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La diócesis de Guadix se une al dolor por las víctimas en el incendio de Bédar y los Gallardos, en Almería

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Con mucho dolor he recibido las noticias del trágico incendio en Bédar y Los Gallardos, pertenecientes a la vecina diócesis de Almería, que ha causado la muerte de varias personas y numerosos heridos. Como obispo de Guadix y en nombre de toda la diócesis, hago llegar a mi hermano D. Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, mis condolencias y el afecto y la cercanía de todos.

Desde la diócesis de Guadix, nos unimos al dolor por los fallecidos, al sufrimiento de los heridos y a la angustia de sus familiares, así como de todas las personas que se están viendo afectadas por el incendio.

Sentimos cercano ese sufrimiento no solo por la proximidad geográfica, sino porque son muchos los fieles de la diócesis accitana que han encontrado en esas tierras, hoy amenazadas por el fuego y la tragedia, un lugar de trabajo o de descanso.

Al mismo tiempo, desde la esperanza a la que nos llama la fe, elevamos una oración por los fallecidos, por los heridos y damnificados, y por todos los que trabajan para combatir el fuego y asistir a los afectados.

Pido a San Torcuato, Patrón de la diócesis de Guadix, que interceda por los afectados y les conceda el consuelo y la ayuda que necesitan en estos momentos de tribulación.

+ Francisco Jesús Orozco
Obispo de Guadix

Don Sebastián Gayá Riera

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El pasado martes tuvo lugar en Madrid un acontecimiento de profunda significación eclesial: la conclusión de la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización del siervo de Dios don Sebastián Gayá Riera, sacerdote, co-iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. La clausura de esta fase no es un punto final, sino un nuevo paso. La Iglesia, madre y maestra, procede siempre con prudencia, rigor y serenidad. El estudio de los escritos, la recogida de testimonios, el examen de su vida, de sus virtudes y de su fama de santidad, todo ello se ha realizado no para exaltar humanamente una figura, sino para reconocer si en ella resplandece la gracia de Dios y si su testimonio puede ser propuesto un día como ejemplo para todo el Pueblo de Dios.

La vida de don Sebastián estaba fundamentada en Jesucristo. Quienes tuvimos la gracia de conocerlo percibíamos en él una vida edificada sobre la roca firme del Señor. Cristo era para él el centro vivo de su existencia. En la oración, en el ministerio sacerdotal, en la dirección espiritual, en el acompañamiento de los jóvenes, en el servicio al Movimiento de Cursillos, se transparentaba siempre una relación personal, fiel y enamorada con el Señor. Su espiritualidad estuvo marcada por la cruz, pero nunca por el derrotismo. Vivió pruebas, enfermedades, incomprensiones y sufrimientos; sin embargo, en todo ello mantuvo la paz interior, la paciencia y una alegría profundamente cristiana. Sabía, como san Pablo, que la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad» (2 Cor 12,9). En esa confianza se sostuvo su vida. No se apoyaba en sí mismo, sino en la Providencia divina, convencido de que Dios conduce la historia incluso cuando sus caminos resultan oscuros para nosotros.

También el Espíritu Santo ocupó un lugar decisivo en su experiencia creyente. Don Sebastián entendía la vida cristiana como peregrinación: caminar con Cristo hacia el Padre, movidos por el Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos. Esa conciencia pneumatológica fue esencial en su comprensión del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. No lo veía como obra de estrategias humanas, sino como una gracia suscitada por el Espíritu para la evangelización, para el anuncio gozoso de Jesucristo y para la transformación cristiana de los ambientes. Fue, además, un sacerdote de gran celo apostólico. Desde sus primeros años de ministerio se entregó con generosidad a la pastoral juvenil, a la formación, a la Acción Católica y a la preparación de aquella gran peregrinación a Santiago de Compostela que estaría en el trasfondo del nacimiento del Movimiento de Cursillos. Para él, la fe no podía quedar encerrada en los templos ni reducida a costumbre sociológica; debía convertirse en encuentro vivo con Cristo, en conversión personal, en amistad, en comunidad y en misión.

