«Cristo ha nacido para ti»

Entrevista al Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, en el programa «El Espejo de la Iglesia», que, con cobertura nacional, realízó el periodista José Luis Restán, el pasado 26 de diciembre, para hablar sobre la Navidad

Estamos todavía -y lo estaremos durante unos cuantos días- en el surco de la Navidad profundizando en lo que significa esta fiesta, que, como ayer recordaba Benedicto XVI, no tiene nada de sentimental; sí tiene una profunda carga afectiva. Es la fiesta del corazón -nos decía él- recordando aquella sensibilidad tan especial con la que San Francisco de Asís vivió la carnalidad del Dios hecho niño en el Belén. Pero nada de sentimental, sino más bien un juicio profundo sobre lo que es el hombre y lo que es su relación con Dios. No queremos que se nos pierda esta conciencia en medio del vértigo de las imágenes y de los mensajes, y del consumo de estos días, y precisamente por eso hoy en “El Espejo” hemos querido invitar al Arzobispo de Granada, Monseñor Javier Martínez, a que comparta con nosotros algunos de los pasos fundamentales de la reflexión que ayer el Papa nos entregó a todos los cristianos.

-Don Javier, muy buenas tardes y feliz Navidad.
Feliz Navidad José Luis, y feliz Navidad para todos.

-Lo primero, una pregunta por su Diócesis. ¿Cómo ha vivido, también usted me imagino, en la Misa del Gallo y después en la Misa de Navidad este momento? ¿Y qué ha sido lo esencial que usted ha querido comunicar a sus diocesanos?
La Misa del Gallo la verdad es que es un momento grande en la vida de la Diócesis y aquí se llena. Como Granada es un lugar turístico, se llena también de visitantes extranjeros. Pero justo hace que sea una fiesta de mucha alegría. ¿Qué trato yo de comunicar? Pues, sencillamente, que la Encarnación de Dios es lo que hace razonable la alegría y el amor, y el don de la vida. Eso fue el resumen, mi homilía. Yo había tenido el día de Nochebuena –y eso marcó un poquito mi celebración- que asistir a dos funerales y acompañar a una familia, un matrimonio joven, que había perdido un niño de nueve años. Y eso que parece tan contradictorio con la Navidad, sin embargo, la conduce a la esencia, es decir, es la Navidad la que nos permite vivir eso de una forma que no haga que toda la vida pueda parecer como estúpida o como algo que, en definitiva, lo devora la muerte. Y dices: ‘bueno, justo porque Cristo ha nacido a lo mejor no hay sitio para esas cosas de las que el Papa decía que nos distraen, ¿no? Para el consumo, porque no tiene uno ganas de ello’. Pero, sin embargo, hay una alegría profunda: la de saber que la muerte no es la última palabra en nuestra vida, porque esa humanidad del Niño, que es Dios entre nosotros, nos desvela todo un horizonte de eternidad que recupera la razón profunda de la alegría.

-Decía el Papa que ha aparecido -y subrayaba el valor de esta palabra: aparecido- como un hecho que de pronto surge y nos sorprende la bondad de Dios y su amor al hombre. Y decía que ya es sólo una idea sobre Dios, sobre la que a fin de cuentas todos los hombres en cualquier época la han tenido y la tendrán. Ya no es esa niebla de preguntarnos qué le importará a Dios nuestra vida, qué designará sobre nosotros, sino que en la ternura, digamos, incluso en la vulnerabilidad de este Niño, se nos manifiesta el misterio más profundo de Dios. Esto nos sigue rompiendo los esquemas, nos sigue a veces escandalizando.
Sí, porque es muy fácil entender la Navidad a la manera de los mitos antiguos, como, de alguna manera, proyecciones de ideas esenciales o experiencias humanas generales que valen para todos los hombres. Y nosotros no, nosotros celebramos un hecho que sucede en un punto de la historia, y que al mismo tiempo por ser Dios quien habita corporalmente y de una manera plena en ese Niño que abraza al mismo tiempo toda la historia, y por eso es contemporáneo nuestro. Es decir, el don de acoger a ese Niño y el don de ser salvados por el amor de ese Niño nos es ofrecido a todos los hombres y a todas las mujeres hoy como un hecho presente, que no es, sin embargo, un hecho genérico, universal, como el mito de Sísifo, como otros mitos que reflejan la experiencia humana universal de algún modo, sino que es un acontecimiento histórico que tiene lugar en un momento preciso de la historia, pero que al mismo tiempo la abraza a ella toda entera y nos abraza a cada uno de nosotros. Nos da la posibilidad de salir de la estrechez del horizonte de la muerte y del horizonte de nuestra finitud en una desembocadura que es la vida eterna, que es el Reino de los Cielos.

