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HOMILIA EN EL PRESBITERADO DE EDUARDO A. HENRÍQUEZ: «Eduardo, estamos contigo, todos te necesitamos, todos nos necesitamos. Se muy feliz»

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Lecturas: Jr 1, 4-9; Hbr 5,1-10; Jn 15, 9-17

Querida Comunidad. Especialmente os saludo a vosotras, la madre y las tías de Eduardo: Saira, Judit y Lilia, que venís desde Panamá a la ordenación de vuestro hijo y sobrino. Recibid mi enhorabuena, mi cariño y el de toda nuestra diócesis, sentiros en casa. Excelentísima Señora Embajadora de Panamá: Ithzel Patiño y su Esposo. Ilustrísimos Señores Alcaldes y miembros de las corporaciones de los municipios de las Alpujarras y Vélez Rubio.

Señor Rector y Seminaristas de Almería. Un recuerdo para el Rector, los formadores y seminaristas de Cartagena-Murcia, que no han podido venir, por estar en plena campaña vocacional, en estos días tan cercanos a san José. Comunidades parroquiales de Vélez Rubio y su párroco D. Javier, donde Eduardo hizo el año de pastoral. Comunidades parroquiales de Laujar de Andaráx, donde ha ejercido el diaconado desde el 2 de septiembre del año pasado y su párroco D. Manuel.  Jóvenes, de todas estas comunidades parroquiales.

Queridos Vicario General y Vicario de Evangelización, Sr. Deán y Cabildo de esta casa madre, en la que celebramos el Año Santo, en sus 500 años. Sacerdotes, diáconos permanentes, religiosas y religiosos de la vida consagrada, hermanas y hermanos de esta iglesia apostólica que ha seguido, hasta nuestros días, la misión evangelizadora de San Indalecio y que hoy, especialmente, se siente orgullosa y esperanzada, aunque seguimos orando por las vocaciones.

Querido Eduardo que el Señor te ha elegido para entrar en el orden de los presbíteros, para entregarte a este pueblo y a esta tierra. Doy gracias a Dios por tu obediencia a la voluntad de Dios, y por el esfuerzo que has hecho durante estos años para discernir tu vocación, así como también doy gracias a los religiosos agustinos y a los sacerdotes que te han acompañado, tanto en el seminario como últimamente aquí en ésta tu diócesis. Lo muestran todas estas personas (y las que nos han podido venir) que sé que te quieren.

Como la primera y segunda lectura son las mismas que proclamamos en tu ordenación del diaconado y os hablé entonces ya de ellas, permíteme que me centre más en el evangelio. Los versículos anteriores al texto que hoy hemos proclamado y has elegido para tu ordenación al presbiterado, hablan de la vid y los sarmientos. Todos sabéis el texto de memoria, pero es esencial recordarlo para comprender el evangelio de hoy.

Jesús está viviendo la última noche con sus discípulos. Les ha lavado los pies, y les ha anunciado su partida inminente y el envío del Espíritu Santo, para que no tengan miedo. Es un momento de intimidad. Curiosamente, el evangelista san Juan, no narra la institución de la Eucaristía, pero Jesús les habla a sus discípulos de la viña y el vino en los mismos términos de la Alianza, que utiliza en la institución de la eucaristía en los otros evangelios. La imagen de la vid y los sarmientos sin querer nos retrotraen al profeta Isaías: “Voy a cantar un canto a mi amigo, el canto de amor a su viña” [Is 5,1] Estas son las palabras esenciales que nos regala: amigo, viña, amor, que encierran la belleza de la fe. Creer, Eduardo, es un regalo, un don, una Gracia. Entender esto significa entender muchas cosas: la fe, la vocación e incluso a uno mismo. El mandamiento del amor está arraigado en la unidad a la Vid verdadera, Cristo.

