
Este rincón de Belalcázar será escenario, del 9 al 11 de octubre, de una cita que lleva por lema “¿Por qué yo no?”
La entrada El Monasterio de Santa Clara de la Columna acogerá un encuentro vocacional apareció primero en Diócesis de Córdoba.

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Número de esta semana, correspondiente al 13 de septiembre de 2026.
En este número del Semanario Fiesta Digital de Granada y Guadix, dedicamos el tema principal a la procesión de rogativas al Cristo de San Agustín que tendrá lugar el próximo lunes, 14 de septiembre.
También os ofrecemos otros contenidos, como las noticias de las reaperturas tras los terremotos, la Ofrenda Floral de nuestra patrona y la devoción en Baza a la Virgen de la Piedad.
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El próximo lunes, 14 de septiembre, la Iglesia celebra la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, Titular de la Catedral de Cádiz. Con tal motivo, a las 09.30 horas el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, presidirá la ceremonia, concelebrada junto a miembros del Cabildo Catedral, en el Coro de la seo gaditana.
Durante todo el día estarán encendidas 12 velas que indican las 12 cruces donde fue ungida por el Santo Crisma la Catedral de Cádiz, en 1838 por el obispo Fray Domingo de Silos Moreno.
Esta fiesta, de gran tradición litúrgica, ya se celebraba en Jerusalén en el siglo V. Según las crónicas , la Santa Cruz fue hallada por Santa Helena el 14 de septiembre del año 320, y en la misma fecha, del año 335, fue bendecida y dedicada a la basílica de la Santa Resurrección, también conocida como el Santo Sepulcro, en Jerusalén. Más tarde en 1262, el día 14 de septiembre, Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla y León, entró en Cádiz devolviéndola a la cristiandad. Como recuerdo de este hecho, mandó a construir una iglesia en honor de la Santa Cruz, que el Papa Urbano IV elevó a Catedral cuando trasladó la sede episcopal de Medina Sidonia a Cádiz.
El comienzo de un nuevo curso académico y escolar nos sitúa ante una de las tareas más decisivas: educar. No se trata solamente de transmitir conocimientos, adquirir competencias o preparar buenos profesionales. Educar significa ayudar a cada persona a descubrir quién es, para qué vive y cómo puede poner los dones recibidos al servicio de los demás. El pasado 5 de septiembre, en la Misa del Espíritu Santo con la que la Universidad de Sevilla inauguraba el curso 2026-2027, recordaba que la Universidad nació históricamente de una pasión: buscar la verdad. Cuando una institución educativa renuncia a las grandes preguntas —qué es el hombre, cuál es el sentido de la vida, dónde se fundamenta la dignidad humana, qué sociedad queremos construir— comienza a perder su alma. Educar exige mantener vivas esas preguntas y enseñar a afrontarlas.
Precisamente un día antes, el papa León XIV, al recibir a una delegación del Oriel College de Oxford, evocaba el pensamiento de san John Henry Newman y proponía una educación cristiana que abrace a la persona entera. El Santo Padre señalaba tres criterios para medir el verdadero valor de la educación: la dignidad humana, la justicia y la capacidad de servir al bien común. Y añadía una invitación que debemos escuchar: buscar con valentía la verdad y promover una visión antropológica integral. La educación cristiana no puede fragmentar a la persona. Ha de formar la inteligencia, pero también la libertad y la conciencia; ha de cultivar la sensibilidad, la responsabilidad, la capacidad de relación y la apertura a la trascendencia. La persona no puede reducirse a su rendimiento, a sus capacidades o a su utilidad. Su dignidad es anterior a todo éxito y reconocimiento, porque cada ser humano es querido por Dios, llamado a la comunión y destinatario de una vocación.
Por eso fe y razón no pueden presentarse como mundos enfrentados. La fe auténtica no teme a la inteligencia, y una razón abierta no debe cerrarse de antemano a la trascendencia. Educar cristianamente significa enseñar a pensar sin miedo, a preguntar sin prejuicios y a reconocer que la verdad es mayor que nosotros. Este desafío adquiere hoy una urgencia especial. Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial ofrecen posibilidades extraordinarias, pero también nos obligan a crecer en discernimiento. Nunca ha sido tan fácil acceder a información y, al mismo tiempo, tan necesario aprender a verificar, interpretar y asumir personalmente la responsabilidad de nuestras decisiones. La verdadera educación no puede limitarse a proporcionar respuestas; debe enseñar a formular buenas preguntas.
