Homilía en la fiesta del 99º Aniversario de la Coronación de la Virgen de la Fuensanta

Sr. Vicario general, Sr. Dean de la Santa Iglesia Catedral y M.I. canónigos;

Mons. José Antonio Rodríguez, consejero Nunciatura en Holanda; sacerdotes y seminaristas.

Excmas. e Ilmas. autoridades: Sr. Presidente Región de Murcia y consejeros;

Sr. Alcalde de Murcia y corporación municipal;

Sra. Presidenta de la Asamblea Regional, diputados nacionales y regionales; senadores. Rector de la UMU, presidenta de la UCAM.

Autoridades militares, fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado.

Caballeros y Damas de la Corte de la Virgen de la Fuensanta, camarera… Hermanos ancianos y enfermos que seguís esta celebración en Popular TV. Hermanos y hermanas

 

 

Acabamos de escuchar en el Evangelio de este domingo la maravillosa experiencia de los que tuvieron el privilegio de ver a nuestro Señor resucitado. No estamos nosotros lejos del mismo gozo, porque su victoria sobre la muerte es también motivo de alegría para toda la humanidad, ya que Dios, por su divina misericordia y por los méritos de la pasión y muerte de su Hijo, nos ha hecho partícipes de su triunfo, de una vida eterna. ¡Alegría y gozo son las palabras más apropiadas! Así lo vemos en este texto, cuando los de Emaús se dieron cuenta, por el don de la fe, de que el Crucificado era el Resucitado. ¿Se imaginan cómo fue de grande la noticia conforme la iban difundiendo? ¿Cómo iba llegando de boca en boca, de calle en calle, a todo el mundo, a los discípulos, también a los que crucificaron a Jesús? Y lo grande fue que no hubo ningún jaleo por la calle, me imagino que sería incomprensible para los lejanos, pero una dulce noticia y fuente de alegría para todos los que habían puesto su confianza en Jesús, para los que se fiaron de sus palabras y signos. ¡La noticia más grande fue que la esperanza no está perdida! ¡Cristo vive!

 

Me ha vuelto a emocionar lo que se dijeron los dos discípulos de Emaús cuando reconocieron al Divino caminante como Jesús resucitado y decían: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?». ¿Os imagináis cuando le llegó la notica a su bendita Madre? Que fue muy pronto, casi de inmediato, ¿qué cara habría puesto? ¿Cómo abriría sus ojos de la alegría? ¿No iría su mirada al cielo, al Dios Padre y no cantaría en su corazón las glorias del Señor? Otro Magníficat, otro himno de alabanza. Estamos seguros de que la experiencia fue extraordinaria, tenemos datos dentro de la Escritura y fuera de ella, muchos se hicieron eco de este infinito gozo. En la liturgia se conserva el: «Alégrate, Reina del cielo, aleluya. Porque el que mereciste llevar en tu vientre, aleluya. Ha resucitado, según lo predijo, aleluya».

 

¡Cuántas cosas le diríamos esta mañana a nuestra Madre de la Fuensanta! A la Virgen que nos reúne cada primer martes de pascua… Pero, parece como si se nos secara la garganta después de tantas palabras vanas en el día a día, de tantas conversaciones vacías o superficiales, de tantos proyectos que se llevan las nubes… Virgencica de la Fuensanta, solo se nos ocurre decirte míranos tú, háblanos tú a nuestro mudo corazón, que lo único que se nos ocurre a nosotros, pobres criaturas, son las penas, las dificultades y contratiempos que nos pasan. Háblanos tú, Madre del cielo, cuídanos tú, Señora y eso nos basta. Decía san Bernardo de Claraval que «de María nunca se dirá bastante. Nunca se la alabará suficientemente, nunca se la amará bastante, nunca se la servirá bastante, ni se la honrará bastante en comparación con lo que merece»[1]. Precisamente por eso estamos hoy aquí, porque si tú nos miras con esos tus ojos misericordiosos nos vamos contentos, ya que «eres el camino más seguro, el más corto y el más perfecto para ir a Jesús»[2].

 

Virgencica de la Fuensanta este pueblo te quiere, este pueblo sabes que vibra ante tu presencia, quiere estar cerca de ti, porque eres nuestra Madre, nuestra reina, bueno, eres «más madre que reina, porque todo lo haces como madre»[3], los santos nos han enseñado a quererte como Madre y nos han dicho que «si tienes a la Virgen por Madre, nada temas: ella te protegerá, te guiará y te conducirá a su Hijo[4].

