Convivencia de fin de curso de los grupos juveniles de San Ildefonso de Jaén

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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

El pasado sábado día 20 de junio, tuvo lugar en el Seminario una convivencia juvenil en la que nos encontramos jóvenes, tanto los que se preparan o han acabado la Confirmación, como los grupos Kairós y Youcat.

El fin de la convivencia era despedirnos después de haber recorrido un largo camino durante el curso, y lo hicimos con la presencia de jóvenes seminaristas que se preparaban para ser sacerdotes; así como sacerdotes y los monitores que siempre están junto a nosotros.

Empezamos la fiesta refrescándonos un poco en la piscina, y tras habernos bañado, participamos en varios juegos en los que nos debíamos presentar a las personas que no conocíamos, lo cual ayudó a que hiciésemos nuevos amigos. Además, nos dividimos en dos grupos, y en las pruebas que seguían a continuación teníamos que cooperar para intentar ganar al equipo contrario.

Después de aquel rato divertido, nos cambiamos de ropa, y nos dirigimos al Aula Magna, donde los seminaristas nos explicaron cuál era el proceso que estaban experimentando para llegar a ser sacerdotes, y algunos de ellos nos contaron su testimonio vocacional. Fue bastante sobrecogedor escuchar los testimonios de personas que, como nosotros, vivían la fe desde un punto de vista, pero debido a algunas circunstancias, Jesús se hizo presente en sus vidas, y pasaron a ver la fe desde otro punto de vista diferente.

A continuación, tuvo lugar la Eucaristía, y algunos padres empezaron a llegar al Seminario. La Eucaristía fue preciosa y nos enseñó, principalmente, que no debemos tener miedo a ‘cambiarnos a la otra orilla’, es decir, es necesario que en nuestras vidas experimentemos cambios que nos hagan pasar de una situación a otra, y no debemos tener miedo al cambio, sino afrontarlo desde la fe. Esto nos hará crecer como personas.

Tras la Eucaristía, empezamos la cena. Sobre las mesas, había comida suficiente como para alimentar a todos los que nos encontrábamos allí y a muchas personas más, pues todo el mundo había traído algo para compartirlo con los demás.

Después de la cena, nos encontramos afuera, donde nos esperaba el karaoke. Nos reímos un montón con las canciones, y aunque al principio algunos no querían participar, los demás les ayudaron a que cogiesen el micrófono y empezasen a cantar, haciendo que vencieran su timidez. Mientras tanto, un grupo de personas iba a observar las estrellas, pues algunos colaboradores habían venido dispuestos a mostrarnos cosas tan sorprendentes como pueden ser una estrella doble, o incluso observar a Saturno, de tal forma que se podía distinguir su anillo, todo esto utilizando un equipo de telescopios que habían traído.

En definitiva, fue una convivencia increíble, repleta de cosas diferentes. Creo que estoy hablando por todos al decir que nos lo pasamos genial y aprendimos cosas nuevas, al mismo tiempo que disfrutamos pasando un buen rato con nuestros amigos. Pero todo esto no habría sido posible sin la ayuda y disposición que siempre recibimos los jóvenes por parte de los monitores, los seminaristas, los sacerdotes, los catequistas y las religiosas que siempre están a nuestro lado, ofreciéndonos su amabilidad y apoyo. Aunque no sea una despedida (pues aún queda la convivencia de Coto Ríos) siempre se recordará por todo lo que hemos experimentado y porque todavía nos queda mucho camino juntos.

Carmen González Ramírez

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