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Un ambiente de “fraternidad y esperanza” en el Jubileo de la Vida consagrada

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La tarde del viernes, 2 de febrero, nuestro obispo D. Antonio ha celebrado la XXVIII Jornada de la Vida Consagrada con los consagrados y consagradas de la Diócesis. Este día la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, es fiesta de luz y esperanza.

El jubileo tenía lugar en una catedral llena hasta rebosar, en “un ambiente de fraternidad”. Comenzó con la procesión de las Candelas por el claustro que dio paso a la celebración de la Eucaristía con un magnífico coro acompañado por instrumentos, órgano, violín, flauta travesera y clarinete. Así lo expresaba una religiosa al finalizar la eucaristía: “salimos de la Catedral muy agradecidas. Se agradece la cercanía de nuestro obispo a los religiosos y religiosas, a los niños, a todos los presentes. Se percibe esa sintonía de sentirnos iglesia. Salimos llenos de fe y esperanza”.

Junto con D. Antonio concelebraban distintos religiosos presentes en nuestra diócesis y un gran número de comunidades religiosas presentes en distintos ámbitos de la pastoral: educativa, social…

El lema de la Jornada de este año “Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad” subraya la actitud obediente de Jesús en todo momento a la voluntad de su Padre y pide a los cristianos, especialmente a los consagrados, esa misma actitud de ofrenda y entrega.

Lea aquí la homilía pronunciada en la celebración:

GÓMEZ CANTERO: “Habéis nacido para socorrer, aliviar, acompañar, escuchar, educar, curar…  Icono de una Iglesia Samaritana”

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GÓMEZ CANTERO: “Habéis nacido para socorrer, aliviar, acompañar, escuchar, educar, curar…  Icono de una Iglesia Samaritana”

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A esta fiesta de hoy nuestros hermanos ortodoxos la llaman el “Día del Encuentro”. ¡Qué necesitados estamos de encuentros! Viendo la Catedral repleta de caras conocidas, de religiosas y religiosos, de seglares, hermanos y hermanas… se me alegra el corazón. Como dice el salmo 133: “¡Ved que dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos!”. Hoy nosotros, en nuestra Iglesia Madre, estamos convocados para celebrar la Presentación del Señor en el Templo y la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cuyo lema nos recuerda: “Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad”

Hoy nosotros valoramos y agradecemos el don de la vida consagrada tal y como el Espíritu la va suscitando en la Iglesia de cada tiempo y de cada lugar, especialmente damos gracias a Dios por las más de 40 comunidades de vida consagrada en nuestra iglesia de Almería.

En mi tarea de formador de sacerdotes, de acompañante de jóvenes, de párroco y de obispo he tenido y tengo un fuerte empeño por “ser comunidad”, es el ideal que nace del mismo corazón de Cristo, como lo descubrimos en todas sus enseñanzas en sus hechos y en su vida. Vemos cómo va conduciendo a sus discípulos, por lo tanto, también a nosotros, hacia la vida comunitaria. Estoy convencido que es la esencia de su mensaje: “Que todos sean uno, como tú y yo Padre somos uno”.

Evidentemente este camino comunitario no nace solo de una mera actitud piadosa, o de unos proyectos personales, de unas programaciones o tácticas estratégicas de un grupo. Nace del conocimiento efectivo y afectivo de Cristo. Nace de un anhelo profundo por conocer y seguir la voluntad del Señor, que nos pide que seamos una comunidad: orante, peregrina, samaritana y apostólica.

El “aquí estoy”, de nuestro lema, no es un deseo repentino, un impulso inconsciente, o un arrebato espiritual mañanero, es FIDELIDAD y PERMANENCIA. Lo hemos escuchado en el evangelio de hoy, contemplando la espera persistente de Ana y de Simeón. Muchas noches, muchos días en espera. Solo se espera cuando se cree, de espera viene la palabra esperanza.

Aunque el encuentro es en el Templo, Jesús, desde el principio, se deja querer por la gente sencilla que no tiene prejuicios, que no envidia los dones de los grandes, sino que, al contrario, le buscan para poder tocarlo, para mantener la confianza, pues veían en Jesús a quien podía devolverles la esperanza. Esta es la cuestión devolver la esperanza, esperanza que no poseemos ni nosotros ni nuestras acciones, sino que viene del mismo Cristo y todos nosotros somos sus testigos, su comunidad apostólica.