 

Felicito al Cabildo de la Santa Iglesia Catedral cuidadores de tu santa imagen y a todos los que están colaborando en la aventura de ponerte en camino hacia sus casas, a sus pueblos, a las parroquias, también a las residencias de ancianos, hospitales, a los que están privados de libertad en la cárcel… Estos días te pones en marcha, vestida de peregrina y a hombros de muchísimas personas que te hablaran abonico; vas a escuchar muchas peticiones, vas a ver muchas lágrimas, la alegría de un pueblo feliz que te acompañará siempre y no dejará de cantar muy cerca de tu bendita imagen. Ya tienes la ocasión de hablarles en el silencio, entre limoneros y naranjos, entre alhelíes y clavellinas de reventón a los ancianos y niños, a los matrimonios y familias. Verás cómo se acercarán adolescentes y jóvenes, chicos y chicas sonriendo siempre, porque ese es el rostro de un murcianico y de una murcianica, incluso en medio de sus pesares…, como dice siempre el Sr. alcalde.

 

Háblanos, Madre, enséñanos cómo se hace para vivir con alegría la voluntad de Dios, cómo podemos seguir a tu Hijo Jesús con la misma valentía de sus discípulos cuando lo vieron resucitado, concédenos la valentía que caracterizó a Pablo de Tarso, al Cura Valera, a la Madre Esperanza, o al beato Imbernón, al beato Pedro Soler y tantos mártires que dieron la vida gritando: ¡Viva Cristo Rey! Serenos y perdonando a sus agresores… Háblanos, Madre del cielo, Señora nuestra, que sabemos que eres «la omnipotencia suplicante, que obtienes de Dios lo que quieres, porque siempre pides lo que es conforme a su voluntad»[5].

 

¡Ahora podemos comenzar la fiesta y abrir los corazones cerrados! Que canten y dancen todos, porque la Morenica, la Virgen de la Fuensanta, estará siempre con nosotros y se pone en camino. Desde lo alto de su camarín en su santuario y en esta Iglesia Catedral no ha dejado de escuchar las oraciones de la fe de sus hijos y tantas peticiones que se han elevado estos días, con súplicas y con acción de gracias, con

 

besos lanzados con un soplo en la mano… Felicidades, amigos, por este gozo y por la dicha de caminar con María.

 

La Santa Sede nos ha concedido para este tiempo de júbilo y alegría la indulgencia plenaria en todas las celebraciones que tengamos con la Virgen y en las celebraciones en las pedanías, en los pueblos y es esta ciudad de Murcia hasta el día en que celebremos el primer centenario de su coronación. Para conmemorar esta efeméride vamos a colaborar todos con una corona de caridad, con una obra de amor para ayudar a los jóvenes de Shejiná a salir de las adicciones que les han atrapado y puedan vivir la libertad de esas ataduras. Bendice a Murcia, bendice a los murcianos y a todos los que nos visiten. Bendice, Virgencica de la Fuensanta a nuestros mayores, a todas las familias, a los que lo están pasando mal; bendice a los voluntarios que son los samaritanos de nuestra época. Madre, te pido que bendigas a nuestras autoridades, para que acierten siempre en el bien común, escucha las oraciones de nuestro alcalde y las de todos lo que necesitan recuperar la salud. Te pedimos, Madre, por la paz en todos los pueblos.

 

Virgen de la Fuensanta, con tu cara bonica, míranos ahora tú a todos nosotros, que te queremos y hemos venido esta mañana de fiesta a decirte: ¡tú eres nuestra Madre! ¡tú eres nuestra Reina! ¡Viva la Virgen de la Fuensanta! Amén.

 

+ José Manuel Lorca Planes Obispo de Cartagena

[1] SAN BERNARDO DE CLARAVAL, Homilía super Missus est, IV, 8.

[2] SAN LUIS MARIÍA GRIGNON DE MONTFORT – Tratado de la Verdadera Devoción, n. 55.

[3] SANTA TERESA DE LISIEUX – Últimas Conversaciones, 21 de agosto de 1897.

[4] Cfr. SAN JUAN BOSCO – Sermones marianos.

[5] Cfr. SAN ALFONSO MARIÍA DE LIGORIO – Las Glorias de María.

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