Se trata del cuadro “La Virgen con el Niño y Cuatro Ángeles”, que, tras participar en una exposición en Lovaina (Bruselas) hace unos años, se ha restaurado en virtud de un convenio entre la Capilla Real, el Arzobispado de Granada, el Museo de Lovaina y el Instituto Real del Patrimonio Cultural.
“La Virgen con el Niño y Cuatro Ángeles”, de Dieric Bouts (S. XV), que puede verse en el Museo Sacristía de la Capilla Real, ha sido restaurada en virtud de un convenio suscrito entre la Capilla Real, el Arzobispado de Granada, el Museo de Lovaina y el Instituto Real del Patrimonio Cultural (KIK-IRPA), en Bruselas, que contó con el apoyo del gobierno de la Comunidad de Flandes.
La obra, un óleo sobre tabla del año 1470, de estilo Gótico-Renacimiento, participó en la exposición “Dieric Bouts Crador de Imágenes”, ofrecida en la ciudad de Lovaina (Bruselas), entre octubre de 2023 y mayo de 2024, tras la cual las distintas autoridades del Museo en Bélgica y eclesiásticas en Granada se comprometieron a proceder a esta restauración.
Su proceso de restauración forma parte del importante proyecto internacional de investigación y restauración del Tríptico de la Pasión, que está previsto concluya en junio de este año.
Tras un proceso de estudio tecnocientífico y un estudio histórico-artístico de la obra, permitió conocer en profundidad la obra, “tanto en lo material como en lo artístico”, según explica José María Rodríguez-Acosta, restaurador y conservador que ha participado en este proceso de restauración entre la Capilla Real y el IRPA.
Los trabajos se han centrado sobre todo en un proceso de limpieza, para eliminar las capas añadidas de barniz y de suciedad, en un proceso con distintas pruebas que han ido rebajando “progresivamente la capa y eliminando los restos de suciedad, sin que el original se hubiese comprometido en absoluto”, explica José María. Así, además de actuar sobre “algunos problemas de conservación que podrían comprometer la estabilidad material de la obra en un futuro inmediato”, se han eliminado pequeñas intervenciones de restauración “de muy escasa calidad”.



ANTECEDENTES Y PROCESO DE RESTAURACIÓN
“Desde que la Reina Isabel de Castilla adquirió la tabla para su colección, ésta con el paso del tiempo sufrió numerosos deterioros y alteraciones, y algunas de las cuales son irresistibles, como la eliminación del marco original y la modificación del formato que surgió recortando los cuatro lados de la tabla para colocarla, junto con otras pinturas de la colección, como mucha gente sabe, en el interior de las puertas del armario hereditario de Alonso de Mena, concretamente en el lado de la epístola, o sea, el lado sur, entre 1630 y 1733”, señala Rodríguez-Acosta.

“Hay que señalar que las roturas y profundidades que existen en el soporte, la madera de roble, que está constituida en la tabla, se produjeron, seguramente, con la eliminación del marco y durante el proceso de adaptación al hereditario barroco. Esto realmente lo hizo gente que no estaba preparada para eso, sino que se decidió enriquecer los armarios hereditarios colocando estas maravillosas tablas flamencas, pero, desgraciadamente, se fueron mutilando y perdiendo no sólo sus marcos, sino también, que en este caso está recortada en sus cuatro lados”, señaló el restaurador sobre el estado anterior de la obra y su marco original.
Pese a todo ello, y al aspecto “oscuro y desigual”, con capas gruesas de barniz no original, aplicadas con el paso del tiempo y retoques muy alterados “mal realizados, el estado de conservación en la mayor parte de la composición era bastante bueno”.
“No presentaba falta de adhesión de las capas de preparación y pictórica al soporte, no existían levantamientos ni pérdidas de estos astratos, tan solo se localizaba en las fisuras del soporte, los bordes cortados que estaban aserrados con la sierra y estaban en estado catastrófico, y zonas dañadas por la manipulación incorrecta que, a lo largo de los siglos, dentro de los hereditarios probablemente mucha gente accedía a limpiar de alguna manera u otra, y la tabla tenía muchísimos pequeños deterioros”, matiza José María Rodríguez-Acosta.
No obstante, la obra no había sido sometida nunca a un proceso de limpieza, “por lo que la mayor parte de la superficie pictórica y las veladuras presentes se encontraban en un excelente estado de conservación, lo que quedaba de original estaba en muy buen estado de conservación”.
En 1945, Gallego Burín se ocupa de instalar el Museo de Sacristía de la Capilla Real, donde hoy se conserva el resto de la colección de pintura y objetos de la Reina. En esos años, la obra se restauró, dedicándose sobre todo al “estucado de algunas de las pérdidas de la capa pictórica, localizadas en su mayor parte en esas grietas y roturas del soporte”. Después, “se realizó una reintegración, es decir, el retoque, de muy escasa calidad, con una apariencia tosca y oscura”.
Finalmente, “sobre la capa de barniz, o de los restos de capa de barniz original, una de las alteraciones más significativas que presentaba la pintura eran los sobrebarnizados parciales aplicados directamente sobre el polvo y la suciedad, en capas muy gruesas y de forma desigual, de forma arbitraria, con la intención probablemente de derivar o de dar de transparencia algunos puntos de la composición”.
“Hay que pensar que muchos de estos retoques de 1945 estaban sobre pérdida de capa pictórica, pero, al mismo tiempo, también sobrepasaban estos deterioros y estaban sobre la capa pictórica original. Por lo que la eliminación de esto ha sido una recuperación también de partes originales que estaban cubiertas”.

Para este trabajo “delicado y minucioso” se han dedicado tres meses, en los que se ha trabajado con microscopio, con binocular, dando “un resultado absolutamente espectacular, maravilloso”, que, de nuevo, puede contemplarse en el Museo Sacristía de la Capilla Real, junto a otras obras pictóricas y de objetos de devoción de la Reina Sierva de Dios Isabel La Católica.
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