Todas las mañanas, desde hace ya muchos años, (como me dijo mi párroco que hiciera, cuando yo era un adolescente) al levantarme digo: “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”. A veces me arrepiento, sobre todo si pienso en mí mismo.

¿O es que en nuestros itinerarios personales no hay bastantes momentos de pensar en uno mismo, haciendo un camino que no nos lleva a nada, hasta que no se ha producido un verdadero encuentro con Aquel que nos ama? A veces nos cuesta aprender de Jesús y eso que todos los días rezamos en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad”. A veces a personas más o menos jóvenes que están al borde de la muerte les recuerdo la oración del Señor que tanto hemos rezado.

Vuelvo a la jornada que celebramos. Somos vidas consagradas: ¿consagradas a qué? No, mejor dicho: ¿consagradas a quién?

Sin el encuentro con Cristo, nuestra vida se agota en nosotros mismos. Sin el encuentro con Cristo nos agotan los consejos evangélicos, nos agota la vida comunitaria, nos agota el servicio callado, nos agotan los pobres… se nos agotan los caminos de esperanza, para ellos y para nosotros.

Cada una de vosotras, cada uno de vosotros… cada uno de los que ahora rodeamos el altar, mirémonos al corazón: no estamos aún en ese camino de vuelta: no lo digo peyorativamente. Me refiero a las que, yendo al sepulcro, con los ungüentos, se encontraron con el resucitado. Me refiero a aquellos que alertados por las mujeres encontraron el sepulcro vacío y creyeron. Me refiero a aquellos que camino de Emaús les ardía el corazón.  Este es nuestro camino de vuelta, a la comunidad congregada, camino como el de ellos: exultantes de gozo, de ilusión, de ansias de dar testimonio, de arder el corazón, de esperanza, de Vida, con mayúsculas, …  Si no es así nuestros caminos serán de amargura, lamentaciones y quejas.

Sólo desde el encuentro, con Aquel que nos ama, consideraremos todo basura comparado con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, como decía san Pablo.

Hoy que nos hemos acompañado en procesión por el claustro con las candelas, expongámonos a la Luz de Cristo, entonces nuestros caminos de entrega, nuestra vivencia de los consejos evangélicos, nuestra vida de bautizados y consagrados tendrá sentido, porque no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Cristo, de palabra y de obra con toda nuestra existencia.

Gracias, queridas comunidades de vida consagrada, por estar aquí, en nuestra y vuestra diócesis.

Como Ana y Simeón, cada una de las personas que buscáis el anhelo comunitario sois un signo profético en medio de nuestro pueblo. Con vuestra existencia nos decís que otra manera de vivir es posible.

Sois signo profético porque acompañáis en el peregrinaje al pueblo que camina: poniendo atención a sus pasos, aliviando cualquier tipo de sed, acompañando en las fatigas, descansando en el oasis de los gozos, manteniendo sus pasos en la espera y en la esperanza.

Sois signo profético porque sois lazos de unión para nuestras individualidades, porque habéis nacido para socorrer, aliviar, acompañar, escuchar, educar, curar…  Icono de una Iglesia Samaritana, que se aproxima, mira con misericordia, cura las heridas, en aquellos que yacen en las cunetas de la vida. Vuestra vida profética es un dedo en la “soberbia herida” de los que pasamos de largo.

Y permanecéis de rodillas ante el Señor de la Ternura, porque si no como ibais a sosteneros de rodillas ante la persona que sufre por cualquier causa, de rodillas para poderle levantar y colmarle de abrazos, de besos, de cariño, de AMOR.

Hoy la Iglesia de Almería rezamos por vuestras comunidades, por cada uno de los que formáis vuestros equipos de campaña, para que permanezcáis y crezcáis entre nosotros, pues os necesitamos.

¡Ánimo y Adelante!

+ Antonio, vuestro obispo

Catedral de Almería, 2 de febrero de 2024

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COPE ESPEJO ALMERÍA: Hablamos con D. Francisco Jerónimo Ruiz, arcipreste de Huércal Overa-Los Vélez

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El Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Sevilla homenajea a su secretaria durante casi cuarenta años

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El Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Sevilla homenajea a su secretaria durante casi cuarenta años

El pasado 29 de enero, la Casa del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en San Juan de Aznalfarache, celebró su tradicional Ultreya con motivo de la festividad de San Pablo, patrón del movimiento.