En esta misión, el profesor es mucho más que un transmisor de contenidos. Es maestro cuando despierta interrogantes, acompaña procesos de maduración, cultiva el rigor intelectual y comunica el amor por la verdad. Y el alumno no está llamado simplemente a aprobar, sino a crecer como persona libre, madura, responsable y capaz de servir. Aquí aparece el núcleo más profundo del mensaje de León XIV. El trabajo académico, afirma el Papa, debe favorecer un encuentro “corazón a corazón” con los hermanos y, especialmente, con Jesucristo. Educar no consiste solamente en formar inteligencias; educamos personas capaces de encuentro. El verdadero saber abre al otro, hace posible el diálogo y termina convirtiéndose en servicio.
Por eso la sabiduría verdadera nunca puede separarse del bien común. ¿De qué servirían grandes conocimientos si olvidáramos la dignidad del ser humano? ¿De qué servirían excelentes profesionales si carecieran de conciencia, sentido de justicia o responsabilidad hacia los más débiles? La excelencia cristiana no se mide solo por lo que somos capaces de lograr, sino también por el bien que somos capaces de hacer. Al comenzar este nuevo curso, pidamos al Espíritu Santo sabiduría para enseñar y aprender, pasión por la verdad, humildad para reconocer nuestros límites y generosidad para servir. Que nuestras escuelas y universidades sean lugares de encuentro entre saberes, culturas y personas; espacios donde la verdad sea buscada con libertad y donde cada uno pueda descubrir su vocación. Y que Jesucristo, “camino, verdad y vida” (Jn 14,6), sea el horizonte último de nuestra búsqueda. En Él descubrimos que la verdad no es solo algo que se alcanza, sino Alguien que nos sale al encuentro y transforma el corazón.
+José Ángel Saiz Meneses,
Arzobispo de Sevilla

La extraordinaria acogida de la convocatoria con 500 inscripciones realizadas ha superado ampliamente las previsiones iniciales
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Querida Comunidad de esta nueva parroquia.
Autoridades civiles, militares y judiciales. Asociación Nazaret. Vida consagrada. Vicario General, sacerdotes, querido hermano José, que has llevado el peso de estas tareas para adecuar aquí una iglesia y que serás su primer párroco. Hermanas y hermanos todos.
Hoy es un día de profunda alegría para toda la comunidad cristiana. También para la Vega de Acá. Nos hemos reunido para dedicar esta iglesia al Señor: este lugar que, desde hoy de manera especial, queda consagrado para honrar a Dios, para la celebración de los sacramentos, para la escucha de su Palabra y para el encuentro de su Pueblo Santo.
En un principio, entre los siglos I y IV, las comunidades cristianas, se organizaban principalmente en las ciudades, presididas por un obispo y sus diáconos. No existía todavía la parroquia tal como la conocemos hoy. Las parroquias nacieron cuando la evangelización salió de las murallas de nuestras ciudades. Cuando los bautizados dieron testimonio de su fe adentrándose en las zonas rurales, los pagos, de ahí la palabra: paganos. Muchos eran soldados, otros comerciantes, otros monjes, o familias que buscaban un terreno para vivir o un nuevo lugar para desempeñar su oficio, todos fueron misioneros de una Buena Nueva.
Cuando surgieron las comunidades en el campo, hacia el siglo VI, fue necesario crear parroquias y el obispo, en su nombre, envió presbíteros que las presidieran. Cuando las comunidades crecían y no podían reunirse en las casas, fueron construyendo las iglesias, como lugar de encuentro. Primero era la comunidad y luego la iglesia. Y tomaron este nombre evitando llamarlas templos, para que no hubiera ninguna relación con las religiones politeístas de entonces.
Pero la liturgia de hoy nos invita a mirar más allá de las paredes y la decoración de este espacio. Porque una iglesia no es solamente unos muros construidos y decorados por manos humanas. La verdadera Iglesia somos nosotros, el pueblo que Dios ha convocado y que Cristo ha reunido como su Cuerpo. Por eso san Pablo nos dice: «Vosotros sois edificio de Dios». Cada uno de nosotros es una piedra viva de ese templo espiritual que Dios está construyendo. Hoy, por tanto, dedicamos este templo, pero también renovamos nuestra propia llamada a ser templos vivos de Dios.
Cada iglesia está llamada a ser, ante todo, casa de oración, es la petición y el deseo de Jesús. Aquí vendrán niños y adultos para recibir el Bautismo y la Comunión; aquí los jóvenes recibirán la Confirmación; aquí los esposos celebrarán su Alianza de bodas; aquí encontraremos el perdón de nuestros pecados; aquí se proclamará la Palabra de Dios; aquí se celebrará la Eucaristía; aquí adoraremos al Señor; aquí acompañaremos a nuestros enfermos y aquí despediremos con esperanza cristiana a nuestros seres queridos.
