Este martes 2 de enero concluye la Asamblea Extraordinaria de las Religiosas Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret con motivo de los 150 años de vida y servicio de la congregación.
La Residencia Universitaria Nazaret de La Laguna ha acogido desde el pasado 24 de diciembre este encuentro en el que han participado 160 Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret provenientes de los cinco continentes.
El sábado 30 de diciembre, en la Catedral, el obispo Nivariense presidió una Eucaristía de acción de gracias y el domingo 31, en la iglesia de Santiago Apóstol del Realejo Alto, tuvo lugar la primera profesión de tres novicias de la referida congregación, Carol, Diana y Rosa.
La asamblea ha contado con la presencia de la madre general, Montserrat del Pozo quien se mostró muy agradecida por estos días de encuentro. “Para nosotras, estos 150 años son un momento de gracia, un momento de plenitud donde hemos podido agradecer, de todo corazón, la herencia que hemos recibido. Asimismo, es una oportunidad para mirar al futuro. Queremos seguir proyectando nuestra labor y nuestra misión en beneficio de toda la sociedad”.
Del Pozo añadió que, hoy día, el mensaje del Padre Manyanet, sigue muy vigente. “Educar a jóvenes y niños para que puedan formar familias cristianas es un mensaje muy actual. La familia es el núcleo, la célula, es el órgano que ayuda a vitalizar toda la sociedad. Por tanto, debemos seguir trabajando en favor de una familia sana y abierta. Una familia donde haya unas buenas relaciones interpersonales y donde se puedan ayudar los unos a los otros”.
La madre general de las Religiosas de Nazaret también se mostró muy agradecida por la acogida que siempre han tenido en nuestra tierra. “La diócesis Nivariense nos acogió muy bien en su momento en el año 1936. Era una época en la que las religiosas estaban muy dispersas debido a la guerra civil española. El obispo Fray Albino González nos acogió y eso permitió una gran apertura de la congregación. El pueblo canario nos abrió las puertas con mucho cariño. Se empezaron a crear colegios y luego comenzaron a surgir vocaciones. Por todo ello, estamos muy agradecidas a la diócesis y a todas las personas que han hecho posible que nosotras pudiésemos ir hacia adelante”.
La Catedral y parroquias de la Diócesis acogen las bodas de oro y plata de matrimonios para renovar las promesas del matrimonio
“Todos los días poner una dosis de perdón y de humildad: que el amor sea mayor que las ofensas que podamos recibir”. Esta orientación del Obispo de Córdoba dirigió la homilía del Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, que en el día de la Sagrada Familia celebró junto a los esposos que cumplen 25 y 50 años de matrimonio sus bodas de plata y oro. Una celebración con la que se conmemora el día de la Sagrada Familia, acogida también en parroquias de la Diócesis.
Monseñor Demetrio Fernández aconsejó a los asistentes seguir los pasos de la Sagrada Familia de Nazaret y “aportar cada uno en la familia todo lo que pueda para el bienestar, para la paz, para la mutua convivencia” y en esa convivencia hay que poner todos los días “una dosis alta de amor, de humildad, de perdón”, añadió.
El Obispo defendió a la familia, “ni tradicional ni progresista”, sino a la familia cristiana tal como la ha fundado Dios y recordó a los esposos cómo se conocieron y después de un discernimiento y conocimiento “os habéis presentado ante Dios para que bendiga el amor humano. Y eso se llama sacramento del matrimonio”.
También se dirigió a los asistentes para compartir “muchos desvelos” y preocupaciones por el alimento y educación de los hijos a lo largo de los años e hizo hincapié sobre cómo este modo de unión en el amor representa a la familia cristiana. Un modelo que sirve de escuela de amor a los hijos a los que preguntó “¿os habéis dado cuenta lo que significa nacer y crecer en una familia cristiana?” y los invitó a reconocer la fuente de gracia para todo el hogar y para cada uno de los hijos porque “Sois fruto, queridos hijos, de ese sacramento del matrimonio que está fundado en la gracia de Dios, en la bendición de Dios y en el amor de los esposos que se han convertido en padres”.
Las parroquias de la Inmaculada y San Alberto Magno y San Andrés de Córdoba celebraron las bodas de oro y plata de matrimonios. En San Andrés, el grupo de novios que sigue el itinerario Camino de Canáa recibió la bendición.