La Eucaristía estuvo presidida por el consiliario, Adrián Sanabria, y concelebrada por el viceconsiliario, Manuel Jiménez. Durante la misma se recordó especialmente a los cursillistas fallecidos durante el último año.

Este encuentro sirvió también como homenaje a María Antonia Pérez Herruzo, más conocida como Mari, quien fuera secretaria del movimiento en Sevilla durante 37 años. José Ignacio del Rey, presidente de Cursillos de Cristiandad en Sevilla, agradeció su labor “durante tantos años de servicio incansable a nuestro movimiento”.

Del Rey recordó cómo Mari era “la carta de presentación de nuestro movimiento. Su voz resonaba en los oídos del futuro cursillista, una voz cercana, cálida, serena…una voz que abrazaba”. También admiró cómo, a través de su servicio, “se había colado en la vida de tantos hombres y mujeres que, sedientos de Dios, comenzaron a experimentar la Gracia de su Amor”. Finalmente, concluyó asegurando que “la vida de Mari es entre nosotros la voz de un rollo, el sonido de una campana, el sigilo entusiasmado de una labor de pasillo, la fuerza de una clausura y, sobre todo, la acogida de una apasionada bienvenida”.

A partir de ahora asumirá las responsabilidades como secretaria del movimiento Maribel Martínez Barragán.

Más información en mcc-sevilla-administracion@cursillosdecristiandad.es o del teléfono 640 526 573.

Próximos Cursillos.

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El Obispo celebra la Jornada de la Vida Consagrada

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Los consagrados de la Diócesis han tenido una cita con monseñor Demetrio Fernández en la Santa Iglesia Catedral

La tarde del viernes, 2 de febrero, el Obispo ha celebrado la XXVIII Jornada de la Vida Consagrada con los consagrados de la Diócesis. Este día la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, es fiesta de luz y esperanza. María es la Candelaria porque lleva en brazos a Jesús, la luz del mundo. El lema de la Jornada de este año “Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad” subraya la actitud obediente de Jesús en todo momento a la voluntad de su Padre y pide a los cristianos, especialmente a los consagrados, esa misma actitud de ofrenda y entrega. Monseñor Demetrio Fernández ha recordado que la vida consagrada “es un testimonio fuerte en el mundo de los valores del Reino, que ha comenzado en Jesús y se consumará al final de los tiempos”. Los consagrados constituyen “un grito para todos los que vivimos en el mundo de que Dios es lo único necesario, sólo Dios basta”. Y nos enseñan a todos cuál es “el camino de la santidad”, que hay que buscar desde cualquier camino en la vida.

Por eso, ha destacado el prelado, “no nos puede faltar en la Iglesia y en el mundo el testimonio de la vida consagrada en sus múltiples formas”. Hay que rezar por los consagrados de la Diócesis y darle gracias a Dios por su presencia, su testimonio y su labor.








































La entrada El Obispo celebra la Jornada de la Vida Consagrada apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Solemnidad de la Virgen de Candelaria: “Seamos luz del mundo”

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Este viernes 2 de febrero, fiesta de la presentación del Señor en el templo, la villa de Candelaria acogió la celebración de la Solemnidad de la Patrona de Canarias. Asimismo, este día la Iglesia celebró la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

La mañana estuvo acompañada de un intenso sol y algo de calima, pero nada impidió que cientos de devotos acudieran a la Basílica a presentar a la madre de Dios sus promesas y oraciones.

A las 11.30 h., partía la procesión cívica del traslado del Pendón de la Villa hasta la Basílica de Candelaria, donde después de mediodía, con algo de retraso, comenzaba la eucaristía presidida por el obispo, Bernardo Álvarez y cantada por el Orfeón La Paz.

En la celebración estuvieron presentes la alcaldesa de la villa mariana, María Concepción Brito junto a la corporación municipal; el alcalde de Teror, Sergio Nuez, (municipio hermanado con Candelaria); el subdelegado del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife, Jesús Javier Plata; la consejera de Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias, Candelaria Delgado; la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila y varios diputados, senadores, cónsules, alcaldes y concejales de la isla de Tenerife. Asimismo, se contó con la presencia de Julio Salom, Teniente General Jefe del Mando de Canarias.

