La COP26 de Glasgow y el cuidado de la casa común

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La COP26 de Glasgow y el cuidado de la casa común

El papa Francisco presentó en el año 2015 la Carta Encíclica Laudato Si´ Sobre el cuidado de la casa común, ya hemos indicado en esta páginas que constituye el documento medioambiental más valiente, real y progresista de los últimos tiempos. La Encíclica debería ser la hoja de ruta para los políticos del mundo.

Entre los días 31 de octubre y 12 de noviembre, se ha celebrado en Glasgow (Escocia) la COP26. El papa Francisco ha afirmado que no hay más tiempo que perder y que las cosas no pueden continuar igual. El acrónimo COP hace referencia a la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Las COP, Cumbre del Clima, son reuniones internacionales, que reúnen anualmente a los líderes mundiales con el objetivo de tomar las decisiones necesarias para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones necesarios para frenar la emergencia climática.

La primera se produjo en Río en el año 1992 y tuvieron que pasar 21 cumbres hasta que en 2015 el Acuerdo de París se convertía en un tratado global ratificado por casi 200 países. Desde la Cumbre de Rio hasta la Cumbre de Glasgow se han celebrado 26 reuniones. ¿Qué ha representado la COP26 de Glasgow?

La Comisión Europea ha apoyado el consenso alcanzado por más de 190 países tras dos semanas de intensas negociaciones. La Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha dicho: “Hemos avanzado en los tres objetivos que nos fijamos al inicio de la COP26: en primer lugar, conseguir compromisos de reducción de emisiones para mantener al alcance el límite de calentamiento global de 1,5 grados.

Segundo, alcanzar el objetivo de 100.000 millones de dólares anuales de financiación climática para los países en desarrollo y vulnerables. Y tercero, conseguir un acuerdo sobre el reglamento de París. Esto nos hace confiar en que podemos ofrecer un espacio seguro y próspero para la humanidad en este planeta. Pero no habrá tiempo para relajarse: aún queda un duro trabajo por delante”.

Si analizamos lo que ha dicho la Presidenta vemos que seguimos en el mundo de la ilusión y los buenos deseos, una lección de vacuidad. Es increíble que se diga que en esta cumbre se ha puesto de manifiesto por primera vez el papel de los combustibles fósiles en relación con el Cambio Climático. Se ha concluido la conveniencia de reducir las emisiones de CO2 para 2030 en un 45% con respecto a 2010, teniendo en cuenta lo que hemos aumentado en emisiones los últimos año y que lo necesario sería la reducción de emisiones de CO2 al menos de 50% para 2050 respecto a 1990, no parece un resultado muy ambicioso para el planeta.

La Delegación de la Santa Sede ha reconocido que en los campos de mitigación, adaptación y financiación aparecían vacíos y reclamaba recursos fortalecidos. La enmienda final respecto al carbón de reducir en vez de eliminar no da una buena expectativa. Aparece la posibilidad del secuestro geológico del CO2, permitiendo emisiones si se captura, con los problemas de representa, ante la imposibilidad de bajar emisiones, especialmente en relación con el carbón, abriendo la puerta a nuevos negocios globales.

La centrales nucleares su muestran en la Cumbre de Glasgow como una solución al calentamiento global. El veto de los subsidios solo afectaría a los denominados subsidios ineficientes lo que permite a cada país incentivar los combustibles fósiles. Globalmente, un nuevo fracaso llenos de buenas intenciones proyectadas hacia el futuro no concretadas suficientemente para garantizar un mundo sin sufrimiento.

La nueva esperanza es la COP27 de Egipto el año próximo, o quizás la COP28 de Emiratos Árabes, una nueva huida hacia adelante. El Efecto Reina Roja nos preside nuevo en un mundo que teme el Efecto Cisne Negro de los eventos extremos generalizados. El Papa ha insistido: “Actuar para preparar un futuro en el que la humanidad sea capaz de cuidarse a sí misma y a la naturaleza” y recuerda también a los más desvalidos del planeta: “no hay tiempo que perder pues hay demasiados rostros humanos que sufren esta crisis climática: además de sus impactos cada vez más frecuentes e intensos en la vida cotidiana de muchas personas, especialmente de las poblaciones más vulnerables”.

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