iglesia diocesana: Pablo Bernal, Cristian Rodríguez, Pablo Noguera, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres. Su ordenación es una razón poderosa para la esperanza. En tiempos en los que no faltan cansancios, incertidumbres y dificultades pastorales, Dios continúa llamando a jóvenes que entregan su vida entera a Cristo, al Evangelio y al Pueblo santo de Dios. El presbítero no se pertenece a sí mismo. Es configurado con Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, y enviado para predicar la Palabra, celebrar los sacramentos y guiar al pueblo cristiano. Como enseña el Concilio Vaticano II, los presbíteros, «consagrados de modo nuevo a Dios por la recepción del orden», son «instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno» (Presbyterorum ordinis, n. 12). Su identidad brota de Cristo y sólo se comprende desde la comunión con Él, con el Santo Padre, con el obispo y con el presbiterio diocesano.

La Exhortación Apostólica Dilexi te del Papa León XIV, sobre el amor hacia los pobres, nos ayuda también a comprender el corazón del ministerio sacerdotal. El Santo Padre recuerda que Cristo dice a cada pobre: «yo te he amado» (n. 3), y afirma con claridad que «no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres» (n. 26). Por eso, un sacerdote no puede vivir encerrado en sí mismo, ni limitado a la administración de lo ya existente. Ha de tener corazón de pastor, mirada de padre, entrañas de misericordia y disponibilidad para salir al encuentro de todos. El ministerio sacerdotal pide hoy celo apostólico y ardor misionero. No basta conservar; hay que evangelizar. No basta esperar a los que vienen; hay que buscar a los alejados, acompañar a los heridos, escuchar a los jóvenes, consolar a los enfermos, sostener a las familias, tender la mano a los pobres y anunciar a todos la alegría del Evangelio. La Iglesia, si quiere ser de Cristo, ha de ser, como dice León XIV, «una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres» (n. 21).

También los fieles laicos tienen aquí una responsabilidad grande. Las vocaciones sacerdotales nacen ordinariamente en familias cristianas, parroquias vivas, comunidades orantes, colegios católicos, movimientos y hermandades donde se habla de Dios con naturalidad y se vive la fe con coherencia. Pidamos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Recemos por nuestros sacerdotes, acompañémoslos con afecto, ayudémosles con lealtad y no dejemos de proponer a los jóvenes la belleza de una vida entregada al Señor. Queridos nuevos presbíteros: mantened clara vuestra identidad. Vivid inmersos en el misterio de Cristo. Sed hombres de comunión, de oración y de servicio. Celebrad la Eucaristía con reverencia y amor, porque en ella se encuentra la fuente de vuestra caridad pastoral. Anunciad la Palabra con fidelidad. Acercaos a los pobres, a los enfermos, a los que están solos, a los que buscan y no encuentran. Recordad siempre que el pueblo de Dios no necesita funcionarios, sino pastores según el Corazón de Cristo.

Que la visita del Santo Padre y la ordenación de estos cinco presbíteros sean para todos nosotros una llamada a renovar la esperanza. El Señor no abandona a su Iglesia. Sigue caminando con nosotros. Sigue llamando. Sigue enviando. Que María Santísima, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, cuide a nuestros nuevos presbíteros y sostenga a toda la Archidiócesis de Sevilla en la fidelidad, la comunión y la misión.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Contenido relacionado

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.