El esplendor de Cristo por encima de la gloria deportiva

Fernando Santos, entrenador nacional de fútbol de Portugal, país que acaba de ganar la Eurocopa 2016, testimonia su fe. Y lo hace en un ámbito tan idolatrado por nuestra sociedad como es el fútbol, afirmando que la Eucaristía es su alimento y su momento favorito es estar ante el Sagrario. Es el testimonio de un hombre que vive con conciencia cristiana el deporte rey, escapando así de esa idolatría que reduce la plenitud de la vida a migajas.

La Eurocopa 2016 ha terminado y lo ha hecho con la victoria de Portugal frente a Francia. Es uno de los mayores títulos al que un equipo nacional de fútbol puede aspirar. Una alegría para sus seguidores, para el equipo y para su entrenador, Fernando Santos. Siendo el fútbol su profesión y pasión desde siempre, Fernando Santos no lo deja todo fiado en la gloria deportiva. Es un hombre centrado en Cristo, desde que se convirtiera y recuperara la fe cuando su hija recibió el Sacramento de la Confirmación y participara en unos Cursillos de Cristiandad.

Aunque nacido en una familia cristiana, no muy intensa en sus prácticas religiosas, y habiendo recibido los Sacramentos de la Comunión y la Confirmación, Fernando Santos se fue alejando de la Iglesia, enfadado durante una de sus catequesis. Fue fiel a su Ángel de la Guarda, porque «sin sus oraciones infantiles no se dormía», cuenta Religión en Libertad. No obstante, se casó por la Iglesia, y bautizó y formó cristianamente a sus hijos, de forma tibia, sin que ello supusiera en aquel momento una cercanía con la experiencia cristiana de que Dios es todo y tiene que ver con todo en la vida.

TODO CAMBIO EN 1994

El punto de inflexión para su conversión fue el año 1994. En aquel entonces –cuenta Religión en Libertad- «el paso sacramental de su hija le puso en contacto con un sacerdote, conversó con él y leyó algún libro que le prestó… y se dio cuenta de que no quería asistir al sacramento de la niña ‘desde fuera’. Tras muchos años de escasa práctica de la fe, empezó a ir a misa con su mujer, Guilhermina, pero no se sentía a gusto: ‘Veía a la gente acercarse a comulgar, y yo no iba'».

Pasado un tiempo, se confesó. Fue un año en el que también recibió un duro golpe en su vida profesional, ya que fue despedido, después de veinte años de entrega y dedicación a jugar primero y entrenar después (siete años de técnico) en el Estoril Praia. Pero las circunstancias de la vida, sean cuales sean, son ocasiones en las que el Señor toca corazones y así fue como, tras ese golpe profesional, sus amigos le invitaron a participar en un Cursillo de Cristiandad. Comenzaba un cambio en su vida. «Fui sobre todo para poner mi cabeza en orden… y de lo que me di cuenta es de que Cristo está vivo en cada uno de nosotros», afirmó el técnico portugués a la periodista María Joao Avillez, en unas ponencias moderadas por la periodista lusa con el título «Conversaciones sobre Dios». Hoy, es un hombre de misa y oraciones diarias.

La familia es para Fernando Santos fundamental. «Todo empieza ahí. Si no conseguimos cambiar en el seno de la familia, difícilmente vamos a conseguir cambiar la familia mayor que nos rodea, que es la sociedad», afirmó.

LA EUCARISTÍA, FUNDAMENTAL

«Entonces, comprendí que tenía que alimentar mi fe, y que podía alimentar mi fe con la Eucaristía», afirmó Fernando Santos tras encontrarse de nuevo con Cristo en unos Cursillos de Cristiandad. La misa frecuentada más a menudo y la comunión regular fueron dos pilares en los que de nuevo se reconstruyó una mirada y un corazón alejado de la fe inicial cuando era niño. Es así como Cristo nos recupera y hace nuevas todas las cosas.

Fernando Santos viene a decir que ser católico no es una etiqueta: «Es una exigencia muy fuerte, porque consiste en creer que Cristo resucitó y está vivo. No podemos dejar de dar testimonio de eso en cualquier profesión que tengamos». Y en sus palabras, un recuerdo por las enormes figuras de anteriores pontífices como san Juan Pablo II y Benedicto XVI, al mismo tiempo que expresa su alegría por la aportación del actual Papa Francisco: la cercanía para muchos cristianos alejados, recuperar una «vivencia más próxima» que muchos cristianos necesitaban.

La familia en el terreno personal y el fútbol en el terreno profesional son sus pasiones, pero, si hay un momento favorito en su vida, Fernando Santos lo tiene claro: la oración ante el Santísimo Sacramento. «El lugar donde me encuentro más a gusto para hablar con Él es el sagrario, porque Él está ahí». Allí, pide por él y los suyos para que el Señor les aumente «la fe, la esperanza y la caridad».

CRISTO POR ENCIMA DE TODO

En un terreno tan competitivo e idolatrado como el fubolístico, dentro y fuera del campo, que alguien como el entrenador nacional luso, con tanta vinculación al deporte rey, afirme que Cristo es lo más importante en la vida, también por encima de la gloria, nos redirige la mirada hacia lo verdaderamente importante de nuestra vida. Tan acostumbrados como estamos en nuestro tiempo a llenar vacíos con el consumo o el deporte –aunque noble, pero, en definitiva, elevado a la categoría de culmen vital-, que precisamente el técnico portugués afirme que «el fútbol no significa nada si lo comparamos con la paternidad o la amistad» es centrarnos la mirada en quien nace todas las cosas y siempre nuevas.

Hoy, como ayer y como, probablemente, hará mañana, desde 1994, fecha de su conversión y, por tanto, nuevo nacimiento en la fe, Fernando Santos cogerá su libro de oraciones, rezará y leerá los textos de la Biblia que corresponden a la misa diaria con los que reflexionará, y con los que podrá vivir con más gusto la alegría de ser vencedores este año en uno de los premios futbolísticos más importantes.

Paqui Pallarés

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