Está claro que Jesús, en este momento tan importante como es su discurso de despedida y por tanto de confidencias, no desea más que hablar de lo esencial. ¿Y qué es lo esencial? Sin duda la Alianza: “este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”. Fijaros que, con la imagen de la viña, no tiene necesidad de pronunciar la palabra Alianza, quizás porque no quería confundir a sus discípulos. Hablando de la viña está hablando de las condiciones de la nueva Alianza. ¿Un compromiso de amor que necesita? por encima de todo, una unidad íntima, como la rama al tronco y se precisa una condición: permanecer estrechamente unidos a Jesús, como lo están el sarmiento y la cepa. No hay frutos sin unidad a la cepa. ¡Permaneced en mí amor! es el grito de Jesús a los suyos, sobre todo porque sabía que le iban a abandonar esa misma noche.

Este deseo de unidad es también el fuerte deseo de Jesús hacia nosotros. Y este trabajo de unidad, de construir comunidad, es la tarea por la que te consagras hoy como sacerdote en medio del Pueblo de Dios. No es tu pueblo, tu eres el siervo (como Cristo) para reparar, sanar y construir su cuerpo, para reedificar y plantar, para hacer su voluntad. Como hemos escuchado al profeta Jeremías. Os he elegido yo para que vayáis y deis fruto.

Si lo miramos bien, todo el problema de la humanidad es desconfiar en Dios. Y todo nuestro problema es no considerar en lo profundo de nuestro corazón a Dios como Padre. “Padre, mientras el mundo no te ha conocido, yo te conozco”.

Cuando el pueblo de Israel era infiel a la Alianza, cuando caminaba por los caminos de los paganos, cuando seguía a falsos profetas, cuando se obcecaba en su propia voluntad: eso lo llamaban idolatría. Es decir, ¡No conocían a Dios! ¡Se hicieron falsas imágenes de él! Nosotros también podemos estar viviendo, sin darnos cuenta, en una actitud de idolatría, si no seguimos a Jesús (su estilo de vida, sus palabras, sus hechos), pues solo él es quien verdaderamente conoce a Dios como Padre. Un Padre que nos invita a estar fuertemente agarrados a su Hijo, para que demos frutos de amor y nuestros frutos duren.

Este mensaje estuvo fuertemente gravado en los primeros cristianos. La Palabra de Dios, también ahora, da la respuesta a las dificultades que se vivían y vivimos en las comunidades cristianas. En tiempo de San Juan ya habían dado comienzo las persecuciones que hacían tambalearse la fe de esa segunda generación de cristianos. Cuando se escribe este evangelio parece que la comunidad está pasando por persecuciones y penalidades. Por eso Jesús nos insiste que él es la vid a la que hemos de estar unidos los sarmientos, nosotros, para dar fruto. Y insiste en un verbo: “permanecer”.

El mensaje es bien sencillo, pero ¿por qué se insiste tanto en permanecer unidos al Señor? ¿Porque se daba una circunstancia muy parecida a la que estamos viviendo hoy nosotros? Los cristianos y también los sacerdotes, notamos el cansancio, vivimos muy dispersos, estamos como agotados, desorientados, desestructurados … Otras influencias ideológicas están haciendo mella en la esencia de nuestro corazón… ¡hemos perdido el amor primero! Recordad si no el himno de la primera carta a los corintios, donde nos habla del camino más excelente, ¿recordáis? Es un texto de alianza, de bodas: es paciente, no lleva cuentas del mal, no tiene envidia, no presume, no se irrita, no se alegra de la injusticia, goza con la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… el amor no pasa nunca.

La vieja cristiandad de Europa se resiente con el secularismo y el ateísmo o las idolatrías. Con frecuencia, a veces por desidia, no sabemos qué camino tomar para ser fieles a nuestra fe en Cristo. Ante este panorama se nos recuerda de una manera insistente que permanezcamos unidos a la “Vid verdadera”, porque separarse de ella es ir a la ruina, a la muerte. Y no hay otro camino: separados del Señor, actuando por nuestra cuenta y riesgo, seremos como los sarmientos secos que es imposible que produzcan nada, sólo sirven para ser cortados y echados al fuego. Necesitamos que nos vivifique la savia de Dios, que es su misericordia entrañable, su gran ternura, su perdón para todos nosotros.