El grupo acudió a la Eucaristía en la Catedral antes de iniciar la peregrinación al Vaticano
Foto: Padres, monitores y colaboradores de «Puerta Verde» en la Catedral junto al Obispo y el párroco de Santa Luisa de Marillac . Foto cedida por la parroquia de Santa Luisa de Marillac
Los chicos del Polígono Guadalquivir de Córdoba que participan en el programa “Puerta Verde” de la Parroquia de Santa Luisa de Marillac parten hoy hacia Roma para participar mañana, 3 de enero, en la audiencia pública que el Papa Francisco celebra cada miércoles.
Este encuentro con el santo Padre ha llenado de expectación a los pequeños, que recientemente han participado en el videoclip “Cruzando el Puente”, producido por la Parroquia con la colaboración de artistas cordobeses.
Treinta y dos personas integran esta peregrinación al Vaticano. Junto al párroco, Miguel David Pozo, 15 niños y 10 monitores de “Puerta Verde” comienzan hoy este camino al que se han unido el cantante cordobés Álvaro Vizcaíno, compositor de “Cruzando el Puente”, colaboradores del programa y la Delegada municipal de Recursos Humanos y Salud Laboral, Gestión, Salud y Consumo y Juventud, Cintia Bustos.
Las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia de Rincón de Seca (Murcia) cerraron el año acudiendo a Nairobi (Kenia) para celebrar seis nuevas profesiones de votos en las comunidades de esta asociación en el país africano.
El pasado mes de diciembre, una delegación de la Asociación de Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia de Rincón de Seca (Murcia) partió durante diez días a Nairobi (Kenia), para celebrar que cuatro junioras profesaban los votos perpetuos y dos novicias hacían los votos temporales en las comunidades de esta asociación en la capital keniana.
La delegación estuvo compuesta por las cuatro hermanas que conforman esta comunidad murciana y que atienden la Residencia de Mayores Hogar de Nazaret de Rincón de Seca, entre ellas la superiora general, la madre Aurora Jiménez Castro; el gerente de la residencia, Eliseo Sánchez Miñano; y el consiliario general, el sacerdote Manuel Guillén Moreno, que es también vicario de la zona pastoral Suburbana I.
A su llegada a Kenia, la delegación participó en la celebración de los votos, presidida por el arzobispo emérito de Nairobi, cardenal John Njue, y concelebrada por un buen número de sacerdotes. En ella participaron más de mil personas, que acompañaron a las hermanas y festejaron su sí en una jornada de oración y acción de gracias.
Terminada la celebración, los siguientes días fueron de trabajo de campo en la misión. La delegación visitó cada una de las tres casas que la asociación mantiene en Kenia y compartió con las hermanas sus tareas y responsabilidades. También se realizó una visita al arzobispo titular de Nairobi, Mons. Philip Arnold Subira Anyolo, que agradeció el trabajo que las hermanas desarrollan en Kenia.
«Ha sido todo un regalo de Dios poder conocer una realidad eclesial tan rica y comprometida como es la Iglesia en Kenia», dice el sacerdote Manuel Guillén. «Pudimos compartir experiencias y dar gracias a Dios por la presencia allí de nuestra Iglesia de Cartagena por medio de esta asociación que inició en nuestra Diócesis la madre María Campillo; un ardor apostólico que nos ayudó a constatar que merece la pena dar la vida por Cristo, porque el corazón de Jesús quiere ser amado por todos».
Una asociación fundada en Rincón de Seca (Murcia)
Las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia, erigidas canónicamente como sociedad de vida apostólica de derecho diocesano, tienen su casa madre en la pedanía murciana de Rincón de Seca. Fueron fundadas en 1982 por la murciana María Campillo Hurtado (1929-2012), nacida en esa misma localidad, cuya vida estuvo marcada por una profunda entrega a Dios y a los demás, buscando siempre la promoción social de su entorno y el fomento de las virtudes de la Sagrada Familia de Nazaret.
Su carisma se centra en una vida consagrada en torno a la oración y la evangelización por medio de residencias, colegios, casas de espiritualidad y otros centros; así como a través de la colaboración con los sacerdotes en diferentes tareas de evangelización, como impartir catequesis o dirigir grupos de oración y retiros.