Su humildad fue otro rasgo luminoso. Dotado de inteligencia, sensibilidad pedagógica y gran capacidad de liderazgo, nunca buscó protagonismo. Muchos escritos suyos quedaron discretamente ocultos o no llevaron la firma que les correspondía. No pretendía apropiarse de la obra de Dios. Sabía que el verdadero apóstol siembra, acompaña, sirve y desaparece cuando es necesario para que Cristo crezca en los corazones. Fue también hombre de unidad. En un tiempo en que tantas veces la dispersión, la rivalidad o el personalismo debilitan la misión de la Iglesia, su última recomendación conserva toda su fuerza: «Mantened la unidad». No era una frase circunstancial, sino una convicción profunda, nacida del Evangelio y de la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). La unidad no es uniformidad ni táctica organizativa; es fruto de la caridad, de la obediencia eclesial y de la docilidad al Espíritu.

Por eso, al concluir esta fase diocesana, nuestra actitud ha de ser de gratitud, esperanza y responsabilidad. Gratitud a Dios por la vida y el ministerio de don Sebastián Gayá; gratitud a quienes han trabajado en este proceso con fidelidad y competencia. Que el Señor lleve a buen término este camino, si es su voluntad. Que el testimonio del siervo de Dios Sebastián Gayá Riera siga alentando al Movimiento de Cursillos de Cristiandad y a toda la Iglesia. Y que María Santísima, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, nos enseñe a vivir con fidelidad, a servir con humildad y a anunciar con gozo que Cristo vive y nos llama a ser santos.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

La diócesis de Guadix se une al dolor por las víctimas en el incendio de Bédar y los Gallardos, en Almería

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Con mucho dolor he recibido las noticias del trágico incendio en Bédar y Los Gallardos, pertenecientes a la vecina diócesis de Almería, que ha causado la muerte de varias personas y numerosos heridos. Como obispo de Guadix y en nombre de toda la diócesis, hago llegar a mi hermano D. Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, mis condolencias y el afecto y la cercanía de todos.

Desde la diócesis de Guadix, nos unimos al dolor por los fallecidos, al sufrimiento de los heridos y a la angustia de sus familiares, así como de todas las personas que se están viendo afectadas por el incendio.

Sentimos cercano ese sufrimiento no solo por la proximidad geográfica, sino porque son muchos los fieles de la diócesis accitana que han encontrado en esas tierras, hoy amenazadas por el fuego y la tragedia, un lugar de trabajo o de descanso.

Al mismo tiempo, desde la esperanza a la que nos llama la fe, elevamos una oración por los fallecidos, por los heridos y damnificados, y por todos los que trabajan para combatir el fuego y asistir a los afectados.

Pido a San Torcuato, Patrón de la diócesis de Guadix, que interceda por los afectados y les conceda el consuelo y la ayuda que necesitan en estos momentos de tribulación.

+ Francisco Jesús Orozco
Obispo de Guadix

Mensaje ante el trágico incendio de Bédar y Los Gallardos

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Hoy el corazón se nos ha encogido al conocer la tragedia del incendio que ha segado la vida de, al menos, doce personas en nuestra tierra.

No hay palabras que puedan aliviar un dolor tan inmenso. Solo queda el silencio, la oración y la cercanía. Quiero hacer llegar mi abrazo más sincero a las familias de los fallecidos, a quienes esperan noticias de sus seres queridos, a los heridos y, de manera especial, a los vecinos de Bédar y Los Gallardos, que viven estas horas con una angustia difícil de expresar.

Cuando la muerte irrumpe de forma tan cruel, la fe no elimina las lágrimas y el dolor, pero nos sostiene para no perder la esperanza. Creemos que Dios no permanece lejos del sufrimiento humano, sino que lo abraza y camina con nosotros en las noches más oscuras. Él conoce cada nombre, cada historia y cada vida truncada.

