A finales del mes de julio sobresale la fiesta de los padres de la Virgen María, san Joaquín y santa Ana, que gozan de gran devoción popular. En homenaje a la Abuela del Niño Jesús se celebran velás y verbenas, como las que tienen lugar en Triana o en Estepa. En esta última localidad encontramos la ermita de Santa Ana, donde se venera esta hermosa imagen.
La ermita de Santa Ana se encuentra en el popular barrio de la Coracha, y tiene su origen en un oratorio, que puede datarse de mediados del siglo XVI, dedicado a san José de la Montaña. La actual Ermita procede del siglo XVIII, y presenta una sola nave cubierta por bóveda de cañón, mientras que el presbiterio se cubre con bóveda de arista.
El retablo mayor data de la segunda mitad del siglo XVIII y flanqueando el camarín central descubrimos las imágenes de San Joaquín y San José, esculturas vinculadas con la producción del antequerano Diego Márquez, a quien se atribuye igualmente el conjunto escultórico de santa Ana enseñando a leer a la Virgen que preside el camarín, que puede fecharse a finales del siglo XVII y que muestra a la Madre de la Virgen sentada, sosteniendo entre sus rodillas el libro con el que está enseñando a leer a la Virgen, la cual se dispone de pie a su derecha, llevándose su mano izquierda al corazón, mientras que con su derecha señala a su Madre, con gesto de humildad y reconocimiento.
Desde finales del siglo XVI está documentada la existencia de una antigua hermandad que veneraba a la Madre de la Madre de Dios en esta Ermita estepeña, como señala el historiador del Arte y profesor Ezequiel A. Díaz Fernández, en un interesante artículo sobre la ermita y la hermandad.
Esta iconografía que presenta a la madre enseñando a leer a su Hija, como señala el mariólogo Álvaro Román subraya la grandeza e importancia de santa Ana que preparó a María para su participación en la misión de la salvación, por lo que este tema puede interpretarse como santa Ana mostrando a la Virgen las profecías de la Sagrada Escritura que se refieren a la Madre del Mesías. Además, pone de relieve la importancia de la educación de las niñas por sus madres en el hogar, resaltando así los valores educativos y familiares promovidos por la Contrarreforma.
El libro que porta la Abuela de Dios simboliza la transmisión de la fe, labor en la que hoy siguen siendo decisivos los abuelos y abuelas, a los que la Iglesia dedica el día de santa Ana y san Joaquín la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, que el papa León XIV quiere que sea “un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”.
Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural
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