“Permaneced en mí”, porque “sin mí no podéis hacer nada”. Querido hermano Eduardo, ¿cómo podremos comprender este gran misterio que hoy te envuelve y nos envuelve? Te pido por favor, que te fijes, nos fijemos todos en los grandes pastores de la Iglesia que han seguido a Cristo en su vida, que no pongas la mirada en cosa pasajeras. Que, ante las dificultades, que te encontrarás, grites con san Pablo: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”, el gran evangelizador de aquellos que no conocían a Cristo, y es el momento que comenzamos a vivir ahora. Podrás comprender a los ignorantes y extraviados (como nos ha dicho la carta a los hebreos) porque también nosotros estamos sujetos a debilidad. Como comunidad, como Iglesia, permanezcamos en Cristo.

Eduardo, estamos contigo, todos te necesitamos, todos nos necesitamos. Se muy feliz.

Sábado 16 de marzo, CATEDRAL de ALMERÍA, 10:30 horas

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

Fotos: José Domínguez Del Pino

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50º aniversario de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados de Sevilla

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50º aniversario de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados de Sevilla

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido la tarde de este sábado, la misa del 50º aniversario de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados, de Sevilla.

“Un día grande para la comunidad parroquial, que continua su camino cuaresmal de preparación para la Pascua, que reza por las vocaciones sacerdotales, y sigue creciendo como comunidad cristiana, llamada a la santidad y a la evangelización”, expresó el arzobispo hispalense al inicio de su homilía.

La Eucaristía ha sido concelebrada por el párroco de Nuestra Señora de los Desamparados, Gonzalo Fernández – Gallardo y el ministro provincial de los franciscanos menores conventuales de España, Juan Antonio Adánez.

Nuestra Señora de los Desamparados

Monseñor Saiz Meneses reflexionó sobre la presencia de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados.  “Contemplamos hoy especialmente a Nuestra Madre y Señora y la invocamos como mediadora de la gracia porque nos lleva a Jesús, el Salvador del mundo y porque es mediadora de todas las gracias. Ella intercede maternalmente por todos sus hijos, desde el cielo, junto a su Hijo Jesucristo, el único Mediador, ella se convierte en modelo de la mediación y la maternidad de la Iglesia con sus hijos renacidos por el agua y el Espíritu”.

En esta línea, don José Ángel pidió la intercesión de la Madre de Dios. “Hoy nos encomendamos a su intercesión para que el Señor os conceda la gracia de ser una comunidad viva y evangelizadora, de profunda espiritualidad y de una eficaz acción caritativa y social, que se forma a conciencia para dar razón de la fe y la esperanza”. Finalmente dio gracias a Dios por todas las gracias recibidas en estos 50 años, “por todos los frutos de amor compartido, por el futuro de esperanza que se abre caminando siempre en la compañía de los hermanos de la mano de Cristo el Señor y de Nuestra Señora de los Desamparados”.

Bendición de vidrieras

Durante la ceremonia, el arzobispo de Sevilla bendijo las nuevas vidrieras del templo parroquial alusivas a san Antonio de Padua, santa Clara de Asís, san Francisco de Asís, santa Isabel de Hungria, san Maximiliano Kolbe y santa Ángela de la Cruz. Al término de la celebración, departió con la comunidad parroquial.