Pido a todas las comunidades cristianas de nuestra diócesis que recen por las víctimas, por sus familias y por quienes están trabajando sin descanso en las labores de auxilio y atención.

Que Santa María, Madre del Consuelo, nos sostenga ante la tragedia y el dolor y nos ayude a todos a ser instrumentos de cercanía, ayuda y esperanza.

* Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería

Movimientos Populares, unidos para organizar la esperanza

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Los movimientos populares aglutinan a asociaciones de inspiración eclesial y a entidades aconfesionales que trabajan desde distintos ámbitos sociales con un mismo objetivo: promover la justicia, atender las necesidades de quienes atraviesan situaciones de exclusión y abrir caminos para eliminar las causas de la vulnerabilidad

Organizar la esperanza es el objetivo de los Movimientos Populares en un mundo marcado por las guerras, la desigualdad, la precariedad laboral y el deterioro ambiental. Los representantes del movimiento en Córdoba se han reunido con el Obispo recientemente para compartir con él la experiencia vivida durante el V Encuentro Mundial de Movimientos Populares con el Santo Padre en Roma.

Conocemos esta semana a Adela Redondo y María José Moreno, voluntarias de la sociedad de San Vicente de Paúl, un proyecto de acompañamiento en hospitales que ya camina en el Hospital Universitario Reina Sofía.

Conoce toda la actualidad diocesana en la última entrega de Iglesia en Córdoba a través del siguiente documento iec982

Al Trasluz: Decálogo vacacional por Antonio Gil

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Podemos decir que nuestro “plan de vida” no tiene vacaciones. Al contrario, hemos de “reforzarlo”. Cuando llega el verano, esta “columna” se convierte en “clásica”: “Decálogo vacacional”

1. Abramos nuestras vidas al descanso, nuestras miradas a la naturaleza y a los mejores paisajes, nuestro corazón al mundo entero.

2. Cuando gocemos del mar en la playa, no olvidemos el firmamento.

3. “No se rindan, sueñen”, dijo el papa Francisco, a los jóvenes de Cuba. ¡Soñemos!

4. ¡Felicidad! Fórmula sencilla: “Somos felices cuando nos convertimos en un don para los demás”.

5. ¡Busquemos tiempos de “silencios sonoros”!

6. “¡Esta es la hora del amor!”, gritó el Papa en su primera homilía. ¡Vivámosla!

7. “No busques consuelos humanos, porque Dios que te conoce perfectamente, te dará el consuelo en el momento oportuno”. (Frase en una plática del Curso de Retiro, en Pozoalbero).

8. “¿Apostolado en vacaciones?”. Muy fácil: el de la oración.

9. Realicemos el “viaje más difícil de la vida”: “El viaje hacia dentro, hacia el yo profundo, hacia mi propia identidad” (Fray Moisés Salgado, Prior de Silos).

10. Leamos “La Antorcha” (Junio 2026), revista editada por la Asociación Católica de Propagandistas, dedicada a la “Oración”, sobre todo, la entrevista que se realiza a Jacques Philippe, sacerdote católico francés y escritor, quien nos deja este “clamor”: “Lo más importante en la vida de fe es la oración”.

Apología estival contra el despilfarro del agua

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El verano no es solo una estación; es, en la modernidad tardía, una quimera que ofusca nuestra relación con la naturaleza. Bajo el fulgor implacable del sol canicular, las ciudades se transforman en oasis artificiales donde el confort enmascara la fragilidad del ecosistema. En medio del hedonismo estival, el agua corre con una fluidez que invita a la amnesia: se vierte sin medida en piscinas recreativas, se dilapida en jardines ornamentales y se disipa en un consumo hiperbólico que ignora la sequedad estructural del planeta. Sin embargo, esta aparente abundancia es un espejismo técnico. El agua no es una mercancía inagotable nacida del grifo, sino un don primigenio, un bien común de valor absoluto y, hoy más que nunca, un recurso en estado de asedio.

