Homilía en el funeral del alcalde de Murcia

FUNERAL DE DON JOSÉ BALLESTA

Alcalde de Murcia

Murcia, 12 de mayo del 2026

Santa Iglesia Catedral

 

Le presento mis respetos, Doña Pilar, esposa de Don José, también a sus hijos y familiares.

Excmas. e Ilmas. Autoridades:

Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma.

Sra. Presidenta de la Asamblea regional

Sra. Alcaldesa en funciones y corporación municipal.

Sr. Delegado el Gobierno.

Dignísimas autoridades nacionales, autonómicas, municipales.

Dignísimas autoridades judiciales, académicas.

Dignísimas autoridades militares, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado,

Policía local.

Mis saludos y respeto a todos los trabajadores del Excmo. Ayuntamiento.

Un saludo especialísimo a todos los murcianos y murcianas.

No. Les aseguro que no ha sido una muerte anunciada la de Don José Ballesta Germán, alcalde de Murcia. No tenía escrito en sus papeles más personales que se iba a rendir, jamás. A Don José le hemos visto plantarle cara a la misma muerte, él no ha sido tan frágil como para estar evitando a la parca, al contrario, tomó las riendas de su vida y aceptando su situación, porque la conocía, trabajó hasta que pudo sostenerse en pie, confiando siempre en la victoria final. La fortaleza la encontró en la Eucaristía, que le confortaba y se fió de Cristo resucitado; ha sido un fiel hijo de la Virgen de la Fuensanta y, por eso, nuestra Madre ha venido a estar junto a él, entrando por la misma puerta, la del Concejo, en esta Iglesia Catedral. A Don José nadie le tenía como un soñador, porque él pisaba tierra y conocía perfectamente la realidad. Para la credibilidad, le acompaña su hoja de servicios, su compromiso con el municipio, su lealtad inquebrantable, su amplia y dilatada cultura, su empeño por custodiar el legado recibido, la historia de esta tierra, sus tradiciones, el dinamismo emprendedor, las artes y la grandeza de su gente. Le acompaña también la permanente disposición para proteger todo lo que fue su responsabilidad. Le hemos escuchado defender «siempre una Murcia sin complejos, orgullosa de sí misma, de su historia y de sus tradiciones, pero también preparada para afrontar el futuro con confianza y ambición». Este hombre ha sido buena persona, pero desgraciadamente, los buenos también mueren.

Creo que ahora no es tiempo de lamentar su muerte, prefiero hablar de agradecimiento por su vida ofrecida en servicio al bien común, a la política, a la gente; por su cercanía y sereno discurso; por su entrega y su pasión por Murcia y los murcianos, a quienes valoraba cantando las excelencias con un lenguaje florido, culto, cargado de color y brillo. Murcia estaba siempre en sus labios. Recuerdo que le comentó a la Reina Sofía este Viernes Santo pasado: «Mire, Majestad, cómo ríen los murcianos, esa es siempre su manera de ser, su identidad».

Don José Buscó a Dios con sencillez, en silencio, sin alardes y lo incorporó al ritmo diario de sus costumbres, trabajos y responsabilidades. Me han emocionado muchas veces sus palabras, algún consejo, su confianza y, especialmente, en esta etapa última sus lágrimas ante el Cristo del Amparo y ante Nuestro Padre Jesús Nazareno en la Semana Santa. Por la sincera experiencia de buscar a nuestro Señor me lo he imaginado estos días cantando junto a santa Teresa de Ávila esta plegaria:

«¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

 Acaba ya de dejarme,
vida, no me seas molesta;
porque muriendo, ¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que ansí te requiero:
que muero porque no muero».

 Don José buscó a Dios del mismo modo que canta el salmo 42: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo…». Familiares, amigos, tened confianza, Cristo resucitado ha salido a su encuentro, como leemos en estos días en la Escritura, el Divino caminante ha apagado su sed, descansa en paz contemplando al Dios vivo, entrando en el descanso y en la paz. Parafraseando a J.L. Martín Descalzo podemos decir que los cielos están abiertos y más abierta aún está la Vida. Ya no será más cautivo, ha ganado, perdiendo, la partida y, pues ha vivido estando muerto, muriendo en luz despertará vivo.

Siempre me ha cautivado este poema, pero al recordarlo, le quiero dar voz, porque me ayuda a entender el tránsito de vida-muerte-Vida por el que ha pasado Don José, nuestro querido alcalde: El autor compuso estas letras conociendo pronto desenlace y nos lo explicó así:

«Y entonces vio la luz. La luz que entraba
por todas las ventanas de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.

 Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.

 Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;

tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura».

(J.L. Martín Descalzo)

Querida familia, Doña Pilar, gracias por habernos dejado compartir el tiempo y la vida de su esposo, de vuestro ser querido, muchas gracias. No os preocupéis, está en buenas manos y la Virgen de la Fuensanta, de la que él es «caballero», lo presentará ante nuestro Señor Jesucristo, como hizo en las bodas de Caná y estoy seguro de que Jesús le sonreirá a su Madre. Pero, tenemos la seguridad, querida familia, de que este hombre no se ha olvidado de dejaros el beso de esposo y padre por todos vuestros desvelos, cuidados, por haberlo acompañado en los momentos difíciles, por estar siempre cerca y por haber comprendido que sus dolores no han sido otra cosa, sino como dejaros grabado en el corazón un ramo de blancas rosas con la dedicación: «A mi esposa y a mis hijos» y con la ternura del abuelo abriendo sus brazos para acoger a sus nietos con cariño. Así son las rosas del eterno amor que no se marchitan.

Que descanse en paz el hombre que amó a Murcia. Nosotros tampoco le vamos a olvidar, porque nos quedan las calles y plazas, los recuerdos del que trabajó por hacerlas más hermosas, llenas de música, iluminadas por mil colores y perfumadas por todas las flores de la mejor tierra del mundo. ¡Abrid todos los ojos para ver cómo luce su patria bella, la ciudad sultana donde nace el sol! Mirad el rostro de nuestra Madre, la Fuensantica, la Morenica, que cautivó a este alcalde y a todos nosotros.

Descanse en paz.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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