El prelado Nivariense, en su homilía, empezó comentando el Evangelio en el que se relata el encuentro de Jesús con el anciano Simeón y su profecía en el templo. Posteriormente, haciendo referencia al Salmo proclamado, indicó que el deseo de Dios es entrar en nuestros corazones. “El Rey de la Gloria quiere habitar en nosotros. Con la fuerza de Dios vamos por el mundo haciendo el bien. Como decía San Pablo, somos templo del Espíritu Santo”.

En otro momento de su homilía, monseñor Álvarez recordó que Jesús es el puente entre nosotros y Dios. “Mientras caminamos por este mundo vamos atravesando ese puente”. En este sentido, el obispo hizo referencia a una de sus canciones preferidas: ‘Puente sobre aguas turbulentas’, de Paul Simon. “La letra de esta canción está dedicada a una amiga del autor que estaba en el mundo de las drogas. Jesús también es como ese puente que nos ayuda a caminar sobre las dificultades de la vida”.

Monseñor Álvarez también expresó que los cristianos debemos ser como la candela que sostiene en su mano la Virgen de Candelaria. “Las velas, a medida que nos van iluminando, se van consumiendo. Eso es lo que debemos hacer nosotros. Iluminar y darnos a los demás. Seamos luz del mundo y llevémosla a tantas personas necesitadas; a los enfermos, a los mayores, a quienes están a punto de morir. Así nos lo recuerda el Santo Padre en su intención de oración para este mes de febrero”.

Por último, el prelado indicó que en este día se estaban cumpliendo 25 años de la firma de los documentos del primer Sínodo Diocesano. “Hace 25 años, mi predecesor, firmó estos documentos en este templo. Demos gracias a Dios por D. Felipe Fernández y pidamos para que todos los documentos que se han ido concretando en la diócesis den sus frutos”.

Tras Misa, tuvo lugar la procesión con la imagen de la patrona de Canarias alrededor de la plaza de la Basílica.

 

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“Aquí estoy, Señor, hágase tu voluntad”

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XXVIII Jornada de la Vida Consagrada

El 2 de febrero celebramos la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo en brazos
de su madre María y acompañados de su padre José. Es fiesta de luz y de esperanza.
Cumplidos los 40 días después del parto virginal, María lleva al Templo a su hijo único
Jesús como primogénito, para ofrecerlo a Dios como manda la ley de Moisés, y para ser
rescatado mediante una ofrenda alternativa. En este caso, la ofrenda propia de una
familia pobre, la de un par de tórtolas.
Se trata de una escena entrañable. Jesús entra en el Templo por primera vez en brazos
de su madre María y acompañado de José su padre. “Portones, alzad los dinteles, que se
alcen las antiguas compuertas, va a entrar el rey de la gloria”, canta el salmo 23, que
tiene su cumplimiento en este momento. La solemnidad del salmo contrasta con la
sencillez de la escena, puesto que Jesús entra como uno entre tantos.
Y Jesús es descubierto por el anciano Simeón, que lleva toda la vida esperando este
momento y descubre proféticamente quién es este niño y quién será en el futuro. Por
una parte, este anciano Simeón canta el Nunc dimittis, (ahora, Señor, puedes dejar a tu
siervo irse en paz), y por otra, anuncia a María que este niño será signo de contradicción
y a ella una espada le atravesará el alma de dolor. Es una fiesta agridulce, con este doble
sentido.
Coincidiendo con esta fiesta, en la que María es la candelaria, porque lleva en sus
manos la luz del mundo, Jesucristo nuestro Señor, celebramos la Jornada de la Vida
Consagrada, para recordar a todo el pueblo cristiano el gran valor que tiene la vida
consagrada en el seno de la Iglesia. La vida consagrada es la vida que tuvieron Jesús y
su madre bendita, y que ha dejado en la Iglesia una estela preciosa de santidad.
La vida consagrada se concreta en múltiples formas, desde la vida contemplativa de
clausura o no clausura hasta la vida religiosa en sus múltiples carismas y misiones en la
Iglesia, incluyendo las formas de vida consagrada en el mundo por medio de los
Institutos seculares o las vírgenes consagradas, incluso los ermitaños diocesanos. Toda
esta vida consagrada tiene como factor común vivir en la pobreza voluntaria por amor,
esa pobreza que dignifica al parecerse a Jesús, una pobreza que abre el camino de
acercamiento a los pobres; en la virginidad o castidad completa por amor, que renuncia
al matrimonio para hacerlo más valioso, en un desposorio verdadero con Jesucristo
único esposo de todos; y en la obediencia como camino de libertad en el amor.
Normalmente en vida comunitaria, porque Dios nos ha llamado a vivir en su santa
Iglesia, familia de Dios.
La vida consagrada es un testimonio fuerte en el mundo de los valores del Reino, que ha
comenzado en Jesús y se consumará al final de los tiempos. Constituyen un grito para
todos los que vivimos en el mundo de que Dios es lo único necesario, sólo Dios basta. Y
nos enseñan a todos cuál es el camino de la santidad, que hay que buscar desde
cualquier camino en la vida. Por eso, no nos puede faltar en la Iglesia y en el mundo el
testimonio de la vida consagrada en sus múltiples formas. Es un bien común necesario.