Las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia en Kenia
Esta asociación tiene presencia en Nairobi desde 2014, a raíz de que un matrimonio se ofreciera a donar un terreno para que las hermanas pudieran establecerse en Kenia.
Actualmente, cuentan con tres casas en este país africano: una casa de formación en Munyu; una segunda casa en Buruburu, en las periferias de Nairobi; y una tercera comunidad en un colegio gestionado por las religiosas. En total, son 29 las hermanas que conforman estas comunidades de Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia en Kenia.
En su trabajo diario, las hermanas colaboran con la pastoral de las parroquias, se forman tanto espiritual como académicamente, cultivan la tierra para su propio abastecimiento y trabajan también en un taller de costura donde elaboran ropa litúrgica y uniformes de colegio, entre otras tareas y proyectos de evangelización.
La obra de Ana Heras Trocoli preside el jardín cercano a la capilla del cementerio municipal del Santo Cristo de Priego
El cementerio municipal del Santo Cristo de Priego de Córdoba acogió la inauguración de la escultura en recuerdo a los bebés nacidos sin vida, obra de la escultora Ana Heras Trocoli. Se trata de un espacio dedicado al duelo gestacional y perinatal impulsado por el Ayuntamiento de Priego, la asociación andaluza de apoyo al duelo perinatal (Matrioskas) y la parroquia de la Asunción.
La obra, ubicada en los jardines aledaños a la capilla del camposanto, está realizada mediante la técnica japonesa del kintsugi, datada a finales del XV y que consiste en usar oro y plata para reparar las cicatrices o fracturas de una pieza cerámica. En ella, su autora ha reflejado como el bebé que estaba a punto de partir se funde en un abrazo con sus padres, dentro del vientre de la madre, todo ello arropado por unas alas angelicales y una mariposa, como símbolo de su renacer en el cielo.
En el acto participaron Vanesa Aguilera, representante en Priego de Matrioskas, la propia autora de la escultura, Laura Prados, vocal de Matrioskas en Córdoba, el párroco de la Asunción, Ángel Cristo Arroyo, y el alcalde de nuestra localidad, Juan Ramón Valdivia.
La Capilla ardiente está instalada en la Parroquia de la Asunción de Priego de Córdoba
Ha fallecido don Enrique Díaz Oria, sacerdote de Priego, que durante su vida sacerdotal fue párroco de Almedinilla y sus aldeas y Arcipreste de Priego, entre otros cargos pastorales.
Don Enrique había nacido en Priego de Córdoba el 21 de abril de 1936 y fue ordenado presbítero en Guadix el 17 de abril de 1971. Era párroco emérito de San Juan Bautista de Almedinilla y Aldeas y de San Antonio Abad en Las Sileras. A lo largo de su ministerio, don Enrique fue también encargado de las Aldeas de Barranco del Lobo, de Venta de las Navas, Viñuela, de Brácana, La Fuente Grande, los Ríos y Venta Valero, capellán de la Residencia de Ancianos de la «Fundación Mármol» de Priego de Córdoba, Director Espiritual de ANFE-sección Priego de Córdoba y estuvo adscrito la parroquia de «Ntra. Sra. de la Asunción» de Priego de Córdoba hasta julio de 2010.
La capilla ardiente se mantiene abierta desde hoy a las 9 de la mañana en la sacristía mayor de la Asunción de Priego.
La misa exequial tendrá lugar mañana miércoles, 3 de enero, a las 10:00h. en la Parroquia de al Asunción de Priego de Córdoba y estará presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, y concelebrada por sus hermanos sacerdotes.
Fotos cedidas por la Parroquia de la Asunción de Priego
Hoy son las Primeras Vísperas de la solemnidad de Santa María Madre de Dios y Te Deum de acción de gracias por el año que concluye. Recordamos con afecto a Benedicto XVI que hace un año partió a la Casa del Padre. Bajo la mirada maternal de María Santísima, la Madre de Jesús, celebramos el primer día de Enero la fiesta mariana por excelencia del ciclo de Navidad: la maternidad divina de María. Todo en la vida y misión de María está en función de este hecho: ella es la Madre de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre y nacido de una mujer (Gal 4, 4), él es el Emmanuel, el Dios con nosotros.
