Estuve en la cárcel, y vinisteis a mí: nueva salida de la Pastoral Penitenciaria a Martos

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

El pasado día 16 de mayo, la Fraternidad de Jaén del Grupo de San Francisco disfrutamos de una bonita jornada de convivencia en Martos junto a la Pastoral Penitenciaria de Jaén. El Colegio de San Antonio de Padua de los franciscanos fue el punto de encuentro donde nos reunimos con dos capellanes, dos seminaristas del Seminario de Jaén y un grupo de voluntarios de la pastoral, quienes iban acompañando a un grupo de siete internos. Al encuentro también acudieron voluntarios de Fundación La Caixa.

El día comenzó con un tradicional desayuno en la Churrería Arrayanes, donde tuvimos una primera toma de contacto con las personas que íbamos a compartir el resto del día. Con la barriga llena de churros con chocolate y el corazón lleno de curiosidad e ilusión, volvimos al Colegio para hacer una pequeña presentación que nos ayudó a poner nombre a las caras que poco a poco nos iban resultando más conocidas.

Pusimos rumbo a la Peña de Martos. Antes de comenzar la subida, invitamos a todos los participantes a que escogieran una piedra y en su camino pensaran si hay algo que les gustaría dejar atrás, ya que todos tenemos partes de nuestra historia que pesan: dudas, rabia, miedos, culpa, preocupaciones… Iniciamos esa subida a la Peña, la cual nos puso a prueba desde los primeros pasos. El paisaje, la naturaleza, las conversaciones durante el camino y el esfuerzo compartido hicieron que cada metro recorrido mereciera la pena. Al alcanzar la cumbre, tiramos nuestra piedra y quisimos dejar allí lo que nos pesa. Después de una pausa disfrutando de unas impresionantes vistas, las cuales nos recordaron que, a veces, las mejores recompensas llegan tras los mayores esfuerzos, comenzamos nuestro descenso, esta vez más ligeros y con una flor, como símbolo de lo bueno que nos llevamos de esta experiencia: paz, tranquilidad, acogida, cariño, alegría, compañía, ilusión, esperanza….

Una vez de vuelta al pueblo, nos dirigimos a la Parroquia de San Francisco de Asís, donde en sus salones pudimos disfrutar de unos ricos aperitivos y una deliciosa paella preparada con mucho cariño por el Restaurante Casino Primitivo, de Martos. Tras la comida, en la que pudimos seguir compartiendo conversaciones y experiencias, disfrutamos también los deliciosos dulces que nos hicieron las Monjas Trinitarias de Martos.

Después de un breve descanso, volvimos al Colegio para celebrar allí la Eucaristía, presidida por Pepe, el Capellán. Fue una Eucaristía muy familiar, en la que pudimos compartir entre los presentes aquello que da sentido a nuestra Fe, llegando a un punto esencial: como seguidores de Jesús, creemos en el Evangelio como una buena noticia capaz de transformar la vida de las personas y las comunidades. Creemos también que el Reino de Dios no es solo una promesa futura, sino una realidad que puede hacerse visible aquí y ahora, en la tierra, a través del amor, la justicia, la reconciliación y el servicio a los demás. Esa esperanza compartida nos anima a vivir nuestra fe de manera concreta y comprometida con el mundo que nos rodea.

Finalmente, cerramos la jornada con un espacio de reflexión compartida en el que los presentes pudieron expresar y poner en común vivencias, experiencias, emociones y pensamientos surgidos a lo largo del día. Fue un momento de encuentro muy especial, que nos ayudó a comprender que existen otras realidades diferentes a las propias, pero que todos somos iguales. Para terminar, desde la Fraternidad de Jaén del Grupo de San Francisco se dedicaron unas palabras que ayudaron a conocer un poco más a San Francisco de Asís, quien fundamentó su vida y obra en valores como la paz, la fraternidad, la humildad y el amor por la naturaleza. Como recuerdo, entregaron una cruz TAU a los internos, uno de los símbolos más representativos de la familia franciscana.

Llegó entonces el momento de la despedida, con cierto nudo en la garganta y conscientes de la realidad a la que cada uno volvíamos, nos fuimos despidiendo de esas personas que ya no eran tan desconocidas. Una mezcla de sentimientos nos invadían, sin embargo, permanecía una convicción mucho más fuerte: que las diferencias no nos separan, sino que nos enriquecen y nos ayudan a crecer como personas, y que la verdadera fraternidad nace cuando somos capaces de mirar al otro sin prejuicios, reconociendo su dignidad y su historia, nace de una mirada respetuosa, de la empatía, que permite comprender las circunstancias ajenas, de la compasión que mueve el corazón y de la disposición sincera a tender la mano a quien la necesita, porque “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo, 25:36).

Pastoral Penitenciaria Jaén

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