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COPE ESPEJO ALMERÍA: La Pasión de Gádor una tradición casi centenaria

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Decreto para la Solemnidad de San José 2024

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Decreto para la Solemnidad de San José 2024

 

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

Decreto

El próximo día 19 de marzo celebraremos la solemnidad de San José, fiesta de precepto en el calendario católico y día laborable en nuestra comunidad autónoma Andaluza. En consecuencia, y para conocimiento de los fieles, procede dar las siguientes normas:

  1. Se mantiene el precepto de dicha solemnidad, con obligación de participar en la celebración de la Eucaristía
  2. Se dispensa de la obligación del descanso a aquellos fieles que por sus compromisos laborables no puedan hacerlo.
  3. Se ruega a los párrocos y rectores de iglesias que informen a los fieles con antelación de estas decisiones y acomoden en lo posible los horarios de misas alas posibilidades y necesidades de los fieles.
  4. La celebración del Día del Seminario, con la correspondiente colecta, se hará coincidiendo con el domingo, día 17, a no ser que los párrocos o rectores de iglesias estimen conveniente otra fecha que, en todo caso, deberá anunciarse previamente a los fieles

Dado en Guadix, a veintisiete de febrero del año dos mil veinticuatro.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

 

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Asidonia-Jerez celebra la Eucaristía de homenaje y acción de gracias con motivo de la marcha de las Hermanas de Belén

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El Monasterio de la Cartuja ha acogido en la jornada de hoy la Eucaristía de acción de gracias y despedida por los 22 de años de presencia de las Hermanas de Belén.

Asidonia-Jerez se ha unido en la jornada de hoy en el Monasterio de la Cartuja de Jerez para dar gracias a Dios por la presencia de las Hermanas de Belén durante 22 años. Tras vivir ayer un momento emotivo en la conferencia que tenían como protagonistas a las propias Hermanas, donde contaban su carisma y testimonio, igual o incluso más especial ha sido la celebración de la Eucaristía llevada a cabo hoy. Una Santa Misa que ha contado un con gran número fieles que ocupaban por completo el atrio de la Iglesia, además de sacerdotes, diáconos y la Vida Consagrada, la cual quería unirse a las Hermanas de Belén en este momento de acción de gracias.

Conferencia de las Hermanas de Belén. PINCHA EN LA FOTOGRAFÍA PARA LEER LA CONFERENCIA

Toda la familia diocesana se ha congregado en esta celebración que ha estado presidida por el pastor de la Diócesis, Monseñor José Rico Pavés, quien ha pronunciado las siguientes palabras en su homilía :

Por último, cabe mencionar la presencia de distintas autoridades civiles de la ciudad, como la alcaldesa, María José García Pelayo. Asimismo, tras la celebración se ha llevado a cabo un pequeño ágape para compartir entre los presentes junto a las Hermanas de Belén.

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Monseñor Rico Pavés recibe la visita de la pregonera de la Semana Santa de Jerez

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REZO DEL SR. OBISPO JUNTO A LA PREGONERA

En la jornada de hoy, a pocas horas de la celebración del pregón de la Semana Santa de Jerez en el Teatro Villamarta, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, ha recibido la visita de la pregonera, Eulalia Prieto. Momento especial donde la oración ha estado presente, comenzando este encuentro en la capilla del Obispado de Asidonia-Jerez. En este instante, el prelado ha pedido tanto a Cristo como a María que sostengan y ayuden en la tarea como pregonera a Eulalia, para que así también sus palabras sean portadoras de la Palabra del Señor y nos ayuden a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección.

Por último, cabe destacar, que durante todo el tiempo de Cuaresma, se ha celebrado el pregón de la Semana Santa de las distintas localidades de Asidonia-Jerez. Teniendo en cuenta que durante este fin de semana se celebran los que todavía no se han realizado.