El lema de este año, “Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad”, subraya esa actitud de
Jesús, la obediencia, por la cual Jesús estuvo atento en todo momento a la voluntad de
su Padre, y pide de todo cristiano, especialmente de los consagrados, la misma actitud
de ofrenda, de entrega, de adoración. Es una actitud de suprema libertad, libre de todo
otro lazo, aunque fuera bueno o legítimo, y entregada a la voluntad del Padre, cuyos
planes son siempre para nuestro bien y el de los demás.
Oramos por los consagrados de nuestra diócesis de Córdoba y agradecemos a Dios su
presencia, su testimonio, su labor en tantos campos. Sin la vida consagrada, la Iglesia no
sería la esposa bella de nuestro Señor Jesucristo. Que no nos falte en nuestra diócesis
esa vida consagrada que a todos nos invita a la santidad. Así lo celebramos el 2 de
febrero en la Catedral a las 5 de la tarde.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Una jornada en Cafarnaún

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El Evangelio de este domingo nos presenta el reportaje de lo que venía a ser una jornada de Jesús en su vida pública. Después de enseñar en la sinagoga, se acerca a la casa de Pedro, y cura a su suegra, que estaba en cama con fiebre; al anochecer le llevan todos los enfermos y poseídos; cura a muchos enfermos y expulsa a muchos demonios. De madrugada se retira a un lugar apartado para orar; después marcha a predicar el Reino a otros pueblos y aldeas. La jornada de la vida de Jesús estaba compuesta fundamentalmente de tres elementos: predicación del Reino, curación de los enfermos y oración.

Contemplamos maravillados a Jesucristo que se levanta de madrugada, busca un lugar tranquilo y entra en oración. En la oración llega al culmen de su intimidad filial con el Padre y en la oración alcanza la plenitud su conciencia filial. El Maestro era un hombre que se entregaba a la oración, que les enseñaría a orar en todo momento, sin desfallecer. En su vida se alternaba la contemplación y la acción, la predicación del Reino, la curación de los enfermos y el encuentro con el Padre. Pero el centro que unifica toda su existencia, todo su ministerio, es su unión con el Padre, porque Él es uno con el Padre (cf. Jn 10, 30).

Vivimos una situación, especialmente en nuestro Occidente rico, en que la Nueva Evangelización se hace cada vez más urgente porque nos encontramos inmersos en un proceso de secularización aparentemente imparable. La creación del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización en 2010, por parte de Benedicto XVI, es la respuesta más clara y proactiva que la Iglesia ha ofrecido ante la progresiva secularización de la sociedad occidental y el eclipse del “sentido de Dios”. En la Exhortación Apostólica Verbum Domini recuerda el papa Ratzinger que la Nueva Evangelización es confirmada por la eficacia de la Palabra divina e insiste en que la complejidad de la situación actual requiere nuevas formas y que el anuncio debe ir acompañado del testimonio cristiano coherente, que da credibilidad a la palabra.

La aportación del papa Francisco al reto de la evangelización en el contexto actual se hace especialmente importante por tres acentos: El primero es la calidad espiritual que hemos de tener como evangelizadores, alejándonos de toda mundanidad espiritual y apostando con fe, humildad y caridad por la santidad en lo cotidiano. El segundo rasgo es asumir que “evangelizar” conlleva la radical necesidad de una conversión integral no solo de las personas, sino también de nuestras instituciones, ya que la coherencia de nuestro testimonio se manifiesta también por una conversión misionera de las estructuras de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, hermandades, realidades de Iglesia y movimientos, para que se conviertan en espacios de acogida sanadores y de encuentro con Cristo. Finalmente, el tercer aspecto que propone el Pontífice es la acción misma de evangelizar, cuyo sujeto es la Iglesia, Pueblo de Dios transformado por Cristo en un espacio de fe, acogida y curación espiritual para todos.

