Mons. Asenjo: «No es tiempo de medias tintas ni componendas»

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«No es tiempo de medias tintas ni componendas. En absoluto merece la pena una vida sacerdotal lánguida y secularizada». En estos términos se refirió ayer el Arzobispo de Sevilla a la misión del sacerdote en la sociedad actual. En esta línea, recordaba que «el mundo de hoy necesita más que nunca la presencia, la palabra, el perdón y el consuelo de Dios, que le llega por medio de sus sacerdotes, cuando estos viven sintonizando con el corazón de Cristo. Este debe ser nuestro estilo sacerdotal y este debe ser el norte de la acción formativa no sólo del Seminario, sino también de nuestro Centro de Estudios Teológicos», añadió.

En la homilía de la Eucaristía con la que se comenzó el acto inaugural del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, el prelado sevillano recordó que «Dios busca pastores así, pastores capaces de sintonizar con el corazón de Cristo, dispuestos a dar la vida por las ovejas; pastores que no buscan su interés, sino el provecho de las ovejas; pastores que salen al encuentro de cada persona, para anunciarle la verdad y llevarle a la salvación. La Iglesia necesita estos pastores».

Mons. Asenjo Pelegrina llamó la atención sobre las difíciles condiciones sociales en las que hoy se desarrolla la misión del sacerdote: «En un mundo como el nuestro, en el que la increencia, el agnosticismo y el ateísmo militante, avanza con una velocidad de vértigo; en una coyuntura como la nuestra en la que Dios ha desaparecido de la perspectiva vital de tantos hermanos nuestros; en esta hora en la que como consecuencia de la secularización interna de la Iglesia, en tantos casos se han difuminado los verdaderos perfiles del pastor según el corazón de Cristo, la Iglesia necesita la presencia alegre, vigorosa y firme de pastores enamorados de Jesucristo y de su sacerdocio, dispuestos a entregar la vida por las ovejas sin condiciones, mermas ni recortes».

Posteriormente, se dirigía a los profesores del CET, a los que agradeció el trabajo que realizan en este centro diocesano, al tiempo que dirigía una serie de recomendaciones: «sed siempre para vuestros alumnos modelos de vida y espejos en los que puedan mirarse. Que vuestro estilo de vida, así como vuestra enseñanza, sean para ellos un manantial constante de edificación. Sed modelos también de amor a Jesucristo y a la Iglesia para las religiosas y los alumnos laicos, desterrando cualquier atisbo de desafecto eclesial».

La comunión con la Iglesia y el Papa fue otro de los ejes de su homilía. En este sentido, destacó que «no hay fecundidad verdadera en la formación de los seminaristas, de los religiosos o de los laicos cristianos sino se hace desde la comunión profunda y cordial con la Iglesia y con el Sucesor de Pedro, no sólo en las doctrinas definidas como dogmas de fe, sin también aquellas que pertenecen al Magisterio ordinario y universal y que exigen de nosotros un asentimiento interno, cordial y por motivos sobrenaturales. Se pide de nosotros en definitiva una comunión profunda en la fe, en la disciplina y en la doctrina que enseñamos en nombre de la Iglesia y que un día estos seminaristas, ya sacerdotes, habrán de proponer a los fieles con la autoridad de Cristo».

En la última parte de su homilía, aludió a las palabras de Benedicto XVI, en las que el Papa invitaba a un grupo de teólogos a «buscar la obediencia a la verdad» y a no desvirtuar su quehacer buscando el aplauso, diciendo cuanto los hombres quieren escuchar y obedeciendo a la dictadura de las opiniones comunes, todo lo cual –dice el Papa- es «una especie de prostitución de la palabra y del alma».

Concluyó su alocución dando la bienvenida al CET a los seis primeros alumnos del Seminario Diocesano Redemptoris Mater «Nuestra Señora de los Reyes», recién erigido, y a su rector: «os recibimos con los brazos abiertos como una institución plenamente diocesana y muy querida».

Tras la misa, se celebró el acto académico que ha contado con la ponencia del Cardenal Arzobispo emérito Castrense, Mons. Estepa Llaurens, titulada ‘El Catecismo de la Iglesia Católica, fruto precioso del Concilio Vaticano II’.

Puede consultar el texto íntegro de la homilía en el siguiente enlace.

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