-Habla el Papa de esta vía por la que ha optado el misterio de Dios para salvarnos y para acompañarnos, y me ha llamado la atención una paradoja que él plantea y dice: ha optado por la vía más larga -me imagino que se refiere a la vía de la Encarnación, de pasar por todo lo que es el tiempo, la limitación del hombre, el sufrimiento, la muerte-, pero la que mejor respeta su verdad y la nuestra. Me gustaría detenerme un momento en esta imagen.
La verdad es que el Papa tiene el don de conducirnos siempre – esté tratando de lo que esté tratando- al centro, a lo esencial del mensaje cristiano. Y luego tiene el don de subrayar constantemente lo que une ese centro con nuestra realidad humana: que Cristo tiene que ver con todo y todo en la vida, y todas las cosas de la vida tienen que ver con Cristo, y son rescatadas y salvadas desde Cristo. Entonces, aplicando este criterio, que yo creo que es general o dominante en la preocupación del Santo Padre, justo esta paradoja yo creo que tiene que ver con que Dios es amor, el amor es paciente, y tiene que ver con que el hombre es libre, y no habría salvación si Dios para salvar al hombre destruyese su libertad. Entonces, ciertamente, es lo que más corresponde, aunque parece el camino menos eficaz. En ese sentido, el camino de Dios es humano y precisamente porque es absoluta y plenamente humano se revela como divino. Entonces, es que nosotros siempre buscamos los atajos de la tecnología, es decir, buscar la eficacia al precio que sea, y el precio que sea es muchas veces nuestra propia alegría y nuestra propia vida y la vida de los demás.

-Dice también el Papa que se ha manifestado como Niño y así se contrapone a toda violencia. Sin embargo, nosotros seguimos sufriendo porque la violencia continúa en el mundo. Ayer mismo, día de Navidad hemos conocido los terribles atentados contra los cristianos que en Nigeria estaban celebrando esta noche de paz al Príncipe de la paz. ¿Cómo superar la tentación de responder al mal con el mal, de abreviar, de atajar, digamos, el camino, de decir ‘bueno, pues si tenemos que reparar todo esto, hagámoslo a nuestra manera y no como el Niño de Belén’?
Pues yo creo que el pueblo cristiano cuando conserva dentro de sí el núcleo de la experiencia cristiana sabe responder. El árbol de Navidad en Siria con las fotos de los desaparecidos es una respuesta, diríamos, más inteligente, en el fondo más profunda. Tenemos la experiencia de los conflictos ya históricos y endémicos, de alguna manera, entre nosotros, por ejemplo el conflicto entre palestinos e israelíes. Sólo la introducción de un factor nuevo, que puede ser la misericordia y el perdón, es capaz de cambiar el corazón humano. Si a la violencia se responde con violencia, lo único que se hace es aumentar la injusticia y aumentar el sufrimiento. Puede parecer que es un camino perdedor, pero es el único camino que construye verdaderamente lo humano, lo otro simplemente extiende la destrucción de lo humano.

-Estamos terminando ya don Javier, y yo quisiera pensar también en tanta gente, desgraciadamente cada vez más en nuestras grandes ciudades secularizadas, que contempla perpleja esta fiesta de la Navidad por un lado con nostalgia, por otro lado como no pudiendo dejar de reconocer algo que llama al corazón, pero por otro lado con un escepticismo que casi nos parece invencible (‘bueno, esto es una bella historia pero en el fondo no cambia nada’). ¿Qué le dice la Iglesia hoy, en esta clave de nueva evangelización que nos plantea el Papa, a tantos hombres? ¿Qué les podemos decir en este momento de la Navidad?
Pues, me dirijo precisamente a esas personas y les digo: Cristo ha nacido para ti. Esto no es una historia ejemplar, al estilo de las novelas ejemplares, o una historia sentimental, o la historia de una familia. Alguien recordaba hace unos días en una viñeta: “¡Ah!, un matrimonio que no tiene trabajo, que no tiene familia y que está fuera de su país, que tiene un niño ahí en un rincón. ¡Uh!, conozco millones como esos”. Eso que puede parecer una broma dices: ‘Si es eso lo que celebramos, efectivamente no hay nada que celebrar; si es eso lo que celebramos, efectivamente una silla vacía en la mesa de la noche de Navidad o de estos días prevalece siempre como dolor’. No, celebramos que Dios ama a cada hombre y a cada mujer con un amor infinito, lo sepamos o no lo sepamos, y ese amor es ofrecido a cualquiera que quiera abrir un poquito el corazón. Dejar que el punto de luz de la Navidad se abra en nosotros, y acercarse a esa luz que brilla en la Iglesia, a pesar de todas las pequeñeces y miserias de los que la componemos, pero acércate al pesebre, acércate a esta humanidad y encontrarás la libertad y el sentido de tu vida, sea cual sea tu situación, si estás lejos, si jamás has oído hablar de Cristo, si te sorprende todo esto o si simplemente estás herido porque piensas que la Iglesia te ha fallado, o que las esperanzas que pusiste en tu Primera Comunión o en tu infancia se han desvanecido como sin dejar nada. Pídele al Dios de los cielos que te abra el corazón simplemente para dejarte querer por un momento o para abrir la conciencia al hecho de que eres querido infinitamente por este Niño, que te abraza tal como eres.

-Monseñor Javier Martínez, Arzobispo de Granada, muchísimas gracias. No vamos a añadir nada porque me parece que está dicho del mejor modo, y como esperamos, ciertamente. Gracias por habernos acompañado en “El Espejo”. Un abrazo, feliz Navidad para usted y para todos sus fieles diocesanos de Granada.
Dios te lo pague. Feliz Navidad para todos.
  
Puedes escuchar el audio en www.diocesisgranada.es

 

(Trascripción de la entrevista realizada en el programa El espejo, de Cope)

 

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