Ahora bien, los evangelizadores, como Jesús, han de centrar su vida y ministerio en la unión con Dios. El evangelizador es un testigo enviado en virtud del Bautismo, por el que ha nacido a la vida divina por el agua y el Espíritu. Es la hora de la fe, de la confianza en el Señor, porque él ha vencido al mundo (cf. Jn 16, 33). La fundamentación en Dios se convertirá en fortaleza para superar las dificultades y para ser capaces de dar testimonio en toda ocasión, también en las situaciones adversas. Hoy más que nunca es preciso que tengamos una fe adulta, profunda, madura, que vivamos una espiritualidad que integre la fe y la vida y que estemos siempre dispuestos para dar testimonio de nuestra fe en Jesucristo.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Cristo es la Buena Noticia

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IV domingo del Tiempo Ordinario

El Tiempo Ordinario es un periodo del año que nos hace vivir de un modo sereno toda la tarea evangelizadora de Jesús en medio de nosotros y la liturgia va ofreciendo el camino para encontrarse con el Señor y alimentar nuestra vida de fe… La figura de Cristo que aparece este domingo en el evangelio sigue siendo la del profeta que nos ilumina el camino con su Buena Noticia y nos invita a seguir el estilo de su Evangelio. Ha predicado toda la jornada en un pueblo, y le buscan para que siga haciéndolo al día siguiente: intuyen que en él tienen al verdadero Maestro. Pero él prefiere ir a predicar a otros pueblos y aldeas: «Para eso he venido… y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios».

En el evangelio de esta semana se destacan tres centros de interés a nuestra consideración: los signos, la oración y la predicación de Jesús. En cuanto a los signos que hacía el Señor, tienen una especial consideración, los milagros, sean de sanación o de otra índole; el lugar que reserva a la oración junto a una dedicación intensa al trabajo, admiró a sus contemporáneos y a nosotros, con toda seguridad: «Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar». Un ejemplo para que también los cristianos de hoy –pastores o no– sepamos conjugar la entrega a los demás con momentos de oración comunitaria y personal. Dentro de la sencillez, el Señor actúa con autoridad, mediante un gesto, un signo, con su sola palabra o en silencio, pero el resultado es la curación, la sanación o la liberación. El interés del Señor es que todos conozcan al Padre, que vean que la salvación viene solo de Dios. No es extraño que todos quisieran buscarle.

Cristo aparece como el que cura, el médico que libera de diversos males a las personas con las que se encuentra. El evangelista Marcos presenta a Cristo como el médico que sana las dolencias de todo tipo del género humano. Es, por tanto, la respuesta de Dios al mal que padece la humanidad. Cura a la suegra de Pedro, libera a muchos enfermos de diversos males y expulsa demonios. Enfermedades del cuerpo y del alma, como las que tenemos nosotros también en nuestra generación.

¿Por qué no se busca hoy al Señor con la misma necesidad de estos hombres? Por la falta de fe, sin duda. Jesús está con nosotros, entre nosotros, hoy, con la misma voluntad, con el mismo poder, con la misma bondad, con el mismo amor. Me pregunto si lo tenemos tan cerca del corazón, si lo sentimos cerca de nosotros… Entonces, es que necesitamos hacer ejercicio, sí, el ejercicio de la oración, de ponernos a la escucha de Dios, hasta poder decir, como el beato Carlos de Foucauld: «Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias… Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque tú eres mi Padre». Entonces, no necesitaremos que nadie nos recuerde que hemos de predicar la bondad de Dios, porque tendremos necesidad de decirlo.

Nuestra conclusión es clara, que Dios nos ama de verdad; que amar como Dios nos ama es romper los esquemas, es salir de tus intereses, es abrir tu vida a todos, con un corazón universal, incluso a aceptar la cruz y el sufrimiento.

Excmo. y Rvdmo. Mons. José Manue Lorca Planes | Obispo Diócesis de Cartagena

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