Que el Señor nos conceda un año de gracia, un 2024 lleno de paz y bien, de felicidad y amor. Como creyentes, lo comenzaremos con actitud de esperanza, porque Dios ha entrado en el tiempo, y el tiempo es un don suyo, un talento, una oportunidad que es preciso aprovechar, hacer rendir al máximo. También celebramos mañana la Jornada Mundial de la Paz, y el papa Francisco nos habla en su Mensaje de Inteligencia artificial y paz, del progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz, y nos ayuda a reflexionar sobre el sentido del límite en el paradigma tecnocrático.
Las fiestas de Navidad nos ayudan a penetrar en el misterio de Dios, que ha salido al encuentro del género humano, se ha manifestado, y lo hace como niño, apartándose de toda imagen de poder y opresión, trayendo un mensaje de paz y convivencia. Nuestro mundo sangra por la herida de las guerras, del terrorismo, de los bombardeos, de los atentados, de los tiroteos masivos; y también por la violencia en los matrimonios y en las familias, en las relaciones; sangra por el maltrato infantil, por el acoso escolar, por el abuso de poder, por todo tipo de violencia. Desde la Segunda Guerra Mundial del siglo pasado, el número absoluto de muertes en las guerras ha venido disminuyendo, pero los conflictos y la violencia van en aumento. En estos días, nos duelen todas las guerras, y en particular, nos duele el conflicto que tiene lugar en Israel y Palestina.
El próximo fin de semana está fuertemente marcado por la fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor, que la Iglesia celebra como culminación del ciclo de fiestas navideñas. La vigilia del 6 de enero es una noche mágica para los más pequeños de la casa. Esta fiesta lleva consigo uno de los fenómenos más populares del año. Todas las poblaciones, y no pocos de los barrios en las grandes ciudades, se preparan para recibir a los Reyes Magos de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, de razas diferentes, que llegan rodeados de un gran séquito. Podríamos decir, sin exagerar, que este acontecimiento es como una fiesta de la fraternidad universal, de la pluralidad de razas y culturas del mundo. Durante el recorrido, la comitiva va repartiendo caramelos a los pequeños que, acompañados de sus padres, observan con ilusión el espectáculo. Es como una gran fiesta de la convivencia, como un acto de afirmación de que es posible vivir en paz en este mundo nuestro.
Quiero aprovechar la ocasión para romper una lanza a favor de nuestras tradiciones y, de manera especial, de nuestras tradiciones navideñas. Es muy importante que estemos convencidos de su bondad y de su vigencia. Y la primera convicción que hemos de reforzar es, precisamente, que éstas son nuestras tradiciones, es decir, aquellas que ha forjado nuestro genio como pueblo, en el marco de la cultura occidental y latina, elevadas por la fe cristiana. Son tradiciones navideñas nuestras, y al decir nuestras no quiero decir que sean exclusivamente nuestras; otros países también las tienen, pero entre nosotros se han plasmado con nuestro talante y a nuestra medida, por decirlo así. Son tradiciones navideñas nuestras el belén familiar y el belén en todos los ámbitos de la sociedad, los belenes vivientes, los villancicos, las zambombas, los campanilleros, los mercadillos de Navidad, la Misa del Gallo, la cabalgata de los Reyes Magos.
Desde hace tiempo, como consecuencia de la globalización y de la creciente imposición de costumbres de otros ámbitos culturales, nuestras tradiciones, las navideñas y otras, han encontrado no pocos competidores. Y los tres Reyes Magos también topan con la competencia de otras figuras que los lectores pueden adivinar fácilmente. Tengamos fe en la calidad y la bondad, humana y también cristiana, de estas tradiciones nuestras. No rehuimos la apertura a este mundo tan diverso, y menos en época de globalización, pero hemos de ser lúcidos para valorar nuestras raíces, nuestra historia, nuestras tradiciones, aquello que es más nuestro, para amarlo y defenderlo; y no sustituirlo a la ligera por otras formas, que probablemente no tienen la solera cultural y espiritual de las nuestras.
