
La visita del Papa León XIV a España ha dejado huellas imborrables en miles de fieles que han participado en los distintos encuentros celebrados durante estos días. Entre ellos se encuentra D. Pablo Mula, sacerdote de la Diócesis de Asidonia-Jerez ordenado el pasado 28 de junio de 2025, quien ha compartido su experiencia tras acompañar a los jóvenes de la Pastoral Juvenil Diocesana en los actos celebrados en Madrid.
A las puertas de cumplir su primer aniversario sacerdotal, el presbítero reconoce haber vivido estos días con una profunda emoción. «Estoy muy impresionado, muy contento y muy emocionado», afirma al recordar una experiencia que ha supuesto para él una confirmación de su amor a la Iglesia y de su vocación sacerdotal.
Entre los momentos más significativos destaca la Vigilia de Oración con los jóvenes presidida por el Santo Padre. D. Pablo recuerda especialmente el instante en el que las cámaras enfocaron al Papa León XIV acercándose al escenario. «Empecé a emocionarme. Eran lágrimas de orgullo, lágrimas de amor a la Iglesia, lágrimas de un deseo profundo de escuchar las palabras que el Papa quería dirigirnos y guardarlas en el corazón para que dieran mucho fruto», explica.
La adoración eucarística celebrada durante la vigilia también dejó una profunda huella en su corazón. De manera especial, recuerda el momento en que miles de jóvenes rezaron cantando juntos. «Fue un momento alucinante, una oración de alabanza muy hermosa», señala.
Otro de los aspectos que más le impresionó fue la experiencia de comunión vivida entre los participantes. Al finalizar la vigilia, jóvenes procedentes de distintos lugares compartieron abrazos, alegría y amistad. «No solo entre quienes nos conocíamos, sino también con jóvenes que participaban por primera vez en una actividad de la Pastoral Juvenil Diocesana. Nos íbamos acogiendo unos a otros y eso me ha gustado muchísimo», destaca.
Junto a la experiencia juvenil, el sacerdote subraya también la riqueza de la fraternidad sacerdotal vivida durante estos días. Además de compartir la peregrinación con sacerdotes de nuestra Diócesis, pudo encontrarse con presbíteros de otras Iglesias particulares, fortaleciendo así los lazos de comunión que unen a toda la Iglesia.
Entre las palabras del Papa León XIV que más le han marcado, D. Pablo destaca la llamada a los jóvenes a buscar referentes auténticos que impulsen el camino de la santidad, así como la importancia del silencio para escuchar la verdad que permanece por encima de las ideologías pasajeras.
«Que seamos semilla de humanidad nueva, que seamos rostro de misericordia, que seamos luz y sal», resume al recordar algunas de las expresiones del Santo Padre que más profundamente han resonado en su interior.
Al concluir su testimonio, el sacerdote manifiesta su gratitud por haber podido participar en este acontecimiento eclesial junto a los jóvenes de la Diócesis. Una experiencia exigente, pero que volvería a repetir sin dudarlo. «Donde está Pedro está la Iglesia y todos somos un solo cuerpo», afirma convencido.
Con el corazón lleno de alegría, D. Pablo regresa ahora a su ministerio sacerdotal dispuesto a seguir sirviendo a la Iglesia allí donde el Señor lo llame, llevando consigo el impulso espiritual recibido durante estos días de encuentro con el Sucesor de Pedro y con miles de jóvenes que han vivido la fe con entusiasmo y esperanza.
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