Para extirpar la modorra de una ciudadanía anestesiada frecuentemente por la comodidad, la sensatez debe uncirse a una ecología integral. No basta con la fría métrica de la eficiencia hidrológica; se requiere una interpelación moral que nos sacuda por dentro. El magisterio eclesial, de diversos modos, ha tejido una línea de pensamiento impecable que anticipó esta crisis, vinculando la justicia social, la custodia de la creación y la templanza individual como pilares de la supervivencia humana.

La génesis del cuidado: los bienes de la Tierra para la familia humana
Para comprender la relevancia ética del derroche hídrico es preciso remontarse a los cimientos de la Doctrina Social de la Iglesia. Aunque en el siglo XIX la preocupación ecológica no se formulaba con los términos científicos actuales, el papa León XIII —en el albor de la era industrial con su encíclica Rerum Novarum— sentó un principio de discernimiento ineludible: la tierra y sus frutos han sido dados a toda la humanidad para su sustento (RN, n. 6). Aquella intuición fundacional de la justicia distributiva nos recuerda que el derecho a la propiedad o al uso de los recursos no es absoluto; está intrínsecamente limitado por su destino universal. El agua, el más prioritario de estos bienes, no puede ser objeto de un señorío veleidoso. Malgastar el agua en el ámbito privado durante los meses de escasez es un acto de insolidaridad que expolia a la comunidad —y a las generaciones venideras— de su derecho a la subsistencia. La opulencia del derroche estival es la cara bofetada a la precariedad de quienes sufren la sed.

Tomar conciencia de la importancia del agua
Décadas más tarde, el papa Pablo VI formuló una advertencia premonitoria que hoy resuena con una urgencia dramática. En su carta apostólica Octogesima Adveniens (1971), señaló con precisión quirúrgica cómo el ser humano, en su afán por dominar la naturaleza, corre el riesgo de destruirla y de convertirse, a su vez, en víctima de esa degradación (OA, n. 21). Montini comprendió que el progreso técnico, si carece de un timón moral, se torna ciego. El agua, bajo la mirada del utilitarismo estival, pasa de ser el vehículo de la vida a un mero lubricante del consumo masivo. El desperdicio sistemático en nuestras duchas interminables, en el lavado negligente de automóviles o en el riego a pleno sol es el síntoma de esa explotación incauta que vacía los acuíferos y agosta los ríos, precipitando un desierto que nosotros mismos hemos financiado con nuestra indiferencia.

La conversión ecológica y la responsabilidad moral
La crisis del agua no es un problema exclusivamente técnico o climático; es, sustancialmente, una crisis del espíritu. Así lo diagnosticó con lucidez meridiana Juan Pablo II, quien introdujo de manera decidida el concepto de «conversión ecológica». El pontífice polaco advirtió que la humanidad contemporánea parece no percibir otros significados en su entorno natural que aquellos que sirven a un uso y consumo inmediatos. En su encíclica Centesimus Annus (1991) denunció con severidad la existencia de un estilo de vida propenso a la voracidad que destruye los tejidos de la convivencia y de la creación: «El ser humano, impulsado por el deseo de tener y de gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra» (n. 37). El dispendio estival del agua es la encarnación perfecta de este consumo desordenado. El agua se gasta no por necesidad, sino por el mero antojo del goce inmediato, un hedonismo líquido que diluye la noción del mañana. Al respecto, Wojtyla nos alecciona con destreza: la custodia de la creación no es una opción ideológica o una moda estacional, sino un deber moral. Cada gota que se evapora en la incuria es un testimonio de nuestra resistencia a esa conversión interior que exige mesura, sobriedad y un profundo respeto por los ritmos de la naturaleza.