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El arzobispo de Sevilla participa en los Diálogos de Cuaresma de la Fundación Cajasol

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El arzobispo de Sevilla participa en los Diálogos de Cuaresma de la Fundación Cajasol

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha participado esta tarde en los ‘Diálogos de Cuaresma’ que se celebran en la sede de la Fundación Cajasol. Ha sido una tertulia distendida con el periodista Carlos Navarro, en la que el arzobispo ha repasado su trayectoria vital y eclesial, desde su infancia hasta su llegada a Sevilla, pasando por el recuerdo de sus padres, sus años de formación religiosa, los años de gobierno en las diócesis de Barcelona y Tarrasa… Hasta su llegada a Sevilla hace poco menos de tres años.
No han faltado las referencias a las hermandades, sus encuentros con los tres últimos pontífices o el Congreso Internacional de Hermandades que se celebrará en Sevilla durante el mes de diciembre de 2024. Tampoco ha faltado el debate en torno a los conceptos de religiosidad popular, la situación de las barriadas más desfavorecidas de Sevilla, el papel de la Iglesia -con un apartado destacado para las hermandades- en la atención a las situaciones de pobreza, o las recientes elecciones en la Conferencia Episcopal Española. El acto ha sido presentado por la periodista Charo Padilla.
El acto ha contado con la presencia del presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido; el consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Carlos A. Bernal; el exministro Javier Arenas; el presidente del Grupo Joly, José Joly; el delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, Ricardo Sánchez; o el letrado Joaquín Moeckel, entre otras autoridades y personalidades de la sociedad sevillana.

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Padre, envíanos pastores

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DIA DEL SEMINARIO 2024

En torno a la fiesta de san José, la Iglesia en España celebra el Día del Seminario, para
tomar conciencia de esta gran necesidad, la de tener pastores que apacienten el rebaño
del Señor, pastores según el corazón de Cristo, pastores que prolonguen a Jesucristo en
medio de su Iglesia. Este año, con este lema, que se convierte en oración: Padre,
envíanos pastores.
La Iglesia es del Señor, no es una empresa humana, y por eso recurrimos en primer
lugar a la oración para pedirle a Dios que nos dé pastores. Él los ha prometido y
nosotros los necesitamos. Por eso, los pedimos con enorme confianza. “La mies es
abundante y los obreros son pocos, rogad por tanto al Dueño de la mies que envíe
trabajadores a su mies” (Mt 9,37). Además de la oración, pongamos todos los medios a
nuestro alcance para dar pastores a la Iglesia.
Considero que esta es una de las necesidades básicas de la Iglesia en todo tiempo, tener
pastores suficientes para las necesidades de las parroquias, de las diócesis, del mundo
entero al que hay que evangelizar. Porque si no hay pastores, no hay Iglesia. Jesucristo
al fundar su Iglesia, la fundó sobre el fundamento de los Apóstoles y los envió al mundo
entero. Aquellos doce representan a toda la Iglesia, como primera comunidad en torno a
Jesucristo. Pero representan sobre todo a los pastores, porque ellos a su vez
constituyeron sucesores (los obispos) y colaboradores (los presbíteros y diáconos) para
hacer presente a Jesucristo y su Evangelio. Y fueron implantando la Iglesia por el
mundo entero.
Hoy como ayer necesitamos pastores para las comunidades cristianas. Sólo el sacerdote
ordenado puede celebrar la Eucaristía y administrar el perdón de Dios, que tanto
necesitamos. Esto no es clericalismo, esto es voluntad de Cristo, que ha constituido a su
Iglesia de esta manera. Nosotros recibimos del Señor esta Iglesia, constituida
jerárquicamente, en la que los ordenados por el sacramento del Orden, representan a
Jesucristo personalmente. Y donde no hay sacerdotes o escasean, las comunidades
cristianas languidecen hasta llegar a desaparecer.
Pidamos con insistencia al Padre celestial que nos mande pastores. Que en las familias
cristianas esta sea una petición constante: Señor, envíanos pastores, y si tú lo quieres
haz que alguno de nuestra familia sea llamado para este servicio en tu Iglesia santa. Las
familias cristianas han tenido siempre a gala que alguno de sus miembros sea llamado
para este ministerio. No decaigamos en esta petición. Y si alguno de nuestra familia
expresa algún indicio de llamada, apoyémosle entre todos para que discierna en la
verdad y verifique si esta es la llamada de Dios para él.
En las catequesis parroquiales y en cualquier otro ámbito católico, también en los
colegios y en las clases de religión, presentemos continuamente esta necesidad,
hablemos con entusiasmo de esta vocación tan necesaria para la Iglesia y no nos
cansemos de pedirle a Dios que nos mande pastores. Que los sacerdotes tengan como
tarea primordial proponer a todos, y especialmente a los que manifiestan alguna
inclinación al sacerdocio, la alteza de esta vocación y acompañen a los llamados,