Sobre todo, no olvidemos el alma de estas tradiciones y el que fue su núcleo inspirador, que es la fe en Dios que es amor y que es el origen de todas las cosas; el Dios que se nos ha hecho próximo en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para darnos una plenitud de vida en este mundo y en el mundo futuro.
El papa Francisco comienza su mensaje defendiendo que “la ciencia y la tecnología son producto extraordinario del potencial creativo del ser humano”. Y citando la Gaudium et spes,recuerda que “cuando los seres humanos, «con ayuda de los recursos técnicos», se esfuerzan para que la tierra «llegue a ser morada digna de toda la familia humana», actúan según el designio de Dios”. Coincide en que “los notables progresos de las nuevas tecnologías de la información presentan entusiasmantes oportunidades y graves riesgos, con serias implicaciones para la búsqueda de la justicia y de la armonía entre los pueblos”. En esta línea, el Obispo de Roma advierte que las tecnologías “no son neutrales, sino que están sujetas a las influencias culturales”.
La inteligencia artificial
Este término “abraza una variedad de ciencias, teorías y técnicas dirigidas a hacer que las máquinas reproduzcan o imiten las capacidades cognitivas de los seres humanos”. No obstante, “no podemos presumir a priori que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos. Tal resultado positivo solo será posible si somos capaces de actuar de forma responsable y de respetar los valores humanos fundamentales como la inclusión, la transparencia, la seguridad, la equidad, la privacidad y la responsabilidad”. Para ello, propone instituir organismos que examinen las cuestiones éticas derivadas del uso de estas inteligencias. También insta a que “la dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso”.
Además, Francisco reflexiona sobre el sentido del límite: “El ser humano, pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo, en la obsesión de querer controlarlo todo, de perder el control de sí mismo, y en la búsqueda de una libertad absoluta, de caer en la espiral de una dictadura tecnológica. Reconocer y aceptar el propio límite de criatura es condición indispensable para acoger la plenitud como un don”.
Temas candentes para la ética
A continuación, el Papa apunta posibles debates éticos que presenta el uso de la inteligencia artificial. Destacan algunas formas de manipulación o de control social que “requieren una atención y una supervisión precisas”. Asimismo, llama a la prudencia a la hora de incorporar estos sistemas en el ámbito laboral, porque “se corre el riesgo sustancial de un beneficio desproporcionado para unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos”.
El Santo Padre también se muestra preocupado por el uso bélico de la inteligencia artificial, insistiendo en que “lo último que el mundo necesita es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas, promoviendo la locura de la guerra”.
Una mirada positiva
El Papa concluye su mensaje desde una óptica más positiva, en la que piensa cómo la inteligencia artificial puede ser utilizada para promover el desarrollo humano: “Podría introducir importantes innovaciones en la agricultura, la educación y la cultura, una mejora del nivel de vida de enteras naciones y pueblos, el crecimiento de la fraternidad humana y de la amistad social”.
Esta tarea “tiene claras implicaciones para las instituciones educativas y para el mundo de la cultura”, añade. No en vano, “la educación en el uso de formas de inteligencia artificial debería centrarse sobre todo en promover el pensamiento crítico”.
Finalmente, exhorta a la comunidad internacional “a trabajar unida para adoptar un tratado vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas” y a promover “una guía ética”. Esta redacción “no puede prescindir de la consideración de cuestiones más profundas, relacionadas con el significado de la existencia humana, la tutela de los Derechos Humanos fundamentales y la búsqueda de la justicia y de la paz. Por este motivo, se debería tener en cuenta la voz de todas las partes interesadas, incluidos los pobres, los marginados y otros más que a menudo quedan sin ser escuchados en los procesos decisionales globales”.
El papa Francisco concluye el mensaje pidiendo que “el rápido desarrollo de formas de inteligencia artificial no aumente las ya numerosas desigualdades e injusticias presentes en el mundo, sino que ayude a poner fin a las guerras y los conflictos, y a aliviar tantas formas de sufrimiento que afectan a la familia humana”.
