
Ayer culminaron los días de celebración con motivo de la beatificación del Cura Valera con una solemne Misa de Acción de Gracias presidida por nuestro obispo diocesano, Don Antonio, acompañado por el obispo de Cartagena y el obispo de Getafe, hijo de este pueblo.
Uno de los momentos más emotivos se vivió al inicio de la celebración, cuando hizo su entrada en la iglesia parroquial la nueva imagen —la primera imagen del ya beato Cura Valera— portada por miembros de las distintas cofradías de la parroquia. El templo, completamente lleno, guardaba silencio mientras muchos fieles oraban visiblemente emocionados, sentimiento que alcanzó también al propio obispo diocesano.
Durante la celebración, Don Antonio pidió a Don Ginés que proclamara la homilía. En ella subrayó que el Cura Valera es “sal y luz del mundo”, recordando que su vida ha de ser ejemplo para todos. En sintonía con las palabras del Papa en la mañana del domingo, destacó que la figura del nuevo beato no pertenece solo a Huércal-Overa, sino que es un regalo para toda la Iglesia y para el mundo, como testimonio de vida sacerdotal entregada.
El predicador ofreció además varias claves para esta nueva etapa que ahora comienza tras la beatificación. En primer lugar, animó a dar a conocer la vida del Cura Valera, no solo desde el conocimiento, sino desde el amor y la imitación de sus virtudes. En segundo lugar, destacó su amor a los pobres como rasgo distintivo de su ministerio y como camino que los cristianos están llamados a continuar hoy.
Tras la Eucaristía tuvo lugar la procesión de las Lumbres que, debido al viento, se realizó sin las luminarias previstas y únicamente por la glorieta. Aun así, la participación fue muy numerosa. De hecho, cuando la cruz parroquial iniciaba el recorrido, la afluencia de público era tal que, según palabras del párroco, nunca había visto tanta gente reunida, ocupando no solo el templo sino también la cancela y la calle.
La celebración concluyó con la veneración de la reliquia del nuevo beato, un momento que se prolongó durante largo tiempo. El acto, que comenzó a las siete de la tarde, finalizó en torno a las diez de la noche.
Sin duda, han sido días muy significativos para la parroquia y para el pueblo, que los ha vivido con alegría y agradecimiento. Como se recordó al finalizar, este no es un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa: la de seguir dando a conocer, vivir e imitar el legado del beato Cura Valera.