La alianza entre el ser humano y el entorno
Benedicto XVI profundizó en la estrecha relación entre la ética humana y la salud del planeta. En su encíclica Caritas in Veritate (2009), introdujo una categoría esclarecedora: la ecología humana. Para Ratzinger el deterioro de la naturaleza está estrechamente ligado a la cultura que modela la convivencia humana. Si una sociedad pierde el sentido del respeto por sí misma, si abraza el relativismo y el egoísmo, terminará por proyectar ese desprecio sobre su entorno. El papa teólogo afirmó sin ambages que los creyentes y todas las personas de buena voluntad reconocen en la naturaleza el resultado de un proyecto de amor, cuyos elementos contienen una gramática que indica criterios de uso inteligente, nunca de abuso instrumental. El agua posee su propia gramática: es el disolvente de las impurezas, el sostén de la biodiversidad, la condición de posibilidad de la agricultura. Cuando abusamos de ella de forma caprichosa durante las vacaciones, estamos violentando esa estructura intrínseca, rompiendo lo que el pontífice bávaro denominó la «alianza entre el ser humano y el medio ambiente» (CV, n. 69). Una sociedad que dilapida su recurso más preciado mientras los campos se secan y las restricciones amenazan los hogares demuestra una alarmante quiebra moral, un analfabetismo ecológico que confunde la libertad con la licencia para arrasar.

El agua: una cuestión educativa y cultural
El agua es mucho más que un recurso; es un derecho esencial que hoy se encuentra amenazado. Como advierte con lucidez el papa Francisco en Laudato si’, «este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable» (n. 30). No es un bien comercial que se pueda derrochar con indiferencia, sino un elemento sagrado. Bergoglio es tajante al señalar que «el acceso al agua segura es un derecho humano básico, fundamental y universal» (LS, n. 30). Cada gota desperdiciada es una injusticia hacia los más vulnerables. Cuidarla no es una opción, sino un estricto deber ético. Es imperioso que se eduque a niños, jóvenes y adultos a gestionar rectamente los recursos hídricos, porque no hay conciencia de lo funesto que es malgastar este elemento vital para la vida de las personas y el progreso de los pueblos.

Actuar con clarividencia
El verano no puede seguir siendo un paréntesis ético. La urgencia hidrológica nos obliga a superar la mera retórica bienintencionada para adoptar una praxis responsable. La gestión correcta de un recurso imprescindible para la vida humana no es una tarea que competa únicamente a los gobiernos o a las corporaciones de ingeniería; es una micro-política de lo cotidiano, un ascetismo ciudadano que dignifica la inteligencia humana. Es indispensable poner en práctica una pedagogía del límite. Esto se traduce en acciones concretas, juiciosas y precavidas. Por ejemplo, ducharse en lugar de bañarse; no dejes correr el agua mientras te cepillas los dientes o te afeitas; coloca un cubo mientras esperas que salga el agua caliente de la ducha y usa este agua para limpiar o regar; adopta dispositivos de reducción de caudal; procura reparar esas fugas invisibles que desangran los depósitos municipales; enciende la lavadora y el lavavajillas únicamente cuando estén completamente llenos. Podemos pensar asimismo en aprovechar las aguas pluviales para usos no potables, entendiendo que cada molécula de agua debe cumplir el máximo ciclo de utilidad posible antes de ser devuelta al medio.

En definitiva, el agua que derrochamos hoy es la escasez del mañana. Escuchando las enseñanzas del magisterio pontificio podemos todos despertar del letargo estival. Que este verano no sea el registro de nuestro desinterés, omisiones y descuidos, sino el inicio de un pacto de cordura y gratitud con el agua, elemento que sostiene, limpia y bendice nuestra existencia.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FID

Peregrinación arciprestal de la Sierra de Segura a Roma

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Desde el 29 de junio al 5 de julio, las parroquias del arciprestazgo de Segura de la Sierra han peregrinado a Roma a través de la agencia Tour Ofertas, capitaneada por Autobuses Gilsam de Cortijos Nuevos.