Esta iglesia debe ser una casa donde cada persona pueda entrar y sentir que Dios la está esperando. Uno de los significados etimológicos de la palabra “parroquia” es: “la casa de todos”. El Señor quiere construir con nosotros una comunidad donde haya lugar para el niño y para el anciano, para quien tiene una fe fuerte y para quien apenas comienza a buscar a Dios, para quien está lleno de alegría y para quien llega cargado de sufrimiento. Una verdadera iglesia no puede ser un lugar cerrado sobre sí mismo. Tiene que tener las puertas abiertas, no solamente las de la calle, sino también las del corazón, que siempre sangra por donde ama,
Al final, la belleza más grande de una iglesia no está en sus paredes, sino en la vida de la comunidad que la habita. La Iglesia de Cristo está formada por personas. Cada bautizado es una piedra viva. Algunos son piedras grandes y visibles; otros permanecen casi ocultos. Algunos tienen responsabilidades; otros sirven silenciosamente. Pero todos son necesarios. Nadie sobra en la Iglesia.
En todas las iglesias que visitéis el centro es el altar. Sobre este altar, ya ungido y con muchos años convocando a su alrededor a la comunidad de las Siervas de la Iglesia, sobre él, se hará presente el mismo Cristo. Aquí escucharemos sus palabras: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros». El altar nos recuerda que la vida cristiana consiste en aprender de Jesús a entregarnos, a partirnos y repartirnos como alimento, a cumplir la voluntad del Padre.
Una iglesia dedicada no adquiere su verdadero sentido por la solemnidad de sus ceremonias, sino porque en ella se celebra el misterio de Cristo muerto y resucitado. Cada Eucaristía será una invitación a salir de aquí transformados. No tendría sentido venir a Misa y continuar viviendo en la indiferencia, en la división, en el resentimiento o en la falta de amor. Venimos a recibir el Cuerpo de Cristo para convertirnos nosotros también en cuerpo entregado, en comunidad que sirve, perdona y ama.
Al dedicar este templo, ponemos nuestra comunidad bajo la protección de Santa María de Nazaret. Nazaret, era un pueblo muy pequeño asentado en las cuevas de una colina y, según las deducciones arqueológicas, tendría poco más de trescientos habitantes. Su nombre significa “lo que brota”. Nazaret, es el lugar de la Encarnación, Santa María de Nazaret con un SI, en medio de este pueblo, acogió al Hijo de Dios en su seno: por nosotros y por nuestra salvación.
Nazaret es la espiritualidad de la vida cotidiana. La simplicidad de una vida entregada a Dios: es hogar, es familia, es pueblo para convivir, para comenzar a mar a todos. Este es nuestro modelo de familia en la vida cotidiana, nacido de la vocación a la santidad: “por encima de todo está el amor, que forja la unidad en la perfección”.
Jesús volvió a Nazaret, donde se había criado, hemos proclamado en el Evangelio. Volvamos también nosotros a Nazaret, busquemos el sentido de nuestra vida, de nuestra vocación, del verdadero Amor, que es entrega callada. Jesús allí, en Nazaret, entre los suyos, proclamó su vocación. Y lo hizo en un espacio litúrgico, de celebración comunitaria, como tenía costumbre cada sábado, nos dice el evangelista.
Pidamos para que nosotros seamos una Iglesia viva. Y que cada vez que atravesemos las puertas de esta iglesia recordemos nuestros compromisos adquiridos en el Bautismo. No venimos simplemente a cumplir una obligación: venimos a encontrarnos con Jesucristo en su Cuerpo, hecho alimento y comunidad.
Que Santa María de Nazaret nos enseñe a decir SI al Señor. Que nos enseñe a guardar su Palabra, a meditarla, a confiar en Él en los momentos difíciles y a permanecer junto a Cristo hasta la cruz y hasta la alegría de la Resurrección. Que el Señor bendiga esta iglesia. Que bendiga a quienes han hecho posible esta realidad y a quienes la cuidarán. Que bendiga a esta comunidad cristiana y a todas las generaciones que aquí celebrarán su fe. Y que, por encima de este templo visible, haga de cada uno de nosotros una piedra viva donde Dios quiere habitar para siempre. Amén.
Almería, 8 de septiembre de 2026
+ Antonio, vuestro obispo

El minucioso trabajo ha permitido devolver a la capilla todo su esplendor original garantizando la máxima seguridad
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El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, presidió la Misa del Día del Voto y una parte de la procesión
Más de cuatrocientos años después, los jerezanos volvieron a renovar su voto a la Tizná. Fue el 9 de septiembre, que se conoce en Jérez del Marquesado como el Día del Voto, cuando los habitantes de este pueblo renuevan su amor a la Virgen después de siglos de historia para gradecer el milagro que hiciera entonces y para expresar el amor que sienten por ella en el presente.