participando en las jornadas de monaguillos o en las distintas actividades de la pastoral
vocacional diocesana.
Nuestro Seminario de Córdoba tiene vocaciones, funciona bien, prepara con esmero
para el sacerdocio. Pero necesitamos más, muchos más seminaristas, porque las
necesidades de la Iglesia son abundantes y no llegamos a todos.
Oremos por el Seminario, oremos por los jóvenes que se lo están planteando, oremos
por los sacerdotes y por su fidelidad al Señor. Es una necesidad de primer orden, que
nadie puede suplir. Padre, danos pastores según el corazón de Cristo, Amén.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Padre, envíanos pastores

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Celebramos el Día del Seminario. El lema de este año, “Padre, envíanos pastores”, es una oración de súplica a Dios por las vocaciones. No hemos de olvidar que la principal actividad de la pastoral vocacional de la Iglesia es la oración, con la que reconocemos que las vocaciones son don de Dios y como tal se lo pedimos. La Iglesia pide al Dueño de la mies que envíe obreros a los campos. Cuando en 1963 san Pablo VI instituyó la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y no simplemente la «Jornada de las Vocaciones», subrayó, precisamente, que la Iglesia no es la fuente de las vocaciones, sino que su tarea fundamental es orar por las vocaciones, como don de Dios que son. En la oración se manifiesta fundamentalmente la solicitud del Pueblo de Dios por las vocaciones. Todos los miembros de la familia diocesana hemos de tener la humildad, la confianza, la valentía de rezar incesantemente por las vocaciones.

El Evangelio de este V Domingo de Cuaresma narra que algunos peregrinos de cultura griega, que habían subido a Jerusalén, manifiestan interés por ver a Jesús, desean conocerlo personalmente. En la petición de estos griegos percibimos la sed de ver y conocer a Cristo, el anhelo interior de salvación que experimenta todo ser humano en lo profundo del corazón. La respuesta del Señor se orienta al misterio de la Pascua; en primer lugar, refiriéndose a sí mismo, les dirá que ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre, lo cual significa la hora de su Pasión, Muerte y Resurrección; seguidamente, explicita ese camino pascual con tres elementos conectados entre sí: el grano de trigo, el seguimiento del discípulo y la obediencia al Padre.

El Señor utiliza una imagen de la vida diaria que es a la vez muy sugerente para  explicar su muerte, ya cercana, su Misterio Pascual: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Se compara a sí mismo con un grano de trigo que muere y da un fruto abundante. Mediante la muerte en cruz, dará un fruto de salvación universal. Cristo muere para resucitar; desde la cruz alcanza una vida nueva y abundante para todos los hombres; desde la cruz, que en apariencia es un fracaso, escándalo para los judíos y necedad para los griegos, Cristo se convertirá en el centro de la Historia, en el salvador de la Humanidad. Su Muerte y Resurrección son la victoria definitiva del amor sobre el egoísmo, del bien sobre el mal.

Jesús señala este camino exigente de la cruz para todos sus discípulos, y lo describe con la imagen del grano de trigo que muere para propiciar una nueva vida. Esta es la paradoja de la cruz de la que nos habla el Evangelio de hoy: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna” (Jn 12,25). Es la radicalidad y totalidad que caracteriza a los discípulos de Cristo, que, por amor a él, se entregan al servicio de los hermanos, que pierden la vida y, de ese modo, la encuentran. Dar la vida, este es el camino de la verdadera alegría y de la fecundidad más grande, en la entrega desinteresada a los demás, sobre todo a los más pobres y pequeños.