Por la mañana del día 29 se congregaron fieles de Cortijos Nuevos, Orcera, La Puerta de Segura, Puente de Génave, Arroyo del Ojanco, Peñolite, Génave, La Matea y Siles con destino a Barcelona para coger el barco con rumbo al puerto de Civitavecchia y llegar a Roma.

Ya en Roma, y tras una visita guiada por la ciudad y el almuerzo, celebraron la Eucaristía en Santa María la Mayor del Trastevere para continuar después visitando la ciudad.

Al día siguiente se visitó el Vaticano y sus Museos, teniendo también un rato de tiempo libre para dar los últimos paseos por Roma.

Otro día, por la mañana, visitamos Asís, donde celebramos la Eucaristía en la Basílica de Santa María la Mayor, donde veneramos el cuerpo de San Carlos Acutis, para desplazarnos después a la sepultura de San Francisco de Asís y poder ganar la gracia del Año Jubilar.

Por la tarde visitamos la ciudad de Siena, que celebraba su día grande con la fiesta del caballo, aplazada del día anterior por la lluvia. Tras recorrer sus calles y contemplar el colorido de la ciudad, engalanada con las distintas banderas de sus barrios, emprendimos el viaje hacia Florencia.

Tras una intensa visita por Florencia, sus calles y monumentos, a media tarde emprendimos el viaje hacia Pisa, donde contemplamos, al caer la tarde, su característica torre inclinada y otros monumentos.

Ya por la noche emprendimos viaje hacia el puerto de Civitavecchia, donde embarcamos rumbo a Barcelona para regresar después a cada uno de nuestros pueblos.

Han sido días intensos de compartir momentos de todo tipo, pero sobre todo experiencias de fe, al conocer algunas historias de santos y las vivencias personales de los peregrinos.

En la celebración de la Eucaristía en el barco se unieron a nosotros pasajeros de otros destinos que querían cumplir con el precepto dominical, al igual que un grupo de Cáritas de Cerdeña que viajaba camino de Lourdes.

Arciprestazgo de Segura de la Sierra

I Campo de Trabajo Misionero para jóvenes en La Carolina

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El fin de semana del 3, 4 y 5 de julio tuvo lugar en La Carolina el I Campo de Trabajo Misionero para Jóvenes, organizado por la Delegación de Misiones de la Diócesis de Jaén, en colaboración con el equipo de Pastoral Juvenil de las parroquias de La Carolina.

Bajo el lema «Jóvenes, sed chispa de una humanidad nueva» (papa León XIV), más de veinte jóvenes se reunieron en la parroquia de la Inmaculada en la tarde del viernes para, a través de dinámicas, testimonios, diálogo y un rato de oración, ir adentrándose en este encuentro. Pudimos descubrir la realidad de la Iglesia en Tanzania y algunas curiosidades de su liturgia, de la mano de D. Nicodemo; cómo el matrimonio misionero formado por Antonio García y Ana Cruz se sintió llamado a servir durante más de veinte años en Ecuador; la alegría que encontró Blanca, a través de las experiencias misioneras del Proyecto Bolivia de Maristas, en la sencillez de los campesinos; y la felicidad que experimentó María en su tiempo de misión en Honduras, Chile y Bolivia, sintiendo que podía hacer mucho bien al ponerse al servicio de los demás.

Sensibilizarnos y empatizar con distintas realidades nos llevó a comprender que no podemos entender la fe sin el amor, ni el amor sin el servicio a nuestro prójimo, especialmente a los más necesitados, tanto de recursos materiales como espirituales y emocionales. Por ello, llamados a ayudar y servir, comenzamos a ser conscientes de cómo podemos hacerlo gracias a los dones y talentos que Dios nos ha regalado.

