El mes de septiembre nos devuelve al ritmo ordinario de nuestras comunidades parroquiales y diferentes ámbitos diocesanos. Comenzamos un nuevo curso. Cada nuevo curso es una llamada de Dios, una oportunidad para preguntarnos qué quiere el Señor de nosotros en este momento concreto de la historia. Y el momento que vivimos es complejo y difícil. Nuestro mundo continúa herido por guerras y conflictos que parecen enquistarse, por las migraciones forzadas, el hambre y la pobreza. El verano que termina ha estado marcado también por incendios y terremotos, catástrofes que dejan tras de sí muerte y destrucción, y tantas situaciones personales de sufrimiento. Este panorama podría llevarnos al desánimo. Sin embargo, precisamente aquí comienza la respuesta de la fe, la esperanza que se fundamenta en Jesucristo. San Pablo lo experimentó poderosamente: «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor 12,10).
El papa León XIV nos ha dejado la clave y un programa evangelizador en su viaje apostólico del pasado mes de junio a España. Ya en el vuelo hacia Madrid explicó con sencillez el sentido de una visita apostólica: encontrarse con los fieles, celebrar la fe y «anunciar el mensaje de Jesucristo»; un mensaje dirigido no solamente a los creyentes, sino a toda la sociedad. Aquí encontramos el fundamento: Cristo debe ocupar el centro. No anunciamos una ideología, una ética o unos valores. Anunciamos una Persona. Anunciamos que Jesucristo vive, ama a cada hombre, ha dado la vida por nosotros y abre un horizonte nuevo a la existencia.
Os propongo que en el comienzo de este nuevo curso pongamos el énfasis en tres aspectos de nuestra vida espiritual y pastoral: Confianza, comunión y alegría. Nos inspira la escena del lago de Genesaret. Después de bregar toda la noche y no pescar nada, Jesús dice a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca» (Lc 5,4). Él no comprende, pero confía: «por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). También nosotros experimentamos cansancio y desánimo, y comprobamos que evangelizar resulta hoy muy difícil. Pero lejos de caer en la nostalgia o el pesimismo, hemos de seguir remando mar adentro y echando nuevamente las redes fiados en la palabra del Señor.
En segundo lugar, comenzamos el nuevo curso haciendo camino en comunión y sinodalidad. Nadie evangeliza solo. El Concilio Vaticano II enseña que «la Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza» (Ad gentes, 2). Somos enviados como Iglesia. Por eso necesitamos cuidar especialmente la unidad, la comunión eclesial, y ser conscientes de que la fuerza de la Iglesia no procede de la grandeza de sus medios, sino de la santidad de sus hijos, de la comunión y de la fidelidad humilde de quienes se dejan conducir por el Espíritu (cf. León XIV, Encuentro con los obispos de España, 8 de junio de 2026). Y comenzamos, por último, con alegría misionera. El encuentro con Cristo llena el corazón de una alegría profunda, verdadera y duradera que nace del amor y del perdón de Dios. Por nuestra parte, no podemos guardar para nosotros el tesoro que hemos recibido. Un cristiano que se ha encontrado verdaderamente con Cristo acaba sintiendo la necesidad de comunicarlo.
En el curso pastoral que comenzamos se completa la aplicación del Plan Pastoral Diocesano 2022-2027 “Duc in altum”. Las acciones concretas que corresponden al curso 2026-2027 son las siguientes:
- Del primer bloque “Discípulos misioneros llamados a la santidad”, la propuesta número 1: Ofrecer un itinerario formativo según edad (infancia, adolescencia, juventud y edad adulta), que potencie la catequesis y la evangelización. Se trata de una tarea que implica fundamentalmente a la Vicaría Episcopal para la Nueva Evangelización, Delegación de Familia y Vida, Delegación Diocesana de Pastoral de Juventud y Párrocos y Consejos Parroquiales.
- Del segundo bloque “Una casa con las puertas abiertas”, la propuesta número 2: Celebrar las exequias y las misas de difuntos como ocasión privilegiada de evangelización. En esta propuesta tienen un papel relevante la Delegación Diocesana de Liturgia, los Párrocos y el clero al servicio de los tanatorios y centros de salud.
- Del tercer bloque del Plan Pastoral “Una familia en salida”, la propuesta número 3: Promover grupos parroquiales que fomenten la acción caritativa y social, en proyectos concretos. Ofrecer a los jóvenes servicios específicos dentro de la pastoral social. De coordinar dicha iniciativa se encargarán de manera especial la Vicaría Episcopal de Pastoral Social, la Delegación Diocesana de Pastoral de Juventud y los Párrocos.
- Del último de los bloques, “El gusto de ser pueblo de Dios”, la propuesta número 5: Promover la coordinación entre los distintos institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica, institutos seculares, ordo virginum y nuevas formas de vida consagrada, y los distintos ámbitos pastorales diocesanos. Para llevar adelante esta tarea, la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada habrá de trabajar en comunión con las Delegaciones diocesanas.
Aprovecho la ocasión para agradecer sinceramente a toda la Archidiócesis de Sevilla la implicación y el trabajo pastoral al servicio de vuestras Parroquias y distintos ámbitos de la vida diocesana, a la vez que os animo con entusiasmo a continuar prestando vuestro valioso servicio a la Iglesia que peregrina en Sevilla.
A la intercesión de nuestra Patrona, la Virgen de los Reyes, os encomiendo, rogándole por vosotros y por vuestra fecundidad apostólica.
+José Ángel Saiz Meneses,
Arzobispo de Sevilla