Materiales
Jornada Mundial por la Paz- 01-01-2024_ Síntesis del mensaje 413.07 KB
Casi una veintena de parejas pudieron terminar el año 2023 renovando sus compromisos matrimoniales al cumplir los 25 o 50 años de casados. Lo hicieron en la Catedral, en la Misa de 12, y recibieron la bendición del Señor impartida por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco. Junto a ellos, otros matrimonios que no cumplían bodas de oro o de plata también renovaron su compromiso matrimonial y su deseo de seguir queriéndose.
Esta celebración tuvo lugar el domingo 31 de diciembre, el último día de 2023, cuando la Iglesia vivía la fiesta de la Sagrada Familia. Fue una celebración muy emotiva, en la que el obispo habló de la familia, de cómo cuidarla y, sobre todo, del papel de la familia en la transmisión de la fe, como “portadora de la Buena Noticia”, recordando el lema de esta jornada. Quienes celebraban sus bodas de oro y de plata matrimoniales recibieron un icono bendecido con la imagen de la Sagrada Familia, un obsequio de la delegación de Familia y Vida, que fue quien organizó el acto. Al terminar la Eucaristía, todos rezaron la Oración por la Familia, besaron al Niño Jesús y se hicieron una foto de grupo para recordar este día tan grande en la Iglesia y, gracias a esta renovación matrimonial, también para estas familias.
Es habitual en las conversaciones entre sacerdotes, y especialmente en los últimos años, escuchar, bien sea en tono de sorna como de preocupación, esta frase: “Cada vez somos menos, más viejos y más cansados”. De esta expresión, ya lugar común, se hace eco el sacerdote Antonio Ávila Blanco (Madrid, 1950), en las primeras páginas de su último libro “El cansancio del clero. Un reto para hoy y para el futuro” (Editorial PPC, Madrid, 2023). El autor, sacerdote de la Archidiócesis de Madrid, Licenciado en Piscología, Doctor en Teología, y con larga experiencia ministerial como párroco y como profesor en diversos proyectos e instituciones educativas de la Iglesia, se hace eco en este libro de la tercera de las características, “más cansados”, si bien hace un breve repaso, somero y con afán de contextualizar, de las otras dos características del supuesto perfil actual del sacerdote, la de“ menos” ( crisis vocacional) y la de “más viejos” ( Edad media del clero español superior a los 65 años). En tres grandes bloques, y siguiendo el clásico ver, juzgar y actuar, realiza una aproximación al cansancio de los sacerdotes en la actualidad, especialmente a los sacerdotes españoles.
Sin pretensiones ensayísticas, pero en la órbita de la línea editorial de PPC, especialmente en su Colección” Actualidad”, y como resultado de sus encuentros con los sacerdotes de la Vicaria 8 del Arzobispado de Madrid, el libro presenta un acertado panorama, con lugares comunes unas veces, otras con inteligentes aportaciones y, particularmente, con acertadas contextualizaciones en el actual momento histórico, cultural, religioso y económico. Mira más el libro al evangélico “estáis en el mundo”, y pues no se trata de un manual de teología espiritual, menos al “pero no sois del mundo”. Una coda en este sentido, apelando a las grandes fuentes de la espiritualidad sacerdotal, podría trabajarse por parte de quienes, como lectores, se acerque a este manual sin pretensiones infalibles. Antonio Ávila ha acertado en el tema de interés y en la metodología de este libro en el que se escucha de sonido de fondo el que ya acuñó Terencio, y que fuera recogido al inicio de la Gaudium et Spes, “Hombre soy, y nada humano considero ajeno”. Nada humano, y el cansancio lo es, y mucho, es ajeno al sacerdote de cuanto humano, pues está en el mundo y en él desarrolla su ministerio, y también en los momentos de cansancio en las duras tareas del evangelio. Lo que lo distingue del cansancio de otros profesionales, que especialmente después de la pandemia de la COVI-19, han salido a flote con voces de urgencia (Profesionales de la Sanidad, la Educación, los Servicios sociales, et…) es el timbre del cansancio. Y es a ese timbre al que hay que atender para no perder el tiempo en sutilizas de la psicología conductista