Pedimos hoy especialmente por las vocaciones sacerdotales, y por todos nuestros sacerdotes, para que sigan haciendo de su existencia una ofrenda agradable al Padre, un don total de sí mismos a Dios y a los hermanos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que cumple la voluntad del Padre dando su vida en la cruz para la salvación del mundo, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud» (Mc 10, 45).

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Atraeré a todos hacia mí

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IV domingo de Cuaresma

Conforme vamos avanzando en la Cuaresma los temas que nos presenta la Palabra se hacen más intensos y dinámicos a medida que se acerca la Pascua. El profeta Jeremías nos anuncia en la segunda lectura una nueva alianza, fruto del amor de Dios, que siempre ha permanecido fiel, mientras que su pueblo Israel se fue alejando poco a poco con un «no» a Dios. Pero el Señor le ha abierto siempre los brazos para volver a acogerlo y espera de ellos una verdadera conversión, porque no puede olvidarse de su pueblo: «Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Juan, en el evangelio, nos habla de la hora de agitación y angustia de Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando le pedía al Padre que lo librara de la muerte. Es más, en la segunda lectura de este domingo se añaden datos al subrayar la condición humana de Jesús y dice que esta petición la hizo Jesús con gritos y lágrimas en los ojos. El autor de la Carta a los Hebreos dice que Jesucristo es mediador y pontífice, que sabe comprender nuestros peores momentos, porque los ha experimentado él mismo antes en su propia carne; su obediencia, que es solidaridad con el hombre hasta las últimas consecuencias, fue total, hasta la muerte y se ha convertido en causa de salvación para todos. He aquí cumplida su Palabra al decir lo del grano de trigo que, al morir, da fruto.

La aplicación de este mensaje a nuestras vidas se puede hacer en varias direcciones. Por una parte, se trata de que la Pascua de Cristo sea también nuestra pascua, o sea, el paso a la nueva vida, que está hecho de renuncia y novedad: «El que se ama a sí mismo, se pierde», «donde esté yo, allí también estará mi servidor»… Y, por otra parte: Pascua significa lucha y victoria contra el pecado y el mal. Como Cristo ha pasado a la nueva existencia, nosotros estamos comprometidos a luchar contra el «hombre viejo» y somos invitados a pasar a la nueva alianza, renunciando al mal: «Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera», «y atraeré a todos a mí». La conciencia de pecado la tenemos, pero en la Pascua se nos proclamará la victoria de Cristo contra todo mal, tal como dice el profeta Jeremías: «Cuando perdone sus pecados y no recuerde sus pecados».

Este tiempo de Cuaresma nos ayudará a fortalecer nuestra fe cristiana y a librarnos de caer en la rutina o en el formalismo, por eso la insistencia del mensaje de Jeremías tiene mucho sentido para nosotros: lo que nos enseña Jesús es a entender que la ley debe ser escrita en el corazón, personalizada y seguida con autenticidad. El salmo nos ha hecho repetir varias veces: «Crea en mí un corazón puro». El mejor fruto de la Pascua es que nuestra fe, tanto a nivel personal como comunitaria, se haga más profunda y convencida, tiene que ser tan fuerte como la de nuestro Señor Jesús.

Recordemos las palabras que se nos dijeron al comienzo de la Cuaresma, en el Miércoles de Ceniza: «Conviértete y cree en el Evangelio». Hoy se nos pide la conversión del corazón, la personalización tanto del sentido del pecado como de la vuelta a Dios y de la experiencia de su perdón, sin negar sus aspectos sociales y comunitarios. Es una invitación seria y muy útil para la Cuaresma y la Pascua, sobre todo para los que han recibido en la Iglesia la misión de animar a sus hermanos en la fe.

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