Han sido muchos los jerezanos que se han volcado, los días 8 y 9 de septiembre, en la fiestas en honor de Nuestra Señora de la Purificación, conocida popularmente como la Tizná por la secuela que le dejó el rayo que mató a 3 niños y que la Virgen acabó devolviendo a la vida tras la intercesión de los habitantes del pueblo. De aquello han pasado más de 400 años, pero al devoción a la Tizná, lejos de desvanecerse, crece cada día y se expresa con la misma o mayor intensidad cada año en sus fiestas.
Además, el Día del Voto ha contado con la presencia del obispo, que ha presidido la Misa mayor y una parte de la procesión. D. Francisco Jesús Orozco vuelve así, un año más, a estar con los jerezanos en este día grande de sus fiestas. Recordó el Voto durante su homilía y muchas enseñanzas sobre la Virgen, algunas inspiradas en las palabras del papa León XIV durante su reciente viaje a España. Y, sobre todo, felicitó a los asistentes por el amor que le profesan a la Virgen, a la que pidió la intercesión por todos.
Del 8 al 12 de septiembre se celebran las fiestas patronales en Jérez del Marquesado, en honor de la Tizná. Los tres últimos días giran en torno a los toros, pero los días más esperados y vividos con mayor intensidad son el 8 de septiembre y día 9, en los que Jérez del Marquesado expresa su amor a la Virgen con tres procesiones y una Misa muy solemne de acción de gracias. Y este año, una vez más, se ha vuelto a cumplir la tradición y una promesa a la que se es fiel después de más de cuatrocientos años. Ahí es nada.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix
Esta comunidad de religiosas de vida contemplativa custodia la imagen de la Piedad durante todo el año en su templo
El 8 de septiembre es un día grande en la ciudad de Baza y el obispo D. Francisco Jesús Orozco pasó buena parte del día allí, participando de los actos organizados en honor de la patrona. También visitó la comunidad religiosa de clausura que custodia todo el año la sagrada imagen de la Piedad en el convento de la Merced, donde viven su vida religiosas contemplativa Hijas de la Sagrada Familia.
El obispo las animó a permanecer fieles a la vocación recibida, a perseverar frente a tantos peligros y tentaciones que el mundo pone a nuestro alcance y a seguir siendo luz en medio de Baza, como testimonio del amor de Dios y de la alegría de decir sí a su voluntad, especialmente en esta vocación de especial consagración.
Igualmente, les agradeció su sí al Señor en esta porción del Pueblo de Dios que es nuestra diócesis de Guadix. Agradeció su testimonio de alegría, de felicidad y su oración constante. Y, sobre todo, agradeció el amor a la Virgen de la Piedad y el tener su casa abierta todos los días, para que los bastetanos puedan visitar a la que es su Madre y copatrona.
«Sois un signo y un testimonio para todos nosotros y para todo el pueblo cristiano» le dijo el obispo a las religiosas que recibían el agradecimiento y el reconocimiento del prelado accitano.
Esta visita también contó con la presencia de la comunidad de vida activa de la misma congregación, las Hijas de la Sagrada Familia, que trabaja en Guadix y que se desplazó a Baza para acompañar a sus hermanas en este día tan especial.
Alfonso José García Martos
Maestro de ceremonias
En Baza, la jornada del 8 de septiembre, que comienza siempre con Misa solemne, culminó con la precesión de la Virgen de la Piedad por las calles de la ciudad. Presidió la procesión el obispo D. Francisco Jesús Orozco y fueron muchos los bastetanos y fieles llegados de otros lugares que acompañaron a la copatrona de Baza. También estaban en la procesión los ayuntamientos de Baza y Guadix, así como de las diferentes hermandades y cofradías de Baza y la de la patrona y patrón de Guadix, la Virgen de las Angustias y San Torcuato.
Durante el recorrido, se ofrendó a la Virgen con los bailes folclóricos propios de la ciudad y con algunas petaladas y cohetes.
Al paso de la procesión por la Casa Hogar de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la sagrada imagen paró ante la presencia de muchos de los abuelos y residentes de esta casa y de la comunidad religiosa que sirve en esta casa hogar. En ese momento, el obispo tomó la palabra y rezó por todos los mayores y enfermos, agradeció a las religiosas su labor y pidió por las vocaciones de especial consagración.
Después, la procesión siguió hasta el templo y los bastetanos acompañaron de devoción a su patrona, la Virgen de la Piedad.
Alfonso J. García
Maestro de ceremonias