El cansancio en el que se centra esta obra va más allá del cansancio del que el mismo Jesús habla en el evangelio, pues es un cansancio interior, y que afecta a todas las dimensiones del hoy desde la actual dimensión antropológica, hasta la cultural y religiosa. Es un cansancio propio de la modernidad positivista. Tiene raíces distintas. La sociedad actual viene sufriendo un silencioso cambio de paradigma, un exceso de positividad que está conduciendo a una sociedad del cansancio. El comienzo del siglo XXI, desde el punto de vista patológico no sería ni bacterias ni de virus, sino de neuronas. La depresión, el déficit de atención por la hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el desgaste ocupacional definen el panorama de estos primeros años del milenio. El filósofo y teólogo coreano Byung-Chulhan lo ha explicado de forma lúcida, profunda y concisa en “La sociedad del cansancio” (Herder, 2022)
Puestos a recomendar la lectura de este libro de Antonio Ávila, valgan, a beneficio de inventario, tres razones, desde la óptica de un lector que, como él, como es mi caso, también sacerdote y que, conociendo su manera de pensar y vivir la eclesial desde hace años, ha sentido en su lectura, cierto alivio. Otros han realizado también el intento, si bien con acentos más concretos. Es el caso del obispo Gerald Daucourt en “Sacerdotes rotos” (Sígueme 2023), con textos del profesor Juan José Prisco y Amedeo Cencini, éste último, gran estudioso de la personalidad del sacerdote. En el mismo sentido se han venido escribiendo otras obras como las que, en la plataforma Amazon, ha venido publicando Emilio Lavaniegos, Sacerdote Operario, y responsable de la Residencia “Mosén Sol”, en la diocesis de Castellón, un centro de ayuda integral al sacerdote diocesano y que cuenta con el apoyo de la CEE. Este libro de Ávila se une pues a esta aún escasa bibliografía que promete ser mayor con el paso del tiempo y el agravamiento de las situaciones de cansancio en el clero.
La primera razón para recomendar su lectura es la de encontrar, como en un mural, y a vista general, todos los esfuerzos que la Iglesia ha venido haciendo en favor de la salud del sacerdote, partiendo de la profética Pastores Dabo Vobis, de Juan Pablo II, y sus ya clásicos cuatro aspectos de la personalidad sacerdotal que han de marcar la formación y el desarrollo del ministerio en las sucesivas etapas para ligar armónicamente la madurez humana, espiritual, mental y afectiva en la caridad pastoral. El cuadro lo completan datos sobre ese interés, especialmente destacado en “El don de la vocación presbiteral. Ratio Fundamentalis Instituciones Sacerdotalis” de la Congregación para el Clero en 2016. En esta línea se trabaja actualmente para atender, entre otros aspectos, el del cansancio. También abundan los textos del Papa Francisco sobre el sacerdocio, con especial interés en los discursos y documentos más específicamente dedicados en el clero latinoamericano.
La segunda razón es que ofrece una resumida y acertada contextualización en la explicación del llamado “síndrome del burnout” o “síndrome del desgaste profesional”, un tipo de estrés crónico que sufren los profesionales y voluntarios con tareas que involucran emocionalmente a los que las ejercen porque están constantemente en contacto con los requerimientos de quienes acuden a ellos. Este síndrome, catalogado una desde 1975 por Herbert J. Freundenberger, si bien puede contemplar a los ministros consagrados, no llega calar del todo en la hondura de ese cansancio, calificado por otros autores con más severidad pues incluye una ruptura de la raíz que motiva la tarea evangelizadora y que se mueve en los terrenos de la fe.
Y la tercera para su lectura tiene que ver con las propuestas. Es un libro abierto y que puede servir en grupos sacerdotales para el diálogo y la puerta en marcha de proyectos encaminados a hacer frente personal y común al lacerante cansancio. Son muchas y variadas las propuestas que se adivinan en el libro. De ahí su interés practico cuando, en muchos casos, las reuniones sacerdotales suelen agotarse con temas que tienen que ver solo con la agenda de actividades conjuntas, con algún que otro retiro, pero que no logran echar el ancla y detenerse a conversar sobre las experiencias tan humanas como las del cansancio. En este sentido, y vistas las sugerencias, menos de las que creo podría haber aportado por su experiencia el autor, anoto la que hace el citado filosofo coreano, insistiendo en la necesidad del llamado “cansancio curativo”, cansancio que no resulta de un desarme desenfrenado, sino de un amable desarme del yo.
Juan Rubio Fernández Sacerdote, escritor y periodista