Con este objetivo, en la mañana del sábado continuamos la convivencia, descubriendo el verdadero sentido del servicio desde nuestra misión como bautizados y aprendiendo, a través de diversos talleres, cómo poner nuestros talentos al servicio de los demás. Tras la comida y unos divertidos juegos de sobremesa, nos pusimos a preparar diferentes actividades que realizaríamos en nuestra visita a la Residencia de Ancianos Los Olivares y terminamos la tarde visualizando la película Solo Javier, la historia real de un joven con una preciosa historia de conversión.

Los momentos de recogimiento y oración fueron una oportunidad para dejarnos interpelar, reflexionar profundamente sobre qué nos mueve, qué nos hace felices, qué nos hace sentir plenos… y encontrarnos con un Dios que nos ama tal y como somos, pero que nos sueña mejores.

El domingo nos pusimos al servicio de los usuarios de la Residencia Los Olivares. En un ambiente festivo y alegre compartimos juegos, manualidades, actuaciones de cante y baile y sesiones de maquillaje. Fue una mañana emocionante, tanto para los residentes como para quienes los visitamos, en la que los jóvenes ofrecieron lo mejor de sí mismos en cada sonrisa, cada gesto y cada palabra que regalaron.

El encuentro finalizó con la Eucaristía, que tuvo lugar en la ermita de San Juan de la Cruz, donde tuvimos la oportunidad de celebrar nuestra fe renovada en comunidad y dar gracias a Dios por el encuentro, por nuestra fraternidad y por todo lo bueno que nos ha regalado.

Tras la comida, nos despedimos compartiendo nuestras sensaciones y con el deseo de volver a encontrarnos al inicio del próximo curso para continuar formándonos, orando juntos y realizando actividades de servicio comunitario.

Queremos dar las gracias a la Residencia Los Olivares de La Carolina por su acogida; al equipo de cocina que nos ha acompañado durante este fin de semana, formado por voluntarias del grupo de catequistas de la parroquia y voluntarios de las cofradías de Jesús Amarrado a la Columna y de Ntro. Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Aurora; y a todos los que han puesto su granito de arena para que el encuentro haya sido posible.

Tanto los organizadores del encuentro como los jóvenes nos despedimos con el corazón lleno de fe y esperanza, y con la inmensa alegría de ser una Iglesia joven en salida. Y es que la Iglesia somos nosotros y, tal y como seamos nosotros, así será la Iglesia. Por ello, finalizamos el encuentro preguntándonos: ¿qué Iglesia queremos construir?

Delegación de Misiones Jaén
Equipo de Pastoral Juvenil de La Carolina

La Iglesia de Jaén se suma al dolor por las víctimas del incendio de Los Gallardos

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La Iglesia de Jaén se une al dolor de la Diócesis de Almería y de las familias de las víctimas del grave incendio forestal declarado en Los Gallardos, que ha causado la muerte de, al menos, once personas.

El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, se ha puesto en contacto con el Obispo de Almería, Don Antonio Gómez Cantero, para trasladarle, en nombre de la Iglesia jiennense, su cercanía, sus condolencias y la oración por las personas fallecidas, sus familiares y todos los afectados por esta tragedia.

“Me uno al dolor de la Iglesia de Almería y de tantas familias que están viviendo estas horas de inmensa tristeza”, ha expresado Monseñor Chico. Y ha añadido: “Rezo por el eterno descanso de las víctimas y por el consuelo de sus seres queridos, confiando en que Cristo sea su fortaleza y su esperanza en estos momentos de dolor. Asimismo, muestro mi apoyo y agradecimiento, en nombre de toda la Iglesia de Jaén, a quienes continúan trabajando sin descanso en las labores de rescate y extinción del incendio”.

El Prelado jiennense ha pedido, además, a Monseñor Gómez Cantero que haga llegar su cercanía y sus condolencias a las familias de los fallecidos, así como a las comunidades afectadas por el incendio.

Enlaces de interés

ODISUR
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